CP XIV - Los cazadores

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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kassiopea
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CP XIV - Los cazadores

Mensaje por kassiopea » 18 Abr 2019 15:02

LOS CAZADORES


Quienes los conocieron más a fondo coinciden en que la rivalidad entre Carlos Arizmendi y Diego Zarrabeitia surgió casi desde el mismo instante en que sus caminos se cruzaron por primera vez, allá por el año 1912, cuando ambos iniciaban su periplo universitario en Oxford. El hecho de ser los únicos españoles de aquella promoción, su compartida ascendencia vasca y la respectiva pertenencia a dos de las más aristocráticas familias del país les sirvió en un principio como nexo de unión, acentuado más adelante por unos gustos y aficiones comunes, en especial su pasión por la caza mayor, heredada de sus ancestros. Esta comunión, sin embargo, fue la que, además de amigos, los convirtió, paradójicamente, en rivales, pues no en vano cada uno de ellos se propuso desde un principio despuntar sobre el otro en todos los escenarios posibles, ya fuera el académico, el deportivo o cualquier otro en el que sus vidas pudiesen confluir.
Una vez terminada su andadura en la universidad y pese a tomar cada uno el rumbo que marcaban sus privativos negocios familiares, continuaron siendo bastante asiduos, gracias sobre todo a esa compartida pasión cinegética, la más pujante ligazón entre ellos. La caza fue de hecho el campo donde la rivalidad entre Arizmendi y Zarrabeitia se hizo más palmaria. Cada uno de ellos quería destacar sobre el otro, cobrar los trofeos más codiciados, demostrar mayor valentía, hacer patente una manifiesta superioridad en lo que a abatir presas concernía.
La historia que aquí se narra, de la que no son pocos quienes niegan su veracidad, acaeció una tarde de verano en que Carlos había invitado a Diego a tomar el té en su palacete de Busturia. La causa primera y última de aquella invitación no era otra que la de mostrar a su amigo y émulo el último trofeo conseguido. Tomaron el té en un salón cuyas paredes, como no podía ser de otro modo, se encontraban tapizadas con diversos ornamentos venatorios: cabezas disecadas de turbadoras fieras, fabulosas osamentas, pieles de diferentes capturas, escudos tribales… La muerte estaba presente en cada rincón de aquella estancia, una turbadora presencia capaz de inocular las más espantosas pesadillas. En la chimenea ardía un fuego que arrojaba sombras irregulares sobre esas mismas paredes, sombras que acrecentaban aún más la tenebrosidad de aquel espeluznante museo.
— ¡Excelente aroma, Carlos! –encomió Zarrabeitia tras dejar que su olfato se anegara del fragante vapor procedente de la pequeña taza que sostenía en su mano derecha.
—Té blanco de Fujian –proclamó orgulloso el anfitrión, ancorado sobre un amplio sillón con orejeras–. Uno de los mejores del mundo, según dicen.
Zarrabeitia asintió con la cabeza y llevó la porcelana a sus labios para dar un ligero sorbo. Hubo de admitir que el sabor no desmerecía en absoluto al aroma. Un té magnífico, sin duda alguna. De todas formas, degustar una infusión, por exquisita que fuese, no era ni mucho menos la razón que motivaba su presencia en aquella casa, de manera que, alejándose de los protocolos, decidió abordar el tema de un modo directo:
—¿Y bien? ¿Conseguiste capturarlo?
Carlos Arizmendi dejó sonar una risa de falsete, derramada desde sus labios como burbujas de champán.
—No te habría invitado en caso contrario, ¿no crees? –dijo tras el jocoso estallido.
Su huésped le observaba con una sonrisa complaciente, una sonrisa que desentonaba en parte con el brillo malicioso que despedían sus ojos garzos.
—Supongo que no. Aun así, ardo en deseos de escuchar ese “sí” salir de tu boca.
—Mi querido Diego, no seas cínico, de lo que ardes en deseos es de escuchar un “no” salir de mi boca. La posibilidad de que haya fracasado es la esperanza a que se aferra tu ego.
Hablaba Arizmendi sin dejar de sonreír, dando a sus palabras un tono ampuloso con el que pretendía realzar la situación preeminente que en esos momentos ostentaba sobre su rival. Zarrabeitia extendió las palmas de sus manos hacia arriba en un gesto que indicaba aquiescencia.
—¿Lo capturaste entonces? –volvió a preguntar.
—Sí, lo hice… Aunque imagino que, como Santo Tomás, no me creerás hasta que tus ojos den testimonio de ello, y eso que sabes perfectamente, o deberías saberlo, que mentir en este tipo de cuestiones atenta contra el honor.
Diego asintió de manera repetida con la cabeza. Sus ojos seguían brillando como dos ascuas de fuego azul.
—Confieso que cuando decidiste emprender esta aventura por el delta del Ganges, pensé que lo tuyo era un despropósito, una idea descabellada y absurda a más no poder. Admito que nunca di crédito a las habladurías sobre la existencia del animal que tanto te obsesionaba y al que te proponías dar caza, pese a los testimonios que referían haberlo visto en diferentes partes del globo. Siempre consideré tales testimonios como consejas propias de mentes fantasiosas, delirantes aberraciones que no hacían más que dar peso a una leyenda jamás confirmada. Y, sin embargo, ahora tú afirmas haber tenido éxito y capturado un ejemplar. Es natural que desee verlo con mis propios ojos para poder creerlo.
Arizmendi se incorporó de su asiento e instó a Diego pare que le siguiese. Atravesaron varios corredores y salas hasta desembocar en una antecámara donde refulgían varios vitrales con coloridos losanges. El anfitrión se detuvo frente a una de las puertas de aquella estancia y, por debajo de sus tupidas cejas negras, miró con solemnidad a su amigo. Durante algunos segundos la atmósfera pareció llenarse de concentrada reflexión.
—Ahora te lo mostraré –dijo finalmente, rompiendo así el sortilegio.
Del bolsillo de su chaqueta extrajo una llave con la que abrió la puerta. Al otro lado estaba oscuro, sin que la luz procedente de la antecámara alcanzase a iluminar más allá de un sardinel que sugería el inicio de una escalera descendente. Arizmendi encendió una lámpara de gas que acababa de tomar de una ménsula adosada a la pared. Con un gesto del rostro indicó a su compañero que lo siguiese, iniciando ambos el descenso a lo largo de pétreos peldaños. Flanqueada por paredes de cal desnuda, la escalera se retorcía y formaba pronunciados meandros. Los dos hombres avanzaban en silencio, un silencio que parecía poblado de malos presagios. Al cabo de un tiempo, que a Zarrabeitia se le antojó integrado por siglos, desembocaron en una cámara donde imperaban las penumbras. Hacía un frío gélido que se clavaba en los huesos. La oscuridad y el frío indicaban que no debía haber ventanas por donde penetrase la luz solar, y si las había, estarían a buen seguro clausuradas.
Arizmendi activó un interruptor que de modo automático hizo prender una serie de pebeteros estratégicamente colocados. Solitaria, espléndida, sumergida en el silencio, la habitación emergió ante ellos. Era una sala grande y desnuda, desprovista de toda clase de mobiliario y decoración, salvo la alfombra que cubría el pavimento y, sobre todo, la majestuosa figura que, a unos pasos de distancia, ocupaba el centro geométrico de la pieza y que desde las tinieblas había surgido como un visitante de ultratumba. Se trataba de un ejemplar de tigre de Bengala ciertamente magnífico, un macho que debía superar, sin duda, los tres metros de longitud, incluida la cola. Su cabeza redonda y proporcionada parecía estirarse amenazadora, como si el animal todavía estuviese vivo, al acecho de alguna presa inerme. El semblante era, desde luego, feroz, con una boca voluptuosa que, entreabierta, dejaba asomar unos colmillos largos y afilados como sables; torvos asimismo los ojos, oblicuos, brillantes como el iridio, unos ojos que parecían hacer juego a las rayas que, justamente en posición oblicua, partían desde el dorso. No cabía duda de que el taxidermista había hecho un trabajo brillante.
Sin embargo, no fue esta imponente estampa lo que provocó el asombro de Zarrabeitia e hizo que, activados por un invisible resorte, boca y ojos se le abrieran de forma mecánica, dando a su semblante una expresión estólida. Era el color de la piel del tigre, de un azul índigo, un azul tan penetrante que llegaba a hipnotizar, un azul al que las rayas blancas que lo surcaban conferían un aspecto aún más fantástico, propio de un delirante poema. Existía entonces, se dijo; el tigre azul era un ser de carne y hueso, no el producto de una encendida imaginación popular. ¡Existía y Arizmendi lo había capturado! Zarrabeitia era incapaz de articular palabra, la úvula parecía habérsele cerrado a modo de barrote, impidiendo el paso a cualquier sonido coherente. Se limitó a seguir a su anfitrión, que ya avanzaba a lo largo de la sala hacia el asombroso felino. La mullida alfombra apagaba el rumor de los pasos. Cuando llegaron a la altura de la fiera embalsamada, Arizmendi pasó una mano sobre la piel azul del animal, invitando a Diego a hacer lo mismo. El tacto era suave.
—¿Y bien? –inquirió Arizmendi– ¿Qué me dices ahora?
—Solo puedo darte la enhorabuena –consiguió proferir Zarrabeitia, esforzándose por superar el marasmo que comprimía su garganta–. Aunque no miento si digo que me corroe la envidia.
—Lo sé, amigo mío. Supongo que a mí me sucedería lo mismo en tu lugar…
—Es realmente espléndido, una maravilla de la naturaleza. ¡El tigre azul!
Zarrabeitia se movía en torno a la bestia, acariciaba su pelaje azul, pasaba con admiración, casi con fervor religioso, sus dedos sobre las garras grandes y filosas. En un momento dado, se agachó para mirar con detenimiento los refulgentes ojos almendrados. Una pequeña rugosidad se apreciaba entre ellos. Al tacto supo que era el lugar por donde había penetrado la bala. Tuvo que admitir que no se notaba nada, el taxidermista lo había sabido ocultar perfectamente, lo que de nuevo le llevó a ponderar el extraordinario trabajo llevado a cabo sobre aquel cuerpo ahora exánime, una auténtica obra de arte.
Al incorporarse de nuevo, los ojos de Zarrabeitia se toparon con el rifle que colgaba en una de las paredes de piedra. Hipnotizado por la presencia de la fiera, no se había percatado de aquella otra hasta justo ese instante.
—¿Ese es…? –comenzó a preguntar señalando hacia el arma.
Su anfitrión, sin embargo, no le permitió cerrar el interrogante, interrumpiéndole para explicar que, en efecto, aquel era el Winchester con el que había abatido la pieza.
Diego Zarrabeitia encaminó sus pasos hasta la pared para contemplar más de cerca aquel deletéreo objeto que, de la noche a la mañana, había pasado a formar parte de la historia de la caza mayor. Desplazó sus dedos a lo largo de toda su superficie metálica, casi con la misma reverencia a como lo había hecho poco antes con el animal abatido, consciente de la mágica potestad que emanaba de aquella arma, de cuyas férreas entrañas fuera vomitado el plomo que puso fin al primer, y quizá único, tigre azul capturado por el hombre. El silencio volvía a ser brutal, un silencio respetuoso que, sin embargo, parecía encerrar también un presentimiento aciago, un mal agüero que Diego no era capaz de definir pero que, sin duda, se espesaba en torno suyo como si fuese un muro.
—Debo admitirlo, Carlos, me has vencido –fueron las palabras que utilizó para romper aquel pesado mutismo, unas palabras que, además de reconocimiento, encerraban una fuerte carga de frustración personal–. Has cobrado una pieza que ningún otro, ni siquiera yo, podrá jamás conseguir. Tu colección está ahora completa. Tienes todos los trofeos posibles, incluido el tigre azul, un ejemplar único en todo el mundo. Enhorabuena.
—Acepto y agradezco tu felicitación, viejo amigo…. Pero te equivocas en una cosa, mi colección aún no está completa.
Diego le lanzó una mirada henchida de suspicacia. Se negaba a creer que Arizmendi, luego de haberle restregado su superioridad como cazador al hacer gala de un éxito inverosímil, todavía guardase otro as en la manga. ¿Qué nuevo propósito podía tener en mente: capturar un elefante amarillo, un león de dos cabezas, un unicornio, un animal ya extinguido, ¿quizá un dinosaurio? La posibilidad de que una nueva pieza insólita aguardase al rival provocó un hormigueo en su estómago, una poderosa sensación de angustia que derivaba de un reconcomio insufrible.
—¿Cómo que no lo está? ¿Qué le falta entonces para estar completa? ¿Qué nuevo…?
Diego cortó su reata de preguntas al ver cómo su contrincante despegaba el Winchester de la pared y accionaba la palanca del cerrojo para cargarlo. El sonido taladró el aire como un desgarro de cortinas invisibles. Segundos después veía cómo Arizmendi se acomodaba el rifle al hombro para apuntar directamente sobre su cabeza. No le dio tiempo a decir nada. La bala surgió como un relámpago de plomo y ultimó sin más a Diego Zarrabeitia.
—Ahora sí que puedo decir que mi colección está completa –dijo Carlos Arizmendi antes de volverse para colocar de nuevo el arma sobre su soporte en la pared; el eco del disparo aún resonaba dentro de su cabeza–. Tú, Diego, eres el último y el más importante de mis trofeos.

Ignoro si este relato que acabo de narrar, con menos pericia de la que habría deseado, será o no cierto. Posiblemente sea apócrifo, producto de alguna imaginación inventiva que lo concibiera en origen y que luego, cada vez más distorsionado, se fuera transmitiendo de boca en boca. Hay hasta quien afirma que la cabeza disecada de Diego Zarrabeitia cuelga todavía en alguna estancia oculta de la vieja mansión de Busturia, la cual, por cierto, se halla hoy en día enteramente abandonada, con el jardín sin cuidar, comido por la broza, y las persianas cerradas en su totalidad, lo que confiere al antiguo palacete un aire esquivo, casi fantasmal, una melancolía de convento. Difícil en todo caso separar la paja del grano, esto es, la verdad de la leyenda. Debo confesar que a mí la historia me llegó a través de un viejo conocido, que a su vez refirió haberla oído de boca de un colega porteño a quien, al parecer, se la había contado un escritor ciego paisano suyo en una noche de parranda. A saber cuánto hay de verdad en todo ello.
Para este Sant Jordi, el recopilatorio "Girándula en la niebla" ya disponible en Amazon

Leed en Los foreros escriben: Desbarre en el orfanato abretelibrense

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Iliria
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Re: CP XIV - Los cazadores

Mensaje por Iliria » 22 Abr 2019 21:29

Autor/a, manejas una prosa más que correcta, con palabras que desconocía y que ha sido un placer descubrir. Además reflejas muy bien la rivalidad entre los dos amigos. También me gusta la atmósfera que creas, y el suspense para saber qué animal buscaban cazar. Bien por ahí.

Tironcito de orejas pequeñín porque creo que repites varias veces la palabra "azul" en un párrafo relativamente breve. Mucho mejor si matizas, por ejemplo, con sus distintas tonalidades. Me ha pasado un poco como con el "plata" del relato "Los equilibristas"
Tampoco me hagáis mucho caso, pejiguera que me he levantado...
:batman:
Y el final... un poco manido recurrir a una historia que me habían contado, que a su vez le habían contado a... (Aunque lo has capeado bien)

Gracias por participar :hola:
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rubisco
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Re: CP XIV - Los cazadores

Mensaje por rubisco » 23 Abr 2019 01:22

Hola, autor :hola: . Hola, autora:

Nos traes un relato de otra época, en el que la ambientación juega un gran papel en la contextualización y no tanto en la historia en sí, la cual es relativamente atemporal en el tema que trata (la envidia y la trascendencia de la persona más allá de su muerte) pero que funciona muy bien en el contexto elegido.

Te diré que hay tres cosas del relato que me han dejado de gustar :comp punch: y que le restan algún punto.

La primera es que el vocabulario tan elaborado me ha complicado la lectura. Unas cuantas palabras están bien, pero cuando hay un vocablo extraño en cada frase la lectura se vuelve más latosa. (Creo que, al escribir,uno debe apiadarse de los lectores que, como yo, se desconcentran de la lectura cuando tienen que consultar un diccionario por tercera vez :icon_no_tenteras: .)

La segunda es que el final ya me lo veía venir desde que Diego divisó el rifle. Por algún momento asumí que ese rifle acabaría disparando a uno de los dos protagonistas.

Y la tercera es que, de haber escrito yo el relato, hubiera prescindido del último párrafo. Evidentemente ésta es tu propuesta y tú tienes claro qué querías transmitir, pero a mí, como lector, me hubiera gustado más tragarme la descarga explosiva tras el clímax del disparo en lugar de tener toooodo un párrafo para ir aliviando la presión hasta salir a la superficie del relato.

Vayamos a lo bueno.

Para empezar, el relato está fantásticamente escrito. Identifiqué algún fallo de escritura, pero eso lo considero irrelevante porque se corrige con una o dos revisiones. La forma de escribir es exquisita y permite seguir la lectura sin complicaciones.

Además, sabes imprimir muy bien el ritmo necesario en cada escena. El relato se presta a ser lento, pero consigues acelerar las escenas de trámite y ralentizar las que aportan el suspense a la historia.

Por otra parte, y aunque antes he dicho que la escopeta acabaría fulminando a algún personaje, he de decir que creía que Diego dispararía a Carlos para hacerse con el tigre azul. Por supuesto tu final es más novedoso que el mío, y también más macabro. Y eso, en ficción, tiene un plus :grupo: .

En definitiva, creo que tienes un relato con un balance muy muy positivo. Apunta muchas maneras para estar arriba y puede que por mi parte se lleve unos cuantos votos, si el resto de relatos no te adelantan.

Gracias por compartirlo y mucha suerte :60: .
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Mister_Sogad
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Re: CP XIV - Los cazadores

Mensaje por Mister_Sogad » 23 Abr 2019 15:01

Sorprendente historia la tuya, autor/a! Debo admitir que me has mantenido pegado a la lectura de tu relato sin problemas, así que has empleado bien la narración. Pero, por el lado contrario, al acabar de leer me he quedado más frío de lo que quisiera. Tal vez me hubiera gustado encontrarme con alguna escena o situación que rompiera la narración pausada que has plasmado (incluso el momento del disparo no me ha alterado tanto como seguro sí le pasó a Zarrabeitia). Y si hubieras narrado por boca de Arizmendi cómo cazó al tigre? incluyendo gesticulaciones y teatralidad de su parte claro.

Suerte primaveral. :60:

P.D: así que un tigre azul...
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lunaroja
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Re: CP XIV - Los cazadores

Mensaje por lunaroja » 23 Abr 2019 21:53

Muy buen relato!
A pesar de algunas palabras quizás más rebuscadas, el ritmo del relato no decae.
Yo también como otros compañeros supuse que el rifle tenía que ver en el desenlace de la historia pero pensé que el desenlace sería a la inversa.
También como ha apuntado otro de los lectores, yo hubiera prescindido del último párrafo.
Para mi le quita potencia a ese final. Pero como siempre digo,cada uno percibe las cosas según su filtro mental y emocional.
Mucha suerte!

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Re: CP XIV - Los cazadores

Mensaje por Berlín » 24 Abr 2019 09:26

Qué buen relato, autor, autora, te has marcado. Me ha gustado mucho. ¿Pegas? Sí, claro. Alguna palabra un tanto pomposa que seguro tenía una hermana sinonímica mucho más conocida, pero bueno, no es muy grave, porque en mi caso, que soy una chica lista como unas castañuelas, las he entendido sin problema como si me codeara con ellas todos los días.

Otra cosa: el desenlace. Estoy de acuerdo con alguien que ha comentado eliminar el último párrafo. Yo incluso lo hubiera dejado en: Ahora puedo decir que mi colección está completa. Punto pelota.

Pero bueno, lo dicho, que muy bien :60:
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Tolomew Dewhust
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Re: CP XIV - Los cazadores

Mensaje por Tolomew Dewhust » 24 Abr 2019 16:15

Este relato tiene un buen curro detrás.

Para afinar un poquito y que ganes el año que viene, :cunao:, un par de cositas.

Aunque solo te leí dos veces y me quedan al menos dos más, he de decir que no sé a cuento de qué esa inquina de un amigo hacia el otro, y viceversa. Al menos, no tanta como para llegar al punto de que uno acabe con la vida del segundo.

El tigre azul, la niña bonita de los cazadores, está demasiado escondido, cuando sería el orgullo del anfitrión y habría de exhibirlo donde todo el mundo lo viera.

Por último, ¿por qué la colección no está completa sin la cabeza del amigo? ¿Es un psicópata o qué? Si hay pistas al respecto a lo largo de la historia, sin duda me las he saltado. Las buscaré en las siguientes lecturas.

A vuela pluma diré que hubiera preferido que el tigre azul no estuviese muerto sino vivo (que hablase sería ya un puntazo grande), y, por supuesto, que los cazadores hubiesen seguido siendo tal cosa, en lugar de convertirse en asesino y víctima, respectivamente.
Tengo un castillo con ventanas a la mar y una puerta sin portal,
si te gusta, es tu castillo.

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Re: CP XIV - Los cazadores

Mensaje por Tolomew Dewhust » 24 Abr 2019 16:16

No te lo iba a decir, pero... venga. Si separas los parrafitos con doble espacio, tienes medio premio en el bolsillo.
Tengo un castillo con ventanas a la mar y una puerta sin portal,
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Re: CP XIV - Los cazadores

Mensaje por Mario Cavara » 25 Abr 2019 17:48

Soy un admirador irredento de Jorge Luís Borges. De hecho, diría que, junto a Cortázar, es mi escritor sudamericano predilecto. “Tigres azules” es, además, uno de los cuentos que más me fascinan del genial bonaerense. Con estas premisas, está claro que este relato me tenía que gustar por fuerza, como así ha sido. Me ha resultado un homenaje muy logrado a ese fantástico cuento borgiano. Hasta el estilo y léxico del autor o autora emulan al argentino, como demuestran el uso de la palabra “losange”, una de sus favoritas, o del verbo “ultimar”, muy frecuente en sus cuentos de gauchos. Quiero pensar que no se trata de mera imitación, sino más bien un respetuoso cumplido.

Por cierto, el guiño final que el autor o autora hace al propio Borges en el último párrafo, cuando le otorga el origen de la historia (“se la había contado un escritor ciego paisano suyo en una noche de parranda”) me ha conmovido. Él era, por lo demás, muy propenso también a empezar o concluir sus relatos diciendo que aquello se lo contó fulanito a menganito y este a zutanito y así sucesivamente.

Decir también que el léxico es rico y la sintaxis fluida. No obstante, sobra un interrogante en la frase: “¿Qué nuevo propósito podía tener en mente: capturar un elefante amarillo, un león de dos cabezas, un unicornio, un animal ya extinguido, ¿quizá un dinosaurio?” Imagino que no es más que un error fácilmente subsanable.

En todo caso, un buen trabajo :hola:

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Re: CP XIV - Los cazadores

Mensaje por Berlín » 26 Abr 2019 09:11

Es curioso, yo también he leído ese relato de Borges y no lo he recordado al leerte, autor, y sí que debe ser un homenaje. Pues qué bueno que entre unos y otros vayamos esclareciendo las cosas.

Fíjate que a mi me ha venido más a la cabeza durante todo el relato "Abel Sanchez", ya sabéis, esa interpretación unamuniana de Cain y Abel.
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Re: CP XIV - Los cazadores

Mensaje por ACLIAMANTA » 26 Abr 2019 14:26

Muy buena historia.

Muy pero muy bien escrita y muy bien contada, aunque el trágico final del cazador cazado se deja ver con algo de antelación y se echa de menos (o yo eche de menos) un motivo más elaborado y poderoso para ese desenlace.

Suerte para el autor!
Para cuando me ves tengo compuesto,
de un poco antes de esta venturanza
un gesto favorable de bonanza
que no es, amor, mi verdadero gesto.

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Re: CP XIV - Los cazadores

Mensaje por Megan » 28 Abr 2019 20:41

Autor/a, creo que sos autor.
Me gustó mucho tu relato, muy bien escrito, con palabras
que me llevaron varias veces a la Wikipedia, ya ves que soy muy sincera.
La trama está muy buena, no es un gran tema, al menos para mí.
Pero ese sentimiento de ser mejor que el otro, lo plasmaste muy bien,
más que bien, porque está súper bien escrito y me encantó como narraste
las descripciones de los lugares, excelente, te felicito.

Suerte y gracias por compartirlo :D

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Re: CP XIV - Los cazadores

Mensaje por Gavalia » 29 Abr 2019 20:10

Un buen relato y una estupenda redacción. La lectura es ágil y no me chirrió en ningún momento a pesar de la introducción de algunos términos poco usuales en nuestros días, por no decir inexistentes, algún nostálgico habrá todavía que no dudaremos en tachar de friki si nos lo encontramos, que injusticia. Antiguamente se hablaba mucho mejor. De guinda, vaya.
La historia con ese tigre azul de por medio creo que está muy conseguida. La competencia, la rivalidad y la envidia, se palpan. Quizá los dos personajes son demasiado iguales, caballeros de la época que siempre guardan la compostura. Se me quedan algo planos, salvo al final, final que pienso se veía venir, o eso me parece a mi.
Suerte y un saludo.
-¡Qué felices éramos hace quince años!
-Pero si en ese entonces no nos conocíamos.
-Por eso María, por eso... 8)

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Re: CP XIV - Los cazadores

Mensaje por Ginebra » 30 Abr 2019 21:18

una historia muy bien escrita, plasmas esa rivalidad de manera excelente, así como el medio en el que se mueven ambos. El final a mi no me sobra, al contrario, me gusta. El pero es que se me hace un poco larga, encuentro bien que sea lenta pero quizá modificándola para decir lo mismo con menos... no sé, es mi opinión :wink:
muy buen trabajo, mucha suerte! :D
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Re: CP XIV - Los cazadores

Mensaje por raumat » 01 May 2019 11:12

Curiosa y original historia que se sigue con interés hasta el final.
Se intuye que uno de los dos va a matar al otro, pero no se sabe cuál. Yo pensaba que sería al revés. Que Diego, cabreado, mataría a Carlos. Sin embargo, ¡ese Carlos era un demonio! :twisted:
Muy bien escrito también.
Gracias al autor por compartirlo y suerte en el concurso.

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