CPIV- Oculta tras las estrellas - Nelly

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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Arwen_77
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CPIV- Oculta tras las estrellas - Nelly

Mensaje por Arwen_77 » 07 Abr 2009 23:52

OCULTA TRAS LAS ESTRELLAS

El vacío se extendía ante la nave como un abismo sin fin. Yacpott ajustó lentamente el nonio del sextante, orientando los sistemas de navegación hacia los cúmulos globulares de las Dríadas, cuando una alarma desvió su atención del mapa holográfico.
- No es posible-murmuró-, debe tratarse de un error.

SRFVC
(Sistema de Rastreo de Formas de Vida Compleja)
Localización: Z¥000.313


Las coordenadas pertenecían al llamado “planeta cementerio”. ¿Qué podía quedar en él que hubiera hecho saltar la alarma del escáner biológico?, se preguntó el piloto mirando la pantalla del escáner, intrigado.
Marnak se acercó al humano y estiró el cuello hasta que su cabeza, coronada por dos enormes orejas puntiagudas, asomó por encima del cuadro de mandos de la nave.
- Tú tampoco te lo crees, ¿verdad, amigo?
Pese a que los vehículos espaciales como aquel estaban diseñados para un solo tripulante, Yacpott nunca abandonaba Tierra 2 sin su amigo mirápodo.
Aquella criatura peluda de enormes orejas, similar a una liebre terrestre pero mucho mayor, tenía tres ojos ubicados en lo que los humanos llamarían frente, y poseía además la habilidad de cambiar de color según su estado de ánimo.
Su piel suave, normalmente azulada, podía pasar de tonos verdes y apagados en estados de tranquilidad, a violetas y fucsias si se sentía en peligro. En tales ocasiones cada fibra capilar doblaba su tamaño y se erizaba, convirtiendo su pelaje en un escudo protector impenetrable y tan doloroso al tacto como la caricia de un puercoespín.
- No me mires así-dijo Yacpott, fijando sus iris celestes en los tres ojos de Marnak-, no querrás volver sin saber si hay algo vivo ahí abajo, ¿verdad?
Pero los mirápodos no son famosos precisamente por su inquisitiva curiosidad. El pelaje de Marnak se tornó amarillo, lo que quería decir inquietud.
- Vamos, sólo echaremos un vistazo.
Desde la superficie del planeta pudo percibirse un destello cuando la sonda de exploración se desprendió de la cubierta de la nave de Yacpott. Segundos después entró en la atmósfera convertida en un meteorito incandescente y atravesó veloz el aire plagado de partículas de metales pesados y azufre en suspensión.
Una hora más tarde, la sonda había regresado trayendo consigo las preciadas muestras.

SRFVC
Validación: ADN Humano
Localización: Z¥000.275β

- Es un localizador…
Marnak alzó una oreja mientras cambiaba de color. Marrón, violeta, ámbar.
- La muestra está dentro de una cápsula de contención, adherida a una baliza localizadora que pertenece a… ¡No puedo creerlo!-Exclamó, cerrando el puño en torno al rastreador- ¡Ella!



Colocó su asiento en posición de crucero. Los reposa-brazos se elevaron a la par que el respaldo se inclinaba, situando al piloto en una postura casi horizontal.
- Los cúmulos globulares de las Dríadas tendrán que esperar, Marnak. A fin de cuentas, llevan tres mil millones de años haciéndolo…
Una explosión de fotones y la nave se puso en marcha. Su destino: un diminuto cuerpo celeste que vagaba por el espacio.
Ánake era el nombre que los humanos daban al asteroide. En realidad éste no era sino un enorme trozo de roca helada, desprendido de la cola de un cometa, e impulsado por dos motores de fotoneutrinos, propiedad de la criatura que había hecho de Ánake su morada. Amaltea.
¿Y quién era Amaltea? Os preguntaréis. Algunos hombres la llamaban “la proveedora de placer”. De ahí que usaran un apelativo tan hermoso para referirse a un ser de aspecto ciertamente desagradable. El resto de habitantes de la galaxia, bueno, utilizábamos otros nombres –todos ellos relacionados con el comercio y la usura-, imposibles de pronunciar en vuestra lengua.
Amaltea visitaba muy a menudo Tierra 2. Pese a ser un mundo que se vanagloriaba de sus avances tecnológicos y de estar construido sobre los bastiones del orden y la armonía, aquellas desahuciadas criaturas –los humanos- requerían de sus servicios más que nadie en todo el universo.
Amaltea les proporcionaba una sustancia que ellos denominaban Sureína. Una droga capaz de alejar las penalidades de sus almas. Un remedio eficaz que adormecía sus mentes y daba esquinazo a preguntas cuyas respuestas podían dar al traste con su apreciada armonía.
La capitana de Ánake procedía de un planeta desconocido y era la última de su especie. Al igual que sus extintos congéneres, Amaltea era una criatura de vida longeva, dos veces más alta que un hombre y se deslizaba ágilmente sobre su vientre resbaladizo, recubierto de una membrana brillante como las escamas.
Se encontraba paseando por cubierta cuando supo que una nave humana se dirigía directamente al asteroide.
- Al fin…-murmuró, regocijándose internamente con la noticia.
No podíamos decir que Yacpott llegara en son de paz. El humano avanzó por los pasillos a grandes zancadas hasta detenerse frente a la capitana que le aguardaba en el puente de mando. Sin dar la menor muestra de cortesía, extendió la mano hacia ella con el puño cerrado y dijo:
- Te has dejado algo en el planeta cementerio…
- Más que una pregunta, capitán, tus palabras me suenan a afirmación –replicó su interlocutora.
- Veo que has afinado mucho tus percepciones sobre mi raza, Amaltea.
- Digamos que me gusta… estudiaros.
- Dime, ¿de dónde has sacado esta muestra de ADN? ¿Te dieron un embrión a cambio de esa maldita sustancia que vendes? Sino me dices dónde está, avisaré al gobierno de tierra 2 y tú y ésta basura a la que llamas nave no podréis volver a acercaros a menos de medio año luz de distancia.
Amaltea no contestó inmediatamente, en su lugar ajustó con uno de sus tentáculos la lente que transmitía la imagen del capitán a los que los humanos habrían llamado cerebro, y tras reflexionar unos instantes dijo:
- Infiero de tus palabras que nadie sabe aún que estas aquí…
Yacpott dio un respingo, sorprendido.
- Lo cual facilita mucho lo que vendrá a continuación –finalizó Amaltea haciendo un leve gesto con la cabeza.
Yacpott no tuvo tiempo de sacar su arma. Tres warkmiks cayeron sobre él. Aunque podría haberse desembarazado fácilmente de uno, incluso de dos, tres eran demasiados. Mientras una de aquellas criaturas sin forma estable, de consistencia gelatinosa, se enredaba en sus tobillos, la otra le inmovilizó las manos y una tercera se lanzó sobre su cuello, presionando su yugular.
El piloto perdió el equilibrio y cayó al suelo, luchando por respirar. De haber mantenido la presión sobre su cuello, Yacpott habría muerto en menos de dos minutos. Pero afortunadamente no fue así. El warmik aflojó su presa ya que no quería matarlo.
El humano fue desprovisto de su arma y obligado a mantenerse de rodillas mientras Amaltea se acercaba, reptando sigilosamente.
- No te diré quién me entregó el embrión –siseó al oído del capitán-, pero has de saber que tú también formabas parte del trato. Bueno, tú o cualquier otro de tus congéneres abocados a la extinción…
Amaltea se incorporó y emitió un gorjeo que era el equivalente a la risa humana. Justo en ese momento uno de los warmiks se retorció de dolor y se desinfló como un globo pinchado, al ser atravesado por una maraña de púas de color carmesí.
- ¡Atrapad a ése condenado mirápodo! –gritó la capitana en su lengua, señalando a Marnak.
El amigo de Yacpott saltaba ágilmente de un lado a otro de la nave como una liebre huyendo en plena cacería. Su piel se había convertido en un escudo erizado de púas del color del fuego, peligroso para cuantos se acercaran. Pero por desgracia, Amaltea conocía muy bien a los mirápodos. Solía venderlos a un precio exorbitado a los habitantes de Nébulos 5, pues eran su manjar favorito después de las rocas de sílice.
Un sonido ultrasónico bastó para neutralizar a Marnak, que cayó al suelo aullando de dolor mientras intentaba en vano protegerse, aplastando sus enormes orejas contra la superficie de la nave. Su piel se tornó de un violeta chillón, que palideció sensiblemente mientras las ondas sonoras destrozaban su complejo sistema auditivo.
- ¡Basta! –Gritó Yacpott intentado en vano liberarse-, ¡déjalo en paz!
Un golpe en la nuca fue suficiente para sumir al hombre en las tinieblas de la inconsciencia. Amaltea distendió entonces sus tres pares de labios en una amplia sonrisa salpicada de dientes picudos.
Cuando Yacpott volvió en sí estaba muy lejos de cualquier sistema estelar conocido.
Se incorporó despacio, pues le dolía mucho la cabeza. A los pocos segundos, la fea cara de Amaltea apareció en la pantalla principal de la cápsula de salvamento.
¡Una cápsula de salvamento! Pensó alarmado. No había escapatoria posible.
Amaltea le había tendido una trampa y él había caído como un iluso.
- Tengo un regalo para ti, humano –siseó la capitana de Ánake a través de la pantalla-. Lo verás cuando aterrices en el planeta.
- ¿Planeta, qué planet…?
La entrada en la atmósfera fue violentamente precedida por un impacto brutal que sacudió el cuerpo del hombre como una hoja llevada por la tormenta. Yacpott cayó al suelo de la cápsula. Se habría hecho mucho más daño de no aterrizar sobre una bola peluda que amortiguó el golpe.
- ¡Marnak! –Exclamó-, ¡Marnak, eres tú!
El mirápodo protestó débilmente, asustado.
- ¡Cuánto me alegro de que estés vivo!
Pero la alegría le duró poco. Otra sacudida le estrelló contra la pared del fondo de la cápsula y el mundo se sumió en las sombras de nuevo. Más doloroso aún que los golpes durante el descenso fue el despertar sin tener la menor idea de en qué planeta se encontraba.
La atmósfera era respirable, de eso no había duda, pues la compuerta de la nave de salvamento se había roto en el aterrizaje. Yacpott apartó los pedazos y se asomó al exterior con cautela. Lo que vio le dejó sin aliento.
Era una selva.
O al menos, lo que los archivos de Tierra 2 describirían como una selva.
En el horizonte, alzándose por encima de las copas frondosas de los árboles que daban cobijo a infinidad de aves de llamativos colores, se recortaba una construcción relativamente moderna. Se trataba de un edificio de grandes dimensiones de techo abovedado. Sin duda era obra del hombre. Yacpott se dirigió hacia allí intrigado, seguido por Marnak que cada pocos pasos se detenía para alzarse sobre sus patas traseras y husmear el aire con curiosidad.
Llegaron poco antes del anochecer.
- ¡Hola, ¿hay alguien ahí?!
Como si sus palabras hubieran activado algún mecanismo automático, la luz iluminó la estancia en la que se encontraban. Ante sus ojos se descubrieron viejos paneles de mando de ordenadores obsoletos, tomados por las enredaderas. Una cinta transportadora que recorría una extensa galería situada frente a él se puso en marcha. Yacpott echó a andar por ella mientras Marnak le seguía dando grandes saltos. El corredor desembocaba en una sala rematada por una cúpula de cristal.
- Qué extraño lugar es éste…
Al captar la presencia del humano, el ordenador central se activó.
La imagen de Aphneas Fester, un refutado científico y humanista, muerto hacía más de trescientos años, apareció en la pantalla holográfica.
- Saludos, seas quien seas –dijo-, bienvenido al nuevo hogar del hombre.
Yacpott miró el holograma boquiabierto.
- Me llamo Aphneas Fester, soy un humanist…
- Sé quién eres.
- Me alegro. Eso agilizará las cosas.
- ¿Qué lugar es este? ¿Qué estoy haciendo aquí?
- Antes de seguir hablando –replicó el holograma del científico-, lo cortés sería que me dijeras tu nombre.
- Yacpott. Me llamo Yacpott Ilmarion.
- Encantado, Yacpott. Bien, si estas aquí es porque hace casi 800 años la capitana de la nave-asteroide conocida como Ánake se comprometió a mandar a un ser humano a este planeta, llegado el momento.
- ¿A qué momento te refieres? –preguntó confuso.
- A la transición a un periodo climatológico adecuado para la supervivencia del hombre.
- ¿La supervivencia del hombre? –Repitió el piloto sin comprender- ¿Dónde se encuentra este planeta?
- La memoria transferida a la unidad informática del ordenador central no contiene las coordenadas exactas. Pero si puedo decirte que es un planeta idéntico a la Tierra original, tanto por sus características atmosféricas como geotérmicas.
- ¡Un planeta gemelo! ¡Es asombroso! Tenemos que avisar al gobierno de Tierra 2 para preparar el trasl…
La respuesta de Aphneas fue tan rápida como tajante:
- No.
- ¿No? ¿Por qué no?
- La existencia de este planeta es un riguroso secreto. Y así debe ser, para siempre.
Habría que hacer un inciso para explicar las razones del desconcierto de Yacpott ante las palabras del científico. Aphneas Fester era ante todo un humanista. Se llamó así a los hombres que tras la colonización de Tierra 2 –un planeta muy similar al que los hombres llamaban Marte antiguamente-, hicieron frente a innumerables problemas para permitir el desarrollo de la civilización humana en su nuevo hogar. Desde la construcción de cúpulas con gravedad artificial y aire respirable a la fabricación de agua apta para el consumo. De entre todos esos problemas, el más grave fue sin duda el problema de las mujeres. Y es que todos los embarazos gestados tras la colonización de Tierra 2 dieron como resultado varones.
Los biólogos y los médicos de la época no se pusieron de acuerdo sobre los motivos que ocasionaron semejante desastre, pero lo cierto era que en menos de cincuenta años quedó claro cuál iba a ser el destino del hombre: desaparecer.
Aphneas investigó una tecnología biomecánica que permitió desarrollar embriones desde su gestación hasta el momento del alumbramiento, aunque lamentablemente los resultados de sus investigaciones fueron también masculinos.
Frente a este panorama desesperanzador el gobierno puso en marcha un plan de emergencia y obligó a todas las mujeres que quedaban con vida a convertirse en donantes de óvulos.
Gracias a la criogenización de dichos óvulos y a la tecnología que Aphneas Fester había desarrollado estaban garantizadas entre 460 y 500 nuevas generaciones en Tierra 2. Pero después de eso, bueno, nadie sabía con certeza lo que iba a ocurrir.
- ¡Me has traído aquí para que muera con este secreto!-Exclamó Yacpott furioso.
- Te equivocas –contestó el científico-, te he traído aquí para vivir. Mira a tu espalda.
El piloto se giró.
Una sección circular del suelo comenzó a desplazarse ante sus ojos. A la par que giraba se fue elevando de forma gradual, hasta dejar al descubierto la plataforma que había debajo, ocupada en su totalidad por un tanque de suspensión vital en funcionamiento.
- Éste es el gran tesoro de la Humanidad. Lo traje aquí al poco de lograr con éxito su concepción y ralenticé su desarrollo para que llegado este día, el ser humano pudiera tener otra oportunidad.
La cortina de burbujas que ascendía tras la superficie acristalada del tanque impedía a Yacpott ver en su interior.
- ¿Qué hay dentro? –preguntó, escudriñando el líquido azul.
Antes de que el holograma contestara las burbujas dejaron de ascender y Yacpott pudo ver por sí mismo la respuesta.
La figura que percibió era humana, sin duda, sin embargo no se parecía a él. Tenía las piernas más delgadas que las suyas, los senos redondos y abultados, las caderas anchas y muy marcadas. Había algo extrañamente hermoso en sus formas. Una belleza salvaje que emanaba de un hechizo ancestral, prácticamente olvidado.
- Una mujer –dijo Aphneas.
La faz del piloto se volvió lívida como el papel al preguntar:
- ¿Y esta… viva?
Como queriendo contestar a esta pregunta la joven, de unos veintidós años, abrió los ojos y posó su mano en el cristal, justo donde Yacpott tenía apoyada la suya. El piloto dio un respingo mientras contemplaba sus turbadores ojos que más tarde, fuera del tanque, se revelarían de un hermoso color ambarino.
Los primeros pasos en el mundo de la mujer fueron titubeantes, pero contó con la ayuda del piloto para darlos.
- ¿Puede entenderme? –le preguntó éste a Aphneas mientras la sostenía en sus brazos.

- Lo hará –afirmó el humanista-. Durante su hibernación ha aprendido muchas cosas. Sólo necesita tiempo para ponerlas en práctica. Espero que cuides de ella como se merece.
- Claro.
- ¿Te importaría dejarnos a solas un momento, Yacpott? Antes de que se agote la energía que alimenta la memoria residual de este programa.
Tras dudarlo unos instantes él abandonó la sala principal, no sin antes mirar con una extraña mezcla de curiosidad y admiración a su nueva compañera.
- Acércate –le dijo Aphneas cuando se quedaron solos.
Su expresión era casi paternal.
- El hombre al que represento habría sido muy feliz de verte como estas ahora, sana y salva-comenzó-. Yo solo soy una máquina, una parte de su memoria transferida a un ordenador, pero antes de que desparezca del todo su conciencia del universo quiero que escuches el mensaje que dejó para ti. El ser humano se merece una segunda oportunidad. En este planeta encontraréis todo lo necesario para sobrevivir y fundar una nueva civilización, pero ésta vez, basarla en el respeto. Y no solo me refiero al respeto hacia vuestros congéneres, sino también hacia todas las criaturas que configuran su biodiversidad. Ése fue nuestro mayor error en el pasado, en vuestras manos esta el que no vuelva a repetirse. Confío en ti para que sepas transmitir esto a tus descendientes.
La mujer que le contemplaba en silencio, muy atenta, sonrió comprensiva. La imagen del holograma comenzó a parpadear, la energía se agotaba, pronto sería insuficiente.
- Vete ya, no le hagas esperar demasiado-dijo Aphneas Fester, sonriendo con tristeza.
Ella se dio media vuelta y se encaminó hacia el corredor mientras las luces del ordenador que habían mantenido su sistema vital en marcha se apagaban.
- ¡Una cosa más! –le oyó decir a Aphneas desde la puerta. Aquellas serían las últimas palabras del científico-: Esta vez no dejes que nadie diga que vienes de su costilla…
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Re: CPIV- Oculta tras las estrellas

Mensaje por Emperatriz_Infantil » 14 Abr 2009 13:09

Voy a animarme a empezar a colgar los comentarios sobre lo que voy leyendo.
Me ha gustado mucho. Una historia de ciencia-ficción de las que me gustan. Con su héroe, con naves, criaturas especiales (y espaciales), luchas y aventuras, malos (que no son tan malos después de todo) y su mensajito final. Muy bonita. ¡Felicidades al autor/a!
:101: Leyendo: Las Siete Muertes de Evelyn Hardcastle, Stuart Turton
:101: Leyendo 2: Magnus Chase y el Barco de los Muertos, Rick Riordan

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Atali
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Re: CPIV- Oculta tras las estrellas

Mensaje por Atali » 14 Abr 2009 13:48

El usuario se ha dado de baja porque cree que los moderadores de este foro carecen de respeto.
Última edición por Atali el 18 Abr 2010 11:13, editado 1 vez en total.

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Re: CPIV- Oculta tras las estrellas

Mensaje por Minea » 14 Abr 2009 15:09

Lo mío no es la ciencia ficción pero se me ha hecho muy ameno, me encanta la idea de un Adán y Eva del futuro, el final es genial.

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ciro
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Re: CPIV- Oculta tras las estrellas

Mensaje por ciro » 14 Abr 2009 15:15

Formalmente muy correcto, con algunos topicos típicos de la cifi y excesiva moralina final. Creo que mi problema es que he leido demasiada cifi y me suena a ya leido.
Suele ser más rentable escuchar que hablar. No hagáis como yo. Cosecha propia

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Re: CPIV- Oculta tras las estrellas

Mensaje por Aprendiz de Meiga » 14 Abr 2009 17:46

Mucho diálogo. Me pierdo y la temática robótica no me atrae demasiado. El mensaje final me gusta.

“que nadie diga que vienes de su costilla…” :lol:
"Que no haya sueños que se queden pendientes"

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Ororo
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Re: CPIV- Oculta tras las estrellas

Mensaje por Ororo » 14 Abr 2009 17:47

Me ha gustado mucho también. Es muy original tanto la historia como los personajes. Muy bien planteado todo el relato.
Muy trabajado.
Enhorabuena! :D
No soy lo que escribo; soy lo que tú sientes al leerme.

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Oria
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Re: CPIV- Oculta tras las estrellas

Mensaje por Oria » 14 Abr 2009 17:56

Vamos allá.

1ra lectura: Sí, versión futurista de Adán y Eva.
Siguientes lecturas: No soy amiga de este tipo de textos; sin embargo, el tuyo me cazó. Tu mirápodo me recordó a Gurb. Me gustó que mostraras sus estados de ánimos mediante el cambio de color de su pelaje.

Me chirriaron dos cosas:

1-
¿Y quién era Amaltea? Os preguntaréis

Esto me rompió el ritmo que llevaba. Normalmente el lector se hace esa pregunta cuando asoman determinados personajes pero a medida que avanza la lectura acaba por saber de ellos (siempre y cuando el narrador lo considere necesario)

2-
¡Una cosa más! –le oyó decir a Aphneas desde la puerta. Aquellas serían las últimas palabras del científico-: Esta vez no dejes que nadie diga que vienes de su costilla...

Coño, con esta me pasó lo mismo. Si el texto hubiera acabo con esta frase: Ella se dio media vuelta y se encaminó hacia el corredor mientras las luces del ordenador que habían mantenido su sistema vital en marcha se apagaban. habría quedado encantada.

Te felicito por lograr que tu historia me enganchara (te recuerdo que soy negada para estas) y, también, porque para nada me esperaba que salieras por donde saliste: Adán y Eva, nada menos.


Ains no me odies plis, lo que sigue a continuación, lo tienes así:

- Infiero de tus palabras que nadie sabe aún que estas aquí…
Yacpott dio un respingo, sorprendido.
- Lo cual facilita mucho lo que vendrá a continuación –finalizó Amaltea haciendo un leve gesto con la cabeza


¿Qué te parece de esta otra?:

-Infiero de tus palabras que nadie sabe aún que estas aquí… -Yacpott dio un respingo, sorprendido-. Lo cual facilita mucho lo que vendrá a continuación –finalizó Amaltea haciendo un leve gesto con la cabeza.


:eusa_clap: :eusa_clap:
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el_drizzit
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Re: CPIV- Oculta tras las estrellas

Mensaje por el_drizzit » 14 Abr 2009 18:18

Generalmente me cuesta trabajo tragarme la ciencia ficción, no soy para nada un enamorado de esta temática, pero he de reconocer que éste relato me ha gustado.
Leyendo: Vince y Joy.

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Re: CPIV- Oculta tras las estrellas

Mensaje por Merridew » 15 Abr 2009 12:51

Me parece que está bastante bien escrito, me ha dado gusto leerlo, pero el final creo que flojea.
Lo que eres me distrae de lo que dices

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Desierto
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Re: CPIV- Oculta tras las estrellas

Mensaje por Desierto » 15 Abr 2009 21:19

¿Te das cuenta, queridísimo autor, de lo que has logrado con este relato?
La mayoría de comentarios son algo así como: ... no soy de los que leen cifi pero est erelato me ha enganchado...
Je, je, je. Pues bien, aunque sólo sea por demostrar que con géneros tradicionalmente "de segunda" también se puede hacer literatura: ¡Bravo!
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Atali
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Re: CPIV- Oculta tras las estrellas

Mensaje por Atali » 15 Abr 2009 21:26

El usuario se ha dado de baja porque cree que los moderadores de este foro carecen de respeto.
Última edición por Atali el 18 Abr 2010 11:44, editado 1 vez en total.

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Re: CPIV- Oculta tras las estrellas

Mensaje por Ororo » 15 Abr 2009 21:40

Creo que Desierto estaba defendiendo el género, no criticándolo.
Fíjate que "tradicionalmente" está entrecomillado por algo.
:wink:
No soy lo que escribo; soy lo que tú sientes al leerme.

Katia
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Re: CPIV- Oculta tras las estrellas

Mensaje por Katia » 15 Abr 2009 22:20

Ummmmm... Sureína= soma ("Un mundo feliz", Huxley).

Me encanta esta frase:
"Una belleza salvaje que emanaba de un hechizo ancestral, prácticamente olvidado

Enlace
:D :wink:

Y la frase final aun más.

Me gusta. Es muy bueno. :eusa_clap: El principio me resultó algo pesado, pero en cuanto la narración entra en la segunda parte toma un ritmo muy ágil y el interés que suscita va in crescendo.

Sintonizo con el mensaje de RESPETO :D .
Enlace
"Es más valioso tener el respeto que la admiración de las personas" (no recuerdo el autor)

Maravilloso :ola:

Un aplauso :eusa_clap: a este relato y a esa reivindicación de la mujer.

Y por su alocado ambiente del principio ahí va este vídeo :wink:
Enlace
La amabilidad sólo puede esperarse de los fuertes, son los débiles los que son crueles (Leo Rosten)

Lee mi novela El colisionador de hadrones

Blog: Oceanica

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Fenix
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Re: CPIV- Oculta tras las estrellas

Mensaje por Fenix » 16 Abr 2009 00:29

Sistema de rastreo de formas de vida compleja: no me lo creo, "Complex life forms tracking system" CLFTS tendría un pase, puesto que es impensable que esos seres hablasen español; ya se sabe que la astronáutica es cosa sajona. Entretenido relato de CIF con imágenes de películas traspasadas a un relato excesivo de diálogos, pero con final feliz de senos opulentos y anchas caderas. ¡Qué jodío el Yacpott! ¡Menudo pleno!

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