I Negra: Idiota

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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julia
La mamma
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I Negra: Idiota

Mensaje por julia » 13 Oct 2009 13:28

Lloraba como un niño. Desde la barrera, un interrogatorio es una forma de estudiar la conducta humana en una situación de tremenda tensión. El sudor, las manos, los ojos... todo el cuerpo intenta comunicar algo. Tenía una habilidad que sabía utilizar en los mejores momentos: describir el lenguaje corporal, descifrar qué es lo que intenta decirnos el cuerpo humano con sus actos involuntarios por parte del individuo. En este caso, pillamos a un soplón. Había delatado a una pequeña rama de nuestra organización, pero no llegaba a los grandes cargos por suerte. Siempre fue bastante mediocre en su trabajo, ahora, quizás, no vuelva a trabajar jamás. Reglas, reglas inquebrantables.

Antes de entrar en la organización, era policía. Digamos que no era el poli bueno. A la mínima posibilidad de ser sobornado, lo aceptaba sin ningún problema. Desde que empecé con mi carrera policial multando a los coches mal aparcados en un polígono industrial a las afueras de la cuidad, donde las prostitutas africanas convivían con los vaivenes de los camiones y los piropos mal lanzados de los conductores.
Casualidades de la vida me llevaron a entrar en el cuerpo antidrogas. Ahí tampoco era de los ‘buenos’. Al entrar en el cuerpo, conocí a alguien que me enseñaría el negro camino de la vida. La coca y yo fuimos inseparables. Suena a tópico, pero es cierto. Tanto trabajar deteniendo a camellos de poca monta, me llevo a probarla un día, quizás para saber que sentían esos muertos en vidas que eran esos consumidores desquiciados. Fue una etapa dura y larga en mi carrera, pero tenía el apoyo de mi mujer, de mi ex esposa.



La conocí una tarde de invierno. Había salido con unos antiguos compañeros del instituto en uno de mis pocos días libres. Era sábado, hacía bastante frío. El negro predominaba la clara noche de un cielo sin nubes. Entre risas, entramos a un bar irlandés que se encontraba a rebozar de juventud, el olor a tabaco se impregnaba en cada rincón de nuestra ropa y el zumbido de las voces, retumbaban en nuestros tímpanos. Gracias a las, no pocas rayas de cocaína que llevaba encima y las numerosas cervezas que había tragado, me encontraba en la gloria. Fue entonces cuando entre yo y dos ex compañeros de clase, decidimos hablar a un grupo de chicas que estaban chillando, más que charlando por culpa del alcohol en sangre, en una mesa redonda al fondo del bar. Había una de ellas que no dejaba de mirarme, mientras sus finos labios absorbían el licor del vaso de tubo. Me arme de valor, era fácil en tal circunstancia, y propuse ir.
La historia acabó muy bien. Esa noche conocí su apartamento, a su perro y sus tetas. Así, poco a poco, empezamos a salir juntos durante ese invierno, siempre cuando el trabajo me lo permitía. Nos emborrachábamos, salíamos a cenar, íbamos al cine y follábamos a la mínima posibilidad. Con el paso el tiempo ya planeábamos las vacaciones. Y a los pocos años nos casamos. He de admitirlo, era feliz. En aquella época era feliz. Poco me importaba qué iba a hacer durante el día, solo el despertarme y verla durmiendo a mi lado, con esa débil sonrisa que me ofrecía a diario, con sus ojos entornados, sus finas manos entre sus muslos, me hacía entrar en el paraíso, un paraíso perfecto.


-Creo que es hora de acabar -sentenció Pete.
-¡Si! ¡Debemos rematarlo de una vez! -dijo Marky con esa voz tan característica que tenía.
-Idiota… -murmulle.
Marky era idiota. No es broma. Retrasado mental. Un golpe de niño que se dio jugando con no sé quien, le dejó una huella perenne en su cerebro. No entendía qué hacía con nosotros, pero un día Pete me explicó el motivo de por que se encontraba presente en las reuniones que manteníamos. Marky era el hermano del jefe. No había nada que objetar al respecto.
-Marky, no vayas tan rápido. Además ya te tengo dicho que no tienes ni voz ni voto en estos asuntos -Marky, al escuchar la atronadora voz de su hermano, se calló y miró el suelo avergonzado. El jefe observó como el chivato estaba aterrado por un miedo casi inexplicable. Hace un buen rato que se había quedado mudo de tanto gritar de dolor y sus ojos suplicaban clemencia. El jefe se dio la vuelta y abriendo la puerta de la sala expresó de forma tajante: –Pete, dale su merecido
El disparo retumbo en la sala, la sangre salpicó la mesa tiñéndola de sangre.


Buscamos un sitio donde comer tranquilos. Tenía pequeñas gotas de sangre en mi ropa y el hedor a muerte y pólvora, era común en todos. Dejamos el cadáver pudriéndose en una zanja llena de escombros en una obra cercana.
-Podríamos al italiano de Guido -dijo Pete.
-Me parece bien -dije -¿alguien en contra? -espere unos segundos, nadie dijo nada y giré a la izquierda en la siguiente intersección. El restaurante era muy conocido por nosotros. Ahí habíamos tenido varios reuniones con grandes clientes con grandes sumas de dinero de por medio. Era lo habitual. Entregábamos la mercancía al cliente, este aprueba el contenido y nos da una paga suculenta. Y después, todos tan tranquilos a casa, tras haber sacado un buen pellizco de dinero.
Mientras conducía el jefe hablaba con Marka dulcemente. El jefe era un tipo alto, algo regordeta con una calva que empezaba a penetrar en su cabeza. Usaba unas gafas poco llamativas y tenía una especia de tic nervioso en su pulgar de su mano derecha, el cuál hacia moverlo tocando el dedo índice y el corazón tres veces. Nunca encontré significado alguno, tampoco me atreví a preguntarlo. Cuando hablaba con su hermano, solía hablar con dulzura. Le quería, eso estaba claro. Marky también a él, ya que gracias a él se sentía útil y no desplazado.
Mientras tanto, seguía conduciendo ese Ford poco llamativo dirección al restaurante cuando pasamos por ese cruce…



Recuerdo muy bien ese día. Me había despertado temprano ya que tenía que llegar pronto a la comisaría. Tenía mucho papeleo, muchísimo, y quería quitármelo cuanto antes. El día anterior habíamos desarticulado una pequeña organización de venta de droga que operaba al sur de la cuidad. Por ser el nuevo, me tocó hacer el papeleo pertinente.
Al despertarme esa mañana, me froté los ojos. El reloj-despertador sonó suavemente y rápidamente lo apagué para no despertar a mi esposa. Al estar algo más vivo, me fijé que ella seguía durmiendo. Acaricié su pelo dorado como el sol con mis manos. Ella no se inmutó. Sonreí. Nunca antes había sido tan feliz, mi vida era perfecta. La relación que llevábamos iba viento en popa, incluso hablábamos de tener hijos. Me duché, vestí y desayuné en media hora. Cuando ya estaba listo para partir a sumergirme en aquel trabajo que me esperaba sin pocas ganas de hacerlo, observé como continuaba profundamente dormida. Parecía no estar viva, parecía estar sumida en un mundo distinto al nuestro. Me reí al ver que se la caía la baba por un lado de la boca. Le limpié el rastro de baba. Se movió y cambió de postura, pero siguió en el estado de desconexión. Ella se levantaría más tarde para ir a trabajar en la residencia de ancianos. Le di un beso en la frente y me fui sin volver a mirarla…
A medio día recibí una llamada de una compañera. Había habido un accidente de grandes dimensiones en pleno centro de la ciudad. Un camión sin frenos esta circulando a una gran velocidad llevándose todo lo que encontraba. No entendí muy bien porque me había llamado a mí, estando en otro departamento, hasta que escuché el nombre de mi mujer. Se había quedado en un cruce atascada con su coche, cuando el camión sin frenos llego y arrolló su coche partiéndolo en dos, esparciendo sus miembros por a unos cuantos metros del impacto, marcando con su sangre la calle.

Murió. Se fue de este mundo. Me dejó para siempre.

Llegamos al restaurante y nos sentamos en una mesa pegada a la ventana con vistas a la calle. Nos recibió el propio Guido, que aparte de ser el dueño del sitio, era un antiguo compañero de clase del jefe. Ambos se conocían muy bien, ambos sabían en que asuntos estaban cada uno. Mientras un traficaba para ganarse la vida, el otro cocinaba una lasaña de muerte, posiblemente la mejor lasaña.
-¡Guido! ¡Tanto tiempo! ¿Qué tal viejo amigo? -exclamó el jefe nada más entrar con gran admiración. Guido parecía más viejo que el jefe aunque tuviesen la misma edad. Las canas afloraban en su pelo liso y su barriga era más que prominente.

Tras sentarnos y hablar sobre que íbamos a pedir cada uno, Pete tomo la palabra.
-Estamos en peligro. Lo digo por ese soplón. Puede que no haya sido muy bueno en su trabajo, pero perfectamente se puede haber filtrado nuestros nombres y direcciones. Hay que andar con un ojo en cada esquina -Se le veía preocupado. Este no era el que había deseado en su infancia, en los tiempos que jugaba a ser un sheriff del viejo oeste. Se notaba que estaba metido por muchas casualidades de la vida, muchas malas jugadas, pero no se arrepiente de hacer lo que hace. Se le da bien y trabaja duro para acabar bien su cometido.
El jefe miro el pan, lo cogió y arrancó un pequeño pedazo. Se lo metió a la boca, mastico lentamente como de costumbre y cuando había terminado de tragar y se dirigía a hablar, Marky salto.
-Pero… ¿quien quiere saber nuestros nombres? -“idiota” me dije, aguantándome para no soltárselo en su cara. Es como su no hubiera estado en el interrogatorio de ese pobre soplón. Su hermano le miró fijamente, este bajo la mirada en señal de arrepentimiento.
-La policía, Marky, la policía -su tono era duro, así entendía su hermano pequeño que la había cagado. El jefe continuó: –Pete, sé que estas preocupado es normal. Desde que empecé en esto tengo un ojo puesto en cada esquina. Esto no es fácil, aunque nos vayan bien las cosas. Sé que en cualquier momento podemos tener una confrontación con la poli, eso esta claro. Por eso os pido que no tengáis miedo. Pensar que es parte de vuestro trabajo tener que desenfundar la pistola y disparar para seguir con vida -lo dijo en un tono serio, resaltando la importancia que tenía este comentario. Todos sabíamos que podía suceder en cualquier momento, pero no estaba de más volver a recordarlo.
Yo no sentía miedo, el miedo lo había perdido hace mucho tiempo.


Al tiempo de morir ella, caí en una espiral de autodestrucción. Dejé el trabajo en el departamento antidrogas por depresión. Mis jefes lo entendieron a la perfección, me propusieron dejarlo por un tiempo, pero no me veía capaz de volver a trabajar ahí. Todo me recordaba a ella. Un día tome mis maletas y me fui lejos de ahí. No aguantaba el agobio de estar en esa casa donde tantas veces hablé con ella. Era insoportable entrar en el dormitorio y ver sus cosas, oler su aroma impregnado en cada pared del baño, su libro en la mesilla, su pijama tirado por el suelo… creo que no llegue a dormir otra vez en esa habitación.
Me marché lejos, intentando olvidar mi felicidad. La tristeza me cubrió por completo. No podía pensar en un destino, solo fui me compre un billete en una agencia de viajes. “A cualquier sitio” les dijes a los dependientes. Sus miradas se dirigieron directas hacia mis cansados ojos, haciéndome cada vez más pequeño, resbalándome por la silla para terminar en el suelo. Acabé en un hotel en la costa oeste, de esos con palmeras y una pulserita de todo incluido. Durante las dos semanas que estuve hospedado en aquel hotel de 5 estrellas, tuve una rutina que llevaba a rajatabla: me despertaba temprano, me daba una pequeña ducha y bajaba a caminar. A las 9am desayunaba en el hotel, a las 10 subía a ducharme lentamente. A medio día iba a la piscina hasta la hora de comer. Por la tarde dormía y después me iba al bar del hotel donde un cuarteto de jazz tocaba hasta que cerraba. Así día tras día, hasta que el último día de estadía en el lujoso hotel, me desperté con ganas de volver a la ciudad. Con ganas de volver y enfrentarme a la realidad tomando un camino distinto y empezar de cero, pero sin olvidarme de ella.


-¡La lasaña estaba realmente buena! -dije emocionado, realmente lo estaba.
-La verdad, he hecho bien haciéndote caso, ¡este Guido prepara unas lasañas muy sabrosas! -respondió el jefe mientras bebía un poco de vino. Estaba satisfecho de la comida poco copiosa que estábamos disfrutando. Marky comía una pizza de prosciutto y Pete casi no había probado su plato de macarrones a los cuatro quesos. Miraba fijamente por la ventana con una mano en la barbilla y la otra en el tenedor.
-¿Ocurre algo Pete? -pregunté ya que era extraño que aquel hombre de buen comer, casi no había probado bocado.
-Han pasado ya cuatro coches patrulla… tengo la impresión de que algo no marcha bien -mientras nos hablaba, noté su preocupación en su rostro. No era una persona que dejaba mostrarnos su preocupación así tan a la ligera, por eso, me extraño que reaccionara de tal forma.
-No te preocupes -dije para calmarle un poco –seguro que no significa nada… -y me callé. A mi también me preocupaba la situación. No era habitual tal cantidad de coches en apenas media hora que llevaríamos ahí sentados. Marky no se enteraba del tema y el jefe miró a la calle. Él también sentía que algo no iba bien.
-Será mejor que nos demos prisa, no quiero corres riegos innecesarios- sentenció el jefe. Era una orden, aunque no sonase como tal –Antes de irnos tener vuestras pistolas a mano.
-Pero hermano, yo no tengo pistola –era verdad, Marky no llevaba. No debería llevar, pero el jefe le dio una ya que siempre llevaba dos, una de repuesto. Tenía la teoría que llevar dos pistolas era como tener dos vidas. Se saco la pistola del tobillo, la tomo con ambas manos y le dijo algo como: “Úsala bien, hermano”. Los ojos de Marky se inundaron de lágrimas, pero ninguna recorrió su mejilla. Pete y yo observamos la escena con cierta ternura.
-Ahora, chicos, recordad. Al salir mirar bien a vuestro alrededor.



Cuando volví a la ciudad quiera empezar de cero. Decidí cambiarme de piso, el antiguo lo vendí por algo más de lo que costó en un principio así que, con el dinero ganado por la venta, alquilé uno de una habitación, algo pequeño, pero suficiente para mí.
Quería olvidarme de ella en lo material, manteniendo mis recuerdos intactos. Deduje que sería lo mejor. Así que tras la venta del piso, me puse a buscar otro trabajo. No iba a volver al cuerpo. No quería. Es cierto que me gustaba recibir sobornos y pillar algo de droga para quedármela. Además, ir con el uniforme por la calle me hacía sentir superior al resto. Medité mucho este tema. Como ya no me metía nada de nada, recordé por casualidad a mi vieja amiga, la cocaína. La coca y yo, pasamos muy buenos tiempos. Con ella conocí a mi mujer y ella me acompañó a la luna de miel. Estuvo ahí siempre, hasta que un día acabé en el hospital. Así mi mujer dijo basta e intento ayudarme a olvidarme de consumirla. Gracias a ella dejé de drogarme. Al principio fue duro, pero ella estaba a mi lado dispuesta a poner fin a esa adicción. Pude conseguirlo tras un largo tiempo donde las recaídas fueron bastante habituales. Finalmente un día, sin darme cuenta, ya llevaba más de 6 semanas sin meterme nada.

Por las mañanas me sentaba en una cafetería cercana. Me bebía un café mientras ojeaba el periódico en busca de un nuevo empleo. A los pocos días conocí al jefe.
Como de costumbres vive el hombre, una mañana más me encontraba en la cafetería tomándome mi café y leyendo el periódico, cuando una voz, que procedía de mi espalda, se apoderó de mis oídos:
-Así que… ¿buscando trabajo?, ¿eh? -
Me quede petrificado. Su voz había calado en mí. Al girarme y verle con sus gafas mirarme fijamente, no supe que decir.
-Sé quien eres, me imagino que no sabrás quien soy. Sé que quieres cambiar de aires, sé que has perdido hace poco a tu mujer y por lo que veo, estas buscando trabajo… -enmudeció. Respiró hondo, se sentó a mi lado y continuo: -Si quieres te puedo ofrecer un trabajo. Quizás no vaya con tus ideales, pero tendrás el dinero que necesites. Necesitamos a alguien como tú dentro de la organización.
Me conquistó de inmediato. No fue por el dinero, era perfecto para cambiar de aires y el volver a sentirme importante ayudó.
Al día siguiente entre en la organización.



Terminamos de comer. Guido nos invitó volver otra vez y como un gesto de amabilidad, no pagamos nada. El jefe le dio un buen abrazo, Guido sonrío con sus grandes dientes mientras era estrujado por los grandes brazos del jefe.
Salimos a la calle como nuestro guardián había dicho, con un ojo puesto por si ocurría algo. Y ocurrió.
No había mucha gente caminando a esa hora. Recuerdo una señora de edad con pelo rojizo que llevaba un caniche y un hombre entrado en carne con flores en la mano. De repente, salieron dos coches policiales por la izquierda y otro por la derecha. Frenaron en seco. El ruido nos hizo girar sobre nuestro cuerpo. Pudimos observar como se bajaban varios policías de los coches. No puede determinar cuantos eran en total. Rápidamente desenfundamos nuestras pistolas al ver como ellos hacían lo mismo.
La tensa situación se agravó, cuando llego otro coche patrulla más y se bajaron de él más policías. Lógicamente, no pintaba nada bien la situación.
Tenía al jefe a mi izquierda, a Pete por la derecha y detrás a Marky. En frente, una docena de policías nos apuntaban con la pistola cogida a dos manos. Sus placas brillaban por el sol que pegaba fuerte a esa hora. Un policía empezó a hablar. A mi no llegaban más que palabras sueltas, sin relación alguna. El jefe dijo algo para nosotros, era la última frase, él sabía que esto iba a acabar en unos segundos. Una última arenga para la gran batalla. Marky hizo el primer disparo… idiota…



El disparo me llego al corazón, atravesando mi cuerpo con una facilidad increíble. Caí sobre la acera, poco después mis compañeros siguieron mi destino.
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Lo que la inteligencia nos devuelve con el nombre del pasado no es el pasado (Marcel Proust)

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ciro
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Re: I Negra: Idiota

Mensaje por ciro » 16 Oct 2009 01:47

Graves errores de sintaxis, puntuacion y gramaticales. Necesita mejorar. Si es alguien joven sin duda lo podrá hacer. Si no tambien, pero tiene menos tiempo. :wink:
Suele ser más rentable escuchar que hablar. No hagáis como yo. Cosecha propia

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Re: I Negra: Idiota

Mensaje por Ángel_caído » 19 Oct 2009 10:26

No termino de cogerle el punto a esta historia. Después de haberla leído no he conseguido ponerme en la piel del protagonista, ni sentir sus emociones :roll: Aún así creo que la idea es buena...
Leyendo: La feria de las vanidades
*Pienso, luego insisto* *** Recuento 2012

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Re: I Negra: Idiota

Mensaje por Felicity » 19 Oct 2009 11:05

Está bien :)
pero tampoco ha llegado a transmitirme...
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Hay un momento en la vida, en el que tienes que dejar de vivir y empezar a sobrevivir...

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Re: I Negra: Idiota

Mensaje por Ororo » 19 Oct 2009 23:15

La redacción se podría mejorar, lo que facilitaría la comprensión del relato.
La mezcla de la vida del protagonista en la "banda" con los recuerdos de su mujer está muy bien. También ver lo que ocurre desde el punto de vista de un soplón.
Me ha recordado un poco a la peli de "Al Capone", fíjate :wink:
Pero hay que mejorar la expresión.
No soy lo que escribo; soy lo que tú sientes al leerme.

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Re: I Negra: Idiota

Mensaje por Desierto » 20 Oct 2009 01:54

Este no. Demasiado errores ortográficos y de expresión. Los sentimientos y la inclinación del protagonista están bien expresados pero necesita un par de repasos a fondo...
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Re: I Negra: Idiota

Mensaje por artemisia » 21 Oct 2009 14:18

O LO HE leido muy deprisa o me he enterado mal, o no hay quien lo entienda...su ex mujer es laque murió? entonces no es su exmujer...pero luego hubo otra con al que se desenganchó? que lio....
Y él no era poli? poque buscaba curro, porque entra en esa "banda"?

lo dicho no me aclaró, hay faltas, y malas composiciones...se desluce, auqnue la idea en sí está chula, y el haberlo hehco en flas está bien también.

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Re: I Negra: Idiota

Mensaje por al_bertini » 22 Oct 2009 10:55

Coincido con los anteriores, falta un repaso profundo de la redacción del texto. Es una pena, pero es un detalle importante cuando se presenta un relato a un concurso.

La historia es correcta, aunque personalmente me hubiera gustado saber algo más de esa banda, sus quehaceres, el por qué entrar ahí,etc...
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Re: I Negra: Idiota

Mensaje por Cronopio77 » 24 Oct 2009 00:12

O no lo he entendido, o le falta de todo, o las dos cosas. Al margen de los errores ortográficos y sintácticos, que tienen su importancia pero que podrían llegar a obviarse (como en el célebre caso del escritor argentino Roberto Arlt), lo peor es que un narrador no debe repetir una y otra vez que un personaje es idiota: debe ponerlo a actuar para que el lector, con su propio criterio, se dé cuenta de ello. Además, no veo la conexión entre las dos historias. Sí, la mujer del protagonista murió y eso le llevó a entrar en la banda... pero ¿eso es todo?
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Re: I Negra: Idiota

Mensaje por Escorpion » 25 Oct 2009 00:49

No me ha gustado mucho. Es dificil de leer, tiene errores y no me queda claro a donde quiere llegar no a donde llega.
Lo siento

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Re: I Negra: Idiota

Mensaje por SHardin » 31 Oct 2009 04:34

Leído. Me ha gustado la ambientación y partes de la historia. No me han gustado los diálogos creo que mejorando estos y con las revisiones para no "rebozar de juventud" el relato tendríamos un buen escritor con muy buenas maneras.

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Re: I Negra: Idiota

Mensaje por Arwen_77 » 31 Oct 2009 11:52

La historia está muy bien y la ambientación también.Lástima que no haya sido suficientemente revisado, porque está lleno de erratas, faltas de concordancia verbales y otros errorcillos que empeoran el resultado final.
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Re: I Negra: Idiota

Mensaje por Merridew » 11 Nov 2009 16:16

Coincido con el resto de la gente en que hay muchos errores en la redacción. Como punto positivo, hay que destacar que la historia está bien planteada, hace un buen uso de la narración paralela y hace avanzar la historia con cada cosa que cuenta. Pero el autor tiene que profundizar más en la historia, en los personajes.
Lo que eres me distrae de lo que dices

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