La serie de los pecados capitales: V. La gula

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Katia
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La serie de los pecados capitales: V. La gula

Mensaje por Katia » 27 Ago 2010 11:44

GULA

Imagen


Helena tiene tan sólo catorce años. No sabe controlar lo que come, y ni siquiera lo sabe. Sus padres siempre están viajando por negocios. Ella se siente sola, tiene un vacío en el alma que le perfora el estómago y las entrañas, y que asoma a sus ojos de carbón húmedo casi siempre vidriados.

Ya en el vientre de su rubia y esbelta madre provocó unos antojos insoportables de galletas. Helena es dulce por fuera y por dentro. Su cara recuerda al helado de turrón, o a las napolitanas recién horneadas rellenas de crema, o a las ensaimadas -justamente las cosas que más le gusta comer.

Ella estaba acostumbrada a tratar sólo con chicas, y su colegio se ha hecho obligatoriamente mixto a partir de que ella ha pasado al Bachillerato. Hay quien dice que tanto el exceso de peso como la anorexia, en el caso de la mujer, obedecen a un deseo inconsciente de no ser deseada. Pero no es éste su caso. Simplemente hay en ella, en esa etapa de barbecho que es esa “edad prohibida” de la que hablaba Torcuato Luca de Tena en su novela homónima sobre la adolescencia, la misma negrura oscura del propio Universo a cuyas estrellas sus átomos pertenecen. Una sensación de nada clavada en el alma que pretende llenar comiendo. Los chicos la ponen extremadamente nerviosa con su energía apabullante… ella se sentía más segura entre sus congéneres. Sólo se tranquiliza con la comida.
El nerviosismo la zambulle en dulces que son bombas lipídicas en su cuerpo. La gula solapa el deseo: es un sucedáneo y a la vez un óbice a su real satisfacción. Así la bella Helena deforma su grácil cuerpo degustando voluptuosos pasteles que embotan sus sentidos y le dan un placer inferior al sensual pero seguro y cotidiano. Comer es junto a dormir lo único placentero que puede disfrutarse a diario. Le quema la garganta el placer del chocolate derretido acariciando, ígneo y a la vez revitalizante, sus adolescentes papilas gustativas. Come y se desvanecen los pesares, como si no existieran de antes. El helado que se deshace en su boca y la arranca de pesimismos “cuasi-existenciales”. El pan crujiente, recién hecho por la mañana, esponjoso y caliente con la mantequilla deslizándose y las lonchas de jamón York con que se lo hace que le proporciona una sensación vigorizante instantánea.
Cosas todas ellas que en breve ensancharán sus caderas. Sus papilas gustativas se hacen cada vez más adictas y drogodependientes de un siempre por conocer mosaico de los más variados sabores. Sumemos que Helena con su actitud hace buena la frase de Ramón Gómez de la Serna: “La novedad es la esencia de la vida”, y busca nuevas sensaciones en alimentos nunca probados antes.

A Helena tampoco la han educado deportivamente. Y el exceso de ingesta, pese a su juventud, la hace sentirse sempiternamente cansada. Sin darse cuenta, se está moviendo cada vez menos. Y se nota difusas molestias físicas impropias de sus años. Como explicaba Schopenhauer en “El arte del buen vivir”, la sangre corre por el organismo a velocidades comparables a las siderales. El cuerpo, aparte de templo del alma como dicen machaconamente las monjas, es una réplica en pequeña escala del vertiginoso cosmos. El filósofo aconsejaba en su obra reproducir fuera el mismo movimiento trepidante del organismo por dentro para así estar en armonía con él. Hay algo en nuestro cuerpo de haz de luz fugaz y presurosa, algo que es espejo del propio universo vertiginoso. “Hay que tener cada día 2 horas, por lo menos, de ejercicio rápido al aire libre, darse baños frecuentemente de agua fría y otras medidas dietéticas del mismo género” (nos dice el gran sabio). Helena emplea cada vez ropa más ancha. Atrás quedaron esos pantalones blancos cortos y estrechos del año pasado que excitaron la imaginación del guapísimo José, el hermano de su mejor amiga, haciendo bailar sus ojos de azul impregnados como olas invisibles acariciando a lo lejos sus caderas y sus muslos. Atrás ha quedado la talla 40-42 siendo reemplazada por una ominosa 46-48.
Siempre tuvo un amor reverencial por las palabras. Pasa mucho tiempo leyendo, lo que hace portentosa no sólo su cultura, pese a su corta edad, sino también su mente. Saca las mejores notas de toda su clase, por lo que es ampliamente envidiada. A ella sólo le han hablado de “Mens sana”, pero no de “corpore sano”. Sus articulaciones son endebles, ella siempre fue una niña menuda y bajita, hasta que pegó el famoso estirón del desarrollo, en que echó unas curvas de vértigo que desde primera hora la espantaron y acomplejaron. Su armazón no está precisamente diseñado para semejante sobrecarga ponderal, aunque sea alta y mida 1,67 metros. Sus piernas apenas pueden sostenerla. En un esguince de tobillo con principio de fractura que ha tenido ha llegado a casa muy consternada:

-Pero, ¿te has visto las muñecas? ¡Son pequeñas! ¡Como tus tobillos! ¡Si fueras una persona gruesa de constitución! – La regaña el médico- ¡Tu estructura no soporta tus kilos! ¡Por eso casi te fracturas el tobillo, y es por eso que te has caído! Es un crimen lo que estás haciendo con tu cuerpo, ¡eres de naturaleza delgada! Debes volver a tu ser.

Lo peor es que el avance de los kilos no cesa. ¡Cada vez está más oronda! Cada vez su cuerpo se deforma y queja más. Está empezando a sentir algo de pánico, y ya no come por placer como antes, come para alejar el miedo. Siente de repente que su estado físico no tiene remedio, se siente sin brújula y perdida, no sabe qué hacer, y el concepto de alimento-refugio se intensifica. En su fuero interno “da el asunto por perdido”: de todos modos, ya no tendría voluntad para comer menos. Está huyendo hacia delante, sin comprenderse a sí misma y sin saberlo. El año pasado era guapa y deseable. Tiene las miradas de cielo de José tatuadas en los átomos de su piel. Pero se ha convertido en una especie de ballena fea y gorda, sensación que agrava su acné galopante. Ella que hacía tan sólo un año era una sirenita “hechizante”.
Ha descubierto algo “paralizante”. La comida simplemente infla el estómago, pero no sólo no ha llenado el vacío, ¡lo ha aumentado! Es una trampa cruel: ha abierto aun más su abismo interior. No ha paliado sus perplejidades. Y como un círculo vicioso cada vez aumenta más sus problemas. Helena come emocionalmente, engulle azúcares en vez de dar y recibir besos, y su aislamiento crece. No ha despejado los nubarrones de la tristeza, ¡los ha multiplicado! Odia a su cuerpo. Y ella aun en su candidez ignora los estragos “sociológicos” de lo que ha hecho consigo misma. Todos nuestros actos engendran consecuencias. Es un dislate el “ich darf” kantiano (=actúo porque puedo actuar, hago lo que hago porque puedo y quiero, sin prever los posibles efectos venideros).

Más que la reprimenda del facultativo, hay otro detonante que la impele a luchar contra sí misma (“Nadie tiene mayor combate que el que se esfuerza en vencerse a sí mismo”: Kempis): pronto empiezan las burlas de sus compañeros de clase. Ha llegado a la friolera de los 85 kilos de peso. Helena nada sabe de valores nutricionales. Ignora que la aparentemente inocente y fácil de preparar salchicha de Frankfurt es el alimento más graso de todos. Desconoce el elevado porcentaje de grasa de la mantequilla, y asimismo nadie le ha explicado qué es la grasa saturada. No es consciente de la gravedad de su crónico estreñimiento, precursor hasta del cáncer de colon y dimanante de la falta de fibras de su dieta. Nadie se ha preocupado de ella, nadie se lo ha explicado.
Helena no puede más. Está en la edad de las minifaldas y el tonteo. Con 13 añitos prometía ser una atractiva joven y se lamenta de no haber cerrado la boca mucho antes. Y un buen día da la campanada:

-¡Mamá! ¡Ponme a dieta!
-¡Hija! ¡Eres sólo una niña! ¡No puedo quitarte de comer!
-¡Ayúdame, mamá! ¡Por favor! ¡Yo no quiero ser esto!-dice con inconmensurable tristeza señalándose su propio cuerpo-
-No puede ser, eres muy pequeña aun…
-¡Claro! ¡Tú si estás delgada y no quieres que yo lo esté!-prorrumpe en ruidoso llanto-
-¿Cómo puedes pensar eso? ¡Te llevaré a un médico!

El doctor ve a Helena y a su tristeza, y habla con ambas, y le sentencia a su progenitora:

-No es tan niña ya, señora. Usted elija: o dieta o depresión. Si no adelgaza pronto, acabará gravemente deprimida.

La madre se alerta. Le impone estoico y draconiano régimen a la altura de su edad. Le sustituye el pan blanco por el integral. Helena descubre asombrada que este último tiene más sabor que aquél y que la llena por dentro mucho más y por más tiempo. Le cambia la leche entera por la desnatada, que al principio le sabe aguada, pero que con el tiempo su estómago agradece al ser su digestión incomparablemente más liviana. Le tira la mantequilla y le compra margarina vegetal. Y empieza entonces una dura lucha contra la báscula, su vacío, su abulia y sus crecientes complejos físicos. Una batalla personal por la restauración de la autoestima corporal y por extensión la psicológica. Una ansiedad por que vuelvan a mirarla los chicos por la calle como la contemplaba José con ojos de azul candente y abrasador, quemándole a distancia la piel y no volver a pasar inadvertida, como si no existiera, ante nadie. Una necesidad imperiosa de ser plena, de ser ella y que sus kilos no la oculten del resto. Una mujercita incipiente, luchando por volar como mariposa emergente de una envoltura agobiante e hinchada que realmente no le pertenece.
Como buena amante de los libros, encuentra uno sencillo y de pocas páginas sobre nutrición: “Pierda peso y gane salud” (Editorial Edaf). Allí aprende sobre valores nutricionales y comprende por primera vez en su breve existencia hasta el momento los desmanes alimentarios que ha hecho.
La tierra da una vuelta al sol. Y en un año…
El milagro se ha hecho. Han sido noches muy duras de irse a la cama con el estómago vacío protestando. Pero ha sabido resistir como una campeona. No le ha hecho falta gimnasia, al menos no estéticamente, todo su cuerpo ha vuelto a su ser originario. Los adolescentes de su edad la piropean por sus calles del sur de España con denuedo. Helena sonríe. Ha vuelto a ser ella, la que nunca debió dejar de ser, y se sorprende de verse en su propio cuerpo, que ha recuperado su forma y antigua esbeltez como si nunca las hubiera perdido. Vuelve a hacer honor a la etimología: Helena, nombre femenino de origen griego que deriva de "Helene", que significa "Aquella que brilla como una antorcha" o "Aquella que arde o resplandece".

El chico más guapo la besará a ella todo arrobado y deslumbrado en sólo unos meses.

¿Ha triunfado definitivamente sobre la gula?

No del todo.

Es una guerra sin tregua que durará toda su vida. O como diría nuestro sabio pensador:

“La vida es una guerra sin tregua, y morimos con las armas en la mano” (Schopenhauer)


*************************** FIN **************************************

Cuatro páginas en Word
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Última edición por Katia el 29 Ago 2010 16:14, editado 1 vez en total.
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Re: La serie de los pecados capitales. V.La gula

Mensaje por Berlín » 29 Ago 2010 11:34

Creo que te has metido bastante bien en el problema de los trastornos alimentarios Katia.
Es cierto que las grandes ingestas de comida pueden suplir de alguna forma algunas carencias afectivas, profesionales, personales etc..Creo que detrás de estos temas siempre o la mayoría de las veces hay un trastorno de algún tipo, que se debería tratar, baja autoestima, carencias de afecto etc..
Y es muy cierto que es responsabilidad de nosotros, los padres, educar de forma sana a los hijos, orientarlos desde pequeños, y enseñarlos a comer de forma adecuada.
Me gusta como lo has enfocado Kat. Te vuelvo a felicitar.

Hay una parte fantástica en la película Seven, sobre el tema de la gula...¿la has visto? trata sobre los pecados capitales.
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Re: La serie de los pecados capitales. V.La gula

Mensaje por Katia » 29 Ago 2010 12:38

Gracias, Berlín. Estoy de acuerdo contigo 100%

No he visto "Seven". ¿Es buena entonces?
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Re: La serie de los pecados capitales. V.La gula

Mensaje por Berlín » 29 Ago 2010 12:42

Katia escribió:Gracias, Berlín. Estoy de acuerdo contigo 100%

No he visto "Seven". ¿Es buena entonces?


Sí, para mi gusto lo es. Además de que el amigo Brad está que se sale (en todos los sentidos ja). Te la recomiendo.

Me refiero a Brad Pitt. :mrgreen:
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Re: La serie de los pecados capitales. V.La gula

Mensaje por shirabonita » 29 Ago 2010 12:47

Berlín escribió:
Katia escribió:Gracias, Berlín. Estoy de acuerdo contigo 100%

No he visto "Seven". ¿Es buena entonces?


Sí, para mi gusto lo es. Además de que el amigo Brad está que se sale (en todos los sentidos ja). Te la recomiendo.

Me refiero a Brad Pitt. :mrgreen:


Katia :60: yo también he visto SEVEN y es una peli estupenda. :P (y a mí no me dice nada Brad Pitt)
También te recomiendo verla. :D

Edito:Katia :60: qué avatar más bonito has pillado. Esa sonrisa espontánea y radiante , es genial. :P Es Scarlett Johansson, verdad? Es que , con el pelo rizado, no la reconozco del todo.
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Re: La serie de los pecados capitales. V.La gula

Mensaje por Katia » 29 Ago 2010 13:44

Gracias, chicas :D :D :60: :60: Verás, shira, es Elsa Pataki. Fue el segundo avatar que tuve en este foro: primero me puse a Mónica Bellucci y luego a esta chica.Y fue precisamente por su sonrisa que me la puse :!:
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Re: La serie de los pecados capitales. V.La gula

Mensaje por Conphoos » 29 Ago 2010 15:58

Me gusta el relato y me encanta la última cita.
Me pregunto como seguirá la vida de Helena, que ve que sólo es querida cuando está delgada, si bien la obesidad no es sana, esto también es un peligro.
Ah, y también te recomiendo Seven.

PD: Parece que te has aficionado a subir borradores :lol: :lol:

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Re: La serie de los pecados capitales. V.La gula

Mensaje por Katia » 29 Ago 2010 16:12

Conphoos escribió:Me gusta el relato y me encanta la última cita.
Me pregunto como seguirá la vida de Helena, que ve que sólo es querida cuando está delgada, si bien la obesidad no es sana, esto también es un peligro.
Ah, y también te recomiendo Seven.

PD: Parece que te has aficionado a subir borradores :lol: :lol:


Gracias, Conphoos...

Ohhh... :oops:

¡Este calor me tiene más despistada de lo ya natural en mí!

Voy a corregirlo... Ainssss
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Re: La serie de los pecados capitales. V.La gula

Mensaje por shirabonita » 30 Ago 2010 13:27

Katia escribió:Gracias, chicas :D :D :60: :60: Verás, shira, es Elsa Pataki. Fue el segundo avatar que tuve en este foro: primero me puse a Mónica Bellucci y luego a esta chica.Y fue precisamente por su sonrisa que me la puse :!:


Joer, pero que bruta soy! :eusa_wall: :eusa_wall: :eusa_wall:
Anda que confundir a Elsa Pataki con Scarlett Johansson :cunao:

Avatares aparte, tu texto es magnífico, de verdad- Me ha gustado incluso más que el de la soberbia. :P Está tan bien explicado el problema de Helena, que come para llenar ese vacío de su interior, por la falta de atención de sus padres. :(
Pero lo bueno es que al final lo supera, :D quizá sea su talón de Aquiles para el resto de su vida, pero lo supera a base de voluntad y disciplina. Bravo! :eusa_clap: :eusa_clap: :eusa_clap:
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Re: La serie de los pecados capitales. V.La gula

Mensaje por Katia » 30 Ago 2010 21:26

Gracias, shirapreciosa :60:
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Re: La serie de los pecados capitales. V.La gula

Mensaje por karen mendoza prada » 31 Ago 2010 01:15

hola katia, hay que reconocer las cosas buenas y me encanta tu relato, es hermoso, me hace pensar que helena es como el ave fenix que resurge de sus cenizas, y espero que sirva de inspiracion a muchas adolescentes que tienen ese problema actualmente, porque el fin de los escritores, es ayudar a los demás, me encanta las citas que has puesto al ultimo, y felicidades por el maravilloso texto y que sigan los exitos, besitos, bye

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Re: La serie de los pecados capitales. V.La gula

Mensaje por Mylady » 31 Ago 2010 12:25

Está genial Katia. No se podría haber enfocado de mejor manera.
No conocía el significado etimológico de Helena y me ha encantado.
Siempre aprendo cosas nuevas leyéndote. Cómo te he dicho varias veces eres un pozo de sabiduría.

Un abrazo
"...Cada beso perfecto aparta el tiempo, lo echa hacia atrás, ensancha el mundo breve donde puede besarse todavía..."

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Re: La serie de los pecados capitales. V.La gula

Mensaje por Katia » 31 Ago 2010 12:51

karen mendoza prada escribió:hola katia, hay que reconocer las cosas buenas y me encanta tu relato, es hermoso, me hace pensar que helena es como el ave fenix que resurge de sus cenizas, y espero que sirva de inspiracion a muchas adolescentes que tienen ese problema actualmente, porque el fin de los escritores, es ayudar a los demás, me encanta las citas que has puesto al ultimo, y felicidades por el maravilloso texto y que sigan los exitos, besitos, bye


Muchas gracias, karen. Me encanta tu comentario :D Besitos, reina :beso:

Mylady escribió:Está genial Katia. No se podría haber enfocado de mejor manera.
No conocía el significado etimológico de Helena y me ha encantado.
Siempre aprendo cosas nuevas leyéndote. Cómo te he dicho varias veces eres un pozo de sabiduría.

Un abrazo


Me alegra. Yo cuando leo también busco aprender cosas, así que qué bien que tú halles cosas nuevas en lo que cuento :D Éste en particular "lo parí con dolor", o sea, me costó mucho esfuerzo escribirlo, fue muy arduo, no terminaba de susurrarme nada la musa al oído y tuve que ponerle más empeño que a ninguno :60:
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Re: La serie de los pecados capitales. V.La gula

Mensaje por karen mendoza prada » 31 Ago 2010 19:13

:D pues felicidades porque tu empeño surtio frutos, que sigan los cuentos, besitos

Katia
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Re: La serie de los pecados capitales. V.La gula

Mensaje por Katia » 31 Ago 2010 20:56

karen mendoza prada escribió::D pues felicidades porque tu empeño surtio frutos, que sigan los cuentos, besitos


Besitos, linda :beso:
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