La perla - Ororo

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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lucia
Cruela de vil
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La perla - Ororo

Mensaje por lucia » 14 Oct 2012 12:30

LA PERLA


3

Tras escuchar el chasquido, Molly voló hacia la puerta. Era la señal. Accionó dos veces la palanca y, al girar el pesado volante, el hierro oxidado emitió un característico chirrido que, desde hacía años, venía siendo el saludo de bienvenida para cualquiera que pisara el refugio de Molly Propel. Al estridente sonido siguió el movimiento lento del triple pasador al liberarse del lateral de la puerta. Marsi aguardaba al otro lado. Su triple sonrisa era un buen presagio.
—Marsi, vuelves a llegar tarde. ¿Qué me traes? —interrogó mientras maniobraba para apartarse y dejar el paso libre—. Además del desayuno… —añadió mientras miraba ansiosa el envoltorio de tela que su amiga llevaba en la mano.
—He encontrado estas delicias en el bulevar de Moira-ira-ra. Pasta vegetal frita en abundante aceite y cubierta de azúcar-car-ar —contestó orgullosa de su hallazgo al tiempo que Molly revoloteaba junto a ella y cerraba la gran puerta metálica.
—¿Aceite? —preguntó Molly acompañando a su amiga hacia la sala de estar— ¿Azúcar?
—Como lo oyes-es-s. Aceite reutilizado sólo para fines gastronómicos-cos-os. Nada de aceites tóxicos de la Zona Muerta-erta-rta. Garantizado-ado-do. Más fresco imposible-ble-le. Había muchísimos compatriotas haciendo cola intentando camelar a Moira, pero ya sabes que me debe unos cuantos favores-ores-res.
—Qué maravilla. Me alegras el día. Pasa y siéntate. Ahora traigo algo donde mojar. —Mientras el sonido de su motor se debilitaba a medida que se dirigía a la cocina, Marsi se acomodó sobre el colchón mugriento que Molly utilizaba como sofá. Los muelles sobresalían de la espuma y todo tipo de manchas decoraban la tela. Siempre le había hecho gracia que utilizara ese colchón como sofá y durmiera acurrucada en una butaca de escay a la que tenía especial aprecio.
—Te espero-ero-ro —contestó. Se lamió los restos de azúcar de la mano con su boca derecha recordando los tiempos en que salir a la calle y hacer la compra en un establecimiento era un acto tan cotidiano que podía llegar a ser tedioso. Ahora, sin embargo, conseguir alimentos era muy complicado y, en más ocasiones de las recomendables, toda una aventura. Incluso el mercado negro de comida, bebida y cualquier tipo de producto básico no lograba abastecer a su clientela. Se mantenían a base de compuestos alimenticios en forma de píldora, gragea o líquido inyectable. Las consecuencias de la explosión de la Burbuja habían sido terribles e irreparables—. Irreparables-bles-es —musitó observando la inexistente parte inferior del cuerpo de Molly propulsado desde la cocina.
—Odio que me mires como lo estás haciendo ahora, Marsi. ¿Todavía no te has acostumbrado al motor? No lo hagas rugir… —Y rió tan espasmódicamente como para derramar parte del líquido oscuro que reposaba en los recipientes. Estaba feliz. Y nerviosa.
—Perdona, pensaba en el pasado-ado-do —se excusó Marsi volviendo la mirada hacia el MICA que había aparecido en la sala.
Últimamente, con los preparativos del viaje a la Perla y la nueva vida que le esperaba, Marsi había pensado seriamente en repararse. Sus amistades estaban acostumbradas e incluso a Kostopoulos le gustaba su deformidad, pero tener tres bocas en lugar de una suponía un trauma para ella. Había más ciudadanos con malformaciones debido al escape tóxico que supuso el preludio de la guerra, pero el eco, esa reverberación que se prolongaba en el tiempo, infinito para ella, cada vez que hablaba… ¿Por qué no podía sincronizarlas? ¿Por qué tenía que acabar cada una de sus frases con ese desfase al hablar? Molly le había dicho que le parecía absurdo someterse a una carnicería por ese motivo. Su historial hospitalario estaba limpio y la deformidad física que sufría era de nivel cuatro, por lo tanto, en la Perla no tendría ningún problema para ser aceptada. Y tenía razón. Sin embargo, Molly y Kostopoulos lo tendrían complicado. Ambos habían sido operados por los charcuteros, como se denominaba comúnmente al personal sanitario que reutilizaba cualquier tipo de tecnología de generaciones anteriores para reciclar a sus pacientes. Así pues, una antigua unidad de propulsión y un arcaico televisor les habían convertido en parte del colectivo denominado los reciclados. Sin esas prótesis no habrían logrado sobrevivir y no disponían del dinero necesario para pagar a un cirujano que trabajara con tecnología punta. Era cierto. Eso sí que era un trauma. Y no su eco. Su ligero eco. Pero cómo lo odiaba.
—¿Otra vez en el pasado? ¿Los tiempos pasados y siempre mejores? ¡Eres una melancólica! —espetó Molly sobresaltándola y leyéndole el pensamiento.
—Bip —puntualizó el MICA.
—¡Deja de lamentarte, Marsi! En la Perla tendrás que ser fuerte y el viaje que mañana nos espera es muy duro —sentenció encendida.
—Bip —ratificó el MICA.
—La Perla-rla-la… —murmuró. Agachó la cabeza e intentó olvidar durante unos segundos sus preocupaciones mientras devoraba a tres bocas el desayuno.
—¡Eh! ¡Eso es trampa! ¡Reparte! —gritó Molly mientras los rayos del sol penetraban por la pequeña escotilla circular de la pared y comenzaban a cambiar de color la piel rosada de Marsi. Antes de atacar el desayuno, intentó divisar el brillo de la Perla a través de ella, pero los potentes rayos matutinos y la suciedad del cristal se lo impidieron.
Poco a poco, se fue iluminando el resto de la estancia y el aroma del desayuno se unió a la luz anaranjada del último amanecer terrestre que sus ojos contemplarían. El MICA continuó en funcionamiento algunos minutos más y, ante la ausencia de conflicto, volvió al estado de reposo.

2

«¿Hasta la semana que viene o próxima?», vociferó Kostopoulos muy nervioso. «No disponemos de tanto tiempo. Es y me resulta inviable. Necesitamos que el Jilguero esté listo preparándolo para mañana. Me he comprometido y no puedo fallarles». Un manotazo sobre el escritorio creó una pequeña polvareda y sobresaltó a Marsi, que seguía atenta la conversación. «Nuestras esperanzas dependen de ti. De ti y de esa diminuta pequeñez de pieza que te falta. ¡No me interrumpas!» Una imagen del huracán Katrina apareció en la pantalla del televisor que ocupaba el lugar del antiguo cráneo de Kostopoulos. «¿Cómo? Pues como si tienes que acudir o recurrir a la Zona Muerta. A mí me da igual lo mismo. Consígueme ese chisme para el propulsor iónico en un par de horas. Máximo ciento veinte minutos. ¿Y tú qué miras observándome, MICA?», finalizó proyectando varias imágenes de desastres naturales devastadores.
—Bip —replicó el MICA.
«¡Tú a callar sin chistar, chucho de hojalata!», gritó a todo volumen a través de los altavoces situados a ambos lados de su cabeza-pantalla.
—Bip —repitió el MICA.
—Poulos, relájate-ate-te —Marsi se levantó de la mecedora, se situó bajo el tragaluz para comprobar entristecida que el cielo continuaba encapotado y se acercó a él—. No querrás que un ataque de ira nos descubra-ubra-bra…
«Vale, de acuerdo», contestó Kostopoulos con resignación. «No logro ni consigo acostumbrarme a estos cacharros. Compréndeme, Marsi. Estamos a punto casi de cumplir nuestro sueño, y que estos años de trabajo se vayan al garete por culpa de un miserable intercambiador para el motor del Jilguero me altera y perturba».
El televisor de mil novecientos noventa al que iban dirigidas las señales del cerebro reconstruido de Kostopoulos actuaba por su cuenta de tanto en tanto. Especialmente cuando sus emociones lo desbordaban. No había conseguido controlar completamente el implante y, además del fallo en la secuencia lingüística, las imágenes del televisor aparecían y desaparecían guiadas por su subconsciente. Según él, era de lo poco que le recordaba que todavía era humano. Eso era. Tener defectos era humano.
—La semana pasada exterminaron al menos a cincuenta compatriotas por ataques de ansiedad, ira y violencia-cia-ia. No podemos escapar del sensor de los MICA-ica-ca. No se les pasa ni una y este carácter tuyo podría traernos problemas a todos y al proyecto-ecto-cto —le recordó mientras retiraba suavemente con la palma de la mano algunas partículas de polvo depositadas en la superficie del televisor.
«Discúlpame perdonándome, Marsi». Alzó la mano a la altura de la de ella y la acarició suavemente. Unidas, recorrieron la parte frontal repleta de botones y pulsadores ennegrecidos por la grasa que se respiraba en la oficina del taller. «Estoy… aterrado…» Marsi elevó el rostro y buscó con la mirada el tragaluz. Suspiró.
—Todos lo estamos, Poulos-ulos-los. Pero debes tranquilizarte-arte-rte —susurró mientras se acurrucaba junto a él y el MICA perdía interés al disminuir el nivel de agresividad—. Cuéntame-ame-me. ¿Crees que estará todo listo para mañana-ana-na?
«Lo estará. Por la zorra blanca de la Perla que estará dispuesto y preparado». En su pantalla apareció entre interferencias la imagen de una mujer a contraluz con el brazo en alto frente al horizonte. Tras unos segundos, la imagen cambió a la del actor Vincent Price, el rostro que Kostopoulos solía elegir como carta de presentación. Consiguió arrancar a Marsi tres enormes sonrisas.
—No hables así de nuestro destino-ino-no. Allí viviremos mejor y, aunque tengamos que escondernos, habrá recursos de sobra para todos-dos-os —aseveró al tiempo que su rosado dedo índice descendía dibujando eses por la camisa de Kostopoulos.
«Sí… y no tendremos que preocuparnos inquietándonos por los MICA, los agentes gubernamentales ni la madre que trajo al mundo a toda esa panda de bastardos sin padre conocido».
—Ssshhh-sshh-shh. Esta mañana he desayunado con Molly-olly-lly. También está nerviosa-osa-sa. Hemos probado la pasta frita para celebrar el ascenso de mañana-ana-na. Lamento tanto que no puedas probar la comida… —Siguió jugueteando con los botones medio descosidos de su camisa. Los sietes y manchas de aceite de la prenda no disminuían en absoluto la atracción que sentía hacia él.
«He coincidido con ella durante el reparto de sustancias alimenticias y, seguidamente después, en el periodo de recarga. Me lo ha contado. No te preocupes ni alarmes, Marsi. Sé de tu apetito ávido y voraz», bromeó mientras acariciaba la comisura de una de sus bocas.
—Por mucho que digan los demás, adoro tus sinónimos, Pouli —susurró mimosa.
«Lo sé, lo conozco y soy consciente de ello», añadió mientras la estrechaba contra el papel pintado de la pared.
Ajenos al escándalo que se estaba produciendo fuera, obviaron la marcha del MICA del taller y su premura por acudir al exterior a medir el nivel de ira de varios individuos que se peleaban por un recipiente de grageas prácticamente vacío.

1

La noche era cálida y Molly y Marsi digerían un caldo de gallina y una píldora de vitaminas a bordo del Jilguero. Kostopoulos había decidido inyectarse una dosis doble de proteínas con hidratos. Ninguno de los tres podía conciliar el sueño, por lo que se les había ocurrido adelantar los planes y acudir al escondite donde reposaba el arcaico transporte estelar. Reconstruida con la tecnología que había estado a su alcance y reparada con todo tipo de materiales, la nave tenía un aspecto inmejorable. Bajo la luz de la luna, los destellos plomizos recordaban los reflejos de los charcos en los días de lluvia. Los tres disfrutaban del artefacto que en unas cuantas horas les llevaría hacia un futuro mejor.
—Cuánto me alegro de haber guardado ese caldo para un día tan especial como hoy —animó Molly rompiendo el silencio.
«Y yo de que el intercambiador que nos faltaba del que carecíamos haya llegado a tiempo. Ahora ya está todo listo a punto».
—¿Veis la Perla desde aquí-quí-í? —inquirió Marsi con los ojos muy abiertos.
—Si mis cálculos no fallan, está tras esa nube —contestó Molly señalando una enorme chimenea y su penacho de plata—. Es demasiado espesa y avanza despacio. Ya tendrás tiempo de ver el planeta cuando lleguemos.
—Tienes razón-zón-ón. Saber que existe me basta-sta-ta —afirmó tomando la mano de Kostopoulos que descansaba a su lado.
La brisa transportaba ráfagas de olores inmundos que se habían convertido en habituales del planeta. Azufre, óxido, gases y vapores rancios inundaban la Tierra desde la explosión de la Burbuja, además del hedor procedente de la acumulación de residuos y basura de las calles. La ciudad era un caos permanente, pero allí, divisando el cielo plagado de estrellas, reposaban tranquilamente intentando conciliar el sueño. Mientras tanto, poblaciones enteras interrumpían con antorchas y hogueras el transcurso de la noche. De pronto, Kostopoulos pasó a formar parte de los que tentaban el sueño de la Luna y comenzó a gritar por los altavoces. Había captado una señal.
«¡¡Buenas …ches, habitant… ierra. Les habla Josh Bl... En bre… eadora de mundos, Per... Jo…, leerá un comunicado of… a las relac… y la Tierra!!»
—Mierda, bájale el volumen, Marsi —ordenó Molly alterada.
—Estoy en ello-llo-lo —aseguró su amiga accionando varias de las ruedecillas de la pantalla—. Listo-sto-to.
—Bien, veamos qué mentiras vienen a contarnos hoy.
—Nada nuevo, imagino-ino-no —contestó desalentadoramente Marsi posicionándose frente a Kostopoulos como quien se dispone a ver una película que ha visto cientos de veces.
«Buenas noch…, queridos hab… erra. Como todos con…, mbre es Pe… es, madre y creadora del plan… que… Esta noche quer…»
—Todos los miércoles el mismo discursito. ¿Cuándo se quitará el parche? Así, su apariencia coincide con lo que realmente es —comentó Molly enfadada mientras su motor arrancaba y la trasladaba de un lado a otro de la cabina.
«…puesto que no hay para todos. Juntos, en un ejercicio de solidar…, debemos reducir las raciones de sustancias alime… por persona y mes. Nada me entristece más que tomar estas medi…»
—¿Por qué no se operará el ojo-jo-o? —se preguntó Marsi en voz alta.
—Menos mal que vamos para allá —cortó Molly— y la tendremos a tiro.
El primer plano de una mujer joven, de piel oscura, cascadas de rizos negros alrededor del rostro, labios carnosos y oscuros y un curioso parche plagado de pequeños brillantes ocupaba la pantalla. Su gesto, cordial, incitaba a sonreír mientras se la observaba y su mirada de fuego atraía la atención.
«… por eso recordad que llegar a mí es vuestro destino. Lleg… a la Perla os liberará de todos los males que habitan en vuestra …tual Tierra. Preparad vuestros informes médicos, conseguid certificados de buena conducta por parte de nuestros Medidores de Incremento de Conductas Agresivas y consegui… el viaje de vuestros sueños a bordo de …tras naves interestelares de última tecnología. Depende de vosotros».
La emisión finalizó y las dos amigas se mantuvieron en silencio mirando fijamente a Kostopoulos.
«¡Me tienen poniéndome hasta los mismísimos!», saltó. «¿Depende de vosotros? ¿Buena conducta?», reaccionó tras la retransmisión. «Ellos, los gobernantes se cargaron todo esto. La Burbuja perfecta. Blanco, limpio, reluciente, brillante, impoluto…»
En ese momento, su pantalla mostró explosiones, bombardeos, incendios y masacres. Molly y Marsi los reconocieron. No era una muestra más de la ira de Kostopoulos proyectada en imágenes, sino recuerdos reales de los últimos conflictos. Gente con mascarillas, mutilada y asesinada. En la Perla sólo los individuos perfectos tenían cabida. Su descubridora, los gobernantes y grandes inversores fueron los primeros en emigrar. No había cabida para los ciudadanos reciclados, pero hacía mucho que la ilegalidad formaba parte de sus vidas.
—Ya hemos visto suficiente —interrumpió Molly—, nos vamos.

0

—¿Niveles de presión?
«Comprobados».
—¿Carga lateral?
«Cincuenta por ciento».
—¿Combustible?
«Completo».
—Ajustaos los dispositivos de seguridad —ordenó Molly—, vamos a ver cara a cara a esa señora y el imperio que tiene allí montado.
—Abrochado-ado-do.
«Dispuesto».
—En marcha. —Molly tomó los mandos y, tras un fuerte traqueteo, la nave alzó el vuelo a una velocidad de vértigo.
Pegada al respaldo de su asiento, Marsi pensaba en la mujer de la pantalla. La descubridora del último planeta habitable y principal inversora. La Perla. Sonaba bien. Sonaba muy bien. A belleza, grandiosidad, labios carnosos, opulencia, perfección, elegancia, seducción, labios carnosos, terciopelo, brillantes, labios carnosos. Una promesa.
—Bueno, chicos, atreveos a mirar —sugirió Molly al cabo de varios minutos cuando la nave se hubo estabilizado. Activó la navegación automática, se liberó del sistema de seguridad y miró por el cristal.
«Impresionante. Grandioso. Infinito».
—Es, es, es precioso-oso-so —confirmó Marsi con un hilo de voz.
El silencio se apoderó de todo. El Jilguero no despedía ningún sonido, los tripulantes callaban pero, lo que parecía un sueño, llegó a su fin. Un leve traqueteo comenzó a oírse en la parte trasera del artefacto y fue in crescendo hasta convertirse en un martilleo constante. La alarma comenzó a sonar.
«Maldito ventilador del demonio», refunfuñó Kostopoulos entre dientes. «¿Temperatura, Molly?»
—Alta. Muy alta.
«Voy a ver qué ocurre», murmuró pensativo dirigiéndose hacia el lugar de donde provenía el sonido.
—Los niveles de querosfato caen en picado. El problema no es el ventilador, Poulos, ¡está en el propulsor!
«Maldita sea, maldita sea, maldita sea…»
—Arréglalo, Poulos, por favor-vor-or —suplicó Marsi.
Kostopoulos avanzó e intentó accionar la compuerta que comunicaba con la cámara del motor. Pese a sus esfuerzos, no logró abrirla.
«Maldita sea, maldita sea, maldita sea…»
—¡Poulos, qué ocurre! —chilló Molly desde el cuadro de mandos.
—¡No puede abrir la compuerta, Molly-olly-lly!
—¡Poulos, escúchame!
«Maldita sea, maldita sea…»
—No puede escucharte, Molly, se ha quedado bloqueado-ado-do. Voy a ayudarle-rle-le.
Antes de deshacerse de las correas, Marsi giró involuntariamente la cabeza hacia la ventanilla. Una gran nebulosa formada por millones de estrellas impactó contra sus pupilas.
—¡Maldita Perla-rla-la! ¡Dónde estás-tás-ás!
El Jilguero comenzó a zarandearse. Todas las luces del panel de mandos se encendían y apagaban en un baile frenético. Antes de que Marsi pudiera llegar a donde se encontraba Kostopoulos, una fuerte sacudida lo lanzó hacia el lateral de la nave y su pantalla se quebró. Marsi profirió un grito eterno. Todas las alarmas saltaron. Molly permanecía aferrada a su asiento. Las compuertas exteriores se abrieron de par en par. Marsi continuó gritando. Tras escuchar el chasquido, Molly voló hacia la puerta.

---

Esa noche, en la Tierra, un pequeño grupo de reciclados acampaba al raso en las afueras de lo que había sido su ciudad. Ataviados con prendas frescas y algunas mantas sobre las que descansar, se disponían a dormir.
—¿Veis como puede verse? ¡Tenía razón! ¡La Perla existe! —exclamó uno de ellos de pronto.
Los demás miraron incrédulos al firmamento.
—Ahí no hay nada —replicó otro—. La esperanza de que la Perla exista sólo persiste en la imaginación de unos pocos ilusos. Anda, déjanos dormir, chiquillo.
El joven continuó observando con interés, hasta que se dio cuenta de que el objeto brillante se movía. Siguió mirando hasta que vio claramente que el objeto estaba cayendo desde el cielo. Con desgana, se acurrucó sobre la manta e intentó dormirse.

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ciro
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Re: LA PERLA

Mensaje por ciro » 17 Oct 2012 13:31

Uno de los más originales. Tiene algun fallo, como que un ser mutado (el de las tres bocas) recuerde un pasado normal (las mutaciones nunca son adquiridas sino congénitas), pero aún así es de los que más me han gustado. Enhorabuena.
Suele ser más rentable escuchar que hablar. No hagáis como yo. Cosecha propia

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Nínive
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Re: LA PERLA

Mensaje por Nínive » 17 Oct 2012 15:49

Muy bueno. Me ha gustado mucho.
Perfecto el detalle de los capítulos: 3-2-1-0 ¡despegue! :mrgreen:
Los personajes me recuerdan a los "rehechos" de "La cicatriz" de Meville, aunque con un matiz más entrañable.
En poco espacio creas una sociedad completa y bien perfilada, además de una historia contundente.
Mi enhorabuena al autor. :60:

Otro de mis favoritos. Me encantó tu historia. Enhorabuena :60:
Última edición por Nínive el 04 Nov 2012 04:24, editado 1 vez en total.
Mi página: Curvas de tinta y tatuajes del alma

Y el aullido del lobo negro se coló bajo la piel nevada de la loba...

Bagrar
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Re: LA PERLA

Mensaje por Bagrar » 17 Oct 2012 15:54

Bien construida, original y argumentada. El final me parece perfecto para la historia que cuentas. De los mejores.
Y ahora en Amazon "Demonios Nacidos. La joya azul" por menos de lo que cuesta un café.

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Re: LA PERLA

Mensaje por joserc » 17 Oct 2012 18:00

Me ha costado mucho leer y entender este relato. La sensación que me deja es que hay un montón de información que tengo que entender. Me pasa como con algún otro. Me tengo que parar todo el tiempo para intentar entenderlo y eso provoca que se me haga un poco largo.

Lo siento de verdad, autor, este no me ha llegado.

Ten en cuenta que este tema no es santo de mi devoción.

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Ororo
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Re: La perla

Mensaje por Ororo » 18 Oct 2012 12:47

Este relato me ha gustado.
Resalta por la originalidad de los personajes y por una historia de luchadores que intenta sobrevivir. Hay crítica a la separación de clases y política. Eso me ha gustado. También los detalles que el autor va dejando caer para que intuyamos cómo es el universo que ha creado. Por último, como fan de los finales terribles, que su esperanza sea una ilusión me ha encantado.
Los aspectos negativos diría que son algunas expresiones que no me convencen del todo y podrían pulirse, el ejercicio de imaginación (quizá excesivo) que hay que hacer con estos peculiares personajes y la evasión de algunos aspectos técnicos sustituidos por expresiones generales. También el principio es algo lioso hasta que te sitúas y algo menos interesante que de mitad hacia delante.
En general, un relato muy original y emotivo.
Enhorabuena :D
No soy lo que escribo; soy lo que tú sientes al leerme.

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Re: La perla

Mensaje por Topito » 18 Oct 2012 15:18

Que decir que no se ha dicho ya: originalidad. Eso es un factor a tener en cuenta. No obstante, no me ha llegado a cautivar tanto como otros del concurso.

Es un buen relato, y trabajado. Sin embargo, la historia en sí, y esto siempre es subjetivo, no me llega a mi corazoncito. Además, el estilo, que no esta nada mal, no me ha cautivado. Estos dos hechos hace que no los tenga en cuenta a la hora de dar mi voto.

Los diálogos me parecen frescos y eso es un exponente que eleva el relato. Los personajes son entrañables, esto es otro. Así que: aunque en el conjunto no me impactara, no quiere decir que no sea un buen relato, que lo es, sino que a mi personalmente no ha llegado a dejarme esa sensación que necesito para tenerlos entre los que daré mi voto.

mi enhorabuena al autor/a por este derroche de originalidad y frescura que nos ha regalado a los lectores del concurso.
leyendo: Haruki Murakami
leyendo cuentos: Zuñiga, O´Connor, Fitzgerald, Chéjov, Matute

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Re: La perla

Mensaje por Elisel » 19 Oct 2012 17:16

Me ha gustado lo de la cuenta atrás. La ciencia-ficción no es lo mío, la verdad. Necesito algo más humano, algo que me toque la fibra. Y no lo he encontrado.
Leyendo: Un abogado rebelde (John Grisham)

Amor Sinfónico:http://www.harpercollinsiberica.com/hqn ... ico-detail

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Re: La perla

Mensaje por Gisso » 20 Oct 2012 00:11

Opinión personal:

Por favor, que hermosura de historia :o , es como un cuento (aunque un tanto "crudo") de ciencia ficción y para mí, toda una “Perlita”. Lo personajes los veo con “alma” y creados con cariño e imaginación. La ambientación, aunque se queda eclipsada por los personajes, es buena. Y la historia de la búsqueda de una esperanza, esa Perla... Pero, ay el final, que triste y penita me ha dado :cry: , pero soy de los que le gustan finales así... A mi sí que me ha tocado la fibra sensible, aparte de parecerme original. Muy buen relato.

Greencito opina :arrow: Imagen

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Re: La perla

Mensaje por ukiahaprasim » 20 Oct 2012 00:26

Interesante esta revisión del argumento de la busqueda / fuga al paraiso,

Con este relato me pasa algo curioso:

Lo analizo y me gusta la idea, su estructura de cuenta atrás, los supuestos de partida, el concepto de los personajes, sus situaciones y sus acciones y, desde luego, la conclusión.

Pero lo leo, y no me llena, aunque racional y objetivamente creo que debería hacerlo .

Y no se porqué.

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Re: La perla

Mensaje por elultimo » 20 Oct 2012 15:54

Por una vez en este concurso he leído vuestros comentarios antes antes de escribir el mío para ver que sensaciones os ha dejado esta historia y me ha sorprendido ver que varios destacáis su originalidad, supongo que por el detalle del 3, 2, 1... 0 porque la trama en sí no deja de ser una revisión más de la búsqueda del Paraíso.

Lo bueno de este relato es que está muy bien contado, los diálogos son ágiles y naturales y los personajes tienen mucha personalidad (aunque Marsi me ha acabado cansando).

En definitiva, que lo he pasado muy bien leyéndolo, pero la historia me ha dejado frío.

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Re: La perla

Mensaje por Desierto » 20 Oct 2012 20:11

Bien construido, correcto formalmente. Me ha encantado la forma de presentar a los seres cibernéticos como una escala menor, de desecho, en vez de una avance tecnológico apto sólo para la clase alta.
Buena idea y buena ejecución, ¡olé!
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Re: La perla

Mensaje por Saber » 20 Oct 2012 20:38

El relato me enganchó desde el comienzo, lo mejor... los personajes. El final hizo que lo sintiera por ellos ):

Está muy bien escrito, en ese aspecto no hay nada que pueda comentar.

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Re: La perla

Mensaje por Emisario » 20 Oct 2012 22:40

Buen relato. La forma me resultó un poco confusa, pero no demasiado. Una buena y de seguro agotadora experiencia (la de escribir todas esas repeticiones de palabras entrecortadas...) :comp punch:
Lo encuentro muy original, me gusta lo de la ilusión, el "shangrila" que persiguen.

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Re: La perla

Mensaje por Shimoda » 21 Oct 2012 05:19

Una historia original, bien escrita y de lectura ágil.
Felicitaciones. Va a mi lista de elegidos.
Cariños y :60:
¨Justifica tus limitaciones, y ciertamente las tendrás¨ Richard Bach

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