CPIV - El príncipe azul - Fénix

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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Arwen_77
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CPIV - El príncipe azul - Fénix

Mensaje por Arwen_77 » 07 Abr 2009 22:31

EL PRÍNCIPE AZUL

El teléfono continuó sonando en el salón mientras ella, absorta en su observación, apenas lo escuchaba, o sí lo hacía, aunque el sonido de su propia ensoñación rezumbase más fuerte en su cabeza que el ridículo sonido del teléfono dos estancias más allá. Finalmente tuvo conciencia de la llamada y, de mala gana, abandonó su puesto de observación.
—Sí —contestó desganada.
—Hija, Mati, ¿no estarás otra vez mirando por la ventana al tipo ese?
Su amiga Lucía sabía todo sobre su voyerismo compulsivo; quedaron para salir por la tarde. Volvió a su lugar, él no estaba ya en su plano visual y maldijo a Lucía por la interrupción.
Maribel, apoyada sobre las palmas de sus manos, sentada a la mesa de la cocina, observaba a través del amplio ventanal las evoluciones del nuevo vecino: la fascinaba. El patio de luces de aquel antiguo edificio era lo suficientemente amplio como para conceder cierta privacidad al fisgón interesado en la vida de los demás. La distancia entre las ventanas era justa la ideal para ver sin casi molestar, en un permanente disimulo del observador y en una indiferencia absoluta del espécimen observado; más aún, siendo como era la suya una planta superior que la liberaba, en cierta medida, de la réplica del “maravilloso” vecino del tercero.
Desde su llegada, el vecino de enfrente, había descolocado a Maribel. Tenía alrededor de los treinta y pico, alto, musculado —alguna vez lo vio sin camisa—, de tez morena y ojos que ella presumía verdes, aunque una vez que se lo cruzó en la acera, creyó vislumbrarle unos reflejos grisáceos en su mirada. Nunca sonreía, un halo de tristeza lo envolvía; tampoco hacía ademanes de cantar o, al menos, ella no lo había notado. ¿Qué triste historia escondía aquella maravilla de ser humano? Maribel estaba dispuesta a averiguarlo.
Los sábados, Maribel se sentaba a desayunar frente al ventanal y esperaba el inicio del espectáculo: aparecía en pijama y camiseta de colores juveniles; se preparaba el desayuno, recogía el friegaplatos y barría mientras subía el café, luego desayunaba mirando a su vez por el amplio ventanal sin elevar la vista hacia el puesto de observación de Maribel. Si él miraba el cielo, ella retrocedía la cabeza, aunque más de una vez, sin tiempo para retirarla, su mirada pasaba de largo como si ella no existiera. Al terminar el desayuno, desaparecía mientras ella continuaba extasiada y ansiosa frente a la ventana.
Más tarde, regresaba vestido, vaqueros y una bonita camisa, extendía la tabla de la plancha e iniciaba el planchado de las camisas de la semana anterior, posiblemente lavadas y secadas durante la noche. Las planchaba y doblaba con verdadero mimo. Maribel se había prendado de aquel mirlo, ¡qué maravilla de hombre! Él hacía la compra mientras ella, aceleradamente, hacía la casa, se duchaba y regresaba a su puesto de observación.
Verlo entrar en su campo de visión cargado de bolsas del supermercado, distribuir la compra y abrir una cerveza para bebérsela a morros, mientras iniciaba los preparativos del almuerzo, seguía siendo de un atractivo singular, rayano en el erotismo doméstico. Su experiencia matrimonial había sido desastrosa, su ex marido no necesitaba una mujer, con un buen servicio doméstico hubiese sido más que suficiente, siempre, eso sí, que la criada se hubiese dejado meter mano cuando a él se le disparaba el deseo. En cambio, aquel hombre, preparaba unos platos complicados, con una elaboración que no desmerecía de la que se veía en cualquier programa culinario de la televisión. Luego, descorchaba una botella de vino y desaparecía de su campo de visión hasta regresar más tarde a la cocina, para dejarla perfectamente recogida.
Maribel se había vuelto obsesiva, perdía los fines de semana en la observación de un hombre casi perfecto, si es que no lo era ya, cuando bien podía haber doblado la esquina y subir hasta el tercero, llamar y decirle: hola, me llamo Maribel, vivo justo en el cuarto de la casa de al lado y llevo meses observándote desde mi ventana, la mitad de lo que llevo divorciada. Me preguntaba si podías invitarme a comer. Alguna vez aquel pensamiento atrevido cruzó su cabeza, pero no era ella de esa clase de atrevimiento, así que prefirió seguir en su anonimato visual. Ella sabía que él lo sabía: más de una vez la había pillado mirando, ¡qué vergüenza!
Un día de inicios del verano lo vio venir caminando hacia el portal; a su altura, él hizo ademán de cruzar casi sin mirarla, como había hecho otras veces, pero dudó; ella notó la duda y se ruborizó hasta las orejas; regresó, deshizo los pocos pasos andados, a ella se le cayeron las llaves del portal.
—Perdona, me voy de vacaciones y no conozco a nadie en el bloque que pueda hacerse cargo de mis plantas; sólo serían dos semanas, ¿te importaría regarlas el próximo viernes? Te dejo un juego de llaves; te lo subo dentro de un momento.
Ella asintió como una tonta, sin decir una palabra, él le había sonreído y salió escopetada hacia su casa. Como una posesa intentó ordenar el desorden de su observatorio, en una especie de competencia comparativa con el perfecto orden de su observado. Él llegó minutos más tarde, entregó las llaves y su nombre, Jaime, con una nueva sonrisa, se sintió morir de felicidad; él sólo se llevó un «hola, me llamo Matilde» de una cara ruborizada y complaciente. Era feliz, aquel hombre se había fijado en ella y, ahora, conocía su nombre, pero a su vez se sentía como una idiota, su comportamiento tímido y vergonzoso le había hecho perder la oportunidad de invitarlo a pasar, de conocerlo algo mejor, ¡por Dios, qué guapo!
La mañana siguiente, Jaime terminó de recoger la cocina, miró hacia el cuarto piso y le sonrió por tercera vez, llevaba una maleta en la mano, era sábado; le hizo un gesto como de regar las masetas que ella comprendió confirmando vivamente con la cabeza. Luego, dijo algo: adiós, Mati. Ella creyó leer en sus labios.
No pudo esperar hasta el viernes, las llaves del paraíso le quemaban en las manos; con el miedo de que aún no se hubiese marchado salió a la calle. Llamó al timbre hasta asegurarse de que él no le abriría y entró en su mundo, un mundo de orden y perfección. La casa olía a su perfume, muy masculino, pensó ella y con la intranquilidad dominada por la curiosidad comenzó a sumergirse en aquel universo que no le pertenecía. Fotos suyas dominaban los rincones de aquella casa, todas suyas, ¿quién se las habría sacado?, se preguntaba Maribel mientras los husmeaba todos en aquel orden perfecto.
Abrió los armarios, olisqueando como un podenco; hurgó por los cajones, nada ni rastro de una mujer; una idea le hirió el pensamiento: ¿será gay? Buscó en las estanterías un álbum de fotos, no lo había. La duda le corroía, debía averiguar todo sobre aquel hombre.
Sobre la mesa de trabajo, el ordenador parpadeaba el logotipo de Windows, estaba encendido; se sentó frente a él y movió el ratón, una foto suya ensimismada desde su ventana cubrió la pantalla al instante. Se veía mona, la mirada perdida, muy dulce. Una sensación de felicidad le subió desde el bajo vientre. ¿Se habrá enamorado de mí?, pensó emocionada. Abrió el cajón derecho de la mesa sin dejar de mirar su propia foto, ¿cuándo la habría hecho? Por el camisón y la bata debió ser cerca de Semana Santa.
Un legajo llama su atención. Curiosa, inicia su lectura, aunque no entiende bien aquel galimatías que habla de violencia de género, de separación y divorcio, de daños físicos, de maltrato psicológico; lee la condena. Unas fotos, las primeras de una mujer en aquella casa, aparecen en el expediente. Es una mujer joven, la cara macerada a golpes, los brazos y el costado derecho morados; no oculta su desnudez ante el objetivo del forense, ya no tiene dignidad. Lo que más le impresiona a Matilde es el vacío de su mirada. Jaime, su Jaime es un maltratador convicto y condenado. Su paraíso soñado se le derrumba a continuación y siente miedo; entonces, los sonidos de la casa se le convierten en pasos, en cogida in fraganti y huye despavorida. No volverá a la casa, Jaime tampoco.
Días más tardes, Lucía le avisará que en la televisión han comentado un nuevo caso de violencia doméstica con resultado de muerte: un hombre joven asestó varias cuchilladas a su ex mujer, a pesar de la orden de alejamiento que tenía. Fue detenido por la Guardia Civil momentos antes de alcanzar el piso donde residía, un tercero del bloque frente al que, desde un piso superior, Matilde soñaba con un Príncipe Azul.
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Atali
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Re: CPIV - El Príncipe Azul

Mensaje por Atali » 14 Abr 2009 14:08

El usuario se ha dado de baja porque cree que los moderadores de este foro carecen de respeto.
Última edición por Atali el 18 Abr 2010 11:22, editado 1 vez en total.

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Re: CPIV - El Príncipe Azul

Mensaje por ciro » 14 Abr 2009 14:48

Una prueba mas de que el hombre perfecto no existe. Es mejor que no sepamos cocinar...Es broma. :cunao:

Corto, contundente y bien narrado. No me gusta cierta moralina que conlleva.
Suele ser más rentable escuchar que hablar. No hagáis como yo. Cosecha propia

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Re: CPIV - El Príncipe Azul

Mensaje por Cronopio77 » 14 Abr 2009 23:36

Me parece un buen argumento. Me gusta la idea de la idealización de la persona a partir de un estereotipo. Me intriga saber si el autor pretendió dar a entender que la protagonista estaba deformando la imagen del príncipe azul hasta no ver lo que tenía que haber visto, o si su intención era simplemente mostrar el contraste entre apariencia y realidad.

El problema que tiene es que la trama resulta inverosímil. Resulta muy poco creíble que una persona deje las llaves de su casa a una desconocida a la que sólo ha visto por la ventana, y menos creíble aún que se deje un ordenador encendido con algo que sabía, sin duda, que iba a impresionar a la protagonista.
"Cónclave", mi última novela. ¡¡Descárgala gratis!! http://www.bubok.com/libros/2115/Conclave
Visita su hilo en el foro: http://www.abretelibro.com/foro/viewtop ... 10&t=31897

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Re: CPIV - El Príncipe Azul

Mensaje por Fenix » 16 Abr 2009 10:18

Las moralinas, según se miren, son importantes. Todos los cuentos terminan con una moraleja y éste, aunque parezca buscar el voto femenino, también la tiene: cualquiera a nuestro alrededor puede ser lo que no aparenta.

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Re: CPIV - El Príncipe Azul

Mensaje por takeo » 16 Abr 2009 19:28

¿El personaje se llama Maribel o Matilde? Cambio de tiempo verbal al final. Entretenido y justo de espacio, sin extenderse. ¿Qué pasa si miramos al que nos mira y ninguno nos vemos mirarnos?

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Re: CPIV - El Príncipe Azul

Mensaje por Minea » 16 Abr 2009 22:05

Al principio pensaba que era ella la pervertida, así que sorprenderme me ha sorprendido :lol:

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Re: CPIV - El Príncipe Azul

Mensaje por Gabi » 17 Abr 2009 02:29

Me gusta como está narrado, es entretenido y contiene mensaje :P
Me queda la duda del tema de la foto en la compu :meditando:

takeo escribió:¿El personaje se llama Maribel o Matilde?


No me había dado cuenta del detalle :grinno:
"Sé selectivo en tus batallas, a veces tener paz es mejor que tener la razón".

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Re: CPIV - El Príncipe Azul

Mensaje por Ororo » 17 Abr 2009 14:11

Pues éste también lo he releído porque creía que Maribel y Matilde eran dos personas diferentes y no entendía nada. Ahora ya sí :cunao:
El final es sorprendente, pues parece que sólo va a contar la obsesión de una chica por su vecino y mira cómo acaba.
Pobre Mari-Mati, ¿cómo iba a saber lo que iba a pasar? No pudo avisar del futuro asesinato.
Entretenido :D
No soy lo que escribo; soy lo que tú sientes al leerme.

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Re: CPIV - El Príncipe Azul

Mensaje por Agatha » 17 Abr 2009 19:15

Como receptora de los relatos tengo que aclarar que el autor/a me se dió cuenta de su error antes de que el jurado empezase a votar y me mandó una versión corregida del mismo, pero por alguna circunstancia al final ha llegado a parar éste aquí. Así que donde dije digo, digo Diego, o lo que es lo mismo: donde dice Maribel es Matilde :wink:
Estoy leyendo: La justicia de los inocentes - Elizabeth George.



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Re: CPIV - El Príncipe Azul

Mensaje por Sunrise » 17 Abr 2009 19:41

Que buena pregunta formula Takeo, me ha recordado aquello de: cuando apuntes con un dedo ,recuerda que otros tres te están apuntando a ti.
Está claro el mensaje que transmite, sin embargo vemos a una Matilde que no sabemos bien si es ingénua (le dejan las llaves de un piso, se hace inmediatamente con ellas y entra en la casa de un desconocido amor platónico ,fantasea continuamente con él etc...) o si por lo contrario es una chica lista (se da cuenta a tiempo del monstruito que vive en esa casa y huye en estampida). Y esa confianza del tipo...te dejo las llaves, no conozco a nadie (es asocial o no?). Me quedan dudas.
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Re: CPIV - El Príncipe Azul

Mensaje por El Ekilibrio » 17 Abr 2009 19:51

¡acabáramos!... matilde, matilde...
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Re: CPIV - El príncipe azul

Mensaje por Emma » 19 Abr 2009 13:04

Yo que también estoy alrededor de los treinta y pico le habría podido contar a Mati que el príncipe azul se convirtió en rana hace tiempo...sin llegar a estos extremos :lol:
Mantiene la atención del lector y está escrito de modo bastante correcto aunque es algo inverosímil.

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Re: CPIV - El príncipe azul

Mensaje por Nieves » 22 Abr 2009 08:07

Durante el relato me esperaba que fuera gay pero no maltratador. En general me ha gustado bastante, ¡ya quisiera yo un vecino buenorro que espiar!. La parte en que le deja las llaves de su casa, lo del ordenador e incluso lo de la sentencia sí que es poco creíble. ¿Hubiera sido igual de impactante si esto no ocurriera, si Maribel/Matilde hubiera echado en falta a su vecino durante unos días, y al final hubiera visto la noticia en tv.?
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Re: CPIV - El príncipe azul

Mensaje por SHardin » 23 Abr 2009 11:48

Leído. A mi me ha encantado. Me ha gustado tanto que no me pareció inverosímil que la dejara las llaves, primero porque creía que el sabia de su espía y había indagado por su parte, después porque la tiende una trampa. Vamos que cuando te gusta algo rellenas y no ves lo que otros lectores. Me gusta lo bien escrito que está, te lleva donde quiere y juega contigo. Me gusta mucho el orden de él y el contraste con el desorden de ella y más si lo comparamos con sus pecados, jejejeje. Fíate tú de los obsesivos de la limpieza.

Uno de mis favoritos.

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