I Fantasía: La búsqueda - Matu

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Felicity
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I Fantasía: La búsqueda - Matu

Mensaje por Felicity » 26 Oct 2008 14:44

La búsqueda

Había heredado una fortuna de objetos inútiles: una carta con tono amarillento, algunos antiquísimos libros en griego y en latín, un reloj roto que ni siquiera era de oro, y una piedra que debería cargar por el resto de su vida: el fracaso de su padre. Pensaba que su destino estaba escrito con la tinta más pura de las entrañas de las miserias de su familia. No tenía nada que agradecerles, y mucho menos a Él, a quien le divertía jugar a ser un dios injusto y cínico. Trabajo... puras mentiras; nunca en su vida había trabajado. ¡Cómo si resolver una cuenta fuese trabajar! Y encima, como si fuera poco, pretendía que su hijo siguiese el mismo camino. Él, (sin ser Él), era su padre, un hombre con una exagerada pasión -¿acaso hay alguna pasión que no sea exagerada?- hacia las matemáticas. Lo solían llamar Muèl. Su nombre completo, que muy pocos conocían, era lo suficientemente largo como para ganarse ese ínfimo apodo.

Su hijo, Eloy, fue criado bajo la sombra de una madre ausente, la ridícula omnipresencia vacía de su padre y el cuidado de una criada extranjera. De pelo oscuro y ojos verdes, desplegaba una singular y perturbadora belleza infantil. Era un niño de poco habla, pero de palabras exactas. Inmerso en una soledad asfixiante, vivía acompañado de sus pensamientos ateos y algunos libros de literatura griega. Amaba la ironía, sin siquiera saber qué era.


Fue la noche en que cumplía veinticuatro años, cuando una pesadilla nueva se coló entre las habituales. Se encontraba Eloy en una biblioteca que, a juzgar por el polvo que había, hacia mucho que nadie entraba. Corría rápido sin saber a dónde, persiguiendo inexistentes sombras en la oscuridad. Súbitamente se detuvo. Sacó un libro al azar. Lo abrió. Dos mariposas negras escaparon, volaron dificultosamente unos escasos centímetros y luego se esfumaron, dejando un polvo ardiente sobre el estante. Al instante salieron cuatro y se repitió el mismo proceso. Luego aparecieron dieciséis y pasó lo mismo. Y así siguieron saliendo cada vez más, hasta que Eloy ya no las pudo contar. Gruesas gotas de sudor frío corrían por su frente. Con la cabeza baja, mirando el suelo, comenzó a caminar rápidamente, alejándose de la nube negra. Volvió a levantar la vista y descubrió, a lo lejos, una sombra con forma humana. Se acercó lo suficiente para comprobar que era un cadáver; lo suficiente para ver el cuerpo de su padre. En su pecho había una carta. La abrió y leyó una pequeña frase: “¿Para esto he muerto? Esperaba ser alguien sin ser. ¡Qué muerte tan ridícula si no hay memoria en la Memoria!”. Volvió a mirar a su padre. Sintió un escalofrío en todo su cuerpo.

Se despertó sobresaltado. Un haz de luz se filtraba entre las maderas de la persiana. Abrió los ojos con cierto temor y deslizó una mirada confusa por toda su habitación. Comenzó a respirar dificultosamente al posar la vista en su biblioteca. Allí estaba la carta que su padre le había dejado antes de morir.

Se levantó de la cama y se cambio la ropa. Caminó unos pasos hasta pararse frente a sus libros. Pensativo, se rascó su frondosa barba durante largos segundos. Su apariencia había cambiado: su pequeño cuerpo juvenil había desaparecido, dejando lugar a unos ojos achinados, subordinados por las lentes, una gran panza precoz y una curvatura pronunciada en su espalda.

Finalmente se decidió. Tomó el sobre y lo abrió. Sacó una hoja carcomida por el tiempo y las polillas. La caligrafía era extraña, nunca la había visto.

19 de agosto de 1663, Castres, Francia.

Blaise... mi querido Blaise. ¿Cuánto tiempo pasará hasta que leas esta carta? Una pequeña eternidad (algo demasiado ostentoso para el uso de mis pasiones). Espero que vengas, quiero comentarte algo sobre la solución. Es que tengo una pequeña falla, pero no confío en nadie mas que ti. La soledad me abruma... pero, ¡cómo odio a estos matemáticos modernos, no se cansan de revolver el pasado!

Tu amigo, el de siempre, Pierre

(También me puedes llamar Lupus, como sé que a ti te gusta).

En algunas líneas la tinta se había corrido pero igualmente era legible. Eloy no comprendió bien todas las palabras, pero tenía un mal presentimiento. Dejó a un lado la carta e inspeccionó el sobre. De un lado estaba escrito el destinatario, Blaise Pascal. Dio vuelta la carta y leyó el nombre del emisor. Su corazón se detuvo por un instante –o eso creyó Eloy-. Comenzó a sudar como en el sueño. Cerró los ojos y los volvió a abrir para leer, nuevamente, atónito, el nombre del autor: Pierre de Fermat.

Al instante recordó a Muèl (había sido casi como su padre), quien estuvo toda su vida tras este matemático. Intentó descifrar, o mejor dicho, desarrollar, el teorema que Fermat no había podido. Sentía devoción por René Descartes y los pensadores de la época. Admirador de las ideas mecanicistas, creía que la lógica era el sustento para cualquier pensamiento filosófico.

Así había sido su padre, un matemático fracasado que nunca fue reconocido por el núcleo intelectual francés. Pasaba horas encerrado en su habitación, descartando infértiles teoremas y cuestionando los más evidentes axiomas. Al descubrir el teorema inconcluso, decidió que sería el primero en demostrarlo. Pero su hijo lo recordaba de otro modo.

Eloy tenía poco más de once años cuando Muèl murió. Tanto la criada como él, pensaban que había fallecido de un ataque cardíaco, pero no se molestaron en comprobarlo; simplemente lo enterraron en una esquina sombría del jardín de su casa. En su memoria, la figura paterna aparecía como un hombre ausente, un loco que solo hablaba de números con su hijo y nunca se interesaba por él. Por otro lado, Eloy siempre le había temido. Creía que su padre también lo había odiado. Lo había tenido que soportar durante toda su infancia en persona, y ahora, ya adulto, lo seguía persiguiendo en sueños.

Tras leer la carta dos veces más, buscó en su biblioteca un cuaderno donde su padre anotaba todo lo que sabía sobre Fermat y sus progresos en la búsqueda de la solución. Pasaba lentamente cada hoja, leyendo cuidadosamente cada renglón. Le llamó la atención encontrar el nombre Blaise Pascal. Descubrió que había sido el mejor amigo de Pierre y que solía mandarle cartas. Parecía que la que había leído anteriormente era simplemente una reliquia, pero se horrorizó cuando comparó unas fechas: Blaise había muerto el 19 de agosto de 1662, y la carta había sido escrita el 19 de agosto de 1663, exactamente un año después de su muerte. Estaba claro que no era para su amigo. Fermat buscaba a alguien más.

Eloy soltó todo lo que tenía en las manos. El cuaderno cayó abierto y algunos papeles sueltos se desparramaron por el suelo. Tomó una hoja al azar del padre y leyó una frase en latín: "Cuius rei demonstrationem mirabilem sane detexi. Hanc marginis exiguitas non caperet". Perplejo, sin entender ni una palabra, cogió nuevamente el pequeño libro de anotaciones. Pasó todas las hojas velozmente hasta llegar a la última. Había un dibujo. Una mariposa negra sonreía, altanera.


Jamás pensó que su padre y un matemático del siglo pasado se quedarían a vivir en su mente por tanto tiempo. ¡Qué hospitalario había sido!

Pasaba las horas encerrado en su habitación, rodeado de libros, números y hojas perdidas entre tazas vacías de café de las Antillas. Tenía que encontrar la solución a aquél teorema inconcluso. Había algo que lo perturbaba. Ese sueño, esa mariposa, esas fechas, ese tal Femat... ese tal Muèl.

-¡Dioses perezosos, encárguense de mí o suicídense! –exclamó finalmente, agotado.

Tomó la carta y la leyó nuevamente. Había descubierto algunos datos reveladores que nada tenían que ver con las matemáticas. Algunas frases rebotaban en su cabeza sin encontrar la salida. Espero que vengas...


Decidió que su vida no podía depender del fracaso ajeno. Comprendió que era el momento de descubrir la verdad, de saber quién fue Pierre de Fermat, para qué escribía cartas póstumas a su amigo, y qué era ese maldito insecto negro.

Tras largos meses de visiones nocturnas, investigaciones, y el descubrimiento de un odio profundo hacia los números, salió de su casa. El sol brillaba opacamente, alejándose de algunas nubes demasiado blancas para su criterio. Caminó entre casas solitarias y árboles grises, hasta llegar a la puerta de una lujosa mansión. Golpeó varias veces la puerta suavemente, y tras algunos eternos instantes de espera, comprendió que no había nadie.

No necesitó mucho ingenio para entrar: la puerta no estaba cerrada con llave. Las piernas le temblaban. Ingresó con cautela. Un pasillo de no más de cinco metros lo condujo, con mucha amabilidad, hacia un gran salón. Inmensos sillones situados alrededor de un hogar, donde quedaban cenizas aún ardientes, colmaban la habitación. Luego de algunos gritos tímidos, Eloy dedujo que la casa estaba vacía.

Recorrió cada rincón hasta llegar a un dormitorio. Una cama, una biblioteca semivacía y una mesita de luz con un libro de Sócrates, amueblaban sobriamente la habitación. Las paredes estaban empapeladas con un papel amarillento que en algún momento habrán lucido un blanco envidiable. Algo le llamó la atención.

Otra vez.

Una enorme mariposa negra aparecía pintada en la pared. De ella se desprendían dos más. De las otras dos aparecían cuatro. Y de las cuatro salían dieciséis diminutas que Eloy contó detenidamente. Se le erizó la piel. Debajo de todas ellas, había escrita una pequeña frase: ¿Mourras-tu seul pour compter des papillons? Approche-toi... (Je suis vulgaire)

Se acercó aún más.

-Ahora viene lo clásico: yo rompo el papel y hay otra habitación.

Destrozó el empapelado lentamente. No tardó en darse cuenta –sin antes llevarse un gran susto- de que tras el papel había un espejo. Se vio a sí mismo. Vio su temor, su palidez. Temblaba. El silencio lo aturdía.

Inspeccionó con desconfianza el espejo. No había dibujada ninguna mariposa negra –¡qué alivio! ¡Qué tranquilidad!-. Su vista bajó hasta el final.

Otra vez.

Otra frase se reía en su cara (podría haber jurado escuchar su carcajada)

- Agnus, le miroir réfléchit des miroirs multiples, mais ici il y a seulement l'un. Éloigne-toi...

Estuvo algunos minutos parado, pensativo. Su corazón lentamente se agitaba, abrumado por la monótona tranquilidad del lugar. ¿Cuánto duraría el juego? El juego... ¿Qué juego?

Miró fijamente el espejo. Éloigne-toi... Dio algunos pasos hacia atrás. Se dio vuelta. Detrás de él había otra pared. Todo parecía tan claro, tan simple...

Fue hasta allí hasta quedar a escasos centímetros del empapelado. Esta vez lo rompió con furia, con una mezcla de desesperación y hartazgo. No se sobresaltó al descubrir el secreto, intuitivamente esperaba algo así.

Una puerta de madera de roble apareció frente a sus ojos. La empujó de una patada (luego se arrepintió cuando su pierna comenzó a quejarse de su deplorable estado físico) y, tras pensarlo unos segundos, se internó en el angosto pasillo que lo saludaba irónicamente.

Se veía a lo lejos una luz que alumbraba vagamente el lugar. Eloy caminaba despacio, con cautela. En las paredes había colgados cuadros, enmarcados en oro. Se detuvo a verlos; eran retratos... pero todos de la misma persona. Un gordo de pelo largo y cachetes inflados, sonreía con un aire cínico.

Se desplazó desconfiado algunos metros más; cada vez había más luz. Pudo distinguir una llama. Una vela sobre una mesita cubierta de polvo alumbraba el pequeño cuarto al que había entrado. Sintió un portazo. Se apagó la vela.


Infinitas mariposas negras surcaron el aire. Infinitas velas prendidas aparecían ante sus ojos, que se derretían sorprendidos. Infinitos ojos. Infinitas gruesas gotas de sudor frío corrían por su frente. La luz había vuelto, multiplicada innumerables veces; pero la tranquilidad no. Eloy jadeaba, parado sin saber para donde moverse.

-Agnus... has llegado al final. Aquí me tienes. Pues bien, ¿cuál es la solución?

La voz moría y renacía con cada eco. Una voz gruesa, con un matiz sarcástico.

Un hombre de unos cincuenta o sesenta años surgió de golpe ante Eloy. Gordo, con los cachetes inflados; el mismo que había visto en los retratos. Entre tantas luces, su sombra no existía. De hecho no tenía sombra. No tenía cuerpo. Era un fantasma.

-Pierre de Fermat, –respondió con firmeza el joven- mi querido Pierre. Claro que no encontré la solución. El fin no es tan importante como el medio.

-Veo que algo has aprendido. Quizá seas otra víctima, pero eres distinto al imbécil de Muèl.

-Coincido con esa calificación. ¿Pero por qué yo? A mí nunca me interesaron los números. Has llenado mi tranquilidad de mariposas negras que ni siquiera entiendo su existencia.

-¿Acaso entiendes tu existencia? Las mariposas, insectos asquerosamente bellos. Libertad. Pero... ¿la muerte no es también una forma de ser libre? Libre de todo. Libre del tiempo, libre del mundo. La mariposa negra: una síntesis de mi realidad.

-Demasiado filosófico para un momento así. Todavía no me has respondido por qué yo. Mi padre quizá hubiese podido... Tu memoria no corría riesgo, odio las matemáticas.

-Las odias porque así lo quise yo. A Muèl lo torturaba su hambre de conocimiento. Se suicidaba a cada rato; sufría cuando fallaba. Mi juego fue un desafío para él, pero desde el comienzo supe que nunca lo ganaría. ¿Acaso su hijo podría? El hijo siempre supera al progenitor, por cuestiones biológicas demasiado complejas como para que las entiendas. Debo reconocer que tu padre siempre estuvo cerca. Pero claro, el juego no estaba diseñado para él. Ya lo dije, y lo repito: Muèl estaba condenado a fallar.

“Superas a tu padre, aunque nunca te hayas esforzado en demostrarlo. Tampoco sé a ciencia cierta si mi teorema inconcluso es cierto: nunca llegué a desarrollarlo y ya he olvidado todo. No alude a cuestiones matemáticas, sino que tortura a todo aquél que se atreva a superarme. Y parece que tú lo harías.

-Tú has tenido hijos. ¿También los has matado?

-No, murieron solos, victimas de tenaces enfermedades o pasaron su vida como monjas (es casi lo mismo). Uno solo se hizo famoso por publicar mis obras póstumas; un fracasado que murió sin pena ni gloria. Los hijos son la perdición del intelectual. ¿Conoces a los hijos de Aristóteles? ¿De Pitágoras? Seguro que no. Seguramente ellos, en otro juego macabro, se encargaros de hacerlos desaparecer, si es que existieron. Tu padre no pudo completar su ideal de inteligencia simplemente por tu existencia. ¿De qué sirve ser alguien importante si tu hijo tachará tu nombre? Por suerte yo ya no tengo familia y mi Teorema sigue dejándome más cerca de tu mundo que del mío.

-Te equivocas, mi padre te mató hace mucho tiempo, cuando yo nací. Soy tu nieto. El margen era demasiado angosto para recordar el nombre de tu hijo ¿no?. Clement-Samuel, o Muèl. Es lo mismo.

El fantasma quedó estupefacto.

-Hagas lo que hagas, no me harás nada. Soy un fantasma. Mi nieto... ¡vaya! Tendré que matar a uno más entonces. Gracias por recordármelo –contestó finalmente Pierre

-Viejo cínico... siempre supiste quién era. Siempre me temiste. Sabes que soy el único que entiende de qué va todo esto. ¿Muchas luces no?

Fermat no respondió. Su rostro se empalidecía irónicamente.

-Son pocas las luces –continuó Eloy-. Son pocas. Es una sola.

Dio un paso atrás y tocó algo frío. Cerró el puño, y con toda su furia golpeó la pared. Incontables pedazos diminutos de vidrio volaron por los aires. Hizo lo mismo con las cuatro paredes. Cada vez había menos luz.

-Espejos en las paredes... que simple que te has vuelto, la muerte te carcomió el cerebro. Ahora solo queda algo.

Fermat temblaba silenciosamente. Sintió como su corazón vacío intentaba inútilmente bombear sangre. Su inmortalidad estaba atada a un fino hilo que se desprendería ante la mínima ráfaga de viento.

-No... –murmuraba- No... ¡¡No!! –gritó finalmente- ¡Soy tu abuelo! ¡Por la memoria de tu padre! Tu padre no hubiese querido esto... Hazlo aunque sea por él...

-Sí, lo haré por él –dijo Eloy soltando una carcajada genuina- y por ti también, así no estás celoso, mi gordito.

Poniéndose serio y limpiándose la sangre que emanaba su mano luego de haberse cortado con los vidrios, se paró frente a ella. La mariposa negra volaba tímidamente –altanera, claro-, frente a sus ojos. Era una (el infinito también es efímero). Una sola. Una pobre e indefensa mariposa.

Una Mariposa. La más gorda e inmunda Mariposa.

Fue solo una mano. La Mano aplastó a la Mariposa. La apretó con cada uno de sus Dedos. La soltó y cayó al suelo.

La habitación se calló. Solo quedaba Eloy y algunos vidrios rotos.


Tal vez ya se dieron cuenta, pero mi labor como escritor es deplorable. Temo haber exagerado en ciertos párrafos; a veces abuso de los subjetivemas, aun siendo un narrador omnipresente. Ya saben que lo mío no son las letras (y no me hagan reír, que tampoco son los números). Impregné mi relato de un inevitable aroma a ficción en ciertos pasajes, ¿pero acaso hay literatura sin ficción?

Muchas veces quise quemar esta carta. El siglo XX fue detestable, las vanguardias se me reían en la cara. ¡Y yo que estaba tan feliz con Rubén Darío y mis primeros párrafos! Luego llegaron Borges y esos ultraístas y me dejaron en un papel ridículo.

Solo ahora que el hechizo está roto, lo termino de comprender. Estoy condenado a la soledad y al olvido. Es irónico pensar en mi postura atea: podría aparecer en cualquier pasaje bíblico, protagonista de alguna parábola que quiera enseñar el castigo divino.

Creo que ya lo tendrían que haber advertido. Este relato deja demasiadas huellas. No hace falta una mariposa negra, ni siquiera un cisne gris; estoy atado a la ignorancia moderna. Me entristece pensar que el hombre más inteligente de los últimos tiempos haya vivido en el siglo XVIII.

Ahora mismo meteré este papel en un sobre... ya me aburrí de esperar durante siglos. He mandado millones de cartas y todavía no recibí ninguna respuesta (lamento no haber tenido hijos). ¡Despierten, vagos! Pierre inventó ese Teorema luego de vencer a alguien. ¿Acaso tengo que escribir un cuentito para que alguien venga a visitar a Eloy de Fermat?
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Última edición por Felicity el 05 Nov 2008 22:50, editado 2 veces en total.
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Re: I FANTASÍA: LA BÚSQUEDA

Mensaje por 1452 » 26 Oct 2008 14:45

¡Asombroso! Y con una solidez fantástica.
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Re: I FANTASÍA: LA BÚSQUEDA

Mensaje por Ororo » 26 Oct 2008 14:45

En mi opinión es un poco confuso y me ha costado leerlo.
No soy lo que escribo; soy lo que tú sientes al leerme.

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Desierto
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Re: I FANTASÍA: LA BÚSQUEDA

Mensaje por Desierto » 26 Oct 2008 14:46

Es impactante desde el primer párrafo, con un lenguaje atractivo, una forma correcta y lo que es necesario para una buena introducción.
El inicio de la trama, de todos mosos flojea algo, no mucho pero pierde intensidad hasta que algo falla al final. Cómo vence el prota a su abuelo y luego la carta misteriosa dirigida a nadie… queda un poco confuso.
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Re: I FANTASÍA: LA BÚSQUEDA

Mensaje por SHardin » 26 Oct 2008 14:46

Leído. No hay elfos o enanos. Me ha gustado bastante aunque flojea un poco en mantenerme con interés por la mitad de la historia, luego avanza muy rápido y te lleva a un final que cerrando un gran y bien escrito relato.

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ciro
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Re: I FANTASÍA: LA BÚSQUEDA

Mensaje por ciro » 26 Oct 2008 17:36

El relato está muy bien escrito, pero segun mi opinión tiene algunas incongruencias y es algo confuso. Se nota la influencia de Borges, sospecho que el escritor es argentino o muy influenciado por esa literatura. Puntuacion 8.
Suele ser más rentable escuchar que hablar. No hagáis como yo. Cosecha propia

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Re: I FANTASÍA: LA BÚSQUEDA

Mensaje por Ororo » 26 Oct 2008 21:57

Después de releerlo y entenderlo mejor, añado que todavía me parece algo confuso el planteamiento -y no sólo por las frases en latín y francés que no entiendo :P - pero que he visto mejor lo que nos quiere transmitir. Me ha impactado encontrar que la culpa de los errores de uno los achaca de forma general a la descendencia: Los hijos son la perdición del intelectual. ¿Conoces a los hijos de Aristóteles? ¿De Pitágoras? Seguro que no. Seguramente ellos, en otro juego macabro, se encargaros de hacerlos desaparecer, si es que existieron

Y, como ya dije antes de que todo esto se borrara, me ha gustado encontrar detalles como que las mariposas negras van surgiendo al cuadrado (2, 4, 16...), que bebe café de las Antillas y cómo osa decir a los dioses que se suiciden.

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Re: I FANTASÍA: LA BÚSQUEDA

Mensaje por Roland » 28 Oct 2008 16:25

Me ha gustado mucho desde un punto de vista formal: narración, expresión, vocabulario... Pero no ha llegado a engancharme y no lo he terminado de entender. También me quedo con la idea de confusión, de no saber muy bien quién habla en cada momento...
Me ha gustado mucho la pesadilla de Eloy y el momento en el que arranca el papel de la pared y aparece un espejo. Me han parecido pasajes brillantes! :eusa_clap:
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Re: I FANTASÍA: LA BÚSQUEDA

Mensaje por takeo » 28 Oct 2008 18:02

Me ha parecido muy embarullado y esa dificultad hace que no me atrape el relato, aunque parece interesante el tema.

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Re: I FANTASÍA: LA BÚSQUEDA

Mensaje por Gabi » 31 Oct 2008 11:19

Es un relato que está muy bien escrito y tiene pasajes muy interesantes.
Yo personalmente no terminé de engancharme, me costaba seguir el hilo de la historia.
Felicitaciones al autor!
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Re: I FANTASÍA: LA BÚSQUEDA

Mensaje por Jaime » 02 Nov 2008 01:37

Leido.
Como ya han dicho por aquí hay veces que deja de enganchar y pierdes el hilo de la historia, pero está bastante currado y es un relato sólido como pocos. Tengo curiosidad por saber de quién es, aunque el estilo se parece al de alguien que conozco.
Leyendo...
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Re: I FANTASÍA: LA BÚSQUEDA

Mensaje por Arwen_77 » 03 Nov 2008 17:47

Me ha resultado algo confuso, pero un 10 en originalidad. ¡Enhorabuena!
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Re: I FANTASÍA: LA BÚSQUEDA

Mensaje por Matu » 03 Nov 2008 21:42

Es uno de esos relatos que quiere decir mucho y con una lectura no me alcanza. Para mí, se me escapa demasiado.

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Re: I FANTASÍA: LA BÚSQUEDA - MATU

Mensaje por Matu » 04 Nov 2008 18:06

Bueno... acá el mío :oops: Gracias a todos por opinar, realmente la pasé muy bien leyendolos (fue algo raro opinar sobre el mío :lol: )

En unas horas me pasaré y explicaré todo... lástima que les pareció confuso :?


ciro escribió:El relato está muy bien escrito, pero segun mi opinión tiene algunas incongruencias y es algo confuso. Se nota la influencia de Borges, sospecho que el escritor es argentino o muy influenciado por esa literatura. Puntuacion 8.

Cómo me sorprendí cuando leí este comentario... no sé cómo lo has hecho, pero soy argentino :lol: . Lo de la influencia de Borges.. no leí mucho de él (solo El aleph y una parte de Ficciones, Artificios)


Luego comentaré bien todo. Un saludo, gracias :)

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ciro
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Re: I FANTASÍA: LA BÚSQUEDA - MATU

Mensaje por ciro » 04 Nov 2008 18:46

Yo creo que la idea era genial, solo le faltó un poquito de aclaración. Me pareció argentino porque admiro la forma de espresarse de tus compatriotas y se veía que sabías expresarte. Como ya dije en mi hilo yo de mayor quiero expresarme como un argentino, jugar como un brasileño y beber como un ruso ( agua, claro).
Suele ser más rentable escuchar que hablar. No hagáis como yo. Cosecha propia

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