CPIV- El libro de mi amor - Xa-LFDM

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Arwen_77
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CPIV- El libro de mi amor - Xa-LFDM

Mensaje por Arwen_77 » 07 Abr 2009 22:30

El libro de mi amor

El gorrión siguió volando, aunque se veía incapaz de manejar sus alas bajo el aguacero, había seguido el consejo de sus compañeros y se había adentrado en aquel reino, aunque había permanecido en el mucho más tiempo del qué le habían aconsejado. Era cierto que el invierno era muy cálido y no necesitabas viajar, pero estando los bosques tan llenos de depredadores, uno no podía refugiarse en cualquier parte cuando caían las interminables lluvias. Por suerte, la gente se compadecía de él y le daba cobijo en sus cornisas… no es que le hubieran empezado a gustar los humanos, pero mientras no les quitase ojo de encima, no podían sorprenderle para meterle en la cacuela.
Una ráfaga pasó a su lado y vio un tropel de ánades surcando el cielo. Sorprendido, siguió a los patos, hasta que llegaron a un hermoso castillo de piedra gris veteada con musgo… junto a una gran torre que rasgaba las nubes de tormenta. Canturreó feliz, pensando que si había un sitio así, entonces en el lugar más elevado podía estar encerrada una joven y hermosa princesa, solitaria y triste que con tal de tener un poco de compañía, sería capaz de darle unas cuantas miguitas de pan.
Para su sorpresa, cientos de aves, muchas de ellas sus enemigos naturales, se apoyaban en los salientes de la roca y permanecían tranquilos… nadie había ido a visitar la ventana abierta donde aguardaría la damisela.

-¿Pero qué hacéis? -preguntó a unos cuantos de los suyos y un pequeñuelo respondió.
-Hace mucho tiempo, un mago pactó una ley para los animales que reposásemos en esta torre. No debes preocuparte, nadie te comerá -por encima de sus cabezas, un gato gris pasó junto a sus aliados, saludando a unas cuantas aves con una inclinación.
-Pero nadie ha subido a la ventana de la princesa a que os dé de comer.
-Ya lo hicimos, pero allá arriba no hay princesa alguna -replicó la madre del chiquitín.

Intrigado, se alzó en vuelo y se apoyó en el alfeizar de la ventana. Era cierto, no había doncella alguna sino un hombre curtido y corpulento, un guerrero sanguinario que las damiselas tendían a adorar aunque fueran unos brutos desalmados. Aunque aquel hombre… ¿sería por no llevar la armadura o armas? No… ¿tal vez su rostro? Tampoco, parecía tan duro y frío como la roca, ni siquiera el cabello negro como la noche era capaz de dulcificarlo. Era por el brillo cansado y cálido de sus ojos verdes, que daban la sensación de pertenecer a un erudito y no a un hombre sanguinario.
Estaba mirando cientos de pergaminos que iluminaban su rostro con ese tono entre ocre y naranja que irradiaba la magia. Qué sitio tan extraño era aquel reino, en el que la magia parecía correr tan libremente… pero también había visto que como en otros países, decidían librarse de los magos usando el fuego.

-Vaya, un nuevo visitante -afirmó con voz grave y pausada, que le transmitía paz-. ¿Tienes nombre, pequeño amigo?
-Gorrión, ¿qué otro nombre debería tener? -preguntó intrigado. ¿Podía entenderle?
-Vaya, un recién llegado de tierras menos mágicas -al ver su mano extendida, no dudó en colocarse en esta y atusarse un poco las plumas para secarlas. Tenía razón, sólo cuando puso un pie en aquellos extraños parajes fue consciente de quién era… tuvo lo que los suyos llamaban una mente, algo muy útil como había podido comprobar-. Dime, pequeño Gorrión, ¿has viajado por el mundo? ¿Has visto todo lo que uno debe ver?
-Claro que sí, humano -replicó con orgullo. Aun siendo algo tan reciente para él, le gustaba.
-Aunque no lo creas, no tengo tantos visitantes de más allá de estas tierras -afirmó y en su mano, apareció un trozo de pan que olía a recién y estaba hecho mojado en leche. El pájaro empezó a picotear los pedacitos pulcramente cortados para él-. Suelen huir antes de que el raciocinio se instale en su cabeza para siempre.
-Pues a mí me ha sido muy útil, la verdad -reconoció tragando un enorme trozo de comida. Pudo escuchar cómo por la ventana empezaban a entrar los demás animales a la gran habitación.

Fuera, la lluvia había decidido caer copiosamente y allí dentro, se notaba un calorcito agradable. Levantó la cabeza y observó el lugar: era más el cuarto de un mago que el de un guerrero (de eso entendía, un par de hechiceros le habían capturado para hacer unos rituales extraños en los que le necesitaban). Oyó al humano hablar y se volvió.

-¿Puedes repetírmelo? -preguntó inseguro.
-¿Has visto libros maravillosos allá de donde vienes? -inquirió el hombre. Sus ojos parecían tristes.
-Sí, muchos. Libros hechos de oro, joyas y demás riquezas del hombre. También de plumas de fénix, de piel de leviatán… incluso de carne humana y cabellos para tejer las hojas.
-No, no quiero nada tan sofisticado o repugnante. El libro que buscó es maravilloso, sí, pero sus hojas son de papel y su cubierta de seda azul medianoche. Es inconfundible.
-¿Por qué lo es? Por su descripción parece un libro normal y corriente.
-No, no lo es… -suspiró apesadumbrado- si lo hubieras visto, sabrías reconocerlo.
-Entonces, ¿qué es lo que lo hace tan especial? -preguntó el ave intrigada. Hubo un silencio antes de que el humano empezara a relatar.
-Hace unos cuantos años, pequeño Gorrión, vivía una criatura que se llamaba Eivilial. Era una dulce aunque enfermiza doncella, incluso algunos tachaban que fea, pero por pura envidia ya que tenía los ojos del cielo y los cabellos como el sol; la tez era cálida y el cuerpo delgado como un junco a causa de la enfermedad -le explicó con nostalgia.
-¿Era vuestra amada? -le vio asentir triste-. Lo sospechaba, todos los guerreros tenéis una amada.
-En verdad casi todos los humanos tenemos alguien a quien amar -afirmó con una sonrisa-. Pero me temo que me confundes, nunca fui un guerrero, prefería ser un erudito. Mi gente necesitaba a un rey inteligente que les trajera la prosperidad, no un belicoso que les diera más pesares.
-Oh, aún soy nuevo en esto de descubrir cosas -reconoció un poco avergonzado. Como única respuesta, el hombre le acarició con una mano suave y cariñosa.
-Mi dulce Eivilial… aunque me rogaron que desposara a su hermana, preferí casarme con ella. Al final aceptaron a sabiendas de que moriría pronto y acabaría desposando a Evineilan, su hermana -le vio suspirar, al tiempo que otros animales se colocaban a su alrededor, escuchándole-. No pudimos consumar nuestro matrimonio en la noche de bodas, porque cayó presa de unas extrañas fiebres. Aun a pesar de su salud, ella era una mujer con carácter y decidida, divertida y graciosa… podría hablarte durante años de ella, pero nunca sería capaz de describir ni una pequeña parte de lo que fue para mí.
-Parecía una gran humana… -escuchó cómo algunos le chistaban, deseando escuchar aquella historia.
-Siempre que podía, me escapaba para hablar con ella… salvo por las noches, que llevaba un libro de cuentos y se lo leía en la penumbra. A los protagonistas les llamaba con nuestros nombres, deseando que aunque nuestro amor surgiera sin demasiado romanticismo, se pudiera compensar en su imaginación -continuó. Por unos instantes permaneció en silencio-. Una noche, cuando ella se durmió, pude ver una madeja de hilo plateado que una sombra oscura iba desenrollando.
-La sombra del final -murmuró otra voz de los suyos, que provocó cientos de cuchicheos entre ellos y los gatos.
-Asustado, acudí a las celdas donde encerramos a los seres con magia -siguió relatando-. Busqué entre ellos hasta que encontré a un joven de mi edad, de cabellos blancos y ojos plateados. Pensé que sería una señal, tal vez incluso el destino que le había atraído hasta ese lugar para ayudarme.
-Pero si sois un ser mágico -afirmó Gorrión intrigado-. ¿No sería que visteis en su corazón alguien en quién confiar?
-Nunca pensé que pudiera haber magia recorriendo mi sangre -explicó encogiéndose de hombros-. Él me dijo que estaba dispuesto a ayudarme, si a cambio, evitaba que le quemaran en la hoguera.
-¿Y lo hicisteis?
-Estaba dispuesto a vender mi alma si con ello evitaba que la sombra del final se llevase a Eivilial -reconoció-, pero antes de aceptar, hablé con ella. Le expliqué la situación y aceptó, tan solo me puso como condición que aquella noche yaciera con ella. Deseaba que, por una vez, pudiéramos ser marido y mujer antes de lo que pudiera pasarnos.
-¿Y qué ocurrió después? -preguntó el ave conmovida por la historia.
-Antes de que llegase la mañana, desperté y corrí hacia las mazmorras -relató-. El joven había hecho una copia de sí mismo y de mi mujer. Explicó que fingiría que se la había llevado, así nadie sospecharía de nuestro trato -le vio suspirar y quitarse una lágrima solitaria-. Le llevé ante ella; Eivilial nos esperaba, vestida con un traje azul y temblando, más a causa de su enfermedad que de miedo. Teheel, que era como se llamaba el mago, le preguntó en dónde deseaba ser encerrada, para que nunca tuviera que morir. Ella le entregó el libro de cuentos que siempre le leía… recuerdo una luz y poco más. Después, entre mis manos descansaba un libro pequeño, pero en cuyas mágicas hojas había cientos de historias protagonizadas por mi amada y yo mismo.
-¿Y qué pasó? -insistió otra voz. Debían haber escuchado su historia ciento de veces, pero se veían tan ávidos de conocer como Gorrión.
-El tiempo pasó, ya lo sabéis… crecí y maduré…
-¡Lo cuentas mal! -exclamó un pequeño gato, consiguiendo que el hombre se riera. Le observaron durante largo tiempo, mientras el miraba al ventana con ojos tristes… parecía dudar sobre qué hacer.
-Está bien, lo contaré como es debido -afirmó-. Teheel volvió al día siguiente, supe que era él aunque su aspecto hubiera cambiado. Afirmando que, ahora que le había salvado, deseaba devolverme el favor -rememoró-. En poco tiempo se convirtió en mi mejor amigo y Evineilan en mi esposa, al presuponer todos que su hermana había muerto. Dudaban que hubiera aguantado mucho sin los cuidados que necesitaba.
-¿Cómo pudisteis soportar el estar con alguien a quien no amabais? -preguntó Gorrión sorprendiéndose a sí mismo. No hacía tanto tiempo, no le habría importado algo como aquello… cuando no tenía mente y era sólo un animal.
-Porque ambos éramos muy amigos y entendía que nunca dejaría de amar a su hermana -explicó con una sonrisa-. Tenía una responsabilidad para con mi reino, debía darle descendencia. Al menos pude traer la prosperidad a mi gente y por las noches, acurrucarme tras las páginas del amor de mi vida.
-¿Y cómo acabasteis aquí? Sois un rey no… -isistió el recién llegado.
-Un rey con magia, cuando se descubrió… mi hijo ocupó mi trono y me condenó a permanecer encerrado en esta prisión -explicó con tristeza. Su mano se movió y un cofre bellamente labrado bajó de un estante hasta la mesa-. Teheel pudo huir con Eivilial a otras tierras, me prometió que cuidaría de ella.
-¿Y por qué no podéis reuniros con ellos? La ventana está abierta -dijo señalándola. Al fin había parado de llover.
-Perdí mi nombre y mi hijo me encadenó a esta torre con él… solo si pudiera averiguarlo abandonaría este lugar -afirmó sacando una hoja de papel. No era normal, aunque para la vista pareciera muy común, había algo en ella que te llegaba al alma. Era imposible no reconocerla-. Mientras tanto, debo aguardar hasta que pueda recordarlo.
-¿Y nadie puede ayudaros? -preguntó el pájaro mirando a los demás seres. Todos negaron.
-Prohibieron usar su nombre para evitar que escapase. Nadie lo recuerda ya -explicó un gato negro-. Nunca hemos podido encontrar a alguien en este reino que lo supiera.
-¿Y por qué ninguno de vosotros ha salido en busca de Teheel? -insistió enfadado.
-Ningún animal nacido aquí puede salir de sus fronteras -explicó el monarca triste-. Por eso nunca he podido comunicarme con ellos, ninguno de ellos puede marcharse y tú eres el primer visitante de otras tierras que he recibido… pero aunque pudieras ir, nunca serías capaz de encontrarles.

El ave decidió establecerse, fascinado por ese humano que no sabía su nombre y recordaba tan bien a las personas que había amado. Empezó a visitarle cada día, trayéndole alguna que otra fruslería para hacerle sonreír. Llegó a quererle, a considerarle como el primer amigo que nunca hubiera tenido, incluso amó a Teheel y Eivilial tanto como el monarca, viéndose capaz de identificarles con la misma facilidad que él.

Pero tristemente, un día vio cómo la habitación de la torre ardía. Buscó por todas partes hasta que dentro de una jaula, a la que la gente escupía y lanzaba verduras podridas, reposaba el rey, sin perder su dignidad ni su elegancia, aferrándose a la única hoja que poseía de su esposa. Era horrible.

-¡Majestad! -lo llamó Gorrión, consiguiendo que sonriera-. ¿Por qué estáis aquí? ¿Qué ha pasado con la torre?
-Mi hijo murió -explicó con una sonrisa triste-. Ahora mi nieto, un pobre infeliz temeroso de la magia, me ha condenado a morir de hambre.
-¡Pero ahora podéis huir!- insistió agarrando al hombre de un mechón y tirando con el pico de él. Debía ayudarle, sacarle de allí como fuera.
-Es inútil, sigue atándome con mi nombre… sigo sin poder recordarlo -afirmó derrotado.
-Entonces buscaré alguien fuera de aquí que pueda ayudarnos -afirmó Gorrión echando a volar-. Esperadme su majestad, volveré con vuestro nombre y nos marcharemos de aquí para encontrar a su esposa -salió volando sin esperar respuesta del humano.

Le había poseído una extraña sensación que su mente llamó entusiasmo, incluso estaba mezclada con otra llamada ilusión. Deseaba poder participar en una historia maravillosa, conseguir ayudar a ese pobre enamorado a encontrar el libro que era su amada… ¿qué le movía a hacer algo por un hombre? El hecho de que después de recibir una mente humana, le llegó un corazón que se había compadecido de aquel rey… hasta el punto de intentar buscar por los reinos alguien que supiera de su nombre.
Pero con el paso de los días y las ciudades, empezó a desesperarse, nadie recordaba el nombre del monarca y el tiempo estaba corriendo en su contra.
Después de tanto tiempo vagando en lugares que se le antojaron deprimentes, temió no poder ayudar a su amigo.

Hasta que en las ciudades de los bosques, en un lugar donde la magia era permitida, oteó en todas partes buscando alguien que pudiera ayudarle. Fue en Calairiam donde encontró la esperanza, fue entonces cuando su mirada encontró algo mejor… alguien que podría ayudarle.

-¡Teheel! -llamó sin importarle que los humanos se giraran perplejos a observarles. El aludido se volvió y le miró sorprendido. Estaba tan joven como el monarca se lo había descrito e incluso, a juicio del ave, había sido parco en elogios a la belleza de mago-. Necesito tu ayuda, el rey necesita tu ayuda -se aposentó en la mano que le tendía, como hipnotizado.
-¿Emsar? -preguntó después de unos instantes en silencio. El pájaro se sintió feliz, ¡al fin tenía un nombre, podía liberar a su amigo!-. ¿Te ha enviado él? ¿Por qué después de tantos años acude a mí? Creí que se había olvidado de nosotros.
-Le han atado con su nombre -al escuchar aquello, vio como la expresión del mago dejaba entrever que su corazón estaba roto-. Tenemos que ayudarle, no recuerda su nombre, pero ahora lo sé, puedo salvarle…
-No, eso ya no servirá, no después de tanto tiempo -le colocó en su hombro y echó a correr. El ave se agarró intentando no perderle, aunque era incómodo moverse así-. Debes ayudarle, ¿hay alguna criatura más con la que podamos contar?
-Todos los gatos y pájaros de la ciudad donde está encerrado -reconoció.
-Puede que entonces tengamos una esperanza… espero -afirmó con un tono de voz más alegre. Aquello le hizo sentirse feliz.

Pronto llegaron al hogar del mago y mientras él buscaba entre un caos de objetos mágicos. Gorrión descansó encima de la mesa... a su lado pudo ver el libro azul en el que Eivilial reposaba. El animal, conmocionado, murmuró una rápida presentación e inclinó la cabeza para mostrar sus respetos.

-No hay tiempo, escúchame -pidió el mago atándole una ampolla de líquido negro-. Busca a todos aquellos que puedan ayudar a Emsar. Vierte el contenido de este vial y que los pájaros y gatos peguen en el cuerpo del humano sus pelos y plumas.
-Entendido -afirmó intentando echarse a volar, pero Teheel le tenía agarrada la pata. Le habría encantado recrearse en aquella sensación tan agradable, pero no había tiempo, el monarca les necesitaba
-Espera, por favor -le rogó-. Después, nacerá una nueva criatura… debes darle de nuevo su nombre, sólo entonces quedara libre de la maldición.
-¿Y después? -el mago acercó al ave a su rostro y la besó en el pecho. Gorrión sintió cómo un fuego se extendía en todo su cuerpo llenándole de energías y nervios.
-Le traes de vuelta, da igual en lo que se haya convertido, debes traerlo -asintió, para luego despedirse con un suave y tímido picotazo en la mano del humano. Deseaba que estuviera orgulloso de él.

Voló día y noche sin desfallecer. Aleteó desesperado sin detenerse a comer o descansar. Cuando llegó al reino de su amigo, pronto a su alrededor comenzaron a congregarse multitudes de pájaros y gatos que corrían en el suelo, todos dispuestos a morir intentando salvar a Emsar. Las noticias corrieron con más velocidad que ellos, consiguiendo que sus aliados en la ciudad hicieran lo posible para atrasar todo el tiempo que hiciera falta la ejecución del monarca.
Cuando al fin llegaron a los límites de la ciudad, Gorrión pudo ver que además de la bandada que le acompañaba cubriendo el sol, los gatos habían inundado las calles como una marea incansable. Los humanos, asustados, se escondieron en sus casas y permitieron a los animales continuar con su misión. Los pocos que intentaron interponerse en ellos, fueron arrollados por la marea gatuna o espantados por las bandadas de pájaros que les atacaban sin tregua.
Cuando el ave alcanzó la jaula, los demás ya habían empezado a pegar pelos y plumas contra la piel del moribundo monarca, que parecía un esqueleto con trozos de piel.
Con ayuda de un felino, que quitó el corcho con la boca, Gorrión vertió la poción encima de su amigo.

-Levántate Emsar, rey de estas tierras -pidió casi sin aliento mientras el ser se empezaba a retorcer de forma extraña. Sintió su cuerpo dolorido, a punto de desfallecer… pero debía acabar su misión-. Tu esposa Eivilial te espera.

La nueva criatura abrió sus ojos verdes y felinos con los que observó a Gorrión. Era un gato enorme de color negro, salvo porque tenía el cuerpo de guerrero que había pertenecido al humano con sus prácticas manos. Incluso veía escritas en su piel con letras blancas, las frases que pertenecían a la hoja que conservaba de su mujer. A su espalda nacían dos alas que más bien parecían unas capas espesas. El ser separó dos barrotes con fuerza, salió de la jaula y escondió sus manos tras sus apéndices traseros, convirtiéndolas en unas alas fuertes e ideales para volar. Emsar se lanzó hacia el cielo azul, seguido de Gorrión, que en cuanto alcanzó a su amigo, se colocó en su hombro y reposó agotado.
Tenía que dormir, el viaje iba a ser muy largo… y deseaba tanto volver a encontrarse con Teheel, que cerró los ojos, feliz, imaginándose cómo acabaría aquella historia.

***

El antiguo monarca sintió algo extraño… su amigo estaba callado, no le hablaba de cómo estaba el mago, al que el avecilla admiraba profundamente, ni de su esposa a la que adoraba… incluso parecía que no respiraba. Se detuvo en un bosque y con delicadeza tomó a Gorrión entre sus manos. Sus alas estaban desplegadas de forma extraña y su pecho permanecía inmóvil. No se había dado cuenta en ningún momento de que había dejado de respirar, tan centrado como estaba en volver a encontrarse con los suyos. Lloró como llevaba años sin hacer, triste por haberle perdido. Le enterró y señaló su tumba para algún día pudiera volver.
Suspiró para luego observar el cielo dudando. Al final volvió a colocarse las alas y echó a volar… tal vez tardase años en encontrar a Teheel y Eivilial, pero lo conseguiría. Daba igual su aspecto, seguro que su mujer le volvería a amar, que el mago le reconocería y aunque los demás seres le temieran, no desfallecería.
Conseguiría recuperar lo que una vez perdió, no ya solo por él, sino por el pobre Gorrión que dio su vida por él. Se prometió que su sacrificio no sería en vano.
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Atali
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Re: CPIV- El libro de mi amor

Mensaje por Atali » 14 Abr 2009 14:10

El usuario se ha dado de baja porque cree que los moderadores de este foro carecen de respeto.
Última edición por Atali el 18 Abr 2010 11:23, editado 1 vez en total.

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Re: CPIV- El libro de mi amor

Mensaje por ciro » 14 Abr 2009 14:45

Las fabulas de magia no son mis preferidas, aunque tiene cierta ternura.
Suele ser más rentable escuchar que hablar. No hagáis como yo. Cosecha propia

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Re: CPIV- El libro de mi amor

Mensaje por Ororo » 15 Abr 2009 12:49

Es un verdadero cuento típico de reyes, magos y princesas. Bastante infantil, me recuerda a las películas de Disney, en las que los animales hablan y son los encargados de salvar a algún humano.
El pajarillo es simpático, pero el hilo argumental flojea.
No soy lo que escribo; soy lo que tú sientes al leerme.

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Re: CPIV- El libro de mi amor

Mensaje por Emperatriz_Infantil » 15 Abr 2009 17:55

Me ha gustado mucho, la historia estaba de lo más interesante y he estado enganchada hasta acabarlo. Me recuerda a un cuento infantil o de las 1001 noches, pero son las historias que más me gustan, asi que lo veo como algo bueno :mrgreen:

¡Gracias por compartirlo!

Kisses
:101: Leyendo: Las Siete Muertes de Evelyn Hardcastle, Stuart Turton
:101: Leyendo 2: Magnus Chase y el Barco de los Muertos, Rick Riordan

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Re: CPIV- El libro de mi amor

Mensaje por Minea » 16 Abr 2009 15:20

Me gusta toda la magia que lo rodea, la maldición, el gorrión tan inocente, el final abierto... Muy bonito.

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Re: CPIV- El libro de mi amor

Mensaje por takeo » 16 Abr 2009 18:15

Errores de redacción. Demasiado extenso. Algún acento de más o de menos.
Estas historias me atraen poco y si no me enganchan por cómo están escritas o su originalidad, no me llevan más allá.

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Re: CPIV- El libro de mi amor

Mensaje por Emma » 17 Abr 2009 21:13

Me ha gustado. Y creo que está muy bien como cuento infantil. :P

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Re: CPIV- El libro de mi amor

Mensaje por Gabi » 19 Abr 2009 01:21

Felicitaciones! Me parece un cuento precioso! También me recuerda a las películas de Disney (pero le pondría final felíz :wink: )
Me gusta cómo está redactado y me enganchó hasta el final.
"Sé selectivo en tus batallas, a veces tener paz es mejor que tener la razón".

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Re: CPIV- El libro de mi amor

Mensaje por Fenix » 19 Abr 2009 10:54

Pues colorín colorado este cuento se ha acabado y ha agotado lo que me quedaba de infantil en el alma. Demasiado extenso para leerlo -yo- como un cuento; también me ha recordado películas infantiles.

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Re: CPIV- El libro de mi amor

Mensaje por Nieves » 19 Abr 2009 22:36

Es un cuento, pero muy laaaargo. Lo de la maldición del nombre lo he escuchado en algún sitio :meditando: . Lo de los animales me ha gustado mucho.
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Re: CPIV- El libro de mi amor

Mensaje por Aprendiz de Meiga » 20 Abr 2009 19:31

Demasiado infantil y largo, siento decir que no he conseguido acabarlo.
"Que no haya sueños que se queden pendientes"

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Matu
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Re: CPIV- El libro de mi amor

Mensaje por Matu » 23 Abr 2009 01:23

A mí también me costó acabarlo. Se me hizo muy pesado y este tipo de historias no me llaman mucho la antención. Me pareció muy largo.
Salvando algunos errores, la redacción en general está bien.
Lo siento, pero no me termina de convencer :?

Katia
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Re: CPIV- El libro de mi amor

Mensaje por Katia » 23 Abr 2009 16:13

Es original y fantasioso, y me ha costado seguir el hilo.
La amabilidad sólo puede esperarse de los fuertes, son los débiles los que son crueles (Leo Rosten)

Lee mi novela El colisionador de hadrones

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SHardin
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Re: CPIV- El libro de mi amor

Mensaje por SHardin » 29 Abr 2009 06:43

Leído. Me encantan los cuentos y más los de magos y animalitos que hablan. Lo que más me ha gustado es el principio, el ver desde los ojos de un gorrión pero pierde bastante a partir de la encarcelación del rey hasta el final.

Buen cuento.

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