CRI: Único -Isma

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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lucia
Cruela de vil
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CRI: Único -Isma

Mensaje por lucia » 09 Oct 2011 16:54

Único


Mirmidonio es tan, tan raro, que no existen palabras en el mundo para describirlo. Esto es normal, dado que es absolutamente único; el primer y único Mirmidonio que ha existido jamás. Tiene, cómo describirlo, siete extremidades, cada una de las cuales está recubierta de algo que no se puede denominar pelos, cilios ni arrugas; lo más aproximado sería denominarlo plumas, a falta de una palabra mejor. Cada extremidad es de un color diferente, colores a los que tampoco podemos poner nombre, pero que en conjunto le dan una apariencia, sinceramente, bastante graciosa. El cuerpo moteado es asimétrico, y se estrecha en un cuello alargado sobre el que se asienta una cabeza esférica en la que tres ojos, tres, miran al mundo con asombro. No se sabe dónde tiene la boca y nadie se lo ha preguntado jamás. Lo mismo podría decirse de los oídos, pero de lo que podemos estar seguros es de que tiene el sentido del olfato localizado en su quinta pata. También tiene un sentido extra que no tiene nombre ni funcionalidad definida. Mirmidonio, y esto ya es el colmo, tiene una lánguida cresta que comienza en el lomo, recorre el cuello y termina en la cabeza. He aquí a Mirmidonio.
Calindrea es, en comparación, incomparable. Calindrea tiene la forma de un plátano ataviado con una falda de bailarina. Su tronco estrecho y estirado está coronado por un penacho de margaritas, y de sus orejas nacen sendas enredaderas de hojas vivas y lustrosas de las que está muy orgullosa. Dos extremidades rígidas en su parte inferior le permiten moverse a costa de un pronunciadísimo balanceo, que de no ser Calindrea tan flexible resultaría desastroso. Aleteando con energía la lechuguilla que rodeaba su cintura, Calindrea es a veces capaz de dar pequeños saltos en el aire para su gozo y divertimento, sobre todo en los días de lluvia, pues se alimenta de agua y bebe del sol. Un suave musgo envuelve su cuerpo. He aquí a Calindrea.
Mirmidonio y Calindrea se conocieron, como era de suponer, por casualidad. Al doblar un recodo del camino dieron la una contra el otro, y ambos acabaron en el suelo, incapaces de distinguir a quién pertenecía aquella pluma y a quién aquella lechuga. Cuando lograron recomponerse, habían olvidado quién venía y quién se marchaba. Decidieron, por tanto, compartir su ruta y desde entonces poltronean y pimpinean juntos por el mundo incógnito que les rodea.
La vida para Mirmidonio y Calindrea es un pavor continuo, un asombro constante. Marchan por caminos que nadie ha hollado jamás, y son por ello sus pasos los que dan sentido a su realidad, haciendo verdad el viejo dicho; caminante no hay camino, se hace camino al andar, aplicable incluso en estos páramos de incredulidad. Cada uno de ellos parpadea confuso, Mirmidonio su terceto de ojos, Calindrea su ramillete de margaritas, con cada nuevo encuentro en el camino. El crisol de las palabras de este mundo inhóspito e irrepetible bulle con furia su mente de fuego para dar a luz a tantos nombres innominados. Carnidupia, un bulto fungiforme de color marrón rosado que encontraron un día colgando de un Entenema, una especie de árbol cristalino que pulsa con una luz de color Pentáceo. Calindrea da una patada a una piedra, o a algo que se le parece, y surge del suelo que ocupaba un chorro de Pupiluna. Mirmidonio estornuda (¿estornuda? ¿es eso posible?) y de inmediato un Velocimoco escapa sin un pies para qué os quiero. En su exuberancia ígnea, de la forja sin par de este mundo en constante descubrimiento brotan incluso nuevas palabras sin nada que las sustente; Cuentolur, Omnisombra, Carpaplejo o Munipipa, para mayor confusión de nuestra pareja protagonista.
Sucedió un día cualquiera que una terrible tormenta removió las nubes en formas grotescas y extrañas. De los encontronazos entre los grandes y oscuros cúmulos nacieron una infinidad de truenos y relámpagos que inundaron el mundo de sonido y de luz. Era tal el barullo reinante que los dos compañeros habían decidido resguardarse en una hondonada poblada de densos Entenemas.
– Mirmidonio –dijo Calindrea–. No me encuentro bien, tengo hambre y sed. De esta tormenta no cae lluvia, asustadas las gotas de agua por tanto tronar, y las nubes ocultan los rayos del sol que me alimentan.
Dicho esto, Calindrea se desmayó allí mismo. Mirmidonio, que tiene un gran corazón, miró a Calindrea, sus hojas de lechuga mustias y sus margaritas tristes por el hambre y la sed, y se apiadó de ella. Con un esfuerzo de su largo cuello consiguió apoyar la figura delgada de Calindrea sobre su lomo, y sosteniéndola precariamente con dos de sus patas, poltroneó lejos de la hondonada con su amiga a cuestas.
Largo se le hizo el camino, hundidas sus patas multicolores en el polvo del camino, desorientado por los remolinos de viento que le arrojaban palabras aún no usadas, y aterrorizado por el retumbar del trueno. Muchas veces temió desfallecer, y otras tantas pensó que el vendaval barrería su ser y su recuerdo. Pero no cesó en su empeño. Palmo a palmo acarreó a su débil amiga por senderos ignotos, subiendo y subiendo, hasta que por fin llegó a un calvero abierto rodeado de árboles, en cuyo centro una laguna de aguas cristalinas se agitaba y bullía. Agotado, deslizó a su amiga hasta la orilla, de modo que sus patas quedaran bañadas por el líquido. Calindrea le pareció frágil a la tenue luz de la tormenta, su cuerpo, flexible y liviano como los juncos que nunca había conocido, sus hojas, irrepetibles y únicas. La fatiga pudo al fin con él y cayó rendido al suelo, sumido en un profundo sueño.
Cuando Calindrea despertó, la tormenta había amainado y amanecía. Sintiéndose recuperada, dedicó unos instantes a mirar a su alrededor. La superficie del lago reflejaba un cielo azul, azulísimo, en el liso espejo de sus aguas. Pequeños animalillos de cuatro alas revoloteaban de un lado para otro entre los árboles que bordeaban el calvero, emitiendo sonidos que quizás podríamos denominar trinos. Y a su lado se encontraba Mirmidonio, profundamente dormido. Los hermosos colores de sus patas se hallaban ocultos bajo el polvo del camino y su respiración era rítmica y profunda. Calindrea se detuvo unos instantes para contemplar a su amigo, robusto y agotado, con su alegre penacho que coronaba en aquella cabecita al final de ese largo cuello. Tan fantástico y singular como su propia existencia. Calindrea sintió un agradecimiento profundo, y un calor en el pecho.
Se levantó y se introdujo en el lago. Volvió a salir, y su piel brillaba rejuvenecida por el agua. Flexionó su cuerpo menudo y comenzó a limpiar con el suave musgo de su cuerpo las cansadas patas de su amigo.
– Jiji –dijo Mirmidonio al cabo de un rato–. Me haces cosquillas.
– No quería despertarte –respondió Calindrea.
Mirmidonio se incorporó y se sentó al lado de su amiga. Ambos miraron cómo se alzaba el sol por entre la arboleda del claro.
– Te agradezco lo que hiciste por mí –dijo Calindrea.
– No fue nada –respondió él.
– ¿Te asustaste mucho?
– Sí –contestó, balanceando su largo cuello–, estaba preocupado por ti. Pero, ¿sabes? No fue la tormenta lo que más miedo me dio. Mientras estabas inconsciente, quise darle nombres a las cosas que me rodeaban, pero no pude.
– No lo entiendo –dijo ella.
– Sin ti no encontraba las palabras.
Calindrea se sonrojó.
– Paseemos juntos –dijo.
Comenzaron a andar por la ribera del lago, aún renqueantes por el cansancio. A su alrededor, pequeños fingolfillos se elevaban de la humedad de la orilla, semejantes a pelusillas brillantes y cabezonas. La brisa llevaba cintas de color plateado de aquí para allá.
– Qué mundo más extraño y maravilloso –dijo Calindrea. El sol disfrutaba escondiéndose entre los troncos y las ramas, y los claroscuros dibujaban formas aún más fantásticas a su alrededor.
– Cuando me desperté esta mañana y vi que estabas a mi lado, sentí que no estaba sola en este mundo –suspiró–. Pero tengo miedo, Mirmidonio. Vivimos en un mundo donde todo lo que encontramos es nuevo y cambiante, y nada es lo que parece. Temo a la incomprensión de mi corazón extraño.
– Contigo encuentro nombre para la fantasía que nos rodea –respondió él–. Pero yo también estoy asustado.
Ambos guardaron silencio durante unos minutos. El sol tililaba. Los fingolfillos flotaban inmóviles en el aire. El tiempo mismo se mantenía en equilibrio sobre una cuerda de funambulista.
– Cuando la marea sube –comenzó Mirmidonio–, cuando la marea sube y la luna llena brilla en el cielo, a veces he creído ver nubes con forma de caracola.
– Yo he visto plantas más hermosas que la luna –respondió Calindrea– de hojas plateadas como un reflejo en el agua.
– Me encanta chapotear en el barro tras la lluvia –dijo él–. Mis patas hacen un sonido gracioso cuando piso, chof, y un sonido hueco cuando las levanto, pak.
– Pues a mí me gusta pimpinear detrás de esas pelusas que nacen del agua por las mañanas. Las persigo y persigo hasta que al fin consigo empujarlas hacia el cielo con la cabeza.
– A mí me gusta la sombra de tu cuerpo cuando bailas en el aire agitando las hojas verdes de tu cintura. Cuando giras con el viento, pareces un tallo de pura vida.
– Tu cresta hace ondas muy graciosas cuando le da el viento, y parece que un arcoiris te recorre cuando te da el sol –se sonrojó ella–. Sólo de pensarlo me dan ganas de sonreír.
El sol se movía indeciso en la lejanía, pulsando como una nova. Irradiaba un calor reconfortante. Mirmidonio sintió un escalofrío, Calindrea sintió arder el corazón.
– La manera en que ves el mundo, Calindrea, me resulta sorprendente y extraña. Y sin embargo cuanto más te escucho, más deseo estar junto a ti.
– Es que lo que nos separa, también nos une –susurró ella, conmovida–, y lo que nos hace distintos, también nos hace iguales.
– No ha existido nunca una palabra que defina lo que siente una Calindrea cuando quiere estar cerca de un Mirmidonio, ni para lo que siente un Mirmidonio junto a una Calindrea.
El sol se alzó triunfal sobre la arboleda. Los animalillos alados estallaron al unísono en trinos de dicha.
– Ni la hay ni la volverá a haber –repuso ella, al fin–. Inventémosla. Llamémosla amor.
Mirmidonio y Calindrea se acercaron a la luz blanca de la mañana, buscando su calor mutuo, tanteándose con sus extremidades extrañas. El cuello de Mirmidonio se extendió y envolvió el tallo flexible de Calindrea, que a su vez sumergió las frágiles margaritas en la cresta irisada de él. El miedo que habían sentido se fundió como un trozo de hielo bajo el sol cálido, y dejó un abismo de asombro y de novedad, de diferencia y de incomprensión, que ellos rellenaron con ternura y calor, con sonrisas y besos. En su inocencia no se habían dado cuenta de que habían inventado un nombre que ya existía para una palabra que iba más allá de la palabra, para una agitación que iba más allá del desconcierto, para una singularidad que iba más allá de la diferencia.
Una solitaria lágrima cayó desde los ojos de Mirmidonio sobre las margaritas de Calindrea. Y cuando el sol se alzó finalmente sobre la arboleda, iluminó el cuerpo de dos seres que eran uno solo.

¿Dónde estás tú, lector, qué tienes entre las manos que te hace sufrir, que te hace gozar? ¿No dirías que cada momento de tu vida es irrepetible? ¿No dirías que cada momento de tu vida es un suceso único, un brote de luz e imaginación, una cascada de brisa, un llanto de carcajada, una pradera de viento? ¿Acaso no eres tú también único? Deja que por un momento estas palabras germinen en tu conciencia y pregúntate si algún día volverás a pensar lo que piensas ahora, a sentir sobre tu piel este mismo sol que te calienta, a respirar a bocanadas este aire que te rodea. A imaginar que, quizás por un instante, deseaste que Mirmidonio y Calindrea se amaran durante un solo segundo de tu vida.
¡Despierta!
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Re: CRI - Único

Mensaje por elultimo » 13 Oct 2011 01:43

No está mal. Es original y destila un romanticismo ingenuo que me gusta mucho. Le sobra el párrafo final, que le da al relato un tono moralista que resulta inapropiado.

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Re: CRI - Único

Mensaje por Emisario » 13 Oct 2011 01:43

Tierno, muy muy imaginativo, con poco romance pero con mucho amor de por medio ( no sé si se me explico, hay diferencia). Felicidades al autor por la imaginación, de seguro podrá encantar a más de algún niño si decide escribir cuentos infantiles ( y lo digo en serio, sin dobles intenciones).
Saludos y enhorabuena.

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Re: CRI - Único

Mensaje por Albabooks » 13 Oct 2011 23:50

Es un relato curioso, muy muy original, pero no de mi estilo, demasiado fantasioso.

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Re: CRI - Único

Mensaje por Berlín » 14 Oct 2011 00:43

Vale, pues a mi me ha encantao. Lo he leído enterito con una sonrisa en la boca. Derrocha imaginación y ternura.
Pero estoy de acuerdo con elultimo en que el párrafo final está de más.

Un buen relato, felicidades al autor, ¡que narices, un abrazo! :cunao:

Lo que más me ha hecho sonreír es imaginarme al autor disfrutando como un poseso de este buen trabajo. Al final lo más importante, mucho más que cualquier premio, es el placer de escribir, y cómo nos sentimos haciéndolo.
"Que escribir y respirar no sean dos ritmos diferentes"
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Re: CRI - Único

Mensaje por kassiopea » 14 Oct 2011 00:58

Muy bueno :402: Muy original e imaginativo, emotivo y muy bien escrito. Para mí, este relato refleja el AMOR con mayúsculas. Mirmidomio y Calindrea, dos seres excepcionales no tanto por su físico, sinó por su actitud ante la vida y el mundo. No hace falta en absoluto más romance en el relato, ni más pasión... ellos SON el AMOR encarnado y me han enamorado :boese040:

Mis felicitaciones al autor/a y mi sincera admiración :eusa_clap:

Lo único que me chirría un poco es el último párrafo, como ya han mencionado otros compañeros. Con el título "Único" ya quedaba bien claro el mensaje, no hacía falta (según mi impresión) insistir al final dirigiéndose directamente al lector.

:hola:
Para este Sant Jordi, el recopilatorio "Girándula en la niebla" ya disponible en Amazon

Leed en Los foreros escriben: Desbarre en el orfanato abretelibrense

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Re: CRI - Único

Mensaje por imation » 15 Oct 2011 00:53

Bonito, muy bonito, fantasioso y divertido con un punto de ternura precioso.

Pero el final me ha descuadrado y chirriado, no se bien a que viene. Ese puntito de moraleja, casi de libro de autoayuda me sobra, porque lo anterior era maravilloso, no entiendo que pinta ahí ese final.

Por cierto pimpinean no aparece en mi diccionario, pero me ha gustado la palabra
Confundimos información con conocimiento
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Se dispersa y se reúne, viene y va

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Re: CRI - Único

Mensaje por ciro » 15 Oct 2011 19:29

Es original. ¿Demasiado? Para mi sí. ¿Es malo ser demasiado original? Probablemente no. Es un buen relato estropeado por un final que no gusta a nadie, a mi tampoco.
Suele ser más rentable escuchar que hablar. No hagáis como yo. Cosecha propia

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Re: CRI - Único

Mensaje por jilguero » 15 Oct 2011 19:49

Original, muy original, tierno, entrañable, un soplo de aire fresco...etc. Me ha parecido un cuento para el niño que cada uno de nosotros fue, que diría Saint-Exupery. Y eso llevado a una peli de dibujos animados podría ser una preciosidad. El texto está plagado de imágenes bellas, si bien me parece que abusa de algunas palabras muy sonoras y que se repiten en exceso.
El párrafo final rompe la magia y el anterior, "Una solitaria lágrima cayó desde los ojos de Mirmidonio sobre las margaritas de Calindrea. Y cuando el sol se alzó finalmente sobre la arboleda, iluminó el cuerpo de dos seres que eran uno solo.", lo suficentemente bello como para que sea el final de la historia.
¡Enhorabuena por la imaginación y la ternura que destila tu relato!
Última edición por jilguero el 01 Nov 2011 17:30, editado 1 vez en total.
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Re: CRI - Único

Mensaje por kharonte » 15 Oct 2011 22:09

Bueno, no puedo decir que el final me haya destrozado el relato. En general me ha gustado, como una forma muy original de percibir el amor. Y ese mundo que se va descubriendo/creando a medida que lo recorren tiene un punto a Fantasía... Mirmidonio y Calistrea se merecen mi más sincero cariño.

Felicidades!
Nunca sabes de qué eres capaz, hasta que te pones a ello.

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Re: CRI - Único

Mensaje por Katia » 16 Oct 2011 11:00

Es lo malo, que es tan extraño que no logro identificarme, el texto me queda muy lejano. No obstante, me gusta mucho el propósito del autor y la conclusión final me parece genial, así que nada más por eso...

Enhorabuena :eusa_clap:
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Re: CRI - Único

Mensaje por Elisel » 16 Oct 2011 12:49

¡Pero qué lindo! :D Al empezar a leer me que quedado en en plan "¡Pero ¿esto qué es?!" :shock: y según he ido leyendo me ha ido encandilando.

Está lleno de fantasía y tiene un toque de fábula que me ha gustado mucho.

El párrafo final sobra. La intención es buena, pero hace parecer tu bonito relato un rollo de autoayuda.

Felicidades :60:
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Re: CRI - Único

Mensaje por Isma » 16 Oct 2011 16:07

Este era el único que me quedaba por comentar.

Qué gracioso soy :roll:

En fin, discrepo de la opinión general en varias cosas. Primero, no me parece tan original. Se podría haber explotado más la relación en ese entorno tan distinto, que poco tiene de parecido con lo real. Segundo, el párrafo final puede gustar más o menos, pero precisamente porque está disociado del resto, no empaña la historia de amor de los dos. No puedo imaginarme a Mirmodinio y a Calindrea en segundo plano sólo por ese texto...

Será que estoy cansado. Ahora, a pensar en los votos..

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Re: CRI - Único

Mensaje por Ororo » 17 Oct 2011 18:07

Es repetir más de lo mismo: bravo por la originalidad, el dominio del lenguaje y la ternura. Sin embargo, a ratos no resulta muy natural. Aunque sea lógico utilizar palabras nuevas para acompañar los descubrimientos de la pareja protagonista, creo que son demasiadas y entorpecen la lectura en algunos momentos.
La parte final, sintiéndolo mucho, tampoco me ha gustado por el tono aleccionador.
En cualquier caso, un relato muy curioso y gracioso :wink:
No soy lo que escribo; soy lo que tú sientes al leerme.

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Re: CRI - Único

Mensaje por Berlín » 18 Oct 2011 09:52

Una solitaria lágrima cayó desde los ojos de Mirmidonio sobre las margaritas de Calindrea. Y cuando el sol se alzó finalmente sobre la arboleda, iluminó el cuerpo de dos seres que eran uno solo.

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yo lo hubiera acabado justo aquí.
¡que bellezón de relato!.
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