CPVIII Eritis sicut dii - Ismael González

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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lucia
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CPVIII Eritis sicut dii - Ismael González

Mensaje por lucia » 14 Abr 2013 13:49

ERITIS SICUT DII


Manuel permanecía en su sillón favorito sin inmutarse siquiera, arropado con una manta hasta la cintura, absorto en sus pensamientos. Con una mano temblorosa hacía mecerse al vino en la copa que sujetaba ante sus ojos, y a través del cristal de la misma observaba la figura algo difuminada del hombre que ocupaba el sillón de enfrente, del hombre enviado con el único propósito de hacerle ver que su punto de vista era el de un imbécil que detestaba a la humanidad. A sus ochenta años ya no le importaban aquellas cosas, y lo demostraba haciendo ver que disfrutaba incluso de las visitas no deseadas.
Observó las llamas que bailaban en el hogar de la chimenea cercana, que se doblaban, se encogían y alargaban en un ritual cuya ceremonia siempre había estado dedicada a la naturaleza. Chisporroteaba el fuego de tanto en tanto, como quejándose por la presencia de aquel invitado embutido en un traje gris antracita, y Manuel asintió con la cabeza, casi imperceptiblemente, en respuesta a las preguntas que la trémula lucecilla le transmitía de parte de un pasado cada día más lejano.
—¿Y bien? ¿Qué dice, don Manuel?
—Digo que no —contestó.
—Es usted muy testarudo, don Manuel. —El invitado se echó hacia delante, apoyó los codos en las rodillas, volvió las palmas de las manos hacia arriba simulando una balanza—. De verdad que no entiendo su postura. ¿Ha sopesado detenidamente los pros y los contras de someterse al medicamento?
Manuel dejó la copa sobre una mesita al lado del sillón, despacio, con sumo cuidado. Quiso esbozar una sonrisa de cortesía, pero no pudo. Sin éxito intentó reprimir una mueca de dolor que no pasó desapercibida a ojos de los presentes. Cuando se recuperó, cuando el dolor hubo acabado, desvió la mirada hacia la joven de diecisiete años que guardaba silencio más allá, al lado de sus padres, y dijo:
—Acércate, Lucía, por favor.
Ella se acercó y se acomodó en uno de los anchos brazos del sillón, besó al viejo en la frente repleta de arrugas y pequeñas manchas, pasó un brazo por encima de sus hombros, con delicadeza.
—¿Qué tal, abuelo? —dijo.
—Bien, hija mía, bien.


El término Propade, nombre de la sustancia química que cambiaría el mundo, se escuchó por primera vez en una rueda de prensa en la que su creador, un joven científico de origen hindú afincado en Cambridge, Massachusetts, se afanó en informar con claridad a todo el planeta de la tremenda oportunidad que se le había presentado a la humanidad de manera puramente accidental.
La supervisión del movimiento bautizado como Next Step corrió a cargo de las Naciones Unidas, aunque muchos en aquel entonces daban a la organización por perdida y la tildaban de fracaso monumental.
Al contrario de lo que pensaba la gran mayoría de la población de muchos países, el apoyo internacional y económico a favor de la producción en cadena del Propade no se llevó a cabo de espaldas al mundo, sino que se anunció a bombo y platillo y hasta los ancianos del momento comprendieron que el final de sus vidas se había visto inmerso en un tiempo de cambios de gran trascendencia.
La Iglesia católica, con el papa a la cabeza, sorprendió a propios y a extraños convirtiéndose en la primera organización religiosa dispuesta a moldear gran parte de sus creencias para que estas encajasen a la perfección en el plan de actuación predicado por los gobiernos. Y ellos, los que todavía mantenían a flote su fe en una época que no parecía necesitar Dios alguno, fueron los primeros que dijeron encontrarse ante «el gran y definitivo avance de la humanidad». Su decisión pasó a la historia, una historia que no fue escrita por los vencedores ni descalificada por los perdedores, esa misma historia que se limitó a observar desde muy lejos la pronta desaparición de cualquier tipo de culto que se alejara del culto al hombre.


—Recuerdo cuando creíamos ir a la deriva —habló Manuel—. A veces lo echo de menos, ¿sabe? Pasan los días y el progreso me persigue, infatigable, nunca se detiene… Pero yo soy humano, señor, y necesito plantar los pies en el suelo y tomar aire cada cierto tiempo. En definitiva, estoy cansado de esto. Creo que, por hoy, ya he tenido bastante.
El invitado no se movió, le miró a los ojos y suspiró afectado, como si le hubieran encargado la tarea de explicar lo más sencillo del mundo a un niño de seis años incapaz de prestar atención a sus palabras.
—El tratamiento es indoloro, don Manuel. No tiene efectos secundarios y, quién sabe, podría llegar a proporcionarle todavía más años de vida.
Manuel se removió en el sillón en la medida de sus posibilidades, pues cuando mantenía una misma posición durante mucho tiempo, sus articulaciones se resentían y el dolor se le hacía insoportable.
—Habla usted de medicamentos y tratamientos, pero no es una enfermedad lo que combate esa sustancia, ¿me equivoco? —Arrancó a toser durante unos segundos. Lucía, su nieta, le acarició la espalda con la palma de una mano y con la otra lo sujetó de un brazo delgado, sin músculo, frágil en extremo. Se recuperó y continuó—. ¿Es la vejez el mal que acecha a nuestra especie? ¿El diablo mismo? ¿Los años y la muerte una condena?
—Tiene la posibilidad de hacer más llevadera la recta final, don Manuel —dijo el invitado con seriedad—. Es comprensible el hecho de tener miedo a lo desconocido, a lo nuevo, pero de lo que hablamos aquí ya no es ni una cosa ni la otra.
—Sé de lo que hablamos, señor, todavía no me falla la cabeza. —Tosió de nuevo, esta vez durante largo rato—. Lucía, por favor, tengo algo de frío…
Lucía sonrió con ternura, alzó un poco la mano libre y estiró los dedos en dirección a la chimenea. El arbolillo de finas venas se hizo visible a pesar de la suave y tersa piel de su mano; paulatinamente comenzó a brillar, al principio con recato, y al cabo, en medio de un mudo palpitar, adoptó el color del hierro candente. Las llamas se avivaron de golpe, se contorsionaron, lamieron las paredes ennegrecidas del hogar, caldearon el salón.
—Ante mis ojos cansados aún desfilan las imágenes emitidas por televisión —continuó Manuel—. Lo recuerdo muy bien. Sí, lo recuerdo… Hombres, mujeres y niños hacían cola a las puertas de los más grandes hospitales de ciudad, de los centros médicos de pequeños pueblos, de las tiendas blancas que la Cruz Roja había levantado en mitad de los campamentos de refugiados… —Hizo una dilatada pausa, algunos creyeron que no volvería a hablar. Se equivocaron—. Muchos perdían la cabeza después de aquello y acto seguido… Acto seguido los eliminaban como si ellos mismos fueran los culpables de su mala suerte, como si fueran monstruos nacidos de la nada. Muchos volvieron a sus casas con una sonrisa en los labios y con alguna imposible habilidad grabada a fuego en la sangre, pero otros se perdieron por el camino, abandonados en alguna cuneta con una bala en la cabeza.
—Eso ya no ocurre, don Manuel —dijo el invitado—. Hay que olvidar el pasado. Sepa que si no…
—Cállese —interrumpió él—. Ya se ha dicho aquí lo suficiente, ¿no le parece? Las palabras se las lleva el viento. Al final solo nos queda aceptar las decisiones que hemos tomado a lo largo de nuestra vida y saber si hemos sido fieles a nosotros mismos. Nada más.
—Pero…
—Ya ha oído a mi abuelo, señor —intervino Lucía, que se puso en pie—. Márchese, se lo ruego. Déjelo descansar.
El invitado se levantó, estiró los bajos de su chaqueta escrupulosamente, clavó una mirada indiferente en el viejo del sillón y dijo:
—Mañana vendrá a visitarlo otro de mis compañeros, don Manuel. La situación es insostenible. Los medios de comunicación no abandonarán los alrededores de su casa hasta que no ceda en esto, y lo sabe. Esas personas… ¿Puede escucharlos desde aquí? Ellos tampoco desean que mantenga usted esa actitud tan negativa. Solo quieren lo mejor para todos.
—Lo mejor para mí —dijo Manuel— es estar con mi familia, con los que me apoyan, con la gente que más quiero. Hasta el final.
Aferró la mano de su nieta mientras un nuevo acceso de tos agitaba sus entrañas y castigaba su pecho. La figura del invitado flaqueó, se tornó imprecisa, desapareció del salón.
Los flashes de las cámaras parpadeaban con vehemencia más allá de las ventanas. El padre de Lucía corrió las cortinas. Afuera, al amparo de la noche y las estrellas, los manifestantes gritaban frases hechas y entonaban cánticos por la salvación de la humanidad de don Manuel.


Al entierro asistieron cientos de personas.
Coronas de flores de fantasía fueron acomodadas junto a su lápida formando una complicada estructura multicolor: una figura humanoide de gardenias, damasquinas y crisantemos, de peonías y magnolias, que se erigía orgullosa hacia el cielo desafiando a la gravedad y al paso del tiempo. Políticos y otras personalidades dieron el pésame a la familia, repartieron apretones de manos y teatrales toques en el hombro.
Lucía entró en el cementerio horas más tarde, cuando ya se habían marchado todos, con una flor de manzanilla en la mano. Se arrodilló a un par de pasos del mármol veteado y comenzó a llorar, y sus lágrimas desaparecieron en hilillos de vapor tras recorrer sus mejillas e intentar alcanzar la tierra y la hierba que allí crecía. Y, haciendo caso omiso de la calina de amargura que se había posado en sus ojos, leyó en voz muy baja y entrecortada la inscripción que su querido abuelo deseó mostrar al mundo aun después de encontrarse con la muerte.


«AQUÍ DESCANSA QUIEN FUE DUEÑO DE SU DESTINO:
EL ÚLTIMO HOMBRE LIBRE.»

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Ororo
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Re: CPVIII Eritis sicut dii

Mensaje por Ororo » 19 Abr 2013 14:40

Un tema interesante enfocado de una forma interesante. Un principio un poco lioso con esas frases tan largas y un desarrollo sintético.
Parece el esbozo, lo preliminar a un relato.
El final, excesivamente poético con esa inscripción que desentona con el resto del relato más frío y directo.
Bien, pero se queda corto.
No soy lo que escribo; soy lo que tú sientes al leerme.

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Re: CPVIII Eritis sicut dii

Mensaje por Tadeus Nim » 19 Abr 2013 14:44

Yo este no he terminado de pillarle.

¿Que hace el medicamento maravilloso ese? ¿Convierte a la gente en mutante? Y ¿Porqué tiene que tomárselo el abuelete?

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Isma
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Re: CPVIII Eritis sicut dii

Mensaje por Isma » 19 Abr 2013 14:45

Los dos primeros párrafos son casi una declaración de intenciones. Son juegos de palabras que a mí, lector particular, no me dicen nada. La lectura que continúa no me resulta cómoda. Quizás sean nimiedades pero me rompen el orden, mi orden quiero decir, el de otros tal vez no. Un ejemplo tonto:

—Es usted muy testarudo, don Manuel. —El invitado se echó hacia delante, apoyó los codos en las rodillas, volvió las palmas de las manos hacia arriba simulando una balanza—. De verdad que no entiendo su postura. ¿Ha sopesado detenidamente los pros y los contras de someterse al medicamento?

Si vuelve las palmas simulando una balanza es porque va a hablar a continuación de pros y contras. La frase subrayada se interpone; debería haber quedado antes de la frase entre guiones. Como digo, una nimiedad que seguramente sólo veo yo, pero que contribuye a que no me resulte una lectura fluída.

Los párrafos en los que comienza a hablar del Propade son inconexos. Habla de algo, luego de otra cosa que no sabemos lo que es -el Next Step- y que no se vuelve a mencionar. Luego el confuso párrafo de la Iglesia.

La historia me gusta. El progreso es secundario, o al menos cuestionado, frente a las creencias íntimas de una persona, que en el relato es tan vulnerable como un anciano enfermo. Peero, la forma no me convence, lo siento.

Al final no me entero de porqué el medicamento que da poderes mágicos se toma por otro que da la vida eterna. O quizás dé las dos cosas a la vez. Pero parece ser que consume la capacidad para controlar el propio destino en el proceso. Ufff. Demasiado para mí.

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Re: CPVIII Eritis sicut dii

Mensaje por Tanisfer » 19 Abr 2013 15:24

Un relato muy interesante que comienza “in media res”, y que acaba sin explicar demasiadas cosas pero, a pesar de ello, se ha hecho un pequeño sitio en mi corazón. Me ha gustado mucho la discusión filosófica en torno a la ciencia, el progreso y la supuesta pérdida de la libertad de los hombres, y los personajes me han parecido muy bien caracterizados. Como contra, quizás, lo único que puedo destacar es que tengo la sensación de que quedan demasiados hilos sueltos sin cerrar, y eso es algo que no termina de convencerme.
Pese a ello, la historia me ha parecido tan bien escrita y su temática tan interesante que probablemente pelee por un sitio entre mis finalistas. Felicitaciones autor/a

Valoración Personal: 7/10
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Re: CPVIII Eritis sicut dii

Mensaje por Ratpenat » 19 Abr 2013 15:42

Aún creyendo que tiene algunos fallos en la redacción, considero que está bastante cuidada, lo cual permite leer con cierta claridad y se vuelve ameno. Por aquí punto positivo.
Respecto al tema, creo que no acaba de quedar claro (o al menos no a mí): ¿Es un medicamento? ¿Un movimiento popular? ¿La sustancia cura, alivia dolores, retrasa el envejecimiento? ¿Es esto último relevante para la historia? ¿Y por qué todos quieren que el viejo lo tome? No estoy seguro si el autor quería que esto estuviera claro, por lo que no sé si es algo malo o no.
Y lo que hace que no me guste la historia. Es la figura del viejo cascarrabias, testarudo y muy familiar, que cree saberlo todo. Siento decirlo, pues creo que el autor se lo ha trabajado. Pero es un personaje tan usado en relatos, novelas, cine y demás formatos; que me llega a molestar verlo.
Siento mucho la cuchillada, autor :cry: Creo que escribes bien, pero este relato no me llega.
Última edición por Ratpenat el 19 Abr 2013 18:24, editado 1 vez en total.

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Re: CPVIII Eritis sicut dii

Mensaje por elultimo » 19 Abr 2013 17:38

Lo mismo soy yo el que me he pasado hoy con la medicación y no el abuelo de la historia, pero no me he enterado de nada. Se supone que hay un señor, enfermo de no se sabe qué, un medicamento y una nieta que va a visitar al abuelo al cementerio... un hombre que ha sido dueño de su destino, que no es otro que morir, como el de todos.

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Re: CPVIII Eritis sicut dii

Mensaje por andres451 » 19 Abr 2013 18:14

Un relato que nos narra los últimos momentos de un hombre que se negó a hacerse un tratamiento que le aliviaría el dolor. Si bien noté cierta terquedad en el anciano, me gustó que lo único que quería fuese disfrutar a su familia el poco tiempo que podía y sentirse libre al negarse a ese tratamiento tan masivo y global.
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Re: CPVIII Eritis sicut dii

Mensaje por Yuyu » 19 Abr 2013 18:58

Me estaba gustando pero al final me quedé con ganas de saber más. No me quedó claro que le ofrecían al viejo, ni por qué lo rechazaba (que tenía que ver el medicamento con perder la libertad?). Luego nos enseñas un poder que tiene la nieta, pero no le veo la conexión con el medicamento para el anciano, de qué te sirve un poder como el de encender fuego en la recta final de tu vida? Vamos, en resumen, que no he entendido mucho. Felicidades por la creación!!! :60: :hola:
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Re: CPVIII Eritis sicut dii

Mensaje por Isma » 19 Abr 2013 19:06

yuyu escribió:de qué te sirve un poder como el de encender fuego en la recta final de tu vida?

Supongo en que la clave está en el título: "Seréis como dioses". Un dios lo mismo tira rayos -no quiero decir por dónde- que vive eternamente, aunque hay quien opina que sólo vive en tanto que lo recuerdan sus creyentes...

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Re: CPVIII Eritis sicut dii

Mensaje por kassiopea » 19 Abr 2013 19:53

Isma escribió:
yuyu escribió:de qué te sirve un poder como el de encender fuego en la recta final de tu vida?

Supongo en que la clave está en el título: "Seréis como dioses". Un dios lo mismo tira rayos -no quiero decir por dónde- que vive eternamente, aunque hay quien opina que sólo vive en tanto que lo recuerdan sus creyentes...


A ver, yo he entendido que el medicamento este que ha revolucionado a toda la humanidad, el Propade, es tan eficaz que es capaz de curar enfermedades, alargar la vida e, incluso, a veces, tiene efectos secundarios que dotan al individuo con alguna clase de "poderes". Se cuenta en el texto que, cuando el Propade se estaba investigando en sus inicios, hubo muchos humanos conejillos de indias que murieron en el proceso, pues esos efectos secundarios eran claramente adversos y letales... Parece ser que luego eso se solucionó y el Propade fue aclamado a bombo y platillo, incluso por la Santa Iglesia :boese040:

Me ha gustado mucho este relato y felicito al autor. Me parece apasionante la cuestión que propone: ¿qué es más importante, un medicamento que nos convierte prácticamente en dioses inmortales o el hecho de perder nuestro libre albedrío? Ahí entiendo yo que está el meollo del relato; la humanidad se arrodilla en masa frente al Propade y, lamentablemente, el hombre termina siendo un esclavo de esa medicina. Comparto la decisión del anciano, el final me ha emocionado hasta la médula: Manuel muere, sí, pero muere siendo un hombre libre, un hombre que no ha vendido su alma al diablo... el Propade. "Seréis como dioses", sí, ¿pero a qué precio? :roll:

Enhorabuena :402:
Para este Sant Jordi, el recopilatorio "Girándula en la niebla" ya disponible en Amazon

Leed en Los foreros escriben: Desbarre en el orfanato abretelibrense

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Re: CPVIII Eritis sicut dii

Mensaje por Gisso » 19 Abr 2013 20:06

"Eritis sicut dii scientes bonum et malum" (Seréis como dioses, conocedores del bien y del mal). Esto es lo que dijo la serpiente a Eva en el Paraíso para tentarla, pero al acabar la historia ni soy conocedor del bien, ni del mal, o de lo que trata más o menos este relato. Me imagino que debe ser sobre un medicamento que alarga la vida y que, a lo mejor, les da como una especie de poder (¿Dioses?). La explicación del Propade la veo, en este caso, como un hachazo en el relato que intenta aportar información, pero no le saco mucha al leerlo. Luego, les ofrecían la medicación y si se les escapaba de las manos, ¿los mataban? Pues vaya efectos secundarios. Tampoco entiendo porque es tan importante que don Manuel se la tome. Y también, ¿por qué es el último hombre libre? ¿Por no tomar esa medicación? ¿Por morir libremente? Todos morimos, pero no creo que sea con libertad... Lo siento, pero no he pillado lo que nos quieres ofrecer en el relato. De todas formas, gracias por él, seguro que otros disfrutarán de él mejor que yo.

:60:

—Venga, buelo, déjese de leches y tómese la pastillita, que le sientan bién.

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Re: CPVIII Eritis sicut dii

Mensaje por trenZ » 19 Abr 2013 20:59

La idea, en principio, me llama la atención, pero creo que el relato no está bien llevado. Al principio hay una serie de subordinadas, no muy trabajadas, que más que aclarar confunden.
En cuanto a la historia, está claro el planteamiento y la lucha moral, pero a mí me deja un poco frío la verdad. Si la historia fuera en otro planeta todo encajaría mucho mejor y tendría más sentido, pero en éste, en el que ya nos conocemos y sabemos de qué pie cojeamos, no creo que funcione.
La gente haciendo cola en los hospitales, centros médicos, incluso en los campos de refugiados!! cuando todos sabemos que de producirse un descubrimiento (o invento) como ese, la farmacéutica responsable se encargaría de hacerse de oro a base de vender bien caro el medicamento. Por lo que la gente con dinero sería la clase "salvada" de la condición mortal del ser humano y los pobres seguirían muriendo, pobres y medicamento alguno. No me creo este mundo regalando el elixir de la vida como si nada.
Además para qué? sería crear un mundo horrible, en el que se seguiría naciendo pero nadie moriría o al menos en el que la vida sería mucho más larga. En el futuro el acinamiento sería el mayor de los problemas, masificación, más pobreza, falta de recursos... blablabla.
Creo que la historia no cuaja, y como han dicho por ahí, está repleta de idas y venidas en las exposiciones que hacen que pierda la solidez que imagino pretendía tener.
Buena idea, pero poco trabajada.

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Re: CPVIII Eritis sicut dii

Mensaje por Topito » 19 Abr 2013 22:01

Bueno autor, yo te diré que de once relatos que llevo leídos tu sigues a la cabeza. Y he leído cosas muy buenas.

Es ficción y si tú me dices que la gente hacía colas en hospitales, en centros públicos, en campos de refugiados. ¡Coño! Pues yo me lo creo. Para eso es el futuro que tú mismo has creado y al no ser una novela dónde todo debe ser más o menos atados. Lo demás me lo dejo a mi imaginación. Eso es lo importante en los relatos: contar una historia y que se espanda más allá.

Me has cautivado. Y luchará tu relato con los que van llegando a mis ojos para llevarse mi voto. Es luchador, el muy condenado.
leyendo: Haruki Murakami
leyendo cuentos: Zuñiga, O´Connor, Fitzgerald, Chéjov, Matute

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blinder
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Re: CPVIII Eritis sicut dii

Mensaje por blinder » 19 Abr 2013 22:12

Hola a todos y gracias al autor, de antemano.

El relato la verdad que pintaba muy bien pero ese final me parece algo precipitado la verdad. La narración creo que a mi parecer está muy bien aunque la frase final no me ha conquistado.

Gracias de nuevo y suerte
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