CIFI:Virtuality Perfect World - Gisso (3º Jurado)

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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lucia
Cruela de vil
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CIFI:Virtuality Perfect World - Gisso (3º Jurado)

Mensaje por lucia » 14 Oct 2012 12:24

Virtuality Perfect World
Zacarías se despertó sobresaltado por el sonido del timbre. Ante sus pupilas apareció flotando el reloj virtual indicando la hora en un verde neón: las 8:32 de la mañana.
—¡Malditas gafas! —pensó en voz alta—. Otra vez no ha funcionado el jodido despertador. Voy a llegar tarde de nuevo.
Corrió hacia la puerta maldiciendo, llevándose una sorpresa al abrirla. Al otro lado un mensajero le traía un paquete, ¡por fin había llegado! Lo recogió y cerró la puerta en sus narices sin darle ni una mísera propina. Una vez en el comedor, abrió con ansia la caja. Ante él apareció el objeto que tanto tiempo había deseado y que tanto sacrificio le había costado: las gafas Virtuality Perfect World 7.
Como ocurrió durante el “Boom” de los Smartphone, el mundo cambió (y mucho, por desgracia) cuando llegaron las Gafas de Realidad Aumentada. Pensadas en un principio para uso médico y científico, pronto fueron explotadas en el mundo del ocio y la comunicación. Al comienzo, sus especificaciones y usos eran muy elementales; como sencilla guía virtual en museos, lugares turísticos y gps; pero poco a poco sus aplicaciones fueron en aumento. Incorporaron las funciones de un celular inteligente, cámara de fotos y video o servicios online e internet por medio de una pantalla que se acoplaba a la visión (ocultando parte de ella) y todo manejado desde una pulsera de diseño. Entonces llegó al mercado las gafas VPW (siglas de la empresa Virtuality Perfect World) para obtener el dominio del mercado y ya no dejarlo, donde por primera vez, las imágenes virtuales se integraban con la realidad revolucionando todo lo visto hasta ahora. Aunque en un principio la emulaciones eran sencillas (y costosas, aunque todo mejoró [sobre todo la velocidad] con la llegada de la comunicación cuántica), ahora la gente que las llevaba puestas podía vivir en un mundo con el cielo rosa, dos soles, cualquier tipo de mascota virtual o en una ciudad selvática, todo en base de las servicios contratados. El “mundo real” dejó de tener sentido.
Sacó las gafas nuevas de su embalaje y se dispuso a hacer el cambio. Puso la batería que iba en la pulsera de mando, colocándosela después sin quitarse la otra. Ambas empezaron a intercambiar datos mientras la nueva realizaba un chequeo de seguridad e identificación. Esto solía evitar que si eran robadas, fueran utilizadas por otras personas, aunque no estaban exentas de ser pirateadas. Tanto las gafas como los servidores tenían uno de los niveles más altos de seguridad, pero en algunas (más bien pocas) ocasiones, los crackers conseguían colarse y hacer de las suyas. El “Día Godzilla” fue uno de los más conocidos. Ese día, ante la estupefacción de todos los usuarios, apareció un monumental monstruo destruyendo la ciudad virtual. Lo que comenzó con lo que parecía una broma, acabó en uno de los mayores desastres de la Realidad Aumentada. Mucha gente se asustó en un primer momento, provocando accidentes y lesiones al intentar escapar en un acto reflejo, pero lo peor ocurría cuando Godzilla atrapaba, aplastaba o devoraba a un usuario, ya que destruía el software y el hardware de la gafas, dejándolas inutilizadas. Muchos pensaron que era el fin de VPW (sobre todo sus competidores), pero tras unas generosas ofertas por parte de la empresa, todo quedó en un incidente. Por otro lado, la adicción al uso de gafas era ya un hecho, donde gran multitud de personas ya no podían vivir sin ellas, cayendo en fuertes depresiones al ver el mundo real. Y Zacarías era una de ellas.
Continuó con la instalación, cerrando los ojos (ya que no quería observar la realidad que lo rodeaba) al quitarse las antiguas y colocarse las VPW-7. Las encendió y abrió los ojos, su mundo seguía igual que antes, no había ocurrido ningún fallo en el traspaso de información sobre la realidad que había contratado y creado durante el uso de las anteriores gafas. La mejoría en la integración de gráficos y sonido era significativa, sobre todo pasando del modelo cuatro al siete. Éste era el último modelo que se podía costear una persona de ingresos bajos-medios como él, ya que en los siguientes el salto cualitativo hacía que el precio fuera desmedido. Las VPW-8 fueron las primeras en incluir un software el cual emulaba sensaciones y olores, gracias a un biochip que tras una simple operación se integraba en el cerebro. Las VPW-9 fueron un paso más allá suprimiendo la pulsera de control, dando las órdenes a través del pensamiento. Las VPW-10, últimas en llegar al mercado y con un precio más que prohibitivo, habían conseguido eliminar las gafas instalando directamente bajo las corneas del usuario nano-retinas visualizadoras.
Una vez puestas a punto, Zacarías confirmó el contrato con VPW y la cuota mensual por el uso de sus servidores. Nada más hacerlo, ante él aparecieron varias llamadas perdidas y el reloj virtual que marcaba las 9:24, seguido de una nueva llamada entrante. “Mierda, el trabajo”, pensó cabreado, había perdido la noción del tiempo y ya llevaba casi hora y media de retraso. Aceptó la llamada. Ante él y tras una explosión en medio del salón apareció el avatar de su encargado, retocado de tal forma para que diera una imagen de demonio recién salido del mismo infierno.
—¿Dónde se ha metido, Zacarías? —gritó mientras echaba fuego por la boca y ojos—. Llega tarde y la cadena de producción lleva un gran retraso, ¡pero esto no quedará así! Todo se verá reflejado en su próxima nómina. Tiene quince minutos.
—Pero señor, es imposible llegar en tan poco tiem... —intentó hablar Zacarías.
—¡Quince minutos! Ni uno más, luego hablaremos.
La comunicación se cortó y tras otra explosión, su encargado fue tragado por un agujero en el suelo, volviendo al infierno de donde había salido.
—¡Puto gilipollas! —gruñó Zacarías saliendo como un rayo a ponerse la ropa mientras las gafas le daban el parte de avisos meteorológicos: hoy los niveles de radiación y contaminación eran normales, pero se preveía peligro de lluvia ácida al caer la noche. Bajó las escaleras corriendo, esquivando un borracho sin conocimiento y salió a la calle, donde también tenía que ir sorteando la suciedad y la gente que iba saliendo a su paso... aunque las gafas alteraban la realidad ofreciéndole imágenes de calles y fincas en perfecto estado, flores, rocas de colores o montículos de hermosa hierba verde donde había alguien, mendigando o ebrio, tirado en el suelo. Tuvo que detenerse un momento para dejar las antiguas gafas en un punto de recogida, ya que estaba obligado a devolverlas. Llegó al metro escapándosele el corazón por la boca y empapado de sudor. Pasó la pulsera por la máquina y enseguida el cargo fue a su cuenta, abriéndose las puertas. El traqueteo y el ruido del vagón era ensordecedor y mareante, el olor a sudor y suciedad acrecentaban esa sensación, aparte de parecer que se encontraba en una lata de sardinas. “¿Por qué no podré comprarme unas jodidas VPW-8?, pensó con rabia, mientras hacía que la gente de su alrededor desapareciera. Un anuncio de “Perfect Resort: vacaciones de ensueño” lo sobresaltó. De vez en cuando las gafas le ofrecían publicidad, ya que esto le reportaba un descuento en el pago mensual. Un buen intercambio. Llegó al trabajo a las 10:07, los quince minutos del almuerzo ya habían comenzado.
—¡Zacarías! Hoy sí que la has liado, me parece que esta vez te van a echar una buena bronca —le recriminó en plan burla Ben, compañero de trabajo, mientras se transformaba en una imitación cutre del demonio de su encargado—. ¡Increíble! ¿No son esas unas VPW-7?
—¡Déjame imbécil! —contestó de mala manera Zacarías, echándole un cubo de agua virtual lleno de cucarachas.
Devoró el almuerzo con rapidez, casi atragantándose y se puso en su lugar en la cadena de producción. Trabajaba en una fábrica de comida preparada, (una auténtica bazofia y que no entendía cómo la gente podía comer tal porquería, aunque él también era consumidor de sus propios productos) la cual había conseguido darle un aire acogedor y de pulcritud (nada más lejos de la realidad), tras los cambios virtuales añadidos. El día transcurría sin ningún problema y eso le extrañaba, ¿cuándo llegaría la monumental bronca de su encargado? Un fuerte aullido lo sacó de sus pensamientos. Horrorizado descubrió de donde provenía: tres cintas de producción en frente de él se encontraba un hombre sujetándose con la otra mano a la altura del hombro. El resto del brazo había sido arrancado de cuajo por la máquina donde trabajaba. Un chorro de sangre escapaba de entre sus dedos manchando todo a su alrededor. Mientras el servicio médico se acercaba, la imagen del hombre herido iba desapareciendo de la visión de lo trabajadores al tiempo que la Sinfonía Nº 5 de Beethoven comenzaba a sonar ocultando sus alaridos. Una voz mecánica no paraba de repetir: “por favor, vuelvan a sus trabajos”. Era la censura que la empresa imponía en estos casos y que tan acostumbrados, por desgracia, estaban los trabajadores. Los sobornos para que los inspectores de trabajo miraran hacia otro lado estaban a la orden del día. La seguridad laboral era una auténtica lacra en los tiempos que corrían.
La jornada terminó, Zacarías no podía sacarse de la cabeza a aquel pobre hombre, que con un poco de suerte, ya debería estar muerto. A no ser que pudiera costearse un inasequible ciberimplante, quedaría mutilado y por ende, inservible para cualquier otro trabajo ya que las empresas buscaban mano de obra “completa”. La compensación mensual por accidente a duras penas llegaba para poder vivir en el escalón más bajo de la sociedad. Esta clase de personas no duraban mucho tiempo, finalizando su vida mendigando o suicidándose. De improviso, a punto de abrir su taquilla para cambiarse, apareció un sobre flotando ante él tras una melodía. Con mano temblorosa , ya que tenía el sello de la empresa, agarró la carta virtual y la abrió.
—¡Cobardes hijos de la gran puta! —gritó mientras daba fuertes puñetazos a la taquilla. Sus compañeros simplemente se apartaron casi sin inmutarse, como si no existiera, tal vez ya lo habían censurado. Tras un último golpe donde creía que se había partido la muñeca, se detuvo. La sangre manaba de su puño cerrado, manchando el suelo y la taquilla. Ante él tenía una carta de despido donde amablemente rescindían de sus funciones. La destruyó en miles de pixeles y se puso en camino hacia las oficinas—. Sin dar la cara, gallinas. Sin una mínima oportunidad de defenderme. ¡Me vais a oír! —pensó Zacarías encolerizado. Perder el trabajo era como perder la vida en una sociedad donde la tasa de paro entre la clase baja rondaba el cincuenta por cien. Llegando a las puertas, ante él aparecieron cuatro grandes gorilas humanizados.
—¿Dónde cree que se dirige? —masculló uno de los gigantes. Zacarías se quedó mirándolos un momento y luego continuó. Gran error, una mano lo detuvo con dureza agarrándolo del hombro y a punto de partírselo. No pensó que pudieran ser reales, aun así, comenzó a forcejar en un intento de escapar y así llegar a la oficina, pero otras manos lo aferraron con más fuerza.
—¡Soltarme, simios peludos! Quiero pedir explicaciones al cabrón que está detrás de esas puertas — vociferó agriamente, dándose cuenta demasiado tarde de que esas no eran maneras. Un puño como una roca le golpeó en la boca del estómago, dejándole sin respiración y haciéndole ver las estrellas, que esta vez no eran virtuales. Casi sin sentido, notó como lo arrastraban al exterior y lo lanzaban al sucio asfalto.
—Mejor no vuelvas por aquí, la próxima vez no seremos tan compasivos —gruñeron los gorilas, mientras volvían a entrar hacia las oficinas.
Zacarías fue recuperando la respiración y levantó la vista hacia la fabrica al tiempo que desaparecía ante sus ojos. Intentó levantarse y al ponerse de rodillas, vomitó un poco de bilis. Maldiciendo, cogió una piedra y la lanzó contra donde debería estar la puerta, ahora invisible. La piedra golpeó el vacío, creando unas ondas en el aire. La puerta reapareció unos instantes, para luego desaparecer de nuevo. Una señal de alarma perforó sus tímpanos, mientras una advertencia de la policía, por orden de alejamiento a su anterior lugar de trabajo, aparecía ante sus ojos. Se reincorporó del todo para comenzar a alejarse de aquel lugar, ya que no quería tener más problemas, cuando un nuevo mensaje apareció ante él. Esta vez era para que firmará el despido y así poder cobrar el mísero finiquito. Lo que en otra época se hubiese considerado un chantaje, ahora no había más remedio que aceptar. No había opción para la defensa jurídica, ya que todos los pleitos acababan ganándolos las grandes compañías sospechosamente. Estampó su firma virtual en los impresos y enseguida se hizo efectivo el pago, al menos en eso no se podía quejar.
Desmoralizado y dolorido, llamó a un taxi a través de su servicio online para alejarse de allí cuanto antes. Mientras esperaba, de la nada en la que se había convertido lo que momentos antes había sido su lugar de trabajo, apareció un coche de policía y otro fúnebre portando un féretro en su interior: su compañero había tenido mejor suerte que él. Por fin llegó el taxi y subió a la parte trasera; hacía un olor entre a orín, sexo y ambientador barato, aunque en su representación virtual daba la impresión de todo lo contrario. De camino a casa cambió de idea y de dirección, quería desahogarse un poco yendo a la zona de ocio y diversión que se encontraba entre los límites de los barrios bajos y la Megalópolis Central. Un lugar donde no te medían por tu apariencia, sino por el dinero que podías derrochar.
Zacarías llegó a su tumultuoso destino. Un hermoso y despejado anochecer virtual ocultaba las reales nubes de tormenta que comenzaban a crecer. Entre medio de los edificios se podía observar los imponentes rascacielos de la espléndida, brillante y pulcra Megalópolis Central bajo el amparo de su cúpula acristalada protectora. Convertida en una auténtica fortaleza, esta ciudad estaba vetada a todo aquel que no tuviera grandes ingresos o un permiso especial. Era el sueño de toda persona de clase media-baja poder llegar a vivir algún día ahí, donde la realidad no tenía que ser maquillada por medio de unas gafas virtuales. Comenzó su peregrinaje entre los diferentes locales nocturnos de la zona, bebiendo sin pausa y de forma desmedida. Después de los últimos acontecimientos, le daba igual como acabara esa noche.
Un joven vestido con los bordes fluorescentes (le recordaba a cierta película bastante antigua llamada “Tron”), se le acercó ofreciéndole alguna droga sintética en ampollas esnifables, que sin dudarlo, aceptó. Acercaron ambos las pulseras para hacer efectivo el pago—. ¡Hostia tío! Son una VPW-7. Tú sí que sabes, ¡qué grande! —dijo en forma de despedida.
En un estado de consciencia alterada por los excesos, llegó al último destino que se había propuesto para esa noche: “Pandemónium”, la virtual-disco más famosa a ambos lados de la ciudad, donde lo más variado de la sociedad, el sexo, las drogas, el alcohol y lo último en música se daban cita. Después de una larga espera en la cola, por fin llegó su turno. Tras pagar la entrada, las gafas le dieron un aviso para descargar el programa “Heaventohell 3.2”, el cual daba libre acceso a los servidores de la discoteca y las performance preparadas para esa noche. Una vez en su interior era como si el Cielo y el Infierno se hubieran fusionado en un perpetuo y lujurioso carnaval. Este lugar virtual era lo más cercano a un Paraíso en llamas. Los usuarios se transformaban en toda clase de ángeles, demonios o criaturas de ensueño o pesadilla. Zacarías programó su avatar en una mofa del diablo con el cual se le había aparecido su exencargado esa misma mañana.
El alcohol y las drogas siguió aumentando y corriendo por sus venas, hasta alterar su percepción de la realidad, ya alterada de por sí. La música resonaba en su cabeza y se dejó llevar. En frente de él se paró a bailar sensualmente una vampiresa de ojos rojos y cuerpo esbelto. Se acercó lentamente y la cogió de la cintura para acercarla a su cuerpo. Entonces se quedó desconcertado.
—¿Pero qué coño pasa aquí? —se escapó de la boca de Zacarías al ver que sus manos flotaban a ambas partes a un palmo de la cintura de ella; pero su tacto ya había tocado carne. Un aviso parpadeó ante él, “reajustando parámetros de realidad aumentada”, mientras sus manos se aproximaban a su cintura, ¿o era la cintura la que se acercaba a sus manos? Ella le puso un dedo en los labios, al tiempo que acercaba su cuerpo y lo pegaba al de él. Enseguida comprendió: la mujer tenía una complexión más grande que la que representaba su avatar. Entonces ella lo besó antes de que pudiera reaccionar, abriéndole la boca con su lengua y buscando la de él para empezar a jugar, mientras le ponía una mano en la entrepierna. Luego acercó todavía más su orondo cuerpo, restregando sus voluminosos senos contra su pecho. Él empezó a recorrer todo su cuerpo con sus manos, hasta llegar al sexo de ella donde introdujo un par de dedos. Un gemido de gozo salió de sus labios carnosos. Tras un tiempo indefinido, ella se separó y cogiéndolo de la mano, lo llevó hacia los aseos. Zacarías se encontraba muy mareado y se dejó llevar.
El olor nauseabundo del baño era eclipsado por el de la rolliza vampiresa que tenía entre sus piernas. Empezaron a subirle unas arcadas desde el estómago del asco que le daba la situación.
—¡Quítate guarra! Hueles a pescado podrido —le gritó de mala manera mientras se la quitaba de encima de un empujón—. Maldita gorda, me has querido engañar —sentenció. La vampiresa comenzó a insultarlo mientras le daba golpes en el hombro. Zacarías no le hacía caso, todo le daba vueltas. Al final no pudo aguantar más y girándose hacia el retrete, comenzó a vomitar. Ella, despechada, lo abandonó saliendo del baño en busca de alguien que le bajara el calentón. Temblores y un sudor frio recorrieron su cuerpo, se había excedido y era hora de terminar la noche. Abandonó los aseos y tambaleándose, cruzó la pista en busca de la salida. Tuvo un encontronazo y un enganchón en el brazo que casi lo tira al suelo. No pudo ver quien había sido para recriminárselo, pero pensó que era mejor así, ya sólo le faltaba una pelea. Encontró una puerta de emergencia por la que escapó justo a tiempo para empezar a vomitar al lado de unos cubos de basura. Se limpió la boca con la manga justo cuando una rata pasaba por sus zapatos. Lanzó una patada al aire para quitársela, pero la atravesó mientras se pixelaba y parpadeaba. Una nueva señal de advertencia apareció ante sus ojos llorosos: “Detectado fallo en el sistema. Código X-375HG-005. ¿Desea descargar actualización?”. “¿Un bug? Sí que empezamos pronto”, pensó mientras aceptaba. La rata volvió a aparecer ante él como en un déjà vu y se alejó correteando.
Zacarías comenzó a caminar mareado en busca de un taxi. Se encontraba perdido y desorientado entre tanto callejón oscuro. Había puesto en marcha el GPS integrado, pero no parecía que lo llevará por buen camino, eso lo extrañó. Agobiado, se apoyó en una pared y volvió a vomitar, esta vez sólo bilis. Un ruido llamó su atención y se giró de inmediato hacia él, aunque no vio nada. Se puso a andar, apoyándose de vez en cuando en la pared. Un nuevo ruido, como de pasos que le seguían, lo sobresaltó otra vez. Tampoco vio nada detrás de él esta vez, pero al girarse algo extraño ocurrió. Una silueta tranparente desenfocada se acercaba hacia él, seguida de otra. De la nada, apareció una barra de metal pixelado.
—¿Qué demonios...? —masculló, pero no le dio tiempo a reaccionar. La barra le golpeó en el costado. Un nuevo golpe, esta vez por la espalda y en la cabeza lo dejó aturdido y de rodillas.
—Cuidado con la cabeza y el brazo, ¡gilipollas! —espetó una voz. Aun en su estado pareció reconocerla, le recordaba a la del chico que le había vendido las drogas. Tres figuras comenzaron a emerger ante él, seguido de un diluvio de golpes. Unas manos le sujetaron el brazo y otras le quitaron la pulsera, unas terceras le arrebataron las gafas. Zacarías intentó observar quienes eran sus atacantes entreabriendo un ojo. Distinguió unas siluetas entre las sombras. Una de ellas se dio cuenta y le arreó una patada en plena cara, haciéndole perder la consciencia.
Recuperó el conocimiento en un charco mezcla de vómitos, sangre, orín y agua contaminada. La lluvia ácida que habían predicho comenzaba a caer, quemándole al tocar sus heridas. Zacarías se incorporó como pudo, le dolía todo el cuerpo. Un acceso de tos le hizo escupir sangre y un par de dientes. Le habían robado y todo parecía preparado: la pulsera tenía un sistema de seguridad que una vez puesta y detectado el propietario, era imposible quitarla sin que ocurriera su autodestrucción, pero eso no había sucedido. Luego pensó en la última escena que había visto: el chico que le había vendido las drogas quitaba un pequeño objeto de su pulsera. “Jodidos cabrones”, pensó colérico; le habían colocado un microchip de pirateo en la pulsera, seguro que durante el encontronazo en la discoteca. Por eso no los había visto llegar tras la actualización falsa, por eso el GPS le había perdido llevándolo a un rincón oscuro. Y todo por culpa de las malditas gafas. De su garganta emergió un aullido de dolor y rabia, luego se tranquilizó un poco pensando que al menos no le habían cortado la mano para conseguir la pulsera o había sido atacado por ladrones de órganos. Intentó escapar de esas callejuelas cuanto antes, la lluvia no dejaba de abrasar sus heridas. En un rincón percibió un movimiento, era una mendiga que intentaba guarecerse con un plástico. Se acercó hacia ella y sin mediar palabra, se lo arrancó de las manos. La mujer intentó recuperarlo, pero Zacarías se la quitó de encima con un par de brutales patadas, dejándola tirada en el suelo.
Cubierto por el plástico, por fin escapó de esa zona. Tambaleándose, comenzó el regreso a su casa andando, ya que ningún taxi en su estado lo acercaría y más si no tenía la pulsera para pagar. Y si fuera a pedir ayuda a la policía, simplemente lo ignorarían o nada más verlo, lo golpearían con las porras para quitárselo de encima. Al no tener las gafas para maquillar el mundo real, observó su verdadera decadencia de camino y fue entonces cuando la realidad golpeó con dureza sus pupilas; todo lo que había creado se había desvanecido. Ya no había fincas y casas en perfectas condiciones; sino en un estado ruinoso y horrorosamente graffiteadas. Ya no se veían arboles, parques o flores; los verdes bosques hacía décadas que habían desaparecido bajo catastróficos incendios y talas indiscriminadas, dando paso a interminables hectáreas de cultivos transgénicos, bio-diesel o desiertos. Las calles ya no estaban limpias y tranquilas; sino en un estado deplorable, llenas de basura escombros, agujeros y una variada fauna de pordioseros, maleantes, putas o yonquis, mientras la policía se dedicaba a mirar hacia otro lado.
Llegó a las puertas inexistentes de su patio y entró. Subió por las sucias escaleras, esquivando al borracho que aún se encontraba tirado desde esa mañana. Un hedor a descomposición emanaba del cuerpo, tal vez estuviera muerto; tampoco le preocupó. Abrió la destartalada puerta y entró en su vivienda, que no superaba los veinticinco metros cuadrados. Ahora pudo observar que vivía en una pocilga de un solo habitáculo: restos de comida, envases y ropa sucia estaban desperdigados por toda la casa; en un rincón se encontraba un mísero colchón tirado en el suelo que hacía de cama, rodeado de mantas apolilladas y varios condones usados tras la visita de alguna prostituta; una mesa y dos sillas recogidas de la calle hacían de comedor, junto a un sofá lleno de chinches, pulgas y restos de flujos corporales; la cocina poseía una nevera que hacía de pequeño armario ropero, una lavadora que creaba un terremoto cada vez que la ponía en marcha y un pequeño horno eléctrico, el fregadero era un criadero de cucarachas; el baño, separado del resto de la casa por una mampara, poseía un agujero que hacía de retrete y de aliviadero para la ducha, donde no funcionaba el agua caliente; el grifo del lavabo no paraba de gotear, una rata bebía de él en ese momento.
A Zacarías le entró una sensación de ahogo y claustrofobia al ver la realidad en la que vivía. Se asomó por la ventana con los cristales rotos para intentar respirar y tranquilizarse, pero el olor a podredumbre y contaminación lo angustió todavía más. A lo lejos, por encima de la desolada urbe, pudo contemplar el fulgor aséptico de la Megalópolis y su cúpula, donde ahí todo estaba limpio, todo era perfecto sin necesidad de que unas gafas retocaran la realidad. Sólo hacía falta dinero, mucho dinero. “Los ricos más ricos y los pobres más pobres”, pensó; ya no existía un término medio. ¿Y por qué no había un levantamiento de la sociedad? Entonces creyó comprender: les habían dado las herramientas para vivir en un mundo como el suyo... ¡O mejor! Como el mundo que siempre habían soñado, un lugar ideal construido por uno mismo. La utopía hecha una realidad ficticia. Y era por eso que les habían ofrecido ese juguete llamado “Gafas de Realidad Aumentada”; para mantenerlos contentos y felices como corderos a través de una cruel mentira.
Alterada por el alcohol y las drogas, su mente no paraba de pensar, y cuanto más lo hacía, más rabia sentía por el mundo donde vivía. Sin familia, sin dinero, sin trabajo, sin gafas... ¡Sin gafas! Comenzó a llorar desconsoladamente en el alféizar de la ventana. Observó la inmundicia de la calle y luego, de nuevo, hacia la Megalópolis. Ya no podía aguantar más vivir en ese degenerado, decadente y repugnante mundo; y tras un agónico grito, se lanzó por la ventana, convirtiéndose en una simple cifra más en un recuento que no dejaba de crecer exponencialmente.

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Re: Virtuality Perfect World

Mensaje por ciro » 17 Oct 2012 13:41

Muy buen relato. Retrata un mundo feo y decadente a la perfección.
No entiendo la vida sino como aprendizaje constante. Cosecha propia

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Re: Virtuality Perfect World

Mensaje por Topito » 17 Oct 2012 14:48

La ambientación esta muy bien lograda. Aunque no llego a entender cómo no se dan cuenta de cómo viven en la "mierda". Imagino que las gafas siempre la llevan puestas hasta para dormir. Eso entendí, sin embargo, las gafas en algún momento puedes quitártelas y ver lo que te rodea. Ese es el único fallo que le veo al relato. En el fondo creo que esa parte de ci-fi debería haber estado más atada (o eso, o que yo le he dado muchas vueltas a ese tema mientras leía el relato).

Por lo demás, muy buen escrito y la estructura de la trama bien llevada. Mi enhorabuena al autor/a.
leyendo: Haruki Murakami
leyendo cuentos: Zuñiga, O´Connor, Fitzgerald, Chéjov, Matute

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Re: Virtuality Perfect World

Mensaje por Isma » 17 Oct 2012 16:05

Muy buen relato de ciencia ficción. Explora ese mundo desigual a través de un protagonisma miserable y cómplice de esa realidad descolorida en el que vive. La reflexión final es muy buena (los ricos son más ricos, los pobres más pobres) y curiosamente la situación no es nada inverosímil. Es fácil imaginar ese resultado dentro de un siglo o dos. Ciencia y ficción, al menos por ahora.

De ponerle alguna pega, sería el exceso de paréntesis al principio, aunque a mí me ha gustado todo. Un asalto frontal al primer puesto.

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Re: Virtuality Perfect World

Mensaje por Nínive » 17 Oct 2012 16:13

Pequeños fallos que he visto:
"- ¡Soltarme, simios peludos!"
"Hacía un olor entre a orín..."

Estaba claro que Zacarías iba a acabar mal.... :noooo: Eso le quita sal al relato, auque el mundo del protagonista, por ejemplo, está muy logrado.
Algún fallo argumental:
¿Cómo puede aislarse del olor de su realidad? Aunque tú veas una comida con una pinta estupenda, si huele mal, no te la tragas.

Enhorabuena por el relato, compañero. :60:
Mi página: Curvas de tinta y tatuajes del alma

Y el aullido del lobo negro se coló bajo la piel nevada de la loba...

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Re: Virtuality Perfect World

Mensaje por Pseudoabulafia » 18 Oct 2012 10:22

Relato perfecto, me ha encantado.
Un mundo "ciberpunk" muy bien descrito, creo yo.

La escena del reajuste de software para adaptarse a las medidas de la vampiresa me ha encantado. :meparto:

Por poner alguna pega: El protagonista está usando VWP7, pero ya están en el mercado el WP8 y el VWP9. Tal y como yo me estaba imaginando ese mundo, lleno de personas deseando tener la última versión de las gafas, las alabanzas a una versión atrasada de las gafas no tendrían mucho sentido. :roll:

Pequeño off-topic: El título del relato me ha hecho pensar en el procesador de textos Word Perfect. :lengua:

El principio del relato no me ha gustado tanto como la parte central, que es lo fuerte. Por ejemplo decir que las gafas tenía un uso médico (¿?) antes que de ocio sin detallar por qué.
El final tampoco me ha gustado nada, porque creo que el relato pierde fuerza y sentido. Sin embargo como introducción a una novela de estilo "ciberpunk" estaría perfecto. :D

Shigella
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Re: Virtuality Perfect World

Mensaje por Shigella » 18 Oct 2012 15:20

El relato está muy bien ambientado y la idea es buena, con el puntito de que la finalidad de las gafas sea mantener a las clases bajas contentas, o al menos tranquilas en su ignorancia.
Pero hay cosas que no me cuadran mucho y que ya han comentado antes. Por un lado el tema de los olores. Él tendría que haber notado que vivía en una pocilga si las gafas que tiene él no enmascaran olores. Además si yo estuviese en su lugar y notase corretear cucarachas o ratas por encima mío ya te digo yo que lo primero que haría sería quitarme las gafas y limpiar bien.
También el detalle de que le roben las gafas cuando sólo tiene la versión 7... no sé. Tendría más sentido que se las quitara alguien que tenga algo contra él. Alguien de su trabajo, por ejemplo, para putearle.

No sé... el relato es bueno en general pero no me ha acabado de convencer al 100%

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Ororo
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Re: Virtuality Perfect World

Mensaje por Ororo » 19 Oct 2012 12:00

Un muy buen relato. Recrea una sociedad decadente de un modo espléndido a través de detalles y anécdotas divertidas. Está muy bien contado todo, muy trabajado y le doy mi enhorabuena al autor.
Al principio he pensado: ¿en un mundo tan moderno por qué compran gafas en lugar de algún implante o chip o algo así? Pero luego lo explica perfectamente: el precio de las gafas está a su alcance y las versiones 8 y 9 no.
Pese a lo sórdido de la realidad, está contado de forma muy amena con todos esos “gags”. Me parece muy ingenioso. Y el escalofrío final muy bueno.
Alguna cosa mala (no todo iba a ser bueno :P ): los paréntesis del principio me sobran un poco, pues dan al relato un carácter excesivamente explicativo. Con los detalles cotidianos habría bastado para hacernos una idea del mundo en el que vive Zacarías.
Y otra cosa: creo que habría sido conveniente no mostrar en tantas ocasiones lo que él ve con las gafas y lo que en realidad hay. Hay un punto del relato en que esta doble percepción es constante y creo que debería haberse omitido o recortado para dejar claro al final, cuando le roban las gafas, el panorama.
Se podría pulir un poco la redacción, pero está muy bien.
En resumen, un relato ingenioso, ameno y crítico.
¡Enhorabuena! :D
No soy lo que escribo; soy lo que tú sientes al leerme.

Bagrar
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Re: Virtuality Perfect World

Mensaje por Bagrar » 19 Oct 2012 12:02

Parto de la premisa que el "ciberpunk" no me entusiasma y, en ocasiones, me agota. Sin embargo estamos ante un relato bien instaurado en las premisas de este subgénero. Buen relato, interesante, con una ambientación perfecta (creo que lo mejor de la historia) y un protagonista muy bien definido (también lo mejor de la historia).

Como defectos la lectura se me hizo pesada, quizás una historia demasiado larga para explicar al fin y al cabo poca cosa. El tema usado también está muy usado en este tipo de historias. Quizás me hubiera agradado si el tema de la realidad virtual se hubiera tratado más como una adicción a nivel universal (casi llega a esto pero no es el motor).

El final es bueno pero predecible. Otro final habría sido un poco fuera de lugar.

Felicidades por el autor pues no deja de ser un buen relato.
Y ahora en Amazon "Demonios Nacidos. La joya azul" por menos de lo que cuesta un café.

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Ororo
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Re: Virtuality Perfect World

Mensaje por Ororo » 19 Oct 2012 13:48

Bagrar escribió:Como defectos la lectura se me hizo pesada, quizás una historia demasiado larga para explicar al fin y al cabo poca cosa.

En esto coincido. Le falta un argumento más interesante que el de un chico al que despiden, se emborracha y...
Recrea muy bien el mundo creado por el autor, pero también he echado en falta un argumento más interesante.
No soy lo que escribo; soy lo que tú sientes al leerme.

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Re: Virtuality Perfect World

Mensaje por Dori25 » 19 Oct 2012 14:33

Me ha gustado mucho pero como decía Topito, yo también entendía que había momentos en que no las llevaba por eso me sorprende que se quede tan anonadado.
Ahora echo de menos una idea de un mundo futuro "agradable", somos todos demasiado pesimistas! :icon_no_tenteras:
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Re: Virtuality Perfect World

Mensaje por ukiahaprasim » 19 Oct 2012 15:00

Otra victima del HTML.... que da al relato una densidad optica muy fatigosa....

Por lo demás, un muy entretenido relato de Social Sci-fi, aunque la verdad es que, al margen de la "no sorpresa" final, el factor "critica social distopica" tiene poco peso real frente al factor "aventura del personaje principal" y anecdotas vinculadas a las gafitas (virus, robos, Godzillas, el ligoteo discotequero....).

La verdad que, en esto, me parece que el tema podria haber sido mucho más aprovechado haciendo más hincapie en escenas como la de la seguridad laboral... o en el efecto de la soledad virtualizada...

La cotidianidad ha ganado la partida a la trascendentalidad, aunque eso solo marca el estilo del relato, no su calidad.

En cuanto a la ambientación, la verdad es que como ya han apuntado otros lectores, existen ciertos problemas de "consistencia" de la idea, que el autor, consciente de ellos ha tratado de cubrir en todo momento (aunque apenas lo ha conseguido, visto la opinion de Topito y Dori), aunque no resulta convincente

Como ya se ha indicado, el hecho de que sean gafas, y por tanto, faciles de quitar, resta credibilidad a la deriva social... Bien es cierto que el autor ha reflejado, en el forzado cambio de gafas del prota, su rechazo a ver el mundo directamente, pero eso resulta a todas luces insuficiente para justificarlo... Además, el hecho de que sean gafas, y no afecten al resto de sentidos, no ayuda nada... Un dispositivo de otro tipo habría resultado más convincente.

Por otro lado, que el usuario sea propietario de las mejores gafas de gama media, tambien le quita credibilidad a la expectacion que generan en él y en su entorno, por mucho que quede claro en el relato que las v8 y v9 estan solo al alcance de las clases altas... Precisamente, ese hecho debería dar origen a un sentimiento de resentimiento social inexistente en el relato ...

Desde el punto de vista mas cientificas, la verdad es que las explicaciones me flojean bastante... el chip pirata tan facilmente implantable me parece muy poco creible... la interaccion pulsera gafas está poco desarrollada, y sobre todo hay un factor que me chirria bastante...

Las gafas borran algunas cosas y otras las disfrazan ... pero en un mundo tan degradado como se pinta al final resultaría practicamente imposible andar sin chocar con todas las inmundicias, sin tener que construir un agobiante entorno de cosas bonitas que no dejan ni pasear... y desde luego, la casa no resulta creible... unas gafas pueden disfrazar la mugre de un sofa, pero no pueden sustituir un agujero en el suelo por un retrete, ni compensar la falta de agua caliente, el ruido de la lavadora, ni por supuesto, ocultar la sensacion de las cucarachas paseando sobre uno mismo...

Mi diagnostico es que a este relato le falta aún bastante trabajo y muchos detalles que pulir... no es ni mucho menos malo, pero está lejos de llegar a ser todo lo bueno que puede llegar a ser...

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Re: Virtuality Perfect World

Mensaje por David P. González » 19 Oct 2012 15:35

Muy bueno, para mi gusto. La ambientación es muy buena, y el periplo del protagonista es entretenido y engancha. Para mí tiene muchas faltas, no sé si se consideran de ortografía, de gramática o de sintaxis, no soy un entendido en esto, pero hay muchas XD, y aunque se deja leer, se agradecería una corrección.
No me gusta la poca consideración que tiene con la mendiga, a la que le roba el plástico: -50% de simpatía hacia el personaje por ese acto.
Algunos comentáis que el olor le tendría que haber hecho darse cuenta de que vivía en una pocilga. Yo creo que no necesariamente. El poder de la sugestión es capaz, no sólo de enmascararlo, sino de hacer que huelas otra cosa (siempre y cuando lo hayas olido antes y esté en tu cerebro).

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Re: Virtuality Perfect World

Mensaje por Pseudoabulafia » 19 Oct 2012 19:35

David P. González escribió:Algunos comentáis que el olor le tendría que haber hecho darse cuenta de que vivía en una pocilga. Yo creo que no necesariamente. El poder de la sugestión es capaz, no sólo de enmascararlo, sino de hacer que huelas otra cosa (siempre y cuando lo hayas olido antes y esté en tu cerebro).

Este comentario tuyo me ha hecho recordar una cosa que me hace darte la razón.

Creo que el olfato es todavía más selectivo que la vista. Hace dos veranos estuve en la India y pasé dos días en Delhi cuando llegué y otros dos días antes de volver a España después de haber estado visitando la India durante veinte días.

Cuando llegué por primera vez a Delhi, estabamos cansados y nos habían perdido la maletas. Me parecio una ciudad sucia, ruidosa y sobre todo maloliente. Me daba repelús tocarlo todo, hasta dentro del hotel.

Veinte días después de vagabundear por la India volví a Delhi y me parecía una ciudad preciosa y cosmopolita, llena de gente encantadora. Visualmente me parecía hermosa y me gustaba mucho como olía. Incluso nos alojamos en un hotel bastante peor que el primero, pero todo me gustaba. ¡Y estabamos en las mismas calles y por los mismos sitios que la primera vez!

Lo que más se quedó en mi memoria, porque me sorprendió, fue que en la primera visita mi olfato solo retenía los malos olores, como los basureros urbanos que hay. En cambio la segunda vez mi olfato practicamente anulaba los malos olores y se centraba en descubrir y potenciar los buenos (como las especias, la comida, el té, las flores, etc).

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Re: Virtuality Perfect World

Mensaje por ukiahaprasim » 19 Oct 2012 20:00

ciertamente, podemos anular el sentido del olor...
Un porquero se llega acostumbrar tanto que casi ni huele la mierda...

Pero ¿oido?, ¿tacto? ¿gusto?... Si el poder de sugestion es tal, no necesitariamos ni las famosas gafas...

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