I Fantasía: La condena - Roland

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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Felicity
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I Fantasía: La condena - Roland

Mensaje por Felicity » 26 Oct 2008 14:37

LA CONDENA



Se despertó del sueño con el cuerpo empapado en sudor y el corazón acelerado. La oscuridad lo rodeaba aún por completo y tenía los músculos entumecidos por el frío, pero aún así decidió salir a despejarse. El amanecer aún estaba lejos, pues las sombras se cerraban en torno a él como amantes despiadados. Tomó varias bocanadas de aire gélido mientras se arrebujaba en su espesa capa y notó como poco a poco se iba relajando.

Ése había sido el peor de todos. En el sueño se había visto a sí mismo con las manos manchadas de sangre, una espada en una de ellas y varias personas, varios cadáveres, repartidos por el suelo en posiciones grotescas frente él. Tenía la sensación de que aquellos sueños le decían algo, pero hablaban un lenguaje que él no entendía. No conocía a aquellas personas que eran asesinadas por su mano, ni reconocía aquel lugar, que parecía ser el patio de algún castillo. Recordó el calor de las llamas mientras todo a su alrededor ardía y se estremeció de angustia.

No era la primera pesadilla que tenía. Llevaba varios meses soñando con escenas particularmente violentas y siempre se despertaba con una congoja en el corazón.

Una voz suave y adormilada le sacó de sus cavilaciones

- ¿Qué haces aquí? Hace frío - le preguntó su dulce esposa. Era una mujer preciosa, joven y de piel tersa, con unos enormes ojos de color dorado enmarcados por una cabellera negra como la noche que los rodeaba.

- He tenido otra pesadilla.

Como toda respuesta, ella se puso de puntillas y le besó suavemente en los labios.

- A lo mejor yo puedo quitarte un poco esa angustia. Tengo que contarte algo.

Klars permaneció callado, esperando con curiosidad a que su mujer continuara.

- Estoy embarazada - dijo con una sonrisa tras hacerse de rogar unos instantes.

- ¿De veras?

- Sí. No te lo había querido decir aún porque no es seguro, pero mañana iré a ver a la vieja tata y me lo confirmará.

Klars no podía creer lo que estaba oyendo. Llevaban años intentando formar una familia, años intentando que Larsa quedara embarazada sin conseguirlo. Por fin su sueño se había hecho realidad, y este era uno bueno. Sin darse cuenta de lo que hacía, se quitó la capa y comenzó a dar saltos de alegría alrededor de su esposa, que reía henchida de felicidad.

Con al respiración acelerada, Klars abrazó a Larsa con todas sus fuerzas, dándose calor, amor y comprensión mutuas con las que vencer el frío procedente del páramo. A pesar de que la noche estaba oscura y sin luna, nunca había vivido una tan luminosa como aquella.

Abrazados, ambos entraron en la pequeña choza a la que llamaban hogar.

Klars estuvo casi dos años sin volver a tener malos sueños. Su pequeño hijo crecía fuerte y sano, más parecido a él que a su madre, por lo que todos en la aldea decían que sería espigado y delgaducho como él. Sin embargo, no heredó su pelo cobrizo, sino el negro azabache de ella. Era un bebé precioso.

Normalmente, era el niño, Jerko, el que le despertaba a él, pero esa noche fue al contrario. Un grito se le ahogó en la garganta y el crío, que dormía a su lado, se despertó al sentir su inquietud. Los llantos despertaron también a Larsa. En el sueño, veía a un hombre anciano que se dirigía a él y le hablaba en tono quedo. No había nada en la escena que justificara el terrible miedo que le invadió en el momento en el que el viejo se le apareció. Simplemente, al verlo todo su cuerpo reaccionó violentamente y el aliento se le escapó de los pulmones.

Sintió el abrazo de Larsa y se relajó, aunque no pudo conciliar el sueño ni un instante más en lo que restaba de noche.

Al día siguiente vinieron a buscarle temprano, como cada día. El grupo de caza estaba compuesto por ocho hombres jóvenes, los más aptos para estar todo el día, armados con arcos largos, espadas y hachas, perdidos en el bosque buscando con qué dar de comer a sus amigos y familiares en la aldea. Las mujeres y los niños se quedaban para trabajar en el campo.

Aquellos chicos con los que iba cada día eran algo más jóvenes que él, pero no se sentía diferente a ellos. En cuestiones de la vida y en las costumbres del pueblo de los aniktas, estaba tan verde como ellos.

Unos kilómetros al norte de la aldea, se internaron en un angosto sendero. Klars lo reconoció enseguida y se le puso la piel de gallina, pero no hizo ningún comentario para no incomodar a sus compañeros, que reían animados haciéndose bromas entre ellos. La mañana estaba calurosa y el cielo, despejado, tan azul que la claridad casi dañaba la vista. El sendero conducía a un pequeño bosque de altos árboles cuyas copas de color verde brillante se mecían bajo una suave brisa que también agitaba su cabello desgreñado.

Como sabía que ocurriría, el sendero llevó al grupo directamente a un pequeño claro, apenas una mancha de luz entre las sombras del bosque. Sus compañeros pasaron por él con indiferencia mientras escrutaban entre los árboles buscando alguna presa decente, pero él se fijó mucho. Fue allí, cinco años atrás, donde apareció. Y decir que apareció siempre le había parecido la mejor forma de expresarlo. Un día, simplemente, se despertó allí sin saber quién era ni de donde venía. Estaba desnudo, sin ninguna seña que lo identificara. Ni siquiera había sido capaz de recordar su propio nombre. Estuvo horas allí, tendido intentando comprender, pero fue inútil. Cuando consiguió reunir valor, se puso en pie y siguió el sendero que ahora volvía a pisar hasta que salió de la arboleda. A lo lejos vio humo y se dirigió hacia él pensando que donde hay humo, hay fuego y, donde hay fuego, hay calor. Y es que la tarde ya empezaba a dar paso a la noche y la temperatura descendía con rapidez.

El pueblo de los aniktas era pacífico y sencillo, pero cuando vieron a aquel hombre de piel blanca que tanto contrastaba con las suyas, oscuras y de aspecto brillante, se volvieron locos y lo apresaron, encerrándolo en una especie de choza hecha de cañas. Lo tuvieron allí mucho tiempo, preguntándole y gritándole en un idioma completamente desconocido para él. Finalmente, viendo que no suponía ningún peligro para ellos, lo soltaron y le exigieron que se fuera. A duras penas consiguió hacerles entender que no tenía a dónde ir y logró que lo aceptaran entre ellos, como un paria al principio y como un amigo después.

Aportó su trabajo y se ganó el respeto de los demás, que le pusieron el nombre de Klars, que significaba literalmente aparecido. Conocer a Larsa y enamorarse de ella fue una sola cosa, pero eso supuso otro gran conflicto dentro de la comunidad. A base de paciencia consiguió que aceptaran su relación.

Durante todo el tiempo transcurrido le asaltaba aquellos terribles sueños. A veces, creía reconocer cosas en ellos y estaba convencido de que estaban despertando en él recuerdos de un pasado lejano, de otra vida en otro lugar. Pero aquellos recuerdos, si en verdad lo eran, lo inquietaban demasiado, pues en ellos sólo veía sangre, dolor y sufrimiento con él en el centro de todo. Si aquello eran recuerdos de su vida pasada, prefería dejarlos en el olvido. Ahora era feliz, tenía una familia, y lo que le hubiera pasado antes de llegar allí le traía sin cuidado. Hacía mucho tiempo que había dejado de buscar explicaciones y había aceptado su condición tal y como era.

Por eso, cuando esa tarde, en mitad de una animada cena en torno a la hoguera, tuvo una visión increíble, pensó que debía de estar enfermo. Aquella escena, un auténtico sueño despierto, era la prueba de que los sueños eran fruto de una mente enferma.

Estaba sentado junto a su esposa y su hijo observando divertido cómo uno de sus amigos hacía un baile muy simpático en torno a la hoguera para entretener a los niños. Ya habían comido y estaba haciendo algo de tiempo antes de irse a la cama. La noche estaba fresca y todos se encogían bajo sus gruesas capas de piel.

Entonces y sólo con un parpadeo, todo cambió. La hoguera acogedora en mitad de la aldea se convirtió en una alta pira y las casas de la aldea que lo rodeaban se convirtieron en las murallas de una gigantesca fortaleza de la que sólo era capa de ver una inmensa torre que se alzaba ante él tras el fuego. Él se encontraba rodeado de gente extraña que miraba hacia el frente, y es que sobre la pira había un patíbulo en el que cuatro hombres, sucios y harapientos, esperaban a que las llamas comenzaran a devorarlos atados a sendos palos con las manos a la espalda. Podía escuchar claramente sus gritos pidiendo clemencia. Aquella gente que lo rodeaba estaba vitoreando la escena, mientras que a él se le despertaba una angustia terrible, una congoja que parecía querer oprimirle el corazón. Entonces una mano le aferró con fuerza del lado izquierdo tirando de él y supo que todo había terminado.

De pronto, y tan rápido como había llegado, la visión se desvaneció y volvió a encontrarse en su aldea, rodeado de aniktos que lo miraba preocupados. Larsa lo agarraba del brazo mientras le preguntaba, con lágrimas en los ojos, qué era lo que le pasaba.

Klars se puso en pie de un salto y se alejó a toda prisa del calor de la hoguera que ahora le traía aromas de carne quemada, y no era la del ciervo que habían cenado. Larsa salió corriendo tras él y consiguió alcanzarlo cuando ya la luz de las llamas no iluminaba sus rostros. Sólo la luna sería testigo de sus palabras.

- ¿Qué te ha pasado? – le preguntó notablemente preocupada.

- He tenido otro sueño.

- Pero estabas despierto.

Klars la miró. No necesitaba añadir nada a eso.

- ¿Cómo es posible? - preguntó ella en cambio - ¿Qué viste?

Su marido le explicó todo cuanto había observado, pero ella no fue capaz de entender qué podría significar. Pero prefirió callar una parte de la historia y es que por un momento, se había sentido bien estando allí. Había mirado aquellos muros y los había reconocido, había observado aquella torre y había visto un hogar. Aquella gente que le rodeaba las sintió como si fueran su familia.

¿Por qué le estaba pasando aquello? Cuando una persona sufría alucinaciones y comenzaba a hablar sola, los aniktas decían que estaba lekhlo, y quizás era justo eso lo que le estaba ocurriendo.

Klars tomó a su hijo de manos de su esposa y lo abrazó con todas sus fuerzas. Ella también se unió a su abrazo y estuvieron un buen rato allí, los tres, unidos en un solo ser.

“Esta es mi familia”, pensó desesperado. “Este es mi hogar”.

Pero en los días siguientes, las imágenes siguieron sucediéndose. A veces eran destellos nada más, pero en ocasiones eran escenas largas y tan nítidas que cuando recuperaba el sentido no era capaz de distinguir la realidad del sueño. En efecto, los aniktas lo consideraron lekhlo y lo encerraron de nuevo en una choza por su propia seguridad y el bien de toda la tribu. Él aceptó sin resistencia, pues no sabía qué podía hacer en aquella situación. En una de las visiones, comenzó a caminar y, de no ser por Larsa que lo detuvo y dirigió sus pasos hacia su casa, a saber dónde podía haber terminado.

En aquella choza podía intentar pensar pero, cuando lo hacía, se le llenaba la cabeza con pensamientos, imágenes y escenas que, poco a poco, parecían ir encajando unas con otras, como si tuvieran una clara relación. Un día se descubrió pensando en cual era la imagen que sucedía a una escena que había visto en un sueño especialmente vívido. En él, se veía a sí mismo armado con un arco largo, parecido al que usaba para cazar, también acechando entre las sombras. Sentía a varias personas más junto a él, aunque no podía verlas porque toda su atención estaba puesta en unas figuras que se agitaban entre los árboles algunos metros frente a él. La escena se había disuelto como el humo, pero él supo que seguidamente alguien daba una voz, se ponía en pie y comenzaba a disparar flechas contras las sombras.

Klars no era un hombre simple ni estúpido, así que llegó a la conclusión de que aquello no eran simples sueños y escenas inconexas, sino verdaderos recuerdos que querían abrirse paso en su cerebro. Pero, ¿recuerdos de cuándo? Cada vez que vivía una de aquellas escenas se sentía sucio y apenado, como si lo que viera no le gustara en lo más mínimo. Y es que en más de una ocasión se vio a sí mismo matando a hombres con sus propias manos.

Se sentía despreciable y se reprochaba cosas que ni siquiera sabía si había hecho él. Definitivamente, se estaba volviendo lekhlo. ¿Cómo iba a recordar cosas que no había vivido? Y si eran recuerdos, ¿por qué en ese momento? Llevaba allí cinco años, y parecía que ahora se precipitaban.

Decidió entonces que aquél no era su sitio. Aquella choza no era donde debía estar sino en la suya, junto a su querida esposa. Así pues, forzó con facilidad la entrada y acudió junto a Larsa. Era de noche y la joven se llevó un buen susto, pero enseguida se le echó a los brazos, como si llevara años separada de él. Esa noche hicieron el amor como si fuera la primera vez, con una pasión que casi creían olvidada. Y después durmieron abrazos como si el mundo estuviera formado sólo por ellos dos y nada pudiera dañarlos. Esa noche, Klars durmió plácidamente sin que ningún sueño perturbara su descanso.

Se despertó al alba y salió a vaciar la vejiga. El amanecer comenzaba a derramar su luz sobre un mundo silencioso y en paz. Estaba desnudo de cintura para arriba y sólo llevaba un ligero pantalón, raído y viejo. El frío de la mañana se le metía en los huesos y su orina levantaba pequeñas nubes de vapor.

- Es la hora – dijo una voz tras de sí.

Klars se llevó un susto de muerte. Se giró y encontró ante él al hombre que viera en sus sueños en más de una ocasión y que tanto pavor le provocaba. Era un anciano que vestía austeramente con un pantalón de viaje y una larga camisola larga bajo un peto de cuero de color marrón oscuro. Se cubría los hombros con una capa negra. No tenía barba, lo que permitía ver sus rasgos, duros y serios como si fuera la misma muerte.

El cuerpo de Klars reaccionó antes que su mente y echó a correr enloquecido. Corrió hasta perder el aliento, hasta que sus pulmones no aguantaron más y tuvo que detenerse a coger aire. Estaba aterrado y sentía la necesidad de seguir huyendo, pero no podía más.

- Es inútil – el hombre apareció a su lado como si siempre hubiera estado allí. No sudaba ni tenía la respiración agitada, así que no podía haberlo alcanzado corriendo – No puedes huir.

Klars se dejó caer de rodillas y un recuerdo acudió a llenar su cerebro. Si vio a sí mismo arrodillarse en otras ocasiones ante aquél mismo hombre. Una y otra vez. Sólo cambiaba el escenario, pero la situación era similar. Decenas, cientos de veces.

- Debes acatar – la voz del hombre era neutra y mostraba una frialdad atroz.

En ese momento, Klars recordó. Los pensamientos se agolparon en tal cantidad que pensó que su cabeza iba a estallar. Le llegaron millones de imágenes que le dijeron claramente quién era, qué había hecho durante toda su vida, los crímenes que había cometido, las vidas que había arrebatado… Y lloró arrodillado ante su ejecutor.

El hombre alzó una mano enguantada.

- Otra vez no, por favor, ya he pagado mi deuda.

El extraño anciano lo miró largamente, como el amo que mira a un perro antes de decidir si golpearle con un palo o con un cinturón.

- Aún te queda mucha sangre que limpiar de tus sucias manos. El fuego que acabó con tus compinches es poco castigo para ti.

- No, por favor – Klars suplicaba con los ojos llenos de lágrimas mientras el hombre comenzaba una lenta letanía. Sabía lo que vendría a continuación, por fin lo recordaba todo. Cuando el anciano terminara de hablar, regresaría la oscuridad, la angustia…el olvido. Pensó en su mujer Larsa y en su pequeño hijo que nunca conocería a su padre. Ella pensaría que él la había abandonado, y eso le dolía más que el castigo que estaban a punto de inflingirle.

Una vez más, como tantas veces antes, se le negaba la felicidad justo cuando la había alcanzado.


Despertó como si apenas hubiera dormido una cabezada, bruscamente y con la mente despejada. Estaba tendido en el suelo y miraba hacia un cielo de color ligeramente rojizo. A su alrededor sentía el calor de la arena y la textura de los granos bajo su cuerpo desnudo. Intentó recordar qué hacía allí, pero no había nada dentro de él. Estaba vacío. No sabía quién era ni donde estaba.

Se puso en pie para mirar alrededor y una arcada le provocó el vómito. Cuando se recuperó, vio ante sí una vasta extensión de arena y dunas. Más allá del horizonte, dos inmensos soles, uno rojo y otro amarillo, compitiendo por ofrecer cada uno más luz que el otro. No podía saber si estaba amaneciendo o anocheciendo, pero sentía el aire frío en su piel descubierta.

Se giró y vio varias columnas de humo que se alzaban hacia el cielo tras un grupo de elevadas dunas de fina arena blanca. Sin pensarlo, dirigió sus pasos hacia allí con la esperanza de que fueran gente pacífica que pudieran decirle quién era o de donde venía.
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Última edición por Felicity el 05 Nov 2008 22:59, editado 2 veces en total.
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Re: I FANTASÍA: LA CONDENA

Mensaje por 1452 » 26 Oct 2008 14:37

Lo he leído dos veces, y aún así tengo la sensación de que le falta algo… está bien narrado, bien estructurado, y es una historia interesante, pero, de alguna manera, cuando termino de leerlo no me quedo con la sensación de que esté bien cerrado. No sé si tendrá algo que ver con el hecho de que el personaje me resulta algo ajeno, no he podido conectar del todo con él.
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Re: I FANTASÍA: LA CONDENA

Mensaje por Ororo » 26 Oct 2008 14:38

Me parece una historia bien definida en un escenario bien desarrollado a la que le falta una pizca de emoción. Chispa.
No soy lo que escribo; soy lo que tú sientes al leerme.

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Re: I FANTASÍA: LA CONDENA

Mensaje por ciro » 26 Oct 2008 17:17

Me gusta el caracter ciclico del relato. Lo que encuentro es las transiciones demasiado rapidas y cierto maniqueismo. Puntuacion 7.
Suele ser más rentable escuchar que hablar. No hagáis como yo. Cosecha propia

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Re: I FANTASÍA: LA CONDENA

Mensaje por SHardin » 28 Oct 2008 16:29

Leído. No hay elfos o enanos. Me encanto este relato aunque le puse el pero de que le falta crudeza y eso que empieza el protagonista con sangre y espada.

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Re: I FANTASÍA: LA CONDENA

Mensaje por Desierto » 29 Oct 2008 23:55

La idea está muy bien pero me sobran algunas explicaciones que hacen el lenguaje poco fluido y quitan espacio a la imaginación del lector.

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Re: I FANTASÍA: LA CONDENA

Mensaje por Gabi » 02 Nov 2008 14:29

Me gusta cómo está escrito, pero me parece fuera de contexto la expresión "vaciar la vejiga" e innecesaria la descripción de la orina levantando nubes de vapor.
Sí me gustan las palabras inventadas y la idea me parece original.
Felicitaciones al autor!
"Sé selectivo en tus batallas, a veces tener paz es mejor que tener la razón".

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Re: I FANTASÍA: LA CONDENA

Mensaje por Lacedemonia » 02 Nov 2008 15:03

De este relato destaco sobre todo su final y la calidad en su narración. Como en otros casos, tal vez la posibilidad de alargar el relato le habría ido muy bien. Eso sí, me pregunto por qué los componentes de la partida de caza van armados con espadas y hachas. ¿Qué pretendían cazar? :D Nota de 0 a 12: 10.

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Re: I FANTASÍA: LA CONDENA

Mensaje por Jaime » 02 Nov 2008 18:40

Me ha gustado mucho, tanto la historia como la forma de escribirlo. Lo incluyo en mi lista y mañana lo volveré a leer.
Felicidades al autor :wink:
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Re: I FANTASÍA: LA CONDENA

Mensaje por isabelita » 03 Nov 2008 21:09

Me ha gustado mucho y su tono cíclico me ha recordado al relato que escribí yo en el anterior concurso y que todo hay que decirlo, parece que tiene más de fantasía que el que he presentado a éste. Pero bueno, no he sido la única, hay bastantes relatos en los que se dice que son más ciencia ficción. Yo sigo sin ver muy claro dónde está la línea divisoria, la verdad. :cry:
Enhorabuena y MUCHA SUERTE
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Re: I FANTASÍA: LA CONDENA

Mensaje por Matu » 03 Nov 2008 21:21

Me gustó el argumento, y está bien narrado, sin embargo... no sé, no me pareció sobresaliente. La idea cíclica está muy buena :)

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Re: I FANTASÍA: LA CONDENA

Mensaje por Roland » 04 Nov 2008 10:19

Bueno, una vez que se saben los ganadores de ambas modalidades (mis enhorabuenas a los dos!) ya puedo decir que este relato es el mío. Muchas gracias a los que me habéis votado. Llegó un momento en el que pensaba que no obtendría ningún voto :oops: . También quiero agradecer los comentarios y valoraciones que habéis hecho del relato, tanto las más positivas como las más negativas. Esas palabras me ayudan a crecer y espero mejorar para el próximo concurso.
Por último, decir que, aunque llegué por los pelos a la fecha de entrega del relato (estuve bastante tiempo bloqueado, sin ideas) disfruté mucho escribiéndolo, he disfrutado mucho leyendo los vuestros y me he divertido más aún comentando y leyendo los comentarios de todos los foreros, incluso a pesar de la polémica. Creo que eliminar el concurso popular sería un gran error. Imaginaos la cantidad de risas que nos perderíamos! :mrgreen: :mrgreen:
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Re: I FANTASÍA: LA CONDENA

Mensaje por Amanita » 04 Nov 2008 10:24

Roland, muy buen relato, estaba entre mis favoritos, aunque finalmente no voté. No recuerdo si llegué a comentarlo antes de la caída del foro, pero me pareció desde el primer momento que lo leí muy original, bien redactado y con un toque de intriga que lo hace especial. Fue el noveno que leí, y el primero que me "llegó". ¡Mi enhorabuena!
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Re: I FANTASÍA: LA CONDENA - ROLAND

Mensaje por Desierto » 04 Nov 2008 10:29

Hola Roland. Muy buen relato. Lo que más me gustó de él con mucho es el ritmo. Queda redondo, perfectamente ajustado a las extensión dada en las bases, y eso creo que es de lo más difícil. Algo que se ha criticado mucho en este concurso es precisamente el "si hubiese podido extenderse más..."
Lo que menos me gustó son esas explicaciones que a veces das sobre los sentimientos o las ideas del protagonista que no dan pie a la insinuación. De todos modos, me gustó mucho, disfruté, y el final consiguió sorprenderme.

Felicidades
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Re: I FANTASÍA: LA CONDENA - ROLAND

Mensaje por Roland » 04 Nov 2008 10:38

Gracias Desi y Ama!! :60:
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