CN1 - El sentir de una desollada alma - Topito

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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lucia
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CN1 - El sentir de una desollada alma - Topito

Mensaje por lucia » 15 Dic 2012 17:05

El sentir de una desollada alma

I

La garganta me quema y el cuerpo me arde; y aunque sé con certeza que cerrando los ojos mitigaré las náuseas, y conciliando el sueño descenderé la fiebre… mis párpados permanecen abiertos y mi mente despierta. Me niego a dormir por una única razón: siento pavor a que el calor de la fiebre disipe la oscuridad que vela mis sueños mostrándome aquel espeluznante cuerpo desollado.
Entonces, mientras intento no quedarme dormido, por tercera vez en esta madrugada, entra mi madre en la habitación
—¿Cómo te encuentras? —dice, sentándose a mi lado.
—Siento nauseas —la contesto mientras descansa su fría mano sobre mi frente.
—Debes intentar dormir —afirma, al tiempo que avanza su mano hacia el pulsador de la lámpara de la mesilla.
La detengo.
—Si duermes —me dice—, bajará la fiebre.
La odio. En realidad, la odio por su insistencia. Una insistencia fruto del desconocimiento de que si concilio el sueño volveré a revivir aquel suceso de Nochebuena.
—No es que no quiera dormir, mama. Pero…
Desde aquel día, el sueño resucita en mi memoria la imagen de aquel ensangrentado ángel anunciador suspendido sobre el misterio navideño a escala real que adorna la entrada a nuestra parroquia.
—Cariño —dice—, no puedes quedarte despierto toda la noche.
Mientras me habla, la miro a los ojos, y sólo veo reflejado en sus pupilas su tierno brillo de condescendencia hacia mi febril cuerpo.
Sin embargo, no llego a comprender porque no se manifiesta en sus pupilas el mismo terror que me invade cada día desde Nochebuena. No entiendo la posibilidad de olvidadlo tan pronto. Sólo han pasado cinco días, ¡cinco días! El mismo día en que caí enfermo. Y, desde aquel día, ella y mi familia nunca han hablado de aquel suceso.
¿Cómo han podido olvidar aquella escena tan macabra? Y sobre todo, ¿a aquel adolescente tan semejante a mí?
—Por cierto, ¿te has tomado la pastilla del doctor? —me pregunta.
Asiento con la cabeza suavemente.
Y mientras me acaricia la mejilla, me dice:
—Duérmete, cariño.
Después, me besa en la frente, se levanta y sale de la habitación.
Poco a poco mi voluntad se evapora frente al poder de la fiebre. Una fiebre que disipa la oscuridad que vela mis sueños mostrándome la imagen de aquel desollado cuerpo adolescente. Sin embargo, ésta vez es diferente: estoy a solas frente a él, sin mi familia. Me encuentro en una lúgubre platea vacía, observando la macabra escena. El gélido ambiente del lugar traspasa mi piel, helando mis huesos. Lentamente, al ritmo que marca el castañear de mis dientes, se pliega mi cuerpo sobre el terciopelado asiento. Mi sentido de la vista persiste en dirigir mi mirada hacia el iluminado rostro de aquel ser albino. Un rostro níveo de ojos grisáceos abrigado por un blanquecino y corto pelo ensangrentado. Un rostro tan semejante al mio que creo estar viendo mi propia cara reflejada en un espejo. El resto de su cuerpo permanece al amparo de la penumbra. Un cuerpo sin piel, de visibles músculos sanguinolentos. Y mientras le observo, súbitamente, rompiendo el silencio de la platea, estalla un estridente villancico navideño. El latir de mi corazón se acelera, y acto seguido, desde la garganta seccionada de aquel muchacho, surge un agudo y crudo grito de dolor. Mi cuerpo salta como un resorte, y alzo bruscamente mi tronco del mullido colchón.
En aquel preciso momento, mientras siento sobre mi piel las humedecidas sábanas por el sudor, advierto que todo ha sido un sueño. Un sueño fruto de aquella espeluznante escena de Nochebuena que contemplé.

II

No me gusta llegar a las citas con el tiempo acariciándome la espalda, de tal modo que me encuentro frente a la puerta de la consulta de mi psiquiatra con una hora de antelación.
Al traspasar el umbral, me recibe aquella cálida sonrisa. Y, sin apenas decirnos nada, me acompaña hasta la sala de espera; una sala confortable, hasta se podría decir que hogareña.
—Aún falta un rato para que te atienda —me dice—. Si lo deseas puedes ojear el último número de Car&Driver.
Sobre la mesa de centro, frente a mí, se encuentra la revista.
—La compré expresamente para ti.
—Gracias —la contesto, mostrando una enorme sonrisa semejante a la suya.
Acto seguido se marcha, cerrando tras ella la puerta de cristal biselado de la sala de espera.
Rodeo la mesa de cristal, de línea moderna, y me acomodo en el sofá. Agarro de la mesa el Car&Driver y comienzo a ojear las páginas, deteniéndome en los artículos que más me interesan; sin embargo, la cálida iluminación de las lámparas, el soporífero calor del ambiente y el rítmico pulso del reloj de pared relajan tanto mi espera que soy incapaz de concentrarme en su lectura. De tal modo que desisto, dejando caer la revista sobre mis muslos, y reclinó mi cuerpo sobre la espalda del sillón.
Al cabo de un rato giro la cabeza hacia el ventanal ubicado a la diestra del sofá, quedando absorto en la contemplación del ocaso del día. Lentamente, en el exterior, se encienden las cada vez más numerosas luces de la urbe. Más tarde, sobre el cristal, comienza a aparecer las primeras imágenes reflejadas de la sala, como si alguien estuviera realizando los primeros bosquejos de un cuadro de aquella estancia. Después, cuando el vencido día se retira, el reflejo se hace más nítido. Y, en ese preciso instante, repentinamente, un escalofrío recorre mi espalda paralizando mi cuerpo. Allí, en aquella imagen sobre el cristal, se encuentra de nuevo aquel desollado adolescente albino, de pie, junto a la puerta. Y pese a querer girar la cabeza para comprobar que es fruto de mi imaginación, la rigidez de mis músculos no me lo permite. De tal modo que sólo puedo observar sus movimientos mostrados sobre aquella gélida superficie lisa: inicialmente, sus visibles músculos sanguinolentos, subiendo y bajando sobre su pecho; después, la fija mirada de sus grisáceos ojos sin vida sobre mí; por último, la lentitud de sus movimientos mientras camina hacia el sofá. Seguidamente cierro los ojos. Mis manos aprisionan la tapicería del sofá, estampando su huella en ella, mientras la agitación de mi corazón bombea a gran velocidad la sangre por mis venas.
De repente… siento una presión sobre mi hombro y brota de mi garganta un atronador grito de terror.
La eterna sonrisa sobre la cara de aquella mujer se trasmuta en las facciones de un sorprendido rostro. Mientras intento aclarar la situación que me rodea, la miro.
—El doctor te espera —consigue decir mientras se repone del inesperado grito.
Aún me encuentro inquieto, desorientado y turbado por la situación. Así que sin responder, me levanto rápidamente del sofá y salgo por la puerta.

III

Mientras me acomodo en la silla, saludo al doctor.
—Buenas tardes —me contesta.
Siento que se desvanece mi turbación al estar alejado de aquella sala de espera; no así mi inquietud: las piernas trotan sobre el suelo, a pesar de hallarme sentado.
—Percibo… —me comienza a decir mi psiquiatra—, que algo te perturba.
En aquel preciso momento advierto mi oportunidad para comentar aquel suceso de Nochebuena; puesto que me es imposible hablar de ello con mi familia.
—Sí —afirmo—. La verdad es que tengo una cosa que me preocupa. Pero… no sé cómo empezar a contárselo.
—Toda explicación debe ser comenzada por su principio.
Desde el primer día que comencé las sesiones con mi psiquiatra, tengo la sensación de estar hablando con un filósofo.
—Es difícil de contar… —por un momento me quedo pensativo, sin saber cómo seguir, observándome las zapatillas —. Bueno, todo comenzó hace cinco días. ¿Ha visto las noticias? Bueno, la verdad… No sé si ha salido por la tele. He estado malo todo este tiempo, en la cama, ¿sabe?
Elevo la vista y le miro de frente.
—En las noticias, ¿dices?
—Sí. Estoy seguro que ha salido en las noticias, es algo muy fuerte.
—Interesante —dice mientras se reclina sobre su butaca —. Continua.
—Bien, pues… esto sucedió cuando iba con mi familia a la misa del gallo. Todos los años, en la entrada a mi parroquia, montan un portal con figuras de tamaño real. Pero esa noche cuando llegamos fue horrible lo que vimos. Es más: desde ese día tengo pesadillas con ese chaval que vimos.
Mi espalda se tensa y mis piernas comienzan a cabalgar sobre el suelo.
—Así que tienes pesadillas. Interesante, después hablaremos de ellas. Continua.
—La verdad es que estos días he querido hablar de este tema con mi familia, sobre todo con mi madre… Pero no sé, me daba miedo, o vergüenza. No, me daba miedo, es eso.
—¿Sientes temor ante el hecho de comunicarte con tu madre?
—No, no es que tenga miedo de hablar con ella. Lo que pasa que eso muy fuerte, lo que vimos El chaval estaba allí colgado de unos cables, donde debía estar el ángel. Y lo peor no es eso. Lo peor es que no tenía piel. Y... aún... lo peor... es que…
Me quedo mudo, con la mirada fija en mi psiquiatra.
—No tengas reparo en expresar tus sentimientos anímicos. Ya sabes lo que siempre te digo: debemos trabajar con estos sentimientos, pues son, en definitiva, los que te hacen sentir que no perteneces a un grupo. A pesar de ser una persona albina, diferente en cierto modo a la gran mayoría que te rodea, no quiere indicar que no pertenezcas a este grupo. En definitiva: tu ser corpóreo es insólito; sin embargo, tu ser psíquico es común. Así debes creerlo. No obstante, me interesa que me comentes cómo te hizo sentir ver ese ser allí colgado sustituyendo al ángel.
Entonces, sin poder reprimir este sentimiento de rabia que comienza a poseerme al comprobar que no me entiende... estallo en colore.
—¿¡Cómo me hizo sentir?! —le grito—. ¡No es lo que sienta o no sienta! ¿No lo entiende? Ese chaval estaba… ¡muerto! Y además toda esa sangre y ese chaval allí arriba y yo… yo ahora sólo sueño una y otra vez con él. ¡¿No entiende que llevo cinco días soñando con ese chaval?! ¡¿No entiende que no sé porque ese chaval es idéntico a mí?!
Al final, rompo a llorar.
Al cabo de un rato, cuando se me pasa aquel estado de rabia y ansiedad, mi psiquiatra insiste en continuar la sesión.
—No tienes que sentirte mal por lo que ha pasado. Explorar los sentimientos y expresarlos… es un buen avance. Ya te comenté que no sería fácil el camino, sin embargo, lo estás haciendo bien.
—Sí, lo sé —le afirmo como un autómata.
—¿Sigues el tratamiento que le indiqué a tú madre? ¿Tomás la dosis de pastillas que le recomendé?
—Sí, lo hago —vuelvo a afirmarle como un autómata.
—De cuerdo, este tratamiento te ayudará a sentirte mejor con tu ser corpóreo. La sesión ha sido intensa y advierto en tu rostro que te sientes fatigado. Me gustaría continuar, no obstante, creo conveniente terminar nuestra sesión hasta el siguiente día de Año Nuevo. ¿Estás conforme?
—Sí, lo estoy.
—En la próxima sesión me gustaría tratar el tema de estos sueños que estás pareciendo. Y profundizar sobre todo en el hecho de que ese muchacho del que me hablas sea idéntico a ti. No obstante, antes de marcharte me gustaría que entregaras esta carta a tu madre, y le indiques que me llame sin falta esta tarde, o noche. Quisiera hablar con ella.

IV

Deslizo la puerta de la mampara, abro el grifo de la ducha y templo el agua. Después, me desnudo sin mirar mi cuerpo; a pesar de que mi psiquiatra me inste a realizar este ejercicio como estímulo para aceptar mi albinismo. En cualquier caso, me niego hacerlo por una sencilla razón: cada vez que lo intento, sólo veo a un ser que aborrezco. Así que me siento en la taza del inodoro pensando que esta noche finalizará el año, deseando que mi mundo cambie en el siguiente y esperando a que el vapor de agua caldee el ambiente. Entonces, una vez que esto último sucede, penetro en la ducha y deslizo la puerta de la mampara. Ya en su interior, inclino la cabeza, descansando las palmas de las manos contra los humedecidos azulejos de la pared. En ese instante, el tibio chorro de agua golpea mi nuca. En cierto modo aquel habitáculo me aísla del resto del mundo, deteniendo el tiempo y trasladándome a la eternidad. No obstante, son sensaciones irreales, de modo que, pasado un rato, debo regresar a la realidad: enjabono mi piel y lavo mi cabello. Una vez que considero que estoy limpio, cierro el grifo y seco mi cuerpo, finalizando mí relajada sesión de baño.
Una vez en el exterior, respiro hondo, calentando los pulmones con la cálida humedad del ambiente. Me acerco a la diminuta ventana de cristal, ubicada frente al espejo del baño, y abro una diminuta rendija, permitiendo penetrar el gélido viento de la calle. Me giro y me coloco frente al empañado espejo, dispuesto a enfrentarme a mi reflejo. Y Mientras observo la aguada imagen de mi cuerpo, advierto los murmullos de mi familia que se cuelan por debajo de la puerta. Lentamente se evapora la condensación del espejo, mostrándome el cada vez más nítido reflejo de mi torso y mi rostro. Entonces…, la adrenalina actúa sobre mi cuerpo, incrementando mi frecuencia cardíaca, oprimiendo mis vasos sanguíneos, tensando mis músculos, prensando mis órganos. En definitiva, mi cuerpo se convierte en una pesada masa de carne asida contra el suelo. De nuevo aquellos grisáceos ojos me miran fijamente, sin pestañear, irradiando aquel grito de desesperación que soy capaz de captar en mi interior mientras su inmóvil cuerpo desollado se ubica frente al cristal traslucido de la ventana. Acto seguido se mueve, camina hacia mí. No tardará en quedar a mi espalda; el cuarto es pequeño. Las lágrimas saltan desde mis ojos. Una inmensa rabia se apodera de mí.
—¡Déjame en paz! —grito.
Sus labios se abren, dejándome ver su garganta seccionada desde el interior de su boca. Mis manos se aferran al mármol del lavabo, y entonces su desollado cuerpo cae sobre mi espalda, sus brazos se extienden a ambos lados de los míos, permitiendo ver las venas seccionadas de sus muñecas. Acto seguido el grifo del lavabo se abre llenando de sangre la pila y violentamente expulso de mi garganta un alarido tan terrorífico como ningún otro ser humano ha sido capaz de emitir en su vida. Inmediatamente después mi cuerpo se estampa contra el suelo.
Y entonces… me envuelve el silencio.
Por fin, me siento uno más entre muchos.

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Re: CN1 - El sentir de una desollada alma

Mensaje por Gavalia » 15 Dic 2012 19:50

Comienzo por decir que eso de dar miedo es bastante difícil por lo que hasta ahora llevo leído en el presente concurso. El caso es que la escena del baño, si me trajo atisbos de mieditis. Sin embargo el total del cuento no me dice mucho. Encontré algun fallo que otro de repetición u ortográfico. Estoy seguro que lo habrás releído mil veces antes de mandarlo, y aun así pasa lo que pasa. Lo tienes delante de la nariz y no lo ves. En fin, yo también suelo hacer eso, cagarla digo.
Pues lo dicho, uno menos y gracias por tu aportación. Feliz Navidad
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Re: CN1 - El sentir de una desollada alma

Mensaje por Nínive » 15 Dic 2012 23:43

¡Hola compañero de fatigas! :hola:
Primero decirte que me ha gustado el ritmo del relato. Prometía mucho, sobre todo la primera parte (ésta me ha gustado mucho cómo está contada), con lo del ángel del Nacimiento en la iglesia. Sin embargo, creo que me hubiera gustado que siguiera por otros derroteros, y el final no me ha quedado muy claro. ¿Se muere?¿la imagen del hombre desollado es él mismo? No entiendo la relación que tiene el hombre desollado con él, y por qué lo acosa. Si es una imagen de su subconsciente por la negación de su albinismo o es real.
Por otra parte, relatar en 1ª persona me parece bastante difícil y caes en alguna reiteración de verbos de acción (abrí....giré...miré...) de este estilo, y eso hacer que se enlentezca un tanto la escena del baño. No sé si me explico. Aunque el resto está muy bien.
Enhorabuena por el relato. :60:
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Re: CN1 - El sentir de una desollada alma

Mensaje por Berlín » 16 Dic 2012 15:57

Creo que el personaje albino odiaba tanto su cuerpo que su subconsciente le traicionaba viéndolo desollado.
La imagen del chico idéntica a la suya sólo es él mismo sin esa piel blanca que tanto le asquea, pienso.
Este relato tiene partes muy buenas, como la descripción de esas imágenes a través del cristal al caer la tarde, este párrafo está cuidado y me ha gustado mucho. Pero en el resto veo las prisas por acabarlo, quizás, para entregarlo dentro del plazo. Y el final no me ha convencido demasiado.
No obstante, es un trabajo complejo, y el autor debería repasarlo un poco cuando esto acabe porque está muy bien.

Un abrazo. Buen trabajo y feliz navidad.
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Re: CN1 - El sentir de una desollada alma

Mensaje por jilguero » 16 Dic 2012 16:44

En general, me ha gustado la historia y me ha gustado el que sea narrada en primera persona. Terror no me ha causado, pero sí angustia, por lo que lo doy por bueno dentro de la temática en su sentido amplio. El final me gusta. No resulta obvio lo que ocurre pero yo doy por hecho que es
un suicidio,
la única forma posible que encuentra el albino de convertirse en alguien igual al resto. El inicio despista un poco, pues parece irá por otros derroteros,
algún homicidio acallado por todos,
pero igual era la manera de convertirlo en navideño.
En lo formal es mejorable, aunque tampoco es que esté mal. Leyéndolo me he acordado de algo que le dijeron a Jilguero, con toda la razón del mundo, de un texto suyo: "no todos los nombres tienen necesidad de llevar adjetivo" (ejemplo: “ Me encuentro en una lúgubre platea vacía, observando la macabra escena. El gélido ambiente..” . Hay también cosas que resultan redundantes, por ejemplo: “en la contemplación del ocaso del día” sería mejor “en la contemplación del ocaso”. Así, como lo que te comenta Nínive de los verbos, algunos no necesarios.
Como solo llevo dos leído, todavía no sé bien cuál es el nivel del resto y, por tanto, cómo calificarlo. Ya lo haré después.
Pero, como ya dije al inicio, en líneas generales me ha gustado tu relato :60: .
(edito comentario: leídos todos, entra en lista a votar por zona media)
Última edición por jilguero el 23 Dic 2012 21:44, editado 1 vez en total.
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Re: CN1 - El sentir de una desollada alma

Mensaje por Shigella » 16 Dic 2012 16:55

A mí esta historia más que de terror me ha parecido un drama. No lo digo porque no me haya dado miedo, porque las historias de terror raramente me lo dan, y me sorprendería mucho que alguno de los relatos del concurso llegue a darme miedo. Lo digo por la historia del chico que no se acepta a sí mismo, me ha recordado a la gente con anorexia y me ha resultado triste.
Quizá me hubiera impresionado más si hubiera sido un poco más extensa la parte en la que creemos que ha sido un asesinato o que lo que ve es un fantasma y se hubiera desvelado más hacia el final lo que pasaba en realidad. De todas formas no es un mal relato.

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Re: CN1 - El sentir de una desollada alma

Mensaje por Yuyu » 17 Dic 2012 09:25

No lo entendí muy bien.No me quedó claro si la figura desollada en el belén era real o producto de la imaginación del chico.El final tampoco lo entendí,no pillé la revelación.También me dejó muy intrigada la carta que envía el psiquiatra para la madre.A ver si leyendo los comentarios me entero de algo.Felicidades de todas maneras por la creación!!!!!!!!! :60: :hola:
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Re: CN1 - El sentir de una desollada alma

Mensaje por Shigella » 17 Dic 2012 12:09

Yo entiendo que era todo producto de su imaginación. Lo del final yo creo que es un suicidio, pero el chico lo ve como que el chico desollado le mata.
Y lo de la carta me imagino que el psiquiatra le diría a la madre que le vigilase, que seguía con visiones chungas y estaba muy paranoico, que se tomase la medicación y cosas así. Pero vamos, todo esto es un suponer. :roll:

¿Lo del título es un juego de palabras con "desolada alma", no? Es que estoy un poco cortita y no se me había ocurrido hasta ahora. :cunao:

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Re: CN1 - El sentir de una desollada alma

Mensaje por Lifen » 17 Dic 2012 15:33

Si el ángel no es producto de su mente el relato es de terror, si el ángel no deja de ser más que una trampa de su mente, no lo es. Así que me gustaría que me lo aclarará el autor, aunque a todos nos ha dado por pensar que es un reflejo de lo que más odia de si mismo y que la cosa acaba en suicidio. Sin embargo, yo querría que el ángel fuera real y que acabara matando al chico pero entonces faltaría explicitarlo de alguna manera en el relato, poner algo que nos diera la pista definitiva.

En cuanto a la forma, he pillado algún laismo (que siempre me molesta un poco) y alguna falta que no se si es de ortografía o de error digital (me refiero a los dedos que se lían en las teclas), por ejemplo: olvidadlo por olvidarlo, pareciendo por padeciendo...
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Re: CN1 - El sentir de una desollada alma

Mensaje por leonita » 17 Dic 2012 15:47

Me ha gustado. Es cierto que un par de lecturas más, o por otra persona, para corregir fallos le hubiera venido bien (Ya se han señalado los que considero errores más notables) pero creo que el relato tiene coherencia interna, está decentemente escrito y deja en el aire la duda de si es asesinato o suicidio.
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Re: CN1 - El sentir de una desollada alma

Mensaje por Lifen » 17 Dic 2012 15:52

Edito que el mensaje no iba aquí si no en el hilo general del concurso :dragon:
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Re: CN1 - El sentir de una desollada alma

Mensaje por shirabonita » 18 Dic 2012 14:10

Como a otros lectores, no me he quedado claro el final. No sé si se trata de un suicidio o el ángel es real y mata al chico. :roll:
Yo también he notado ese par de laísmos que comenta Lifen.
Me gusta mucho cómo empieza el relato, pero a medida que avanzo en la lectura , la obsesión del protagonista se vuelve tan insistente que , personalmente, llega a aburrirme un poco. Demasiada repetición. El final, sin embargo, mejora bastante el conjunto.
Te felicito por el trabajo, pues se nota que te has molestado en buscar una temática original y la parte inicial es realmente inquietante.
Como un gran cielo, color verde claro, desearía que mi corazón fuese así de inmenso. (Emperador Meiji)

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Re: CN1 - El sentir de una desollada alma

Mensaje por Ladrona » 19 Dic 2012 21:24

De lo bueno que rescato del relato es la descripción, me ha parecido muy bueno como describe los detalles y eso le da un punto a la lectura porque logra meternos en ella.

Sin embargo después de la visita al Psiquiatra todo se me hace un poco más apresurado, lo que cambia de forma radical el hilo que traía la lectura, yo también hubiera profundizado en detalles como la carta que envía el médico a la madre, incluso me parece raro que el chico con alucinaciones, paranoias o lo que sufriera fuera solo a la consulta al Psiquiatra, pero bueno eso es un detalle extra :mrgreen:

Respecto al final, me parece que la intención del autor es dejarlo a la imaginación, pero coincido con otros lectores en que a mi también me pareció un suicidio
Leyendo:

La Casa de los Espíritus - Isabel Allende

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Re: CN1 - El sentir de una desollada alma

Mensaje por Dori25 » 21 Dic 2012 14:36

Yo también creo que no vio ningún albino desollado, claro, era su imaginación por eso el psiquiatra le dice; salió en las noticias, mmm sí, claro, cuénteme... (lo de a los locos hay que darles la razón se ve que iba en serio)
Me ha parecido un alma atormentada, pero miedo, miedo, no me ha dado.
Arroz y tartana
Recuento 2019
Este año me he hecho un sandwich fantástico, entre Mariki y Judy.

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Re: CN1 - El sentir de una desollada alma

Mensaje por Isma » 22 Dic 2012 00:08

Me parece un buen relato de terror psicológico. Está bien pensado desde el principio. El muchacho está atormentado por su aspecto físico -apenas si se puede mirar al espejo- y ve a un doble suyo, curiosamente sin piel -el elemento que él detesta-, y que nadie más ve. No se dice así directamente, pero si se le da una oportunidad al relato, todo termina saliendo a la luz porque está pensado de manera coherente.

El ritmo es difícil de conseguir en un relato tan intimista como este. Los diálogos deberían ayudar a hacerlo más ligero, más abierto. El diálogo con el psiquiatra, sin embargo, no me convence mucho, especialmente el Percibo que algo te perturba inicial, que me hace pensar en un pseudomago de canal trasnochado o en el mismísimo Yoda ("Percibo mucho miedo en tí, joven Anakin"). Creo que no es un diálogo muy afortunado.

El final me deja pensando, ¿cómo es que se siente uno más entre muchos? Se refiere al resto de las personas no albinas, imagino, pero me deja con la duda. Lo cual me gusta.

Le doy una nota alta con mérito de haberlo planteado de manera muy coherente y con un objetivo claro. ¡Gracias!

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