Desnuda frente al espejo - Igor

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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lucia
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Desnuda frente al espejo - Igor

Mensaje por lucia » 14 Oct 2012 12:32

DESNUDA FRENTE AL ESPEJO


Al llegar a casa la chica había dejado sobre la cama la bolsa. Se notaba que no era una bolsa corriente de esas con logotipos chillones que suelen dar en cualquier tienda de moda. Su diseño había sido estudiado, dibujado, discutido y varias veces modificado para conseguir el efecto pretendido, gustar, crear la necesidad de pasear con ella con un contenido exclusivo y seguro que muy caro. Era algo discreta pero con un toque de buen gusto, elegante, tenía algo que atraía, que te hacía sentirte especial. La contempló un instante y sacó cuidadosamente su contenido, el vestido rojo.

Estirado sobre la cama parecía un cuerpo dormido, relajado, como esperando que una música melódica comenzara a sonar para dejarse llevar por el viento a su ritmo y dibujar en el aire extrañas formas coreografiadas por una imaginación libre. Mientras se desnudaba no dejaba de mirarlo con el orgullo de haber hecho una buena adquisición. Se volvió hacia el espejo para encontrarse con el reflejo de su cuerpo semidesnudo, pues ya sólo llevaba puestas las braguitas, y decidió que primero se daría un buen baño. No tenía prisa. Naturalmente, la chica no sabía que estaba siendo observada.

Olga, que es como se llamaba la chica, cerró la puerta tras de sí al entrar en el cuarto de baño y abrió el grifo. Mientras el sonido del agua de la ducha llegaba amortiguado al dormitorio, Akena, que seguía observando, tenía clavada la mirada en el vestido.

Akena aún recordaba con todo detalle el día que se había puesto por primera vez un vestido rojo o, más correctamente, el día que Olga se había puesto por primera vez un vestido rojo. Ese recuerdo estaba ahí, en su cerebro, como el resto de la información, y podía acceder a ella fácilmente puesto que los distintos compartimentos almacenados en los depósitos de memoria creados a partir del mapa biológico del ser humano no se veían obstaculizados por emociones, autorrechazos, memoria selectiva y otros muchos mecanismos inconscientes de que dispone el cerebro humano. Como cualquier xenoclón, podía recordar con precisión cualquier instante de su vida hasta el momento de la xenoclonación. En el programa formativo se dedicaban muchas horas a la práctica de retrotracción de recuerdos.

Hans había sido un buen maestro en todos los campos para ella. No sólo había sido su tutor sino que, durante el primer año, la había acompañado en todos los desplazamientos metaconscientes. Y, durante todo ese tiempo, siempre repetía la misma frase: “para un xenoclón, retrotaerse en las autopistas de la memoria a través de un recuerdo no conlleva recordar la emoción”.

Al principio no comprendía el sentido de aquellas palabras pues ni siquiera sabía que era ser un xenoclón, mucho menos cómo podía retrotraerse en una memoria que no era la suya y aún menos sentir algo que no había sentido jamás.

Hans intervenía “No te preocupes, al final de tu período de adaptación tendrás una gran habilidad en todos estos campos sin proponértelo, no tienes otra cosa que hacer los próximos dos años”.

Si bien la capacidad del lenguaje estaba inserta en todos los xenoclones, el sentido de aquellos cuerpos o imágenes de los que conocían el vocablo pero no habían percibido sensorialmente debía ser aprendido a fin de completar un ensamblaje perfecto entre palabra, imagen, sensación y recuerdo. Sólo después de perfeccionar este aspecto se iniciaba la formación conducente a hacer saber a los xenoclones que eran xenoclones de un humano que existía realmente, cuál era su origen y su objetivo final.

Los pensamientos de Akena volvieron a la realidad cuando la chica, Olga, salió del baño frotándose el cabello con una toalla. Estaba desnuda y sobre su cuerpo, además del dibujo difuminado de un bikini a la altura de sus nalgas, solo quedaban unas gotitas de agua desprendidas del pelo aún mojado. Miró nuevamente hacia el vestido sobre la cama como si tuviese una cuenta pendiente desde que se lo había probado en aquella boutique del centro. La dependienta sobreactuada le aseguró que había otros modelos más modernos recién llegados de París y de Milán que podrían quedarle estupendamente y que, sin duda, la harían aparecer ante todos los que la rodeasen como una mujer a la última moda y de lo más sofisticado. Pero ella lo había tenido muy claro desde que entró en la tienda, como lo tuvo claro seis meses antes cuando lo vieron juntos a través del escaparate, ella y él, y él le dijo “algún día te compraré un vestido como ése”; y ella “es demasiado caro, cuesta más de lo que yo gano en tres meses y, además, no es un vestido que pueda usar con mucha frecuencia”. Pero él insistía en que si todo marchaba bien podría comprar en el futuro muchos vestidos como aquél y que ella tendría la ocasión de usarlo en elegantes restaurantes y fiestas deslumbrantes en donde entraría cogida de su brazo y todos la mirarían a ella con admiración y a él con envidia.

A ella le encantaba que él le dijera todas esas tonterías y siempre le respondía con un gesto coqueto, arrugando la nariz, “ay, Tony, tú y tus sueños” y después se abrazaban y caminaban despacio como si no pudieran despegarse, señalando los escaparates y riendo o besándose sin dejar de caminar y sin que los brazos de ambos, rodeándose mutuamente, dejaran que los cuerpos se separaran.

Akena no dejaba de fijarse en el cuerpo de la chica. Cada curva, cada hueso que se marcaba sobre su piel, cada arruga, cada lunar, era una copia exacta de sí misma. A pesar de ser plenamente consciente de ser un xenoclón, de saber que no era más que un doble creado artificialmente a partir de un perfil genético, no podía dejar de asombrarse al percibir realmente un ser vivo con identidad absoluta consigo misma. La parte de naturaleza humana que llevaba dentro se revelaba ante el entendimiento de una situación antinatural pues el ser humano no está preparado para contemplarse a sí mismo, incluso aunque sólo se sea una recreación de un humano. No se está preparado para descubrir que no se es un ejemplar único, para descubrir que no se es consecuencia de uno mismo, que no se es el resultado de una toma de decisiones que configura de manera progresiva a lo largo de una vida una estructura mental y una composición biológica impregnada de continuas emociones que falsean la percepción objetiva de sí mismo, de los demás y del entorno exterior. Cada una de las decisiones tomadas o incluso de las impuestas provoca que las sensaciones perceptivas instantáneas, justo antes de la grabación del recuerdo, determinen un nuevo progreso, una modificación imperceptible que, por acumulación con las anteriores, provoca el cambio; en definitiva, la vida y la evolución en sí mismas.

Lo que para un humano suponía mirarse al espejo era lo más parecido a lo que un xenoclón podía sentir al contemplar a su igual humano. Akena no pudo evitar preguntarse si, al ser creada a partir de una misma base, el desarrollo orgánico era conceptualmente el mismo y, por lo tanto, existía una base física idéntica, tan sólo alterada por el entorno distinto a partir de la creación. Pero lo que estaba aún por descubrir, lo que más interesaba a los científicos durante todo el proceso, era si pensarían lo mismo o, para ser más concretos, si serían capaces de sentir lo mismo, si era posible que ante un mismo agente reaccionaran de forma similar, si preferirían los mismos olores, los mismos colores, la misma ropa, la misma música…

Todas estas preguntas, cuando surgían en la fase de educación y formación del xenoclón, nunca eran respondidas directamente por los formadores y Hans no era una excepción. Los tutores siempre se remitían a una fase posterior que nunca llegaba y, en la mayoría de los casos, afirmaban que existía una carencia de desarrollo progresivo absoluto ya que, tras la composición genética, el nacimiento se producía en la misma fase de la vida en que el original había sido captado para la toma de muestras genéticas, por lo que, puesto que durante el tiempo de formación el xenoclón no tenía ningún contacto externo y, por lo tanto carecía de estímulos que provocaran este desarrollo, había un desarreglo temporal entre el punto evolutivo del registro de sensaciones del original humano y el del xenoclón, ya que este último partía del punto en el que el original se encontraba unos años antes, en el momento de la toma de muestras genéticas. El atraso del xenoclón por tanto era considerable y de ahí que no fuera posible que el xenoclón y su original se identificaran, salvo en casos muy extremos, que aún no constituían un número importante como para ser estudiados seriamente. Claro que todo esto se basaba en que, en realidad, en el momento en que se puso en funcionamiento el proyecto Taxia3000 no se esperaba ningún contacto directo entre el xenoclón y el original durante su existencia.

El proyecto Taxia3000 era el resultado de dos campos de investigación que, gracias a esta iniciativa ahora se combinaban. Por un lado, los avances llevados a cabo a finales del siglo XX que dieron lugar a la posibilidad de clonar seres humanos. Por otro lado, los estudios realizados sobre los impulsos eléctricos del sistema nervioso humano como forma de captación de energía para retroalimentación de sistemas implantados. Este último llevó a la posibilidad de incorporar nanotecnología cerebral a los clones humanos dotándolos no sólo de una identidad genética sino de algo parecido a un disco duro interno en el que volcar recuerdos que asimilaran a los clones con sus originales no sólo en el momento del nacimiento sino en una fase adulta de la vida pudiendo crear copias de seres humanos de cualquier edad que dispondrían de la misma información en su cerebro que la que a lo largo de su vida había ido recopilando el humano original.

Akena continuaba observando cómo Olga se había secado el pelo y se aplicaba un llamativo maquillaje. Parecía estar contemplándose profundamente, como si al mirarse al espejo se estuviese descubriendo por primera vez, como si estuviese asombrada de comprobar el buen resultado que estaba provocando su trabajo sobre su piel lavada.

Olga echó un vistazo al vestido que aún seguía sobre la cama y se puso de pie. Contempló una vez más su figura en ropa interior ante el espejo antes de alargar el brazo y coger el vestido por los hombros, delicadamente, como si no quisiera despertarlo. Lo puso ante sí y lo escrutó como si estuviese mirando un cuadro. Qué pensaría, se preguntaba su xenoclón, era solo un vestido. Y, a continuación, vio como ese cuerpo aún joven se metía dentro y la tela se adaptaba perfectamente a sus curvas formando los dos, la chica y el vestido, un único cuerpo, como si no pudieran desprenderse uno del otro.

Antes de salir del dormitorio Olga hizo un examen concienzudo de todos los perfumes que había sobre su cómoda. Era un nutrido surtido de frascos de diferentes colores y formas. Alguno incluso no podía sugerir siquiera que su contenido fuese una exquisita esencia de alto precio de la que cada una de sus gotas en la piel de una mujer podía hacer que los rostros se volviesen a su paso. Los había rectangulares, alargados, esféricos, con forma de diamante, de seta, de flor, de góndola, de corazón, de mano abierta, de gota de agua, incluso uno con forma de estrella que no podía mantenerse en pie y que estaba tumbado junto a los demás, desfavorecido por su diseño tan original como poco práctico.

Tras el estudio de la oferta aromática se decidió por uno cuyo exterior totalmente negro no dejaba adivinar el color de su contenido ni la cantidad que restaba para quedar vacío. Sobre la cara frontal se apreciaba por todo diseño un signo de interrogación en tonos morados acompañados por la frase “eau de parfum”. Una vez aplicado cuidadosamente el perfume en su cuello y en su muñeca izquierda frotó ésta con la derecha y se llevó el frasquito a la nariz; cerrando los ojos aspiró profundamente y luego se quedó un instante mirándose nuevamente en el espejo. Entonces soltó el bote sobre el mueble con un gesto como si lo despreciara y, descalza, se dirigió al salón haciendo crujir bajo sus pies la madera que cubría todo el apartamento.

Era una sala de tamaño medio, con pocos muebles, en la que predominaba el inmenso sofá de piel espesada de un blanco inmaculado. Detrás, una mesa de cristal con un solo pie en el centro y cuatro sillas que hacían juego y en la pared, frente al sofá, una gran estantería que servía de marco a una pantalla de televisión. No había ninguna mesa a los pies del sofá pero sí una gran alfombra de color rojo que contrastaba con el blanco de la madera y del propio sofá. En las paredes no había nada excepto un gran cuadro muy moderno junto a la mesa con colores apagados en tonos sepia. No representaba nada, sólo era un cuadro con manchas de color con un gran ojo en el centro pero, de algún modo, era sobrecogedor o, al menos, esa era la opinión de todo el que tenía ocasión de visitar aquella casa.

Olga se acercó a aquel mueble repleto de libros, discos, fotos y recuerdos de los más variados lugares rozando con la yema de los dedos los objetos que quedaban a la altura de su mano y se detuvo en lo que parecía el estante dedicado a la música. Su mano se fue deslizando como si sus dedos pudieran ir leyendo el título de cada cedé pero sin detenerse en ninguno, hasta que bajó un poco más y llegó a un hueco compartido por dos grandes libros de arte y unos cuantos discos de vinilo. Entonces sus dedos ya no titubearon y sacaron de un solo tirón una funda. En la portada podía verse el rostro de un saxofonista negro con gafas de sol y la boquilla de su instrumento entre los labios con los mofletes inflados por el aire junto a una dama que sonreía observándolo. Sacó el disco cuidadosamente y lo colocó sobre el plato. Antes de accionar el mecanismo para que sonase la música dio la vuelta a la funda del disco y se quedó mirando una inscripción a rotulador negro que figuraba en una esquina. Decía “Con mucho amor. Tony”. Acarició la frase escrita con los dedos y arrojó la funda sobre el sofá. Pulsó un botón del aparato de música y la habitación se llenó de sonido.

Akena se quedó paralizada. No estaba preparada para eso. Aquel sonido le pareció no ya que llenara la habitación o toda la casa sino que la llenaba a ella misma hasta no poder dominarse. ¿Era eso lo que sentían los humanos cuando la música sonaba? No podía ser sólo eso. Tenía que ser algo más. Así que la búsqueda de su depósito de memoria hizo su trabajo y un recuerdo afloró rápidamente. Poca luz, un lugar concurrido, gente bailando, brisa marina, alguien que se acerca, un chico alto, moreno, mirándola directamente, hola soy Tony, tú eres Olga, la prima de Álvaro ¿verdad?...¿quieres bailar?... Es “My one and only love”, todo un clásico, no puedes decirme que no…

Todo este proceso de recuerdo la había distraído de lo que hacía la chica que, entretanto, había salido a la terraza. La noche era cálida y desde aquel último piso podía contemplarse el mosaico de luces de la ciudad sin que el abrumador ruido del trasiego callejero llegase a ser un sonido molesto. El xenoclón contemplaba la espalda de la chica apoyada en la barandilla de la terraza y sus pies aún descalzos que parecían no darse cuenta de que la música estaba sonando y se mantenían inmóviles, pegados a la tarima del suelo.

A Akena le habría gustado saber qué sensación provocaba aquel sonido en Olga. Sabía que a los originales humanos les gustaba grabar sonidos que no servían para comunicarse y que podían repetirlos una y otra vez, el mismo sonido, a lo largo de sus vidas, incluso escribirlos, copiarlos y repetirlos muchísimas veces, siempre el mismo sonido, siempre la misma repetición, y que había quienes incluso vivían de ello. Se preguntaba por qué pero hasta aquel momento no había logrado entenderlo.

Entonces todo ocurrió muy rápido a los ojos de Akena. Pareció que Olga se sentaba en el filo de la terraza, luego elevó una pierna hasta pasarla al otro lado y quedó suspendida en el vacío que representaban los catorce pisos de altura del edificio mientras el cuerpo, con la otra pierna dentro, aún hacía contrapeso para no dejarse caer. Olga no miraba ya a ninguna parte. Sus ojos estaban perdidos en algún punto entre la realidad y un lugar interno muy profundo. En su mano, medio arrugada, la carta recibida esa misma mañana.

Entonces se volvió y miró directamente a donde estaba el xenoclón. Miró directamente a los ojos de Akena, como si siempre hubiera sido consciente de que estaba ahí, como si pudiera verla. La miró tan fijamente que el xenoclón sintió otra nueva sensación por primera vez, un escalofrío. Fue tan intenso que sintió como si su cuerpo fuera de repente susceptible a todas las sensaciones humanas, como si de golpe cada detalle aprendido, cada concepto, cada información relativa a la condición humana cobrara verdadero sentido en su yo interno y sintió algo que jamás había concebido sentir, algo que destruyó todo lo aprendido hasta entonces, se sintió humana. Las informaciones instaladas en su cerebro hasta entonces parecieron confundirse para luego desvanecerse, el desorden ocupó sus pensamientos frente a la estricta clasificación de éstos reinante hasta ese momento, su sentido de lo correcto y de lo incorrecto se difuminó, innumerables imágenes se precipitaron en su consciencia de manera descontrolada, imágenes que no podía entender pero que reconocía como suyas. Todo esto se producía mientras la mirada de Olga la traspasaba, una mirada con tal fuerza que la desgarró hasta que el pecho le pareció que le explotaba. Sintió intenso calor y luego un frío helado en su espalda, su piel se volvió como la superficie de un océano rizada por una brisa, sus ojos se humedecieron y establecieron contacto con los de Olga, a la boca le llegó un sabor metálico y los oídos quedaron taponados por una sensación algodonosa. Le dolían las uñas de las manos y de los pies y en su estómago un ardor gaseoso parecía querer adueñarse de las entrañas de su cuerpo. Todas las imágenes empezaron a sucederse rápidamente en su mente, un vacío inexplicable se deslizaba arriba y abajo haciéndola sentir que le faltaba el equilibrio.

En definitiva, pensó, sintió, sufrió y, sin saber cómo, en ese momento Akena lo supo, supo que era humana, que no era un xenoclón, y sintió como si algo en su pecho, en un espacio del que no era consciente, se llenara de recuerdos, de sensaciones, de sonrisas, de amor, de dolor. Y, entonces, supo que Olga iba a saltar. Leyó la muerte en aquella mirada porque ahora podía entender qué era la muerte, ahora que había ganado todo aquello de lo que había estado vacía tanto tiempo supo que los humanos habían sido creados para perder en un segundo todo lo que ella había ganado en ese mismo segundo. Devolvió la mirada a Olga, cuyos ojos habían cambiado su rigor y su profundidad por una calma infinita, y ya no hubo más.

Akena no supo qué la impulsó a saltar. Sólo sintió una paz interior tremenda mientras caía y Olga, que permanecía en el filo de la terraza, la seguía con la mirada y sus ojos se tornaban cálidos y dulces, sorprendidos y libres al mismo tiempo, convencidos de que la bondad podía transmitirse en una mirada.

Akena tuvo un último recuerdo, Hans le susurraba al oído mientras ella se preparaba para transportarse hacia el encuentro con el original del que habían sido tomadas las muestras genéticas para su creación, Olga. Le decía, “…en ese momento lo entenderás todo”, aunque ella no sabía de qué momento hablaba y quiso preguntárselo, pero el tiempo de su representación holográfica había expirado, simplemente Hans se apagó como la imagen que era. Y ahora, mientras una voz femenina que repetía “…I give myself in sweet surrender my one and only love…” salía de los altavoces del salón de aquella casa del piso catorce para perderse en la oscuridad de la noche, Akena supo a qué momento se refería.

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ciro
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Re: DESNUDA FRENTE AL ESPEJO

Mensaje por ciro » 17 Oct 2012 13:15

El relato parte de una idea bastante original, aunque ya tratada en la cifi, de hacer clones con la memoria del momento de la muerte de alguien. Está bien llevado, aunque hay alguna cosa confusa como: si está observando a Olga y al mismo tiempo es ella, como casa eso. No lo tengo muy claro. De todas formas es un buen relato.
El pueblo debe desconocer siempre dos cosas: con qué se hacen las salchichas y como actúan los estados

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Re: DESNUDA FRENTE AL ESPEJO

Mensaje por Nínive » 17 Oct 2012 13:21

Como lector me faltan pausas en la narración, tal vez comas. Y me sobran tantos detalles, todas esas minuciosas explicaciones cansan.
La historia da un giro argumental inesperado y dramático que me gusta. El suicidio.
Pero no entiendo el final. Se escapan los argumentos de Akena para saltar y los de Olga para no hacerlo al final.
Por cierto, por qué Akena está mirando a Olga?
En sí, me gusta la historia, pero la profusión de detalles en la primera parte y la no comprensión del final, le restan puntos.
Como siempre, enhorabuena compañero. :60:
Mi página: Curvas de tinta y tatuajes del alma

Y el aullido del lobo negro se coló bajo la piel nevada de la loba...

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Re: DESNUDA FRENTE AL ESPEJO

Mensaje por Saber » 17 Oct 2012 14:14

Me ha parecido un relato MUY complicado de escribir, y bastante bien escrito. Complicado sobre todo, por la multitud de explicaciones... hubieron momentos en los que sentí que estaba leyendo un libro de aprendizaje. La historia es bastante buena, y el desenlace me gustó muchísimo. Pienso que hay mucho trabajo en él. Es de mis favoritos. Suerte.

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Re: DESNUDA FRENTE AL ESPEJO

Mensaje por Pseudoabulafia » 17 Oct 2012 18:52

Me gusta como está escrito, y me gusta que sea cifi dura, aunque no me acaba de gustar las partes en las que se pierde demasiado en las descripciones.

El final no lo he comprendido, aunque ahora que leo el comentario de Ciro quizás lo comprendo un poco mejor.

¿Donde está Akena? ¿Desde dónde mira? ¿Es ella misma (físicamente) observándose desde fuera? ¿Por qué el suicido?


Sobre las especulaciones ciéntificas que plantea:
Si no tienen capacidad de recordar emociones, quizá no tenga mucha base preguntarse como siente o reacciona un xenoclón. Las reacciones y los sentimientos humanos también se basan en el recuerdo y en el aprendizaje de las emociones. :roll:


Me ha gustado el detalle retro de los vinilos.

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Re: Desnuda frente al espejo

Mensaje por joserc » 17 Oct 2012 22:35

Me he liado un poco con este relato. Al final no entiendo por qué salta el clon y por qué dice que es humano.
La construcción de las frases necesita un repaso. Yo no soy ningún experto y hay cosas que me han chirriado.

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Re: Desnuda frente al espejo

Mensaje por elultimo » 17 Oct 2012 23:58

Este relato lo paso al montón de las relecturas porque creo que no lo he podido apreciar bien del todo.

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Re: Desnuda frente al espejo

Mensaje por Emisario » 18 Oct 2012 01:37

Demasiada introversión para mi gusto, y eso que a mi me gusta. La trama se confunde un poco, no me queda claro porqué salta el clon y no lo hace el humano (que cuando uno tiene el relato en la mente y es el autor, lo ve clarísimo, pero, al menos yo, he aprendido que no todos entienden lo que uno quiere transmitir, por mucho que lo expliquemos: si la idea es compleja, se hace difícil y eso es una constante) Siento que le faltó una limpieza que dejara ver mejor el camino. Me pareció demasiado extenso para los hechos. En todo caso, hay una muy buena idea de fondo (aunque ya se haya leído acerca del tema), creo que es un buen relato que se diluyó demasiado, lo que le hizo perder fuerza. Felicidades por presentarlo, es un tema difícil de concretar.
Edito para explicar mejor las apreciaciones.
Última edición por Emisario el 21 Oct 2012 02:08, editado 1 vez en total.

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Re: Desnuda frente al espejo

Mensaje por Ororo » 18 Oct 2012 11:30

No me ha gustado el comienzo ni el principio del desarrollo. La narración me ha parecido demasiado explicativa y poco intuitiva. También poco fluida. Más adelante, ha mejorado porque me ha despertado por fin el interés y me ha gustado la profundidad del interior de Akena.
En general, no está mal. Me ha parecido interesante a ratos y podría haber resultado más ameno, que no está reñido con lo profundo.
De todas formas, lo tengo que releer bien porque no me ha quedado claro del todo qué ha ocurrido.
No soy lo que escribo; soy lo que tú sientes al leerme.

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Re: Desnuda frente al espejo

Mensaje por Bagrar » 18 Oct 2012 13:21

Este relato me ha gustado y felicito al autor/a por ello aunque reconozco que he estado a punto de rendirme. Me explico.

El principio del relato se hace denso y pesado. Tienes un defecto que es repetir aquello que quieres expresar. Dedicas dos párrafos enteros a describir las sensaciones del clon cuando éste contempla el suicidio. No es necesario.

Por otro lado también le dedicas demasiado tiempo a acciones poco importantes. Un párrafo entero para explicar que la chica duda con el perfume que ponerse es demasiado. La imagen está allí, pero empleas demasiadas palabras, demasiado tiempo.

También me parece innecesaria la explicación sobre el clonaje y las nuevas tecnologías. En este relato se da por hecho y no aporta nada. ¡Ya sabemos que es un clon! De nuevo se ralentiza el ritmo.

El giro de la historia es sorprendente y da significado a la lectura. Aquí tienes un buen tanto en tu marcador.

En definitiva, un buen relato que sabe mal porque podría ser muy mejorado. Creo que el autor si pule estos defectos puede darnos grandes historias.
Y ahora en Amazon "Demonios Nacidos. La joya azul" por menos de lo que cuesta un café.

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Re: Desnuda frente al espejo

Mensaje por Topito » 18 Oct 2012 15:03

Un buen relato, aunque no sean de mis favoritos.

En algún momento me he llegado a perder, pero porque no estoy acostumbrado a los relatos de ci-fi y esto es un problema a la hora de analizar los detalles científicos del tema (no me suelen llamar mucho la atención). Es esa la
cuestión. Es un problema mio y no del autor/a. No obstante, por aquí hay bastante gente comentando los relatos y bien duchos en la ci-fi, así que: mejor se lo dejamos a ellos.

Mi enhorabuena al autor/a.

pd: sigo pensando que aunque me guste menos o más los relatos existe gran nivel en conjunto.
leyendo: Haruki Murakami
leyendo cuentos: Zuñiga, O´Connor, Fitzgerald, Chéjov, Matute

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Re: Desnuda frente al espejo

Mensaje por elultimo » 19 Oct 2012 16:00

Bueno, lo he tenido que volver a leer para ver si se me había escapado algo y lo que me ha pasado realmente es que está todo tan confuso que no he entendido nada, y eso que abundan las explicaciones.

Formalmente está muy bien escrito, pero se me ha hecho muy pesado de leer.

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Re: Desnuda frente al espejo

Mensaje por Desierto » 19 Oct 2012 20:55

Muy interesante. Escrito con técnica y corrección y con un final redondo, que es mi debilidad. Explora el tema de la inteligencia artificial y el alma y la transferencia entre ambas. Para releer antes de dar un veredicto definitivo :D
Recuento 2017
Es el terreno resbaladizo de los sueños lo que convierte el dormir en un deporte de riesgo

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Re: Desnuda frente al espejo

Mensaje por Gisso » 20 Oct 2012 00:27

Opinión personal:

La ambientación, el proyecto Taxia, las reflexiones del Xenoclón, la forma de escribir y de llevarnos hasta la resolución de la trama, todo está bastante trabajado, pero no pillo el mensaje que nos quiere ofrecer el relato... se me hace muy denso y eso hace que me pierda. Lo he leído otra vez y sigo sin entender. Tal vez tantos datos, tantos detalles, hacen que mi mente se sature y no capte la intención final...

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Re: Desnuda frente al espejo

Mensaje por Shimoda » 20 Oct 2012 04:52

Buen relato, bien escrito, me gustó. Pero no termino de entender por qué Olga se maquilla antes de ponerse el vestido y por qué no se arroja por el balcón y Akina sí.
Cariños y :60:
¨Justifica tus limitaciones, y ciertamente las tendrás¨ Richard Bach

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