CPVII: Imaginarium - Gisso

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Nieves
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CPVII: Imaginarium - Gisso

Mensaje por Nieves » 12 Abr 2012 16:57

Imaginarium

Despierta lentamente, una cálida luz lo acoge en sus brazos. Dos risueños rostros emergen frente a su mirada, hombre y mujer, bajo un hermoso cielo de múltiples y delicados colores y nubes de algodón. Alarga sus pequeñas manitas hacia ellos mientras ríe, una cristalina risa de bebé. El hombre y la mujer las aferran con dulzura, mientras lo acarician con una suave canción de cuna. Se duerme plácidamente, mientras la flor-cuna donde se encuentra tendido, lo arrulla y lo cubre con sus sedosos pétalos.
Abre de nuevo los ojos mientras se despereza. Un cielo anaranjado y rosa. Se encuentra tumbado en una fastuosa pradera de hierba de papel maché y delicadas flores de cristal de múltiples facetas y colores, acrecentada su belleza por el reflejo de la luz al ser atravesadas. Se incorpora lentamente, ya no es un bebé, sino un niño pequeño. Atisba al hombre sentado a lo lejos. Disfruta del día mientras lee tranquilamente un periódico en blanco y fuma en pipa. Mágicas volutas de humo coloreado bailan a su alrededor. Cerca de él se encuentra la mujer, vestida con un océano en calma reflejándose el sol del amanecer. Está junto a una flor, la flor-cuna, sosteniendo una regadera en la mano. La mujer acerca la otra mano hacia su corazón mientras su pecho se ilumina y cerrándola, recoge un puñado de luz y la introduce dulcemente en la regadera. Luego riega con ella la flor, que abriendo sus pétalos alborozada, recibe con júbilo la hermosa ofrenda.
Empieza a correr hacia ella con los brazos extendidos, rozando con los dedos los sedosos y tintineantes pétalos de cristal. Burbujas de luz se esparcen y elevan como polen a su paso, iluminando su correteo y adhiriéndose a su cuerpo. El pequeño detiene su carrera junto a ella, su cuerpo refulge moteado por diminutas estrellas. La mujer se vuelve en un grácil movimiento y le sonríe. Él la abraza sumergiéndose en su océano, refrescando su corazón, buceando en su amor. Ella lo acaricia y juega con su pelo, él levanta la mirada, que se cruza con la de ella y deja que lo colme de ternura. Se separa un poco, ahora dirige su atención hacia la flor. Ésta se gira hacia él haciéndole una reverencia, que el pequeño le devuelve con una sonrisa. Entonces se fija en ella por primera vez, en el lejano horizonte se encuentra alta y oscura, una torre coronada por una luz centelleante y sobrecogedora. Una sensación de atracción, temor y desasosiego se apoderan del pequeño. Está temblando, pero no puede apartar su turbada mirada. Da un tembloroso paso hacia la torre, luego otro. Una cálida mano se posa sobre su hombro, lo detiene, le da la vuelta. La mujer se agacha y lo abraza. Él se deja envolver por el cálido abrazo, pero una mácula de enigmática y gélida desazón, se ha posado en su corazón y su alma.
El tiempo avanza, el pequeño crece. Hace un día maravilloso, tres soles dominan su cielo. Un azulado amanecer empezaba a emerger por su derecha, un espléndido y cálido sol de mediodía lo iluminaba desde las alturas, y un tranquilo y azafranado sol crepuscular comenzaba a ocultarse a su izquierda. Levanta su mirada hacia el sol central, su refulgente luz no le molesta. Gotas de lluvia dorada empiezan a brotar del astro y descienden lentamente. El pequeño abre los brazos para recibirlas. Las gotas llegan, un murmullo de risas las acompañan mientras toman la pradera. Corren y bailan, juegan y saltan, se unen y separan. Las gotas doradas rodean al pequeño y juguetonas lo envuelven, recorren su cuerpo, le cantan al oído. Él se deja acariciar y mimar mientras se tumba.
Ha crecido un poco más, aunque todavía es un niño. Sentado en la pradera tranquilamente, se entretiene haciendo mariposas con papel de colores y luego las echa a volar. Algunas revolotean a su alrededor. Otras se alejan ya, batiendo sus alas rítmicamente abriéndose a un amplio mundo. Y otras, posadas en las flores, lo observan con curiosidad o juegan con el humo de colores de la pipa del hombre, que plácidamente, sigue leyendo su periódico sin palabras. La mujer se encuentra junto a él, su vestido, aleteos cromáticos que revolotean a su alrededor. Danza con ellas una silenciosa y alegre canción. Se acerca al hombre, lo invita a levantarse apartándole el periódico y cogiéndole de las manos. Él acepta dejándose llevar, comenzando una coreografía juntos.
El niño sonríe y sigue jugando, cuando una sombra lo cubre. Levanta la mirada con extrañeza, pero el sol sigue ahí, brillando, pero su luz no le llega. Un escalofrió recorre su cuerpo, nota que algo va mal, se pone en pie. El hombre y la mujer han dejado de bailar, se han transformado en dos estatuas inertes. El niño alarga la mano hacia ellos, entonces su mundo se oscurece, devorando toda luminosidad que lo circunda. Dos deslumbrantes y presurosos fuegos se acercan desde el horizonte hacia él, atravesándolo con un fuerte chirrido de gomas desgarrando el asfalto y un terrible estruendo de metal. Cae de rodillas mareado, lágrimas de aceite recorren sus mejillas. Su mundo se retuerce y voltea a su alrededor, hasta hacerle perder el conocimiento.
Despierta, un crepúsculo rojizo tiñe de sangre su mundo. Se pone en pie con esfuerzo y en un vacilante paso, se acerca a las estatuas que momentos antes danzaban grácilmente por la pradera. Las mariposas caen segadas de toda vida a su paso, ahora son simples figuras de papel de tristes colores. Las flores se encorvan, ya no tintinean. Se detiene enfrente del hombre y la mujer, sus vidas y su tiempo han partido, viajando al infinito. El niño alza su mano y los tantea con temor, pero con suavidad. Sus grises cuerpos empiezan a resquebrajarse lentamente, convirtiéndose en oscuro polvo y ceniza, posándose en la pradera, huyendo con la suave y fría brisa. Se postra ante los restos, recogiéndolos entre sus manos. Lágrimas oscuras, cenicientas, resbalan desde su mirada y golpean con rabia la tierra. Se lleva las manos al rostro y levantándolo, expulsa al cielo todo su dolor en un atroz alarido. Lluvia negra emerge de la afligida tierra a su alrededor, alzándose lentamente hacia el firmamento, recorriendo su cuerpo, llevándose consigo las cenizas y transformándose en terribles nubarrones de tormenta que ocultan el techo abovedado. En el horizonte, un resplandor en la oscuridad lo reclama, la coronada torre lo intenta atraer. Pero hace caso omiso de sus insinuaciones y perdido en la amargura, desconsolado, se acerca y acurruca junto a la flor-cuna. Afligida, lo acoge y lo envuelve en un tierno abrazo bajo la terrible tormenta.
El tiempo pasa, ya no es un niño, sino un adolescente. Su mundo es ahora frío, gris y oscuro. El sol ya no brilla, ya no caldea. Tumbado, indiferente, taciturno, observaba el hipnótico danzar de las terribles serpientes en que se han transformado las nubes de tormenta. A su alrededor, multitud de sombras llegan, lo observan y se marchan de nuevo en silencio. En su amarga soledad, la flor le hace compañía, ofreciéndole su calor y su amor, pero un insondable abismo invisible los separa. Un día, algo inesperado ocurre llamando su atención. De reojo, atisba una luz en el sombrío horizonte, que se acerca acompañada por una suave risa primaveral. Se reincorpora lentamente frotándose con suavidad los ojos. La claridad le molesta hasta que poco a poco se acostumbra, pasando del desconcierto al asombro de lo que divisa. Una joven vestida con hermosas flores, corretea y baila, canta y ríe, juguetea y acaricia, devolviendo el color y la luminosidad allá por donde pasa. Sobrecogido, no aparta su visión por miedo a que se desvanezca, que no sea real. Ella lo ve en la lejanía y se acerca grácil deteniéndose ante él, ladeando la cabeza con atractiva curiosidad. Se fija en ella, es la criatura más bella que jamás ha visto, como un límpido cielo estrellado, como un hermoso y profundo océano lleno de vida, como un frondoso bosque primaveral bañado por un alegre riachuelo. Ella le sonríe, un amanecer mana de sus labios y le ilumina el rostro.
El chico, sonrojado tras ese despliegue de belleza, retrocede lentamente. La flor, juguetona, le da un suave y desgarbado empujón, que lo devuelve frente a ella. Levanta las manos hacia él, mientras lo mira a los ojos. En ellas cobija cariñosamente una mariposa de papel, ahora inmóvil, sin vida, y se la ofrece en un gesto apaciguador. El chico acepta la ofrenda levantando las suyas. Delicadamente entrega la mariposa y le junta las manos con las suyas, cubriéndolas. Su tacto es terso y agradable. Una sensación de calidez nace de su pecho, invadiendo su cuerpo lentamente, devolviéndole la vida. Ya no es un chico gris y taciturno. Un cosquilleo nace entre sus manos cerradas. Ella las aparta, él las abre y mira hacia ellas. Tímidamente, la mariposa empieza a moverse y aletear, emprendiendo el vuelo con regocijo. Maravillado, sigue su revoloteo con la mirada. Partículas de vivos colores manan de sus alas, esparciéndose por toda la pradera y devolviéndole su existencia. Las flores de cristal murmuran bellos sonidos a su paso, mientras el resto de mariposas vuelven a la vida y emprenden el vuelo junto a ella, viajando hacia las oscuras serpientes que colman el cielo, infiltrándose entre ellas, luchando y creando aberturas por donde resplandecientes rayos de un sol oculto empezaban a colarse.
Las serpientes huyen azoradas por la fuerza y la luz de las mariposas, dejando paso tras la desbandada un cielo azul victoria, reinado por un astro refulgente de júbilo. Triunfantes, descienden revoltosas y se posan con un leve tintineo en las flores, comenzando un merecido descanso. El chico, conmovido, baja su mirada y observa con admiración y ojos anegados a la joven. Ella le sonríe mientras le acaricia el rostro y en un grácil movimiento, da la vuelta emprendiendo de nuevo su correteo por la pradera, regándola con su risa. El chico, inmóvil, observa cómo se aleja hasta que vuelve en sí y empieza a correr tras ella. Pero no puede darle alcance, aunque no desfallece en su persecución. En la lejanía, la joven se escabulle por el gran portal de una construcción antigua y aspecto gótico. El joven no había reparado en el gran edificio hasta ese momento y con desconfianza, se acerca y se adentra, sorprendiéndose al comprobar que el interior es un laberinto escheriano de puertas, escaleras y habitaciones. Una suave risa llueve desde lo alto hacia él, llamando su atención. La joven corretea escabulléndose y reapareciendo por distintos lugares de aquel extraño lugar, a veces mirándole, sonriéndole, para luego continuar deambulando. Él la persigue, busca su risa, pero no consigue dar con el camino que lo acerque a ella.
El tiempo corre igual que él. A cada paso que da, su cuerpo se va convirtiendo en el de un joven adulto. La ha perdido de vista, ya no la ve, ya no la escucha. Angustiado, entra corriendo por una de las puertas la cual lo lleva al exterior, de nuevo a la pradera. Intenta volver, pero ésta se cierra, impidiéndole su entrada. Un temblor invade los cimientos del edificio. El joven se aleja justo cuando se empieza a desmoronar como un castillo de naipes, desapareciendo ante él, mientras ahoga un grito en su garganta. Apresuradamente se acerca a las ruinas, las aparta, la busca desesperado. La noche cae, la luna le observa, las estrellas le iluminan. Su frente está perlada de sudor, sus manos, ensangrentadas, pero no la encuentra. Un rumor llama su atención. Aparta los escombros y del hueco, sale volando una mariposa de luz. Revolotea a su alrededor juguetona para luego continuar su vuelo, alejándose. Él persigue su destello en la noche clara, incansable, hasta que al final la pierde de vista. Está de nuevo junto a la flor-cuna, que duerme plácidamente con pétalos recogidos. Cae de rodillas al fin, extenuado, afligido. Pero ese sentimiento huye de él cuando un dulce tintineo llama su atención. La mariposa de luz emerge ante él de entre las flores y acercándose a sus labios, los roza con dulzura. Luego se aleja y se detiene a escasa distancia de la flor-cuna, para luego introducirse lentamente en la tierra, desapareciendo en ella con un último fulgor. El joven se acerca, rozándose los labios con los dedos. Observa un puntito de luz en la tierra, se recuesta a su lado. La luna sonríe y le canta una delicada canción. Las estrellas la acompañan con sonidos de caja de música. Extenuado, con una agradable y cálida sensación en los labios, se queda dormido. Un luminoso brote crece a su lado lentamente mientras tiene dulces sueños.
Despierta sobresaltado en un nuevo día. Mira a su alrededor, descubriendo que una hermosa flor a crecido junto a la suya. Las dos murmuran y cuchichean entre ellas, y girándose hacia él, le ofrecen los buenos días desplegando sus pétalos. Se incorpora asombrado por la nueva compañera, dejando enseguida paso a la incertidumbre mientras recuerda a la joven, cuando una mano se posa en su hombro. Se gira lentamente y ahí está ella, bajo un vaporoso velo, vestida con un perlado y radiante traje de novia, coronada de estrellas, flores y una corte de honor de revoltosas mariposas. Él acerca las manos temblorosas hacia su rostro y con ternura levanta su velo. Se deja acariciar por la belleza de su rostro, por la luminosidad y profundidad de sus ojos, por sus rasgos agraciados. Ella recoge con suavidad entre las manos el rostro del joven y lo acerca hacia el suyo. Un beso, dulce, delicado, cálido, lleno de ternura, pero sobre todo, de amor. Su alma se colma de felicidad, desea que ese efímero momento no termine nunca. Se separan con lentitud, como despertándose de un lindo sueño. La noche sin luna a caído, la pradera duerme, las estrellas los iluminan en la intimidad. Sus cuerpos se encuentran desnudos. Ella coge con delicadeza su mano, se la acerca al pecho, junto a su corazón, poniéndola sobre él. Un destello. Una sensación de bienestar, de gozo, recorre su cuerpo a través del contacto. Separa la mano de su pecho, dos rutilantes semillas reposan en su palma. Sonríe con ternura ladeando su hermoso rostro, acercando ahora la palma de la mano hacia su vientre. Un fulgor naciente del abdomen recorre sus cuerpos y se esparce por la pradera como una brisa. Lentamente se extingue, solo una luz aurea ilumina sus cuerpos. Las semillas han desaparecido. Se recuestan en la hierba y bajo un manto de estrellas sus cuerpos se unen.
Entreabre los ojos somnoliento, la luna navega ya con calma por el mar nocturno. Bañada en una luz plateada, la joven se encuentra junto a la flor-cuna y su compañera, las cuales la observan con regocijo. Dos semillas laten de nuevo con fuerza entre sus manos. Con veneración, las posa en sendos huecos que ha hecho frente a las flores, cubriéndolas con amor y tierra, regándolas con ternura y vida. Luego vuelve junto a él y yacen de nuevo juntos, hasta que caen dulcemente en brazos de Morfeo, que los acuna. Un nuevo amanecer multicolor lo despierta bajo nubes de terciopelo. Ella sigue a su lado, bella durmiente, él la rodea suavemente con los brazos. Algo llama su atención, dos nuevos brotes han empezado a germinar junto a las flores. Maravillado, observa cómo crecen, mientras ella despierta y mira a sus ojos, ya sabe que está mirando. Se incorpora, lo invita a levantarse junto a ella y acercarse hacia los brotes. Los dos juntos, abrazados, observan cómo crecen, él con asombro, ella con ternura. Sendos capullos empiezan a formarse y con sosiego, sus pétalos comienzan a abrirse, mientras una luz clara emana de su interior. Cristalinas risas de bebé acompañan su eclosión. Contempla el interior de las flores, para descubrir con fascinación a dos risueños recién nacidos, niño y niña, de miradas curiosas y diminuto tamaño. Los bebés levantan las manos alborozados, él acerca las suyas con delicadeza para que se las agarren. Una sensación de regocijo recorre su cuerpo cuando lo hacen, anegando sus ojos de afecto. Ella lo abraza y le besa en la mejilla. Él se deja invadir por miles de cálidas sensaciones. Hace un bello día.
La madurez ha llegado con el paso del tiempo, ya son hombre y mujer. Dos niños corren y juegan alegres por la pradera, ella los sigue haciéndoles compañía. Cuatro flores, dos más pequeñas, dejan que los rayos de sol les acaricien los pétalos. El hombre pasea por una alfombra de suave hierba, cuando un objeto llama su atención. Se acerca con curiosidad, un libro se encuentra oculto entre la hierba. Lo recoge, una extraña sensación recorre su cuerpo. Lo abre y empieza a ojear su contenido. Éste le muestra por medio de dibujos, su vida desde la llegada a este extraño mundo. A cada página que pasa, su memoria viaja a un momento pasado de recuerdos atesorados. De vez en cuando, aparecen imágenes diferentes al mundo que lo rodea y que desconcertado, se pregunta qué son esos extraños lugares. Aunque algo en su interior le dice que él ha estado allí, que conoce esos emplazamientos, aunque no pertenezcan a su mundo. Sigue pasando las hojas cada vez más confundido y turbado, hasta llegar a la penúltima página, donde le muestra un dibujo de la mujer abrazando a los dos niños de un modo temeroso pero protector. En el horizonte, una terrible tormenta se acerca hacia ellos. Azorado, pasa a la última página. Ahoga un grito llevándose una mano a la boca, su cuerpo se estremece. La última imagen es la alta torre de su horizonte, oscura y terrible. Su mirada es atraída hacia un ventanal abierto en lo alto, un resplandor empieza a emerger de allí. La luz le hace daño, lo ciega, cada vez es más brillante, pero no puede apartar la mirada. Un resplandor, un estruendo, el libro cae a tierra de sus manos temblorosas y se las lleva a los ojos.
Lentamente aparta las manos mientras recupera la visión. Una aterradora estampa se descubre ante él. En el horizonte, la mujer protege a los niños, abrazándolos igual que en la imagen que acaba de ver en el libro. Una inmensa y tenebrosa tormenta, de nubes negras y amenazantes, se encuentra casi encima de ellos. Terribles rayos cortan el cielo y lo resquebrajan como cristal, para luego con un terrible estruendo, estallar en miles de fragmentos que caen como granizo. Todo lo que queda atrapado en esos fragmentos desaparece, transformándolo en oscuridad. Un viento huracanado se levanta y azota la pradera, ella se agacha y resguarda a los niños con su cuerpo. Él empieza a correr hacia ellos, mientras en tierra, el viento va pasando y arrancando las páginas del libro una a una, llevándoselas hacia el negro horizonte, hacia el olvido. Ella se da cuenta y tambaleante, luchando contra el viento con los niños a su lado, intenta acercarse a él. Están a punto de encontrarse cuando un rayo rasga el espacio que hay entre ellos. El cristal se resquebraja impidiendo el encuentro, él se encuentra a un lado, ellos al otro. Él intenta moverlo, pasar al otro lado, pero no lo consigue. Empieza a golpearlo con lágrimas en los ojos, pero eso hace que se agriete mas. Ella acerca su mano al cristal y lo posa en él, el hombre pone su mano en la de ella, en el otro lado. Un “te quiero” se dibuja en sus labios, mientras los niños también posan sus manitas. Él las acaricia sin percibir su tacto. Un estruendo atroz, el cristal estalla arrebatándole la imagen de ella y los niños en cada uno de sus fragmentos, golpeándole a él y a la tierra. Un terrible grito de agonía y desesperanza desgarra su garganta. Fulminado, cae en tierra, rodeado de pedacitos de recuerdos y ternura resquebrajada.
Abre los ojos, se encuentra tendido sobre un tapiz de cristales. Se reincorpora, está justo al borde de un abismo de negrura, de inexistencia. Aterradores relámpagos y nubes de tormenta, van sometiendo un triste cielo azul en retirada. Observa con extrañeza sus manos, llenas de fragmentos de cortante cristal ensangrentado. Mira a su alrededor y se pregunta qué está ocurriendo, qué está pasando a su mundo. Pero no recuerda por mucho que rebusque en su memoria. La oscuridad y la tormenta se acercan hacia él, engullendo la pradera. Atemorizado, retrocede y dándose la vuelta, comienza una huida desesperada. Pero, ¿hacia dónde? A su alrededor todo es negrura y olvido. Entonces la ve, un fulgor llama su atención. La torre, elevada y oscura, se encuentra en medio del tenebroso ojo del huracán donde se encuentra. Una luz lo ilumina, lo atrae y lo reclama, tal vez sea una esperanza. Corre hacia la torre, una granizo acristalado le golpea, el vendaval lo desequilibra haciéndole caer. Se levanta con esfuerzo, junto a él, cuatro flores abatidas, mustias y grises. Una de ellas se incorpora en un último esfuerzo para observarlo con tristeza, pero las energías le fallan y cae. Él se acerca y la recoge entre sus brazos. Temblorosa, se deja arrullar por su calidez por última vez. No sabe porque, pero sabe que son muy importantes para él. Extrayendo con suavidad sus raíces de la tierra, las acoge y resguarda a las cuatro, huyendo con ellas.
Un cerco de relámpagos y oscuridad se cierne sobre él, a su alrededor todo es vacío, olvido, su mundo ha dejado de existir. Extenuado, se encuentra frente a la torre, lúgubre y elevada. A sus pies se siente intimidado, pero el fulgor que la corona lo sigue reclamando. No tiene ninguna puerta, ninguna entrada. Sin salida, empieza a ascender por ella, resguardando las flores en su pecho. La torre tiembla y oscila, embestida por la tormenta. Su esfuerzo es sobrehumano, aguantando cada acometida. Un resplandor lo alcanza y lo golpea, lo parte en dos. Una punzada le atraviesa con fuerza el cerebro. Su cuerpo se desdobla. Su duplicado pierde el agarre, cayendo al vacio. Ve caerse a sí mismo con estupor, mientras se aferra con más fuerza. Junto a su copia, han caído tres de las flores, manteniendo con él solo una. Desconcertado por lo que acaba de ocurrir, sigue trepando, pero algo en su mente le dice que lo que ha visto, ya lo ha vivido en algún otro lugar. Luchando contra la tormenta, su ascenso llega a su fin. Un ventanal en la torre, del cual escapa una refulgente claridad, le invita a entrar un poco más arriba. Posa una mano en el alféizar, luego la otra, y alzándose en un último esfuerzo se sumerge en la claridad, dejando atrás la tormenta.
Claridad y calidez le embarga todo su cuerpo, para acto seguido sea el frío y la oscuridad lo que le abrume. Un fuerte destello. Se encuentra tumbado, unas personas vestidas de blanco se encuentran frente a él. Le hablan, le intentan tranquilizar, pero solo escucha una sirena intermitente y observa luces anaranjadas a su alrededor. Le acercan una mascarilla a su rostro, mientras le clavan una aguja en el brazo. Claridad, oscuridad, un destello. Lámparas fluorescentes pasan rápidamente ante su mirada. Unas personas vestidas de verde, tapadas con mascarillas, marchan a su lado. Una luz golpea sus retinas. Apagan la linterna y apuntan algo en una carpeta. Un fuerte dolor atraviesa su cabeza. De nuevo la mascarilla, el sueño se apodera de él. Mariposas de colores revolotean a su alrededor. Calidez, frío, de nuevo un destello. Se encuentra en una habitación, un hombre se encuentra encamado, rodeado de vendas ensangrentadas, tubos, cables y goteros. Se acerca con cautela. Desconcertado y con pavor, se reconoce a si mismo tumbado en esa cama. No da crédito a lo que ve. De nuevo, un fuerte dolor se apodera de su cabeza, llevándose las manos para cubrirla. Otro destello, la visión cambia. Una mujer se encuentra a su lado, llorando desconsolada, con dos niños a su lado. Recuerdos vuelven a su mente: una pradera, una joven bailando, unos bebés durmiendo dulcemente en flores-cuna. Él se acerca hacia ellos, los intenta abrazar. Su cuerpo los atraviesa como si fueran humo. Cae de rodillas frente a ellos, implorándoles, gritándoles que está ahí, que no sufran más. Pero su voz es muda, su cuerpo, etéreo. Algo en su mente empieza a comprender. Se levanta y se pone frente a ellos, hace como si los acariciara, a ella y a los niños. Acerca los labios hacia los suyos y la besa. Por un momento, nota una efímera sensación de calidez y amor. Ella se estremece, parece que le observe a los ojos, que haya notado su presencia.
Un último destello, oscuridad, claridad. Ahora el hombre, su yo real, se encuentra en una silla de ruedas frente a una verde pradera ajardinada de hermosas y variadas flores. Las mariposas revolotean jugando con los rayos del sol. Su cabeza ladeada, su mirada perdida, de su boca nace un hilillo de saliva. Él se queda a su lado, posa una mano en la suya mientras se sienta. Juntos, observan como el sol se refugia por el horizonte lentamente. Hora de la despedida. De su pecho saca la flor que aun mantenía protegida, su flor, y la deja apoyada en sus piernas como ofrenda. Por un momento, su yo real recupera el brillo en los ojos. Lágrimas surgen y recorren sus mejillas. Un atisbo de agradecimiento le ilumina la mirada, él recorre con su mano el rostro y le besa la frente. Hora de descansar en paz. Dándose la vuelta, ve por última vez la luz multicolor de un bello atardecer. Su figura se diluye, desapareciendo tras el último rayo de sol. El hombre de la silla de ruedas cierra los ojos, una sonrisa se dibuja en su cara. Su cabeza cae inerte, ya sin vida. Una flor de descansa en su regazo.
28 - Imaginarium.doc
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Saber
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Re: CPVII: Imaginarium

Mensaje por Saber » 15 Abr 2012 15:16

El texto se siente extraño pero agradable. La manera en la que describes lo que va ocurriendo es maravillosa. Mientras leía tu relato, fui consciente de que lo hacia a mayor velocidad que cualquier otro. Tuve la sensación de que alguien que veía una película me contaba lo que sucedía escena a escena, y yo era capaz de ver mentalmente esas escenas... eso me hizo ansioso y lo devoré. Me gustó mucho y es otro de mis relatos favoritos.

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Re: CPVII: Imaginarium

Mensaje por Isma » 16 Abr 2012 18:13

Vaya.

Éste es un relato que me hubiera gustado escribir a mí.

Original, mucho. Descrito con tranquilidad e imaginación. Todo es un sueño y un ciclo. Me encantan los símbolos; la torre, las flores, las mariposas, las nubes. El cristal. Todo el relato sumerge en una atmósfera única, colorida, fantástica. Nos dejamos llevar como un Dios observador por este universo de señales y de pausas, o mejor dicho, el autor nos permite flotar sobre este mundo, observando, ausentes y ajenos al dolor, a la sorpresa, al amor.

Dado que es onírico, hay que suponer que todo lo que ocurre tiene un significado. Necesito leerlo de nuevo, con más calma, para encontrarlo, aunque casi prefiero quedarme saciado con las sensaciones que transmite y que me transportan lejos y cerca, porque es un relato muy íntimo. Como digo; que me hubiera encantado escribir a mí mismo.

Por hacer algún comentario adicional, constructivo espero:

<Imaginarium> escribió:Las estrellas la acompañan con sonidos de caja de música.
Para mantener la atmósfera, tal vez no habría introducido este elemento en el mundo fantástico, pues pertenece al mundo terrenal.

Y, desafortunadamente, algunas faltas, que siento mucho tener que indicar, pero es que las he visto; como el autor tiene a todas luces oficio, seguro que sabe disculparme por ser tan detallista:

<Imaginarium> escribió:Mira a su alrededor, descubriendo que una hermosa flor ha crecido junto a la suya.
<Imaginarium> escribió: La noche sin luna ha caído

Un estupendísimo relato que ojalá pudiera contar entre los propios. Y como me siento inspirado, voy a dedicarle al autor una canción, al estilo de Katia, con mi agradecimiento:


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Re: CPVII: Imaginarium

Mensaje por Gavalia » 16 Abr 2012 19:55

IMAGINARIUN: Desde luego es una belleza de redacción lo que acabo de leerte. Me has recordado al maestro King en su faceta fantástica. La verdad es que no sabría decir en que concluye la posible moraleja de la historia. No te rías, pero llegué a pensar que utilizabas el símil de las estaciones en un principio, después se me ocurrió que el tal símil, podría ser el año en si mismo...vale si de psiquiátrico, lo sé, en fin, los gemelos me dejaron fuera de juego, así que no le doy más vueltas al asunto. ea!! Un vocabulario bien currado, se nota que eres veterano en esto de escribir, y creo que pasas a ser candidato. Me ha gustado mucho tu propuesta. Enhorabuena compañer@
-¡Qué felices éramos hace quince años!
-Pero si en ese entonces no nos conocíamos.
-Por eso María, por eso... 8)

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Re: CPVII: Imaginarium

Mensaje por joserc » 16 Abr 2012 20:42

Con este relato me ha pasado lo que con el ganador del anterior certamen. Me gusta la redacción, mejor dicho me gusta la capacidad de redactar de esa manera, pero no me gusta el escrito. Se nota un dominio del lenguaje y de las visiones poéticas pero es que no son de mi gusto, lo siento. Enhorabuena por el saber hacer al autor.

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Re: CPVII: Imaginarium

Mensaje por Nínive » 17 Abr 2012 13:17

Me gusta cómo escribes, pero no el ritmo. Se me ha hecho lento y pesado.
Me ha parecido más un ejercicio de pintura con palabras, que una historia.
Escribes fenomenal, pero no será de mis favoritos. :60:
Última edición por Nínive el 18 Abr 2012 22:09, editado 1 vez en total.
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Re: CPVII: Imaginarium

Mensaje por shirabonita » 17 Abr 2012 14:02

El mundo fantástico creado por este autor es absolutamente cautivador.

Parece una mezcla de Sci-Fi, historia costumbrista llena de ternura y fantasía de una belleza casi hipnótica.
El final es dramático y a mi modo de ver, toda la parte fantástica corresponde a las creaciones de una mente que se encuentra en coma, tras una operación de urgencia.
El paciente parece quedar hemipléjico pero muere con una flor en su regazo: un último recuerdo de amor.
Son una pena ,esas dos "haches" que faltan , las que ha remarcado Isma.
Por lo demás , me parece un muy, muy buen trabajo.
Como un gran cielo, color verde claro, desearía que mi corazón fuese así de inmenso. (Emperador Meiji)

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Re: CPVII: Imaginarium

Mensaje por Gisso » 17 Abr 2012 22:26

Extraño relato, onírico y con una forma de narrar poética. Yo también he creído entender lo mismo que Shirabonita al final, el resto me intriga si tiene significado. Espero que al final se nos desvele ¿o perdería parte de su magia? Tal vez se haga un poco largo y lento, también parece que a mitad pierda algo de esa magia poética. Una pena esos fallos que marca Isma y que yo añadiría cierto exceso en el uso de las comas o ciertas repeticiones (la torre siempre lleva dos adjetivos). Gracias por compartir el relato :402: ImagenImagen
Última edición por Gisso el 18 Abr 2012 11:38, editado 1 vez en total.

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Re: CPVII: Imaginarium

Mensaje por Lifen » 18 Abr 2012 11:25

Qué relato más bonito!!!! Está lleno de magia, de luz y de color. ¡Y qué triste a la vez!

Me encantan los relatos tan descriptivos con las palabras tan maravillosamente utilizadas.

Pues nada, que es uno de mis favoritos :D
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Re: CPVII: Imaginarium

Mensaje por Dori25 » 18 Abr 2012 12:20

Nínive escribió:Me gusta cómo escribes, pero no el ritmo. Se me ha hecho lento y pasado.
Me ha parecido más un ejercicio de pintura con palabras, que una historia.
Escribes fenomenal, pero no será de mis favoritos. :60:

Totalmente de acuerdo con Nínive, está muy bien escrito, es muy descriptivo y agradable pero se me ha hecho muy pesado.

Gracias autor!
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Re: CPVII: Imaginarium

Mensaje por ciro » 19 Abr 2012 05:25

Yo lo titularía Artificium. Todo el relato es un fuego de artificio: brillante, luminoso, llamativo, pero efimero y sin trascendencia. Lo siento, está muy bien escrito salvo las faltas que te han señalado y alguna repeticion en la misma frase, pero es demasiado poetico y criptico para mi gusto. No entiendo el mundo de tres soles y una luna, no entiendo lo de la torre, no entiendo ese ciclo de crecimiento, maduracion y reproduccion del protagonista, no entiendo lo de los gemelos, no entiendo lo del doble que se cae de la torre, ...Vamos que no me entero de nada de todo el simbolismo. A ver si luego nos lo aclaras.
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Re: CPVII: Imaginarium

Mensaje por elultimo » 19 Abr 2012 18:28

Me pasa como a ciro, Dori y Nínive. Demasiada salsa para tan poco pollo. Demasiado psicodélico. Es muy bonito y agradable de leer, aunque tanta redundancia onírica me ha llegado a cansar. Me ha recordado al Lucy in the sky with diamonds de The Beatles.

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Re: CPVII: Imaginarium

Mensaje por imation » 19 Abr 2012 20:25

Pues lo siento mucho, pero no puedo con él y no lo he teminado. He leído mas de la mitad pero no sé bien que me está contando. Cuando creo que lo he pillado, resulta o parece que no. Me pierdo.

Solo puedo agradecerle al autor el esfuerzo que desde luego se ha tomado.
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Re: CPVII: Imaginarium

Mensaje por Dori25 » 20 Abr 2012 09:22

elultimo escribió:Me pasa como a ciro, Dori y Nínive. Demasiada salsa para tan poco pollo. Demasiado psicodélico. Es muy bonito y agradable de leer, aunque tanta redundancia onírica me ha llegado a cansar. Me ha recordado al Lucy in the sky with diamonds de The Beatles.

Empiezo a preocuparme de que coincidamos tanto ultimamente...
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Re: CPVII: Imaginarium

Mensaje por elultimo » 20 Abr 2012 09:32

Dori25 escribió:
elultimo escribió:Me pasa como a ciro, Dori y Nínive. Demasiada salsa para tan poco pollo. Demasiado psicodélico. Es muy bonito y agradable de leer, aunque tanta redundancia onírica me ha llegado a cansar. Me ha recordado al Lucy in the sky with diamonds de The Beatles.

Empiezo a preocuparme de que coincidamos tanto ultimamente...


Vaya... no sabía que coincidir en nuestras opiniones fuera algo malo.

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