CPVIII Año del Señor de 1489 - Xabeltrán

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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lucia
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CPVIII Año del Señor de 1489 - Xabeltrán

Mensaje por lucia » 15 Abr 2013 20:36

Año del Señor de 1489

«No sois vos, amado mío, el culpable de mis desdichas, pues es el destino quien ha acudido a mi encuentro. No sois vos, ángel mío, la mano que ejecutará la condena, pues será el inquisidor mayor quien, antorcha en mano, se acerque a la pira que ha ordenado colocar en la plaza. No sois vos, corazón mío, la causa de mis desgracias, pues nadie más que yo es responsable de mis actos. Serenaos, por tanto. El amor que me une a vos es tal que el morir por él no me conturba; antes al contrario, me da fuerza para encarar mi sino con entereza y valor...»
De tal forma principiaba la carta que el condenado, de nombre Rodrigo Vivancos, lograra hacer llegar al que era, en efecto, su amante, el conde Honorato de la Vega y Lorente. Gracias a la precisa colaboración de uno de los guardias, parco en palabras pero grande en codicias, el noble, previa entrega de un buen puñado de monedas, vio cumplido su deseo de despedirse, vía epistolar, del joven que le había arrebatado el corazón años ha. La pasión que uniera a la desventurada pareja fue tan magna como a la vez censurada, razón que condujo a Rodrigo a una celda lóbrega y hedionda, la antesala del fin, el ocaso de un amor prohibido. No en vano fuera el mismo Tomás de Torquemada, inquisidor mayor por gracia de don Fernando y doña Isabel, quien, habiendo recibido una anónima y sucinta misiva que lo conminaba a investigar al libertino conde, redactó la sentencia que provocó el encarcelamiento de Rodrigo y la caída en desgracia de Honorato. No quisiera, sin embargo, que vuesa merced creyera que un servidor no es buen trovador, de manera que me dispongo a relatar la historia de Rodrigo y Honorato tal como sucedió, en el orden de los tiempos y momentos.
Es bien conocida la costumbre, asaz extendida por nuestras tierras, según la cual caballeros de renombre acogen en su seno a zagales con nula experiencia de mundo para formarlos en esta aventura que es la vida, a través de una suerte de mecenazgo de espíritu. Los dichos nobles pudientes adquieren, así, una nueva motivación que los convida a abandonar sus respectivos camastros cuando clarea el día. Es de todos sabida la apatía que suele reinar las jornadas de las gentes de posibles, causa por la cual no son pocos quienes aprecian la compañía de muchachos imberbes a quienes transmitir la sapiencia que proporciona el madurar.
Uno de los tales hidalgos llamábase Honorato de la Vega y Lorente, conde de Ullastre, una de las figuras de más alta estima entre la corte de Sus Majestades. Con una mente tan privilegiada como afectuosa era su alma, don Honorato diose a conocer por la bondad que anidaba en su persona. Descendiente de una de las estirpes más ilustres de Castilla, ya desde mozo desplegó una sabiduría sin par. En sus disertaciones era frecuente que aparecieran referencias a la filosofía, ciencia que aún hoy día está por encontrar su lugar, así como a la ética, que, según sus palabras, era universal y propia de todos los seres humanos. Las dichas reflexiones trazaron su personalidad y lo condujeron hacia la arriesgada senda del agnosticismo, si bien el conde guardábase de hacer partícipes de sus opiniones a gentes de poca o nula confianza. La fe ocupaba una parte bien pequeña de sus preocupaciones, en contra de cuanto sucedía, y sucede, con los habitantes de nuestro glorioso reino, quienes temen, y mucho, la ira del Creador. Don Honorato era del parecer de que tantas injusticias, y de tamañas consecuencias, no podían ser obra de un ente superior al que rendir amor, respeto y aun pleitesía, creencia que lo llevó a protagonizar, en no pocas ocasiones, inculpaciones que llegaron a manos de gran poder. De no haber sido por la ingente generosidad del conde, y por la discreción con que dirimía dichos trances, la vida de don Honorato habríase visto interrumpida tiempo atrás.
Dado que don Honorato, Dios lo guarde en Su gloria aun a su pesar, fue siempre ejemplo de buena disposición, no es de extrañar, coincidirá vuesa merced con este humilde trovador, que accediera a tutelar a un muchacho de menos suerte. El llamado afortunado fue Rodrigo Vivancos, vástago de un matrimonio beato de pocos peculios que no pudo ofrecerle más que el amparo de don Honorato, amigo de la familia desde tiempo inmemorial, cuando don Felipe y doña Herminia, pues así llamábanse los progenitores, gozaban de buena estabilidad. Mas quiso el azar que los negocios de la pareja llegaran a su fin, y en sus días les resultaba harto complicado afrontar el mañana, tanto más con un descendiente a quien alimentar, ocupar y educar.
Era Rodrigo un mozalbete despierto y alegre. Profesaba una fe, fruto de los años que viviera con sus padres, de grandes magnitudes, y por ello acudía muy asiduamente a la iglesia. Don Honorato encontró en el joven a un adversario dialéctico que no dudaba en citar pasajes de las Sagradas Escrituras para cimentar sus argumentaciones. Cuánto tuvo que sufrir Rodrigo al reparar en que el vínculo que lo unía a su valedor excedía tota barrera de amistad y convertíase en amor. Las emociones primarias que regían su corazón enfrentábanse a las creencias que poblaban su espíritu. La razón lo impelía a olvidar los sentimientos que aferrábanse a todo su ser, mientras su alma clamaba irremediablemente enamorada de su preceptor.
Ni que decir tiene que don Honorato no debió afrontar tales adversidades. Rindiose a la pasión que lo dominaba, sin remordimientos de conciencia. Sus allegados le advirtieron de que una relación con Rodrigo tan solo le provocaría desgracias, y algunos hasta no dudaron en alejarse del conde, tachándolo de blasfemo, sodomita y endemoniado. A don Honorato le importaron bien poco esas acusaciones, pues defendía el poder del amor más allá del contacto carnal. ¿Acaso los griegos, los mayores y mejores filósofos, rechazaban las uniones entre hombres? ¡Absolutamente no! ¿Quiénes eran ellos, por tanto, para vedar y rehuir esa clase de relaciones? Don Honorato dejose abrazar por el querer hacia Rodrigo y halló en él un valioso motivo por el que levantarse al alba.
La desazón que embargó al joven jamás disipose. ¿Cómo podía ser posible que aquello en que creía vilipendiara todo cuanto él era? ¡Cuán injusta situación! ¿Por qué Dios lo señaló a él, fiel servidor, como depositario de una querencia ilícita que, según la Iglesia, Él no aprobaba? ¿A qué la mofa del destino? Tuvo que ser doloroso, ¡a fe mía!
No obstante la discordia que habitaba en su ser, Rodrigo entregose a don Honorato sin reservas. Uno y otro viéronse superados por el afecto que impregnara sus entretelas. Los minutos no eran minutos, las horas no eran horas, los días no eran días cuando mecíanse al compás de su amor. Yacían juntos, parlaban, entonaban vistosas tonadas por doquiera que pasaran. Quienes vivían de las tierras del condado no osaban dar voz a los reproches, pues gracias a don Honorato podían alimentar a sus familias y todo le debían, pero la nueva rápidamente llegó a oídos más poderosos, quienes sí valoraban atacar al conde por su desviada conducta. Todo noble cuenta con detractores que aprovecharán cualesquiera oportunidades de lanzar imputaciones, y don Honorato ganose, aun sin pretenderlo y de la forma menos justa posible, la enemistad de una de las damas de mayor influencia y menor magnanimidad, doña Beatriz de Bobadilla, marquesa de Moya, amiga íntima y confesora de doña Isabel de Castilla.
La marquesa, antes de desposarse con don Andrés de Cabrera, encaprichose de don Honorato desde el primer momento en que lo viera. El conde, abrumado por las atenciones que le prestaba doña Beatriz, encontrose en la complicada tesitura de rechazar a la marquesa, hecho que esta no olvidó jamás. El rencor es, bien lo sabe vuesa merced, un sentimiento que emponzoña el trato entre las personas y nubla la vista de las mismas, y doña Beatriz vivió en el pozo amargo que le supuso la negativa de don Honorato. Contrajo nupcias con don Andrés y en lo más privado de su ánimo arraigó un encono profundo e inmortal para con el conde. La intachable vida de este, no obstante, no permitió a doña Beatriz el desarrollar su plan de venganza, hasta que a su círculo arribaron las habladurías del supuesto comportamiento licencioso y depravado de don Honorato. Fue entonces cuando llegó su tan ansiada ocasión.
Doña Beatriz conocía, dadas las varias veladas que pasara junto a don Honorato cuando el odio todavía no azoraba su alma, al personal nutrido, aunque no por ello menos entregado a su quehacer, que servía en casa del conde. Una de dichas doncellas respondía al nombre de Fernanda y contaba con tan solo quince años de edad cuando emprendiera las labores que su ministerio le obligaba a llevar a cabo. Doña Beatriz presenció, no en pocas circunstancias, la presteza con que Fernanda obedecía a don Honorato, tras lo cual dedujo cuán grande era el respeto que la joven sirvienta sentía por el ser ocupada en un hogar tan principal.
Las pesquisas que emprendió doña Beatriz al conocer la supuesta desviación de don Honorato le reportaron información de gran valor. El dato que más atrajo su atención se personificaba en Matías, el joven con quien Fernanda se uniera en matrimonio. El camino de indagación por el que transitó la íntima amiga de doña Isabel de Castilla le informó, asimismo, del amor mutuo que profesábase la feliz pareja, sentimiento del que la marquesa no dudaría en beneficiarse a fin de concluir el plan de vindicta que había trazado. Nadie debía intuir el papel que doña Beatriz iba a desempeñar en la trama, no obstante. Por ello se valió de la ayuda de ciertos maleantes de confianza cuyas desdichas había evitado gracias a la influencia que ejercía. Donoso, uno de los granujas que la marquesa decidió apostar en las cercanías de la casa de don Honorato, hízose pasar por un comerciante venido a menos. Compartió coloquios y vino con Matías, un mozo agradable que no aprendió a rehusar una nueva bebida ni a establecer un límite a la cantidad de líquido que su cuerpo admitía con o sin consecuencias. Su tendencia a la ebriedad fue una pieza clave para el proyecto de doña Beatriz.
Un buen día dispuso la marquesa que Donoso convidara a Matías a una copa del mejor vino que dispensaban en la taberna a la que acudían los jornaleros de los entornos. En el citado lugar el licor de uva corrió como las aguas del Tajo al bordear la insigne ciudad de Toledo. El esposo de Fernanda consintió la sucesión de tragos sin apenas inmutarse, si bien pronto Donoso apercibiose de que a la mirada del joven no le resultaba fácil el centrarse en un solo objeto. Cuando el enviado de doña Beatriz supuso que Matías abrazaba ya el efecto de una melopea de órdago, ambos salieron a la plaza ante la que alzábase la célebre taberna. Fue en aquel lugar en donde Matías, en presencia de numerosos testigos y por causa del vino y de las palabras que Donoso le había estado musitando durante parte de la tertulia, exclamó unas blasfemias tales que las señoras de bien que allá estaban no pudieron menos que horrorizarse, persignarse e huir a sus hogares respectivos. Tanto ellas como los hombres, más valientes pero no menos devotos, oyeron, en voz de Matías, imprecaciones en que sin duda se apreciaba la inefable intervención del Maligno.
Los deponentes fueron tan numerosos que en un lapso de tiempo muy breve la crónica de lo sucedido llegó hasta Fernanda. La joven avecinó la llegada de infortunios, sospecha que viose confirmada cuando a su lar llamó una dama de elegante vestido e imponente presencia. La ilustre señora, que era ciertamente doña Beatriz de Bobadilla, precisó de pocas palabras para lograr el fin de la tranquila existencia de Fernanda. La marquesa acusó a Matías de blasfemo y no dudó en sugerir la mediación de la Santa Inquisición para dirigir el cauce del trance acontecido. Fernanda, con lágrimas en los ojos, de rodillas suplicó, imploró el perdón, arguyendo que cualquier cosa haría con tal de evitar que a su marido lo apresaran y mandaran a galeras. ¿Por qué a veces, ¡voto a tal!, la maldad acompaña a los seres que demuestran un intelecto superior y divino? La Providencia concedió a doña Beatriz una capacidad de resolución que bien podría haber sido utilizada para cuestiones de más importancia, no tanto en un simple lance de achares y rencor.
Fernanda, presa del terror, accedió a acusar a don Honorato, habiendo comprobado que, en efecto, entre el conde y Rodrigo existía un lazo allende la amistad. Con mano temblorosa redactó una misiva anónima en que denunciaba la naturaleza indigna del comportamiento de don Honorato. El urdido de doña Beatriz rayaba en la perfección, puesto que la marquesa valiose de una reunión que presenció entre Sus Majestades y don Tomás de Torquemada para nombrar el caso del conde de Ullastre, no sin antes asegurarse de afirmar que tal vez tan solo daban pábulo a unos rumores seguramente infundados. Al día siguiente, doña Beatriz hizo llegar al inquisidor mayor la epístola de Fernanda, tras lo cual don Tomás, conjeturando que en aquel asunto había razones suficientes, tuvo a bien arremeter contra cualquier indicio que hiciera gala de sodomía. Promovió pues, por voluntad propia y vía per inquisitionem, el procedimiento en base a las habillas que corrían en el vulgo, e hizo pública la denuncia sobre don Honorato y Rodrigo.
Doña Beatriz vio cumplido el primer eslabón de su venganza cuando fue puesta en conocimiento de la detención del conde y del amante de este. La alegría que la invadió no solo no le pareció ilícita, sino que para ella era una muestra de la decencia que aún habitaba en el reino de Castilla, y pensó en sí misma como en la salvadora del pueblo y valedora de las leyes de Dios y de la Santa Iglesia. La marquesa creía que una acción tan noble y encomiable como la suya debía ser de dominio público, pero prefirió no informar a nadie de su participación y gozar del íntimo placer que le proporcionaba el ser la única en descifrar todo el secreto que rodeaba al dicho caso.
Don Honorato y Rodrigo asistieron, impotentes, al arresto y al interrogatorio de la Inquisición. En ningún momento creyeron mejor negar las acusaciones, antes al contrario: decidieron proclamar el amor que sentían y protestar ante tamaña atrocidad. «¿Cómo es posible que el afecto entre dos personas sea algo censurado por Dios, cuando Él nos ama a todos sin distinción alguna?» Con esta y otras premisas procuraron eludir el destino al que iban dirigidos, aunque con gran pesar debo informar a vuesa merced de que no lograron su soñado objetivo.
Solo la estima de que era objeto don Honorato entre el círculo de amistades de Sus Majestades, los Reyes Católicos, le permitió evitar la hoguera, no sin antes haber entregado todos sus bienes y sido conminado al destierro, más allá de las fronteras de nuestro reino. Rodrigo, en cambio, sí debió hacer frente a su condena por el llamado «pecado nefando».
De tal manera llegó Rodrigo Vivancos, joven culto y bien amado, a la pira que le arrebataría la vida con hondo dolor. El gentío aclamaba, don Tomás de Torquemada y doña Beatriz de Bobadilla complacíanse, don Honorato de la Vega y Lorente lloraba. Y Rodrigo no hizo sino ocupar el lugar que Dios le indicara, antes de cerrar los ojos y recitar, con voz firme y sin tiemblos, las palabras del más grande poeta que haya visto jamás Castilla, fenecido dos lustros ha:
—Dejo las invocaciones
de los famosos poetas
y oradores;
no curo de sus ficciones,
que traen yerbas secretas
sus sabores;
a Aquél sólo me encomiendo,
Aquél sólo invoco yo
de verdad,
que en este mundo viviendo
el mundo no conoció
Su deidad.

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Re: CPVIII Año del Señor de 1489

Mensaje por andres451 » 19 Abr 2013 18:39

Si bien los relatos históricos tienden a aburrirme un poco, este me pareció muy bien escrito. Se utilizó muy bien el vocabulario propio de la época. La trama estuvo bien desarrollada con una narración demasiado precisa. Es un muy buen cuento.
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Re: CPVIII Año del Señor de 1489

Mensaje por Gavalia » 19 Abr 2013 18:52

Excelente. Eres un maestro. Que decir además de enhorabuena. Creo que debe ser realmente difícil mantener tanto tiempo ese tipo de vocabulario sin cagarla en las expresiones. Supongo que te habrás documentado sobre cómo funcionaban los procesos inquisidores del Santo Oficio.
Por cierto, gracias a Nini rectifico a tiempo, espero que no lo hays leído jajajajaja”
Todo no iban a ser bondades como comprenderás . Gracias :8_siii_siii:
Última edición por Gavalia el 19 Abr 2013 18:56, editado 1 vez en total.
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Re: CPVIII Año del Señor de 1489

Mensaje por Nínive » 19 Abr 2013 18:53

Gava, ahora ningún solo se acentúa.... :cunao:
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Re: CPVIII Año del Señor de 1489

Mensaje por Gavalia » 19 Abr 2013 18:55

:shock:
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Re: CPVIII Año del Señor de 1489

Mensaje por Ismael González » 19 Abr 2013 19:23

Muy bien escrito. Lenguaje arcaico que puede resultar denso de leer.
Historia sobre la falta de justicia, el rencor, el ganan los viles y la inquisición contra la homosexualidad/libertad del hombre.
Genial, pese a que el estilo es muy, muy, muy parecido al del Umberto Eco de "El nombre de la rosa" y, por tanto, demasiado clásico para mi gusto.
Tengo esa impresión, al menos. :hola:

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Re: CPVIII Año del Señor de 1489

Mensaje por Yuyu » 19 Abr 2013 20:08

Me ha parecido una pequeña obra de arte, aunque yo no tengo nivel para juzgar si está peor o mejor escrito. Si los profesionales dicen que está bien reflejada la forma de expresarse de la época, eres un artista, a mí desde luego me ha convencido. Se ve que hay nivel histórico o documentación trabajada. Felicidades por la creación!!! :60: :hola:
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Re: CPVIII Año del Señor de 1489

Mensaje por Tadeus Nim » 19 Abr 2013 20:11

Muy bien escrito, pero no me ha enganchado. Es bueno, mucho, pero...

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Re: CPVIII Año del Señor de 1489

Mensaje por Gisso » 19 Abr 2013 21:00

Lo siento, casi no he podido con tu relato, debo ser la nota discordante. No digo que esté mal escrito o que no haya un gran trabajo detras, pero leía y mi mente se iba a otras cosas, otros pensamientos, al estilo Homer Simpson. Incluso me ha pasado que seguía leyendo sin prestar atención a las palabras o lo hacía vertical. También ha llegado un momento que los “rindiose”, “llamábanse”, “disipose” se me han clavado en el cerebro. Me ha costado trabajo terminarlo, lo siento autor.

:60:

—Rindiose, llamábanse, profesábase... uhm... tuturuturututu...
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Re: CPVIII Año del Señor de 1489

Mensaje por moskita » 20 Abr 2013 01:04

Solo puedo decir una cosa: magistral :60: Me ha embrujado desde la primera frase. Me ha conmovido, me ha atrapado y me ha enamorado. Además el estilo es perfecto, el vocabulario, la temática, todo. Quizá lo único que me ha faltado es saber algo más sobre los protagonistas, conocer su historia, cómo pasó. Pero es que yo soy así de romántica :mrgreen: Es el mejor que he leído hasta ahora. Enhorabuena y gracias al autor :60:

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Re: CPVIII Año del Señor de 1489

Mensaje por Nínive » 20 Abr 2013 23:29

Para mí, el problema que tiene escribir un relato con un lenguaje antiguo, es que no se consigue por entero, por lo que la mezcla entre uno y otro, pocas veces queda bien. Empezar relatándonos el final en este caso, hace que yo como lectora pierda parte del interés porque la historia se desvela casi desde el principio.
Y aunque es una historia que podría haberme encantado, le ha faltado ese nosequé para que brote la magia. Es algo subjetivo mío, autor, no tuyo. Y me sabe mal no saber explicarte el porqué.:60: :60:
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Re: CPVIII Año del Señor de 1489

Mensaje por Desierto » 21 Abr 2013 14:54

Escrito con absoluta corrección y haciendo gala de un dominio del lenguaje abrumador, pero la historia, a pesar de emocionante, tiene poca intriga, poca tensión, por lo que ha de ser la propia belleza de la construcción la que mantenga la lectura. Eso vale para algo corto, pero puede cansar a la larga, por eso entiendo los comntarios negativos. A mí me ha gustado bastante, pero me hubiese gustado algo más, quizá un mayor acercamiento ambos personajes. La voz del juglar como narrador queda un poco impersonal.
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Re: CPVIII Año del Señor de 1489

Mensaje por xabeltrán » 21 Abr 2013 15:26

¡Bravo! :eusa_clap: Estoy sorprendidísimo con este relato. De momento, y de lejos, mi favorito. Qué soltura con el lenguaje, qué cadencia tan romántica, qué ambientación histórica más completa... Me ha encantado, de verdad, una historia de amor imposible muy bonita. Mi más sincera enhorabuena al autor. :60:

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Re: CPVIII Año del Señor de 1489

Mensaje por jilguero » 21 Abr 2013 16:42

Me parece muy bien escrito y muy trabajado. Un excelente trabajo, sin duda, pero debo reconocer que Jilguero se lo ha leído sin que apenas se hayan despertado sus sentimientos. No sé, es como si la perfección de la prosa, lo adecuado del lenguaje, lo hubiera distanciado de la intensa pasión que se nos cuenta. Pero creo que es un gran trabajo y que, por tanto, el problema ha sido más bien de Jilguero. :oops: Me lo apunto, no obstante, en la lista de relecturas y a ver qué pasa en la segunda pasada. :D
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Re: CPVIII Año del Señor de 1489

Mensaje por elultimo » 21 Abr 2013 18:51

Típico relato del estilo del que gana todos los años el concurso...

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