CI 1 - El león que buscó al sol tras la luna azul - Topito

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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lucia
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CI 1 - El león que buscó al sol tras la luna azul - Topito

Mensaje por lucia » 15 Oct 2015 14:34

El león que buscó al sol tras la luna azul

Desde el inicio de los tiempos, los días daban paso a las noches y las noches a los días. Así debía ser; o al menos, así nos lo enseñaron. Sin embargo un día, sin saber muy bien por qué, los días se convirtieron en noches y las noches en eternos días.

Cierto es, hijo mío, que este hecho nunca debió pasar, pues el sol nace de nuestra alegría al igual que la luna lo hace de nuestro pesar. Pero lo más triste de todo, lo que realmente nos debe preocupar, es que todos lo aceptaron sin apenas cuestionar.

Y ahora te escucho esta historia, que narran por ahí y tus amigos te cuentan, sobre un gallardo león que grita a viva voz la importancia de que nazca el sol.

Claro está, cariño mío, que soy bastante viejo para creer en ciertos cuentos. Sin embargo, si te soy sincero, esta vez deseo que sea cierto, pues, en lo más profundo de mi corazón, aún anhelo el día que puedas conocer el sol.



Jasiri entreabrió los ojos y descubrió a su mejor amigo compungido mientras contemplaba la luna azul.
—¿Qué haces? —le inquirió al instante.
—¿Cuándo crees que saldrá el sol? —respondió este, sin apartar la vista de la luna.
—No sé, mi madre dice que no saldrá nunca.
—¿Nunca? —dijo, entonces, contrariado.
—Bueno, tampoco tenemos que creer todo lo que nos dicen, ¿no?
—Supongo —contestó sin estar muy convencido.
—Además, los mayores muchas veces se equivocan, ¿no?
Akili agradecido, le obsequió con una amplia sonrisa, a pesar de saber con certeza que le había mentido.
—¿Sabes?... Me gustas cuando sonríes.
Este se quedó callado, sintiendo cómo iba lentamente creciendo el ardor en sus mejillas.
—Bueno, creo que deberíamos dormir —sugirió Jasiri.
—Sí, cierto, creo que será lo mejor.
Jasiri, aún adormecido, acomodó la cabeza entre las patas y cerró los ojos. Akili, mientras, se tumbó a su lado y se quedó observándole, embobado, sin poder dormir, pensando en lo afortunado que era de tenerlo a su lado.

Jasiri siempre había sido el más valiente entre los cachorros y Akili el más inteligente, por lo que no es de extrañar que siempre salieran airosos de las mil y una peripecias en las que se habían metido. Sin embargo, desde que desapareció el sol, se les había prohibido alejarse de su hogar. Por tanto, aquellas mil y una peripecias se habían quedado en eso: en mil y una y nada más. No obstante, en aquellas primeras semanas sin que el sol les alumbrara, Jasiri no estaba dispuesto a claudicar ante las prohibiciones de sus mayores. Así pues, el arrojo que siempre le había caracterizado, le llevo a acometer sus primeros intentos de escapada. Sin embargo, cada vez que lo intentaba, sin saber muy bien cómo, la enorme zarpa de su madre acababa aplastándole contra el suelo, para después escuchar un sinfín de chillones y ensordecedores bramidos sin poder remediarlo. De tal manera que una vez transcurrió el tiempo, su arrojo se desvaneció y acabó aceptando su destino de cautivo, o al menos así fue hasta que se enteró de la noticia más importante de su vida.

—¡Akili, despierta! —le susurró al oído, pero este no se inmutó—. ¡Venga, macho, abre los ojos! —Le zarandeó con la pata, pero este continuó durmiendo—. ¡Vamos, macho, despierta! —gritó al final. 
—¿Por qué me despiertas así?—musitó Akili, malhumorado, mientras abría los ojos y veía el borroso rostro de su amigo a un palmo de su hocico.
—¡La rana de la charca sabe dónde se encuentra el sol! —exclamó muy alterado.
—¿Qué? —preguntó al tiempo que se rascaba el costado con la pata.
—Eso, ¡qué sabe dónde se encuentra el sol! —repitió exaltado—. Se lo he escuchado decir a Uvimi.
Akili bostezó mientras estiraba las patas delanteras.
—¡¿Me has escuchado?! —le gritó.
—Sí, sí, claro —confirmó distraído, pues siempre le había costado mucho espabilarse.
—Pues eso, ¡debemos ir a preguntárselo! —sentenció entusiasmado.
Akili estiró las patas traseras con parsimonia, bostezó de nuevo y se sentó ante su amigo.
—Vamos a ver. ¿En serio me estás diciendo que Uvimi, el más chismoso de la manada, ha contado que la rana de la charca, esa que está zumbada, sabe dónde está el sol?
Su amigo asintió con una amplia sonrisa.
Akili respiró hondo y, tras una larga pausa, exclamó—: ¡Tú estás tonto o qué!
—Venga, vamos, no perdemos nada —insistió, obviando lo que le había dicho.
—¡¿Nada?! —exclamó—. ¿Tienes el morro de decirme que nada?—pregunto entre grandes aspavientos—. ¿Tú lo has pensado bien? ¿Has pensado en los payasos? ¿Y si nos topamos con ellos?
—Y qué si nos topamos con ellos. Siempre los hemos engañado. ¿Por qué esta vez iba a ser diferente?
—Porque es diferente, Jasiri. Las sombras lo cubren todo. No les veríamos venir. Nos matarían al instante.
—¡Qué exagerado eres! Los payasos siempre se están riendo, los escucharemos en la distancia.
Akili cerró los ojos un instante. Sabía bien que toparse con las hienas no era ninguna tontería. Sí, cierto, muchas veces habían salido airosos, pero en esas ocasiones la luz del sol les alumbraba; ahora, sin embargo, era una locura entrar en el pastizal, ya que la penumbra lo cubría todo.
—Creo que no es una buena idea… En serio, es muy peligroso.
Jasiri frunció el ceño, cruzo las patas delanteras y dijo con tono burlón:
—Bueno… pues tú verás. Si no vienes, iré yo solo. A mí no me dan miedo. No como a otros, por lo que veo.
—No es miedo, cazurro, es sensatez —le aclaró molesto—. ¿Sabes lo que es eso?
¡Claro que lo sabía!, siempre se lo estaba recordando, en cada una de las peripecias que iniciaban. Pero esta vez era diferente. Nada que ver con sus anteriores aventuras. Ahora estaba en juego no sólo el futuro de la manada sino el de toda la sabana.
—Vamos, piensa que será divertido —volvió a insistir, pues no deseaba partir hacia la charca sin su mejor amigo.
—¿Divertido?, dices. ¡Más bien peligroso!
—Venga, macho, sin ti no sería lo mismo. Además, somos los leones más intrépidos del Serengeti.
—O los más inconscientes —apuntó Akili.
—Bueno, al menos yo, porque tú siempre has sido muy cabal —le confesó, clavándole esa tierna mirada con la que siempre conseguía que Akili aceptara.
—No tanto —contestó este, sofocándose ante aquella mirada.
—¡Claro que sí, macho! Eres el más cabal, el más guapo y el más inteligente de la manada…
—Vale, vale, para.
—Entonces… ¿qué me dices? —añadió, descansando la pata sobre el hombro de su amigo.
—De acuerdo, iré contigo —claudicó, como siempre hacía.
Jasiri, sin pensárselo dos veces, le abrazó con fuerza, y Akili se estremeció entre sus brazos.

El plan era muy sencillo: esperarían a que todos estuvieran dormidos, entonces, se escabullirían sin que le vieran los centinelas.
Cuando llegó el momento de escapar, comprobaron que la suerte les sonreía, pues ese día les había tocado la guardia a dos jóvenes leonas, muy dispersas, claro está, como suelen ser todos los adolescentes, por lo que les resultó muy sencillo sortearlas. Así pues, en apenas lo que tarda en desaparecer una dulce fruta frente al montículo de las termitas, se encontraban en el pastizal, andando de forma sigilosa, con las uñas enfundadas y la cabeza agachada. El viento soplaba con ansias, empujando sus pequeños cuerpos hacia atrás, como si quisiera advertirles de que no avanzaran; y era frío, muy frío, pues el suave ambiente de la sabana se había ido transformando lentamente en un crudo ambiente continental desde que desapareció el sol. No obstante, hasta ahora, tanto los jóvenes cachorros como los más viejos de la manada, se habían ido adaptando bien a este nuevo clima. Sin embargo, si seguía bajando la temperatura no creían que fueran a sobrevivir. Akili ya lo sabía. «Si no vuelve a salir el sol, el frío congelarán nuestros cuerpos», escuchó decir un día a las leonas más viejas de la manada. Y, desde entonces, la imagen recurrente de Jasiri congelado apenas le permitía dormir. Por esa  razón, cuando su amigo le contó lo de aquella rana loca, una pequeña esperanza nació en él, aún sabiendo que su buen juicio le decía que no debía creer los chismes que siempre narraba Uvimi.
Pero ¿y si era cierto lo que contaba?
Entonces, de repente, muy cerca de ellos, tras unos matorrales con largas y afiladas espinas, se escucharon unas carcajadas de payaso. Se pararon de inmediato, tensando los músculos. Jasiri aguzó el oído y Akili, mientras, olfateó con premura el número de payasos.
—¡Pero qué guarro eres! —exclamó, tapándose el hocico de seguido.
—Perdón, se me ha escapado —se disculpó sonriendo.
Akili contuvo la respiración y le hizo un ademán para que él olfateara el número de payasos.
—Son tres —susurró tras confirmarlo. Su amigo continuaba aguantando la respiración y, por momentos, su rostro iba adquiriendo la tonalidad azulada de las sombras que les rodeaban—. Creo que ya puedes respirar —dijo jocoso.
Akili no se confió, pues no deseaba olfatear de nuevo ese afrutado perfume que Jasiri había rociado a su lado, por lo que inspiró con cautela. Entonces, de súbito, la fragancia de la orquídea, de la acacia, del arzadú y del baobab eclosionaron en sus fosas nasales, aliviando su temor.
—Si vamos rodeando los arbustos, no nos verán. Después, cuando estemos algo alejados, salimos corriendo tan veloces como si fuéramos guepardos — sugirió Jasiri.
Akili se quedó pensativo, mientras observaba el grácil movimiento del pasto mecido por la animosa brisa.
—El viento corre a nuestro favor, ¿lo ves? —dijo señalando las ramas de los arbustos que les ocultaban—. Pero si los rodeamos, acabaremos teniendo el viento en nuestra contra y nuestro olor llegará hasta ellos.
—Entonces, ¿qué propones?
Akili olfateó de nuevo y el viento, como si supiera que debía hacer, arrastró hasta ellos el putrefacto aroma de la carroña.
—¡Lo tengo! —exclamó.
La idea era sencilla aunque peligrosa, pues debían ejecutarla muy cerca de las hienas.
Akili advirtió que el putrefacto olor procedía del baobab situado a unos quinientos metros de ellos, y que la fragancia de las hienas provenía del franco derecho de este. Así pues, sólo debían llegar hasta el árbol, restregar su terso pelaje contra la carroña y después rodear los matorrales sin temor, ya que el viento arrastraría hasta las hienas la repugnante fragancia de la carroña y no la de unos tiernos y apetecibles cachorros de león; siempre y cuando el viento no cambiara de dirección, claro está.
—¡Qué! —exclamó Jasiri tras escuchar el plan—. No tengo intención de hacerlo—añadió, aún sabiendo que no tenía otra elección.
—Pues tú me dirás qué hacemos —respondió, sentándose en el suelo y cruzando las patas delanteras.
Jasiri se quedó en silencio, taciturno, mientras escuchaba el ulular del viento y observaba danzar a las azuladas sombras sobre el suelo. Luego, una vez se resignó a lo evidente, clavó la mirada en su amigo, pegó una patada al suelo y, farfullando, inició la marcha hacia la carroña.

El camino era relativamente seguro, pues el extenso número de matojos y matorrales los ocultaban a la vista. Sin embargo, cuando recorrieron la mitad del camino y comenzaron a captar con mayor nitidez las asonantes risas de las hienas, agacharon el lomo hasta acariciar la tierra con el vientre, por lo que ralentizaron la marcha. La gran tensión que iban acumulando en cada paso atenazaba sus músculos, ya entumecidos por el frío, de tal modo que Akili comenzó a pensar que no llegarían nunca hasta el baobab. Jasiri, por el contrario, pensaba que la suerte les acompañaba, pues comenzó a percibir con mayor intensidad la putrefacta fragancia de la carroña, lo que indicaba que ya estaban muy cerca. No obstante, las desgracias siempre persiguen a los afortunados, como un ágil cazador a su presa, y esta vez no iba a ser diferente.
De repente, la dirección del viento cambió, azotándoles en el culo.
—¡Corre, Jasiri, corre! —gritó Akili alarmado, pues sabía bien que al cabo de unos segundos el aroma de sus cuerpos alertaría a los payasos.
Jasiri, sin pensar, comenzó a volar sobre la azulada tierra, mientras el ardiente vaho se escapaba de su boca. Sólo pensaba en huir. Llegar cuanto antes hasta la carroña. Akili, por su parte, apreciando el violento latir de su corazón, corría detrás de él, jadeando, mientras contemplaba alejarse poco a poco el trasero de su amigo.
Jasiri, una vez alcanzó la diminuta explanada frente al grueso tronco del baobab, la escrutó. A la derecha, junto a un pequeño arbusto, se encontraba un gran búfalo negro con el abdomen abierto y las vísceras esparcidas por el suelo. Sin pensarlo, saltó al interior y, frenético, restregó el cuerpo contra las fétidas vísceras de aquella carroña conteniendo las náuseas. Mientras tanto, Akili emergió de entre los matorrales y se desplomó exhausto en mitad de la explanada. Intentó levantarse, pero las patas apenas le respondían. El gélido viento azotaba su cuerpo y la luna azul lo contemplaba. Luego, tras unos instantes con los ojos cerrados, escuchó la voz de Jasiri, llamándole. Elevó la mirada y divisó a su amigo agazapado, a salvo en el interior del búfalo. Aquella imagen le enfundó las fuerzas suficientes para alzar de nuevo su cuerpo sobre sus temblorosas piernas. Así pues, aturdido aún por el esfuerzo, zigzagueó hasta quedar frente al búfalo. Entonces, posó sus mullidas patas sobre las viscosas vísceras y, justo en el preciso momento que iba a introducir la cabeza, sintió un zarpazo en el costado. El impulsó lo elevó por los aires, aterrizando a un metro de distancia. Acto seguido se desplomaron sobre él. La fétida fragancia del payaso penetró en sus pulmones y unos afilados dientes le oprimieron el cuello, anunciándole que iba a morir.
Jasiri no vaciló y desenfundó sus garras. Debía ayudar a su amigo aunque le fuera la vida en ello. Inclinó el cuerpo y lo impulsó hacia el exterior. Voló sobre las vísceras esparcidas sobre el suelo mientras Akili aullaba de dolor, pues los afilados dientes estaban desgarrándole la piel. Acto seguido embistió con furia. El golpe fue brutal, por lo que ambos quedaron aturdidos sobre el suelo. Jasiri no tardó en levantarse, mareado, y advirtió que el caído payaso tenía el vientre al descubierto. Aún les quedaba una oportunidad. ¡Una sola de salvarse! Sacudió la cabeza e intentó concentrarse. Sólo necesitaba causarle una herida. Una sola. Una grave que les permitiera escapar. Así pues, atacó de inmediato, sin permitir que su enemigo tuviera tiempo para recuperarse. Le clavó las garras en el costado y hundió con fuerza los colmillos sobre el vientre. La hiena intentó zafarse asestándole una coz, pero este aguantó el golpe. Apretó aún más las mandíbulas y la sangre brotó de inmediato, salpicándole la cara. El payaso gruñó mientras levantaba su cuerpo y, a continuación, lo sacudió con violencia. Jasiri, entonces, salió por los aires. Cuando se levantó, sintió grandes punzadas de dolor. La hiena se tambaleaba mientras un charco de sangre aumentaba por momentos bajo sus patas. Lo había conseguido. Sólo debía rematar la faena. Herir de muerte a la hiena para salvar a su amigo. Pero entonces, de repente, dos enormes sombras brotaron sobre el lomo del búfalo. Las estridentes carcajadas estremecieron los cuerpos de los cachorros. Akili continuaba abatido sobre el suelo mientras Jasiri se ponía en guardia. Si debía morir, lo haría con furia y arrogo, como así lo hizo su abuelo años atrás defendiendo a la manada. Las hienas examinaron detenidamente a sus presas y se abatieron de inmediato sobre la más fuerte, Jasiri. Cuando saltaron sobre él, este comprendió que la muerte le llegaba y se preparó para recibirla. Entonces, de súbito, un fuerte rugido acalló el aullar del viento y una parda sombra saltó sobre las hienas. ¡Era Uvumi, el chismoso de la manada! En cuestión de segundos se inició una complicada cruzada por la vida de los cachorros. Una tan violenta que nadie se atrevería a narrar ante los más pequeños de una manada. Al final, tras una ardua lucha, el adolescente león había aferrado a una de las hienas con fuerza, clavándole sus fuertes colmillos en la yugular, mientras la otra, acobardada, se escabullía con la cola entre las patas.
El viento amainó y Uvimi, exhausto, se acercó a los cachorros. Jasiri, mientras tanto, lamía con ternura las heridas de su amigo y este, embelesado, lo miraba agradecido.
—Habéis tenido suerte. Si no os hubiera seguido, ahora estaríais muertos —les reprendió. Akili lo miró y, por primera vez en su corta vida, se alegró de que aquel adolescente fuera el más cotilla y chismoso de la manada. —Lo que no sé, es por qué habéis venido hasta aquí —añadió sumamente intrigado.
Jasiri se lo contó sin omitir ningún detalle, y Uvumi, mientras escuchaba, comenzó a sentirse sumamente culpable, pues no sabía con certeza si la rana sabía dónde estaba el sol.
—Se lo escuché decir a un búho que se encontraba en una acacia —confesó con voz quebrada.
Jasiri se quedó atónito, hasta entonces nunca había cuestionado las palabras de Uvimi.
—¡Tiene que ser cierto! Me niego a pensar lo contrario —dijo Akili con firmeza mientras se levantaba, reprimiendo el dolor. Jasiri, al verle, se situó raudo a su lado para permitir que descansara el costado contra el suyo, uniéndolos como si fueran uno solo, e iniciar así la marcha hacia la charca. Uvimi, sin más opción que seguirles, cerró la comitiva con las orejas agachadas.

Mientras caminaban, el gélido ambiente comenzó a anestesiar sus heridas y, por tanto, el dolor que sentían, permitiéndoles caminar con mayor agilidad de la que habían esperado. Así pues, en apenas lo que tarda un hipopótamo en darse un baño, alcanzaron su destino, el hogar de la rana.
Los cachorros, sedientos, se acercaron a la orilla y sumergieron con ansias las lenguas en las heladas aguas. Uvimi, mientras, sin bajar la guardia, les observaba en la distancia. Cuando terminaron de saciar la sed, bordearon las altas gramíneas de la orilla hasta el milenario baobab que presidía la charca, y allí, fatigados, se tumbaron sin poder remediar que el sueño les venciera.
—¡Ya habéis llegado! —clamó un aflautada voz, sobresaltando a los tres leones.
Uvimi se puso en guardia al instante, aunque no supiera muy bien a quién debía enfrentarse. Jasiri erizó el lomo y, mientras Akili oteaba la explanada en busca del intruso, se apostó frente a él, dispuesto a defender de nuevo la vida de su amigo.
La loca rana dio una voltereta en el aire y aterrizó sobre una de las gruesas ramas del baobab.
—Un poco de tranquilidad, fiera —requirió a Uvimi, mientras le hacía ojitos. Luego, una vez comprobó que le prestaban atención, saltó al suelo y brincó hasta Akili—. Tú eres el que eres y nadie podrá cambiarte —le dijo, observándole fijamente; después, se giró y, con gráciles brincos, se dirigió hacia la orilla.
—Creo que quiere que la sigas —advirtió Uvimi.
La loca rana ya descansaba el trasero en el borde de la orilla cuando el cachorro llegó.
—Sé por qué has venido.
—¿Lo sabes? —contestó Akili mientras se sentaba a su lado.
—¿Ves cómo se cierne la oscuridad sobre la luna azul? —le dijo, y Akili asintió—. Así es la vida de todo aquel animal que se niega a sí mismo, rodeado de oscuridad mientras cree que brilla con intensidad.
—No comprendo lo que me quiere decir.
—Aún eres demasiado joven para entender, pero pronto lo harás. No obstante, te advierto que hasta que no lideres tu manada, no hallarás la respuesta a mis palabras. —Entonces, la loca rana le miró con tal intensidad que Akili creyó que penetraba en su corazón—. Ahora debes escucharme con atención, pues el futuro de la sabana solo depende de ti. —El cachorro asintió de nuevo—. Pronto comenzarás un arduo camino para inculcar a quien te escuche la importancia de que nazca el sol. Sin embargo, antes deberás de aceptarte a ti mismo, sin temor a lo que sientes. —Akili desvió la mirada hacia su amigo, solo un instante, pues creía que ella lo sabía—. Una vez lo sepas, estarás preparado para partir.
—No lo entiendo, me hablas de la luna, de aceptarme… pero no me dices dónde está el sol.
—Tú ya lo sabes aunque creas no saberlo, pues cada día contemplas compungido la luna azul. ¿Por qué crees lo haces?
—No lo sé
—Sí lo sabes, cachorro, lo sabes bien. —Akili, entonces, cerró los ojos, bajó la cabeza y agachó las orejas—. Siempre has visto el tenue resplandor del sol tras la luna azul.
Jasiri y Uvimi, mientras tanto, continuaban inquietos, sin apartar la mirada de la loca rana, deseosos de que realmente supiera dónde estaba el sol.
—Mi función ha terminado. Ahora, debes regresar junto a tu manada para convertirte en el león que debes ser. —Y, dando por finalizado su cometido, brincó, dio una voltereta en el aire y se sumergió bajo las oscuras aguas de la charca.
Akili no tuvo más remedio que regresar junto al grupo sin alcanzar a comprender del todo las palabras de aquella loca rana.
—¿Qué te ha dicho? —preguntó Jasiri una vez lo tuvo de frente, pero este no supo que responder—. ¡Vamos, macho, cuenta! —insistió, pero continuó callado. —¿Dónde está el sol? ¿Dónde tenemos que ir a buscarlo? —le preguntó excitado, pues deseaba iniciar una nueva aventura junto a su amigo.
Akili, entonces, carraspeó, miró a los ojos a su amigo y le dijo:
—El sol está tras la luna azul, pero aún no podemos ir a buscarlo.
—¡¿Cómo?! —exclamó Jasiri, contrariado.
—Entonces, ella sabía dónde estaba el sol —dijo Uvimi sumamente aliviado.
—Sí, lo sabía. —Y, sin mediar más palabras, se dio media vuelta y comenzó a caminar hacia el escudo de gramíneas que franqueaba la charca. Jasiri, tras realizar un ademán de incomprensión a Uvimi, siguió a su amigo sin rechistar; y este, pensando que esta aventura era digna de ser contada, cerró la comitiva, deseando llegar cuanto antes a su hogar.

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Re: CI 1 - El león que buscó al sol tras la luna azul

Mensaje por Sinkim » 23 Oct 2015 10:52

Una bonita fabula y una buena forma de hacer ver a los niños que no hay que avergonzarse de ser como se es, aunque es posible que para un niño tan pequeño el mensaje no acabe de quedar tan claro :D

Toda la escena con las hienas me ha parecido genial, muy bien resuelta y con mucha tensión y con la sorpresa de que tengan que ser salvados por Uvumi en vez de que todo les salga bien :lol:
Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano.

:101: RECUENTO 2017 :101:

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Re: CI 1 - El león que buscó al sol tras la luna azul

Mensaje por Gavalia » 23 Oct 2015 12:46

El león que buscó el sol y tal y tal.
Interesante cuento que desde mi punto de vista es complicado de entender. Muy acertados los personajes (animales) así como por situaciones por las que pasan incluyendo la lucha a brazo partido. Aún así no lo acabo de entender. Lo siento autor pero el final es bastante confuso.
-¡Qué felices éramos hace quince años!
-Pero si en ese entonces no nos conocíamos.
-Por eso María, por eso... 8)

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Re: CI 1 - El león que buscó al sol tras la luna azul

Mensaje por Shigella » 23 Oct 2015 12:48

Este relato es el típico de todos los concursos que le encanta a todo el mundo menos a mí. Lo sé, y por eso no me remuerde la conciencia decir lo que no me ha gustado:

1. La narración se me ha hecho lenta y pesada. Y supongo que a un niño igual o más. (Me llama la atención que los diálogos, por el contrario, me han parecido fluídos)
2. Las escenas de acción y lucha se me han hecho interminables. Sobre todo para un relato corto y cuando todos sospechamos que va a terminar bien. :roll:
3.El final no lo he entendido del todo. Seré tonta, pero sólo he entendido que el león gay tiene que salir del armario, pero lo del sol y la luna, ni flores. :shock:

Como punto a favor, pues está bien la moraleja de que hay que ser uno mismo y tal. Pero no me entusiasma cómo está resuelto.

Hala, apaleadme.

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Re: CI 1 - El león que buscó al sol tras la luna azul

Mensaje por Ratpenat » 23 Oct 2015 12:49

Shigella escribió:Hala, apaleadme.
:402: :8_azotes:

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Re: CI 1 - El león que buscó al sol tras la luna azul

Mensaje por Shigella » 23 Oct 2015 12:51

Ratpenat escribió:
Shigella escribió:Hala, apaleadme.
:402: :8_azotes:
Tú ya me has acollejado hoy, no abuses. :no:

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Re: CI 1 - El león que buscó al sol tras la luna azul

Mensaje por Elisel » 23 Oct 2015 13:40

Shigella escribió:3.El final no lo he entendido del todo. Seré tonta, pero sólo he entendido que el león gay tiene que salir del armario, pero lo del sol y la luna, ni flores. :shock:
¿Eh? Pues yo de eso ni me he enterado :roll:

A mí es que me recuerda a El Rey León. Los leoncitos que se encuentran con las hienas, lo de no saber quién es, lo de que los encuentre el chivato de la manada... Es que estoy viendo a Simba, Nala, Rafiki y Zazú. En ese orden. Lo de salir del armario (si es que es eso) no lo he pillado :roll:

Me parece bonito y entretenido, pero algo confuso :roll: Igual necesito una relectura :mrgreen:
Leyendo: Un abogado rebelde (John Grisham)

Amor Sinfónico:http://www.harpercollinsiberica.com/hqn ... ico-detail

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Re: CI 1 - El león que buscó al sol tras la luna azul

Mensaje por Sinkim » 23 Oct 2015 13:53

Yo también he interpretado lo de ser uno mismo como salir del armario, sobre todo tras ver como reacciona ante algunas palabras y gestos de su amigo :D
Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano.

:101: RECUENTO 2017 :101:

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Re: CI 1 - El león que buscó al sol tras la luna azul

Mensaje por Shigella » 23 Oct 2015 16:02

Huy, pues yo eso lo he visto clarísimo. Lo que no entiendo es qué tiene que ver con el sol y la luna. ¿Que cuando se acepte a sí mismo será el jefe de su manada y el sol volverá a brillar mágicamente? :meditando:

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Re: CI 1 - El león que buscó al sol tras la luna azul

Mensaje por jilguero » 23 Oct 2015 16:18

Ella:
¡Me han encantado los leoncitos! :alegria:
¡Qué miedo escuchar a los payasos! :dragon:

Pero, ¿qué ha pasado al final? :shock:

No me gusta leer cuentos y no enterarme bien de lo que pasa. :(
¿Será que tengo que esperar a ser mayor como le ha dicho la rana al cachorro de león…? :roll:

Si hacen una peli de dibujos animados, iré a verla con mis padres. Estas historias les gustan muchos a ellos y mamá hasta llora al final. :wink:
El esfuerzo para llegar a las cimas basta
para llenar un corazón de hombre



Los hilos de Ariadna :60: El niño del tirachinas

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Agüita y fanguito de mis entretelas forever

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Re: CI 1 - El león que buscó al sol tras la luna azul

Mensaje por Ratpenat » 23 Oct 2015 16:28

Lectura quinta: El león (...) azul

-Buenas tardes, Lord Fledermaus.
+Buenas tardes, doctor Piruleta. ¿Le ocurre algo? Tiene cara de enfadado.
-Pues sí, he estado recopilando los resúmenes previos a los relatos para conocer los argumentos de los relatos y me he topado con que un forero llamado Mr. Sogad ha realizado un resumen casi más largo que el propio relato :evil: He recogido también la de un forero muy atractivo de cuyo nombre no recuerdo.
El león verde que ruge elegantemente pero sin cesar escribió:Cuenta la historia de Anura, un león ciego que era capaz de ver con los ojos de la mente, utilizando su imaginacaión. Estaba feliz de poder imaginar casi cualquier cosa que su manada le describío, pero había cosas que se le escapaban, como el sol, la luna y las estrelas, con lo bonito que debía ser ver aquello. Un día conoció a una leona soñadora que tenía tanta imaginación como él, y ella se empeñó tanto en lograr que él pudiera ver en su mente la luna y las estrellas que se impuso esa tarea . Sin que Anura se diera cuenta, las palabras de la leona lograron que en su mente se firmara una luna azul muy hermosa, tanto que quedó prendado de su belleza y pensóq ue ya no necesitaba saber cómoe ra el sol. Sin embargo, la leona desapareció un día y Anura pensó que lo mejor que podía hacer para recordarla sería lograr recrear el sol en su mente, pues estaba convencido de que si la luna azul era tan bonita el sol que podría nacer en su imaginación podría superarla. Anura logró su objetivo el día que la leona regresó, después de haber sido encerrada en un zoo por varios años. Anura decidió que el sol era exactamente igual a la alegría de haber reencontrado a la leona.
Un forero así guapete escribió:El título es más largo que el relato, creo
+Pues no es muy inteligente el segundo argumento. No es ni siquiera un argumento o un resumen del relato ¡Ay, Dios mío! Pero bueno, parece que se espera que vaya de leones.
-Y de leones va.
+¿Cuál es su opinión, doctor? Que siempre empiezo yo... Y luego me critica que no me gusta nunca el relato, ¿a usted le gusta este?
-Me gusta, sí, sobre todo el principio. Me gusta el maldito principio, muy digno de aprecio para cualquier chiquillo.
+El principio, ¿y luego?
-Y luego... sigue bien.
+Bien, pero se le va la frescura. Los terribles adjetivos pululan por la densa maraña de oscuras palabras de rebuscado corte.
-Bueno, sí, pero no está mal.
+No está mal, no. Pero la pelea...
-La pelea no me gusta.
+¡Es que eres lo peor, milord!
-Y tú, ¿crees que ganaría este relato?
+No, realmente no. Si un relato parece no ser del todo de niños, Julia lo rechaza en cero coma.
-La leche, no hay manera :?

Shigella
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Re: CI 1 - El león que buscó al sol tras la luna azul

Mensaje por Shigella » 23 Oct 2015 16:34

Ratpenat escribió:Los terribles adjetivos pululan por la densa maraña de oscuras palabras de rebuscado corte
:cunao:

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triste
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Re: CI 1 - El león que buscó al sol tras la luna azul

Mensaje por triste » 23 Oct 2015 22:08

Me pasé leyendo con los ojos como platos, intrigada, divertida y después temerosa de que le pasara algo a los leones rebeldes por escaparse solos. Lo de las hienas me pareció muy Rey León al principio, pero la parte en la que se narra la acción es taaaan buena que se me olvidó que primero había pensado que eso de un león y un "payaso" estaba muy gastado. Tiene todo y lo tiene bien. Me ha gustado mucho mucho mucho. Además de aventura, entraría también en la categoría de "LGBT para niños", algo que no se escribe mucho y mucho menos de una manera tan divertida, odio que cuando se hable de eso en la literatura para niños (en la de jóvenes ya se hace mucho mejor) sea de una manera cursi y tonta. Gracias a quien sea que escribió esta historia, y ojalá haya una continuación en LFE, me encantaría leerla.

(Ah, y claro que es un relato que entra en el límite de 11-12 años, no me parece que tenga un lenguaje rebuscado o denso y mucho menos que haya en él algo que dificulte que un niño entienda el mensaje y siga la aventura.)
Aquí yace un pájaro.

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Iliria
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Re: CI 1 - El león que buscó al sol tras la luna azul

Mensaje por Iliria » 24 Oct 2015 00:09

Otro relato que veo para niños más mayores. Pienso que recreas muy bien la noche en la sabana (¿ves muchos docus de leones? A mí también me gustan :60: )
Cuidado con alguna palabrita por ahí: "flanco" en lugar de "franco"; "arrojo" en vez de "arrogo"... pero son detallitos pequeños.
Me ha encantado cómo se desarrolla el relato, pero no me ha quedado muy claro el final: ¿aceptarse a sí mismo? ¿aceptar su inclinación sexual? No he comprendido tampoco la relación del sol con el relato. Si simboliza algo sólo para el león ¿por qué afecta a toda la manada?
Pero aun así me ha gustado mucho en su conjunto. Te deseo mucha suerte, autor/a :60:

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Re: CI 1 - El león que buscó al sol tras la luna azul

Mensaje por blinder » 24 Oct 2015 00:59

Bueno, pues Elisel parece que hubiese escrito mi comentario porque me pasa exactamente lo mismo:
Elisel escribió:
Shigella escribió:3.El final no lo he entendido del todo. Seré tonta, pero sólo he entendido que el león gay tiene que salir del armario, pero lo del sol y la luna, ni flores. :shock:
¿Eh? Pues yo de eso ni me he enterado :roll:

A mí es que me recuerda a El Rey León. Los leoncitos que se encuentran con las hienas, lo de no saber quién es, lo de que los encuentre el chivato de la manada... Es que estoy viendo a Simba, Nala, Rafiki y Zazú. En ese orden. Lo de salir del armario (si es que es eso) no lo he pillado :roll:

Me parece bonito y entretenido, pero algo confuso :roll: Igual necesito una relectura :mrgreen:
Lo del león gay no lo he pillado y el final me he quedado "¿pero, ya?".

Lo siento autor, no me convence. Necesito relectura.
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Mis relatos: Paginas mudas
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