CPVII: Grito - Ororo

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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Nieves
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CPVII: Grito - Ororo

Mensaje por Nieves » 12 Abr 2012 17:13

Grito

El día que Marcelo se quedó sin boca había churros para desayunar. Marta tuvo el detalle de madrugar, ir a la churrería de Tetuán y traer una docena para celebrar su cumpleaños. Cuando él se levantó de la cama con los ojos llorosos, Marta consideró de lo más normal que tuviera sueño y refunfuñara, así que le besó suavemente en la frente y le propinó una palmadita en el trasero. Fue caminando despacio hacia el cuarto de baño mientras ella se despojaba de la ropa y volvía desnuda a la cama.

Al llegar a la puerta, se detuvo. Aquella sensación extraña que dominaba su cuerpo seguía ahí. Alzó la mano derecha a la altura del mentón, mientras la izquierda se balanceaba ligeramente suspendida como un péndulo. Tic. Se acarició la barbilla y se encontró con la aspereza de su barba incipiente. Tac. Subió lentamente a contrapelo. Tic. Buscó la protuberancia de sus labios. Tac. Palpó una superficie completamente lisa en su lugar. ¡No!

Abrió con brusquedad la puerta del cuarto de baño y golpeó el interruptor de la luz. La imagen que reflejaba el espejo era espeluznante. ¿Qué clase de engendro era aquello? ¿Era él? Movió las manos al mismo tiempo que la imagen proyectada: sí. Tras unos segundos de asombro, su respiración comenzó a acelerarse y cerró los ojos hasta que una pequeña lágrima rodó por su mejilla. Echó de menos su sabor salado.

Evitando el espejo, abrió el grifo del lavabo y se mojó la cara con abundante agua. Se refrescó la nuca y sacudió la cabeza enredando sus cabellos. A través de su melena despeinada contempló la imagen. Las gotas de agua que desembocaban en su barbilla repiqueteaban sobre el cristal del lavabo. Plic, plic, plic. Un ojo ávido que asomaba entre dos mechones de pelo analizó con rapidez la situación y simplificó: era una pesadilla. Salió disparado hacia la habitación y, en el camino, tropezó con Marta.

―¿Cómo tardas tanto? Ven ―sonrió―, se nos va a hacer tarde.

Marcelo permaneció de pie meditabundo hasta que ella lo empujó a la cama y lo aprisionó entre sus piernas.

―Felicidades, cariño.

Y comenzó a simular que bailaba una samba sobre él.
Sí, era un sueño.


Le despertó un portazo. Supuso que Marta acababa de irse a trabajar a la tienda y lanzó una mirada desesperada al reloj del despertador. ¡Casi las diez! De un brinco saltó de la cama y fue directo a la ducha. El agua caliente reconfortó su espalda y sintió cómo sus músculos se destensaban y dilataban. Cerró el grifo y comenzó a enjabonarse la cabeza, mientras las gotas de agua desembocaban en su barbilla y repiqueteaban sobre el plato de ducha. Plic, plic, plic. Paró en seco. Recordó y dirigió sus manos a la boca. ¡No!


Lo que él creía que había sido una pesadilla era tan real como el vapor de agua adueñándose del espacio, como el calor intenso que emanaba de su cuerpo, como la sensación de ahogo, el escalofrío que le recorría o como la náusea que brotaba de él. Como la ausencia de Marta. ¿No se había dado cuenta? No había comentado nada. Habían hecho el amor y ella no había reparado en eso. Salió de la ducha y se secó mientras recordaba lo ocurrido. Era cierto que, estando en la cama, ella había llevado la voz cantante, como casi siempre, que no le había dado tregua… pero la había besado con sus labios. Acababa de besar todo su cuerpo… Si no era otra pesadilla, se estaba volviendo loco.
Torpe, confundido y respirando de forma desacompasada se puso la misma ropa del día anterior: su camiseta de rayas azules y blancas y el pantalón caqui. Se recogió el cabello en una coleta y salió de casa.

En el espejo del ascensor tuvo tiempo de examinar detenidamente su rostro mientras descendía. Sin boca parecía más alargado. Colocó la palma de la mano en el lugar que debía ocupar ésta y la quitó inmediatamente. Volvió a acercarla para, acto seguido, retirarla. Estuvo entretenido en este juego de quita y pon entre el séptimo y el tercer piso, donde se detuvo el ascensor. Aumentó su nerviosismo imaginando la cara de asombro del vecino que apareciera por la puerta, pero pronto comprobó que era una adolescente con auriculares más preocupada de su móvil que de él. Podría haber estado colgado del techo cabeza abajo o afilando un cuchillo de caza y la joven no habría reparado en ello. Sus miradas se encontraron durante una décima de segundo y la chica correspondió con un inexpresivo “hum” a su ademán de saludo. Seguidamente, le dio la espalda y dejó que los casi imperceptibles estrépitos de música que escapaban furiosos de sus auriculares hicieran más agradable el descenso. Marcelo quiso sonreír, pero sólo consiguió alzar los pómulos. Se entretuvo observando la vestimenta de la joven. Pantalones ceñidos negros, camiseta negra, botas negras… Como él en sus mejores tiempos. Una monada.

Salió a la calle y el sol le cegó durante unos segundos. Lo que faltaba, bromeó para sí; además de mudo, ciego. Y sus orejas se elevaron unos milímetros tras el intento fallido de otra sonrisa. Caminó por la acera sin saber a dónde dirigirse y, mientras lo decidía, se sentó en el escalón de un portal. Era una calle muy transitada y la gente caminaba con prisa pensando cabizbaja en sus asuntos, como siempre. Algunos miraban fijamente el pavimento, otros caminaban dormidos con los ojos semiabiertos y algún atrevido lanzaba miradas asesinas al cielo intentando atraer alguna nube que le librara de aquel calor voraz. Muchos de ellos se miraban de arriba abajo en el cristal del escaparate contiguo al portal donde estaba sentado, pero ninguno desvió la mirada hacia él. No detectó ninguna mirada furtiva. Ni de miedo, de pánico, horror u odio hacia él. Ni siquiera de intriga, curiosidad, asco o indiferencia. Antes era consultar el reloj o el móvil que cruzar la mirada con otra persona, fuera él o cualquier otro. Así que se levantó y se dirigió hacia su lugar de trabajo guiado por la rutina, fulminando con la mirada a todos los que se cruzaba. No había nada que hacer. Nadie le miraba. Atravesó el parque de los patos, como siempre, localizó al vagabundo que dormía desde hacía semanas en el mismo banco y continuó su recorrido diario hacia la oficina.

Al llegar, se detuvo frente al gran edificio acristalado e intentó divisar a través de las ventanas a sus compañeros. Planta quinta. El reflejo del sol se lo impidió, pero los imaginó volcados frente a las pantallas de sus ordenadores resoplando, arremangados y a punto de bajar a tomar un café. Al verle, entenderían la gravedad del asunto y por fin alguien le ayudaría y le diría qué tenía que hacer. Todavía pensando en eso, desapareció tras la puerta giratoria de la entrada principal.

―Buenos días, Marcelo ―sonrió Laura, del turno de mañana.
―¡Vaya! Pensaba que no ibas a aparecer hoy ―añadió Nacho sin quitarse el micrófono de diadema.

Sonó el teléfono.

―Disculpa ―susurró resignado―. Y felicidades.

Antes de que pudiera reaccionar ante tanta normalidad, sus compañeros aparecieron en recepción.

―¡Bueno, el que faltaba! No deberías estar aquí, Marcelo.
―Ya te digo, tío. ¿Te has vuelto loco?
―Dejadle, que nos invita hoy al caf…
―¿Qué café? Mejor a comer. ¿Nos vamos luego al Zamorano?
―¡Estás tonto tú!
―Me muero por un churrasco.
―¿No estás a dieta?
―Desde mañana, coño… Ja, ja, ja.
―Ya te vale.
Venga, Marcelo, nos vemos a las dos en el Zamorano. Tú invitas y no te olvid…
―¿Cómo llevas los treinta y cinco?
―Pues cómo los va a llevar. ¡Mal!
―Pues sí, pero tú lo llevas peor, con esa cara que tienes...
―Ja, ja, ja…
―Ja, ja…
―Ja.

Y siguieron hacia la salida esquivando a Marcelo que continuó de pie sin moverse. Quiso llorar, pero sólo fue capaz de salir corriendo de allí en busca de Marta.

Caminó con prisa por las calles dando vueltas al asunto. Estos tres eran un caso, siempre de cachondeo, pero buena gente. No le habían dejado meter baza en la conversación, para variar, aunque, ¿qué iba a decir él sin boca? ¿Para qué intentarlo? Era de locos. Pero, ¿no hacer ningún comentario sobre su… problema? Y tampoco Laura o Nacho se habían quedado espantados. Increíble. Esa era la palabra. Marta. Marta sabría qué hacer. Siempre lo sabía.

Llegó acelerado, sintiendo el pulso en las sienes y con un ligero mareo. Abrió la puerta de la tienda y enseguida vio a Marta tras el mostrador. Sus ojos se iluminaron y su corazón comenzó a latir más deprisa. Había seis personas haciendo cola y Marta, azorada, le guiñó un ojo desde donde se encontraba mientras desmontaba un Nokia 2030. Esperó su reacción al verle, pero tuvo que conformarse con un gesto nervioso de su cabeza señalando la salida mientras sonreía. Él no le hizo caso y pasó, como en otras ocasiones, a un pequeño almacén. Se desplomó sobre un taburete, inclinó el cuerpo hacia adelante y se agarró con furia la cabeza con ambas manos.

―¡Sabía que te iban a dar el día libre! ―dijo Marta contenta asomando la cabeza por el marco de la puerta―. Llamé ayer a tu jefa para darte una sorpresa. Pero, cariño, ¿qué haces? Venga, a aprovechar el día. Pero, espera no me digas que has descubierto…

Se dirigió hacia una estantería donde reposaba un gran paquete envuelto en papel de regalo y lo cogió, mientras Marcelo permanecía en la misma posición.

―Ay, chico malo…―le regañó levantando el paquete por encima de su cabeza―. Si te digo que no entres, es que no entres. Seguro que lo siguiente que ibas a hacer era abrir el regalo a mis espaldas, ¿eh? Ya nos conocemos, ya… Ja, ja… Estoy hasta arriba de trabajo. No sé cómo se ha levantado la gente hoy… ¿Sabes quién ha estado aquí? Luis, el marido de Celia. Qué hombre más maniát…

No, no, no… aquello no podía estar ocurriendo. Marta. Por favor, Marta.

―… ¡y luego resulta que ya lo tenía! En fin, cosas que pasan. Mira, corazón, tengo que irme a atender a esta horda de clientes impacientes. Ya que tienes el día libre, toma la lista de la compra. Los kiwis, Zespri y los yogures, desnatados. Ya sabes.

Otro beso suave en la frente y su trasero respingón diciéndole adiós.

Marta. No me ves. Ni me escuchas. Nunca me escuchas. Nadie lo hace. Sumido en esos pensamientos, vagó sin rumbo por el barrio. Rompió en varios trozos la lista de la compra para buscar a continuación unas monedas en su bolsillo. Entró en un bar próximo a la tienda y compró tabaco en la máquina. Cuando salía, reparó en un anciano y un individuo de negro jugando al ajedrez sentados en una de las mesas del local. No sabe con quién se la está jugando, pensó, y salió a la calle buscando aire fresco. El sol le cegó de nuevo y todo comenzó a girar a su alrededor.

Se detuvo bajo la sombra del único árbol que encontró y extrajo un cigarrillo del paquete. Se moría por una calada. Tantos nervios, tantos problemas, dolores de cabeza... Jugueteó con el cigarro entre las manos. Ojalá pudiera fumarse en ese momento el paquete entero. Nada le apetecía más. No tenía hambre ni sed; sólo deseaba con todas sus fuerzas el veneno calmante de la nicotina. ¿Qué había hecho para ni siquiera poder fumarse a gusto un cigarrillo? Mientras negaba con la cabeza, con un gesto automático y de absoluta normalidad, sujetó el cigarro entre sus labios como venía haciendo durante muchos años y lo encendió. Al expulsar el humo, no se le ocurrió otra cosa que cerrar la boca y guardar silencio como llevaba haciendo todo el día. Toda su vida.
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Katia
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Re: CPVII: Grito

Mensaje por Katia » 15 Abr 2012 11:56

Surrealista, algo onírico. Descripción de un trastorno mental. Excelente sintaxis. Correctísima ortografía. Felicidades a su autor, atrapa, sin duda, como "el grito" de Munch, tiene un aire expresionista, expresa un silencio "sangrante". Algo existencialista: quizá todos de algún modo queremos gritar, pero sabemos que ni nos escuchan ni nos ven :wink:

Para el autor:
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La amabilidad sólo puede esperarse de los fuertes, son los débiles los que son crueles (Leo Rosten)

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Isma
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Re: CPVII: Grito

Mensaje por Isma » 15 Abr 2012 19:36

Me ha costado un poco entender el arranque (¿él se levanta después que ella, al mismo tiempo o antes?). Y desde luego, también la pregunta que nos acosa durante todo el relato; ¿por qué nadie se da cuenta de su problema? Reconozco que me ha tenido con intriga todo el relato y he pensado que él podría ser, quizás, un fantasma. Pero no, sus compañeros se dirigen a él, y también Marta. Cuando compra los cigarrillos también he sentido anticipación, ¡no va a poder fumarlos! Pero el final aclara la duda.

Me parece un relato bien escrito e interesante. Frente a la angustia de no ser escuchado cobra todo el sentido el título del relato.

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Re: CPVII: Grito

Mensaje por jarri el sucio » 15 Abr 2012 22:15

Me ha parecido una idea original, bien cuidada aunque no he llegado a empatizar con los personajes. Lo peor: el dialogo de los compañeros de trabajo, que tios más tontos jaja Lo mejor: El final: es lo que da cuerpo a todo el relato y las descripciones de algunas situaciones que conseguían que me hiciera una idea total de lo que estaba ocurriendo
-Let me ask you something, what do women want?
-who cares...

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Re: CPVII: Grito

Mensaje por joserc » 16 Abr 2012 08:43

La idea es buena y tiene algo que me ha obligado a leerlo hasta el final para saber cómo termina. Tiene lo principal en cualquier historia escrita: la necesidad de seguir leyendo.
Por otro lado creo que tiene algunos puntos que me descolocan. Quizá al autor le falta algo de experiencia o quizá mandó el relato con mucha prisa y sin darle el reposo necesario.
Estos son los puntos:
El diálogo inicial entre los amigos que se encuentra al llegar al trabajo. No queda claro, a primera vista, si él es alguno de los que hablan, solo se aclara si sigues leyendo. Puede que sea intencionadamente por parte del escritor, pero es incómodo para el lector. Dándole unas vueltas se puede modificar ese trozo para que se intuya que él no dice nada.
En un par de puntos dices “sin boca”. Creo que en este tipo de relato hay que dejar ver al lector, no sé si me explico. Es demasiado explícito, el relato hubiera ganado en calidad si describes la escena y el lector ve en su cabeza lo que está pasando sin nombrarlo. De hecho empieza diciendo “el día que se quedó sin boca”. A mi entender esto es mejorable.
El anciano y el individuo de negro jugando al ajedrez. No entiendo esto. Parece que no viene a cuenta. Quizá tenga también su razón, pero no la veo en el escrito.
Creo que hay alguna cosa más por ahí pero no la recuerdo ahora mismo.
Me gusta el relato y la idea en que se basa. Me gusta el desarrollo, la forma en que te hace ir hasta el final pensando en que algo fantástico está pasando para darte de bruces con la cruda realidad de un ser tan deprimido y mortificado. El último párrafo, en el que se aclara todo, para mi es muy bueno.
Enhorabuena al autor y que tenga en cuenta que mis críticas son siempre constructivas.

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Nínive
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Re: CPVII: Grito

Mensaje por Nínive » 16 Abr 2012 11:22

La idea es muy original. He seguido leyendo rápido para ver en qué quedaba la historia.
Aunque hay cosas que mejorar en la comprensión del texto, me parece que está bastante bien.
Sigue trabajando en esas ideas :60:
Mi página: Curvas de tinta y tatuajes del alma

Y el aullido del lobo negro se coló bajo la piel nevada de la loba...

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Re: CPVII: Grito

Mensaje por Gavalia » 16 Abr 2012 19:43

GRITO:Supongo que viene a ser una reflexión sobre la sociedad que vivimos. Todos a su bola, vamos que te puedes estar quemando a lo Bonzo en mitad de la Gran Vía, y a lo mejor alguien se acerca con la intención de aprovechar el fuego y encenderse un cigarrillo, sin dejar de dar las gracias, autista pero educado el ínclito, eso desde luego.Lo he leído del tirón, en algún punto me sobró o faltó algo, para evitarme el momento confusión. Por lo demás, no creo que le disgustara leerlo al propio Kafka.jajajajaja.Un saludo compañer@ y gracias.
-¡Qué felices éramos hace quince años!
-Pero si en ese entonces no nos conocíamos.
-Por eso María, por eso... 8)

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Re: CPVII: Grito

Mensaje por xabeltrán » 17 Abr 2012 19:33

Me ha gustado. Con una redacción muy cuidada y mimada, llegamos con el corazón en un puño hasta el final, cuando por fin entendemos lo que le sucede al protagonista. :D Una bonita metáfora sobre la vida, las relaciones con quienes nos rodean y la necesidad que sentimos, a veces, de detener el mundo para alzar la voz y decir, o gritar, algo.

Un relato elaborado que me ha parecido muy ágil y ameno. Enhorabuena. :60:

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Re: CPVII: Grito

Mensaje por shirabonita » 17 Abr 2012 20:06

Muy buen relato. La situación que describe es de auténtica pesadilla, hasta que queda aclarada justo en el final.
Y por esta sorpresa, el relato me ha gustado más aún.
No le sobra ni le falta nada, en mi opinión.
El ambiente, un tanto kafkiano, le da más puntos, desde mi perspectiva.
Me ha parecido un trabajo muy bueno!
Como un gran cielo, color verde claro, desearía que mi corazón fuese así de inmenso. (Emperador Meiji)

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Re: CPVII: Grito

Mensaje por Ororo » 18 Abr 2012 00:08

Este relato me ha gustado por lo simbólico. Me ha parecido una buena metáfora sobre la incomunicación y el título le va que ni pintado :wink:
La lectura es ágil y amena y mantiene la intriga de qué le pasará al pobre protagonista aunque desde la primera línea se conozca su probglema. Que este dato se dé por hecho desde el principio me parece un acierto.
La redacción está cuidada, pero hay ciertos párrafos que podrían estar más trabajados, pulirlo un poco más y, sobre todo, ambientarlo mejor.
Descargarlo de dramatismo con las conversaciones de los compañeros del trabajo y Marta, me ha parecido buena idea.
:D
No soy lo que escribo; soy lo que tú sientes al leerme.

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Re: CPVII: Grito

Mensaje por Dori25 » 18 Abr 2012 12:16

Me ha gustado mucho, he sentido la opresión y el agobio del protagonista porque no tiene boca, aunque tampoco entiendo muy bien el principio, creo que lo primero es una pesadilla que luego cobra realidad.
Que bien está representada la soledad que embarga a Marcelo porque nadie necesita su opinión ni le dejan participar.
Gracias!
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Re: CPVII: Grito

Mensaje por Gisso » 18 Abr 2012 17:12

Bueno, me ha mantenido en vilo hasta el final y luego me ha dejado perplejo y hecho un lío. Durante la historia también me ha dejado esa sensación de ahogo. Me ha recordado a Neo en Matrix. Como bien dice Shirabonita, me ha dado la misma impresión sobre la incomunicación en un mundo con tantas posibilidades para hacerlo. Pero... ¿Todo esto es porque ha dejado de fumar? La verdad es que el vicio por el tabaco puede ser muy chungo. Gracias por el relato :402: .Imagen

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Re: CPVII: Grito

Mensaje por andres451 » 18 Abr 2012 19:26

shirabonita escribió:El ambiente, un tanto kafkiano, le da más puntos, desde mi perspectiva.


Si, a mi también me resultó bastante kafkiano. Aparte el comienzo me pareció bastante similar al de "La metamorfosis". El día que Marcelo se quedó sin boca había churros para desayunar.

Pero es un buen relato en general. Que feo no poder ser escuchado. Me gustó.
Leyendo: El castillo de los buhos Ryōtarō Shiba
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Re: CPVII: Grito

Mensaje por Shimoda » 19 Abr 2012 03:03

Un relato basado en una idea muy original, en que el protagonista cree haber perdido la boca, pues ni María ni sus compañeros de trabajo lo escuchan.
Interesante historia, bien narrada, aunque con algún fallo de puntuación.
Me gustó mucho.

Felicitaciones, autor :60:
¨Justifica tus limitaciones, y ciertamente las tendrás¨ Richard Bach

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ciro
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Re: CPVII: Grito

Mensaje por ciro » 19 Abr 2012 04:51

Narrar en un tono realista algo surrealista es dificil y esa dificultad lastra al relato. Igualarse con Kafka es muy complicado. Está clara la intencion del relato de denunciar la incapacidad de comunicacion del pobre personaje, no se si por su culpa o por su entorno, que al fin y al cabo es como si no tuviese boca, pero claro, él se ve sin boca, se palpa sin boca,... Es dificil integrarlo con que luego se fume un cigarrillo tranquilamente. Está muy correctamente escrito y la idea me parece muy buena, pero para mi gusto, el autor se metió en en callejón de muy complicada salida y no ha salido muy bien parado. Quizá con un poco mas de extension y con otra resolución, pero yo reconozco que tampoco hubiera sabido por donde salir. Para quien no lo quiera leer batallita habemus: cuando yo escribí el relato La biblioteca me pasó un poco lo mismo, la idea estaba bien, pero no hubo manera de solucionar la encerrona en que yo mismo me empeñé en entrar. Yo creo que al autor le ha pasado lo mismo.
Suele ser más rentable escuchar que hablar. No hagáis como yo. Cosecha propia

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