CP III: "Páginas blancas"- Isabelita

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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Arwen_77
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CP III: "Páginas blancas"- Isabelita

Mensaje por Arwen_77 » 14 Abr 2008 17:53

20º participante concurso Primavera 2008

PÁGINAS BLANCAS


La Dama De Las Letras llora en silencio.

La Dama De Las Letras acaba de perder la última batalla en la misión que tiene encomendada.

Y está a punto de perder la guerra.

Apenas le quedan fuerzas para recordar quién es y la misión que carga a sus espaldas. Cada vez hay más páginas en blanco en Su Libro De La Vida.

La Dama De Las Letras tiene su morada en la cima de la montaña de Mountain. A los pies de esta montaña, se encuentra el pueblo de Mountaintown, pueblo que ha estado bajo la protección de La Dama De Las Letras desde que apareció la primera señal de que los libros estaban en peligro.

La Dama De Las Letras echa la mirada atrás intentando recordar cómo empezó todo. Ya no recuerda hace cuánto tiempo ocurrió, ni recuerda nada anterior a ese momento en que despertó, saliendo del interior de las páginas de un libro. Para ella fue su nacimiento, así que llamó al libro Su Libro De La Vida. Vio que no estaba sóla. Delante de ella se encontraba su hermano. Supo que era su hermano porque también había nacido del libro. Se miraron, no tenían nombre, no sabían quiénes eran ni qué hacían allí. Ella pensó que por haber nacido de un libro su nombre no podía ser otro que La Dama De Las Letras. Él supo que estaba predestinado a hacer grandes cosas y tomó el nombre de El Señor Del Saber. Un manto de sopor los cubrió y cayeron en un sueño inquieto. Despertaron al rato y se miraron, con la certeza de que habían soñado lo mismo: al pie de la montaña en la que habían nacido, y que llamaron Mountain, se encontraba el pueblo al que llamaron Mountaintown. En ese lugar estaba empezando a ocurrir algo, que si nadie lo remediaba, terminaría con la deshumanización de sus gentes: los libros estaban desapareciendo. No es que físicamente dejasen de existir, ahí estaban, pero los hombres los estaban ignorando cada día un poco más. Los niños, en su mayoría, preferían pasar su tiempo mirando fijamente el aparato de imágenes y sonidos, incluso encontraban más diversión con los pequeños aparatos que cabían en sus manos, y que también desgranaban imágenes a color y sonidos estridentes. Los mayores tampoco parecían tener mucho interés en los libros que descansaban en sus estantes. La Dama De Las Letras y El Señor Del Saber supieron que su misión consistía en que los libros en Mountaintown no cayeran en el olvido, más aún, que volvieran a ser parte importante en las vidas de sus gentes. Por cada libro recuperado, nuevas páginas frescas y flamantes aparecerían en Su Libro De La Vida, pero por cada libro perdido u olvidado para siempre, varias páginas perderían su contenido. Si llegaba un día en que todas las páginas de Su Libro De La Vida estuvieran en blanco, ellos morirían, y con ellos, la esperanza de que los hombres compartieran conocimientos y experiencias: no se leerían más libros, no se escribirían más libros. La Dama De Las Letras y El Señor Del Saber ignoraban si había algún otro lugar en el que estuviese pasando algo similar.
La Dama De Las Letras se seca las lágrimas e intenta aclarar sus ideas. Quizás sea ésta su última oportunidad. Sabe que ahora está sola. El Señor Del Saber no pudo soportar el dolor que le causaba cada libro olvidado o abandonado. Cada página de Su Libro De La Vida que quedaba en blanco, era como un frío puño que arrugaba cada vez más su corazón de papel. Ellos intentaron todo lo que estaba en sus manos para cumplir con la misión que les había sido encomendada. Por las noches, entraban en los sueños de las gentes de Mountaintown, pero el mal estaba muy arraigado en ellos, y apenas pudieron conseguir unas pocas páginas nuevas en Su Libro De La Vida. La biblioteca municipal hace tiempo que estaba cerrada y sus libros llenos de polvo y telarañas. Intentaron que los rayos del sol iluminasen a la biblioteca con más fuerza que al resto de rincones de la ciudad, pero tampoco sirvió para nada. Los niños ya no intercambiaban libros, de hecho apenas encontraban motivos para jugar juntos. Cada uno prefería estar solo, viendo los programas del aparato de imágenes y sonidos, que no les hacía pensar. Los adultos, volvían del trabajo al hogar, y ya ni siquiera comentaban cómo les había ido el día.

Por todo esto, El Señor Del Saber, que no era tan fuerte como La Dama De Las Letras, despertó un día con la mirada turbia y las manos crispadas, y decidió que no podía soportar por más tiempo esa agonía, y que iba a terminar con todo Él mismo. Necesitaba que aquello terminase cuanto antes. La Dama De Las Letras comprendió entonces que su hermano había enloquecido de dolor y que sería capaz de cualquier cosa. El Señor Del Saber le dijo que Él mismo bajaría al pueblo, y arrancaría todas y cada una de las letras de todos y cada uno de los libros que encontrase. No tenía el poder suficiente para hacer desaparecer los libros, pero sí podía dejarlos en blanco. Sabía que eso ocasionaría la muerte de su hermana y la suya propia, pero ya no podía más. La Dama De Las Letras le suplicó que no lo hiciera, que si no lo hacía por Él, ni siquiera por Ella, que lo hiciera por darles tiempo a agotar las oportunidades que tuvieran para evitar un mundo sin libros. Por un momento, El Señor Del Saber la miró a los ojos, con la mirada transparente de antaño, y en el último minuto de lucidez que tuvo antes de bajar al pueblo y desaparecer para siempre, le dijo que, por el amor que sentía hacia ella, iba a dejar un minúsculo grano de esperanza, que quizás en manos de la fuerza de La Dama De Las Letras, consiguiese lo que Él no había podido. Iba a bajar al pueblo a borrar las letras de los libros. Pero si llegase a notar, en alguno de los libros, el más mínimo indicio de resistencia, eso significaría que ese libro todavía era importante para alguien, y en ese caso dejaría parte de las letras.

Y se fue.

La Dama De Las Letras lo dejó ir y mandó tras Él un soplo de nostalgia, para que cayese sobre los dueños de aquellos libros que pudiesen conservar alguna de sus letras. Ella no podía hacer más. Todo dependía ya de los pocos humanos que en su corazón y en su memoria guardasen todavía algún amor hacia los libros.

La Dama De Las Letras ya no llora, y espera en silencio mirando Su Libro De La Vida. En el mismo momento que un velo negro parece volver más oscura la noche de Mountaintown, al paso de El Señor Del Saber, Ella empieza a ver cómo se agita Su Libro De La Vida, cómo se estremece y cómo deja entrever la blancura cada vez mayor de sus páginas. Al cabo de un rato, Su Libro De La Vida queda inerte y Ella se obliga a mirar en su interior. Ella sigue viva, así que supone que El Señor Del Saber ha cumplido su palabra, y ha dejado algunas letras en alguno de los libros.

Efectivamente, Peter despierta de repente, no sabe qué es lo que le ha despertado, pero tiene una sensación de agobio terrible, que nunca había sentido en sus 12 años de vida. Inconscientemente alarga la mano hacia la mesita de noche y no encuentra el libro que había estado leyendo antes de dormirse. Enciende la luz y horrorizado, ve que el libro se encuentra en el suelo, abierto por la mitad, pero con una única frase: “Por favor, ayúdanos. Te necesitamos y tú también nos necesitas”. El resto del libro está en blanco: páginas y cubiertas. Con un fatal presentimiento, se acerca corriendo a la pequeña estantería de madera en la que guarda sus mejores tesoros literarios, y como se temía, todos están en blanco.. Peter piensa que está soñando, pero algo le dice que no va a ser tan sencillo como esperar a despertarse. Aprieta contra su pecho el libro que aún tiene algo de vida, y sale a la calle, sin rumbo. Las lágrimas recorren su rostro. No recuerda el título del libro.

Mary duerme muy poco. Desde que cumplió los 40, prefiere leer todas las noches hasta altas horas de la madrugada, sentada en su viejo sofá, al lado de la ventana que da a la calle donde está la biblioteca. De repente, nota como si un manto de polvo le cayera por encima, una nostalgia inmensa se apodera de ella, y siente que el libro que tiene entre sus manos se estremece y deja caer al suelo, donde desaparecen, miles y miles de letras negras. Recorre con rapidez todas las páginas, y sólo al final del libro se mantienen unas pocas letras, formando en precario equilibrio la frase: “No dejes que me lleven”. Se va a su pequeña biblioteca particular, y cuando llega le da la sensación de que los libros estás asustados y avergonzados. Avergonzados de su blanca desnudez. No entiende qué está pasando y lo que es peor, no recuerda el título del libro que estaba leyendo. Sale a la calle.

A Thomas le gusta su trabajo de vigilante nocturno, ya que le permite pasar la mayor parte de la noche haciendo lo que más le gusta: leer. Aunque piensa, extrañado, que últimamente, siente una gran apatía que le obliga a leer menos. De repente, los ruidos habituales de la noche se apagan, como si algo negro hubiese cruzado el pueblo haciéndolo enmudecer. El libro que tiene entre sus manos, empieza a desprender una sustancia negra y pegajosa. Horrorizado, ve que sus manos están manchadas de tinta. La tinta que ha desaparecido del libro. Thomas se da cuenta de que no sabe qué estaba leyendo. Por la ventana de la garita, ve a un niño pasar por la calle en dirección a la biblioteca, arrastrando los pies y con un libro apretado contra su pecho. Thomas coge su libro con las manos manchadas de tinta y sigue al niño. Detrás de Thomas, aunque ella parece no verlo, se acerca Mary.

Los tres se han detenido a la entrada de la biblioteca, aunque ninguno sabe cómo ha llegado hasta allí. Todos tienen un libro en sus manos. Sorprendidos, caen en la cuenta de que la puerta de la biblioteca está abierta, y deciden entrar. Una vez dentro, parecen despertar de su letargo, comprenden lo que ha ocurrido con los libros y lo que eso significa, y se dan cuenta de que ellos son los únicos que pueden hacer algo. Les parece ver, aunque ninguno lo dice, una tenue sombra blanca, quizás con forma de mujer, que recorre algunos de los pasillos de la biblioteca.

Los tres se separan. Cada uno va hacia el pasillo por el que ha creído ver la sombra blanca, en busca de algo. No saben exactamente qué es lo que buscan, pero algo les dice que si consiguen averiguar qué libro es el que estaban leyendo, habrán conseguido devolver la vida no sólo a sus libros, sino a todos.

Mary camina por los pasillos oscuros de la biblioteca, hasta llegar a una puerta entornada. En la puerta hay un letrero, pero es incapaz de comprender lo que pone, aunque lo está leyendo. El libro resbala de sus manos y cae al suelo. Queda abierto por la única página en la que quedan las pocas palabras que ha leído antes: “No dejes que me lleven”. Aunque ahora ve que han aparecido unas cuantas frases más: “No dejes que me lleven al cementerio de los libros olvidados”. Mary intenta recordar dónde ha oído hablar del cementerio de los libros olvidados, pero no lo consigue. Lee otra frase: “Para cuando la razón entiende lo sucedido, las heridas en el corazón ya son demasiado profundas. Todavía estás a tiempo. Pero el tiempo se acaba”. De repente, sus ojos se iluminan y empieza a comprender ..... y a recordar. Ahora puede leer el letrero. “La sombra del viento”. Nota que el libro cada vez pesa más, y comprende que todo ha vuelto a la normalidad.

Mary sonríe aunque unas lágrimas de gratitud resbalan por sus mejillas.

Thomas se acerca a una mesa de lectura, en la que está sentado un monje, que se le queda mirando fijamente. Thomas se da cuenta de que los ojos del monje no tienen vida. Está ciego. “No puedo verte, pero sé que tienes las manos manchadas de tinta”, le dice el monje, “sabrás, si has terminado el libro, que esa tinta es peligrosa, y que el libro ha de ser destruido”. “No recuerdo nada del libro, no sé de qué me hablas”, responde Thomas asustado, “aunque, espera, ....., un momento, .......el fuego todo lo purifica, .... ¡Ya recuerdo! .El nombre de la rosa”. Thomas baja la mirada y ve que sus manos están limpias y que el libro vuelve a cobrar vida. El monje ha desaparecido. La opresión que sentía en su pecho ha desaparecido.

No se atreve a llevarse el libro consigo. Lo deja sobre la mesa y se va.

Peter camina donde sus pies le llevan, con el libro vacío apretado contra su pecho, hasta que en un rincón ve a un niño rubio, que se le acerca y le pide: “Por favor, píntame un cordero”. Peter, sigue su camino, pero el niño sigue sus pasos. “Por favor, necesito un cordero que se coma los baobabs de mi pequeño planeta”. Peter sigue caminando, pero más lentamente, como si estuviese intentando recordar. “¿No te acuerdas de mí? ¿Cómo es posible que no me recuerdes?”, le pregunta el niño, “¡¡tienes que acordarte!!”. De repente, Peter se para, se da la vuelta y por primera vez en esa noche, esboza una ligera sonrisa y le dice: “¿Y no tenías también una rosa, con cuatro espinas, en tu pequeño planeta? Si es así, necesitarás un bozal para el cordero, para que no se coma también la rosa”. El niño sonríe. Peter siente que el libro que lleva apretado contra su pecho se agita. Ve con asombro que el título aparece poco a poco en la portada...... El Principito. Ofrece la mano al niño para salir de la biblioteca, pero su mano sólo encuentra el vacío y el silencio. Le parece escuchar su vocecilla a lo lejos: “Cuando estés triste, mira a las estrellas, porque en alguna de ellas yo estaré riendo”.

Peter también sonríe.

Los tres vuelven a encontrarse en la entrada de la biblioteca. No entienden nada de lo que ha pasado, pero saben que han conseguido algo grande y definitivo. Thomas se avergüenza de haber dejado el libro dentro y vuelve a entrar para ir a buscarlo. Cuando está llegando a la mesa de lectura donde lo había dejado, ve que su ejemplar de El nombre de la rosa se ha convertido en un libro mucho más grande, de tapas negras y de apariencia muy antigua. En ese momento, antes de llegar hasta el libro, ve que una sombra blanca, quién sabe si con forma de mujer, se adentra entre las páginas del libro. El libro se eleva unos centímetros y delante de sus ojos, desaparece. No sabe qué significa lo que acaba de presenciar, pero sabe que es bueno. Vuelve con sus compañeros y cada uno regresa a su hogar. También saben que a la mañana siguiente no recordarán nada de lo sucedido, pero que los libros habrán recuperado el puesto que les correspondía.




..............................................................


Un libro de gran tamaño, de tapas negras, arrugadas y con indicios de tener muchos años y de haber pasado por muchos avatares, aparece de repente en un claro del bosque de Greentrees. Se posa con cuidado en el suelo con sus páginas abiertas. Al cabo de un rato, dos sombras blancas salen del interior del libro y se miran. No tienen nombre, no saben quiénes son, ni qué están haciendo allí. Una de las sombras blancas se da cuenta de qué ha nacido de un libro, y decide ponerse el nombre de La Musa De Las Palabras. La otra sombra se hace llamar El Escritor De La Luz. Ven un pueblo a través de los árboles, y le ponen por nombre Greentreestown.

Saben que algo grave está pasando y que tienen que darse prisa para encontrar una solución.

Sólo cuentan con sus corazones de papel, sus manos de tinta y un amor infinito por los libros.

No necesitan nada más.
Última edición por Arwen_77 el 30 Abr 2008 00:17, editado 1 vez en total.
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Mensaje por 1452 » 15 Abr 2008 01:23

Me gusta este relato por la ternura que transmite y por su originalidad.
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SHardin
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Mensaje por SHardin » 15 Abr 2008 17:32

Leído. Otro relato con mucho arte, me recordo a "La historia interminable"
Última edición por SHardin el 16 Abr 2008 00:35, editado 1 vez en total.

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Desierto
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Mensaje por Desierto » 16 Abr 2008 00:07

Precioso homenaje a tres grandes textos de ayer y de hoy, y a la belleza de la literatura.
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Fley
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Mensaje por Fley » 16 Abr 2008 00:20

Me ha parecido muy tierno. A mi también me recordó a Ende :)

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Mensaje por al_bertini » 16 Abr 2008 14:33

Un relato que emociona :) Qué sería del mundo sin los libros...
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Mensaje por El Ekilibrio » 16 Abr 2008 16:25

Es un hermoso y dulce relato. A pesar que no es el tipo de narración que yo sepa apreciar del todo, ha conseguido captar mi atención. Lo leí ayer y ahora lo he releido de nuevo porque no quiero ser injusto con él. Con la segunda lectura me ha gustado más que no ayer. Aunque el uso de tantos nombres genéricos como propios me ha descolocado un pelín, felicito al autor porque la belleza del texto denota un escrito hecho a conciencia.

Felicidades
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Mensaje por isabelita » 17 Abr 2008 11:59

Relato tierno y con final feliz. Centrado en el tema que a todos nos llena, los libros. ¿El autor querrá así enternecer al jurado, je je? En fin, sólo de pensar que los libros pudieran desaparecer .....
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Mensaje por Emma » 18 Abr 2008 21:43

Un poco repetitivo el comienzo. Mejor el desarrollo y el final. A mí también me ha recordado a La Historia Interminable por el tema :D
Gracias.

Katia
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Mensaje por Katia » 19 Abr 2008 16:38

:eusa_clap:

Maravilloso cuento :D

PD: Los libros están en plena forma, el último de Zafón, "La mirada del ángel", arranca en 1ª edición con la friolera de un millón de ejemplares :wink: A mí me ha recordado a esa canción que habla sobre la muerte de la música: "American Pie" :wink:
La amabilidad sólo puede esperarse de los fuertes, son los débiles los que son crueles (Leo Rosten)

Lee mi novela El colisionador de hadrones

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Mensaje por Gabi » 23 Abr 2008 00:12

:P :P :P :P

Hermoso! Me encantó! Está muy bien redactado y la historia me parece muy original!
"Sé selectivo en tus batallas, a veces tener paz es mejor que tener la razón".

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ciro
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Mensaje por ciro » 23 Abr 2008 23:37

Uno de mis favoritos. Me encanta el caracter ciclico del relato. Por ponerle un pero, demasiado infantil ( poético???) en algunos tramos.

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eskarina
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Mensaje por eskarina » 27 Abr 2008 19:40

Me gusta, y también me parece un poco como un cuento infantil de alguna manera.
Se lee fácilmente y es bonito :wink:
Si las cosas nunca cambiaran, no habrí­a mariposas.

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isabelita
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Mensaje por isabelita » 30 Abr 2008 00:26

Pues éste era mi relato.
Gracias a todos por haberlo leído y por haberlo comentado. Espero que hayais pasado un buen rato con él
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Gabi
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Mensaje por Gabi » 30 Abr 2008 00:32

GRACIAS ISABELITA POR CONCURSAR Y REGALARNOS ESTE CUENTO TAN LLENO DE MAGIA!!! :P
"Sé selectivo en tus batallas, a veces tener paz es mejor que tener la razón".

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