CPVII: Las ciudades ardientes - Andres451

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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Eyre
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CPVII: Las ciudades ardientes - Andres451

Mensaje por Eyre » 12 Abr 2012 15:36

Las ciudades ardientes

Acaso era esa la última relación del planeta. Las calles estaban desiertas y solo el viento era testigo de sus cansinos pasos mientras unas nubes grises de tormenta asomaban curiosas también. Las personas desplomadas parecían sacos de arena mal dispersados aunque con un olor a podredumbre poco habitual. Pero ellos dos aparentaban ignorar su contexto nefasto y se mostraban felices. El aroma de una panadería los llevó a entrar y comerse unas deliciosas tortas que, quizás, hubieron estado allí por varios días sin ser contempladas por olfatos bailarines ni ojos codiciosos. Comieron hasta hartarse, sus labios estaban manchados de crema y dulce de leche. Él se desprendió el cinturón para dejar relajar su panza mientras que el delgado cuerpo de ella parecía no sufrir ningún efecto pese a las enormes calorías ingeridas.
Cuando salieron de aquel negocio abandonado la lluvia caía intermitente sobre sus cabellos. Éste fenómeno natural permitió que se enjuagaran las mejillas manchadas. Él se vio obligado a quitarse sus lentes puesto que se le habían empañado, aún así era capaz de ver lo suficiente para no perder el rastro de la castaña melena de la chica.
Fue mediante esa borrosa perspectiva que él se puso a recordar cuando la conoció. Ese día estaba soleado y los cadáveres recién estaban siendo abrazados por la muerte. Las calles no olían a podrido y algunas personas aún se negaban a morir en la ciudad aunque se arrastraban suplicándole a la parca. Ella se encontraba sentada sobre un banco de la plaza principal de la ciudad. Con sus pálidas manos trataba de aguantar el frío de aquella noche veraniega mientras se frotaba velozmente las rodillas y sollozaba sin mostrar su cara, escondida en su regazo. Toda su familia había muerto frente a sus ojos de un día para el otro. Pero ella, sin saber por qué, seguía viva y no mostraba indicios de ninguna enfermedad. La historia de ambos había sido idéntica, por eso él sintió la necesidad de acercarse a ella y hablarle, quizás porque se apenó, quizás porque tenía la necesidad de charlar con alguien y recorrer acompañado el mundo que ya de por sí se mostraría deshabitado.
Así fue como, pese a que en un contexto social normal jamás se hubiera acercado a tan hermosa y popular mujer, comenzó una relación de lo más utópica en sus pensamientos de antaño. Ella en el fondo sabía que estéticamente no le gustaba aquel joven de anteojos que la contemplaba atontado pero aún así se dejó llevar por su compañía, sus risotadas estrepitosas y su aparente calma en dichas circunstancias. Tratando de convencerla de que el pasado estaba pisado y que debían pensar en su futuro. Que sus familias se habían extinto como miles de personas y que, por alguna razón, ellos dos habían sido elegidos por el destino para vivir.
Trató de desempañar sus lentes y volvió a colocárselos. Ella bailaba bajo la lluvia mientras lo observaba. Luego se besaron durante un rato y siguieron caminando. Habían aprendido a amar el agua que caía del cielo porque ayudaba a limpiar un poco el mal olor que despedían los cuerpos.
Ésta era la tercera ciudad que visitaban. Habían tomado prestado el auto que más les gustaba y él, mediante sus escasos conocimientos de conductor de dieciséis años, le fue tomando la mano. De los dos pueblos previos habían guardado mucha ropa en sus bolsos y varios utensilios necesarios para limpiarse. Mientras que la comida los esperaba en cada lugar nuevo que visitaban. Sabían que, tras aquella tormenta de febrero, vendría un calor insoportable. Era el indicio para hacer aquello.
Él creía fervientemente que la única manera de impedir que el virus se propagase era quemando todos los cadáveres contaminados. Como era una labor no apta para dos personas, tomaron la decisión de quemar las ciudades enteras. Y así comenzó un trabajo que luego se convirtió en un hobby de lo más morboso. Esperaban la noche adecuada para contemplar la ciudad en llamas, el cielo totalmente iluminado y los chispazos de distintos materiales bailando en él. El método para tan macabro pero inevitable espectáculo era siempre el mismo: tomaban todas las sábanas que fueran necesarias y las ataban unas a otras produciendo así una larguísima mecha. Robaban todo tipo de elementos incendiables y rociaban dichas sábanas con éstos. Así, los largos mantos blancos atravesaban todas las casas y negocios de la ciudad, incluso los autos y camiones repletos de nafta. Esta tarea solía llevarles largos meses, pero como no tenían nada más para hacer y el efímero show era tan ansiado, se mostraban siempre entusiasmados. Además no eran necesarias tantas sábanas puesto que las casas estaban muy juntas unas de otras y el fuego es muy contagioso. Las explosiones de los vehículos y las estaciones de servicio, por su parte, también colaboraban. Obviamente la ciudad no ardía en su totalidad, pero a ellos no les importaba porque era suficiente para quemar los cuerpos inertes.
Hubo varios períodos en los que ella se deprimía cuestionándose si realmente era humana. ¿Por qué todos morían y ellos dos no? ¿Acaso Dios no los había tenido en cuenta a la hora del juicio final? Pero él siempre la consolaba diciéndole que estaban allí para empezar de nuevo, para enmendar los errores que el hombre había cometido durante miles de años, y esa era la tarea que Dios o el destino les había asignado.
Otra ciudad volvió a arder ante sus pupilas. La contemplaron tomados de la mano sin decir nada. Finalmente, ella, con un rasgo de humanidad que estalló desde su interior, le preguntó a él:
_ ¿Es verdad que las personas que mueren van al cielo o al infierno?
_ Quizás – respondió el muchacho.
_ ¿Y donde están todos ellos? – preguntó mientras señalaba la ciudad ardiente. - ¿En cual de esos dos lugares?
_ Lo único que sé es que las personas que quise estuvieron, están y estarán en mi corazón, que actualmente es un paraíso y mañana puede ser un infierno.
Volvieron a callar y ninguno de los dos volvió a dirigir una palabra. Estaban en un estado letárgico un tanto deprimente. Era la primera vez que sufrían de ese sentimiento como quien fuma muchos cigarrillos y luego de varios años paga las consecuencias.
Las estaciones pasaron una detrás de otra al igual que las ciudades. No hubo rastros de vida humana durante un largo período. Una fuerte lluvia cayó el día que encontraron a otras personas. Se bajaron del coche en aquel pueblito y afrontaron la tempestad con paraguas negro y rosa. Lo que vieron allí los sorprendió. Nadie había muerto. Las personas hacían sus quehaceres cotidianos y, cuando se les preguntaba sobre la epidemia, no sabían que decir puesto que no estaban enterados de ninguna enfermedad. Supieron que al parecer todo había pasado y que la gente vivía en una amnesia eterna.
Todas las ciudades fueron reconstruidas y los muertos olvidados. Ellos aprendieron a vivir en esa era nueva que los esperaba con los brazos abiertos. Ya no hubo muertes, ni epidemias, ni ciudades incendiadas; un mundo de ensueño.
Entonces supo él que su paraíso se había acabado. Su sueño ya no le pertenecía. El paraíso se había convertido en un infierno dentro de él. La complementación con ella había sido tan intensa que ambas mentes llegaron a una coincidencia extrema. Y contrariamente a como ella aprendió y supo vivir en su mundo; él no pudo hacer nada más que sentirse frustrado. Comprendió que ahora ella no era más parte de su yo y que podía elegir a otras personas entre amistades y amores; su utopía había terminado y la de la chica florecía. Se preguntó entonces si todas las personas que habían muerto en la epidemia habían tenido la oportunidad de visualizar sus mundos ideales.
Y comprendió que el lugar utópico no había sido sino aquel que había abandonado. El que sus semejantes habían contaminado, aquel donde él podría haber tomado su camino y forjar un sueño dentro de la realidad. Porque en la realidad uno puede manejar sus sueños y utopías, pero en los sueños eternos, en la muerte, no existe realidad alguna y somos manejados por temores y cambios de los cuales jamás podremos despertar.
Jamás volvió a hablarle a ella y de a poco su existencia se fue borrando. Regresó al lugar que creía que era donde debió haber estado siempre. Se encontró desplomado en su cama sin poder moverse, sus ojos morados y su piel pálida denotaban enfermedad. Pero entonce sonrió, y aunque supo que ya era demasiado tarde, murió con la certeza de entender que la vida y la realidad, son el mejor escenario para construir sueños.
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xabeltrán
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Re: CPVII: Las ciudades ardientes

Mensaje por xabeltrán » 15 Abr 2012 12:00

Es un relato correcto, aunque hay algunas cosas que me han chirriado un poco -la mayoría de éstas, en cuanto a redacción y gramática-.

Por ejemplo, tanto "él" y "ella" me ha dificultado la lectura. Quizá habría sido más acertado dar nombre a los protagonistas para no sentir la necesidad de utilizar siempre los pronombres. Hay, además, algunos errores de ortografía -faltan algunos acentos- y la puntuación de los diálogos falla en un momento. Por lo demás, salvo por algún adjetivo que yo no habría antepuesto al sustantivo, está bien narrado. (Se nota que lo ha escrito alguien de la otra orilla del charco. :lengua: )

La historia no acaba de convencerme porque no soy muy amante de este tipo de relatos (me refiero a la ciencia-ficción, a la que se acerca bastante). Por otro lado, creo que no he entendido una cosa:

Él creía fervientemente que la única manera de impedir que el virus se propagase era quemando todos los cadáveres contaminados. Como era una labor no apta para dos personas, tomaron la decisión de quemar las ciudades enteras.


Es decir, ellos dos no pueden quemar los cadáveres porque es algo no apto para dos pero ¿sí pueden hacer que ardan ciudades enteras? No lo entiendo. ¿No sería más fácil lo otro? :?

Se trata del primer relato que leo y, aunque no se me ha hecho pesado, no creo que entre en mis favoritos.

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Isma
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Re: CPVII: Las ciudades ardientes

Mensaje por Isma » 15 Abr 2012 12:13

El autor, creo, es sudamericano. Lo noto en algunos giros que yo, personalmente, no leo a menudo, además del detalle del verano frío y del invierno caluroso, propios del hemisferio sur. Me gusta; me recuerda la riqueza de la lengua que compartimos, y abre el abanico de significados. ¡Que se usen todas las palabras que tengamos a mano para comunicar tanto como podamos, en el idioma que sea!

Antes de desviarme demasiado, entiendo que el relato trata de dos personas que sobreviven a un cataclismo, o a una epidemia mortal, y que vagan de ciudad en ciudad, sin encontrar supervivientes y dejando tras de sí ese rastro de ciudades en llamas. Me parece un buen escenario, pero ahora vienen los peros. Creo que la carga emotiva no está suficientemente conseguida; la soledad, la desesperanza, el brillo del fuego purificador o la locura que acecha, todo ello da para un poco más de jugo, o de lirismo si prefieres. Hay alguna inconsistencia también; puesto que tardan meses en atar las sábanas, no es posible que los cadáveres permanezcan tal cual –se descompondrían.

En la segunda parte, me gusta la propuesta de la amnesia general. Pero la transición me parece muy brusca, de golpe el romance pasa a un segundo plano y entramos a ver los pensamientos del joven casi en exclusiva, sin saber cómo continúa la sociedad. Es un cambio de perspectiva y de orientación al relato que no me termina de gustar. Además las disquisiciones finales se me hacen algo confusas.

En definitiva, el tema me agrada, me parece atrevido y original, pero no lo encuentro bien desarrollado. Hay algunos fallos formales que le quitan lustre, y en conjunto creo que es una buena idea que empieza llameando alto pero que se queda en ceniza, como las ciudades que describe. Gracias, en cualquier caso, por compartir este relato.

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Re: CPVII: Las ciudades ardientes

Mensaje por Katia » 15 Abr 2012 12:29

Ciudades ardientes

Interesante, original, meditado. Felicitaciones al autor.

Dedicatoria musical:
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Re: CPVII: Las ciudades ardientes

Mensaje por saltamontes » 15 Abr 2012 13:12

Me ha gustado como está escrito, salvo alguna cosa que me ha chocado, quizás por lo que dicen los demás de que el autor es sudamericano ( amí tambien me pareció eso).
Me ha gustado también la historia entre los dos y demás ,pero , no me ha parecido original.
Hace tiempo me leí un libro parecido,aún así me ha gustado al igual que dicho libro.
un saludo :hola:
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Re: CPVII: Las ciudades ardientes

Mensaje por Isma » 15 Abr 2012 13:46

Katia, a ver si explicas las dedicatorias musicales, porque no me quedan nada claras... :lol: ¿por qué le dedicas a este pobre relato esa explosión heavy metal? Y si tiene que ser música metal, ¿por qué no alguna canción de Simone Simons, que es más ardiente?

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Re: CPVII: Las ciudades ardientes

Mensaje por elultimo » 15 Abr 2012 13:50

Una buena historia romántica con un trasfondo de CiFi postapocalíptico. A pesar de que es un tema que no me gusta mucho, me ha resultado muy entretenido y ameno leerlo y no se ha hecho pesado en absoluto.

Hay cosas que no llego a comprender muy bien. Por lo que entiendo, el chico quiere estar con la chica, pero la chica sólo está con el chico porque son las dos únicas personas vivas que quedan en el mundo, pero él sigue hablando de utopías y sueños después de todo el tiempo que pasan juntos, que parece ser que no es poco. Que después de tantos años salvando al mundo juntos no surge algo entre ellos se me hace muy extraño.

¿Y no es un poco brusco el cambio desde que encuentran más gente a reconstruir el mundo entero? No lo he calculado, pero creo que en construir el paraíso se tarda algo más que unas cuantas generaciones. Sin embargo, es la parte de la historia que más me ha gustado, no por como está desarrollada, que creo que debería estar un poco más, sino por lo que representa: la esperanza cuando todo está perdido. La oportunidad de un nuevo comienzo. Lástima que se cuente todo de forma tan rápida.

Formalmente, me parece bien escrito, aunque hay algunas frases que podían estar mejor redactadas. Algún acento diacrítico y pocas faltas más (que yo haya visto, claro).

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Re: CPVII: Las ciudades ardientes

Mensaje por Igor Rodtem » 15 Abr 2012 16:49

Como historia, ni ha terminado de engancharme -quizás porque el escenario no era original, quizás porque no sabía hacia dónde iba realmente el relato-, ni he terminado de comprenderla completamente. En cuanto a la redacción, algunos momentos me han parecido algo confusos, pero en general lo encuentro bien escrito.

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Re: CPVII: Las ciudades ardientes

Mensaje por andres451 » 15 Abr 2012 20:59

Yo lo entendí como un relato onírico. La realidad es aquella donde todos están muertos por una epidemia. La utopía de él es el mundo de la mente, donde viven ellos dos sin caer contagiados. El mundo de ensueño y amnesia, la utopía de ella.

Supongo que lo entendí mejor porque soy argentino. Creo que algunos españoles deberían dedicarse un poco a tratar de interpretar nuestro lenguaje sudamericano así como nosotros interpretamos el "vosotros" de ustedes y varias palabras más.
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Re: CPVII: Las ciudades ardientes

Mensaje por Isma » 15 Abr 2012 21:13

andres451 escribió:Yo lo entendí como un relato onírico. La realidad es aquella donde todos están muertos por una epidemia. La utopía de él es el mundo de la mente, donde viven ellos dos sin caer contagiados. El mundo de ensueño y amnesia, la utopía de ella.
No se me había ocurrido esa interpretación. ¿Quieres decir que el "segundo mundo" que encuentran no existe en realidad sino que es el sueño de ella? Y si el sueño de él es aquel en el que los dos viven sin contagiarse, ¿cómo es que en el mundo real no se han muerto de verdad?

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Re: CPVII: Las ciudades ardientes

Mensaje por andres451 » 15 Abr 2012 21:19

Isma escribió:¿cómo es que en el mundo real no se han muerto de verdad?


Fijate que al final del cuento él vuelve al mundo "real" y está enfermo y en cama. O sea que todo lo otro fue producto de su mente.
Así lo creo yo, esperemos que el autor nos diga cuando pueda jeje
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Re: CPVII: Las ciudades ardientes

Mensaje por Isma » 15 Abr 2012 21:22

andres451 escribió:
Isma escribió:¿cómo es que en el mundo real no se han muerto de verdad?


Fijate que al final del cuento él vuelve al mundo "real" y está enfermo y en cama. O sea que todo lo otro fue producto de su mente.
Así lo creo yo, esperemos que el autor nos diga cuando pueda jeje
:shock: ¡¡Es cierto!! Este relato se acaba de ganar una segunda lectura.

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Re: CPVII: Las ciudades ardientes

Mensaje por andres451 » 15 Abr 2012 21:24

Isma escribió::shock: ¡¡Es cierto!! Este relato se acaba de ganar una segunda lectura.


Jaja, te confieso que yo lo tuve que leer varias veces para interpretarlo. Y aún así no sé si es correcto lo que digo.
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Re: CPVII: Las ciudades ardientes

Mensaje por jarri el sucio » 15 Abr 2012 22:24

excelentemente narrado y bastante ameno. En el Haber destacaría que no aburre en ningún momento y en el Debe ciertos aspectos muy manidos a mi entender como relaciones basadas en la belleza o existencias basadas en el amor. De todas formas gran relato, enhorabuena.
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Re: CPVII: Las ciudades ardientes

Mensaje por Gisso » 15 Abr 2012 22:46

Primero decir que me encantan los mundos apocalípticos como este y en un principio me estaba gustando, pero tal como he ido leyendo ha ido flojeando en cierto aspectos. No se si es que no he cogido el sentido que le ha querido dar al relato, como lo de quemarlo todo o lo de encontrarse con tanta gente sin enfermar y que no sepan nada de las demás ciudades. Aun así tiene un par de pensamientos que me han gustado. Gracias por el relato :402: Imagen.


En cuanto a lo que dice Andres, yo pienso que su sueño era real, pero era vivir junto a ella, los dos solos quemando ciudades. Por eso cuando encuentran mas gente ese mundo en el que habían vivido los dos se desmorona, igual que su amor .Al no tener ya ilusión, enferma y muere, a perdido su sueño. O eso entiendo yo. Saludos!
Última edición por Gisso el 18 Abr 2012 09:02, editado 1 vez en total.

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