CN1 - Navidades bordadas de rojo sobre blanco níveo - Berlín

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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lucia
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CN1 - Navidades bordadas de rojo sobre blanco níveo - Berlín

Mensaje por lucia » 16 Dic 2012 15:37

Navidades bordadas de rojo sobre blanco níveo.

I Capítulo.

¿Y dice usted que le han invitado a pasar el día de navidad en la mansión
de los Forrester? Permítame que me acerque para observarlo mejor. Está
muy delgado, yo diría que en los puros huesos. No le extrañe a usted que el
anfitrión le ofrezca alojamiento por unos días, alegará piedad navideña, puede
incluso que le lea algunos versículos de la biblia.

Veo que me toma usted por un loco. Permítame contarle, forastero,
cómo funcionan las cosas en este pueblo. Tome mi brazo y acompáñeme a
esa taberna de la esquina, yo tomaré absenta, usted puede tomar un plato de
huevos con tocino. ¡No, no sufra, yo invito!

Ayúdeme, buen hombre, a despojarme del gabán, ya ve que me hayo
imposibilitado de un brazo ¿Cómo lo perdí? Es parte de la historia que voy a
contarle. Sentémonos aquí, al lado de los grandes ventanales para contemplar
mejor el paisaje. ¡Observe, amigo, como se derraman los primeros rayos de
luna sobre los tejados nevados! He viajado mucho, pero le puedo asegurar que
este es uno de los pueblos que lucen más hermosos en estas fiestas mágicas.
¡Ah cuánta belleza! ¿Ve aquel árbol gigantesco que se recorta en el horizonte,
sobre el promontorio alto? Es un tejo milenario. ¡Ah! Si yo fuese capaz de
describirle la majestuosidad de los centenarios tejos acariciando, con sus
largos dedos retorcidos, los nombres de los sepulcros! si supiese, si tuviese
la capacidad suficiente para hablarle de la blancura etérea de las rosas que
brotan de sus raíces venenosas.
¡Pero no me permita divagar más, por favor! y ahora escuche:

En los días que preceden a la navidad, cuando el pulso del pueblo se
alborota frenéticamente debido a los preparativos de las fiestas, en esos días
lluviosos en que el hálito del frío confiere un brillo especial a las primeras
nieves caídas, los hombres del pueblo, honrados padres de familia, recorren
las calles buscando a un solitario indigente para sentar a su mesa. Esto sucede
en todos los hogares cristianos, ricos o humildes, en los que abunda, sobre
todo, el espíritu navideño. Es una costumbre ancestral.

William Forrester es un hombre muy rico y poderoso. Todo lo que usted
ve le pertenece. Pero ¡Ay amigo! la desgracia no se deja seducir por alhajas u
oropeles, no entiende el idioma del dinero y tampoco la enternecen los rumores
latentes de la belleza, no, la desgracia cuando se viste de negro es inmune a
los sobornos, es sorda, ciega e ineluctable.

Ocurrió que Forrester se ocupó personalmente de buscar a ese
menesteroso que habría de compartir las exquisitas viandas con su
numerosa y alegre familia. Recorrió el pueblo entre las sombras, pues es allí
donde se guarecen las gentes más paupérrimas; bordeó el rio de colores
caleidoscópicos, y, tras una larga búsqueda, sus pasos desembocaron en

el viejo convento abandonado y allí, acurrucado en los portales de piedra,
encontró lo que le pareció a simple vista un niño de unos cuatro o cinco años,
tiritando de frío y abrazado a un libro de grandes dimensiones. Sucedió que
esta imagen de pobreza extrema enterneció tanto el corazón del viejo Forrester
que a punto estuvo de estrechar al chico entre sus brazos para proporcionarle
calor, cuando unos ojos insondables, inundados de vejez prematura, frenaron
el ímpetu benefactor del hombre. Esa mirada sabia se alojaba en una cabeza
enorme, hiperbólica, desproporcionada, que sobresalía de un cuerpo diminuto,
pero a Forrester, que se consideraba a sí mismo un hombre en extremo
piadoso no le importó semejante anomalía y le suplicó que compartiera su
mesa en las navidades inminentes. Extendió su mano grande para albergar
la pequeña y sucia extremidad del enano, pero éste, avergonzado, se irguió
todo lo que su espina dorsal se lo permitió y caminó a su lado, mas permitió a
Forrester transportar el pesado libro.

Habiendo cruzado ya los portones del hogar, acariciado el lomo del
viejo Natrón y despojado también del sombrero y del gabán, Forrester llamó
alegremente al bloque familiar y este acudió presto a su llamada.

Todos observaron a la extraña criatura y éste, con los ojos
ensombrecidos, los estudió desde un mundo muy lejano. Cuando al fin habló,
su voz era suave y arrulladora, como la de un encantador de serpientes. Dijo
llamarse Pablo, se definió como abandonado, y explicó que provenía de una
familia numerosa, donde la madre, una mujer ciclópea y pelirroja, lo abandonó
a las puertas de un circo ambulante cuando presintió los problemas y las
vergüenzas que habrían de traerle un niño con semejante cabeza coronando
tan escaso cuerpo. De su padre sólo supo su condición ciclotímica y su
posterior suicidio. Confesó también haber dormido muchas noches entre el
abrazo cálido de los chimpancés; se declaró actor, prestidigitador, escapista,
animador de elefantes deprimidos y el mejor contador de historias del mundo.
Avergonzado, ante tal despliegue de desgracias, bajó la mirada hacia sus
deformados pies.

Apiadada, Elisabeth, la pequeña de los Forrester se acercó tímidamente
al enano y tras realizar una graciosa genuflexión propia de una auténtica
damita diole la bienvenida a su casa deseándole al punto una feliz navidad.
Así, de esta manera tan primorosa y no otra, la niña lo invitó a visitar sus
aposentos y una vez en ellos, colocándole un sofisticado sombrerito de plumas
de faisán sobre su microcéfala testa, le ofreció té en una diminuta tacita de
juguete y lo adoptó como mascota.

Pero el enano no tomó ningún aprecio a la niña; por el contrario pasaba
las tardes previas a las fiestas contándole terroríficas historias que la hacían
temblar. Le habló de sarcófagos enterrados bajo montañas piramidales de
piedra, de momias egipcias resucitadas en la noche, híbridos muertos con
cuerpo de hombre y cabeza de cocodrilo, de seres putrefactos que emergían
de los estigios oscuros, y le habló extensamente de un libro demoníaco escrito
por un árabe malvado y loco. Un libro antiquísimo —le aseguró a la pequeña—
fabricado con piel de serpiente, un manual prohibido con el que el árabe
juraba en latín que se podía resucitar a los muertos. La pequeña, pálida pero

fascinada, rogó al enano que la llevara a ver esos monstruos del inframundo.

Paseo al anochecer II

La noche previa a la cena de navidad Pablo tomó a Elisabeth de la mano
y la condujo hasta las afueras del pueblo; cruzaron el bosque espeso y oscuro
como boca de muerto, no hablaron por el camino, pues el enano aseguró
a la niña que en el silencio se definen con más claridad los lamentos de los
muertos. Un viento helado aullaba arrancando fúnebres melodías, que se
gestaban en los vientres huecos de los árboles podridos.

La entrada a la gruta hallábase camuflada con arbustos debidamente
colocados, que Pablo apartó con rapidez para acceder al interior y allí,
amparándose en la oscuridad abismal, el enano golpeó fuertemente a la
niña en la cabeza dejándola sin sentido, arrastrándola después de los largos
cabellos por el escarpado suelo de la caverna. En el interior de la gruta
el silencio era sepulcral, violado tan sólo por las extrañas psicofonías que
portaba, de tanto en tanto, la lengua pérfida del viento helado. Los golpes
sordos de la cabeza sangrante de la niña al chocar contra el suelo lacerante
se fundían con el rechinar de dientes del enano enfurecido, que sudaba
copiosamente arrastrando el cuerpecito magullado.

El descenso fue lento y tortuoso, pues la niña, habiendo recuperado el
conocimiento, peleó salvajemente arañando a su captor, y aterrorizada chilló y
chilló y su úvula enloquecida sonó metálica como una campana despertando
los sueños allí dormidos y algunos ojos se abrieron y los gritos rebotaron
cacofónicamente contra el silencio obstinado de las rocas chorreantes,
putrefactas.

Pablo, furioso, le cubrió la boca con fuerza y la conminó a guardar
silencio, pues se hallaban en el núcleo del sagrado hipogeo, y allí sería donde
él la mataría a ella ofreciéndola en sacrificio al Gran Desconocido y éste
recompensaría la dádiva ofrecida en su honor posando su aliento fétido en su
frente.

Sí, pequeña —díjole mirándola a los ojos aterrorizados— te diré antes de
sacrificarte que el gran Desconocido es el mal primero, la fuente donde todos
los terrores manan y se transforman en otra cosa. El mundo es una manzana
podrida, bella Elisabeth, y Él lo sabe y se alimenta de ello; su proceder es
extraño y se adecúa a las circunstancias; a veces se presenta como un terror
indescifrable, como un viento helador que se introduce en el alma, otras tan
sólo es una sombra que se intuye por el rabillo del ojo; en ocasiones es un
golpecito tras los cristales y cuando el escuchador se asoma en el exterior
reina la nada más desoladora; y prestidigitador como es del terror más absoluto
se manifiesta en otras ocasiones tras una cara sonriente, ¡pero desconfía,
niña, de su sonrisa de tarántula! Y otras ¡ah maravilla de la podredumbre!...
sí, a veces, sólo a veces, se transforma en un gusano, un animal correoso
de dimensiones grotescas, que se arrastra dejando mucosidades ácidas a su
paso, ¡y cuando abre la boca, cuando la abre puedes ver dentro de ella, entre
la oscuridad más profunda, los ojos despavoridos de las almas que no aceptan

su destino!

Porque en el libro, dulce Elisabeht, está escrito “Que no está muerto lo
que yace eternamente”. Libro I capítulo 42 del…

Cuando el enano diose la vuelta para comprobar el efecto lapidario de sus
palabras, la niña ya no estaba.
Escapó aprovechando el fervoroso discurso del enano, que ya declamaba
en voz alta y con vehemencia, como si aquel que se arrastra pudiese escuchar
sus alabanzas.
Y Elisabeth corrió, corrió todo lo que le permitieron sus piernas flacas y
elásticas, y no se extravió entre las brumosas galerías pestilentes porque el
aullido del viento tiraba de sus ropajes raídos, y al fin, tras un tiempo que no
puedo especificar, emergió de la gruta con las manos ensangrentadas y la
mirada vacua.

Una mano amiga III

¡Ah, pero que descuido el mío! Se preguntará usted, lógicamente, que
hacía yo por aquellos parajes desolados a tan avanzada hora de la madrugada.
Intentaré satisfacer su curiosidad manteniendo, no obstante, la total discreción
que todo caballero debe a una dama.

Escapábame yo aquella noche de una cama tibia, de la cárcel segura
de unos pechos melíferos, cuando, aún borracho, decidí cruzar el bosque
caminando junto a mi caballo para ponerme a salvo de aquellos ojos negros
que anulaban mi escasa voluntad y de aquellas piernas que se enredaban
alrededor de mi vientre intentando encarcelarme.

Caminaba silbando, feliz y a buen paso, a salvo ya del peligro que
ocasionan los amores inconvenientes y extasiado ante el fulgor extraño de la
luna, cuando tropecé con una rama cayendo de bruces contra el suelo. ¡Fue
entonces cuando la vi! ¡Aovillada entre la nieve, con las manos llenas de barro
y la cabeza empapada de sangre! Alarmado ante tal hallazgo y sujetando a mi
caballo, que vaticinando problemas relinchó despavorido, intenté incorporarla
y mitigar su frío con mi capote cuando una turba enloquecida se abalanzó
sobre mí, reduciéndome por la fuerza. ¡Cincuenta brazos me sujetaron por
todos lados y un acero afilado sesgó mi carne de un tajo! La sangre brotó
incontenible en todas las direcciones, manaba enloquecida y espesa. La pálida
niña observaba, hipnóticamente, el rojo líquido en su vertiginoso ascenso y
luego su lenta caída en forma de lluvia viva, derritiendo con el calor del antiguo
latido la frialdad de la nieve inmaculada. Sobre la nieve, mi mano cortada
señalaba la entrada de la gruta y hacia allí se dirigió la turba enfurecida. La
niña corroboró la señal de mi dedo índice y yo me desmayé.

La muñeca se gangrenó y tras unas fiebres terribles tuvieron que
amputarme el brazo hasta más arriba del codo. Pero… ¡Se preguntará usted
qué sucedió con la niña y el enano!

Supe luego que la pequeña falleció a los pocos días entre delirios
y horribles visiones. Suplicaba a su padre que no se acercara a la gruta
escondida, pues allí descansaba el mal primero, el desconocido, el que late
agazapado tras las puertas cerradas. Hablaba de un gusano enorme que se
deslizaba, con su apestoso aliento a eternidad, alimentándose de los miedos,
provocando la locura de aquel que osara mirarle a los ojos, pues en ellos
comenzaba el gran abismo y en el fondo de éste dormía expectante el gran
secreto. Y en los momentos suaves, cuando la fiebre daba paso a una brillante
lucidez, rogaba mimosa al afligido padre un libro de cuentos escrito por un
árabe loco, como regalo navideño.

¿Qué ocurrió con el enano, pregunta usted? Nunca más se supo de él. La
expedición regresó con la niña moribunda y Forrester pagó por el silencio de
cada uno de ellos.

Pero esto que le cuento, mi buen amigo, sucedió la navidad pasada y
seguro que el viejo Forrester ya anda recuperado de aquella locura extraña,
que dicen que asola su razón desde la muerte de la pequeña Elisabeth,
cuando juró que… ¡Pero hombre, su cara se ha tornado macilenta y sombría!
Escuche, el bueno de Forrester juró vengar a la pequeña, incluso farfulló entre
espumarajos algo sobre horripilantes pactos diabólicos, algo sobre un libro de
resurrecciones escrito por un árabe demente, pero entienda usted que esto
aconteció el día del sepelio y el pobre hombre se encontraba bajo los efectos
de fuertes drogas, administradas para calmar el dolor del espíritu.
¡Pero hombre, ríase conmigo y bebamos otro vaso de absenta! ¡No olvide
que estamos en Navidad! Después yo mismo le conduciré gustosamente hasta
las puertas de la mansión Forrester, mas me perdonará si no le acompaño más
allá del portón.

Una mesa bellamente adornada. IV

La escena era muy acogedora; unos troncos crepitaban alegremente en la
chimenea, donde una docena de calcetines de lana aguardaban la llegada de
Santa Claus. El árbol navideño se erguía magnífico y prometedor, rebosante de
estrellas y pequeños paquetitos adornados de oropel y plata. Tras los cristales
bordados de nieve un grupo de niños con gorritos de lana y naricitas heladas
cantaban alegres villancicos.

La gran mesa lucía radiante y esplendorosa. Dos candelabros de plata
la dividían en tres partes: dos lindas cestillas de rosas frescas a los lados y
ocupando el espacio central descansaba una enorme y ornamentada bandeja
de plata. El indigente, sentado de manera privilegiada a la izquierda del
anfitrión, escuchó el solemne discurso navideño cargado de buenos deseos y
agradecimientos; prestó luego una especial atención al pasaje bíblico dedicado
a la oveja perdida y al pastor benevolente que abandonó el rebaño para
recuperar a la doliente y descarriada oveja. Tras el unánime amén de rigor,
Forrester solicitó al pobre que hiciera los honores.

Azorado, ruborizado ante tal honor así lo hizo el aludido y tomando
torpemente los útiles de trinchar acercóse tímidamente a la hermosa bandeja
destapándola muy lentamente, con sumo cuidado.

¡Mas la tapadera, cual animal salvaje incapaz de dominar, escapó de
sus manos ocasionando un gran estrépito al estrellarse contra el suelo! El
sonido ensordecedor de la plata rebotando contra los suelos de mármol en la
noche tranquila sonó como el monstruoso estallido de un trueno. El invitado,
empalidecido y tembloroso, se retiró de la mesa dando unos torpes pasos hacia
detrás. Tocóse, despavorido y con los ojos desorbitados, las magras costillas,
rememorando las palabras del caballero manco sobre la escasez de su carne;
recordó la historia en segundos que parecieron una vida, y, aterrorizado,
observó a su anfitrión, el rico y poderoso señor Forrester, que le sonreía con
dientes lobunos y las manos extendidas. Miró después a los comensales que le
devolvieron la mirada de manera vacua y recordó… ¡El juramento! ¿Pero qué
pactos podrían ser aquellos y con quién? Cuando, al borde de la inconsciencia,
pensó que las piernas no le sostendrían más un sonido oxidado y quejumbroso
atrajo su atención. En el jardín, iluminada por la luna y bajo los copos de nieve,
una niñita rubia se columpiaba lentamente, saludando alegremente a papá con
su manita. De la cabeza, antaño dorada, colgaban ahora corrompidos jirones
de carne verde donde múltiples legiones de gusanos sorbían y devoraban
silenciosos. Y sobre sus rodillitas… ¿Qué era aquello? Su enloquecida mirada
se fijó en un enorme libro de grandes tapas oscuras, ¡El libro demoníaco! ¡El
libro prohibido que escribió aquel árabe loco! ¡Lo entendió todo!

En ese instante dos certezas tomaron forma: supo que la navidad
siguiente le tocaría a él y que nunca saldría de allí. Tomó asiento de nuevo
entre los comensales y colocó, con resignada parsimonia, la servilleta de lino
sobre sus rodillas temblorosas.

Y por segunda vez en aquella noche volvió a enfrentarse con su destino,
pues en la bandeja de plata, todavía humeante y sobre un lecho de rosas
rojas con cebollas tiernas, yacía, aún perplejo y macrocefálico, el enano, y
silenciaba para siempre su boca una bella y reluciente manzana asada.

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Nínive
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Re: CN1 - Navidades bordadas de rojo sobre blanco níveo

Mensaje por Nínive » 16 Dic 2012 21:58

¡Hola camarada del pánico!
Dos collejas te voy a dar, porque está muy bien escrito pero se te han colado dos fallos absurdos y cuando los veas te vas a morder la lengua.
Primero un hayo cuando es hallo.
Segundo, un microcefálico cuando es macrocefálico en relación al enano.
Y hay una frase que no entiendo: "acariciado el lomo del viejo Natrón", porque he buscado natrón y es una sal sódica. :?:

Aclarados esos puntos. Me ha gustado mucho, incluso lo recargado del lenguaje (y eso que esas florituras, ya lo sabeis, no son santo de mi devoción), pero el ritmo está mantenido y no se me ha hecho pesado.
Otro relato que he acabado con una sonrisa (y debería haberme dado miedo), con ese final, manzana en la boca incluída. Por cierto, ¿al enano no lo atraparon hasta esas navidades, o lo han mantenido congelado para tamaña ocasión.? :cunao:
Mi página: Curvas de tinta y tatuajes del alma

Y el aullido del lobo negro se coló bajo la piel nevada de la loba...

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Re: CN1 - Navidades bordadas de rojo sobre blanco níveo

Mensaje por Isma » 17 Dic 2012 00:16

Me da que este relato tiene gato escondido, oculto en la cueva o mina o lugar subterráneo de oscuras implicaciones. Pero vayamos a lo principal; es un relato navideño inspirado en Lovecraft, tanto por la mención al libro del árabe desquiciado como por la locura colectiva que se apropia de pueblos enteros. La narración es muy buena aunque un pelín confusa, por lo complejo de la presentación; el manco le habla a un mendigo, que podría ser el lector. Y en la charla que mantiene con él -silencioso, igual que un lector- se encuentra la historia. Este enfoque tiene mérito aunque sube la dificultad, por eso, decir que aún debe trabajarse no es decir que es malo, sólo que queda cerca del listón en las alturas. Un aspecto de esa confusión es que es imposible que el manco conozca todos los hechos que se narran ¿o acaso la niña pseudocatatónica relata todo lo ocurrido en la cueva, incluso el discurso del enano que nadie más oye?

Sigue siendo en cualquier caso una narración excelente y exigente hecha con inteligencia y astucia.

Algunas pegas concretas, que quizás no lo sean:
- ya ve que me hayo imposibilitado de un brazo - ¿hayo, o hallo?
- Cuando el enano arrastra a la niña inconsciente del pelo, ¿cómo es que su cabeza va golpeando el suelo? ¿O es que la niña era un hobbit y la arrastra de los pelos de los pies?
- rocas putrefactas - Hmmm. Hombre, supongo que podemos decir que la arena de la playa viene de rocas putrefactas...
- El manco, ¿cómo perdió la mano? Imagino que los que buscaban a la niña lo encontraron y lo tomaron por el secuestrador, para luego comprender su error y dirigirse a la cueva. Pero no me queda nada claro.

En fin, pese a todo me ha parecido un relato notable, conjugando tradición navideña con Lovecraft, que no es poco. Cómo me gustan los concursos de relatos de este foro...

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Re: CN1 - Navidades bordadas de rojo sobre blanco níveo

Mensaje por ukiahaprasim » 17 Dic 2012 16:23

efectivamente, el libro ha de ser el Neconomicon. De hecho, la cita iniciada es, en version completa:
«Que no está muerto lo que yace eternamente, y con los eones extraños incluso la muerte puede morir»
el Arabe es Abdul Alhazred, y posiblemente el gran desconocido sea uno de Los Antiguos

Todo es lovecraftiano en este relato... de hecho, hasta la imagen del gusano de dimensiones gigantescas, es una imagen reiterativa en este mundo, y esta señalada por ejemplo, por otros de los grandes libros malditos: "De vermis mysterii"

Es mas, incluso la forma del relato, con el forastero al que cuentan una historia del pueblo en una posada, es un clasico Lovecraft.... Solo hecho de menos una buena multitud de profundos... esos encantadores seres de forma batracida adoradores de Chtuluh.... que se hubieran sumado a los Forrester, para dar buena cuenta del forastero...

Pero no se tome esto el autor como una critica, porque a mi el relato me parece un estupendo homenaje a una buena coleccion de clasicos del genero... algo que se agradece enormemente.

Dejo todas las dudas de "como sabia el manco..." en manos de la licencia literaria, para destacar lo que a mi si que me parece en cierto modo un error:

El problema no es como sabe el manco todo lo que paso, sino como sabe el manco todo lo que va a pasar... porque si todo sucedió como se apunta el año pasado, esta será la primera vez que los Forrester tengan un invitado a su banquete especial......

La logica nos indica que para que el manco lo cuente, todo esto ya debiera haber pasado mas de una vez...
... con varios forasteros que han sido invitados a participar en el banquete en forma de vianda... en cuyo caso, no sería el enano el que estaba presente en la fuente, sino que nuestro actual protagonista debiera estar dando cuenta del forastero del año pasado... ¿no?

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Re: CN1 - Navidades bordadas de rojo sobre blanco níveo

Mensaje por ukiahaprasim » 17 Dic 2012 16:33

Isma escribió:- Cuando el enano arrastra a la niña inconsciente del pelo, ¿cómo es que su cabeza va golpeando el suelo? ¿O es que la niña era un hobbit y la arrastra de los pelos de los pies?


¿un buen pelo largo?.... Si la longitud de la melena es mayor que la altura a la que se situa la mano del enano, puedes arrastrarla del pelo, y que simultaneamente su cabeza esté por el suelo..

(trigonometria basica, eh!!!, nada de experiencia empirica, que conste)

Isma escribió:-
- El manco, ¿cómo perdió la mano? Imagino que los que buscaban a la niña lo encontraron y lo tomaron por el secuestrador, para luego comprender su error y dirigirse a la cueva. Pero no me queda nada claro.


La turba le corta la mano:
" ¡Cincuenta brazos me sujetaron por todos lados y un acero afilado sesgó mi carne de un tajo!"...

es más, luego la simpatica mano queda señalando a la gruta... un detalle de lo mas macabramente delicioso

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Re: CN1 - Navidades bordadas de rojo sobre blanco níveo

Mensaje por Isma » 17 Dic 2012 16:49

ukiahaprasim escribió:
Isma escribió:-
- El manco, ¿cómo perdió la mano? Imagino que los que buscaban a la niña lo encontraron y lo tomaron por el secuestrador, para luego comprender su error y dirigirse a la cueva. Pero no me queda nada claro.


La turba le corta la mano:
" ¡Cincuenta brazos me sujetaron por todos lados y un acero afilado sesgó mi carne de un tajo!"...

Me he expresado mal. El cómo está claro -el texto que has reseñado-, lo que no se dice es el por qué, que yo supongo debido a que se le confunde con el secuestrador.

La nota que haces sobre el enano vidente es también cierta, no me había dado cuenta.

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Re: CN1 - Navidades bordadas de rojo sobre blanco níveo

Mensaje por jilguero » 17 Dic 2012 17:14

Casualmente está Jilguero releyendo La sombra sobre Innsmouth de Lovecraft y, nada más iniciar el relato, se me han entremezclado imágenes de ambos. Pero, como dice Ukiah, beber de alguien como Lovecaft no es un demérito en absoluto (diás atrás he tenido una sensación parecida leyendo una escena de Mieville). Y justo la principal pega que le pongo, es que a esa ambientación quizás le va mejor una resolución más ambigua, con más insinuaciones que hechos precisos, con más sombras y penumbras que imágenes nítidas, como la del enano
con la manzana en la boca
que, a su vez, me ha hecho recordar una peli de Greenaway: El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante. Es decir, que la lectura del relato se ha visto enriquecida con el imaginario que Jilguero tiene en la cabeza y eso, si bien le ha restado un pelín de originalidad, le ha sumado la facilidad y placer con que te ha leído.
En lineas generales, me ha gustado mucho. Buen nivel estoy viendo. :60:
El esfuerzo para llegar a las cimas basta
para llenar un corazón de hombre



Los hilos de Ariadna :60: El niño del tirachinas

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Agüita y fanguito de mis entretelas forever

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Re: CN1 - Navidades bordadas de rojo sobre blanco níveo

Mensaje por ukiahaprasim » 17 Dic 2012 17:17

Isma escribió:Me he expresado mal. El cómo está claro -el texto que has reseñado-, lo que no se dice es el por qué, que yo supongo debido a que se le confunde con el secuestrador..


Ah!!!!, Ok!!! :60:

si, yo tambien saco esa misma conclusion...

Por cierto, que se me habia olvidado comentar el detalle chusco del enano cabezon, tan ensimismado soltando su discurso, que la niña se le da el piro....

Regla numero I del villano que quiere destruir el mundo: primero matar al prota, luego soltar la perorata... No tiene la misma fuerza escenica, ni ofrece la misma satisfaccion del ego, pero es que de lo contrario, siempre se escapan y desbaratan tus planes..


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Re: CN1 - Navidades bordadas de rojo sobre blanco níveo

Mensaje por Berlín » 18 Dic 2012 09:56

Querido autor anónimo y visceral:

tengo que dar la razón
a la de las collejas,
tienes algunas faltas de cajón
y es una pena,
porque ese microcéfalo me ha dolido el corazón,
lo que ocurre es que creo que ha sido un despiste.

Bueno, el tema del libro "Necronomicón" me ha llamado mucho la atención (no sé que me pasa hoy que todo lo escribo en verso :oops: ) y me he ido hasta santa wiki para informarme un poquito y es superinteresante ese tema, del que no tenía ni idea. Resulta que es una invención del maestro Lovecraft, pero además está todo tan bien montado que existe incluso gente que lo ha querido adquirir (cuidado con los timos) y además está inscrito como material existente en alguna biblioteca :shock:. Me parece alucinante.

Si, es cierto que veo fallos, sobre todo los que te han apuntado Uckia e Isma. Creo que sería muy prudente a la hora de escribir mirar el relato con una cierta distancia, a modo de lector, para verlos. Imagino que todo estará tan claro en tu cabeza que esos fallos no los has visto.

Preguntas:

¿Estaba ese enano congelado para servir esa Navidad?
¿fue tal vez el manco palpado también en algún momento y por eso intenta advertir a ese forastero?

soy muy amante de los clásicos del terror y el relato me ha parecido muy correcto, pero quedan cabos sueltos, agusanado y verde autor.

feliz navidad.
"Que escribir y respirar no sean dos ritmos diferentes"

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Re: CN1 - Navidades bordadas de rojo sobre blanco níveo

Mensaje por Dori25 » 18 Dic 2012 20:55

OLE OLE Y OLE!!!

:grupo: :eusa_clap: :luxhello: :marie_bow:

Me ha gustado mucho ¿se ha notado? El principio rápido, interesante y luego va in crescendo, el final, bueno, si, pero me ha gustado más el principio y la historia de Elisabeth la verdad.

Favorito sin duda!!!
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Re: CN1 - Navidades bordadas de rojo sobre blanco níveo

Mensaje por Lifen » 19 Dic 2012 12:48

Pues si, también me ha gustado a mí y también me hago las mismas preguntas que Ukiah, Isma y luego Berlín se hacen, sobre todo lo del manco. Y lo de las faltas también.

Uf, que poco me gusta comentar cuando ya lo han hecho tantos. Me quedo sin nada que decir :mrgreen:

Yo no se si hubiera servido al enano en la mesa, igual hubiera decidido otra venganza. Es que eso de comer carne humana en cualquiera de las variedades que nos ha ofrecido este concurso lo llevo fatal. Nunca me ha gustado :cunao: Si que me ha gustado y mucho, el detalle de la niña saludando a papá desde el columpio.
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Re: CN1 - Navidades bordadas de rojo sobre blanco níveo

Mensaje por Ladrona » 21 Dic 2012 08:39

A mi también me ha gustado muchísimo el relato, debo reconocer que se encuentra entre los favoritos que he leído hasta el momento.
Leyendo:

La Casa de los Espíritus - Isabel Allende

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Re: CN1 - Navidades bordadas de rojo sobre blanco níveo

Mensaje por Yuyu » 21 Dic 2012 19:33

Buena historia y bien contada.Me ha gustado,felicidades!!!!!
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Re: CN1 - Navidades bordadas de rojo sobre blanco níveo

Mensaje por Gavalia » 22 Dic 2012 00:44

Tiene partes que centran mi atención y tiene otras en las que me pierdo. No se bien a que achacarlo pero el caso es que así me sucede. Debo esforzarme para volver a centrarme. también puede ser la hora, y que ya me bailan las letras, así que volveré a intentarlo mañana. Lo que tengo claro es que es bueno, pero ahora mismo no término de tenerlo claro.
La mamá arropaba a su pequeño niño invidente mientras le susurraba al oído...
Si no te portas bien... cambio los muebles de sitio... :twisted:

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Re: CN1 - Navidades bordadas de rojo sobre blanco níveo

Mensaje por kharonte » 22 Dic 2012 15:28

Pues nada.. creo que me uno al batallón de correctores...

Como recreación de un relato lovecraftiano, me parece una buena idea. Comparto también la opinión de que lo sucedido en la cueva no debería ser contado por el manco. Sobre todo, porque le quita capacidad de sorprender a las "revelaciones" de párrafos posteriores, que entonces resultan redundantes.

Luego, aparte de los errores ortográficos, yo señalaría una expresión que me ha confundido..

Intentaré satisfacer su curiosidad manteniendo, no obstante, la total discreción
que todo caballero debe a una dama.
imagino que se refiere a la dama con la que se encontraba el narrador, pero esto sólo después de una relectura atenta. En la primera expresión, me dio a entender que había confundido el sexo del protagonista y era una mujer...

¿Qué más? El cambio de narrador en el pasaje final creo que rompe con el relato, y que se podría buscar la forma de mantener la estructura "dialogada" de lo anterior.

Ojo, que no considero que esto haga malo al relato. Sólo que lo desmejoran, cuando la idea y el ritmo son bastante interesantes.

Saludos, y suerte para las votaciones.
Nunca sabes de qué eres capaz, hasta que te pones a ello.

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