CP XI Love me tender - Bass

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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lucia
Cruela de vil
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CP XI Love me tender - Bass

Mensaje por lucia » 17 Abr 2016 22:38

El amor y la locura son los motores que hacen andar la vida. Marguerite Yourcenar
LOVE ME TENDER

Otra noche más sin dormir. Como el día anterior. Como los últimos cuatro meses atrás. Conciliaba el sueño cuando los primeros rayos de sol iluminaban el polvo suspendido sobre aquel viejo sofá.
Mi vida con Alice fue muy dura. Dos años de matrimonio que se convirtieron en una tortura. Nunca aprobaba ninguna de mis iniciativas, ni dejaba que compartiera con ella mis aficiones. La mujer risueña que conocí en aquel festival de música country se había convertido en una voz de contestador embutida en un cuerpo inerte. “Te he dejado la cena en la cocina”, decía con tedio cuando me veía entrar por la puerta. Apagaba la televisión y subía a la habitación. Ella en la cama y yo sufriendo viendo los Tennessee Titans en la tele. Dormíamos en colchones separados.
El divorcio no fue mucho mejor. Jamás me opuse a su idea de poner fin a ese error y hasta quise dejarle la camioneta, pero Alice se empeñó en llevarse a Sarah. Tenía 16 años y era una auténtica muñeca. Su melena rubia y esos ojos oscuros le conferían un aspecto interesante, profundo. Además, se estaba convirtiendo en toda una señorita y apostaría a que más de uno en su clase ya se había dado cuenta de sus encantos. Sarah era fruto de un matrimonio anterior de Alice con un sabihondo de Nueva York, aunque eso a mí nunca me importó. No llevaba mi sangre, pero quería a esa mujercita como nadie en el mundo le quería. Ni su propia madre.
Nunca me había ido bien con las mujeres. Aquella profesora de Memphis y la guía turística de Orlando que apenas se esforzaba por venir a verme. Y Alice. Quizá por eso en Sarah encontré un corazón sobre el que apoyarme de verdad. Nos entendíamos a la perfección, o al menos todo lo bien que pueden entenderse un tipo de 44 años y una quinceañera. Desde su marcha ya nada volvió a ser igual; perdido, me pasaba los días buscando siluetas a las que no podía acariciar.
Por eso me fui de mi casa. Por eso y por el cabrón de Perkins. Más de veinte años trabajando en su empresa de “logística rural” y me echó a la puta calle tras mi separación con Alice. “No puedo permitir que un ser como tú pueda seguir a mi lado”. Con todo en mi contra, cerré mi casa de Ridgetop, al norte de Nashville, y me fui. Maldito Perkins…
No supe muy bien por qué elegí mi destino, o al menos no consciente, pero ya llevaba cuatro meses en Wickenburg y empezaba a reencontrarme. Era un pueblecito muy tranquilo -demasiado- pero que me permitía desarrollarme como antes no podía. Las noches, eso sí, seguían siendo territorio hostil para esa parte de mí que necesitaba recargar las pilas, aunque al menos ahora tenía las excusas del calor del desierto y un colchón destartalado. Además, mi cerebro siempre bullía cuando el sol se retiraba en busca de su descanso.
—No había visto por Arizona nadie con tanta afición por los monitores como usted, señor Glen.
—Nadie me dijo que este desierto era tan jodidamente grande hasta para comprar una jodida revista —repuse socarrón.
—Y que siga así, amigo —dijo Phil, un viejo vendedor de electrodomésticos a medio camino entre Wickenburg y Phoenix al que solía recurrir cuando necesitaba cualquier cosa para mi nuevo hogar en medio de la nada—. Suerte con el negocio, sea el que sea, señor Glen.
Andy, el hijo del añoso comerciante, me ayudó a colocar los dos monitores de 24 pulgadas en los asientos traseros de mi Ford F-150 del 89. El chaval pasaba de los 30 años, pero se defendía en la tienda peor que un crío aún sin destetar. Apenas hablaba con la clientela y se escondía en la trastienda en cuanto veía oportunidad, sin embargo, siempre ayudaba a su padre a cargar con cajas y se ofrecía a acompañar a los clientes hasta el coche con la compra.
—¿Son palas de campo? —habló por primera vez Andy aquel día, al pasar su mirada por la plataforma trasera de la camioneta.
—Trabajaba con ellas en Tennessee —le dije mientras encendía un cigarrillo y le ofrecía la cajetilla. No quiso—. Allí se podía sacar provecho del suelo, chico. Aquí no tenéis una mierda.
La respuesta pareció incomodar al joven, pero no me importó en absoluto. ¿Por qué iba a reprimir una cosa que era verdad? Me despedí de Andy, que bajó la cabeza y cruzó de nuevo sin aspavientos la puerta que había bajo el polvoriento letrero de COPPERSMITH & SON. Cuando encaré la salida del aparcamiento, vi cómo padre e hijo interrumpían su cuchicheo para saludar de un modo forzoso. No dudé en apretar el acelerador por la Interestatal 17 rumbo a Wickenburg. Quería dejar las dos pantallas en casa antes de acudir a la de los Rhodes.
Me ganaba la vida ayudando a los vecinos de la zona con algunas chapuzas para sus hogares y arreglos mecánicos para sus coches hasta que encontrara algo estable. La casa de Arthur y Betty Rhodes, dos sexagenarios encantadores, era lo más cercano a una mina de oro que iba a encontrar en esas áridas tierras. Era una edificación sencilla, de doble planta, que no había soportado del todo bien el paso del tiempo. La casa era de los padres de Betty, que fallecieron años atrás; ahora, ambos jubilados, habían optado por dejar Phoenix para pasar, como decía Arthur, “los últimos calores” en el pueblo en el que vivieron y se conocieron en la juventud.
—Come bien, Bill. Me ha dicho Arthur que hoy tenéis que vaciar el garaje antes de empezar a pintar y colocar estantes.
—No se preocupe, señora Rhodes. Un par de semanas más comiendo con ustedes y voy a terminar preocupándome por mi figura —dije dando buena cuenta del estofado que había preparado.
—Hijo, cuando una mujer te llena el plato, es que quiere algo a cambio —soltó entre carcajadas Arthur mientras Betty acertaba en el hombro de su marido con el paño de cocina.
Pasaba la mayoría de las tardes en casa de ese matrimonio. Era agradable completar trabajos para ellos. Cambiaba las viejas tuberías por otras nuevas, reparaba la instalación eléctrica, pintaba y acondicionaba todas las estancias… eran encargos costosos de hacer para alguien entrado en años, pero más soportables para un tipo curtido en tareas físicas como yo. Además, no me pagaban nada mal. Imaginaba que, tras tantos años absortos en su trabajo en la ciudad, sentían que habían encontrado un primer amigo en esta nueva etapa lejos del bullicio de la urbe. A nadie le gusta la soledad.
Siempre insistían en que me quedara a cenar después de cada jornada de trabajo, aunque la mayoría de las veces optaba por irme a mi casa. Aquel día, sin embargo, hice una excepción. A mí tampoco me gustaba la soledad, y menos la del desierto, y esa pareja era lo más parecido a unos amigos que había encontrado en Arizona. Ellos hablaron acerca de la fulgurante carrera de su hijo como abogado en Tucson y la clínica veterinaria de su hija en Phoenix; mi historia, claro, versó sobre la pequeña Sarah y lo felices que éramos compartiendo momentos juntos.
Aquella noche tampoco pude dormir. No tardamos mucho en cenar y regresé temprano a casa. Los Memphis Grizzlies visitaban Phoenix y la fortuna quiso que la NBC televisara el partido en abierto. Por un momento sentí nostalgia de mi casa, mis recuerdos, pero la imagen de Alice terminaba por agriar cualquier diapositiva formada en mi cabeza. Cuando agoté el último trago de mi Budweiser y levanté la botella en señal de victoria emulando al alero de Memphis, recordé que había dejado horas atrás los dos nuevos monitores en el sótano. Mi nueva casita en Wickenburg era muy sencilla: una pequeña vivienda de una sola altura con las estancias necesarias y una puertecita por la que descender a un sótano más agradecido. Era ahí donde guardaba toda la mierda tecnológica. Arriba, además de falta de espacio, parecía que se achicharraban a los dos minutos de estar encendidos. “Puto desierto, ni en mi propia casa me deja tranquilo”.
Descendí por las escelaras no sin antes tomar ciertas precauciones, pues las cervezas habían sido especialmente facilonas aquella noche. Una vez abajo, desprecinté los dos monitores que había comprado en la tienda del viejo Phil y los situé junto a los demás. “Mierda”, exclamé al ver que la conexión no funcionaba y las nuevas pantallas no recibían señal. No eran horas para arreglar nada, así que decidí dejarlo para el día siguiente. Además, ahora tenía que ocuparme del resto de terminales.
No llevaría ni dos horas dormido cuando unos rayos de sol hicieron que maldijera en sueños y me diera media vuelta. Me había quedado traspuesto en la silla que gobierna la cohorte de pantallas, por lo que mi movimiento torpe hizo que uno de los monitores terminara en el suelo, acompañándome. Maldiciendo ya en alto, logré reponerme y revisar posibles daños en el aparato hasta mi cita con los Rhodes.
Dejé la camioneta a la altura de la casa de Arthur y Betty. Llegaba tarde, pues me había entretenido comprobando tanto los dos monitores nuevos como el que había tirado al suelo horas antes. Llamé con insistencia, con ganas de disculparme ante la pareja y ponerme a trabajar cuanto antes, pero no abrió nadie. Rodeé el perímetro de la vivienda, escudriñando ventanas y probando la puerta trasera. Todo cerrado. Cuando me disponía a regresar a la Ford F-150, unos golpes en la puerta principal de la casa interrumpieron el particular silencio del desierto. “¿Señor Rhodes? ¿Señora Rhodes? ¿Hay alguien en casa?”, una voz singular, familiar, aporreaba la puerta mientras solicitaba la presencia del matrimonio.
Esa repentina aparición me había pillado en la parte trasera de la vivienda, así que sin hacer mucho ruido fui caminando por uno de los laterales de la casa hacia la entrada principal. Cuando faltaban dos o tres metros para dar con el porche, vi un coche con la palabra SHERIFF gobernando el lateral del vehículo. “Policía de Arizona, si están ahí, abran la puerta”. Esa voz la había oído en otra parte, aunque no lograba recordar su dueño; el viento que se estaba levantando tampoco ayudaba a visualizar el agente, que, sujetándose el sombrero y viendo que sus esfuerzos por encontrarse con el matrimonio eran en vano, se acercó al vehículo, dio un aviso por radio y acabó marchándose.
“Puto desierto”, pensé cuando entré en mi Ford, una vez desapareció el sheriff en el horizonte. No me refería tanto al plantón de los Rhodes, tanto a mí como al policía, sino al vendaval de arena que ya presidía en Wickenburg y que hacía difícil ver más allá del morro de la camioneta.
No se estaba poniendo agradable el día, pero tenía que solucionar el problema de la conexión de las nuevas pantallas. Al haber comprobado por la mañana que no era culpa de los monitores, decidí acercarme al otro punto donde podría encontrarse el error: las cámaras que tenía instaladas a las afueras del pueblo. Resté importancia a la ausencia del matrimonio vecino, pues supuse que habrían visto anunciar este maldito temporal al meteorólogo de las mañanas de la NBC y habrían optado por hacer una visita a su hija en Phoenix, así que encendí el casete con una cinta original de Elvis Presley y encaminé la furgoneta rumbo a las cámaras. Llegué a mi destino de otro humor, tarareando las canciones y concluyendo con una sonrisa que los Rhodes habían sido los más listos del lugar, desapareciendo del pueblo en un día perro como éste.
La plaga arenosa me permitió manipular con cierta tranquilidad las pequeñas cámaras. Como era de esperar, no dejaba ver la figura que el objetivo apuntaba, por lo que me acerqué a ella. La ventana, bastante elevada con respecto del suelo, se coronaba con facilidad con un par de gruesas cajas que seguían tras el árbol, tal y como las dejé la última vez. No llegué a estar bien aupado cuando un chirrido se hacía hueco entre el espeso silbido de la arena. Un baile de sirenas y luces rojas y azules se detuvo a pocos metros de donde me encontraba, justo al lado de mi camioneta.
—Policía de Arizona, baje de la ventana y ponga las manos en alto —gritó a través de un megáfono una silueta junto al vehículo policial. Era esa voz, esa voz conocida, una vez más—. No haga más tonterías y entréguese.
Hice caso omiso e intenté romper el ventanal con una de las palas que había bajado de la furgoneta, pero la voz, además de familiar, era rápida, y acertó a la primera con una bala en mi hombro izquierdo, cayendo al suelo mientras me retorcía de dolor.
—¡Quién eres, hijo de puta! —grité cuando la figura se abalanzó sobre mí y me esposó—. ¡Qué cojones quieres de mí!
—Agente Coppersmith, capullo —dijo una vez se había asegurado de que yo estaba esposado e inmovilizado —. William Glen, queda detenido por varios delitos de acoso y asesinato.
* * *

—Soy su abogado, señor Glen, pero no puedo ayudarle si usted sigue sin colaborar.
—Qué más le da, voy a ser condenado de todos modos.
—Dígame al menos por qué mató a Arthur y Betty Rhodes.
—Sabían demasiado.
—¿Demasiado? ¿A qué se refiere?
—Sobre Sarah.
—Sobre Sarah y sus visitas a su ventana, ¿no? Y sobre cómo logró usted esquivar la condena por abuso sexual en Tennessee hace casi un año, ¿me equivoco?
—¡Cállese, imbécil!
—Mire, señor Glen, quiero ayudarle, pero si no me cuenta la verdad, esto es inútil. Esta mañana han encontrado un nexo entre la muerte de los Rhodes y la de Lewis Perkins en Ridgetop hace unos meses. Dígame, William, usted conocía al señor Perkins, ¿verdad?
—¿Perkins? No me suena…

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Dama Luna
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Re: CP XI Love me tender

Mensaje por Dama Luna » 19 Abr 2016 12:04

No está mal llevado, pero creo que haría falta algún nexo para que el lector vaya uniendo piezas antes de que el shérif nos cuente lo que ha pasado. Se proporciona demasiada información que no es estrictamente necesaria y falta algo que dé pie a encajar las piezas antes de llegar al final.
Formalmente está bien llevado, aunque siempre es una buena idea leer en voz alta el texto para evitar rimas y cosas así, que afean innecesariamente el resultado.
Suerte!

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Isma
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Re: CP XI Love me tender

Mensaje por Isma » 19 Abr 2016 12:40

No me ha gustado mucho. Durante un buen rato he estado leyendo sin saber: el núcleo del relato se revela al final, y no veo razón para que se oculte hasta entonces. Por otro lado, siendo una narración en primera persona es muy raro que el protagonista nos oculte datos. Que él se cree una realidad ficticia es una cosa (por ejemplo, que piense que siente afecto por Sarah, cuando en realidad es acoso), pero otra muy distinta es ocultarnos detalles importantes, como el asesinato de su antiguo patrón y de los dos viejecitos, o el propósito de los monitores de vigilancia del sótano. Si fuera un diario, aún se podría pensar que no quiere dejar por escrito nada que lo incrimine, pero no lo es. La sorpresa no me parece tan importante como que haya una coherencia creíble en el relato.

No obstante, el personaje me ha parecido creíble, con un lenguaje adecuado, y los lugares que describe también me han parecido bien descritos.

¡Suerte!

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Isma
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Re: CP XI Love me tender

Mensaje por Isma » 19 Abr 2016 12:43

Dama Luna escribió:Formalmente está bien llevado, aunque siempre es una buena idea leer en voz alta el texto para evitar rimas y cosas así, que afean innecesariamente el resultado.
Coincido con Dama Luna. Por ejemplo, nada más empezar:

Mi vida con Alice fue muy dura. Dos años de matrimonio que se convirtieron en una tortura.

Parece un rap :lol:. Es buena sugerencia lo de leer el texto en voz alta.

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Ororo
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Re: CP XI Love me tender

Mensaje por Ororo » 19 Abr 2016 16:10

Un relato que no está mal. Me he creído al protagonista desde el principio, creo que está contado con la serenidad y propia perspectiva adecuadas como para colarnos a este personaje.

El misterio de qué pasa con este tío me ha mantenido en vilo, y eso me ha gustado, aunque desde el principio se cala que el amor por su hijastra no es tal. También da el autor otras pistas a través de las reacciones de los demás personajes, los monitores, echarle del trabajo…

La redacción está bien, es correcta y con un tono americano que le da el toque de ambientación necesario, tanto en cómo hablan –quizá un poco peliculero- como en el día a día.

Sin embargo, he visto palabras de más. Perdona que te las apunte aquí, pero son tonterías fáciles de ver y que creo que mejoran la redacción:
“Como los últimos cuatro meses atrás”, pues si son los últimos, son los de atrás.
“Por eso me fui de mi casa”, me fui de casa y sensacabó, no?
“Se defendía en la tienda peor que un crío aún sin destetar”
“Ayudaba a su padre a cargar con cajas”, cargar cajas, yo diría.

Son tonterías muy grandes, ya lo sé, pero si me he dado cuenta, será por algo. Te lo digo porque, en general, la redacción está muy bien y me chocan estas reiteraciones. Me molestan! :cunao:

La trama no está mal, quizá podría perfeccionarse su desarrollo añadiendo puntos de interés y descubrimiento por parte del lector, pero yo he visto a ese hombre ajeno a que le están persiguiendo y a que huyen sus congéneres de él.

Tengo que decir que al principio, al leer Memphis y el título Love me tender, pensé que sería algo sobre la vida de Elvis, pero no. Sólo aparece su canción.

En definitiva, no está nada mal.

Edito: la cita no me cuadra nada con el texto. Me lleva a pensar que el amor y la locura mueven el mundo, que son factores importantes para que la vida continúe en un sentido positivo. Si bien en el relato aparecen supuesto amor y locura, son en sentido bastante, bastante negativo :meditando:
No soy lo que escribo; soy lo que tú sientes al leerme.

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Re: CP XI Love me tender

Mensaje por Frigg » 19 Abr 2016 16:33

A mí me ha entretenido... Es cierto que hay cosas que mejorar, como las que ya te han comentado otros compañeros que entienden más que yo, pero creo que tienes una manera fluida de contar las cosas. También me hubiera gustado que fueras dando pistas, jugando con el lector por caminos acertados o erróneos, pero realmente eso es muy difícil de conseguir.
Prefiero los textos con fallos que me cuentan historias a aquellos que están formalmente perfectos y me dejan igual que estaba, así que te doy la enhorabuena autor/a, porque hay cosas que se estudian y se aprenden, pero la capacidad de contar historias de manera amena no todo el mundo la tiene.
“Mientras dure la vida, que no pare el cuento.”
Carmen Martín Gaite

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MomoEnSilencio
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Re: CP XI Love me tender

Mensaje por MomoEnSilencio » 19 Abr 2016 18:07

Coincido con algunos compañeros en sus opiniones: el personaje, tal como se presenta, y la narración, hacen creíble el relato. Me ha resultado muy fácil situarme en las escenas y en la mente del protagonista. Creo que está bien narrado, salvo algunos fallos muy leves.

Por otro lado, me gusta leer cosas originales, que me sorprendan, y aunque este relato es correcto, no me parece nada novedoso. Me recuerda a cualquier episodio de series televisivas o al argumento de muchas películas.

En resumen, bien escrito pero sin originalidad en la historia
Su mayor virtud, escuchar al mundo
Jirones de inspiración

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Landra
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Re: CP XI Love me tender

Mensaje por Landra » 19 Abr 2016 18:23

Yo he estado enganchado de principio a fin. Es cierto que hay cosas por mejorar y que por el medio podías haber dado pistas a cerca de la realidad del personaje. Pero ha sido una lectura entretenida y amena.

Un saludo!
Dos más dos igual a cinco, de toda la vida.

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ACLIAMANTA
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Re: CP XI Love me tender

Mensaje por ACLIAMANTA » 21 Abr 2016 16:35

Me enganchó desde las primeras frases y pasé un buen rato leyéndolo.
Está bien escrito y se lee fácil aunque la historia no me sorprendió y al final quedé con la sensación de haber visto un capítulo más de una serie de tv americana.
Para cuando me ves tengo compuesto,
de un poco antes de esta venturanza
un gesto favorable de bonanza
que no es, amor, mi verdadero gesto.

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zilum
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Re: CP XI Love me tender

Mensaje por zilum » 21 Abr 2016 19:29

Hola autor/a,

Primero quiero destacar que a nivel literario he disfrutado con este relato de principio a fin, lo que, para mi gusto, mantiene el interés que con el paso de las líneas iba perdiendo la trama. Al giro final creo que le falta consistencia, para mí la parte más floja. La personalidad de Glen no me dio muchas pistas sobre lo que realmente era, un acosador y asesino, y que se sorprendiera al comprobar que no "estaban" en casa los Rhodes también se me hace extraño, salvo que tenga doble personalidad . Tampoco se desvela qué es lo que lo delata ante la policía.

Tal vez con una conversación final con el abogado más extensa y reveladora, el relato ganaría mucho.

Esa es mi valoración sincera, pero con tu forma de escribir tienes arma de sobra para vengarte de mi crítica en futuros escritos.

Muchas suerte! :60:

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Re: CP XI Love me tender

Mensaje por Gavalia » 22 Abr 2016 19:37

La historia me parece buena aunque creo que buscar la sorpresa proponiendo sorpresas no te ha funcionado del todo bien. Lo del final con la aparición de su exjefe, el tal Perkins, colmó un poco mi descoloque. Que conste que me ha gustado leerte, haces un uso magnífico del lenguaje consiguiendo que la lectura sea fluida, pero la estructura falla, porque a mi criterio hay demasiadas lagunas de información que confunden durante la lectura antes que causar algún tipo de reacción positiva por parte del lector. A mi me ha parecido entretenido, y en un principio llegué a ilusionarme con tu trabajo pensando que estaba leyendo "el relato" pero se desinfló transformándose poco a poco en una serie yanki de tv.El personaje principal creo que esta muy conseguido. Gracias por compartir.
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Re: CP XI Love me tender

Mensaje por ciro » 22 Abr 2016 20:40

Aspecto formal: bastante bien. Lo de Ororo me parece rizar el rizo. Hay críos destetados y se puede salir de una casa ajena, digo yo, igual me equivoco...No creo que sea como para molestar, aunque cada uno se molesta con lo que quiere.
Argumento: a mi (soy muy reiterativo con el "a mi", pero quiero dejar claro que es mi opinión y nada más), me parece un buen argumento. Yo no creo que nos quiera sorprender con las mentiras del asesino, sino que el propio asesino se cree lo que está escribiendo. Vamos que tiene un trastorno disociativo de la realidad. Con esa premisa, encuentro totalmente coherente el argumento.
El pueblo debe desconocer siempre dos cosas: con qué se hacen las salchichas y como actúan los estados

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Re: CP XI Love me tender

Mensaje por Fernweh » 23 Abr 2016 01:28

:hola:
Destaco la fluidez con la que escribes, y la facilidad con la que se muestran las escenas al leer sin necesidad de largas descripciones. A mí me ha quedado bastante claro que Glen no está muy bien de la cabeza y se cree sus propias mentiras o bien tiene doble personalidad, por eso cuando escucha la voz del sheriff, le suena, pero no recuerda de qué. Tambien he notado desde el primer momento que el afecto que Glen siente por su hijastra no era del todo sano, de hecho enseguida he pensado en Lolita mientras la describía. En resumen, me ha gustado.
:60:
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Re: CP XI Love me tender

Mensaje por Mister_Sogad » 23 Abr 2016 08:21

Hostia autor/a menuda sorpresa, y mira que estos giros se estilan en los cocursos, pero hoy me has pillado. Bien hecho. Me gusta como has narrado la historia, aunque reconozco que no tenía muy buenas espectativas conforme desgranabas la monotonía de tu protagonista, pero oye lo has hecho bien porque no me han dado ganas de dejar de leer y eso significa, como digo, que has narrado bien todo, y eso siempre hace que no pierda mi interés. Si hecho en falta algo, has jugado quizá demasiado al despiste, con lo que me he aburrido un poco en la primera parte, tal vez no hubiera ido mal meter algun anzuelo para que el lector piense varias cosas distintas, a mí me resultaba raro que el tipo se llevara bien con una adolescente con la que no le unía consanguineidad, pero no imaginaba lo que había, más bien lo achaqué a la madre de la muchacha. Si que me ha resulatdo intrigante lo de los monitores y el sótano, por ahí he empezado a interesarme más, de hecho creo que hubiera estado bien que hubieras alargado más el relato para seguir tirando de ese hilo, sobre cosas que hacia Glen que fueran un pelín raras, por ejemplo, al final, con eso de ir a ver las cámaras me has dejado intrigado totalmente e invirtiendo en cosas de ese estilo con mayor desarrollo me hubieran encantado, seguro.

Me tendrás de vuelta autor/a. :60:
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Re: CP XI Love me tender

Mensaje por Berlín » 23 Abr 2016 08:42

Lo que no entiendo es por qué acude a la casa de los viejos como cada dia si luego le dice al sheriff que se los cargó porque sabian demasiado. Es incongruente. Y en el interrogatorio final se nota que tambien se acuerda de su jefe, de Perkins, lo que se hace el distraido.
En fin, el tipo es un hijo de puta acosador de niñas y la mujer lo deja por eso y el jefe lo despide porque no quiere tener un "ser" asi cerca de él, a partir de aquí a mi me hubiese gustado "ver" la trayectoria de este tipejo contada de verdad, ya me entiendes. Sin engaños.

Aunque del ser humano ya no me sorprende casi nada, me hubiese gustado ver el camino de este asesino enfermo, eso me gusta más que los fuegos artificiales.
Cosas buenas: pues por momentos tu forma de escribir, la ambientacion y eso me ha sabido un poco a King y como este autor tiene algunos librillos que me gustan pues lo he disfrutado.
De errores no he visto muchos, al menos no me han sangrado los ojos.
De todas maneras reconozco que la historia me ha resultado interesante y que está muy bien escrito ¿ok?

suerte y un abrazo..
"Que escribir y respirar no sean dos ritmos diferentes"

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