CPIV- Segundas oportunidades - Shardin

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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Arwen_77
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CPIV- Segundas oportunidades - Shardin

Mensaje por Arwen_77 » 07 Abr 2009 23:55

Segundas oportunidades

Érase una vez en una república presidencialista y federal muy, muy lejana (calculo que a unas diez horas de avión desde alguna monarquía parlamentaria) que vivía un apuesto motorista andante de esos de Lotus en muñeca y paupérrima cuenta en el banco. Nuestro héroe se halla en lo más alto del más alto puente observando el gris y plomizo cielo sin poder observar cosa mejor, pues resulta que Robert H. tiene vértigo y de fijar la vista en otra dirección se marea de mala manera, así que evita mirar el atrayente vacío. Vacío como vacíos quedaron el interior de los cráneos de los últimos visitadores de tan magno trono al encontrar el final del citado vacío también llamado suelo.

Volviendo a nuestro optimista y alegre Robert que aparte de observar, también hace balance como hicieron todos sus predecesores amigos del salto a pelo y ahí entra el narrador de este cuento, es decir, yo mismo. Puede que a lo largo del cuento me implique demasiado pero es normal dado que Robert H. era yo. He muerto de viejo aunque resulta que sólo murió mi cuerpo y sin más explicación, dialogo o porqué sé que puedo obtener una segunda oportunidad, eso sí, hay varios problemas. He dedicado media vida a olvidar la otra media y contrario a lo que se piensa lo he logrado en parte. Tengo que volver a algún punto de mi pasado para cambiar el futuro que conozco y por lo tanto he decidido tomármelo en serio aunque resulte difícil dado que los espíritus, las almas o fantasmas como prefiráis, somos unos cachondos ¿por qué si no íbamos a manifestarnos en manchas de pared, cintas inaudibles o tirando cuadros? ¡Vamos! como si no hubiera otras formas más eficaces, eso sí, menos divertidas de mostrarnos. A lo que iba recuerdo este puente y sé que al meterme la cabeza Robert (no me acostumbro a hablar de él cómo si fuera yo) y dejar escrito en el aire este cuento, encontraré mi pasado.

Como decía, nuestro intrépido y trepador héroe está vagando mentalmente por el eje de sus últimos y emocionantes años en donde se defenestraron dos amores, un hijo y una estupenda amistad, claro, que “el accidente” solamente cataliza lo que tarde o temprano iba a ocurrir pues reconoce que antes había cometido algún error. Pero una luz de recuerdo ciega a las demás Raquel.

Raquel augura (un año antes del puente).

Era el sueño de todo hombre, no tenía la belleza de Jenny D. su primera esposa, ni falta que le hacía. Cuando movía las pestañas podía cautivar hasta al cuarentón más amargado, desierto y transparente del mundo y Robert encajaba bien en esta descripción así que sólo tuvo que cruzarse en su camino pues amar, ya se amaban antes de haberse conocido.

Raquel algo más joven en edad y bastante más joven de espíritu contagió a Robert de este y le dio la medicina del olvido, nueve años sin poder dormir en paz y bastaron unas jornadas con ella hablando sobre lo que juró no mencionar:
-Tras el infierno de “el accidente” sólo me arrepiento de una cosa. Yo estaba discutiendo con su madre, con Jenny, me encontraba de espaldas a la puerta de la entrada y no le vi llegar. Habíamos dejado la puerta y entró a mitad de la discusión, ya te imaginas “no aguanto más Robert” “Supéralo” y yo solté la estúpida frase: “Yo haría cualquier cosa por cambiar lo sucedido, si estos pobres padres me lo pidieran hasta les entregaría a tu hijo si eso aliviase su dolor”. Ya ves Raquel soy un monstruo, lo gracioso fue que el pobre chaval ni se enteró de mis palabras pues llevaba a AC/DC a todo volumen, pero la madre sí que las escucho, claro. Al día siguiente estaba viajando hacia aquí con toda mi vida resumida en dos maletas.
- ¿Lo harías?
- ¿El qué?
- Cambiar lo sucedido.

Pero el matrimonio de Robert H. no terminó por esta discusión ya que estaba muerto mucho antes, por cierto, me acuerdo que cuando Robert conoció a Raquel compuso un triste Blues.

Primer amor, primera traición (muchos años atrás).

Con sólo veinticinco añitos se casó nuestro héroe con una treintañera divorciada y con un alegre diablillo más feo que el pie de mi tatarabuela, es decir, había salido a su padre quien quiera que fuera. La boda fue de lo más americana… Césped verde, sillas de madera, carpa blanca y mucha hipocresía respecto al color blanco del vestido de la novia.

Al poco de vivir juntos compraron un precioso aparador de madera con una percha de un solo gancho, un minúsculo paragüero, un gran espejo que te daba la bienvenida nada más abrir la puerta del acogedor hogar y por último un mueble de cajones tan planos y útiles como su matrimonio. Colocaron el aparador en la entrada y a nuestro Robert le pareció que los mencionados cajones estaban diseñados con la única función de contener unas bandejas de bombones así que mejor que ser testigo y dueño de unos cajones vacíos:
-¿Quieres un bombón amado mío? -Le preguntaba muy zalameramente la señora H. antes de la rutinaria partida matutina de Robert.
-Por ser más dulce, mil veces prefiero un beso tuyo, bombón -Replicaba mecánicamente un poco harto del ramalazo romanticón que le poseyó el maldito día que se le ocurrió comprar los perennes bombones.

Más un buen día, concretamente el posterior al día de los gritos y reproches no hubo nunca más la repetida despedida, ni frase rutinaria, ni siquiera empalagoso bombón escondido furtivamente en la gabardina tras el esperado beso. Nada, tampoco el acostumbrado bombón de chocolate puro, amargo como la vida misma, que Jenny acostumbraba a depositar en el bolsillo de la gabardina el día después de algún disgusto a modo de pequeña venganza. Robert soportaba los empalagosos bombones normales pero sentía adoración por los amargos por lo que al no encontrar el dichoso bombón en el bolsillo supo que lo que su mujer llamaba traición no era ninguna tontería.

La traición en este cuento viene dada musicalmente pues Robert H. siempre tiene un ritmo en la cabeza y lo hace música a la mínima oportunidad. Dejad que os diga que ha este respecto es podridamente bueno (ya sé, no soy nada modesto). Unos días antes de la pedida de mano, en ese periodo cuando un joven promete la luna y se cree que la puede conseguir, Robert H. prometió a Jenny todas las canciones del mundo y tras las agotadoras sesiones en las que se entregaban a ejercicios amatorios Robert usaba su órgano (al instrumento musical me refiero) para acompañar al mundo de los sueños a su futura esposa. Pero con el transcurrir de los años el salón se convirtió en el auditorio ya que el lecho era menos frecuentado y además Jenny tomó por costumbre apagar la luz antes, durante y después de la gimnasia amatoria. “¡No soportan vernos felices!” Comentaba Robert a sus amigotes cuando descubrieron que esta oscura tendencia era compartida por varias de sus mujeres.

Un buen día y no por casualidad el anterior a la ruptura de la tradición del beso-bombón Jenny se había enterado que Robert H. estaba vendiendo alguna de sus composiciones a anuncios de televisión y radio ¡y aun más! El muy cretino pensaba componer por dinero, el enfado fue monumental, las consecuencias ya las sabéis salvo que de todo esto el protagonista compuso un alegre cha-cha-chá.

Raquel ¿Cuándo, cómo y por qué? (5 días antes del puente).

Raquel apareció con una herida de bala en el corazón y a Robert H. únicamente se le ocurrió componer un marchoso Rock y volver a empuñar un arma. Pero antes de usar una pistola tendría que volver investigar y a Robert H. sólo había que darle un extremo del hilo que él encontraba siempre el grueso de la madeja. No había puzzle que no le encajara.

Lo peor fueron las tres cartas. La primera llegó al segundo día después del asesinato: “Busca y encuentra pero hazlo por ti, Raquel.” Tarde. La segunda llegó al día siguiente: “En mi sueño oí su nombre: Ron Deep. Por supuesto es falso. Raquel.” Tarde. La tercera carta llegó al quinto día. Pero no la abrió, le daba igual el contenido. Esta última carta era la confirmación de una locura y una confirmación de una mentira. Mucha gente ama hasta que la rutina les aburre, bastantes menos aman hasta que la muerte les separa, pero hasta los pocos que aman tras la muerte no pueden negar que una mentira lo cambia todo, lo aniquila todo. Se sintió como le dijera una vez Paul W. como una prostituta. Un vacío le araño tan fuerte desde dentro que pensó que ya sólo le quedaba un camino, bueno, muchos caminos para ir a dar en el mismo infierno. Y nuestro héroe con vértigo fue a comprobar que los miedos y fobias no se los lleva ni la muerte.

Paul W. amigo y compañero (muchos años atrás)

Unos años después de la boda uno de los invitados, su amigo y compañero, el inspector Paul W. le propuso una lucrativa conversión de horas libres en rutinario curro. Todo muy extraoficial, secreto y un poquito ilegal. El bueno de nuestro héroe tenía que tirar del hilo y encontrar, tras unas leves pistas, la verdadera identidad del tipo que buscaba Paul y luego hacer un informe. Lo malo era que esta gente era de esa clase que resulta ser muy difícil de seguir y bastante peligrosa, vamos la flor y nata de la sociedad. La ley de protección de datos no parecía dar problemas morales a Robert dada la caladura moral de dichos individuos y además Jenny agradecía mucho su mayor absentismo del hogar si este venía acompañado de dinero ilegal que curiosamente no era rechazado como ciertos ingresos musicales.
-¿Qué es esto Paul? -Robert. le tendió violentamente el periódico que acababa de comprar abierto por la página de sucesos.
-Aquí no Robert, no me jodas -Dijo con esa tranquilidad inquietante, pues cuídate de quien se controla tras una clara provocación- Ya sabes las tardes es el maldito momento de hablar de los asuntos extralaborales– Ni siquiera miró el periódico.
-Otro de nuestros asuntos, muerto -La voz de Robert se quebraba en un chillido histérico que podría resultaba cómico al venir de tal hombretón mientras que con el dedo aporreaba una foto pequeña perdida entre las letras de diversos tamaños del diario -Cabrón que investigo esquela segura.
-Eres mi amigo Robert, no he tenido un amigo desde… ¡Uf! Ni me acuerdo -Robert H. no le veía la cara pero sintió un escalofrío cuando Paul enseño su verdadero rostro.- Ve esta tarde una hora antes del anochecer a los edificios abandonados que están frente a la vieja factoría y ahora a trabajar no quiero hablar más del tema, todo a su tiempo.
Cuando Paul se giró dando por cerrada la conversación tenia dibujada una sonrisa Robert siempre había creído que las sonrisas eran felicidad hasta que una le heló la sangre y su catalogo de sonrisas tuvo dos apartados, y en sus ulteriores pesadillas colmillos y metálicas sierras dejaron paso a una sonrisa sin dientes y unos ojos vacíos de alma.

Llego la hora y el obediente héroe de nuestro cuento caminaba con la mano en la frente para evitar la pronto mortecina luz que cegaba los ojos. Que el bloque de infrapisos estaba abandonado era conocido por todos y eso era lo que más inquietó a Robert pues no vio ni una pintada, ni un barril medio quemado para aliviar rigores invernales, ni el característico olor a orín humano al traspasar el portal y tampoco encontró señal alguna de colchones raídos o cartones imitando un lecho. Se acurrucó en su gabardina mientras subía unas escaleras bien ventiladas por las abundantes ventanas sin cristales y puertas rotas colgando de marcos que aun conservaban restos de blanca pintura. El segundo piso, allí encontró a Paul sentado en unos cómodos y cuidados sillones de cuero negro bastante viejos. La planta entera había sido vaciada respetando los habitáculos que daban al exterior y remodelada para crear un magnífico Loft digno de cualquier coleccionista de armas pues todas las paredes recubiertas de madera estaban adornadas con esos útiles que ha creado el hombre para matarse. Era un auténtico museo con vitrinas cerca de cada pared.
-Yo tengo una tarea y soy podridamente bueno en ella pero no todo el mundo entiende a los cazadores como yo. Tú tienes otra tarea que se te da condenadamente bien y nos complementamos. Yo tengo el ojo y la bala. Tú nariz de perro ¿comprendes que no es casualidad? Estamos obligados a entendernos.
-No quiero ser responsable de más muertes. No nunca más ni juez, ni verdugo.
-Tranquilo ese es mi trabajo. Soy una puta Robert, mejor dicho lo era. Dices que no eres Juez pero me juzgas. Yo soñaba desde que era una mierda de crío con matar malos. Me corría ya de adolescente pensando como sería mirar a la jodida muerte a la cara; como sería arrancar las malas hiervas de mil maneras distintas; hacer el bien dando rienda a los instintos, esos cabrones que comandan tu vida enseñándote a mordiscos que es el placer si les das de comer, o la frustración si los niegas. Pero claro eso pasa cuando miras al futuro con ojos nuevos, en la puta realidad viene un asqueroso viejo de pito fláccido con pasta fresca y le dejas meterse en tu coño de vida y te vas dando cuenta poco a poco que no sólo existe el instinto que hay valores y se los vendiste al viejo por un puñado de dólares, que sólo matas, que el orgasmo te lo han robado y aunque seas podidamente eficiente no te dejan innovar porque sólo cuenta eso: la eficiencia. Profesional me llaman ¡y una mierda que se coman! -Silencio.- No me mires así Robert, no me he vuelto a prostituir, sólo cazo a quien lo merece y a nadie obedezco órdenes ya. Ahora únicamente hacer el bien y disfrutar hasta correrse con ello.
- ¿Y como los eliges? -el morbo pudo más que las ganas de salir corriendo.
- Fácil -¿No le pareció a Robert que la mirada de Paul cambió de repente hasta convertirse en una esperanza infantil?-. Cazo a los lobos malos, a los que contagian la rabia al mínimo mordisco y estos muerden mucho. Todos me han contratado, ¿mediante nombres falsos? Que más da, tú si eres capaz de sacar de la madriguera al conejo cuando te enseño su olor.
Mientras hablaba sacó un bolígrafo y folio pulcramente doblado y se lo tendió tras desdoblarlo con mimo. Estaba escrito a mano con bonitas letras en azul y unas crueles cruces resaltando en rojo sangre en algo más de la mitad de los nombres que abundantemente poblaban la macabra lista.
-Eres un monstruo. -Dijo sin tocar el papel.
-Temía que dijeras eso.
Decepción, esta vez no había duda de lo que expresaba el rostro de Paul el cual dibujó el nombre completo de Robert mientras escribía, acto seguido se incorporó luciendo la sonrisa, esa que poblaría mis pesadillas y que hubiera vendido esta segunda oportunidad por no volver a ver.
La mano del héroe fue rápida y lanzó un potente golpe de linterna como un buen Jedi con su espada de luz contra el cuello del monstruo.
-Con todo mi cariño y amisgruusf -El puño de Paul salió de la nada para ir a partir la nariz a su compañero y ex amigo.
Tras recuperarse de la explosión de dolor Robert oyó unos rápidos zapatazos en la escalera, alguien bajaba estas como diablo sin alma. Robert H. corrió hacia allí sacando la pistola y dando bocanadas a boca abierta al descubrir lo malo que es correr sin poder usar las sangrantes fosas nasales. Está perdiendo la pista a los zapatazos cuando todavía no ha empezado a descender. Los pasos se detienen cuando Robert empieza a ver el piso inferior pero Robert no encuentra la calma, no tiene cuidado y tras dos recodos del pasillo gira atropelladamente para encarar otro interminable corredor rematado por una silueta recortada ante la cegadora luz mortecina que entra por la ventana. Robert imagina la mano de Paul añadiendo una roja cruz al último nombre de su justiciera lista pues ha cometido cien errores ante un profesional y eso se paga. Robert dispara esperando el milagro, este se produce. Un únicamente disparo resuena pues algo va mal. Robert había apuntado a la cabeza de la silueta y para ello ha tenido que inclinar levemente hacia abajo la pistola. Fui consiente de ello pronto casi antes de disparar pero tarde. Muy tarde, una vida tarde. Después del accidente, de la muerte a plomo y cinética de aquel inocente niño solamente hay dolor. Dolor que explota y con una brutal honda expansiva se lleva por delante la vida de los que rodean al difunto y la paz de los que soportaban al involuntario asesino.

A veces es mejor olvidar ahora me doy cuenta. Por cierto aquel Robert H. que soy yo también saco una canción de todo esto, el muy capullo hizo una cumbia bien marchosa y divertida.

Capitulo final. La decisión.

He tomado una decisión, la verdad imaginaba que sería más difícil. Ya sabéis es posiblemente la decisión más importante de mi vida ¿y acaso no lo son todas? No por casualidad mi mente buscó ayuda para satisfacer a mi hambrienta memoria en aquel bonito día del puente. El balance que realice me ha ayudado pero ahora sé que la carta que me salvó la vida aquella vez contiene la clave para la decisión que he tomado.

Antes de abandonar el puente por la vía rápida Robert abre la carta con mucho cuidado ya que un molesto viento racheado parece decidido a arrancarla de sus amarillentos dedos. No le interesa el contenido de la carta sólo volver a leer su letra como pequeño sustituto de Raquel. Pero en vez de la escueta pista o frío consejo encuentra una declaración de amor:
“Querido Robert:
Perdona por no sincerarme antes, para mí no ha sido fácil. Te regalo una segunda oportunidad y propósito para vivir. Sabía de mi muerte y no me intereso nunca la venganza pues es mi destino pero cuando te vi en mis sueños, en los recurrentes sueños que me mostraban mis últimos días supe que te amaba. Siempre tuve claro que te haría participe de todo este conocimiento del futuro sin valorar lo que me dolería pero después de conocerte no tuve el valor suficiente. Mi regalo para ti, mi amor es decirte que salves al chico esta vez, no desperdicies tu vida por Paul W. mi asesino.
Raquel”
Robert en lo más alto del puente más alto se olvidó de todo salvo de un nombre para dos ideas. Paul W. muerto o en la cárcel. Ella le había dejado un regalo “salva al chico” y Robert obediente tiró su pistola en un enorme esfuerzo comparable al final de un estreñimiento de varias semanas. Robert acompañó con su mirada el descenso de la pistola y por primera vez en su vida no sintió vértigo. No se había traído el móvil (¿para qué espachurrar un artefacto que puede bien servir al primer policía que se lo agencie?) así que tendría que ir esperar para poder llamar a la policía, había hecho un riguroso trabajo y aún así le dolió no averiguar por sus métodos la identidad del asesino.

He vivido el resto de mis días pensando que el regalo de Raquel me libraba de la culpa, que el hacer lo correcto diez años más tarde puede mitigar la conciencia. Me mentía. Ahora lo entiendo todo, aquella carta no iba destinada al Robert del puente, sino a mí. Puedo remontarme años atrás y apartarme de Paul W. o bien eliminarlo (eso sí, no usaría una linterna esta vez) y así ambos, el chico al que maté y la mujer a la que más amé, tendrían una larga vida, estoy seguro. Si volviera atrás cambiaria más de una composición que ahora veo fuera de lugar pero nunca cambiaría aquel triste Blues, de hecho, ya me encamino a la mente y al momento del Robert que lo compuso. Puede que así no logre cambiar el destino de ella, puede que así la condene a morir pero yo la amo y sin amor no tiene sentido la vida.

Y Colorín, colorado. El círculo se ha cerrado.
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Re: CPIV- Segundas oportunidades

Mensaje por Emperatriz_Infantil » 14 Abr 2009 13:14

Es interesante, pero la encuentro un poco enrevesada. Aunque al final se entiende todo, creo que la forma es algo complicada de entender, sobre todo para ser un cuento corto. Pero me encantan los toques de humor y las descripciones.

Kisses
:101: Leyendo: Las Siete Muertes de Evelyn Hardcastle, Stuart Turton
:101: Leyendo 2: Magnus Chase y el Barco de los Muertos, Rick Riordan

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Atali
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Re: CPIV- Segundas oportunidades

Mensaje por Atali » 14 Abr 2009 13:42

El usuario se ha dado de baja porque cree que los moderadores de este foro carecen de respeto.
Última edición por Atali el 18 Abr 2010 11:11, editado 1 vez en total.

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ciro
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Re: CPIV- Segundas oportunidades

Mensaje por ciro » 14 Abr 2009 15:28

Es original lo de los temas musicales. El resto me parece confuso.
Suele ser más rentable escuchar que hablar. No hagáis como yo. Cosecha propia

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Ororo
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Re: CPIV- Segundas oportunidades

Mensaje por Ororo » 15 Abr 2009 13:48

Tengo que releerlo. No me ha quedado nada claro :shock:
No soy lo que escribo; soy lo que tú sientes al leerme.

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Minea
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Re: CPIV- Segundas oportunidades

Mensaje por Minea » 15 Abr 2009 15:24

Me gusta como empieza pero el cambio de 1ª a 3ª persona acaba liándome y al final no sé quién es quién.

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Merridew
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Re: CPIV- Segundas oportunidades

Mensaje por Merridew » 15 Abr 2009 16:47

Aunque el estilo en principio me gustaba (luego no me parecía que encajara para la historia que se quiere contar), se me hizo muy confuso.
Lo que eres me distrae de lo que dices

takeo
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Re: CPIV- Segundas oportunidades

Mensaje por takeo » 15 Abr 2009 20:40

problemas con los acentos y en la construcción de algunas frases, más los cambios del punto de vista. No me acaba de gustar cómo desarrolla la historia: la hace muy compleja.

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Desierto
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Re: CPIV- Segundas oportunidades

Mensaje por Desierto » 15 Abr 2009 21:12

El cambio de perspectiva continuo hace que te pierdas en muchas ocasiones, pero la historia es bastante original y está bien tratada.
Desde el punto de vista formal, eso sí, encuentro bastantes fallos: faltan algunas tildes y muchísimas comas y sobran muchos adjetivos que no hacen muchas veces más que alargar frases (sentado en unos cómodos y cuidados sillones de cuero negro bastante viejos... buff!).

Pero también tiene algo, el choque frontal entre las emociones del protagonista como observadas desde fuera, que seduce.
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Katia
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Re: CPIV- Segundas oportunidades

Mensaje por Katia » 15 Abr 2009 21:59

El principio me pareció original (y algunas frases incluso hilarantes).

Pero me produce confusión esta historia...


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Re: CPIV- Segundas oportunidades

Mensaje por Candil » 18 Abr 2009 12:20

Trepidante, pero confuso. Bien escrito excepto el salto del narrador y algunos acentos veniales. No es un género que me apasione. Aprobado

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Re: CPIV- Segundas oportunidades

Mensaje por Emma » 19 Abr 2009 13:46

Muy confuso. Creo que dada la estructura hacia atrás, necesita tener una corrección extra en cuanto a puntuación y tiempos verbales, para evitar crear confusión. Tampoco ayuda el que el narrador esté continuamente hablando de sí en tercera persona, para pasar después a la primera. Necesita un repasito.

…en un enorme esfuerzo comparable al final de un estreñimiento de varias semanas
:meparto: conocía la expresión más duro que un parto, pero ésta comparación es muy buena, aunque no me pegue mucho en el clímax de la historia.

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Ororo
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Re: CPIV- Segundas oportunidades

Mensaje por Ororo » 19 Abr 2009 20:22

Tras releerlo, me ha quedado más clara la historia. Ahora el cambio a 1ª persona no me ha parecido tan lioso.
La forma de contar las cosas es original, con saltos en el tiempo. Por este motivo me ha seguido pareciendo algo confuso. Al escritor/a no le gusta ponérnoslo fácil :wink:
Sobre todo al principio tiene frases muy graciosas e ingeniosas y el argumento no está mal.
No soy lo que escribo; soy lo que tú sientes al leerme.

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Re: CPIV- Segundas oportunidades

Mensaje por Aprendiz de Meiga » 20 Abr 2009 20:13

Es demasiado denso, pero tiene algunas frases muy buenas. La historia no me ha quedado nada clara.
"Que no haya sueños que se queden pendientes"

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Re: CPIV- Segundas oportunidades

Mensaje por SHardin » 24 Abr 2009 18:23

Leído. Creo que está poco repasado aunque no creo que despues de estas correcciones cambiara mucho mi opinión sobre el resultado final. No me transmite mucho es como una carcajada en un momento inoportuno.

Tiene bastantes cosas buenas pero como hay que valorar el conjunto lo considero mejorable.

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