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CP IX - El color de las almas - Gisso

Publicado: 17 Abr 2014 11:46
por lucia
El color de las almas

Llevas un rato despierto, sentado desnudo al borde de la cama, ensimismado con el resplandor de las luces nocturnas de la ciudad que se cuelan tímidamente entre los huecos de la persiana. Te levantas y, acercándote lentamente, contemplas la multitud de colores minúsculos que recorren las calles, sin saber que, desde la ventana, los analizas. Pero no, ninguno de ellos es quien te convoca. Allá, a lo lejos, ves de nuevo esa luz, ese color que te llama inexorablemente a su encuentro. Te apartas, dirigiéndote al baño para prepararte. Enciendes la luz aunque no haga falta, eres capaz de ver en la oscuridad sin ningún problema. Tal vez sea para recordarte que, en algún momento de tu vida, fuiste un color más. Observas tu vacuo reflejo en el espejo.

«No sé quién soy, de dónde vengo. No recuerdo mi nombre ni mi pasado. Nada, vacío y oscuridad. Solo sé que tengo una misión que cumplir, día tras día, cuando soy requerido. Y que soy capaz, sin entender el porqué, de percibir...»

El color de las almas

Dejas que el agua de la ducha recorra y purifique tu figura. Da lo mismo que esté fría o caliente, ya no experimentas esas sensaciones en tu piel, en tu mente. Podrías meterte en agua hirviendo y serías ajeno al dolor, simplemente lo apreciarías al ver como tu cuerpo comenzaría a enrojecer y a llenarse de llagas, y luego, al salir, como se regeneraría. Cierras los ojos.
«Recuerdo, al principio de todo, cuando aún comprendía menos de lo que comprendo ahora, como la desesperación por la ignorancia de mi presencia se iba apoderando de mí. Y esa ignorancia me llevó a la desesperanza en mi soledad sin color, acorralado en un mundo lleno de colores. Y de la angustia al aislamiento, a la locura de mi olvidada existencia, y, de ahí, al suicidio. Recuerdo como miraba, desde la ventana de mi perpetua habitación, los colores de la ciudad. La abrí, la lluvia y el viento me golpeaba en el rostro. Miré al suelo; reuní el valor suficiente y salté. Vi como iba acercándome a gran velocidad al asfalto, cerré los ojos y pensé que por fin todo iba a terminar. Y entonces... Entonces desperté de nuevo en mi habitación. En un principio pensé que todo lo había soñado, así que me levanté y me acerqué de nuevo a la ventana: estaba abierta. La lluvia y el viento me golpeaba en el rostro. Miré al suelo; reuní el valor suficiente y salté. Vi como iba acercándome a gran velocidad al asfalto, cerré los ojos y pensé que por fin todo iba a terminar. Y entonces...
Me creí un dios. Me corté un dedo, lo vi crecer. Perdí un brazo, una pierna, los vi crecer. Podía ser atropellado por un coche, un camión, un tren y volvería a despertar en mi habitación. Sí, me creí un dios; pero un dios ignorado por el resto de la humanidad. No podía hablar ni interactuar con nadie, nadie me veía o escuchaba. Y cuando lo intentaba, algo me frenaba, me lo impedía. Una vez, intenté golpear a una persona, el puño se detuvo a escasos centímetros y, sin pestañear, pasó por mi lado. Cogí un coche prestado y probé a estrellarme contra un gran grupo de transeúntes en una gran avenida y, cuando iba a chocar; desperté en mi habitación. Pero esto no es del todo cierto, al final descubrí que sí podía comunicarme, pero, con un tipo específico de personas, de color. Y así, comprendí que tenía una misión en este mundo. Pero, ¿por qué se me había dotado de este don?»


Acabas de secarte tras terminar de la ducha y comienzas a vestirte. Podrías salir desnudo, no tendrías frío, nadie te observaría, ya lo has hecho más de una vez, al principio, pero dejaste de hacer tonterías y te vas ciñendo a las nuevas normas de tu existencia. Te pones los mismos pantalones oscuros, la misma camisa oscura, la misma gabardina y ropa interior y zapatos y sombrero oscuros; siempre la misma ropa, la única que tienes en el armario. Coges las llaves aunque pienses que no son importantes, simplemente te colocarías delante del próximo tren o autobús y, ¡ZAS!, volverías a tu habitación. Sales a la escalera y cierras la puerta, te diriges al ascensor. Podrías bajar los veintisiete pisos andando, corriendo, sin cansarte, sin sudar, pero coges el ascensor. Humanidad. Entras en él y coincides con la chica joven que vive tres pisos más arriba con su padre —su madre murió—, al cual, le gusta darle a la bebida y golpearla cuando lo hace en exceso. Es estudiante en busca de una vida mejor, pero, en breve, adicta a alguna droga. Lo ves en su aura; en los colores de su alma. Todo ser vivo emite una luz multicolor, y tú, eres capaz de percibirla, y analizarla. E igual que los astrónomos son capaces de averiguar la composición de los astros a través de su análisis espectral, tú examinas y reconoces la composición de sus emociones: un color, un sentimiento.
«Me fijo en sus colores mientras el ascensor sigue bajando: ocre, ese es el color que domina su aura, el color de la adicción. Sé que está nerviosa y que va en busca de su dosis, sea la droga que sea, para escapar de su penosa realidad. También descubro cierto fulgor rosado, puede que tenga ciertos sentimientos hacia el chico que va a visitar. Y entre todos los colores, aún queda espacio para el verde, para la esperanza. Tal vez no esté del todo perdida...»

Sales a la calle y te quedas mirando unos momentos como se aleja. Te das la vuelta y comienzas a caminar hacia el lado contrario. La gama de colores que emite la gente con la que te vas cruzando mientras andas contrasta con las tonalidades grises del resto de la ciudad. Rememoras como, en un principio, ibas perdido, sin saber qué era o significaba cada color, hasta que los comenzaste a identificar de una manera natural con los sentimientos. Aprendizaje innato. A veces te consideras un intruso en la vida de la gente por conocer sus sentimientos más profundos, pero no puedes evitarlo: te gusta fisgonear en sus colores y dilucidar los porqués. Te fijas en un caballero con traje, maletín y sombrero, todo de marca y colores sobrios, que pasa cerca de ti.
«Su tono predominante es el gris y el amarillo, pero de una tonalidad oscura. El primero denota aislamiento y apatía hacia el resto del mundo: habita en soledad y no necesita a nadie para seguir con su existencia. El segundo no es ilusión al no ser un color cálido, sino avaricia: solo vive por y para su trabajo y seguir enriqueciéndose más y más, no tiene tiempo para cosas mundanas. Un auténtico Scrooge del mundo actual.»

Ahora reparas en una mujer, vestida con un uniforme de camarera, y su pequeña, que caminan cerca de ti cogidas de la mano. La niña da unos grititos y comienza a tirar de su madre, acercándola hacia el escaparate de una pastelería y señalando uno en especial. La madre, con mirada cansada, intenta convencerla de que no es hora, pero al ver el rostro ilusionado de su hija, entran en la tienda y compra uno, no, dos pasteles, uno para su pequeña, otro, para ella. La risa de la niña inunda la calle cuando la madre llena de merengue su naricilla. Continúan su camino de regreso a casa.
«Gris, un gris cansancio es el color que domina al resto. Hoy en día es el color que más observo, cada días más. Por unos momentos vislumbro una chispa rojo fuerte de enfado cuando la pequeña comienza a estirarla de la mano, pero enseguida se convierte en un color rosa afectuoso en cuanto mira la ilusión de su pequeña, comenzando a emitir tonalidades naranjas al recuperar algo de energía. Al salir de la tienda, su aura al completo se ha convertido en colores cálidos con un toque de verde esperanza y amarillo ilusión. Comprendo que es una madre soltera en una mala racha, pero que no pierde la esperanza de seguir adelante, sobre todo por su pequeña, que le da la fuerza. En cuanto a la niña, ¡ay!, los niños... los pequeños son un cumulo de colores es plena efervescencia, pura vida, ilusión y descubrimiento. Me deslumbra y fascina su animada e impetuosa aura. Sus colores bailan y cambian al instante, mezclándose entre ellos y dejando una luminosidad blanca que solo los niños tienen: la inocencia, y que tal como avanzamos en edad, suele desaparecer mientras los colores se van disgregando y oscureciendo.»

Pasan por tu lado una pareja de jóvenes. Tal vez no lleven mucho tiempo juntos, ella se encuentra pegada a él como si tuviera miedo a que se le fuera a escapar, rodeándole la cintura con el brazo. Le habla, pero él parece ensimismado, ignorándola. Aún así sigue comentando, ilusionada, sin apartar de él su mirada llena de amor. Él, sin embargo, al pasar otra chica, vuelve de sus pensamientos para observarla detenidamente. Su novia no se da cuenta; o no quiere.
«Un fucsia, mezcla de la pasión del rojo y el amor del rosa, es el color predominante del aura de ella, con toques azules de autentica tranquilidad y devoción, que es lo que siente cuando está a su lado. Veo como todos estos colores cubren una pequeña punzada de amarillo, presintiendo una traición que no quiere ver, pero que yo sí puedo hacerlo. Él, dominado por el rojo lujuria y el amarillo infidelidad, seguro que tiene o ha tenido más de un escarceo, aunque el color del remordimiento es inexistente: marrón.
Dos mismos colores, diferentes tonalidades, diferentes sentimientos. Tardé en darme cuenta de este detalle: un mismo color puede significar varias cosas según su tonalidad, a veces, lo totalmente opuesto.»


Te cubres inconscientemente con la gabardina, ha comenzado a chispear. Te golpea, te cala, pero no notas su húmeda frialdad. Levantas la mirada y entre la altas fincas ves el color de nuevo, ya estás cerca. Un poco más, piensas... cuando algo hace que te fijes en una persona, cubierta por una gabardina casi igual que la tuya y con paso decidido, pero intentando pasar desapercibida. No sabe que tú te has fijado en él, que no puede pasar inadvertida su aura.
«Lo reconozco, lo he visto ya en alguna otra ocasión y siempre arrastra ese mismo color: el rojo sangre. Ya ha asesinado, lo sé, y ahora lo va a volver a hacer, o ya lo ha hecho. Observo como se aleja, lo único que puedo hacer. No puedo detenerlo, no puedo hacer nada para salvar a su próxima víctima. Pero hay algo que siempre me deja desconcertado: el azul de auténtica tranquilidad que emite junto al rojo. ¿Cómo es posible? Despiadado; esa es la palabra que lo podría definir. No puedo apartar la mirada de él hasta que sus colores se entremezclan con el resto de la gente. Un verdadero monstruo...»

Sigues caminando mientras deduces la personalidad de la gente con la que te vas cruzando cuando la calle se corta. Ya estás casi; solo te separa una avenida y unos pocos metros para llegar. La cruzas sin jugar por esta vez. Te gusta jugar a un juego: cruzar la calle sin levantar la mirada. Pero hoy tienes una misión que cumplir. Te quedas frente a la entrada, observando tu meta, sintiendo ese hormigueo por todo el cuerpo cuando estás cerca. Es la única sensación que, desde que tienes uso de razón, has tenido. Entras y te diriges a tu destino, hacia ese color que nunca habrías pensado que pudiera existir: el negro.
«Este aura es como una nube que baila alrededor del cuerpo, absorbiendo cualquier otro color de su alrededor, elevándose hasta el cielo. Es como el vacío más puro del universo, pero resplandeciente, tangible, inconcebible. La primera vez que lo vi, que me atrajo hasta él, me quedé desconcertado. No pensaba que, tras todo lo que me estaba ocurriendo —mi amnesia, mi inmortalidad, mi don—, algo me pudiera sorprender. Pero lo hizo, ahí estaba, a lo lejos, llamándome. Nunca había visto una luz, un color, como ese. Negro. Ningún ser humano lo creería si se lo pudiera contar. No creo que sus mentes fueran capaces, ni tan siquiera, de imaginárselo. No están preparadas. Pero la mía, sí; aunque me costó admitirlo, todavía más que las cosas que me estaban pasando.»
Cruzas el parking y te diriges a un pequeño parquecillo que hay cerca de la puerta principal del hospital. Unos enfermeros están fumando en la entrada junto a un policía, hablando del último partido de futbol. Por esta vez ignoras el color de sus auras: has llegado. Frente a ti, sentado en un banco bajo la escasa luz de una farola, se encuentra un hombre con la cabeza gacha cubriéndosela con las manos, su pecho sube y baja descompasadamente. En una de sus muñecas lleva una identificación como paciente del hospital, igual que su ropa. La fina lluvia ha comenzado a empaparle, pero él no parece darse cuenta, como tú. Te acercas un poco más, el color negro de su aura te envuelve y embarga, la sientes, como cubre y se apodera de tu cuerpo y mente. Y entonces, llega el momento, sabes que va a ocurrir ahora, como las otras veces: el hombre levanta la mirada nublada por las lágrimas hacia ti; pero te traspasa, observando al horizonte —nota tú presencia, pero no te ve o, al menos, eso piensas— y comienza a hablar mientras un cigarro se consume entre sus dedos.

—No pude... no ha sido... —titubea—, culpa mía, ¿verdad? Yo solo quería que me perdonara, que volviera conmigo y ahora, ya no me queda nada. Todo se ha acabado. —Comienza a sollozar de nuevo, diluyéndose sus lágrimas con las finas gotas de lluvia. Se aparta el pelo mojado de la cara. Es joven, tal vez no llegue a los treinta años y ya tanta desesperación—. Le rogué que me diera una nueva oportunidad, que podía cambiar y ella aceptó. Quedamos para cenar. Tenía miedo que no viniera, pero ahí estaba. Se sentó un poco reacia, sin embargo, comenzamos a hablar. La cosa parecía que marchaba bien hasta que sirvieron el vino: «Una copita nada más», le prometí y, a partir de ahí, la noche comenzó a torcerse. No fue una copita, sino una detrás de la otra tal como veía que la cosa no funcionaba. Ella me dijo que parara, que siempre hacía lo mismo. Yo me enojé y bebí aún más. Maldita adicción...
—Ella... —el chico hace una pausa, traga saliva, continúa—. Ella se levantó cabreada, tirando la servilleta sobre su plato: «Nunca cambiarás si no buscas ayuda, si no dejas que te ayudemos». Sus palabras me abofetearon el corazón y observé, en silencio, como se marchaba. Tardé en reaccionar. Me levanté corriendo tras ella, un camarero me impidió salir hasta que no pagara la cuenta, le tiré los billetes a la cara y salí por la puerta. Estaba esperando un taxi, yo le dije que la acercaba a casa y así, de paso, ver a nuestro pequeño. Por un momento se lo pensó, pero al final accedió, tal vez porque sabía como iba y quería cuidar de que no pasara nada, pero al final, pasó. Discutimos fuertemente, casi pierdo el control del coche. Ella gritó que parara, que ya no me aguantaba más y que mejor sería que la dejará para coger un taxi, y que, por el bien de los demás, yo también cogiera uno...
—No le hice caso cuando la dejé bajar... Seguí conduciendo, haciendo eses, enajenado por la situación y el alcohol. Y entonces, ocurrió —El chico se queda perdido en sus pensamientos un momento, dejando caer el cigarro consumido—. Perdí el control, no vi como, por el otro carril, se acercaba un coche. Un padre y su hijo. Mi coche se salió de la carretera, estrellándose contra un árbol. Ellos tuvieron peor suerte, el suyo cayó dando vueltas de campana por un terraplén, quedando bocabajo. Enseguida llamé al 112 y ayudé a salir al padre. Se encontraba consciente, pero el niño... cuando sacaron al niño del coche...
El chico se pone a llorar desconsoladamente, tú solo puedes que observar la situación, sin moverte. No, aún no ha llegado el momento, pero ya comprendes el porqué de su aura negra. Esperas pacientemente a que se tranquilice mientras te fijas en el policía que, ahora, mira hacia su posición. Por fin se calma un poco y continúa con el final de la historia.
—El niño se encontraba malherido, inconsciente y respiraba débilmente. Ver al padre gritar su nombre, con el ruido de las sirenas de fondo... se me quedó grabado a fuego. Es lo último que recuerdo bien; luego, luces, interrogatorios, batas blancas, goteros... Desperté en la habitación y enseguida un par de agentes comenzaron con sus preguntas, yo, con las mías. Había dado positivo y estaba detenido por conducción temeraria, me habían puesto vigilancia para que no escapara o alguna cosa peor. El padre estaba bien, pero el niño se encontraba en estado de coma irreversible. La noticia me destrozó por completo. Llevo un par de días en el hospital y Elena no ha venido a visitarme, ni una noticia sobre ella. Pero en lo que no paro de pensar es en el pequeño, en los dos pequeños: mi hijo y el chico al que he destrozado la vida. ¿Y si hubiese sido mi hijo? ¿Qué hubiera hecho yo? Intenté verlo, incluso llegué hasta la puerta de su habitación en un despiste de la policía. Quise pedirle disculpas, pero su padre...

«Se queda callado y nuestras miradas por fin se cruzan. Noto como ha llegado el momento, está preparado. Tan solo una pregunta, una respuesta y la vida de dos personas cambiaran por completo. Para uno, una nueva oportunidad, para el otro, pagar por sus pecados. Este es mi don, esta es mi misión, esta es la pregunta:
—¿Darías lo que fuera por expiar tu culpa y le concederías una segunda oportunidad a esa persona, intercambiándote por ella, aun a costa de tu propia vida?
Percibo como el chico duda por unos momentos. Tiene la vista perdida, observando sus nerviosas y sudorosas manos. Muy pocos, llegados a este momento, se echan atrás. Aunque algunos lo han hecho, viviendo para siempre con su oscura aura. Debe ser un momento duro para estas personas: todo o nada. Al fin levanta la mirada, resoluta, ha tomado una decisión. No hay vuelta atrás, llega su rotunda respuesta.»


—Sí.

«—Sea pues.
Poso mi mano sobre su frente y dejo que su negra aura, poco a poco, vaya pasando hacia mí, absorbiéndola, liberándolo de su pecado. Noto su profunda aflicción por todo mi cuerpo, me hace temblar. El peso de la culpabilidad de su alma se va aligerando, su cara va convirtiéndose en un remanso de paz. Su oscuridad está a punto de desaparecer y, con la última voluta, su mirada se cruza con la mía, una palabra se dibuja en sus labios: Gracias.»


Cae al suelo, inconsciente, en coma irreversible. Los dos enfermeros y el policía se dan cuenta y corren a socorrerlo. Te separas un poco y los dejas hacer, inútilmente. Te fijas ahora en su aura, una mezcla de colores suaves dominados por el blanco, está en paz. Antes de marcharte, levantas la mirada hacia una ventana cualquiera del hospital: en estos momentos, en alguna habitación, habrá un niño que, milagrosamente, estará despertando de un coma; y, una familia destrozada, incrédula, comenzará a llorar de felicidad. Tal vez salga en la noticias, pero eso, ya no es cosa tuya. Entonces, un momento antes de darte la vuelta y regresar a tu habitación, la ves, en lo alto del hospital: una sombra —la Sombra—, fijándose en ti desde el tejado. Tardas en reaccionar y cuando estás a punto de gritar, la Sombra da un salto y desaparece en el cielo. No es la primera vez que te cruzas con ella, pero esta vez, por primera vez, se ha fijado en ti, ha notado tu existencia. Entre un océano de dudas y preguntas, por ahora, sin respuesta, comienzas tú regreso.

Epílogo

«Despierto intranquilo, en el mismo dormitorio de siempre, con una sensación extraña en el cuerpo. Advierto una presencia en el tejado que me atrae hacia ella. Me incorporo de un salto y, desnudo, salgo de mi habitación, subiendo velozmente por las escaleras. Abro la puerta de la terraza de un empujón y salgo a la estrellada noche. Me quedo estupefacto unos momentos al ver ante mí a la Sombra. Bajo la capucha de su manto observo unos rasgos femeninos que se fijan en mí, sin sorprenderse.
—¿Quién eres? —le pregunto. Se queda unos momentos en silencio.»


—No sé quién soy, como tú. Solo sé que he venido a cumplir una misión.

«—¡Espera! —le grito, pero es demasiado tarde. Veo como su cuerpo se hace inmaterial y atraviesa el suelo del tejado, descendiendo. Corro por las escaleras, planta por planta, intentando percibir su presencia. Lo hago en el piso treinta. Ando lentamente por el pasillo, rozando con los dedos de mi mano izquierda la pared, hasta detenerme frente a una puerta: la de la chica joven que vive con su padre. Apoyo mi mano sobre ella y se abre. Entro.»

Contemplas desconcertado la escena que se presenta ante ti: la chica joven, tu vecina, se encuentra temblando, llorando y gimiendo, con un cuchillo ensangrentado entre las manos. Observas como su alma está llena de colores de furia, odio, venganza. En el suelo, frente a ella, su padre, extendido sobre un charco de sangre que se expande lentamente. A su lado está la chica Sombra, en cuclillas, formando un cuenco con sus manos. Está recogiendo su aura entre ellas. Tras recolectar la última voluta de color, el padre expira. Ves como se levanta y hace una esfera de luz y color entre sus manos que ilumina toda la habitación. Está a punto de emprender de nuevo el vuelo hacia el cielo.
—¡Espera! —vuelves a gritar. Ella se detiene unos momentos—. Dime quién eres; por favor.
—Ya te lo he dicho —sonríe tristemente, sus facciones son hermosas, pero carentes de calidez humana—, como tú, no sé quién soy, solo sé que tengo un trabajo que cumplir. Pero no puedo quedarme a hablar ahora, mi tiempo es escaso. Hay otra alma esperando, no puedo dejarla que se pierda y no encuentre el camino.
—¿Nos volveremos a ver?
—Seguro.
La chica Sombra, sin apartar la mirada y la sonrisa hacia ti, comienza a levitar, desapareciendo a través del techo. Te asomas por la ventana y ves como se acerca a un torbellino de luz que ha aparecido en el cielo. Ofrece la esfera de colores que acaba de recoger, engulléndola y cerrándose al momento. Ella se gira brevemente a observarte, y luego, desparece en la noche.
Te giras y contemplas por última vez la escena de la habitación. Ahora tu vecina se encuentra de rodillas, cubriéndose el rostro con las manos, riendo y llorando a la vez. Su aura no es negra, no puedes hacer nada por ella. Te das la vuelta y regresas a tu habitación mientras escuchas, a lo lejos, el ruido de unas sirenas.

«No sé quién soy, de dónde vengo. No recuerdo mi nombre ni mi pasado. Nada, vacío y oscuridad. Solo sé que tengo una misión que cumplir, día tras día, cuando soy requerido. Y que soy capaz, sin entender el porqué, de percibir el color de las almas...

...y que no estoy solo...»

Re: CP IX - El color de las almas

Publicado: 17 Abr 2014 17:46
por doctorkauffman
No me ha gustado nada, nada.
reconozco el esfuerzo, el curro y las ganas, pero no he conectado en ningún momento. es demasiado déja vu, demasiado refrito de mil historias de este estilo. De hecho, el primer párrafo en cursiva, cuando se habla en primera persona, me llevó de inmediato a "atrapado en el tiempo".
por cierto, debes corregir la enorme cantidad de "cómo" que van acentuados.

Re: CP IX - El color de las almas

Publicado: 17 Abr 2014 19:46
por Tolomew Dewhust
Pues la historia en sí está bastante chula, lo que creo que pasa es que no encaja bien en un relato por la limitación de la extensión de este. Para el caso que nos ocupa, a mí se me ha hecho un pelín largo...

Tal vez diera para un desarrollo tipo varios capítulos o novela corta donde explotar al máximo los personajes y empatizar con ellos.

Re: CP IX - El color de las almas

Publicado: 17 Abr 2014 20:32
por jilguero
:164nyu: :desierto:

Re: CP IX - El color de las almas

Publicado: 18 Abr 2014 15:59
por Sinkim
Pues a mí me ha encantado, la historia me ha parecido muy chula y muy curiosa. No es el súmmun de la originalidad porque ya hay algunas historias y libros parecidos pero, aún así, tu cuento me ha gustado mucho :lol: ¡Muchas felicidades, autor! :D :D

Re: CP IX - El color de las almas

Publicado: 18 Abr 2014 17:46
por albatross
Lo que más me ha gustado: el juego de segunda persona en redonda y primera en cursiva. me ha parecido original y efectiva.
Lo que menos: la irregularidad. Hay momento álgidos, como aquel en que la vida del alcohólico se permuta por la del niño, pero en otros momentos se hace algo más pesado.
No es fácil mantener el mismo grado de interés en todo momento. Creo que habría ganado reduciendo la extensión del relato: bastaría la mitad para contar la historia.
A pesar de eso, el resultado es positivo y me ha resultado un relato muy correcto de y una lectura muy agradable.

Re: CP IX - El color de las almas

Publicado: 18 Abr 2014 20:50
por Yuyu
Me gustó mucho el relato y la idea. El juego de tiempos verbales a mí, se me hizo incómodo y el epílogo, no sé, sin él me hubiera quedado igual de agustito, no sé si me explico. Buen relato. :60: :hola:

Re: CP IX - El color de las almas

Publicado: 18 Abr 2014 22:00
por Emisario
Gran relato, pero algo extenso, yo habría resumido los encuentros con las auras, por la mitad se me hizo cansado continuar, pero luego coge fuerza e interés. Algún fallo menor por ahí, como ese "que" que parece que se quedó olvidado en alguna corrección, ("tú solo puedes que observar la situación") y alguna tilde (coincido con Doctorkauffman pero solo en lo de los "como", hay como treinta de ellos, y muchos deberían llevar tilde), pero eso no es nada del otro mundo, obviamente, al no tenerlos considerados, repetirás el fallo. Yo no he leído mucho acerca de este tipo de historias, por lo que para mí es original y aunque hubiese mucho de esto por ahí, no le quita mérito. Me ha gustado este ángel tuyo, y mucho. Te felicito.
Sí, vas en mi lista de candidato a favorito, ¿te queda alguna duda? Ah... si lo hubieses hecho un poco más escueto, más directo al grano... ya veremos... suerte.

Gracias por el relato, :hola:

Emisario

Re: CP IX - El color de las almas

Publicado: 19 Abr 2014 11:11
por David P. González
Me ha gustado la historia, aunque al final se me haya desinflado un poco. Puede que me haya creado expectativas que no se han cumplido, culpa mía, autor.
No termina de convencerme la segunda persona. Combinada con la primera de los pensamientos del personaje me llega a molestar. Me saca de la historia y no veo la necesidad. Se puede contar todo en primera persona, metiendo entre comillas angulares los pensamientos del personaje, sin cursiva, que también es un poco molesta. Mucho más estético y menos confuso: si la historia la narra él, cuando pasas a comillas angulares no hay duda de que son sus pensamientos. Es gusto personal, no digo que lo hayas hecho mal :60:

Re: CP IX - El color de las almas

Publicado: 19 Abr 2014 18:03
por Gisso
Me ha dado una sensación extraña al leer el relato, intentando que crea que yo sea el protagonista y que esos pensamientos son míos. Me ha recordado a un libro llamado "Aura" por la forma de narrar. Por otro lado es una historia un tanto desigual: me gusta el principio, luego de hace lento durante la percepción de las almas y luego coge de nuevo fuerza. El epílogo me parece un añadido, como si quisiera darle una continuación que tal vez no sea necesaria. Aun así me ha puesto los pelillos de punta. Me ha parecido una historia oscura entre tanto color. Y un poco larga. Pienso igual que en el relato de "El reclamo", no me gusta tanto la historia principal, en este caso el color de las almas, como el resto.
PD: tal vez yo sí sea capaz de imaginar ese color negro, exagerao :cunao:

Suerte

Enviado con el poder de mi mente desde el Más Acá

Re: CP IX - El color de las almas

Publicado: 20 Abr 2014 01:13
por Gavalia
Me ha gustado mucho el presente relato. Tiene magia y trabajo, una mezcla que me hace producir dopamina en cantidades ingentes, y solo por eso debo decir ¡gracias tengas a bien recibir autor! que decimos en Mundo medio.
Si acaso un pero, porque no das ninguna información o pista de que narices le pasó al buen señor para pasar a ese estado de tangible intangibilidad. Yo lo llegué a comparar con un Ángel, pero por aquello de que tiene una misión que supongo le encomienda un Dios que parece concede segundas oportunidades. Creo que en la fantasía todo vale, siempre y cuando tenga cierto soporte si no de realidad, si de racionalidad por fantàstica que esta sea. Quizá ahí falla argumental en ese sentido, pero por lo demás, me ha parecido muy bueno.
Enhorabuena autor

Re: CP IX - El color de las almas

Publicado: 20 Abr 2014 12:01
por Topito
Me ha gustado, a pesar de ser una historia ya contada en películas y libros.

Ya me meto en cuestiones de subjetividad, lo demás ya te lo han comentado.

El único momento que me cansé en la lectura es cuando cuentas varias aureas seguidas. Por separado, me parecen geniales. Me gustaba leerlas, pausadamente, disfrutando de la imagen que me hacías crear en mi mente. Sin embargo, creo que con un par, me hubieras puesto en situación para el final del relato. Eso sí, espero que si te ha gustado la idea, la desarrolles en una novela corta. Te saldría una muy chula.

El epílogo —y sigo con temas subjetivos— me sobra, pues ya sabía que la sombra era la muerte. A lo mejor por leer Sandman o ver esa misma representación en cientos de películas. Es lo más probable. A lo mejor, si lo quitas, algún lector no lo entendería. Así que... es un tema muy subjetivo.

En general, un gran relato. Y que debe ser leído con tranquilidad en casa. Intentaré ver esos colores mientras paseo por la calle.

Gracias por tu relato, y mucha suerte.

Re: CP IX - El color de las almas

Publicado: 20 Abr 2014 12:37
por ciro
Creo que nada más ver el título sospechaba que no me iba a encantar. Está bien narrado, se nota que has trabajado, pero a mí estos temas tan profundos-sobrenaturales no me suelen gustar mucho. Para mi gusto, le falta frescura y le sobra engolamiento. Pero ya digo, es solo gusto personal, el relato está bien escrito y puede llegar a mucha gente.

Re: CP IX - El color de las almas

Publicado: 20 Abr 2014 21:04
por Ororo
El relato comienza con buena narración, lo cual me ha animado, pero a medida que he seguido leyendo creo que ha ido decayendo. Me he encontrado con frases que habría formulado de otra manera, he visto falta de fluidez y lo he leído un poco a trompicones.
Por ejemplo, decir "Recuerdo, al principio de todo, cuando aún comprendía menos de lo que comprendo ahora, cómo la desesperación por la ignorancia de mi presencia se iba apoderando de mí." Me parece enrevesada.
También hay algunas repeticiones de palabras en la misma frase y la puntuación, a veces, no me ha parecido la más apropiada.

Lo que sí me ha gustado mucho ha sido la combinación de 1ª y 2ª persona como voces narrativas. Me ha gustado y me parece muy adecuado.

En cuanto al argumento... no me ha gustado mucho. Todo el desfile de colores de auras que se va encontrando por la calle se me ha hecho largo y la historia en sí, lo que estás esperando que suceda, pasa muy al final.

No me ha acabado de gustar, aunque el tema elegido es bastante arriesgado y eso tiene su valor.

Re: CP IX - El color de las almas

Publicado: 20 Abr 2014 21:52
por Berlín
No me queda muy claro quién es este justiciero con poderes para cambiar un destino por otro, para hacer justicia. Dices que es inmortal. ¿Es algo así como un ángel de la muerte? (vale, estoy viendo American Horror Story :twisted: ).
No es el tipo de historia que leería voluntariamente pero reconozco el curro que tiene y el tiempo que le has dedicado, quiero decir que porque el tema a mi no me interese mucho no quiere decir que sea una mala historia. Yo es que soy más rara que un perro verde y el tema este de los colores del aura y eso, pues no sé yo...

Aún no interesándome mucho el tema reconozco que la lectura ha sido agradable. :60: