CRI: Héctor - Ororo

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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lucia
Cruela de vil
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CRI: Héctor - Ororo

Mensaje por lucia » 09 Oct 2011 17:00

HÉCTOR


—¿Pueden las palabras cambiar tu vida? ―. La interrogación golpeó las paredes de la estancia dejando como única respuesta el quejido de Inma.
—¿Cómo? —contestó extrañada.
—Nada, nada… hablaba sola —se excusó Helena liberando de la estantería la pesada carga del diccionario Larousse.
—¿Qué haces?
—Sólo una más… —farfulló lejana mientras hojeaba el volumen.
—¿Otra más? —subrayó Inma— Helena, no puedes seguir así. Has consultado el diccionario al menos cinco veces desde que estoy aquí. Y sólo son las cuatro y media. Decir que me estás preocupando sería quedarse corta.
—Tienes razón. Estas peligrosas actividades están prohibidas hasta después de medianoche… —contestó molesta al tiempo que buscaba entre las primeras páginas de la letra hache.
—¡Eh! No es para ponerse así. Ya te apañarás, pero lo tuyo empieza a ser enfermizo.
—En serio Inma, no pasa nada. Simplemente me puede la curiosidad.
Permanecieron unos minutos en silencio. Una, examinando el tomo del 2006 ilustrado por Mariscal; la otra, tirada en la cama, observándola.
—Deja de mirarme así. Sabes que no me gusta sentirme observada.
—No dices lo mismo cuando es él quien te mira —objetó Inma.
—No lo entiendes —. Y cerrando el diccionario de golpe finalizó la conversación.
Desde hacía un par de semanas, la relación entre Helena e Inma había dado un giro radical. Hacía muchos años que se conocían, desde la infancia y, pese a haber tenido épocas de mayor o menor acercamiento, su confianza antes inquebrantable peligraba últimamente.
Su mirada como una sombra que llega a todas partes, capaz de recorrer todo mi cuerpo. El rumor de su mirada se esconde sigiloso entre mis cabellos, resbala por mi mejilla como una lágrima que abrasa, que araña suavemente y que desciende despacio, cadenciosa, trémula. Puedo intuir esa mirada que busca, escruta y devora, bajar por mi cuello y, cerrar los ojos para sentirla mejor, saber que roza y se detiene en mi pecho acelerado. Los abro y ya no está. Todo. Nada.
—¿Cuándo vas a presentármelo? —continuó para romper el hielo.
—¿Presentártelo? Ni lo sueñes —replicó distraída.
—Venga, Helena, no puedes hacerme esto —. Sopló suavemente sobre sus uñas recién pintadas—. Primero, lo conoces una noche y no me lo cuentas. Te lo paso porque fue la primera vez. Luego le ves todos los días desde hace dos semanas y ni palabra, y ahora pretendes que después de lo que me has contado no te interrogue. Ahora mismo estás…
Mientras Inma habla, habla, habla y se queja con razón sobre la falta de confianza hacia ella, ella, ella… su mente viaja. No puede pensar en otra cosa. En otra persona. En otros ojos. La tiene completamente hechizada.
—… sin contar que acabas de trasladarte a un piso bastante alejado de mi casa. ¿Qué te han dicho tus padres? Imagino que…
Continúa, continúa. Un calor sofocante se apodera de ella cada vez que recuerda sus encuentros con él. Está absolutamente enganchada. Y lo sabe. Él también lo sabe.
—Mira, Inma, algo está… pasando en mi vida… algo que jamás había… sentido. Es distinto. Es… es…
—¿Es?
—Está…
—¿Si?
—Está jugando conmigo…
—¿Qué?
—Pero no en ese sentido…
—¿En cuál?
—En el sentido de…
—¿Si?
—Déjalo…
Su olor, su perfume, su fragancia, su elegancia. Tenía que disfrutarlo todo el tiempo posible, todo lo que pudiera. Porque nada dura eternamente. Sólo perdurará la profundidad de sus caricias, la intensidad de su mirada, sus labios, su boca y, especialmente, sus palabras.
Sabía que se estaba comportando de manera extraña; sabía que estaba siendo sumamente egoísta huyendo de las personas que siempre habían estado a su lado en los momentos difíciles y en los fáciles. En todos.
—Ha llegado el momento de que viva mi vida, mamá. Estaré bien. Simplemente tengo ganas de independizarme y disponer de más espacio para mí misma —. Las mentiras salían de su boca con tanta facilidad últimamente…—. Pues eso, no os preocupéis. No voy a desaparecer del mundo por mudarme a otro piso.
—Ya sabes dónde estamos, Helena —finalizó su madre con un firme apretón en el hombro.
—Lo sé —contestó dulcemente mientras planeaba la noche.
El apartamento no era nada del otro mundo. Un estudio de una habitación, cocina americana y cuarto de baño. Suficiente para una persona. O dos. Los muebles y la decoración eran bastante modernos y parecían nuevos. Le había entrado por el ojo en cuanto la dueña se lo había enseñado, aunque reconocía que cualquier otro le habría bastado. Lo único que le interesaba era tener un lugar donde verse con él.
El agua de la ducha se distribuía uniformemente desde lo alto de su cabeza hasta chocar contra la porcelana. Tonificaba los músculos de su espalda y sus hombros, descendía por sus nalgas y pantorrillas hasta morir a sus pies. Cosquillosa, Helena disfrutaba del masaje de agua caliente. El tamborileo la ayudaba a dejar su mente en blanco. Perdido entre el vapor de agua, su cuerpo se confundía cada vez más con la nada, se hacía invisible, desaparecía entre aquella niebla. Dejaba de existir por un lapso de tiempo durante el cual no tenía que preocuparse por nada. Pensar en sus padres, en Inma, en el trabajo, en pagar el piso, en, en, en ella misma… Esa sensación de desarraigo, de no pertenecer, de dar igual, de no existir, era la misma que sentía cuando estaba con él. Desconectada, prescindible.
La luna de esa noche se deshacía lechosa en un firmamento cargado de nubes. Intentó divisar alguna estrella nada más salir del portal, pero le fue imposible. Guardó en su pequeño bolso negro las llaves y descendió segura el único escalón que la lanzaba directamente al corazón de la noche. Los tacones repiquetearon por la avenida y el movimiento rítmico de sus cabellos los acompañó perezoso.
Al llegar la local, leyó el rótulo luminoso de la entrada: “Heliotropo”. Recordó la nota de la noche anterior y sonrió. Tiró de la puerta y, nada más entrar, no quiso mirar entre la gente que había y se dirigió directamente a la barra manteniendo la mirada al frente. Se sentó en uno de los taburetes. El local estaba moderadamente lleno, pero en la barra no había más de tres personas. El resto, se congregaba en grupos reducidos que charlaban animadamente de pie o reposaban en los sillones del fondo.
—¿Qué te pongo? —inquirió la camarera guiñándole un ojo y extendiendo las manos sobre la barra.
—Un gin-tonic —respondió Helena sonriendo con timidez.
Ágilmente, alcanzó la botella del estante y fue a por un vaso. Helena contempló sus brazos torneados, fuertes y estilizados. Bajó la mirada hacia su cintura y los vaqueros bajos que llevaba mostraron un tatuaje al final de su espalda. Era una palabra larga, con un estilo de letra clásica y recargada que partía desde el lado izquierdo de su cadera, ocupaba la parte lumbar y terminaba en el derecho. Aguzó la vista para intentar descifrarla.
—¿Limón exprimido? —interrumpió bruscamente la camarera clavando su mirada pícara en la de Helena.
—Sí… por favor —contestó ruborizada.
Ya con la bebida en la mano, giró sobre sí misma y permaneció sentada observando a la gente del local. ¿Qué decía el tatuaje de aquella chica? No había conseguido descifrar la palabra que ocultaba. ¿Ocultaba? ¿Por qué creía que todos le escondían cosas? Era tan simple como que no había tenido tiempo ni luz suficientes para leerla. Te estás pasando de paranoica. Que él juegue contigo no significa que todo el universo lo haga. Dio un sorbo a su bebida y disfrutó del sabor ácido. Refrescante. Burbujeante. Se dejó envolver por la música del local y se relajó.
Observó tranquilamente a los pequeños grupos de gente a escasos metros de ella. Varios chicos de edades similares hablaban enérgicamente solapando las conversaciones. Uno de ellos, de cabellera larga y oscura palpaba receloso el teléfono móvil que guardaba en uno de los bolsillos del pantalón. Lo extraía y examinaba a menudo. Esperaba una llamada. Helena sonrió enternecida. En los sillones del fondo, dos parejas acumulaban botellines vacíos de cerveza encima de la mesa. Ellos, de riguroso negro y con largas patillas, discutían con seriedad sobre algún asunto que ellas, compartiendo intimidades muy cerca la una de la otra, ignoraban.
Negó suavemente con la cabeza, bebió despacio de su copa, comprobó lo que la estilizaban aquellas botas altas que había elegido admirando sus piernas y, al alzar la cabeza de nuevo, cuando su vista se estabilizó, tropezó con su mirada. Ahí estaba él de nuevo. ¿De dónde había salido? En cuanto sus ojos se encontraron, se quedó petrificada, sorprendida, asustada. Estaba sentado en uno de los sillones del bar lo suficientemente lejos como para no poder adivinar con exactitud la expresión de su rostro; lo suficientemente cerca como para que su mirada la atravesara.
Otra vez aquella sensación. No sólo se encontraba perturbada por el encuentro sorpresa que, paradójicamente, tanto esperaba o por los nervios imaginando lo que acabaría sucediendo esa noche. Aquello iba más allá. Perdía el control, el dominio sobre sí misma y todo lo que la rodeaba. Cuando él aparecía enfocaba su cuerpo, perfilaba su contorno, y todo lo demás desaparecía. Comenzaba a esfumarse el bar, se desvanecía la gente que lo ocupaba, se deshilachaba el tiempo en fracciones de segundo que duraban eternidades. Sin apartar la mirada de sus ojos, llegaba a un punto de absoluta concentración, casi de hipnosis. El suelo podía tambalearse bajo sus pies, bajo sus botas nuevas y estilizadas, bajo el taburete que ocupaba; ella no se inmutaría.
Se levantó tranquilamente del sillón y ella le siguió con la mirada hasta que desapareció tras la puerta de los servicios. Inmediatamente, giró sobre el taburete para apoyar los codos en la barra e intentar calmarse.
—Cada vez te sientes menos, cada vez desapareces un poco más —. La voz melódica de la camarera la sobresaltó—. Al final no eres tú… —Y con la mirada perdida y silbando, caminó con calma hacia el otro extremo de la barra, donde la esperaba su compañera. Allí, lanzó la bayeta húmeda sobre la barra y la abrazó con fuerza. Fue entonces cuando consiguió leer el tatuaje. “Hechicera”.
Sin más dilación, cruzó con seguridad la sala y se dirigió a los servicios. Entró en el de mujeres, se encendieron las luces de forma automática y se colocó frente al espejo. Detectó sorpresa en su propio rostro, también cansancio, deseo y miedo. Pero había algo en él… algo que lo convertía en normal, vulgar, impersonal, anónimo. Abrió el grifo y se mojó las muñecas. Él estaba en el cuarto de baño de hombres con total seguridad. Tan cerca. Al volver a mirarse en el espejo, no se percató de su cabello ligeramente despeinado, no se interesó por retocar su maquillaje ni revisó su vestuario. Ya sólo tenía ojos para él. Respiró hondo y salió por la puerta. Sabía dónde encontrarlo.
Allí seguía el grupo de chicos a excepción del que esperaba la llamada. Chico afortunado, pensó. También continuaban una acalorada conversación las parejas de las cervezas, ocultas prácticamente por las botellas vacías que se acumulaban en la mesa. Miró inconscientemente hacia la camarera, preguntándose por qué no se preocupaba por recogerlas, y la divisó tierna, besando lentamente a su compañera. Hechicera.
Salió del bar y volvió sobre sus pasos. Su sombra desdibujada se arrastraba por la acera desesperada por llegar a casa. Al cabo de pocos minutos, a escasos metros del portal, consiguió encontrar su silueta esperándola. Permanecía de pie, ligeramente apoyado en la pared, fumando un cigarrillo. Cruzó la calle y, en el momento en que se iban a encontrar cara a cara, él agachó la cabeza para pisar con firmeza la colilla. Se situó rápidamente detrás de ella y la asió firmemente por la cadera.
—Hola… —susurró en su oído.
Ella se tambaleó, estremeciéndose de placer. Por fin volvía a escuchar aquella voz arrebatadora. Tan cerca y tan sensual. Él mordisqueó ligeramente su lóbulo derecho.
—Mi heroína… —. Y continuó besando su nuca apartando delicadamente el cabello, mientras ella intentaba dar un paso adelante y entrar en el portal.
Una vez arriba, sintió que las paredes se movían, se deshacían como si un calor abrasador lo derritiera todo. Los materiales se deformaban ante sus ojos alcanzando formas antinaturales, se moldeaban al antojo de un fuego irrefrenable. Mientras, la acariciaba sin tregua, la besaba sin piedad, la desnudaba con facilidad. Todo a su alrededor aumentaba de temperatura, se dilataba, se fundía, se deshacía. Henchida. Todo se desvanecía ante sus ojos y, simplemente, dejó de percibir todo lo que no era él. Con los ojos cerrados, sentía su mirada sobre ella indagando, preguntándose reiteradamente cómo era su cuerpo, qué escondía. Saboreaba su piel ligeramente salada, suave y turgente. Hambre. No sabía nada más, no hacía otra cosa que inhalar el aroma que emanaba de él. Su oxígeno. Un perfume animal, que hacía surgir su parte más visceral, más salvaje. Humedad. Nada importaba ya. Lo único que la mantenía con vida era él. Lo único que formaba el universo. Escuchaba su respiración acelerada y, sobre todo, sus palabras. La volvían loca. No sabía lo que significaba cada una de ellas, pero la cautivaban de tal manera que hacían que se estremeciera de placer mientras él se adueñaba de su cuerpo. Hamo. Hierático. Himeneo. Hurí. Hecatombe. Hiperestesia. Holocausto. Hialino. Hadar. Hálito. Hegemonía.
Su pronunciación era melódica y sensual, con una fuerza encantadora que arrastraba cada sílaba mientras ella se retorcía de placer. Con los labios carnosos pegados a su oído y la lengua rozando su piel, una voz profunda y segura pronunciaba con calma cada palabra. Ella gemía cada vez que un susurro se colaba intrépido en su oído y sentía escalofríos cuando exhalaba pequeñas bocanadas de aire. Se tomaba su tiempo. Cada “ese” recorría serpenteante su cuerpo en forma de riachuelo, desgarraba las “erres” con furia al tiempo que entraba y salía sin cesar de ella, doblegaba las “emes” a su antojo mientras tiraba de su larga melena para hacerla completamente suya. Incluso las “haches” mudas, como ella en ese mismo instante, producían un efecto hipnótico que resquebrajaba cualquier lógica. La condenaban a desaparecer, a callarla y depender totalmente de él. Desaparecía hasta su propio nombre. Ya no lo recordaba y no le importaba. Ella era Héctor. Sin nombre ni apellidos, sólo era de él.
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Isma
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Re: CRI - Héctor

Mensaje por Isma » 12 Oct 2011 23:27

Por azar de la ordenación de los relatos en el foro, éste fue el primero que leí. Me ha parecido complejo, tanto que inicialmente no caí en el juego de haches que danza por todo el texto. Lo tengo anotado para relectura porque tendré que darle otra vuelta para captar bien ese detalle.

Salvo el juego de palabras, la historia me ha parecido algo directa, y algunas transiciones bruscas -quizás estaba despistado pero me sorprendió cuando la protagonista aparece en la fiesta. Lo que me ha parecido más entretenido, sin duda por la sorpresa que me ha causado, es el juego de palabras.

Definitivamente le daré otra lectura más adelante. Volveré con un mejor comentario, espero...

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Re: CRI - Héctor

Mensaje por Emisario » 13 Oct 2011 00:46

Bien, este relato, en mi opinión, tiene profundidad de efecto. Con esto me refiero a que explora y evidencia los sentimientos de manera bastante hábil. Muy del punto de vista femenino ( no por esto mal, que quede claro), es delicada y a la vez atrevida. Un final que me deja un poco igual. Que la chica se compenetre tanto con Héctor podría ser algo natural para una mujer, mas no un final sorpresivo. (nuevamente, en mi opinión).
saludos y felicidades al autor/a.

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Re: CRI - Héctor

Mensaje por ciro » 13 Oct 2011 11:41

Una idea original lo de las palabras y poco mas. La historia en si me deja frio.
Suele ser más rentable escuchar que hablar. No hagáis como yo. Cosecha propia

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Nelly
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Re: CRI - Héctor

Mensaje por Nelly » 13 Oct 2011 15:48

Voy a empezar por este porque es el primero que leí, y naturalmente, no puedo comentarlos todos, por si acaso.

Vamos, es que participo, quiero decir. Aunque podría jugar al despiste y este ser mío, jajajajajaj.

A ver, en serio ya. Las palabras y el lenguaje son maravillosas. Estoy impactada, es más, un poco verde de envidia... Escribes muy bien. Pero... la historia me falla. Es como contemplar un cuadro de colores increíblemente bellos... pero no sé qué estoy viendo, porque las formas no están definidas. Son escenas. Me falta el argumento.

Pero te felicito. :D

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Re: CRI - Héctor

Mensaje por Katia » 13 Oct 2011 16:38

Me resulta confuso, admito no entenderlo. Esperaré a que el autor lo explique.
La amabilidad sólo puede esperarse de los fuertes, son los débiles los que son crueles (Leo Rosten)

Lee mi novela El colisionador de hadrones

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Re: CRI - Héctor

Mensaje por Albabooks » 14 Oct 2011 18:06

Hay un momento en el que pega un salto el relato, pasa de hablar con la amiga a hablar con la madre... Eso confunde porque no se avisa el cambio.

La verdad es que terminas de leerlo y te quedas con la sensación de que era una historia sin forma. :(

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Re: CRI - Héctor

Mensaje por Arwen_77 » 14 Oct 2011 21:14

La idea me parece de lo más ingeniosa , pero la parte central del relato me resulta confusa y no ha acabado de captar mi interés. El autor juega un poco con nosotros contándonos quien hay en el bar, lo que dice la camarera... cuando en realidad eso tampoco va a ningún lado. Algunas dudas:
- ¿él también juega viéndola en el bar y no saludándola siquiera?
- se supone que con la camarera también juega Héctor, ¿no? , puesto que le dice al oído a Helena que "al final no eres tu" que es justo lo que acaba ocurriéndole a la prota
Seguramente hay más juego de palabras del que que he encontrado, con tanta H suelta. :meditando:
¡Curioso que lo que vuelve a la prota loca sea la pronunciación y precisamente se juegue con una letra muda! ¡Buena y paradójica idea!
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Re: CRI - Héctor

Mensaje por imation » 15 Oct 2011 00:33

Me ha gustado como relato erótico, pero no le veo la romántica. La parte de la ducha me ha gustado mucho como estaba escrita y lo que expresaba.

Esto explicación la dejo para otros relatos y no volver a explicarlo, ya se que en el foro dentro de romántica esta erótica, pero para mi un libro puede ser de romántica y tener partes eróticas o no, y también puede ser sólo erótico, en cuyo caso para este concurso le falta algo.
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CRI - Héctor

Mensaje por Desierto » 15 Oct 2011 10:09

Bueno, éste es también mi primer comentario.
Me parece en general un texto bien escrito, cuidado. Se nota en varios pntos la importancia casi fetichista que el autor@ da a las palabras, así que no podría ser de otra manera. Es cierto sin embargo que parece algo limitado a la hora de exponer conclaridad la situación "real". Al tener sólo el subjetivismo punto de vista de ella el relato queda en una descripción fogosa de su pasión pero no llega a enganchar del todo por la falta de acontecimientos, creo.
Última edición por Desierto el 31 Oct 2011 18:29, editado 1 vez en total.
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Re: CRI - Héctor

Mensaje por Ororo » 15 Oct 2011 17:12

De este relato me gusta que está contado desde la perspectiva de ella, únicamente de ella, dejando clara su posición de prácticamente títere de Héctor. Sensaciones a borbotones.
Además, el juego de las haches mudas con la sonoridad de las palabras, como dice Arwen, curioso. También la anulación que Héctor provoca en ella, como Helena con hache que es, resulta interesante.
Sin embargo, creo que se muestran demasiados escenarios para la extensión del relato (con su amiga, con su madre, con la camarera, con él...) y se queda todo a medias.
Creo que podría haberse "formado" mejor todo.
No soy lo que escribo; soy lo que tú sientes al leerme.

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Re: CRI - Héctor

Mensaje por Elisel » 16 Oct 2011 14:15

Yo voy a dejar de lado el juego de las haches porque, al fin y al cabo, no me dice nada.

Lo siento, pero a mí no me ha gustado ni la vertiente romántica ni la erótica. Has metido un párrafo con una conversación con la madre que ni va ni viene ni tiene relevancia en la historia y lo mismo pasa con la camarera.

La ensoñación de Helena según Inma está hablando, además de mostrar la penosa educación de Helena de estar en Babia mientras le están hablando, está metida con torpeza en la narración, dando lugar a confusión. La mirada que recorre todo su cuerpo y el resto del párrafo, ¿se refiere al caballero de turno cuyo nombre empieza por hache o a Inma? Supongo que no se te ha ocurrido que algún lector podría pensar que estas dos son lesbianas y has dado por sentado que es obvio (que no lo es en absoluto) que Helena está pensando en un hombre.
Leyendo: Un abogado rebelde (John Grisham)

Amor Sinfónico:http://www.harpercollinsiberica.com/hqn ... ico-detail

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Re: CRI - Héctor

Mensaje por Berlín » 18 Oct 2011 10:18

Me parece un buen trabajo, está escrito con maestría, pero no me acaba de emocionar. Y el tema de las haches me gustaría que lo explicara cuando se abra la veda. A mi personalmente este punto fetichista me ha apartado de la historia, porque me he puesto ha imaginar otras palabras con hache y se me ha ido el santo al cielo. :? problema mio, que me embobo con .

Reconozco que es un relato muy mimado, muy cuidado,
y por la maestría con que está elaborado no me queda más remedio que felicitar al autor.

No eres tú, soy yo, que suele decirse.
"Que escribir y respirar no sean dos ritmos diferentes"
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Re: CRI - Héctor

Mensaje por Ángel_caído » 18 Oct 2011 10:58

Bueno, voy a empezar con los comentarios que al final me quedo sin tiempo. Este ha sido el primero que he leído. Me gusta cómo está escrito y la sensaciones que transmite, pero me parece que es flojea en la historia en si, que me sabe a poco. Pero por ejemplo lo de la camarera no me sobra, me parece que añade detalles que le dan más vida al relato.
Leyendo: La feria de las vanidades
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Re: CRI - Héctor

Mensaje por kassiopea » 18 Oct 2011 11:37

Este relato describe a la perfección la vorágine de las sensaciones eróticas, hasta el mismísimo extremo de que la protagonista (completamente obsesionada y absorbida por su amante) ya no es Helena, si no Héctor. Durante toda la narración él es el protagonista indiscutible de los pensamientos de ella, y el dueño de sus actos. Sí, yo también pienso que es más un relato erótico (y muy bueno :boese040: ) que romántico.

El cambio en las escenas también me ha resultado confuso, como lo del apunte de la conversación con la madre mientras Helena está con su amiga... Pero se me ocurre que esto puede representar formalmente el caos interior de los pensamientos de Helena.

Aparte de que el relato guste más o menos, es indiscutible que el autor/a escribe de maravilla... demuestra ser un auténtico amante de las palabras. Mis felicitaciones :60:
Para este Sant Jordi, el recopilatorio "Girándula en la niebla" ya disponible en Amazon

Leed en Los foreros escriben: Desbarre en el orfanato abretelibrense

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