Underground's fly (I terror) Takeo

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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julia
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Underground's fly (I terror) Takeo

Mensaje por julia » 08 Oct 2007 21:51

Aquella mosca había conseguido introducirse en el laberinto de túneles oscuros del metro. Volaba cruzando las estaciones sin ningún rumbo, sorteando los trenes, posándose en los hombros que encontraba.

La noche caía en la calle y se traslucía a los andenes por la escasez de público que disminuía aceleradamente. Las puertas se abrieron justo delante de él. Luís entró y recorrió con la mirada en busca de un sitio tranquilo pero, por suerte, sólo había una chica, Anita, en el otro extremo del vagón. La observó un instante antes de sentarse en el asiento junto a la puerta. El aire penetraba caliente, como si se hubiese condensando en aquel espacio todo el calor agobiante que se había adueñado de la ciudad aquel día de verano. Por las ventanas abiertas penetraba el ruido duro de las ruedas surcando los raíles de hierro, rompiendo la monotonía del viaje.
Abrió el libro y comenzó a leer:
“Cierto es que más tarde, como todas las noches, cerraron las puertas de la ciudad, pero logrando así que el miedo quedara completamente recluido dentro de sus muros; opresivo como un pútrido vaho de pantano, el presentimiento de algo terrible se cernía sobre las casas enmudecidas y a oscuras y, como un manto sofocante, se abatían las sombras sobre la ciudad perdida, que se consumía en el espanto y el horror…” (*)

En una curva, un chispazo iluminó el ambiente. Una chispa eléctrica rozó a la mosca lanzándola despedida en vibraciones contra la pared, rebotando tras el golpe hacia el vagón arremolinada en el aire. Cayó al suelo entre dos bancos y movió tímidamente las alas.

Anita estaba preocupada por la hora: ya era tarde. Levantó la mano para comparar la rapidez del minutero con la lentitud del metro, aunque su velocidad fuese la de todos los días. Luís la miró y, cuando se iban a cruzar sus miradas, apartó sus ojos hacia el libro, cruzó las piernas y alisó la raya del pantalón.

La mosca desperezaba el aturdimiento haciendo temblar levemente sus alas. Experimentó en su interior que su cuerpo había aumentado de tamaño y las patas la elevaban del suelo unos milímetros más que antes de caer dentro del vagón. Sintió vértigo.

Luís se vio reflejado en el cristal de la ventana. Después de contemplarse un rato se atusó el pelo, arregló el cuello de la camisa, dejó caer el libro sobre su rodilla y volvió a mirar a la chica que, de nuevo, se disponía a comprobar la hora. Los nervios se le escapaban por las manos y quiso abrir el bolso para coger un cigarrillo pero el letrero de prohibido fumar relumbró en el cristal de la puerta.

Ya había alcanzado el tamaño de una rata, envió mensajes que no llegaron a ningún destinatario, un mensaje de socorro que intentaba transmitir su sorpresa al ver cómo su cuerpo estaba sufriendo aquella metamorfosis. Continuaba sintiéndose igual que siempre: una mosca, pero más fuerte. Las alas intentaron en vano por primera vez iniciar el vuelo, las movía con todas sus fuerzas pero no conseguía elevarse. Quizá ahora debería realizar un esfuerzo mucho mayor que cuando era una mosca vulgar, sin otra importancia que su propio ser incógnito.

—¡Aaaahhhh! —Anita gritó levantándose de un salto de su asiento y tapándose la cara. Luís, instintivamente dejó caer el libro al suelo y abandonó su asiento preguntándole con un gesto el motivo del susto que acababa de darle. La chica señaló con el dedo y Luís se volvió. La mosca tenía el tamaño de una gata, con su trompa amenazante moviéndose a un lado y otro. Luís corrió a reunirse con Anita al otro lado del vagón.
—¡Qué es eso! ¡Qué es eso!
—Tranquila, mujer, no pasa nada. No grites, por favor.
—¡Qué es eso!
—¡Que no grites!
Anita se acercó a la puerta y comenzó a golpearla.
-¡Quiero salir! Por favor, abran la puerta.

Sus patas crecían robustas por lo que podían soportar fácilmente su volumen creciente. Hizo una prueba para verificar las posibilidades de movimiento y resultó positivo: avanzaba. Tenía que salir de allí pero debía encontrar a alguien que la ayudase a resolver el problema. La mosca seguía emitiendo el programa de socorro sin recibir respuestas. Y caminó pausadamente.

—Se está moviendo, viene hacia nosotros…
Anita dejó de golpear la puerta para comprobar lo que decía Luís. En un instante comprendió que no tenía sentido seguir golpeándola: nadie la escuchaba y parecía que aquel tren no tenía destino, que todo sería un sueño en donde el metro no tenía paradas establecidas. Miró a su compañero que observaba asombrado al monstruo que crecía por momentos.
—¿Qué podemos hacer?
—Voy a intentar llegar a la alarma. Tú controla sus movimientos y trata de entretenerla ¿de acuerdo?

Alguna vez había visto un ternerillo y lo había sobrevolado pero nunca se le había ocurrido pensar cómo se sentiría tan grande y sin oportunidad de volar, como ella ahora. Al avanzar arrastraba las patas y su sonido se mezclaba irritante a sus silbidos ensordecedores.

—Ten cuidado, no te caigas.
Luís se colgó con los pies y las manos de la barra que cruzaba el techo del vagón. Comenzó a trasladarse bamboleando su cuerpo con el vaivén del tren que seguía su ruta comiéndose la oscuridad del túnel. De vez en cuando miraba abajo, allí estaba aquel bicho desagradable y asqueroso. Mientras, Anita había sacado del bolso un pequeño espejo y trataba de dirigirlo a los ojos de la bestia sin saber qué resultados podía producir aquella idea.

La mosca sintió algo que llamaba su atención. Había alguien cerca, alguien que quizá podría ayudarle a salir de aquel espacio que cada vez le resultaba más asfixiante, de aquel maldito sueño que nunca dejaba de crecer.

—¿Todo va bien? —susurró Luís

Aquellas palabras vibraron sobre ella tan fuerte que le aturdieron durante unos segundos. También había alguien arriba, más cerca. Tenía que acercarlo, atraerlo y comunicarle su situación desesperada. Agitó la trompa que, como un látigo, fustigó el cuerpo de Luís. Primero las piernas, luego la cintura, por fin la cara. El dolor profundo le obligó a soltarse de la barra y caer al suelo.

—¡Cuidado! ¿Corre!
Se levantó atolondrado y, dando bandazos corrió hacia ella.

Lo tenía a mi lado. ¿Dónde te has metido? ¿Acaso no recibes mis mensajes?

—Casi te aplasta. ¿Te has hecho daño?
—No, no, estoy bien, un poco atontado por el golpe, pero bien.
Anita miró los rasguños que cruzaban su rostro mientras le cogió del brazo.
—Gracias por intentarlo. Ven, vamos a sentarnos aquí.
Apoyaron su espalda contra la puerta que conducía al habitáculo del conductor, vacío en la dirección que llevaba el tren.
—¿Has visto su boca? Esa trompa es asquerosa.
—Y un peligro que debemos vigilar. —La miró antes de preguntarle su nombre.
—Anita —dijo ella— ¿Y tú?
—Luís.
—No es un buen momento para conocernos.
—Este metro… no lo entiendo. Deberíamos haber llegado a una estación…
—Mira – la interrumpió—. ¿Te das cuenta? Crece por instantes. Es imposible… es increíble.
—Y ese ruido ensordecedor.
—¿Qué podríamos hacer? —Luís recogió las piernas y se las anudó con las manos.
—Quizá llegue un momento en que no pueda seguir avanzando.
—Posiblemente, sobre todo si sigue creciendo a este ritmo.
Anita resopló con resignación, dejando caer los hombros.
—¡Pero ya está tan cerca!

¿Dónde están? Sus sonidos me llegan muy débiles. Venid, por favor. Sólo quiero que me ayudéis a salir, a retomar mi tamaño insignificante, yo soy pequeñita y así soy feliz. ¿Para qué quiero este cuerpo que no reconozco, que no siento como mío? Un cuerpo que apenas puedo mover. Me gusta volar, ir de un sitio a otro… ¡No quiero seguir creciendo! ¡No quiero dejar de ser yo! Soy una simple mosca… una mosca maravillosa. ¿Dónde estáis?

—Se mueve mal. Parece que le pesa el cuerpo.
—Es repugnante —movió Luís la cabeza sin quitar la vista de aquella trompa amenazante.
—¿Has visto las alas? ¿Crees que podríamos arrancárselas?

Tengo que llamar su atención, hacer que llegue hasta ellos mi dolor. ¿Por qué no me entienden? ¿Por qué se esconden? Si pudiera salir de esta cárcel que cada vez se me queda más pequeña. Si pudiera regresar a la superficie, recobrar mi tamaño y volver a volar. Tengo que llamar su atención, que sientan mi presencia. Pero ¿cómo? Mis señales no las reciben. Quizá moviendo las alas, cuando vean que no puedo volar, que lo intento y no lo consigo, puedan comprenderme y venir en mi ayuda.

—Ven, levántate. —Anita se puso de pie con agilidad y extendió su mano hacia Luís— Se me ocurre que si logramos quitarle las alas habremos conseguido dominar parte de su fuerza.
—Es posible. Intentémoslo.
—Avancemos cada uno por un lado. No te expongas, Luís.
—Tú tampoco.
—¡Mira! Está empezando a moverlas.
—Y cada vez con más fuerza. Es como si nos hubiera intuido.
—Trata de defenderse, o de atacarnos.
—¡No te oigo! —gritó Anita mientras se sujetaba con fuerza a una de las barras.
—¡Yo tampoco!
Se apoyaron en las puertas tapándose los oídos con las manos. El aleteo, las patas que se arrastraban hacían un ruido que escondían en el silencio el tronar de las ruedas del tren.
—¡Me van a estallar los tímpanos! —Anita y Luís se cubrían las orejas, la cabeza. Encogían sus cuerpos intentando encontrar el espacio exacto por el que se introducía en su interior aquél sonido insoportable.
—¡Parar este maldito tren! ¡Matar a esta maldita mosca! —La voz de Luís se perdía entre el estruendo y el dolor.
El aire giraba dentro del vagón de forma huracanada. Pegados contra las puertas no podían apenas moverse, los ojos encharcados de dolor, el estomago clavado contra la espalda buscando abandonar aquellos cuerpos retorcidos en donde reinaban los corazones desenfrenados.

Estoy agotada. Me pesan las alas, no puedo con un movimiento más. Y lo peor es que no he conseguido nada. ¿Dónde estáis? ¿No tenéis compasión de mí? ¡Ayudadme! Voy a estallar dentro de mi cuerpo y no puedo evitarlo.

La mosca parecía haber dejado de crecer y se había quedado encajada entre dos barras verticales. La contemplaron asombrados de su tamaño mientras empezaban a recuperar la respiración. El color negro de su cuerpo se había intensificado como envuelto en la oscuridad de la noche o en la negrura del túnel que surcaban a tanta velocidad. Las patas mostraban unas uñas que asustaban mientras que las ventosas se agarraban clavándose al suelo del vagón.
Se dejaron caer sentándose uno frente al otro, desolados, con lágrimas en los ojos, la cabeza ladeada, sudorosos y vencidos.
—Tenemos que matarla o acabará con nosotros. —La voz de Luís le llegaba más confusa y débil que creíble. Pero era la única opción que les quedaba: aquél tren parecía no llegar nunca a una estación.
—Ahora puede ser un buen momento, parece agotada, no se mueve.
—Subamos a los bancos y saltemos detrás de ella. No podrá girarse.
—De acuerdo, pero tenemos que ser muy rápidos, que no le dé tiempo a reaccionar. —Anita comenzó a levantarse sigilosamente sin dejar de mirar aquellos ojos que, por un instante, le pareció que lloraban.

No me encuentro bien. Mi corazón de mosca nunca dejará de ser un corazón de mosca. Pero no quiero entristecerme. Quiero mantener una esperanza porque siempre puede haber una salida en donde no se ve. ¿Quién me dice que no es todo un sueño del que me voy a despertar volando sobre el campo? Volver a recorrer los establos, viajar a lomos de una vaca… ¿Eh? ¿Qué hacéis? ¿Dónde estáis? ¡Aaaahhh! ¿Qué ha sido eso?... ¡Mis alas!... ¡No, por favor, dejadme!... ¡No me hagáis daño!... no es posible… no puedo ya… sin alas, no… ¡Aaaahhhh!...
Última edición por julia el 29 Oct 2007 22:50, editado 1 vez en total.
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Re: Underground's fly (I terror) TAKEO

Mensaje por takeo » 29 Oct 2007 21:00

Bueno, esta ha sido MI CONTRIBUCION... a los relatos de terror.
Satisfecho de haberme metido en este berenjenal porque como sabeis, no es mi territorio, pero quería probar con los handicap correspondientes: Titulo en inglés, tema que no domino y... una mosca.
Como dije a Agatha sabía de la pelicula del mismo nombre que, como también imaginareis, no he visto ni en las carteleras. Espero que no se parezca mucho. Si alguien la ha visto, ya me comentará.
Última edición por takeo el 30 Oct 2007 20:44, editado 1 vez en total.

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Roland
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Mensaje por Roland » 29 Oct 2007 21:03

Me ha gustado sobre todo, la sensación de impotencia de la mosca. Es una buena metáfora de la incomprensión, del afán del ser humano por destruir aquello que no conoce, de despreciar aquello que es diferente. Quizás no sea tu estilo habitual, pero es tan bueno como siempre que coges un boli (o un teclado, que para el caso es lo mismo, jeje) :D :D
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Mensaje por takeo » 29 Oct 2007 21:08

Quise mostrar la duda de ¿donde está el terror? A veces en los que dicen luchar contra el terror... aplicándolo. Hablamos lenguajes incomprensibles y así es complicado entenderse.

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El Ekilibrio
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Mensaje por El Ekilibrio » 29 Oct 2007 21:36

Eso de meterse en el cerebro de una mosca me sorprendió gratamente.
Felicidades por tu propuesta.
Nunca discutas con un imbécil, te hará descender a su nivel y allí te ganará por experiencia
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Mensaje por eskarina » 30 Oct 2007 09:38

Me gustó mucho este relato, aunque no fue el que voté finalmente, por poco :wink: .
Me pareció muy interesante ver el miedo desde los dos bandos, por un lado los pasajeros, y por otro el del "monstruo". Muy bueno, sí señor :402:
Si las cosas nunca cambiaran, no habrí­a mariposas.

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Mensaje por takeo » 30 Oct 2007 20:45

Gracias por vuestros comentarios. Se hace lo que se puede 8)

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Mensaje por takeo » 05 Nov 2007 19:09

El Ekilibrio escribió:Eso de meterse en el cerebro de una mosca me sorprendió gratamente.
Felicidades por tu propuesta.


Pena que no hablaramos de nuestros relatos, se me pasó totalmente. La mosca y el diario habrían dado para un buen rato de charla.

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Mensaje por El Ekilibrio » 05 Nov 2007 20:05

takeo escribió:
El Ekilibrio escribió:Eso de meterse en el cerebro de una mosca me sorprendió gratamente.
Felicidades por tu propuesta.


Pena que no hablaramos de nuestros relatos, se me pasó totalmente. La mosca y el diario habrían dado para un buen rato de charla.

Cierto. Tengo un cerebro de mosca, amigo takeo... :roll:
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Reina Ardid
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Mensaje por Reina Ardid » 09 Nov 2007 12:52

Me ha encantado. Enhorabuena :eusa_clap: :eusa_clap: :eusa_clap: :eusa_clap: :eusa_clap:
Acostumbrándome al asfalto y las viejas costumbres

Ahora, con Indridason.

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Mensaje por takeo » 09 Nov 2007 18:05

Reina Ardid escribió:Me ha encantado. Enhorabuena :eusa_clap: :eusa_clap: :eusa_clap: :eusa_clap: :eusa_clap:


Gracias y un saludo al Campo Grande :wink:

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Mensaje por Fiorella » 11 Nov 2007 17:03

Take!!!! tu relato fue mi segundo favorito!!!! :P
El amor o es loco o no existe/ I thought me heart was going to burst / Cor cordium/
Érase una vez que se era.

Leyendo: Todo lo que caiga en mis manos de Elena Ferrante

takeo
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Mensaje por takeo » 11 Nov 2007 19:43

Fiorella escribió:Take!!!! tu relato fue mi segundo favorito!!!! :P


Pues eso ya es ser mucho, Fio. Para mí como si hubiera ganado el Planeta. ¿Hay planetas de relatos? :shock:
Gracias Fio, así da gusto escribir.

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Mensaje por takeo » 20 Nov 2007 20:14

Se me olvidó incluir al final de mi relato el autor del texto que lee el protagonista cuando está sentado en el metro, así que a cada cual lo suyo.

Es un párrafo de "El candelabro escondido" de Stefan Zweig

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Argos
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Mensaje por Argos » 29 Nov 2007 09:59

Hola. Soy nuevo en este foro pero tan sólo puede decir que ¡enhorabuena! por tu relato, tanto por la forma como por el contenido... Y muy :P original... :D :P

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