CN1 - Bloody Noel - Gisso

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lucia
Cruela de vil
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CN1 - Bloody Noel - Gisso

Mensaje por lucia » 16 Dic 2012 15:59

Bloody Noel

25 de diciembre; 7:43 AM. En algún lugar de España.

La noche llegaba a su fin y el amanecer comenzaba a dibujarse en el horizonte. La casa se
encontraba en silencio, iluminada por unas pocas luces navideñas. En la chimenea se escuchó
un “plop”, seguido de una pequeña nube de hollín: Papá Noel había llegado. Tosió un poco
mientras se limpiaba y soltó un par de maldiciones protestando por la suciedad que contenía la
“entrada”. Por fin había acabado de repartir los regalos un año más por los pelos y esa era su
última casa. Se encontraba muy cansado. Trabajaba tan sólo una noche, era cierto, pero... ¡Vaya
noche!

Se acercó de puntillas al árbol y comenzó a dejar los regalos. De nuevo maldijo en silencio
al comprobar que le faltaba uno y que en otro se había equivocado. Era difícil no cometer
fallos con tal cantidad de trabajo y presión, pero era una cosa que lo hacía cabrear. Recogió las
golosinas que los pequeños le habían dejado como ofrenda y utilizando de nuevo la chimenea,
ascendió al tejado. Una vez allí, comprobó que tenían una pinta deliciosa, pero ya se había
excedido esa noche. La voz de la señora Noel resonó en su cabeza, advirtiéndole que el azúcar y
colesterol lo tenía por las nubes: “¡nada de excesos, querido mío!”. Sonrió al recordarla y de lo
que le iba a hacer cuando llegara, mientras se acercaba a sus renos y repartía las golosinas.

—Vámonos Rudolph, Vondin, Danzarín, Pompón, Juguetón, Cometa, Cupido, Trueno y
Relámpago, ¡volvamos a casa! Jou, jou, jou...

Mientras Papá Noel se alejaba para comenzar su merecido descanso, pero no antes de tener unos
momentos de pasión con la señora Noel, tres figuras tenebrosas emergieron en la oscuridad de la
casa. La familia al completo que vivía allí, los padres y sus tres hijos, se debatían en un rincón
por soltarse de sus ataduras y mordazas.

—Parece que hemos cumplido la misión. Ahora todo es cuestión de tiempo.

—Sí, espero que esta vez sea su fin. No me gustaría acabar en la cola del paro.

—¿Y qué hacemos con estos? —comentó la tercera figura, mientras señalaba a la familia.

—Nos han visto las caras y aparte, son creyentes de Papá Noel. Matémosles.

Las tres figuras comenzaron a reír cruelmente mientras sacaban unos cuchillos afilados
y conectaban el equipo de música. La familia se retorcía aún más, lágrimas recorrían sus
mejillas, sus gemidos eran ahogados por los cánticos de “Noche de paz”. La carne fue atacada
y trinchada en múltiples ocasiones, mientras la alfombra se empapaba de sangre, tripas y otros
elementos corporales. Las primeras luces del alba navideña se tiñeron de rojo. Al acabar el
trabajo, mientras limpiaban los cuchillos en las cortinas, una figura preguntó a la otra:

—Por cierto ¿de dónde sacaste el frasco con el que impregnaste las golosinas? Me pareció ver el
símbolo de riesgo biológico y un paraguas...

—Es un secreto —contestó, mientras le guiñaba un ojo.

25 de Diciembre; 10:16 AM. En algún lugar recóndito de Laponia.

Después de un largo pero rápido viaje, regresó a su hogar secreto en Laponia. No era el primero
en llegar, así que se unificó con el trineo y su cuerpo principal en la zona de espera. El final del
desdoblamiento siempre le producía dolor de cabeza y aún faltaban dos por llegar. Por suerte no
tardaron demasiado y por fin pudo entrar en Finca Noel. Todos los duendes salieron en silencio
para ofrecerle sus respetos, ya conocían su irascibilidad tras la dura noche de trabajo. Señora
Noel también salió y lo abrazó nada más verlo. Él la besó con frenesí.

—Vamos cariño, acompáñame a la cama. Yo sé como quitarte ese dolor de cabeza.

Papá Noel sonrió y se dejó llevar. Los duendes también soltaron risitas lascivas y marcharon
a sus lugares de trabajo, tenían que comenzar a prepararlo todo para el año siguiente, no había
tiempo para el descanso. Nueve duendes acompañaron a los nueve renos a su cuadra, pero les
costó más que de costumbre, se encontraban muy nerviosos. Un fuerte temporal de nieve se
aproximaba por el horizonte.

26 de diciembre; 5:54 AM. Finca Noel.

—¡Señor Noel, señor Noel! ¡Despierte por favor, es una emergencia!

El incesante aporreo en la puerta, despertó y alertó a un fatigado Noel. Apartó con cuidado a su
señora y se puso los calzones antes de abrir la puerta. La voz implorante de un duende perforó
sus tímpanos.

—Por favor, señor Noel, corra a los establos, algo terrible está ocurriendo... Rudolph y el resto
se han vuelto locos. ¡Se están atacando entre ellos!

Se puso una chaqueta y empezó a correr. En el lóbrego exterior, el frío, el viento y la nieve
golpeaba y tambaleaba su cuerpo. Tal como se iba acercando al establo, gritos de pánico, golpes
sordos y bramidos, impregnaban de terror la noche. Duendes corrían de aquí para allá antorcha
en mano. La escena que descubrió cuando entró lo paralizó. Restos descuartizados de renos y
sangre cubrían el suelo, tan sólo tres de ellos continuaban en pie: Rudolph, Pompón y Trueno.
Estos dos últimos estaban enzarzados en una cruenta lucha a muerte, mientras Rudolph se
dedicaba a devorar el estómago abierto de Cupido. Un duende se acercó para separarlo por la
espalda, pero dándose cuenta, se giró con rapidez y lo atravesó por la barriga de parte a parte
con una de las astas. El pobre duende, aún vivo, se agarró a ella en un intento de sujetarse, pero
el reno comenzó a bambolear la cabeza con dureza, partiéndolo por la mitad y lanzado ambas
partes lejos de él, quedándose tan sólo unos restos de tripas sujetas a su cuerno. La mirada
demente y sangrienta de Rudolph se cruzó con la de Noel y luego, continuó con su festín.
Trueno abatió a Pompón y varios duendes aprovecharon para echarse encima y detenerlo. Al fin
Noel reaccionó y salió corriendo hacia la casa.

Entró apresuradamente, casi sin aliento, dando un fuerte golpe a la puerta. Fue directo al
armario donde guardaba su escopeta, cogiéndola, cargándola y llenándose los bolsillos de
cartuchos. Señora Noel bajó en camisón y viendo a su marido, le preguntó muy preocupada:

—¿Qué pasa amor mío?

—¡Nada! —contestó de mala manera—, cierra la puerta en cuanto salga y vuelve a tu habitación
—al ver la cara asustada de su mujer, se acercó y agarró su mano con una caricia—. Por favor...

Regresó con la escopeta cargada. La escena era ya más que dantesca. Varios duendes yacían
ensangrentados en el suelo: algunos gritaban de dolor con heridas abiertas o fuertes contusiones,
otros ya no se movían. Uno de ellos ofrecía un ángulo extraño en el cuello, que encontrándose
boca abajo, sus ojos sin vida observaban al techo. Sus ayudantes ya no intentaban inmovilizar
a los renos, sino matarlos. Los atacaban con palos, rastrillos o cualquier otra arma. Rudolph, en
la parte más alejada, acababa de estrellar a uno de sus atacantes, reventando su cabeza contra la
pared, manchándola de sangre y materia gris. Trueno se encontraba más cerca y rodeado, pero
no conseguían acabar con él por muchos golpes que recibiera. Noel se acercó lentamente con la
escopeta en alto, hasta tenerlo a tiro.

—¡Apartaos! —ordenó con un bramido. Los duendes lo observaron un momento y de inmediato
se tiraron al suelo. Un disparo resonó en la noche, apagado enseguida por el fuerte vendaval.
Le dio en el costado e hizo que se tambaleara, pero no cayó. Se giró hacia un sorprendido
Noel, “ese tiro tendría que haber tumbado a un toro”, pensó. Trueno, en un intento desesperado
por sobrevivir, se lanzó a por su atacante. Apuntó de nuevo, esta vez a la cabeza. Un segundo
disparo y el reno se desplomó a menos de un metro con la testa reventada. Trozos de cráneo,
cerebro y sangre salpicaron a un tembloroso Noel. Todo quedó en silencio. Poco a poco, levantó
la vista y sus miradas se cruzaron: la suya y la demencial de Rudolph. Este resopló y golpeó con
los cascos en el suelo en señal desafiante. Noel cargó de nuevo la escopeta. Pero un alarido de
horror desde la entrada hizo que los contendientes se giraran hacia allí, donde se encontraba una
sollozante y sobrecogida señora Noel.

—¡Vete! ¡Huye! ¡No te quedes en la puerta! —gritó Noel, pero era demasiado tarde: Rudolph
escapaba en esa dirección con las astas por delante. Noel disparó en dos ocasiones, pero erró en
ambas. Señora Noel no pudo hacer nada cuando el perturbado reno la embistió.

26 de diciembre; 7:19 AM. Alrededores de Finca Noel.

Dos figuras vestidas de camuflaje comenzaron a alejarse de la finca inquietos, internándose en
el oscuro bosque y protegidos por el vendaval.

—¡Por el niño Jesús! ¿Qué está pasando? —comentó a su compañero por el intercomunicador.

—No lo sé, pero esto no va bien. No es para nada lo que habíamos planeado. ¡Jodido tarado!
Qué es lo que llevaría el puto frasco... Me dan ganas de pegarle un tiro entre ceja y ceja.

—Mantengamos la calma, esta noche llegan y luego, obraremos en consecuencia...

26 de diciembre; 5:35 PM. Finca Noel.

El temporal arreciaba, haciendo penosos los trabajos de limpieza y traslado de heridos.
Amontonaron los cuerpos de los renos en una esquina del establo y los cubrieron con nieve.
Hicieron otro montículo con los cuerpos maltrechos de siete duendes. Por el momento, no
podían hacer más. Noel no se paró a pensar en todo lo ocurrido, tenía una preocupación mucho
más grande ahora: su mujer. En el último momento, su señora se había apartado lo suficiente
para que no la golpeara de frente con el asta ensangrentada, pero sí en el brazo, donde tenía una
horrible herida abierta y el hombro dislocado. La llevaron entre gritos de dolor a la finca y la
tumbaron en su cama. Noel la estuvo curando lo mejor que pudo y vendó la herida. Para mitigar
el dolor le suministro varios sedantes. Ahora dormía con la respiración entre cortada y el rostro
compungido.

Intentaron pedir ayuda, pero todo iba de mal en peor: se encontraban incomunicados. Parecía
que el temporal había cortado las líneas telefónicas, los móviles estaban sin cobertura y la radio
no daba ningún tipo de señal. Y tras la muerte de los renos, el trineo estaba inutilizado. Noel
se encontraba cabizbajo sentado al lado de su mujer, cogiéndole una sudorosa mano derecha:
tenía fiebre. Su mente perdida no podía pensar en otra cosa más que en ella y lo seguía haciendo
cuando dos duendes entraron en la habitación.

—Señor Noel, no queremos molestar, pero necesitamos hablar con usted un momento...

—Decidme, pequeños —contestó de forma apática sin levantar la mirada.

—Bueno... las cosas se están poniendo feas. Los heridos se mueven inquietos por el dolor y
cogen una extraña fiebre. Estamos incomunicados y necesitamos ayuda, así que Dwinky y yo
hemos pensado en coger una moto de nieve e intentar llegar al pueblo por la carretera. Es muy
arriesgado, pero temo por la vida de mis compañeros y de señora...

Noel observó con tristeza a Bingle, que no pudo acabar de pronunciar el nombre. Luego se giró
para observar el rostro sudoroso de su mujer: tenía muy mal aspecto. Suspiró.

—Marchad, pero id en cuidado, no quiero perder a nadie más....

26 de diciembre; 11:47 PM. Casita de los duendes.

Dwinky y Bingle hacía hora y media que se habían puesto en marcha. Con la tormenta y la
oscuridad era una misión suicida, pero no había más remedio sí querían salvar a sus compañeros
y a señora Noel. Se habían despedido efusivamente y luego regresaron a cuidar a los heridos.
Noel seguía sin apartarse de su mujer. Mánfred se encontraba al lado de su amigo herido,
humedeciéndole con un paño la frente, cuando comenzó a revolcarse de dolor y sufrir espasmos.

—¿Qué te ocurre Tinkle? Por favor, estate quieto, por favor... —dijo con miedo, sollozando
mientras intentaba mantenerlo quieto en la cama.

Tinkle abrió los ojos inyectados en sangre y observó a Mánfred fijamente, este retrocedió
asustado. Pero no pudo alejarse mucho, lo tenía sujetó por los brazos de una manera brutal.
Como si tuviera un resorte, se abalanzó sobre la yugular del atemorizado duende, seccionando la
arteria de un bocado. Chorros de sangre emergían de su cuello, mientras emitía un grito gutural.
Varios heridos más se levantaron y arremetieron contra él, comenzando un sangriento festín.

27 de diciembre; 01:23 AM. En la carretera.

Por unos momentos habían temido no poder continuar por la carretera, parando incluso su
avance casi una hora. Pero parecía que el temporal amainaba un poco y su velocidad había
aumentado. Aún les quedaba un largo camino por recorrer, pero Dwinky comenzaba a tener
esperanzas de llegar al poblado más próximo. Iba agarrado a su gran amigo Bingle, que en ese
momento era el que llevaba la moto. Su mente no paraba de darle vueltas a todo lo que había
ocurrido esa noche y que para nada era normal: cuerpos destrozados, renos muertos, señora
Noel... agachó un poco la cabeza mientras su cuerpo se estremecía al recordar. Todo lo que
ocurrió en ese momento, pasó muy rápido. Notó un crujido y un ruido extraño, el cuerpo de
Bingle lo empujó hacia atrás casi al mismo tiempo que algo golpeaba su casco y tiraba a ambos
de la moto, que sin piloto, se fue a estrellar contra un grupo de árboles.

Dwinky quedó extendido sobre la nieve con su compañero encima. Un líquido caliente y espeso
empezó a introducírsele por el cuello, impregnándole el casco y la ropa. Conmocionado por el
golpe, intentó reincorporarse apartando a su compañero. Se quitó el casco y se giró preocupado
hacia su amigo. Un grito de terror escapó de su garganta, al tiempo que retrocedía asustado
arrastrándose por la nieve sin apartar la vista de la terrible escena: el cuerpo decapitado de
Bingle se encontraba a su lado, chorros de sangre emanaban de su cuello manchando la nieve y
del cual colgaban desgarradas las cervicales y la tráquea.

—Me habían dicho que los duendes teníais poca cabeza, pero no de una forma tan literal —una
cruel voz llamó la atención de Dwinky a su espalda, una figura emergió de la oscuridad—. A
donde iba la parejita, ¿a tener un encuentro amoroso? —siguió hablando mientras se acercaba
a la cabeza de su amigo—. ¡Mira lo que he encontrado! Parece que aún está caliente —dijo
mientras le daba una patada a la cabeza y la dejaba cerca de Dwinky—, tal vez te sirva aún para
que te pegue una buena mamada. Qué buena idea la de poner un cable de acero en el camino.

—Maldito cabr... —comenzó a gritar el duende, pero no le dio tiempo a acabar la frase. La
sombra se abalanzó sobre él y sacando un bate, le arreó un fuerte golpe en la cabeza.

—Esa boquita, enano. Estamos en navidad y puede que te quedes sin regalos —la figura se
quedó mirándolo fijamente, levantó el bate y de un nuevo golpe, le rompió el tobillo derecho.
Dwinky chilló de dolor—. Qué intentabais ¿escapar? ¡Bastardos! Menos mal que sigues vivo,
hoy tengo ganas de jugar —y dicho esto, lanzó otro golpe, ahora contra el tobillo izquierdo.

27 de diciembre; 01:39 AM. Alrededores de Finca Noel, campamento oculto de vigilancia.

Por fin habían llegado, las tres figuras bajaron de sus monturas ayudados por sus sirvientes.
Al tocar suelo, todos reverenciaron su presencia. Uno de los recién llegados, con barba blanca,
comenzó a hablar con el que estaba al mando de la misión, mientras se apoyaba en su hombro.

—Meretz, fiel servidor ¿cómo marcha todo? ¿Va según lo previsto?

—¡Oh, Gran Magalath! Señor... Lamento comunicarle que aunque la venganza se ha puesto
en marcha, nada está saliendo como habíamos planeado. Ese maldito Naqam, no teníamos que
haberle hecho caso, parece que no esté en sus cabales. No me fio...

—Bueno, tranquilo Meretz —habló Magalath con voz conciliadora y girándose hacia sus dos
compañero, continuó—, quiero que nos lleves a la finca para observar lo que está ocurriendo.
Pero antes nos gustaría descansar un poco y tomar algo caliente, ha sido un viaje muy largo
desde oriente... Por cierto, ¿dónde se encuentra Naqam? Me gustaría hablar con él.

—No lo sabemos muy bien, se ha marchado. Dijo que iba a salir a jugar a béisbol...

27 de diciembre; 02:01 AM. La carretera.

—¡Joder! Nunca hubiera imaginado que romper todos los huesos de un cuerpo tan pequeño, iba
a ser tan pesado —dijo entrecortadamente Naqam, mientras se secaba el sudor de la frente antes
de que empezara a congelarse—, pero ya me has aburrido. Y mira que lo estaba pasando bien.

Dwinky se encontraba tumbado en una mezcla de nieve y sangre, su cuerpo estaba totalmente
destrozado, la cara irreconocible, a base de golpes. El dolor era atroz, pero no podía gritar, de su
garganta sólo escapaban gorgoteos, más sangre y algún trozo de diente.

—Pero, ¿sabes qué? Hoy me siento compasivo y no, no voy a rematar la faena. Eso se lo dejaré
a los lobos que rondan por aquí, ¿te parece bien? —Naqam comenzó a reírse mientras tiraba el
bate a un lado, Dwinky empezó a temblar —. Tranquilo, no me des las gracias —volvió a hablar
mientras le guiñaba un ojo. En ese momento llegó un ruido de unos matorrales cercanos —.
¡Joder! ¿Ya están aquí?, mejor será largarse. Hasta nunca, montón de mierda.

Naqam comenzó a alejarse, cuando unos pasos en la nieve llamarón su atención. Se giró y
entonces lo vio: muy cerca se erguía Rudolph, con la mirada fija en él.

—Pero que mierda... —Naqam comenzó a sacar su arma, pero el reno ya se había abalanzado
sobre él, atrapándole con su boca el brazo. En un acto reflejo, el arma se disparó, dándose en el
pie. Rudolph empezó morder brutalmente el brazo y con un movimiento brusco partió el hueso,
para después, arrancarlo de cuajo. Naqam cayó de espaldas, gritando de dolor y sollozando,
mientras intentaba parar la hemorragia. Pero tuvo suerte, Rudolph se fijó en el duende mal
herido y olisqueando, se acercó hacia él. Naqam escapó cojeando en la oscuridad de la noche.

27 de diciembre; 02:17 AM. Finca Noel

Noel despertó sobresaltado ante las convulsiones que le estaban dando en ese momento a su
señora. Se abalanzó sobre ella para intentar impedir sus movimientos e intento introducir un
trozo de manta en la boca para que no se mordiera la lengua. En ese momento abrió los ojos,
que se fijaron en él, y los volvió a cerrar. Después, se quedó quieta, rígida. Entonces se fijó en el
juego de luces anaranjadas y sombras que había en el cuarto.

—“¿Qué demonios está ocurriendo?” —pensó mientras se acercaba a la ventana—. ¡Joder! —
exclamó, cuando vio a lo lejos lo que provocaba esas luces: era la casa de los duendes que se
encontraba en llamas. Casi sin pensárselo y al ver que su mujer parecía descansar de nuevo,
aunque con el rostro agarrotado, se lanzó a la carrera por las escaleras. Pero antes hizo un alto
para recoger de nuevo la escopeta. La luz eléctrica no funcionaba, así que cogió una lámpara
de aceite y la encendió. Un ruido de cristales rotos en la cocina llamó su atención. Asustado, en
silencio y con la escopeta por delante, se acercó a la puerta, que abrió con precaución.

Estaba todo oscuro. Al no ver nada en un principio, entró. La ventana estaba rota y la puerta de
la nevera abierta. Detrás de la puerta se escuchaba un ruido, como si alguien estuviera comiendo
con fruición. Noel levantó la lámpara y apuntó con la escopeta, vio la espalda de una pequeña
figura. Esta detuvo su banquete y empezó a olisquear, luego, tiró un trozo de carne cruda a
un lado y se puso en pie mientras cerraba la nevera. Era un duende, pero le faltaba parte de la
cara y tenía la misma mirada desquiciada que Rudolph, observó con terror Noel, que enseguida
apunto la escopeta hacia él. El duende enseñó los dientes ensangrentados en una mueca
demoniaca y empezó a acercarse a Noel paso a paso. En un primer momento le tembló el pulso,
pero aquello ya no era humano, tenía que dispararle. Acercando el dedo al gatillo, escuchó
un ruido a su izquierda: otro duende se había subido a la mesa a punto de atacarle. En un acto
reflejo, le lanzó la lámpara, la cual reventó cubriéndolo de aceite y llamas. Un aullido escapó
de la garganta del duende y comenzó a correr por toda la cocina, prendiendo de fuego todo a
su paso. Noel lo esquivó y el cuerpo en llamas se perdió por la puerta dirección al comedor.
Justo a tiempo, notó como el primer duende se abalanzaba sobre él con la intención de morderle
e interpuso la escopeta entre ambos, el cual, agarró con la boca y empezó a dar dentelladas.
Noel lo empujó y golpeó contra la pared. Al segundo golpe le partió la mandíbula. Al cuarto,
desgarró las mejillas, escapando a borbotones la sangre. Noel siguió golpeando hasta que el
duende dejó de moverse, con la mandíbula y la cara casi partida en dos.

Noel, exhausto, iba a comenzar a apagar el fuego de la cocina, cuando un fuerte estallido de
cristales llegó desde el comedor. Cruzó la puerta, un golpe de calor atravesó su cuerpo: estaba
todo en llamas, el segundo duende había prendido fuego a la casa al intentar escapar. Tenía que
salir de ahí, entonces, como si le atravesara un rayo la cabeza, se acordó de su mujer. Subió
corriendo las escaleras y entró de golpe en la habitación, dando un portazo contra la pared. Noel
ahogó un grito cuando vio que su mujer no estaba en la cama. La puerta comenzó a chirriar
mientras se cerraba lentamente. Poco a poco, con miedo, se giró hacia el ruido. Asustado dio
un paso atrás al ver una figura detrás de la puerta, pero luego suspiró tranquilo: tan sólo era
la ropa que colgaba de la percha tras la puerta. Se giró de nuevo hacia la cama, cuando una
figura grande se abalanzó sobre él. Ambos cayeron al suelo, Noel abajo, su mujer encima con
la mirada desorbitada y lanzándole terribles dentelladas. Intentó quitársela de encima, pero se
encontraba tan cansado... Sus miradas se cruzaron: en la de ella todo era locura y furia asesina;
en la de él, tristeza y llanto. Ya no pudo aguantar más y lo que había sido su mujer, se abalanzó
sobre su yugular. Noel, con los ojos anegados en lágrimas, emitió un desgarrador grito justo
cuando ocurría una terrible explosión de gas en la cocina.

27 de diciembre; 06:34 AM. Campamento oculto de vigilancia.

—¡Por los Tres Reyes Magos, joder! Naqam, ¿eres tú? Que te ha pasado... —el centinela no
salía de su asombro desde que había visto a Naqam aparecer entre la maleza tambaleándose.
Había salido a su encuentro y tal como se iba acercando, observó que le faltaba un brazo—.
Joder, joder...

Llegó a su lado, pero justo en el momento que lo iba a sujetar y ante su sorpresa, Naqam se
abalanzó sobre él tirándolo al suelo con tan mala suerte, que al caer, se golpeó la cabeza contra
una piedra. Medio aturdido, sin comprender que era lo que ocurría, notó como la boca de
Naqam se acercaba a su ojo, luego, como mordía y succionaba sin piedad.

27 de diciembre; 08:01 AM. En el exterior de Finca Noel.

Tres sombras se recortaban en la nieve ante la luz de un nuevo amanecer. La tormenta había
pasado, tan sólo quedaban unos jirones de nubes negras en el cielo. Observaban con asombro
todo el desastre que había ocurrido en Finca Noel desde la lejanía.

—No era exactamente lo que me esperaba encontrar, pero parece que la venganza por fin se ha
llevado a cabo, aunque se le haya ido un poco de las manos a Naqam ¿no es cierto, compañeros?
—habló Magalath—. Ese maldito gordo no nos volverá a quitar trabajo o los deseos de los
niños. ¡De nuevo los Tres Reyes Magos obtendremos la hegemonía!

—Aunque todavía tengamos que esperar un año más —comentó Galgalath—, me gustaría
observar la cara de los niños cuando vean que el puto gordo no les lleva sus regalos. Y
entonces... Por cierto, ¿dónde se ha metido Meretz?

—Parece que ha visto una sombra extraña y ha ido a investigar. Pero aún no ha vuelto —ahora
era Serakin quien hablaba—. Bueno... Es hora de disfrutar de nuestro triunfo.

—¡Por los Tres Reyes Magos! —gritaron al unísono. Luego comenzaron a reír mientras
observaban las ruinas humeantes en que se había convertido la Finca Noel. El sonido de carne
desgarrada y un gorgoteo apagó una de las risas. Magalath y Galgalath se quedaron en silencio,
mientras se giraban lentamente hacia Serakin.

Ambos, horrorizados, gritaron de pánico al ver la escena: un asta sobresalía de la boca de su
compañero y que, con los ojos desorbitados, intentaba coger con sus manos para quitársela.
Detrás de él se encontraba Rudolph, el cual había atacado por la espalda y en silencio. Poco
o poco, lo fue levantando del suelo, los pies de Serakin se movían convulsos. Luego, con un
brusco movimiento de testa, le arrancó de cuajo la parte superior de la cabeza a partir de la
mandíbula. La lengua no dejaba de moverse, estertores de sangre y un sonido desagradable
escapó de la tráquea de Serakin antes de caer al suelo. Los otros dos reyes comenzaron a correr
en una huida frenética, sin mirar atrás, internándose en el bosque. Tras unos cientos de metros,
unas manos agarraron el cuello de Galgalath y lo tiraron al suelo. Ante él se encontraba Papá
Noel con la ropa chamuscada y lleno de llagas supurantes por el fuego, le faltaba parte de la
yugular; sus ojos, los de un depredador salido del infierno. Detrás de él, apareció su mujer.

—¡Por el amor del niño Jesús, Magalath!¡Ayúdame! —consiguió gritar, antes de que la pareja
Noel comenzara su encarnizado festín. Magalath ni tan siquiera se giró, continuó corriendo
hasta donde habían dejado las motos de nieve y agarró una, dirección al campamento.

Regresaba a toda velocidad, pero justo llegando a la entrada, una figura apareció en medio del
camino. Magalath no la pudo esquivar, golpeándola y pasando por encima. Perdió el control
y salió disparado de la moto estrellándose contra el suelo. El golpe lo dejó aturdido. Miró
hacia el cuerpo que había atropellado, pero más que un cuerpo, era un amasijo de carne y
sangre irreconocible. Luego intentó levantarse, pero no pudo, tenía las dos piernas rotas, un
hueso partido sobresalía por el traje manchado de sangre. El rey comenzó a gritar desesperado
pidiendo auxilio. Poco después, escuchó cómo se acercaba alguien por la nieve.

—¡Por favor, ayudadme! —suplicó Magalath a las dos figuras que habían aparecido. Pero
al fijarse, sus suplicas se convirtieron en gritos de pánico. Ante él se encontraba Naqam y
otra figura con el rostro totalmente irreconocible. Ambos sonrieron en una horrible mueca
enseñando los dientes ensangrentados y se agacharon ante sus piernas. Los gritos de Magalath
pasaron a ser desgarradores aullidos cuando comenzaron a devorarlo vivo por las piernas.

31 de diciembre; 07:32 PM. En algún pueblo de Laponia.

Un hombre reñía a su hijo, espetándole que se diera prisa o no iban a llegar a tiempo a la cena
de fin de año que tenían preparada con toda la familia. Entonces el pequeño se detuvo en seco.

—¡Mira papa! ¿No son esos Papá Noel y su reno Rudolph? —gritó el niño todo ilusionado.

—Cuanta imaginación tienes, como van a ser... —el padre no pudo terminar la frase cuando vio
como por la calle se acercaban dos figuras. Comenzó a restregarse los ojos, pensando que se
encontraba en un sueño al ver que su hijo tenía razón. Pero el sueño se convirtió en una horrible
pesadilla cuando se fijó mejor en los dos terribles e infernales monstruos que se acercaban hacia
ellos, dándose cuenta demasiado tarde. El padre atrajo hacia sí el cuerpo del niño y lo cubrió
con el suyo de forma protectora, pero inútilmente. Ya no les daba tiempo a escapar...

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Re: CN1 - Bloody Noel

Mensaje por Ratpenat » 17 Dic 2012 10:03

Muy entretenido de leer. Muy sangriento!! :twisted:
Pero no da nada de miedo. Como esto surgió como navidades sangrientas y no como navidades terroríficas, cambiaré el miedo por el gore y te puntuaré igual de bien :boese040:
Creo que he leído un "entre cortado" por ahí. Se escribe todo junto.
Si era un duende, no era humano en primer lugar :wink:

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Re: CN1 - Bloody Noel

Mensaje por Yuyu » 17 Dic 2012 10:37

Me gustó muchísimo.Resident evil survivor navideño,Walking dead in Laponia ,.... :cunao: :cunao: Menudo ataque patriota de los reyes magos al usurpador rojo y al final todos muertos como me gusta a mí :cunao: .Felicidades!!!!!!!! :60: :hola:
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Re: CN1 - Bloody Noel

Mensaje por Nínive » 18 Dic 2012 12:44

¡Hola creador de zombies! :hola:
Habiéndome gustado mucho la historia, he de decirte que en vez de terror, me lo he leído con una sonrisa en los labios. :twisted: Ese apocalipis Z navideño (Papá Noel versus Reyes Magos) es bestial, aunque sigo prefiriendo un relato con menos gore. :dragon:
Por contra, falta por pulir algún detalle de la redacción:
"Después de un largo pero rápido viaje" (o una cosa, o la otra).
Hay por ahí algún "el cual" que no es necesario para entender la frase, y queda recagardo.
Y alguna cosilla más de puntuación de comas.
Aun así, me ha gustado.
Enhorabuena por el relato :60:
Mi página: Curvas de tinta y tatuajes del alma

Y el aullido del lobo negro se coló bajo la piel nevada de la loba...

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Re: CN1 - Bloody Noel

Mensaje por Lifen » 18 Dic 2012 14:31

Pues ya se que es el concurso de Navidades terroríficas y/o sangrientas pero es que no me ha gustado nada, lo siento. Es excesivo el consumo de sangre, vísceras y muertes horripilantes que hay por todos lados. Confieso que el final lo he leído a saltos que ya estaba empachada de tanta sangría.
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Re: CN1 - Bloody Noel

Mensaje por Isma » 19 Dic 2012 10:22

Este relato es de una chunguez extrema :lol: pero ¿acaso no queríais navidades sangrientas? ¡Pues toma sangre! Y que conste que el adjetivo "Terroríficas" fue añadido al lema del concurso de manera posterior.

Puede gustar más, puede gustar menos, pero el relato sigue los pasos de los clásicos del género (Braindead: tu madre se ha comido a mi perro, Reanimator, etc) y ofrece carnicería y humor a buen precio. Hay varios aspectos no explorados; primero, no se tiene en cuenta que los sirvientes de los tres reyes magos están en desventaja en las lejanas tierras de Laponia, acostumbrados a las travesías por el desierto; segundo, que se infravalora la mala baba de los duendes, que yo creo que tienen y mucha; y tercero, que Papá Noel tenga esposa no me cuadra, siempre había creído que le iban más los duendes.

La presentación en formato diario creo que también se ajusta al tipo de historia, aunque a mí particularmente no me gusta mucho.

Es un relato divertido, sangriento eso sí -el formulario de quejas se puede enviar a Kassiopea y Berlín- y bien escrito. Gracias por el esfuerzo y por el entretenimiento.

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Re: CN1 - Bloody Noel

Mensaje por leonita » 19 Dic 2012 15:29

A mi me ha divertido y repugnado a partes iguales. Con algunos fallos de redacción y ortografía, está correctamente llevado. Estará en mi ranking de puntos :lista:
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Re: CN1 - Bloody Noel

Mensaje por Dori25 » 20 Dic 2012 20:51

Como mola!!!!!!!
Que miedo he pasado!!!

Me encantaba la idea de que los Reyes se cargaran a Papá Noel pero hubiera preferido una absorción sin sangre.
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Re: CN1 - Bloody Noel

Mensaje por jilguero » 20 Dic 2012 22:07

Sangriento es y navideño también. Lo malo es que a Jilguero lo muy sangriento no le acaba de gustar. En el aspecto formal, lo veo mejorable. Y mira por donde me he enterado que Papa Noel, a quien yo le adjudicaba condición angelical, tiene una esposa que se encarga de reconfortarlo después de sus largos viajes.
De momento, no está en la lista de los votables, pero como tenemos tantos puntos esta vez nunca se sabe... :wink:
Última edición por jilguero el 21 Dic 2012 09:41, editado 1 vez en total.
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Re: CN1 - Bloody Noel

Mensaje por Gavalia » 21 Dic 2012 00:20

Buuuufffffff.....pero para bueno jajaja. La verdad es que es ....excesivo? Me falta la respiración y eso de intento dando bocados a diestro y siniestro a lo Monty Pitón jajajajajajaja No sé, ....enhorabuena? Jajajajajajaja
Felicidades majo :wink:
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-Pero si en ese entonces no nos conocíamos.
-Por eso María, por eso... 8)

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Re: CN1 - Bloody Noel

Mensaje por Dori25 » 21 Dic 2012 09:55

Ay Jilguero es verdad!!!
Como me he reido leyendo la parte de la mamá Noel fogosa, fíjate que me ha recordado a los disfraces esos que venden de mamás Noel impetuosas...
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Re: CN1 - Bloody Noel

Mensaje por kassiopea » 21 Dic 2012 16:32

Bueno, bueno... este relato tan bloody ha sido demasiado hasta para mí, que por estos lares ya tengo fama de sangrienta :cunao: La verdad es que está bien escrito en general y resulta de entretenida lectura, peeeero... ¿sabes qué me ha pasado, autor? El exceso de gore es tan mayúsculo que en lugar de impactarme y aco**narme lo que ha conseguido es justo lo contrario: me ha parecido hilarante, hasta el punto de provocarme carcajadas :meparto:

Eso sí, hay una imagen que se me ha quedado grabada a fuego y, a buen seguro, permanecerá en mi inconsciente hasta el fin de los tiempos (que por otra parte parece que, después de todo, el fin del mundo no será hoy :mrgreen: ). Esa imagen es la de los "afables" Reyes Magos limpiando sus cuchillos, tras haber acuchillado a toda una familia, en las cortinas... ésa es la imagen que en verdad me ha provocado escalofríos :noooo: :noooo:

Oséase, que enhorabuena por haberme hecho pasar un rato divertidísimo y por haber ampliado con esa terrible imagen mi sótano de los horrores particular :402:

¡Felicidades por ese buen humor! Un cariñoso abrazo navideño :60: :60:
Para este Sant Jordi, el recopilatorio "Girándula en la niebla" ya disponible en Amazon

Leed en Los foreros escriben: Desbarre en el orfanato abretelibrense

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Re: CN1 - Bloody Noel

Mensaje por Dori25 » 21 Dic 2012 18:11

Ah por cierto autor, en cuanto desveles tu autoría espero que me des permiso para enseñar el relato a un par de personas que creo que les gustara mucho!!!
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Re: CN1 - Bloody Noel

Mensaje por Berlín » 21 Dic 2012 18:38

aaaaaaaahhhhhhhhhhh

¿no queríamos sangre? ¡¡¡pues nos has dado sangre a raudales!!! :cunao:

¡ay dios, mis Reyes magos de oriente (cuando todavía no eran de Huelva) masacrando a una familia a cuchillo!
Bueno se veía venir, algún día debía suceder: Los reyes magos contra Papa noel.

Pero autor que dantesco todo, ni me has dado tregua para respirar, cada vez el tema iba a peor, cada vez más sangriento... y ese momento en que la pobre señora Noel se convierte en zombie ¡que bueno! the walking dead total jaja ese pobre duende con el cuello cercenado y esas cervicales y esa traquea palpitantes de sangre goteando sobre la nieve arggggggg que risa.
En fin, que me lo he pasado muy bien leyéndote. Gracias por esta locura sangrienta.
"Que escribir y respirar no sean dos ritmos diferentes"
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Re: CN1 - Bloody Noel

Mensaje por Dori25 » 21 Dic 2012 18:42

Di la verdad Berlín!!! Que a tí descubrir que la señora Noel espera a su marido con picardias también te ha molado!!!
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