CPIV- El león hambriento - Ciro

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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Arwen_77
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CPIV- El león hambriento - Ciro

Mensaje por Arwen_77 » 07 Abr 2009 22:28

EL LEÓN HAMBRIENTO.

El circo hacía muchos años que no era un negocio fructífero. De los grandes circos en las grandes ciudades se pasó a los circos medianos en ciudades medianas y, en la triste degeneración que actualmente se vivía, a los pequeños circos en los pequeños pueblos. Éste en concreto era pequeño y estaba regentado por un pequeño. En efecto, era el enano Ricardini quien llevaba su enano circo por lo más arrastrado de las poblaciones de una Europa rural y cicatera.

Ricardini era un enano con solera en el circo, hijo a su vez de enanos que habían trabajado en el mismo circo. Se había hecho con el control de los despojos que el empresario Hoffman había dejado tras deshacerse de la mayor parte de la plantilla y liquidar sus deudas más acuciantes. Como algunas habían quedado sin saldar, Hoffman desapareció por el mundo sin saberse más de él y Ricardini se había quedado con lo puesto. Y lo puesto era muy poca cosa: un león desdentado y escuálido a fuerza de ayunos y malos tratos que el propio enano se encargaba de fustigar más que de domar; una contorsionista albina llamada Melisa aquejada no solo de su intolerancia al sol sino de una enfermedad que hacía mas elásticos sus músculos, sus articulaciones y sus tendones a la que llamaban Síndrome de Marfan, la cual le venía de perlas para sus ejercicios gimnásticos y que, sin duda, la habría hecho una gran artista si su fortaleza mental hubiera sido otra; los payasos Golfo y Rolfo, una pareja de homosexuales que habían tenido miedo de tener que separarse si abandonaban el circo, puesto que mientras Golfo era un maestro haciendo reír a los espectadores, Rolfo, borracho en muchas de las veladas, hacía mucho tiempo que no conseguía una risa ni del más inocente de los niños. El amor que Golfo profesaba por Rolfo era tan intenso que había sacrificado su propia carrera por aquel borrachín sin remedio y languidecía en el andrajoso circo de Ricardini. Completaban la exigua compañía circense dos malvados croatas llamados Marec y Divac, más malhechores que artistas que se encargaban de los trabajos duros del montaje y desmontaje de la ridícula carpa y en las sesiones actuaban como amaestradores de cinco perrillos, que saltaban algunos aros de fuego, en un número deprimente, pero que llenaba espacio.

Sin embargo, desde que Ricardini se había hecho con el control del circo, los dos croatas, más perros que los propios que amaestraban, servían fielmente al enano como celosos guardianes de Melisa. La triste albina, delgada, con el pelo lacio y fino, y la piel blanquísima excepto en algunos puntos en que se apreciaban los morados típicos de haber recibido golpes, era la esclava sexual del enano. Ricardini siempre había ambicionado sentir bajo su cuerpo deforme a la blanca Melisa, pero fue cuando el circo quedó prácticamente deshecho con el abandono del empresario Hoffman cuando llevó a cabo su plan, apoyado por los croatas, tan malignos como faltos de talento para encontrar trabajo en otro lugar. Bajo la promesa de compartir con ellos las exiguas ganancias del circo, Marec y Divac habían ayudado a Ricardini a mantener como una prisionera a Melisa.

Melisa, abandonada como única mujer que quedaba en el circo, con una naturaleza pusilánime y una salud errante, había admitido como mal necesario que las combadas piernas del enano, su torso peludo y diminuto, su nariz apenas existente y su lengua grande y lasciva, contactaran con su blanquísima piel y noche tras noche la sometieran a las depravadas apetencias de Ricardini. Casi siempre se mostraba indiferente a este disfrute sexual para el enano y simplemente acto repugnante para ella, lo que exacerbaba a Ricardini, que la golpeaba con saña, quizá para paliar su vida de desprecio continuo de aquellos que le superaban en apostura y estatura o, simplemente, por mero sadismo.

Golfo y Rolfo bastante tenían con sus problemas sentimentales como para preocuparse por la atípica pareja del enano y la albina, aunque a nadie pasaban desapercibidos, los cardenales que lucía en las actuaciones la pálida Melisa, atenuados por la luz ambarina de los dos únicos focos que iluminaban el escenario del circo y que difícilmente se observaban a la luz del día pues Melisa como albina apenas salía de su destartalada caravana que le servía de hogar por el día y celda de tormento por las noches.

En los primeros meses la pareja de croatas vigilaban con cierto rigor la caravana de Melisa, pero viendo que la albina no salía nunca de día y que las promesas del enano de repartir beneficios llevaban más disculpas que réditos, habían relajado la vigilancia y se dedicaban más a hacer sus tropelías en los pueblos en los que iban parando, en forma de robos y estupros, que en más de una ocasión habían obligado a desmontar el circo en medio de la noche y salir apresuradamente a toda la compañía.

El pueblo en que en esta ocasión habían parado era, como últimamente, un pueblo sin pena ni gloria, pequeño, sin muchas exigencias artísticas, pero con la suficiente población para hacer algo de caja y tan escasos de diversiones que hasta un circo tan deforme como su dueño llamaba la atención entre la población. Como siempre hacía, el enano trataba de ganarse las simpatías del alcalde del pueblo invitándolo a algunas rondas en cualquiera de las tabernas y pedía su colaboración para difundir la nueva de la venida del Gran Circo Mundial de Roma, pomposo título que parecía más una broma macabra que un nombre real.

En esta ocasión la labor del alcalde se vio facilitada por la del menos inteligente de los habitantes del poblacho, al que llamaban el tonto Rico. Este personaje, lejos de ser un tonto completo, era más bien un ligero retrasado con buenas intenciones e ilusionantes proyectos, pues de cada acontecimiento banal que ocurría en el aburrido pueblo, él hacía una de sus ilusiones. En este caso su ilusión se centraba en el circo que había acampado a las afueras de la población y del que se decía que traía hasta un león fierísimo, cosa poco vista por aquellos lares.

Esa mañana, tras atender a su madre inválida, como solía hacer cada amanecer y propinarle sonoros besos que hacían reír a la anciana con estrépito, atraído por la novedad del circo se acercó al llano que albergaba los paupérrimos barracones rodantes. Su intención era observar de cerca al fiero león del que se hacían lenguas todos los habitantes inteligentes del pueblo y sobre todo todas las mujeres, más propensas a charlar con el tonto Rico o, simplemente, más propensas a charlar. No fue difícil encontrar la destartalada jaula del famélico león, que a los ojos de Rico tenía unas garras afiladísimas, unos dientes punzantes y una melena gloriosa, cuando en realidad tenía las garras "capadas" por orden del enano, le faltaban varios dientes por la desnutrición y la vejez y su melena estaba muy lejos de ser gloriosa, tan despeluchada y escasa era.

Contento de haber saciado su curiosidad sin haber sido abroncado por nadie, Rico se disponía a volver al pueblo cuando oyó unos sollozos que provenían de uno de los barracones rodantes. Curioso, se asomó a la ventanilla, pero ésta se encontraba cubierta por una espesa cortina que no dejaba pasar la luz al interior ni ver desde el exterior, por lo que probó a abrir la puerta en su inocencia. Dentro encontró al ser más blanco que había visto en su vida, llorando con apagados sollozos y cubierta de cardenales. En efecto, el enano se había propasado la noche anterior más de lo debido, tras confesarle la albina que llevaba tres faltas de su regla y que probablemente se encontraba embarazada. Ricardini que probablemente odiaba a sus propios padres por haberle traído a este mundo con su deformidad, lo último que quería era tener una descendencia tan deforme como él, sin contar que perdía a su único elemento válido en el circo por una temporada larga. Le había dicho a la albina que, de inmediato, debía abortar el posible engendro que saldría de su vientre y que ya encontraría él quien llevara a cabo el acto, por supuesto, sin que les costara demasiado. Contrariamente a la natural actitud de sumisión y pasividad de otras ocasiones, Melisa se había rebelado contra la decisión del enano y se había negado en redondo a abortar a su futuro hijo. Enfurecido consigo mismo, con Melisa y probablemente con el mundo en general, el enano había respondido con una violencia superior a la habitual en él y había descargado todos los golpes de que fue capaz en su intervalo de furia sobre el pálido cuerpo de Melisa. De ahí que esta mañana la albina estuviera sollozando y cubierta de cardenales, junto con varias heridas con sangre adherida que el ostentoso anillo que llevaba el enano había dejado en su cara.

El compasivo Rico se acercó y tiernamente le acarició su cara y le preguntó:

-¿Qué te pasa hada linda?

En su inocencia Rico solo podía pensar en aquel ser como en un hada, tan blanca y etérea la veía.

Melisa, acostumbrada a que nadie la escuchara, soltó por su boca todas sus penas y con un llanto franco y, por una vez, con una voz potente maldijo al enano una y mil veces. Fueron estas voces las que alertaron a Ricardini, que paseaba malhumorado en la parte trasera del circo, tratando de encontrar solución al contratiempo que el embarazo de la albina le suponía. Acudió veloz al punto de origen de los gritos moviendo agitadamente sus curvadas piernas como si de un molinillo se tratara y empujando bruscamente la puerta vio como Rico abrazaba a Melisa. Loco de celos gritó:

- ¡Puta, maldita puta! ¿Dónde están Marec y Divac que no te vigilan? ¡Te voy a matar a ti y a ese hijo de puta de tu amante!

Acompañando tanta maldad verbal trató de derribar a Rico con su maldad corporal, pero el tonto Rico era un hombre demasiado corpulento para que el empujón del enano lo desplazara y con un manotazo, más defensivo que ofensivo, hizo chocar al enano contra el filo cortante del marco metálico del vagón ambulante. Ricardini quedó tendido con su enorme lengua llenando su boca y saliendo entre sus labios en una mueca burlona que afeaba aun más su feo rostro. Asustados tanto Rico como Melisa se acercaron a la triste figura del enano y comprobaron que no respiraba. Melisa, por una vez rápida en sus cavilaciones, decidió que ella y Rico echaran el cuerpo del enano al hambriento león. Angustiados observaron como en un periquete el famélico animal dejaba apenas unos restos insignificantes, que con un palo extrajeron de la jaula y enterraron con rapidez.

El circo se había desmontado. Los croatas que cuando volvieron del pueblo de alguna de sus fechorías no encontraron al enano por ninguna parte, vieron en esa falta la constatación de que Ricardini no pretendía pagarles nada de lo pactado y había huido con las últimas recaudaciones. Golfo y Rolfo, que por una vez habían compartido la borrachera y se encontraban abrazados durmiendo en su vagón rodante, de nada se habían enterado y aceptaron con resignación que el enano se hubiera fugado con la recaudación y, aunque se extrañaron de que hubiera abandonado a la albina Melisa, supusieron que se habría cansado de su languidez eterna y le dieron pocas vueltas al asunto. Falto de jefe, el circo se desmontó y a nadie sorprendió que la frágil albina buscara protección en los brazos del tonto del pueblo, que tuvo pronto tres seres a los que amar: su inválida madre, su tierna mujer y un precioso niño que nació a los 7 meses, que sorpresivamente no parecía haber heredado la ligera deficiencia de su supuesto padre ni el albinismo de su madre. A nadie extrañó, por supuesto, que tampoco mostrara ningún signo de enanismo, salvo a sus padres.
Solo hubo una cosa extraña en todo aquel asunto y fue que el famélico león alque todos veían flaco, escuálido y falto de alimento, que había sido adoptado por el ayuntamiento como atracción para visitantes, no quiso, sin embargo, comer durante una semana entera, por muy apetitosa que fuera la carne que le arrojaban a su jaula. Todos pensaron que se trató de la tristeza de la ausencia de su amo, quien seguramente guiado por su amor al animal, había dejado en la jaula su anillo, que rápidamente se adjudicó el alcalde. Sin embargo el león, ciertamente, no parecía entristecido y tras la primera semana comió con normalidad.
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Atali
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Re: CPIV- EL LEÓN HAMBRIENTO

Mensaje por Atali » 14 Abr 2009 14:11

El usuario se ha dado de baja porque cree que los moderadores de este foro carecen de respeto.
Última edición por Atali el 18 Abr 2010 11:24, editado 1 vez en total.

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Re: CPIV- EL LEÓN HAMBRIENTO

Mensaje por Minea » 14 Abr 2009 16:33

Muy original y divertido. Me encanta el final :twisted:

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Re: CPIV- EL LEÓN HAMBRIENTO

Mensaje por Ororo » 15 Abr 2009 13:45

Una historia bien escrita, sin grandezas.
Lineal, bien llevada, inspira ternura. Aunque echo de menos algo más de emoción.
No soy lo que escribo; soy lo que tú sientes al leerme.

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Gabi
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Re: CPIV- EL LEÓN HAMBRIENTO

Mensaje por Gabi » 16 Abr 2009 02:50

Genial! Una historia original y divertida :D
Muy interesantes los personajes y la descripción que se hace de ellos.
Y por supuesto me encanta la forma en la que termina el enano :grinno:
"Sé selectivo en tus batallas, a veces tener paz es mejor que tener la razón".

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Re: CPIV- EL LEÓN HAMBRIENTO

Mensaje por El Ekilibrio » 16 Abr 2009 09:19

Maravilloso relato.
Felicidades al autor/a. Me lo he pasado teta leyéndolo
Nunca discutas con un imbécil, te hará descender a su nivel y allí te ganará por experiencia
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Re: CPIV- EL LEÓN HAMBRIENTO

Mensaje por takeo » 16 Abr 2009 19:32

Alguna frase innecesaria pues ya en párrafos anteriores quedan claros los hechos y las consecuencias.
La puntuación, a veces, dificulta la lectura.
Entretenido.

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Re: CPIV- El león hambriento

Mensaje por Emma » 17 Abr 2009 21:07

Muy entretenido y poquitos fallos :P buena descripción de los personajes (el enano en concreto consigue hacerlo repulsivo con tan solo unas frases) bravo por eso :eusa_clap:
Uno de mis favoritos hasta ahora. Habrá relectura.

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Re: CPIV- El león hambriento

Mensaje por Nieves » 18 Abr 2009 19:57

Por lo que dicen debe ser divertido, pero no me lo ha parecido. Debo tener otro sentido del humor. Lo cual no quiere decir que no me haya gustado. Es un relato fácil de leer, entretenido. Quizás poco emocionante. No me ha gustado que el "salvador" sea el tonto del pueblo, y demasiada casualidad que el niño no fuera ni enano, ni albino ¿a quién se parece, al tonto?
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Re: CPIV- El león hambriento

Mensaje por Fenix » 19 Abr 2009 01:27

Bueno, albinas, enanos, tonto de capirote y un relato inocente, un cuento sin moraleja donde el único que gana algo es el león. ¿Divertido? A mí no me lo ha parecido. Personajes bien definidos como dice Emma, me alegré de que se lo comiera el león.

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Re: CPIV- El león hambriento

Mensaje por Emma » 19 Abr 2009 18:42

Claro que entretenido…cuando llevas leídos quince cuentos seguidos de muertes, maltrato, inmi/emigración, y enanas rojas, se agradece un cuento de estos :lengua:

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Re: CPIV- El león hambriento

Mensaje por Aprendiz de Meiga » 19 Abr 2009 20:00

Muy entretenido y bien escrito.
"Que no haya sueños que se queden pendientes"

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Re: CPIV- El león hambriento

Mensaje por lord_krayzer » 20 Abr 2009 13:42

Los personajes estan descritos de manera excelsa, en pocas líneas sabes todo lo que tienes que saber de elos. un léxico bien empleado entre lo sarcástico y el humor oscuro.
Quizas lo malo sea el titulo, porque te adelanta el final; creo que este enano es muy diferente a Sanson el director del circo en Carnivalle.
En efecto no hay un mensaje o moraleja, pero bueno... no todo en la vida debe de tenerlo. si ni siquiera la vida misma en muchos sentidos tiene que llevar una.
Aunque por mas que me trato de imaginar como una compañia de seis puede mantener una carpa, un poco mas de descripcion sobre las dimensiones de la misma hubiera sido bueno para darle una panorámica dimensional al lector.
yo he visto algunas carpas de esas dimensiones, pero si es un poco complicado leer carpa de circo y pensar que sólo en dos personas para montar todo.
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Merridew
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Re: CPIV- El león hambriento

Mensaje por Merridew » 22 Abr 2009 09:43

Está muy bien, es original y está bien resuelto (a medida que lo iba leyendo temía un final precipitado porque me estaba gustando mucho). Tiene calidad, sí señor.
Lo que eres me distrae de lo que dices

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Matu
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Re: CPIV- El león hambriento

Mensaje por Matu » 23 Abr 2009 01:20

Me pasó como a Nieves: no me pareció divertido. La lectura se me hizo llevadera, pero... un relato donde un enano de circo viola y maltrata a una pobre albina enferma, la obliga a realizarse un aborto (¡encima el más barato posible!), soborna a los croatas para que sean complices, etc, no me puede parecer divertido, excepto que se intente con el humor negro (que en este caso yo no lo encontré) :?
Igualmente el relato está bien escrito y como dije antes, no se me hizo pesado en ningún momento (y hasta por momentos me atrapó). Si la intención era hacer reir, lo siento, conmigo no funcionó, pero eso no quita que me haya parecido un relato entretenido.
No me disgusto, pero tampoco me encantó.

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