Camila (o quiere ser una obra de teatro)

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Berlín
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Camila (o quiere ser una obra de teatro)

Mensaje por Berlín » 21 Mar 2019 22:13

CUADRO PRIMERO
Dos mujeres hablan dentro de una cafetería. Es por la tarde y no hay casi nadie. Un cliente apoyado en la barra bebe vino, un gato se lame la pata en la puerta. El camarero busca una sintonía en la radio.
MARÍA. (Suspira traviesa) En fin, querida hermanita, parece que al viejo no le gustó mucho lo que le dije antes de meterle un tiro entre ceja y ceja.
MARCELA. ¡Qué bruta! (Ríe.) Anda que decirle que pensabas hacerte una sopa con la pobre Camila…
(Ríen)
MARCELA. (Seria de pronto) Lo pagaste con creces, lo del viejo. Pero ya estás fuera. Mi hermana, mi amiga. Todo eso eres. Hasta mi madre, si me apuras.
MARÍA. Se lo merecía. Lo volvería a hacer. (Resopla emocionada.) Anda, vámonos.
(Pagan y salen a la calle. Caminan despacio y en silencio)
MARCELA. ¿Recuerdas…?
MARÍA. ¿Recuerdas…?
(Ríen, porque las dos han hablado al mismo tiempo)
MARÍA. ¡Cómo quería el viejo a ese esperpéntico animal!
MARCELA. Camilita, la llamaba.
MARÍA. Era la tortuga más vieja del mundo. Tú eras pequeña cuando el viejo la mandó traer, pero yo lo recuerdo con una claridad casi ofensiva. No debiera una recordar de este modo.
MARCELA. No.
MARÍA. Hacía mucho viento esa mañana. El viejo esperaba sentado en el banco, fumando su pipa, vigilando el camino de tierra, con sus ojillos pequeños, como puñaladas.
MARCELA. Del olor de la pipa me acuerdo. Me viene mezclado, a veces, con un olor como a rancio.
MARÍA. Yo lo observaba desde mi ventana, intentando descifrar qué piensan los lobos cuando no atacan. Hasta que se vio venir el camión a lo lejos, envuelto en una polvareda. Paró bajo nuestra ventana y bajaron unos hombres. Uno de ellos le dio un apretón de manos al viejo y este le dio un fajo de billetes. Después, este mismo hombre, bajó la parte trasera del vehículo formando una rampa. Yo, tras la cortina pensé, casi ilusionada, si no sería un hermoso caballo y fui feliz durante un minuto, el tiempo que tardó “aquello” en asomar el cuello alargado. Era enorme. Si cierro los ojos puedo oír sus patazas bajando la madera. Bum, Bum, Bum. Tú eras una niña cuando vino. Solo tenías once años.
(Marcela se anuda al brazo de su hermana y se aprieta contra ella)
MARCELA. Tú te fuiste poco después de la llegada de Camila. Yo también lo recuerdo con nitidez, porque a los pocos días de su llegada mi cuerpo comenzó a gritar. No sabía qué me pasaba. Cuando las tetas me empezaron a cambiar de color corrí hasta la abuela y abriéndome la blusa se las enseñé. Me las tocó con sus manos ganchudas y las sopesó como hacía con las frutas de su huerto. Luego me abotonó la blusa y sin darme más explicaciones dijo que era lo normal en mi estado.
MARÍA. (Amarga) Lo normal. Lo normal es que te recogieras por la noche con la cara sucia de barro, las trenzas llenas de flores y la sonrisa de oreja a oreja. Lo normal es que fueras al colegio y que llegaras a casa con los bolsillos llenos de notas de amor. Lo normal es la risa.
MARCELA. (Como un eco) Lo normal es la risa.
MARÍA. (Con la voz quebrada) Te hubiera llevado conmigo, pero me fui por la noche. Dos trapos metidos con prisa me llevé. Luego, cuando encontré trabajo y pude volver a por ti, ya estabas a punto de parir.
(Ahora caminan en silencio. El paisaje es árido, desolado, el cielo está nuboso)
CUADRO SEGUNDO
(Están iniciando el camino de tierra que lleva a la vieja casa, que se ve a lo lejos. Se paran a mirarla)
MARÍA. (Señala con la barbilla) Ahí la tienes: pequeña, infame, terrosa, destartalada, ruin. Ruin como él. Como ella. Si no quieres no vamos.
MARCELA. No quiero. Sí quiero. No quiero.
MARÍA. Venimos por lo que venimos. Imagina que vamos a un funeral de puro compromiso.
MARCELA. Puro trámite.
MARÍA. Puro teatro.
MARCELA. Pero es duro mirarla. Como duro debe ser mirar la boca del perro que te ha mordido la mano.
MARÍA. Ese perro ya está muerto y se pudre en el infierno.
MARCELA. Qué dura te has vuelto. (Cabizbaja.) Como de hierro. Desde que le ocurrió “aquello” al viejo…
(María se para y la enfrenta tomándola por los brazos)
MARÍA. ¿Ocurrirle? ¿Acaso el rifle se disparó solo? ¡Yo lo maté! ¡Dilo! He estado mucho tiempo encerrada como para que las palabras salgan de la boca dando rodeos. ¡Dilo! Este viaje es para eso. No vamos a un funeral, porque no hay muerto que llevarse a la boca, no vamos a un funeral porque en los funerales se habla bien de los muertos y nosotras venimos a escupir sobre cada pisada suya que aún conserve el camino, y a romper los pocos cristales que queden en pie, para que entren a dormir las ratas. Y cuando no quede ni un cristal nos mearemos en el porche donde se sentaba para vigilar que no escapásemos.
MARCELA. Tú escapaste.
MARÍA. Sí, yo escapé, como escapó tu madre, que también era la mía. ¡Dilo! Luego cerraremos esa puerta para los restos. Y le pondremos clavos. Pero ahora necesito que lo digas. (La mira a los ojos.) Te refieres a cuando lo maté de un tiro en la cabeza con su escopeta de caza. Te refieres al día en que se hincó de rodillas y me miró con aquellos asquerosos ojos llenos de telarañas, antes de caer al suelo en medio de su sangre podrida. Dilo, no es difícil. Difícil ha sido contar los días para volver a abrazarte.
MARCELA. (Hincha el pecho entero para proseguir y cuando comienza a hablar le tiembla la barbilla) Cuando lo mataste de un tiro en la cabeza la abuela se volvió loca de dolor. Arrodillada a su lado, se llevó la sangre derramada a los labios y al pecho y a los ojos. Recuerdo sus lágrimas, que se abrían paso rodando como piedras a través de la sangre dejando surcos blancos. Quería a ese hombre con un amor enfermizo, lo quería por encima de todo, de ti, de mí. Cuando me dejó preñada, lejos de enfurecerse, se sintió conmovida hasta los huesos. Sería un chico y lo iba a ver nacer y crecer y así, de ese modo, ya no se perdería ni un instante de su vida. Quería comprobar cómo era él cuando aún no la conocía a ella. No sé si puedes entender algo de lo que digo. Cuando el médico dijo que era una niña se la llevó. Pensé que la ahogaría como hacía con los gatos y por un momento sentí frío en el vientre hueco. Luego supe que se la vendió a una mujer reseca y que se la pagaron muy bien, porque era una niña normal.
(Llegan a la casa. María se agacha y toma un puñado de tierra. Se ve todo descuidado, salvaje)
MARÍA. ¡Cómo ha crecido la hierba!, pareciera que quiere devorar la casa entera. Y cuanta basura. Menos mal que nuestro chopo sigue en pie. ¡Míralo! Alto y gallardo como un guerrero, custodiando con sus fuertes brazos nuestro columpio. ¡Marcela! ¡Nuestro columpio!
MARCELA. (Sonríe mirando a su hermana mayor) ¡Mírate, parece que te ha salido una luna en la boca!
MARÍA. (Sentada en el columpio) Detrás, donde la abuela lavaba la ropa, ya no hay nada, ni las cuerdas de tender quedan.
MARCELA. En cambio el banco…, el viejo banco. Donde los domingos nos sentábamos juntas, piel con piel, a mirar el principio del camino, por si venía alguien que no fuera de la casa. Un extraño amable, quizá.
(Marcela se sienta en el banco y levanta los ojos hasta su cuarto)
MARCELA. (Le tiembla la barbilla cuando habla) La primera vez que esa cosa corrió como un ratón dentro de mi barriga, me volví loca del asco y deseé meterme los dedos por la garganta, y luego el puño, y luego el brazo, para poder llegar a esa bolsa que lo protegía de mí. Y, en llegando a ella, abrirla con las uñas, o hasta con los dientes, si hubiera podido tragarme a mí misma.
MARÍA. (Con los ojos brillantes) La mañana en que yo me fui, llovía a cantaros. Me había “visitado” por la noche y cuando se marchó corrí hasta el baño conteniendo el vómito y empapé una toalla para deshacerme de aquel líquido amarillo, espeso, pegajoso como cola de pegar barcos. No quería abrir el grifo para no despertarte.
MARCELA. Cuando te fuiste la abuela dijo que solo las putas huyen de su casa en mitad de la noche. Yo me fui hasta tu cuarto y vi que te habías hecho la cama. Me acosté y me abracé a tu muñeca. Aún olía a ti.
MARÍA. Tendría que haberte llevado conmigo. ¿Me perdonarás algún día?
MARCELA. No he dejado de quererte ni un segundo.
(Marcela mira el lugar donde la abuela tendía los trapos y suspira).
MARCELA. Un día Camila no apareció. El viejo la llamó a gritos por su nombre. (Marcela se levanta y hace como que busca algo y grita) ¡Camila! (Se para y mira al vacío.) La buscó, lloriqueando, por debajo de las tablas del porche. ¡Como si ese monstruo pudiese haber cabido allí! Luego se fue hasta los cañaverales y los apartó, llamándola. ¡Camila, Camilita! No estaba por ningún lado. Al otro día apareció entre las calabazas. Se las había comido todas, con sus dientes de hierro. (Toma asiento de nuevo.) El viejo vino con ella detrás. Lenta, pesada.
MARÍA. (Repite) Lenta, pesada. Controlable. No como esos perros que se escapaban, hartos de recibir palos. No como sus mujeres, que echaban dos bragas en un hatillo y salían en mitad del polvo en una noche de viento.
MARCELA. (No la escucha) Parecían dos dinosaurios. Cuando los vi llegar yo me frotaba el cuerpo dentro de la tina. Por aquellos días mi piel estaba roja de tanto estropajo, tan roja que a veces me sangraban los poros y tan traslúcida que se me podían ver las venas y las arterias y el corazón. La barriga no, la barriga no la frotaba porque era como una puerta, y no quería que la cosa se hiciera ilusiones. El viejo se paró, me trajo una toalla y se quedó allí, esperando a verme salir, serio.
(María cierra los ojos y levanta la cabeza al cielo y está así un momento, tal vez un minuto, luego los abre y sonríe. Parece otra persona. Llama a su hermana y se sientan las dos en el columpio)
(Oscurece y hay un silencio absoluto)
MARCELA. Nunca vi unos ojos más enfadados que los tuyos, cuando apretaste el gatillo de aquel rifle.
MARÍA. ¿Qué rifle? ¿Qué ojos? ¿Qué enfado? (su voz es cantarina, diferente) No sé de qué hablas. ¡Bah! Ya cerramos la puerta. ¿No ves los clavos? (María cierra los ojos y huele el aire, se deleita) Oye, ¿recuerdas nuestra canción? (Le guiña el ojo.) Seguro que no.
MARCELA. (Encogiéndose de hombros) Hace mucho de eso.
MARÍA. Yo si la recuerdo. No fueron pocas las noches en que me dormí cantándola muy bajito, para que no me la robara nadie. Canta, gallina.
(María se levanta y cloquea)
(Marcela se ríe, duda, compone un gesto infantil y entona una musiquilla, pero de pronto se para. No la recuerda. María se sienta de nuevo y le acaricia el pelo)
MARÍA. No pasa nada, yo relleno los vacíos, los coso, y lo que no recordemos, pues lo inventamos.
(Cantan, se paran, recuerdan, se empujan la una a la otra por turnos, y cuando la canción acaba, comienzan de nuevo. Parecen dos locas. Arriba, la luna aparece en el cielo, entera, como una linterna, alumbrando la escena)
CANCIÓN. : “La niña del bello rostro está cogiendo aceituna. El viento, galán de torres, la prende por la cintura. Pasaron cuatro jinetes, sobre jacas andaluzas, con trajes de azul y verde, con largas capas oscuras”… (García Lorca)


Se baja el telón.
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Re: Camila (o quiere ser una obra de teatro)

Mensaje por Ginebra » 22 Mar 2019 20:53

me ha impresionado, Berlín, me gusta mucho cómo tratas el tema y que acabes con esos versos de Lorca... maravilloso :eusa_clap: :eusa_clap: :60:
Alea iacta est. Atribuido a Julio César

Recuento 2019

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Re: Camila (o quiere ser una obra de teatro)

Mensaje por Berlín » 23 Mar 2019 09:54

Ginebra escribió:
22 Mar 2019 20:53
me ha impresionado, Berlín, me gusta mucho cómo tratas el tema y que acabes con esos versos de Lorca... maravilloso :eusa_clap: :eusa_clap: :60:
Ostras, gracias Ginebra. En fin, esto nació como relato e intenté convertirlo en una obra de teatro pero es endiabladamente complicado. Pero bueno, nadie dijo que fuera fácil. Un abrazo.
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Re: Camila (o quiere ser una obra de teatro)

Mensaje por lucia » 23 Mar 2019 20:26

Muy duro lo que cuentas y cómo lo cuentas, sin concesiones ni endulzantes, pero sin dejar de transmitir la fuerte relación de las dos hermanas.

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Re: Camila (o quiere ser una obra de teatro)

Mensaje por Berlín » 24 Mar 2019 09:43

lucia escribió:
23 Mar 2019 20:26
Muy duro lo que cuentas y cómo lo cuentas, sin concesiones ni endulzantes, pero sin dejar de transmitir la fuerte relación de las dos hermanas.
Pero dime, jefa, ¿cuanto le falta para ser una obra de teatro? ¿Si tu estuvieras sentada en primera fila que echarías de menos? ¿Qué le falta, qué le sobra?

Teatro no he leído mucho, de Garcia Lorca todo, obras representadas si he visto bastantes, pero no es mi elemento. Dime, machaca.
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Re: Camila (o quiere ser una obra de teatro)

Mensaje por lucia » 24 Mar 2019 19:30

Para ser teatro me falla la transición entre escenas, que pasan repentinamente de la cafetería a la vieja casa. Pero seguro que @Chubbchubb te puede indicar mejor que yo.

Lo que sí me ha gustado es que lo cuentes teniendo en cuenta que las dos hermanas tienen en común los hechos y no trates de explicarlos mas que a través de sus palabras.

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