I Fantasía: La sirena y el ángel de la noche - Desierto

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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Felicity
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I Fantasía: La sirena y el ángel de la noche - Desierto

Mensaje por Felicity » 26 Oct 2008 20:09

LA SIRENA Y EL ÁNGEL DE LA NOCHE

–¿De qué diablos te estás riendo, mocoso impertinente?

El viejo marino lanzó un manotazo de fastidio, sin ánimo de pretender hacer un daño que sabía ya no era capaz de hacer, al mozo con quien compartía un rincón en la apestosa taberna.

–Al menos, ya que no sabes guardar respeto ante las palabras sabias, haz el favor de traer más ron –dijo mientras le lanzaba una mugrienta bolsa de cuero de contenido tintineante.

El muchacho se levantó, secándose los ojos de las lágrimas que se habían escapado tras las palabras del viejo y se acercó a la barra. En cuanto estuvo lo suficientemente lejos, el veterano lobo de mar volvió a sumirse en sus pensamientos, dejando que su mirada miope quedara clavada en algún punto más allá de aquel lugar.

–No me lo invento…–murmuraba para sí–, yo estuve allí… yo lo vi con estos ojos.

Recordaba bien el primer día que había puesto los pies sobre la cubierta del Anglazzel. Por aquel entonces él no era más que un crío, enrolado de grumete porque sus padres no podían mantenerle decentemente, y Bartolomeus Black un joven marino que había llegado hasta aquel bajel maldito Dios sabía cómo. No tenía padres, era un huérfano más que había terminado por encontrar un rincón donde dormir entre las amarras del barco pirata. Aseguraba que estaba enamorado de la reina de las sirenas.

–Todos se reían, claro y no porque no creyeran las historias de los viejos como vosotros, sinvergüenzas –seguía el viejo lobo de mar con su historia a pesar de las caras de guasa de los jóvenes que le acompañaban–, en aquellos tiempos nadie cometería la imprudencia de no dar crédito a los cuentos del mar, se reían de la osadía de aquel muchacho serio de ojos verdes que pretendía el amor de aquella que guarda la entrada al mundo de los muertos.

»Decía que de niño la había visto una vez. Inmensamente triste sobre sus afiladas rocas. Cantaba a los marinos. Cantaba a sus almas muertas y se las llevaba al otro lado.

–Un momento, anciano… ¿dices que ya de joven decía haber visto a la Sirena? ¡Ja! Yo pensaba que esos cuentos eran delirios de viejos borrachos. Ese tipo debía ser un verdadero imbécil ya de niño –sentenció el más piojoso y desgarbado de los marinos sentados a la mesa, carcajeándose y buscando las miradas cómplices de sus amigos.

La reacción del viejo fue explosiva. Antes de que el chico tuviese tiempo de reaccionar, se alzó de su banco, agarró por el cuello de la sucia camisa al rapaz desvergonzado y aplastó su cabeza contra la madera pegajosa de la mesa mientras un cuchillo brillaba en su otra mano como salido de ninguna parte.

–Mira, mocoso, puedes cachondearte lo que quieras de mis historias, pero si no muestras un mínimo respeto por el capitán Black, es posible que no tenga más remedio que destriparte aquí mismo.

–Eh… lo… lo siento… ¿el capitán Black, has dicho?

–Sí, muchacho, el mismo. Yo le conocí. Cuando el viejo William Wolf todavía no era más que el joven Will.

»Los sabios cuentan que la canción de la Sirena ha sido siempre la misma desde el inicio de los tiempos. Nadie, ningún hombre, ha escuchado jamás un sonido de tal belleza. Es una llamada a la cual los marinos simplemente tienen que acudir, nadie puede resistirse. Bartolomeus Black lo hizo, pero eso fue antes de convertirse en el capitán Black. Tiempo antes de aquellos terribles días.

»Él mismo me relató una noche, cuando navegábamos más allá del Cabo de la Bruma, cómo el barco en el que viajaba de niño se estrelló contra la roca de la Sirena apenas tras ponerse el sol.

–Así, fue, William. Yo no debía de tener más de siete u ocho años. Apenas llevaba unos meses tratando de molestar lo menos posible y de pasar desapercibido en ese barco, cuando una tarde escuchamos su canción.

»Fue en aquel momento de brujas cuando el sol acaba de hundirse en poniente y uno parece que navega entre dos mundos. Hasta entonces habíamos navegado con buen viento hacia el sur, y había llovido un poco a lo largo del día, pero cuando el sol tocó las aguas y todo se llenó de reflejos dorados, los vientos y las aguas se paralizaron como inmovilizados por un hechizo y la mayor cayó como muerta chasqueando vacía sobre la verga.

»Pero no tuvimos tiempo para sentirnos sorprendidos o asustados, ¿sabes, Will? –siguió el capitán con una sonrisa triste reluciendo bajo la luz de los candiles de la cubierta de popa–. En cuanto aquella música maldita llegó hasta nuestros oídos, todo lo demás dejó de existir. Ella había llamado a nuestro barco, como se lo he visto hacer después, siempre en esa hora maldita de los mosquitos, cuando el mar acaba de tragarse el sol.

–Espera, espera, abuelo… –siguió el muchacho ahora con más respeto, aún algo impresionado. Will le había dejado sentarse otra vez frente a él pero aún no había soltado el cuchillo–, ¿me estás diciendo que conociste al capitán Black, que hablaba contigo?

–¿Que si le conocí, preguntas? Serví en el Anglazzel durante más de una década, hasta que las aguas se lo llevaron –un silencio respetuoso se impuso ante aquellas palabras entre los jóvenes que hasta ese momento se habían reído del anciano–. Y sí, a veces hablaba conmigo. El capitán no era hombre de muchas palabras. Generalmente la bastaba con hacer un gesto hacia el segundo para que todos supiésemos lo que deseaba, pero algunas noches le sorprendía la melancolía y entonces solía buscar mi compañía; imagino que porque era el más joven del barco y el menos dispuesto a interrumpirle.


–No hubo gritos, Will. Nadie tuvo miedo. Nos deslizamos suavemente hacia su roca, embelesados por esa canción. Jamás había escuchado algo parecido, no creo que haya un sonido en la naturaleza que pueda competir en belleza con aquella música. Recuerdo los terribles momentos posteriores, cuando las rocas hacían pedazos los maderos del casco y los huesos de los marinos, apenas como en un sueño…

»Después ya era de noche y por algún tipo de milagro yo seguía allí. Tenía algunos rasguños en los brazos y las ropas hechas un asco, pero no estaba herido. Ella me miraba.

»A la luz de la luna, su piel era como si la misma roca mojada por el agua del mar hubiese cincelado aquel cuerpo firme de muchacha; finas trenzas caían hacia su espalda, ensortijadas y adornadas con pequeños corales y caracolas, y sus ojos tenían el color de las profundidades del océano. Seguía cantando, apenas entreabriendo los labios carnosos. Las palabras acudieron a mi boca como siguiendo una orden muda: «Te amo», le dije.

»Y ella se rió. Una risa como miles de campanillas de cristal bailando bajo las estrellas y sobre el murmullo de las olas que chocaban contra la roca.




–¡Trae más ron, muchacho, no seas tímido, que yo lo pago, ¡diablos!

La tarde transcurría ahora muy diferente a como había empezado. Ahora, varios muchachos se sentaban frente al viejo lobo de mar con caras de atención y respeto, embelesados por la historia como las víctimas de la Sirena por su canción.

–Él nunca llegó a reconocérmelo, pero el viejo William Wolf conocía bien al capitán. Yo creo que aquella noche hizo algún tipo de trato con ella.

»Desde el día en que le cortó el cuello a ese sádico de Marrow, el Anglazzel ya no conoció a otro capitán. Y con él es con quien nos convertimos en leyenda. Fue gracias a él que unos mocosos borrachos y alborotados ahora hayáis cerrado la boca.

»Siempre fue un gran tipo, «Disfruta hoy, William, es una orden», me decía cada vez que tocábamos tierra y me veía partir con mis tesoros bajo el brazo de camino a una taberna.

»Jamás permitió que nadie violase a una mujer, ninguno de los tripulantes de las naves que abordábamos fue torturado o humillado, pero prácticamente nunca, durante más de diez años, hubo supervivientes. Si los marinos morían durante la lucha, bien, pero tanto si se rendían como si no, el resultado era el mismo. Una vez desvalijadas las riquezas de la bodega, el barco era abandonado, con toda su tripulación, hacia las corrientes que los llevaban contra sus rocas.

»Nadie sabe cómo diablos lo lograba, pero parecía que él estaba de alguna forma en contacto con ella. Siempre sabía dónde iba a aparecer la roca de la Sirena. Ni uno solo de los barcos que tomamos dejó de estrellarse contra aquellas aristas afiladas hacia las que él los empujaba.

»Algunos, a veces, incluso éramos capaces de distinguir de lejos una especie de arrullo, como una música que quiere llegar hasta tus oídos pero suena demasiado lejana como para distinguirla, y a fe mía que gracias a Dios nunca fuimos capaces de hacerlo, no quisiera saber cuál hubiese sido nuestro destino entonces.

»En aquellas noches era cuando su humor parecía más abatido, no importaba el oro ni las joyas que hubiésemos robado. Si tan sólo un breve acorde de aquella canción llegaba hasta él, se hundía durante días en un estado de ensoñación del que nada podía hacerle reaccionar.


–Ella no es malvada, Will. Lo sé. Puedo sentirlo ¿Pero cómo diablos voy a poder ganar su favor si es con las almas de los marinos muertos con lo que ella se alimenta?

–Capitán, otros piratas asesinan a los tripulantes de los barcos vencidos, o los entregan a los tiburones. Usted se los entrega a ella, y eso nos hace invencibles. Pues por mí, que así sea.

–Eres un buen chico, William.

–Gracias, capitán.

–No es su intención ser cruel… es esa canción, su maldición. Es demasiado hermosa para que oídos humanos sean testigos. Ella simplemente es lo que es. Es el reclamo que usa el mar para quedarse con las almas de los marinos.

–Lo que usted diga, capitán.


–El Anglazzel pasó a ser sinónimo de muerte –siguió el viejo William con toda una audiencia cautivada por la narración–. Ya se ha perdido la cuenta de la cantidad de barcos que envió a pique durante aquellos diez años.

»Los piratas apenas se atrevían a susurrar el nombre de Bartolomeus Black entre jarras de ron y con la nariz enterrada en lo profundo de la barra, como para no ofender a aquel que ya era igual de temido entre corderos y lobos. Tal era la obsesión que parecía demostrar hacia su inaccesible dama que arrastraba barco tras barco hasta las rocas que sólo él sabía encontrar donde eran destrozados. Los mares se tiñeron de sangre. Los pocos que sobrevivieron decían que lo último que aquellas pobres almas podían escuchar era la lúgubre canción de la Sirena, repleta de inmensa belleza y melancolía.


–Por las noches tengo pesadillas, William. Sueño con las almas de todos aquellos a quienes he arrastrado hasta su roca.

»Quieren que rinda cuentas, Will, que pague por mis pecados y abandone esta matanza… no puedo. No entienden que, aunque sólo sea durante un instante, de esta manera a veces tengo la oportunidad de contemplarla de nuevo.


–¿Y no paró? –preguntó uno de los jóvenes que parecía más interesado.

–¿Parar? ¡Qué va! Muy al contrario, cada vez salíamos más a la mar, aunque ya todos éramos más ricos de lo que hubiésemos llegado a imaginar, ninguno nos atrevíamos a desobedecer sus órdenes. Y cada vez era igual.

»Después de cada batalla, de cada saqueo despiadado, se le podía ver solo, pensativo a la proa del barco sin permitir que ninguno de nosotros nos acercáramos. Su rostro era un misterio, su mirada quedaba clavada en el horizonte frente a él, pero todos sabíamos por dónde vagaban sus pensamientos. Por un instante breve y precioso, todos nosotros, antes de perder de vista el barco abordado y enviado hacia las rocas de la perdición, también habíamos podido escuchar fugazmente aquel canto de belleza arrebatadora. Cada día se hacía más y más difícil seguir huyendo en el último momento de aquellas notas que te acariciaban el pelo con dedos invisibles de bruma y humo.

»Y cada día él hablaba menos y lloraba más, a solas, en su camarote, lejos de miradas inoportunas.

»Había habido un tiempo en el que los piratas en las tabernas de Tortuga se jugaban a duelos a cuchillo un puesto en su tripulación. Todos querían entrar al servicio de aquel joven que no conocía la derrota. Parecía como si la mismísima muerte fuese su aliada.

»En cambio, cerca del final, se comenzó a rumorear que estaba loco. Sus hombres comenzaron a tener miedo de él y apenas se atrevían a mirarle a la cara cuando paseaba por cubierta como un animal enjaulado, la vista clavada en el horizonte al acecho de alguna vela que poder ofrecer en sacrificio.


–Ella nunca tendrá suficiente, Will. Todas estas muertes no tienen ningún sentido, y sin embargo creo que cada día estoy más cerca de ella. Ahora casi puedo escucharla cantar mi nombre cuando nos acercamos demasiado a la roca.

–Capitán, quizá tendríamos que dejar de apurar tanto…

–¡Escucha! ¿No lo oyes?

El joven William reconoció otra vez aquella música terrible y hermosa y palideció. Su capitán tenía una extraña expresión en el rostro que no había mostrado hasta entonces.

–¿Capitán?

Sin hacerle caso, el capitán dio una patada a la rueda del timón, haciendo girar el barco hacia estribor. El sol se estaba poniendo. Luego se acercó hasta Will, le dio un puñetazo en el estómago que le dejó sin aire y le ató la muñeca a un trozo de madera de alcornoque. Luego, le empujó hasta la amura de babor.

–¿Por qué, mi capitán?

–Porque eres una buena persona, William Wolf.

Luego arrojó al chico por la borda.


–Él me lanzó al agua y luego fue corriendo hasta la cubierta de proa, soltando carcajadas eufóricas mientras el Anglazzel se precipitaba hacia las afiladas rocas, que acababan de materializarse frente a él como por arte de magia.

»En ningún momento pude dejar de escuchar y de maravillarme por la canción. Por algún motivo, la corriente a mí no me arrastró como al resto de mis compañeros hasta la muerte. En ningún momento dejó de cantar mientras el Anglazzel se hacía pedazos.

»Desde mi trozo de alcornoque, flotando media milla de la roca, pude ver cómo ella surgía de las aguas; infinitamente hermosa y delicada como la más hermosa de las flores, terrible y despiadada como la madre de todas las tormentas. Acunaba en sus gráciles brazos el cuerpo rígido e inerte del capitán. Le acariciaba la cara. Y cantaba.

El sol comenzó a ponerse más allá de las paredes de la taberna donde el viejo desgranaba su historia. Entonces, un alarido espeluznante se alzó desde la bahía y recorrió hasta el último extremo de la pequeña isla. Los hombres corrieron aterrorizados de un lugar a otro. Dejaron de prestar atención a la historia del anciano William, quien era el único que se había mantenido impasible ante aquel grito.

–Es él –gritó, aterrado, uno de los chicos que había estado escuchando–. Es el Ángel de la Noche. Hace un mes se lo pudo ver cerca de Esmeralda. Esta vez viene a por nosotros.

–No, chico, nadie va a morir esta noche –respondió William.

–Estás completamente loco, viejo –dijo el chico antes de salir huyendo.

William Wolf se había quedado, en cuestión de segundos, completamente solo en la cantina; todos habían salido corriendo del salón para huir hacia el interior de la isla. Se levantó despacio de su banco. Las rodillas le crujían y le dolían horrores –pronto habría tormenta sin duda–. Luego, sin prisas, se puso el sombrero y la capa y salió del local.

Se dirigió hacia el estrecho brazo de tierra que cerraba la bahía adentrándose hacia el mar calmo como una serpiente. Caminó despacio hasta el extremo más alejado y contempló con calma la belleza de la puesta de sol. El verano estaba llegando a su fin y el calor vibraba a su alrededor. El horizonte acababa de tragarse la esfera del sol y brillaba radiante, violento hasta herir los ojos, fundiendo el cielo y el mar en un todo dorado, ambarino. William entornó los párpados enmarcados con arrugas viejas de piel curtida y se hizo sombra con la mano para contemplar una silueta, una sombra que le parecía ver ahora a contraluz hacia poniente. Era una pequeña isla, formada por un grupo de rocas afiladas y amenazadoras. El viejo estaba seguro que aquella mañana el islote no había estado allí. Sus sospechas se confirmaron cuando pudo distinguir la silueta de una hermosa mujer sobre una de las rocas, recogiendo su pelo mojado entre sus dedos para trenzarlo con delicadeza.

Una melodía pareció surgir de aquella isla, una música antigua y misteriosa que parecía llamarle, suplicarle que se arrojase al mar y nadase hasta aquella mujer, pero entonces, justo cuando el viejo Will parecía ir a dar el primer paso que le adentrase en las aguas calmas, otra vez aquel alarido resonó en miles de ecos a través de la bahía, y el susto dejó los pies del viejo marino clavados en la tierra.

El viejo marino se fijó entonces en una sombra oscura que parecía volar rauda bajo la superficie del agua quieta como un espejo. Se dirigió hasta el islote y una criatura que parecía formada por la quintaesencia de la tiniebla saltó desde el agua y desplegó dos inmensas alas negras, quedando suspendida frente a la figura femenina de las rocas. Aulló otra vez. Su presencia era temible, su alarido helaba la sangre en las venas, pero algo que William pareció reconocer en la cara de la aparición mientras se acercaba a la Sirena impidió que se diese la vuelta para correr colina arriba como el resto de los clientes de la taberna. Era… sí, ternura.

El Ángel de la Noche aleteó un par de veces para acercarse más a la Sirena. Los brillos dorados del sol se extinguían y las primeras estrellas se podían ver con claridad. Antes de que la oscuridad desdibujase la silueta del islote, a William le pareció ver cómo la Sirena acariciaba la cara de aquel demonio de oscuridad y sombras. El viejo lobo de mar suspiró y una sonrisa cansada se dibujó en su cara gastada.

–Disfruta hoy, mi capitán, es una orden.


Cuentan los ancianos que en los días de calor, justo en ese momento mágico cuando el sol se funde con el mar y la calima dorada y los dos mundos pueden tocarse con la punta de los dedos, el Ángel de la Noche puede verse surcando raudo las aguas bajo la espuma de las olas, siguiendo las estelas de los barcos que se acercan a ciertas islas rocosas, como una inmensa ave rapaz submarina. Cuentan, que sus gritos acuchillan la penumbra aterrorizando al más temerario de los hombres, haciéndoles huir a toda vela. Cuentan, que desde la primera vez que el Ángel fue avistado por los mares, ningún barco ha vuelto a estrellarse contra la roca de la Sirena. No hay tramos de costa marcados con cruces y guirnaldas de flores colocadas por viudas de piratas sin tumba. Ya no hay rocas manchadas de sangre.

Ya no hay nadie que recuerde la belleza triste de su canción.
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Última edición por Felicity el 05 Nov 2008 23:05, editado 2 veces en total.
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ciro
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Re: I FANTASÍA: LA SIRENA Y EL ÁNGEL DE LA NOCHE

Mensaje por ciro » 26 Oct 2008 23:23

Para mi uno de los tres mejores. Con ritmo, saber hacer y una leyenda bonita. Por ponerle algun perillo, el que acabe con un final feliz, que no me gusta demasiado, pero es una apreciación meramente personal. Puntuacion 9.
Suele ser más rentable escuchar que hablar. No hagáis como yo. Cosecha propia

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Ororo
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Re: I FANTASÍA: LA SIRENA Y EL ÁNGEL DE LA NOCHE

Mensaje por Ororo » 27 Oct 2008 00:24

Me ha parecido una historia preciosa y espectacularmente narrada. Desde el viejo contando la historia a los chicos hasta lo que siente el capitán.
Detalle minucioso que te hace ver mentalmente la situación.
De mis favoritos.
Bravo!!

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Roland
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Re: I FANTASÍA: LA SIRENA Y EL ÁNGEL DE LA NOCHE

Mensaje por Roland » 27 Oct 2008 18:11

–Disfruta hoy, mi capitán, es una orden.

Bravo, bravo, bravo. Cautivador, mágico, entrañable... Puedo imaginarme al anciano rodeado de jóvenes grumetes que lo miran con una mezcla de incredulidad y asombro. Estilo, desarrollo, originalidad, expresión...No le encuentro fallo. De un plumazo, se ha colocado el primero de mi lista de favoritos, por encima de Como el perro y el gato y El dragón caza-pesadillas, que eran para mi los mejores hasta ahora.
Enhorabuena al autor! :eusa_clap: :eusa_clap: :eusa_clap:
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takeo
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Re: I FANTASÍA: LA SIRENA Y EL ÁNGEL DE LA NOCHE

Mensaje por takeo » 28 Oct 2008 14:37

Me ha gustado, buena historia, entretenido. Tiene algún fallo pero fácilmente corregible.
De los mejores

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SHardin
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Re: I FANTASÍA: LA SIRENA Y EL ÁNGEL DE LA NOCHE

Mensaje por SHardin » 28 Oct 2008 15:20

Leído. No hay elfos o enanos. Me ha gustado mucho pero al principio me ha costado distinguir cuando estaba la acción sobre el presente (la taberna) y cuando sobre los recuerdos del viejo, luego se me hizo más evidente, entré en la historia y la disfrute.
Última edición por SHardin el 30 Oct 2008 01:20, editado 1 vez en total.

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Re: I FANTASÍA: LA SIRENA Y EL ÁNGEL DE LA NOCHE

Mensaje por Arwen_77 » 30 Oct 2008 00:09

Me ha gustado mucho. Bien narrado y ambientado. Melancólicamente bello. Sólo como pequeña pega, que al principio hay que estar muy atento para saber cuando se refiere al propio Will y cuando al capitán Black.
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Re: I FANTASÍA: LA SIRENA Y EL ÁNGEL DE LA NOCHE

Mensaje por Desierto » 30 Oct 2008 01:01

Me gusta, quizá el final un poco precipitado.
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Re: I FANTASÍA: LA SIRENA Y EL ÁNGEL DE LA NOCHE

Mensaje por Nelly » 30 Oct 2008 11:16

Es un cuento muy bonito. Creo que es de una mujer o de una persona joven, idealista, y algo triste. Cuida mucho las formas, diría que empezó a escribir hace poco y que le gusta Los Piratas del Caribe (Will, Tortuga, etc.), ja,ja,ja…
Y ahora, al cuento: tiene momentos muy buenos y otros que podrían suprimirse –y no me refiero a porque sean malos, sino por que el lector lo entiende igual-, sin que con ello la atmósfera pierda ese toque que le quiere dar. Se deja llevar bien por la aventura.
Mi enhorabuena.

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Re: I FANTASÍA: LA SIRENA Y EL ÁNGEL DE LA NOCHE

Mensaje por Zelti » 01 Nov 2008 15:03

Nelly escribió:Mi enhorabuena.


También la mía. Se perdió mi comentario, con la porra y todo, dije que no estaba entre mis favoritos, pero en una segunda lectura me doy cuenta de que lo infravaloré; un relato muy cuidado :mrgreen:

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Re: I FANTASÍA: LA SIRENA Y EL ÁNGEL DE LA NOCHE

Mensaje por Emperatriz_Infantil » 02 Nov 2008 11:12

Me encanta!!! Ya lo dije en su momento, pero lo repito: es una historia preciosa, muy de mi estilo, y me ha costado mucho tiempo decidirme en la votación.
Como puntos negativos, que en un principio cuesta distinguir futuro, presente y quien habla en cada momento, pero luego la narración va a un buen ritmo, y me gusta el final al que llegan ¡Felicidades y suerte!

Kisses
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:101: Leyendo 2: Magnus Chase y el Barco de los Muertos, Rick Riordan

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Re: I FANTASÍA: LA SIRENA Y EL ÁNGEL DE LA NOCHE

Mensaje por Lacedemonia » 02 Nov 2008 15:06

Un relato bien contado y que pude ver más que leer. Imágenes muy atractivas y personajes que prometen una personalidad interesante, aunque un simple relato se queda corto para ello. Tengo la impresión de que hay varios autores en este concurso que podrían dar mucho de sí en historias más largas. Este es uno de ellos. Nota de 0 a 12: 10.

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Re: I FANTASÍA: LA SIRENA Y EL ÁNGEL DE LA NOCHE

Mensaje por Jaime » 02 Nov 2008 15:38

No está mal, el autor cuida tanto las formas como la historia. Es un relato de gran belleza.
Enhorabuena :wink:
Leyendo...
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Re: I FANTASÍA: LA SIRENA Y EL ÁNGEL DE LA NOCHE

Mensaje por Alejandro Castroguer » 03 Nov 2008 13:15

(saltándome mis principios silenciosos)

Está conseguida esa dualidad presente / pasado, para prestarle cierta melancolía al relato,
como si dijese entre líneas Cualquier tiempo pasado fue mejor... pero...
hay momentos en que veo a Jack Sparrow y a Will Turner de cierta película Disney.
También puede ser que haya un homenaje al Ulises de Homero.

A lo mejor estoy desbarrando.

En definitiva, interesante.
"Los hay que escriben para conseguir los aplausos (...). Yo, por mi parte,
me sirvo del genio para pintar las delicias de la crueldad."

(Los Cantos de Maldørør, Lautréamont)

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Re: I FANTASÍA: LA SIRENA Y EL ÁNGEL DE LA NOCHE

Mensaje por Matu » 03 Nov 2008 21:17

Uno de los mejores. Me gustó mucho la historia, tiene sabor a leyenda. Los personajes son buenos y está muy bien narrado. El final, quizá un poco rápido, pero el balance es bastante bueno :D

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