La serie de los pecados capitales: IV. Soberbia.

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La serie de los pecados capitales: IV. Soberbia.

Mensaje por Katia » 25 Ago 2010 20:20

SOBERBIA

Imagen



La soberbia nunca baja de donde sube, porque siempre cae de donde subió.

Francisco de Quevedo (1580-1645)


Ligia es una de las letradas de más éxito en España. Su bufete, Alcántara S.L., es el de mayor renombre.
Ligia es hermosa a sus 41 recién cumplidos años: sesiones de belleza en los Spas más caros, natación y un draconiano programa de ejercicios casero que comienza cada amanecer. Cremas carísimas de escandaloso precio. Vida fácil al frente de su empresa y reconocimiento social a manos llenas. Ella no es sólo la fundadora, sino además la jefa: nadie le alcanza en inteligencia. Un Ferrari y últimamente un capricho: Un Aston Martin. Ligia se siente como ese vehículo. Lo conduce con algo de ligereza, se siente casi como un varón al volante, fundido con su cuatro ruedas. Es ostentoso, es el mejor: como ella. Incluso su relación con Alberto es envidiada: ambos viven en la misma urbanización con piscina pero en casas separadas. Se reúnen a hacer el amor como posesos cuando se encarta, y el resto del tiempo son amigos y mutuamente se aconsejan. Él es siete años más joven que ella.

-Ligia, esa chica nueva no me termina de convencer
Le dice tímidamente mientras le besa delicadamente el cuello y ella deja su reloj de muñeca en la mesilla de noche
-¿Por qué, Al?-inquiere sin demasiado interés
-No sé explicártelo, querida. No la veo “clara”, no me la creo.
-Pobrecilla. Es una chica humilde de barrio, sin recursos. ¡Me admira tanto! Estudió la carrera de Derecho con una beca. Es poquita cosa, le tengo que enseñar yo todo. Me gusta tenerla de pupila, ¿sabes? No he tenido hijos ni los tendré, Al. Me siento medio una “especie de madre”. Luchó por poder hablar conmigo. Venía con el pelo húmedo por la lluvia y un paraguas roto. ¡Es tan tímida! Ya se sabe: la humildad es la virtud de los que no tienen más cualidades…
Al empieza a meterle una mano por el sujetador mientras la ase fuertemente por la cintura con la otra:
-Cariño, tú sabes que te quiero, ¿verdad? Te quería ya estando casado con Elaine, creo que me deslumbraste desde que te conocí. Pero… No te enfades, Ligia. He de decírtelo. Porque te quiero…
-Al, por favor, no me des la noche, por favor-suplica débilmente a la vez que se gira lo abraza y lo besa ígnea en los labios.
-Bien es cierto que la vanidad en el caso de una mujer es coquetería, y en un hombre es sencillamente insoportable. Bien, querida, tú eres vanidosa. Rozas peligrosamente la soberbia. Y no quiero ser paranoico, pero esa chica, Raquel López, está en la segunda década de la vida aún. Está en esa edad en la que te crees que el mundo es una gran manzana y tú una boca llena de dientes. Con los años descubres lo contrario. Y en verdad te digo que no hay peor soberbia que la falsa humildad. Y Raquel no es modesta, ¡es extremadamente arrogante! ¡Lo intuyo!

Ligia contempla a Alberto de hito en hito. Empieza a inquietarse. Él es un amplio conocedor del alma humana, no como ella, que parece padecer de síndrome de asperger. Discierne a la perfección las intenciones ajenas. Pero le parece desorbitada la desconfianza en su querida Raquel: es inofensiva, es sólo una pobre pasante a la que ella ha decidido tutelar. Ni siquiera sabe maquillarse bien. Le tuvo que tirar a la basura todos los polvos baratos y comprarle maquillajes de Lancome y de Dior por su cumpleaños. Criatura, ¡qué feliz se sintió y qué abrazo tan grande le dio!
Alberto la mira algo irritado. No sabe cómo advertirla, y casi a punto está de meter la pata, porque le roza levemente la rodilla con la palma de la mano, sube hasta, nunca mejor dicho, su soberbio muslo firme cual columna trajana por efecto de la diaria gimnasia y le espeta:

-¡Ligia! ¡Si tú supieras lo que Raquel…!

***********************************************************************************************

A Al le caen unas perlas de sudor frío por la frente. Y se detiene. No quiere tener que arrepentirse. Sabe que su compañera, con la que vive por primera vez en su vida lo que él siempre consideró la relación perfecta: amistad sin convivencia con sexo esporádico-periódico asegurado y del bueno, tiene un orgullo extremo y confía demasiado en su alumna y puede malinterpretar lo que está a punto de revelarle y… Opta por callar, cabizbajo.
La supuestamente inocua y meliflua chica aprovechó que Ligia viajó sola a la capital para abrir una nueva sucursal para pasarse por su despacho con una escueta minifalda y un más que generoso escote, el pelo rojizo oliéndole a lavanda y un embriagador perfume rodeándola como aureola. Le tiró un bolígrafo al suelo en una impostada torpeza, y se agachó a recogerlo mostrándole parte de su negro tanga. Al está de vuelta ya en “seducciones baratas”, y lo que la advenediza ignora es que no cambiaría su estatus de segundo de a bordo que Ligia le dio hace años, ni su hermoso y redondeado cuerpo, ni su compenetración en la cama por ninguna chica alocada y poco fiable. Así que permanece impertérrito, pero ella… ¡Avanza!

-¡Oh, Alberto! Ahora que ella no está, ¿puedo hablarte con confianza, verdad? No sé cómo la aguantas, eres más joven que ella y eres tan… Interesante. Tiene un carácter terrible. Y es algo alocada. Te lo digo entre tú y yo, lo negaré en presencia de terceros- ríe cínicamente- ¡Ella es terriblemente engreída! Y a mí me interesa que lo sea-sonríe sardónicamente. Me está enseñando tanto, que… Al, tú tienes mucho dinero también, ¿captas mi idea?

Alberto la mira con ojos espantados. No ve más que a una bruja frente a él, vestida de Lolita, pero amarga como la hiel. Le pone la mano en su muslo y empieza a subírsela peligrosamente:

-Raquel, no estoy casado con Ligia, pero como si lo estuviera para ti-y le retira la mano delicadamente. Él no es precisamente un campeón de fidelidad, aunque tampoco un mujeriego. Pero tiene claro que esa arpía sería la última mujer de este mundo con la que él compartiría el más mínimo fluido.

-Tenía entendido que la vuestra es una relación abierta, ¿no?
-Raquel, no te voy a explicar mi intimidad a ti.
-Yo sólo quería decirte que… -lo mira con ojos ansiosos e inclementemente ambiciosos- ¡que yo soy mucho mejor que ella! Soy más guapa, soy más joven, me hago la tonta para que ella, que es tan soberbia, me enseñe todo lo que sabe… Tú y yo, tu dinero y mi genio, sin ella, podríamos llegar lejos. Montaríamos un nuevo bufete, ¿entiendes? Y…
-¡Raquel! ¡Sal ahora mismo de mi despacho! ¡Te estás columpiando gravemente! Ella te quiere, y…
¡Yo la quiero a ella! ¡Es cierto! La quiero desde hace años, es la mujer de mis sueños. Sé que le pierde su vanidad, pobre, por eso ha creído en ti y casi te ha prohijado, pero… ¡No la cambiaría por ninguna otra! Y si te crees que puedes reemplazarla, como decía Freud: lo que más nos duele es que vemos en los demás nuestros propios defectos como con lentes de aumento, y cuando nos quejamos de una tara ajena, ¡estamos acusando la propia!
¡Tú eres aun más soberbia! Lo eres tanto, ¡que te finges humilde! ¡Sal de aquí ahora mismo!

Raquel López mira a Alberto García incrédula. Como descolocada. La reacción de él no cuadra en sus planes. Jamás contó con que él, que es tan astuto, haya caído en esa estúpida debilidad de querer a otra persona más que a sí mismo. Ella, sencillamente, no lo entiende

-¡Qué estúpido eres, Alberto! Primero, déjame que te muestre lo que te estás perdiendo…

Se lanza a su cuello como una pantera. Y le mete impúdicamente la mano en su entrepierna. Alberto se aparta de ella, y le dice inflexible:

-¡Márchate! No te digo más porque soy un caballero, ¡y estaré vigilante como un halcón! No se te ocurra hacer ni el más mínimo movimiento desleal hacia Ligia-le grita enfurecido mientras la agarra por las muñecas.

****************************************************************************************



Alberto se siente vértice en un triángulo imperfecto. No sabe qué hacer. No quiere que Ligia piense mal de él. En su particular acuerdo se han prometido no ser el uno al otro infieles en un ámbito cercano. También se han jurado no decirse el uno al otro las deslealtades. Y con ese pacto, les va bien. Pero es que aquí el problema no es ése, porque Al no puede ver a Raquel ni en un cromo de Panini, y aunque se adornara a sí misma con lazos y oropeles la despreciaría igualmente. Es una mujer vacía, vieja por dentro. Ligia sin embargo siempre será eternamente joven: en su candidez, en su pureza, en la forma en que aceptó ese acuerdo con él felizmente, que otra mujer no hubiera consentido jamás de los jamases. Dos vanidades en liza, qué duda cabía, y encima de mujer: “vanitas vanitatum omnia vanitas” (vanidad de vanidades, todo es vanidad), Eclesiastés. Se le viene a la cabeza este pasaje bíblico. Él conoce a Ligia demasiado bien. Cómo la atormentó, piensa con culpabilidad, cuando estaba casado con sus requiebros y varoniles reclamos. Cuántas veces estipularon ser como hermanos en su inquebrantable y sólida amistad y cuántas veces transgredieron su acuerdo. Alberto es sólido, realista y pragmático, como buen Tauro. Cultiva su cuerpo también en el Gimnasio, es moreno de ojos negros e insoportablemente guapo. Aun recuerda con ternura cómo la sedujo aquella noche tórrida de agosto a base de sms ardientes y haciéndole el amor por teléfono. Como le tocó con la voz su carnosa y locuaz boca, y siguió acariciándole con palabras graves, masculinas y ciertas el resto de su voluptuoso, sinuoso y provocador cuerpo. Como esa canción del tristemente fallecido Antonio Flores, “Cuerpo de mujer”:
“rectas curvas
curvas rectas
imposibles de aprender”

Fue la primera vez que él practicara sexo de ese modo, “a control remoto”. Y no fue la única. Le tuvo que admitir sin ambages a Sergio, su mejor amigo, su perplejidad:

- Ligia sólo acepta tener conmigo relaciones telefónicas en la creencia de que así no somos realmente adúlteros. Pero Sergio, yo es que nunca lo había probado, y en verdad te digo, ¡que he sentido lo mismo que si fuera real! Ligia siempre me citaba esa frase de Buda, ya sabes, ella es budista: “Todo está hecho de mente”, incluso llegó a espetarme claramente que el sexo está en el cerebro y no en los genitales. Es falsa la dualidad infidelidad real-infidelidad virtual. Es real, Sergio. Menos mal que no tengo hijos. Creo que al final me iré con Ligia… A cuidarla, a quererla, a poseerla en carne y hueso.

Y le costó trabajo rendirla… Pero la llamó por teléfono, y apeló a…

Su inmarcesible vanidad femenina.

“Vanidad, vanidad, todo es vanidad”-se dijo Alberto para sí.

*******************************************************************************************



-Alberto, cariño, he estado dándole vueltas a lo que me insinuaste sobre Raquel. Verás, no me vas a creer…
-Sí que lo haré-dice entre dientes con la pasta dentrífica metida en la boca.
-¡La pillé leyendo “La crítica de la razón pura”, de Kant! ¿Te das cuenta? Y se hizo la tonta y me dijo… ¡que estaba ensayando dicción para deponer mejor en estrados! ¿Te lo puedes creer?

Alberto casi echa la pasta de dientes en el lavabo…

-Cariño
-Dime, Ligia
-¿Qué ibas a contarme sobre ella? Cuéntamelo, por favor. Siempre hemos sido los mejores amigos.

Alberto se lo cuenta. Con todo lujo de detalles, y ella se sienta con un leve temblor en las rodillas y enciende nerviosamente un cigarrillo rubio

-No quería hacerte daño, Ligia, por Dios-él sabe lo frágil que puede hacer la vanidad a un ser humano.

Al día siguiente, Raquel López es despedida. Ha formado un auténtico drama al saberse echada. Incluso han caído de sus vacuos ojos lágrimas de cocodrilo.

-Pese a todo, Alberto, me da lástima. Esta pobre chica es humilde, no tiene amistades, es huérfana. ¡Qué tonta soy!
-No, Ligia, eres humana y es por eso que te quiero tanto

*******************************************************************************************



Una rubia espectacular ha cruzado henchida de orgullo la puerta de Ástor y Asociados, el bufete que ha desbancado del primer puesto del ranking nacional al de Ligia. Entró de asistente y secretaria personal del viejo y cansado Ástor. Después de varias extenuantes felaciones, ella se hizo con el mando. Sabía mucho de antes, nadie se lo explicaba. ¿Quién la había enseñado?

Tenía un Ferrari, una Visa Oro, y acababa de comprar un Aston Martin. Su nombre: Raquel López. Lo primero que hizo cuando empezó a prosperar fue teñirse el pelo:

-Quiero el mismo color de Scarlett Johansson-le había dicho a la peluquera.

Todos le hacen la pelota. La temen. Saben que es inhumana, fría y calculadora. Últimamente se ha hecho amante de su monitor del gimnasio, que a su vez recientemente se ha licenciado en Derecho. Para ella, él es “su Alberto”. "El pobre, es tan cortito-piensa". Se vanagloria de su superioridad sobre él.

Esa misma noche celebrará su cumpleaños en sus brazos… El último. Él ha conseguido falsificar su testamento con artimañas, y mientras ella exclama en pleno orgasmo místico: “Me muero”, él la asfixia rápida y eficazmente con la almohada.

La soberbia de Raquel López no es que haya bajado de las alturas, es que acaba de caerse despeñada en plena juventud en su trigésimo tercer cumpleaños estrellándose.

“Todo es vanidad”


******************************************** FIN ****************************
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Re: La serie de los pecados capitales. IV. Soberbia

Mensaje por Mylady » 25 Ago 2010 21:47

Guau, porque no hay icono de mandíbula descolgada, tiene un ritmo trepidante.
Anda que no hay Raqueles López sueltas por ahí.
"...Cada beso perfecto aparta el tiempo, lo echa hacia atrás, ensancha el mundo breve donde puede besarse todavía..."

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Re: La serie de los pecados capitales. IV. Soberbia

Mensaje por Katia » 25 Ago 2010 21:52

Mylady escribió:Guau, porque no hay icono de mandíbula descolgada, tiene un ritmo trepidante.
Anda que no hay Raqueles López sueltas por ahí.


Gracias guapa :D . :60:
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Re: La serie de los pecados capitales. IV. Soberbia

Mensaje por Berlín » 25 Ago 2010 22:08

Kat, es soberbio.
Si, opino igual que Myl, hay muchas Raqueles Lopez por el mundo. También hay gente buena y confiada como tu protagonista, que no ven la maldad.
Pero el mundo está lleno de trepas, que suben como la espuma haciendo cualquier cosa para lograr sus propósitos.
Es un fantástico relato Katia, super interesante.¿cual será el siguiente?
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Re: La serie de los pecados capitales. IV. Soberbia

Mensaje por Mylady » 25 Ago 2010 22:18

Yo tengo muchisima curiosidad por como vas a enfocar la gula
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Re: La serie de los pecados capitales. IV. Soberbia

Mensaje por Katia » 25 Ago 2010 22:21

Berlín escribió:Kat, es soberbio.
Si, opino igual que Myl, hay muchas Raqueles Lopez por el mundo. También hay gente buena y confiada como tu protagonista, que no ven la maldad.
Pero el mundo está lleno de trepas, que suben como la espuma haciendo cualquier cosa para lograr sus propósitos.
Es un fantástico relato Katia, super interesante.¿cual será el siguiente?


Muchas gracias, Berlín. Me da pena acabar la serie, ¡se me da bien escribir en plan reto, sobre un tema prefijado de antemano! Ainsss... Lo mismo me busco otra "serie", de veras os lo digo. No creo que participe en el concurso esta vez, ¡no se me ocurre ningún cuento que versionar! Me he sacado un volumen de cuentos de Andersen y lo estoy picoteando, no sé. Si la musa es amable y me susurra algo al oído lo mismo al final participo.

Bueno, si os fijáis, esto es un poco como decía Platón en "Apología de Sócrates", que si todos a la vez hiciéramos el mal, la convivencia sería imposible y viviríamos en un estado de guerra de unos contra otros en plan salvaje. Santo Tomás consideraba la soberbia como el primero de los siete pecados capitales, el más grave de todos y la "madre" de todos los demás, que él consideraba que se derivaban a su vez de la soberbia. Es absurdo menospreciar o dañar al prójimo como decía Platón por boca de Sócrates, porque es el modo ideal de cavarse uno su propia tumba: si dañas a otro, ese otro te acabará dañando a ti antes o después. El boomerag que has lanzado lejos siempre vuelve a golpearte en la sien. Los budistas lo llaman "el karma"

La soberbia tiene el peligro de hacerte despreciar "al enemigo", que es verdad que nunca es pequeño.

Si os fijáis, el verdadero protagonista de mi relato es Alberto García. No es el hombre perfecto. Está lleno de defectos y debilidades, pero...

¡es humano! Profundamente humano. Y por eso valora la humanidad de Ligia. No son héroes ellos dos, son muy imperfectos, pero son "super humanos". Esto lo he hecho "ex profeso":es una "oda" a la "humanidad".
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Re: La serie de los pecados capitales. IV. Soberbia

Mensaje por Katia » 25 Ago 2010 22:24

Mylady escribió:Yo tengo muchisima curiosidad por como vas a enfocar la gula


Pues fijaos, chicas, que estaba dudando entre la pereza y la gula...

Ummmmm....

¡Adjudicado!

El siguiente:

La gula :D. Un abrazo a cada una :60: :60:
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Re: La serie de los pecados capitales. IV. Soberbia

Mensaje por Mylady » 25 Ago 2010 23:03

Gracias Katia por ilustrarnos con tu explicación. Cada día me sorprendes más con tu sabiduría. :shock: eres una joyita :60:

La gula!!! que ilu!!! jejeje
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Re: La serie de los pecados capitales. IV. Soberbia

Mensaje por Iulo » 26 Ago 2010 11:30

.
Última edición por Iulo el 14 Dic 2010 19:41, editado 1 vez en total.

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Re: La serie de los pecados capitales. IV. Soberbia

Mensaje por shirabonita » 26 Ago 2010 12:22

Kat :60: me lo he descargado en Word, siento no poder leerlo ahora mismo pero se me pone mucho dolor de ojos.
No sé cuando lo leeré pero lo leeré, :P eso fijo. Es que ahora estoy con un miniclub de una novela "El quinto día" , que es un tocho y no me deja tiempo para leer más.
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Re: La serie de los pecados capitales. IV. Soberbia

Mensaje por Rosina » 26 Ago 2010 12:30

Mylady escribió:Guau, porque no hay icono de mandíbula descolgada, tiene un ritmo trepidante.
Anda que no hay Raqueles López sueltas por ahí.



Sí lo hay :whoa:

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Re: La serie de los pecados capitales. IV. Soberbia

Mensaje por Katia » 26 Ago 2010 13:09

Mylady escribió:Gracias Katia por ilustrarnos con tu explicación. Cada día me sorprendes más con tu sabiduría. :shock: eres una joyita :60:

La gula!!! que ilu!!! jejeje


¡Guapa! :60:
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Re: La serie de los pecados capitales. IV. Soberbia

Mensaje por Katia » 26 Ago 2010 13:31

Iulo escribió:Hoy lo he leido con mas tranquilidad que anoche y me ha gustado más aún.
Al final Alberto no se conformó con su relación con ella a distancia. Ya sabes:"Amor no es literatura si no se puede escribir en la piel". Y en esas cosas el "Maestro" Serrat es sabio
Espero que acabes la serie.
Un abrazo enorme, preciosa.


Gracias, Iulo :!: . Otro para ti, guapo :60:

Rosina, gracias por pasarte y leerlo :D

Shirapreciosa, te lo mando convertido en mp3 ahorita. Besos :beso:
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Re: La serie de los pecados capitales. IV. Soberbia

Mensaje por Mylady » 26 Ago 2010 13:53

Rosina escribió:
Mylady escribió:Guau, porque no hay icono de mandíbula descolgada, tiene un ritmo trepidante.
Anda que no hay Raqueles López sueltas por ahí.



Sí lo hay :whoa:


Chica estás en todo.
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Re: La serie de los pecados capitales. IV. Soberbia

Mensaje por shirabonita » 27 Ago 2010 13:44

Joer, Katia :60: qué pasada!! :shock: Es BUENÍSIMO!! :P Todo está perfecto, el ritmo, la descripción de los personajes, el final sorprendente, no tiene desperdicio! :eusa_clap: :eusa_clap:
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