CPVIII El gran Mandruke - Albatross

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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lucia
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CPVIII El gran Mandruke - Albatross

Mensaje por lucia » 16 Abr 2013 22:06

EL GRAN MANDRUKE

«Lantano, Cerio, Preseodimio, Neomidio. ¡Lantaceripreseneo!
Prometio, Samario, Europio, Gadolinio, ¡Promesamaeurogado!
Terbio, Disprosio, Holmio, Erbio, ¡Terbidisproholmioerbio!»

Jacinto Lamprea, de nombre artístico «El gran Mandruke», no era muy dado a memorizar cosas, y menos a su edad tardía; ya hacía tiempo que la zona sombría de su entendimiento cobraba terreno sobre la lúcida. Había oído vaguedades sobre la relación entre la magia y la alquimia, «antecesora de la química moderna». Ello le había abocado a adquirir, en una papelería escolar, una lámina plastificada con la tabla periódica de los elementos, y a memorizar, no sin gran esfuerzo, la lista de lantánidos. De esa forma buscaba personalizar los conjuros mágicos que formulaba en sus trucos de ilusionista. Tenía el convencimiento de que si los sortilegios que declamaba tenían una base científica, no solo impondrían respeto entre el público sino que conferirían mayor credibilidad a su espectáculo.
De vez en cuando giraba la casete «Bachata-Mix» que compró para ella en una gasolinera arcaica. Jacinto Lamprea conducía en mitad de la noche, por carreteras comarcales, un Seat 124 cinco puertas de 1976, de color verde manzana. El vehículo estaba decorado con algunos naipes pintados cobre la carrocería y con el rótulo «Mago Gran Mandruke» bajo dos estrellas de cinco puntas pintadas en sendos flancos. Sobre el capó, el fantasma de un conejo descolorido y trasojado, parecía pugnar con sus últimas fuerzas por asomar del interior de una chistera. La parte trasera del primitivo automóvil, despojada de su asiento, ocultaba, tras cortinillas de terciopelo, algunos fracs de lamé con algo de hilo de oro y plata deshilachado; cajas de madera pintadas de colores con bisagras ocultas y falso fondo; bolsas de tela trucadas con bolsillos secretos; un saco de sables de hoja plegable; una jaula con conejos flacos y otra con palomas asmáticas; y un gran bigote postizo. El Gran Mandruke no conservaba los dientes anterosuperiores y, con el amparo del bigote falso sujeto por una goma elástica, ocultaba su carencia ante un público rústico, a la espera ―ya sobradamente prolongada― de poder ahorrar para la prótesis.
Sobre sus rodillas, una pequeña manta de viaje hacía más llevadero el intenso frío de la meseta que la calefacción del vehículo, desde siempre defectuosa, no alcanzaba a mitigar. Olía a guano. Los conejos de los magos también cagan y el Lamprea había vuelto a olvidar limpiar las jaulas antes de coger la carretera; hacía demasiado frío para abrir la ventanilla. Su pensamiento convergía, como un flujo de ondas hertzianas, en el pequeño termo de café que viajaba en la guantera. Si conseguía conducir toda la noche, se ahorraría el dispendio de la dormida.
Jacinto Lamprea presagiaba que aquel desenlace habría de sobrevenir más pronto que tarde, aunque había albergado la esperanza de que hubiese tenido un viso más decoroso, y lamentaba no haber dispuesto de algo más de tiempo para acomodarse al escenario de la soledad. Tenía que pensar; todo lo que poseía estaba en el automóvil ―aquel naufragio sin amortiguadores y cuyos neumáticos estaban lisos como piel de salamandra―. El dinero que conseguía cada noche en sus espectáculos de pueblo se lo gastaba el día siguiente en gasolina, en pensiones de mala muerte, y en tabaco negro.
Nunca le preguntó nada desde la noche en que la recogió en la carretera con el rostro lleno de mataduras y con lo puesto, ni cuando durante los primeros cincuenta kilómetros miraba hacia atrás, hacia la negrura, con el terror en los ojos. Le compró ropa en el primer mercadillo, le dio de comer cuanto quiso, y dejó que con el tiempo se le acercase paulatinamente, como un perro apaleado. Pasados unos días, cuando se le disipó la nube de miedo que la envolvía, parecía ser dichosa aprendiendo los trucos o cuando subía al escenario, pero él sabía que era una hembra caliente y montuna de los trópicos, y que lo que ostentaba de animal salvaje no le permitiría conformarse por mucho tiempo con un viejo y empobrecido prestidigitador desdentado. Durante las representaciones, calibraba de reojo cómo ella se alimentaba de las miradas lascivas que aquellos catetos clavaban sobre sus caderas de potranca, sobre sus pechos color del ron que explotaban bajo la lencería de plumas y lentejuelas, y sobre sus labios de súcubo, mientras se deslizaba sobre el escenario como una boa impregnada en unturas balsámicas.
Cuando el Gran Mandruke enviudó unos años antes, regaló todas sus plantas a las vecinas, las sustituyó por otras de plástico, se compró una botella, y se instaló frente el televisor a ir muriendo poco a poco. Le había sonado bien aquello de «Participaciones Preferentes»; le hacía sentirse seguro e importante. Su caja de ahorros de confianza se las vendió como la inversión que haría cómodo su retiro. No podía imaginar que los ahorros de toda su vida se evaporarían sin más, de la noche a la mañana. Cuando no pudo pagar el alquiler, le dieron quince días para vaciar el piso, pero Jacinto Lamprea no se vino abajo. Los dedicó con diligencia a reparar el viejo Seat, repintar sus cajas de mago y ensayar sus trucos semiolvidados ante la chiquillería del barrio. Cuando hubo terminado compró el bigote de pega, limpió el piso y lo cerró; dejó la llave dócilmente en la portería y se echó a la carretera.
«¡Lantaceripreseneo!», había gritado aquella tarde con gesto teatral ante el público. Cuando descorría la cortina y abría la caja, ella desaparecía. Todo salía como estaba previsto. Plegada en la parte inferior del cajón trucado, con sus medias de rejilla, sus tacones de doble altura y sus esposas ficticias, se ocultaba en un doble fondo y, aovillada en lo oscuro, se bañaba en el murmullo de admiración de los parroquianos subyugados por la ilusión. Con la escasa iluminación, el efecto era impecable. Solo tenía que arrastrarse bajo la tela negra del escenario y aparecer en la otra caja. Lo habían ensayado cien veces.
Un día, durante una tarde de vino y risas, los casó de broma el alcalde de una pequeña pedanía en la que habían repetido actuación. Aunque fue una pantomima ante borrachos, para Lamprea se convirtió en su mujer. Su segunda mujer, con certeza la última. Al fin y al cabo el alcalde era real y ella parecía seguir el juego. Cuando salieron del bar-casino con un libro de familia de mentira hecho de servilletas de papel y una Polaroid de verdad hecha por el camarero, fueron a un mesón donde comandaron medio lechón y una botella de tinto de Jumilla y aquella noche cancelaron el espectáculo y se fueron a una pensión con baño propio. El Gran Mandruke se encerró en él durante quince minutos y, después de cepillase los dientes que le quedaban, llenó medio vaso con Licor del Polo e introdujo su triste polla con la intención de dotarla de un poco del apresto de otrora y de un aliento fresco y juvenil ―Como profesional del ilusionismo, Mandruke era un precavido―. Mientras duraba la inmersión en enjuague bucal, enderezaba sus hombros vencidos y buscaba en las profundidades del espejo al hombre que fue la última vez que visitó el interior de una mujer.
Ella, con la atención disminuida por el alcohol, no advirtió las prácticas de higiene creativa de su mentor; se limitó a cabalgarlo con la seguridad de una amazona y con la distancia medida de una profesional. Mientras, los conejos, aliviados por la tarde sin función, espiaban desde la jaula. El Gran Mandruke pasó el resto de la noche admirando su cuerpo desnudo y sudoroso mientras ella roncaba. Encendiendo un cigarrillo con las brasas del anterior, sopesaba si debía sentirse feliz o desgraciado, o en qué instante un sentimiento debería dejar espacio al siguiente, y si estaría preparado cuando, como la marea, llegase el dolor.
El verano dejó paso al otoño y este al invierno. La sospecha cogió cuerpo durante la función, cuando giró la caja sobre sus ruedas y le pareció más liviana de lo habitual. Más tarde, cuando el salón se vació y quedó solo recogiendo sus ingenios y aparejos, la buscó entre las cortinas, tras las butacas, en el camerino (no había camerino), miró en la chistera sin fondo… pero ya sabía que no la volvería a ver.
¡Promesamaeurogado! Como un gilipollas había gritado, hasta tres veces, la señal convenida para que apareciese. Cada vez más alto, con la esperanza de que no la hubiese oído a la primera. Con la frente perlada de un sudor frio ya sabía entonces, varita en alto y cuarenta ojos sobre sí, que no la encontraría en la maldita caja. Donde primero lo advirtió fue en las rodillas como un temblor, luego en el estómago como un pellizco. Entonces comprendió que la siguiente media hora sería la de la vergüenza; que para el resto de la función y de su vida ―del último tramo de su vida―, tendría que adaptar su repertorio de trucos por haberse quedado sin ayudante; y que tal vez esa noche se acostaría sin cenar por tener que devolver la recaudación.
El Gran Mandruke echó de menos un discreto telón tras el cual asumir su derrota.

Marzo 2013

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andres451
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Re: CPVIII El gran Mandruke

Mensaje por andres451 » 19 Abr 2013 18:41

Me encantó, desde el comienzo me mantuvo enganchado y lo disfruté mucho. Me dio cierta pena la vida del Mandruke. Creo que el relato se quedó un poco corto en el final, hubiera esperado algún giro un poco más vistoso y tragicómico para el mago. Aún así me gustó mucho, felicito a su autor/a.
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Re: CPVIII El gran Mandruke

Mensaje por Tadeus Nim » 19 Abr 2013 18:43

Bien escrito, se lee facil, asequible, pero demasiado amargo. Sin esperanza. Me ha dejado un regusto seco que no me gusta.

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Ismael González
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Re: CPVIII El gran Mandruke

Mensaje por Ismael González » 19 Abr 2013 19:27

Amargo, impresionante, encantador.
Y punto pelota.
Muy bueno. :60: :60:

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Re: CPVIII El gran Mandruke

Mensaje por Yuyu » 20 Abr 2013 18:57

Creí que después de Lalito y el polvo en el geriátrico todo iba a ser poco, pero el momento baño de miembro en licor del polo fue lo más :cunao: . Me ha gustado pero me quedé con ganas de saber más sobre ella que es todo un misterio, de quién huía?... Felicidades por la creación!! :60: :hola:
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Re: CPVIII El gran Mandruke

Mensaje por Desierto » 21 Abr 2013 00:15

Este realto está ma-ra-vi-llo-sa-men-te escrito. Lo digo con todas las letras. Me ha encantado, con toda su amargura, su ambiente sórdido y sus personajes enternecedores y descalabrados. El ritmo, perfecto. La emoción, dosificada de forma magistral.

Ahora que ya no hay dudas de que me ha encantado, voy a darle el tirón de orejas. A veces, con la idea de criticar una problemática social actual, el escritor de un relato no se sabe contener y mezcla churras con merinas. Si quieres denunciar las tácticas abusivas de los bancos, escribe otra cosa, aquí no pega ni con cola. Me estoy refiriendo a esto:

Cuando el Gran Mandruke enviudó unos años antes, regaló todas sus plantas a las vecinas, las sustituyó por otras de plástico, se compró una botella, y se instaló frente el televisor a ir muriendo poco a poco. Le había sonado bien aquello de «Participaciones Preferentes»; le hacía sentirse seguro e importante. Su caja de ahorros de confianza se las vendió como la inversión que haría cómodo su retiro.


Un tipo que decide tras enviudar que no tiene nada que le mueva en la vida no se dedica a realizar inversiones financieras, no es verosímil, lo siento. Si quieres explicar cómo se arruinó inventa otra cosa, o si quieres que sea por culpa de al inversión ene preferentes, al menos inventa una historja en la que el hijo de un amigo o alguien así le va con el cuento y él lo firma porque al vida la importa ya menos que un carajo. Desde luego no cuadra con este personaje que lo hiciera por sentirse "seguro e importante". Hay que mantener la coherencia interna de los personajes.

Independientemente de eso, lo demás un sobresaliente. Por el momento, mi favorito.
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Re: CPVIII El gran Mandruke

Mensaje por Nínive » 21 Abr 2013 12:26

Está bien, bien narrado, con un ritmo adecuado, aunque al principio me haya confundido ese "ella" que no se presenta hasta la mitad del relato.
Pero en sí, la historia me ha dejado un poco fría. Lo siento. No te sabría decir, autor, el porqué. Cuestión de sensibilidad, supongo. :60: :60:
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Re: CPVIII El gran Mandruke

Mensaje por jilguero » 21 Abr 2013 17:48

Prosa impecable, buen ritmo, encadenamiento casi musical de las palabras…etc. Como le he dicho al autor de Un desnudo y dos cervezas heladas, ¡qué bien escribes! En este caso, a la historia (que es igual de triste que la otra), en lugar de darle un toque cómico, se lo has dado amargo. Mejor así, me gusta que haya variedad. La historia en sí, no es tampoco de mis favoritas, pero también por la calidad de la prosa este relato pasa, sin duda, a la lista de relectura.
¡Muy buen trabajo, enhorabuena! :60:
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Re: CPVIII El gran Mandruke

Mensaje por elultimo » 21 Abr 2013 20:14

Otro relato que se supone que tiene que transmitir alguna emoción y que a mí me deja tan indiferente como si hubiera leído la lista de los reyes godos.

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Re: CPVIII El gran Mandruke

Mensaje por RAOUL » 21 Abr 2013 20:42

Le tengo que dar otra vuelta, aunque con la primera ya me ha bastado para saber que está impecable e ingeniosamente escrito. Dominio demostrado sobre ese material resistente que el lenguaje. Pero no he terminado de decidir si la historia que cuenta -si es que cuenta una historia- es suficiente o está suficientemente desaprovechada.

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Re: CPVIII El gran Mandruke

Mensaje por Sinkim » 22 Abr 2013 00:53

Me ha gustado, la historia engancha aún sin ser una maravilla y el cuento es bonito aunque el final sea un poco triste :D
Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano.

:101: RECUENTO 2017 :101:

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Re: CPVIII El gran Mandruke

Mensaje por moskita » 22 Abr 2013 17:30

Una prosa impecable y una historia interesante. Siempre me han atraído los ilusionistas. Pero este relato en particular no me ha dicho gran cosa, no me llega. Lo siento mucho, autor. Un saludo.

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Re: CPVIII El gran Mandruke

Mensaje por Estrella de mar » 22 Abr 2013 17:37

Escrito de maravilla, el autor domina el lenguaje como quiere. Pero me deja indiferente la historia, no he conseguido empatizar con el protagonista.

Cálamo compañero: gracias por regalar palabras.
Ya es carnaval en el cielo.
Mi blog: http://relatosdemetaliteratura.blogspot.com/

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Re: CPVIII El gran Mandruke

Mensaje por kassiopea » 22 Abr 2013 18:59

El autor hace gala de un envidiable manejo del lenguaje y, además, lo que a mí personalmente me parece aún más complicado: nos cuenta una historia empezando por el final, para luego hacer saltos narrativos en el tiempo adelante y atrás hasta, como un verdadero ilusionista, revelar la última pieza para que el lector comprenda el todo que conforma la historia. Me ha parecido soberbia la ironía con que está escrito el texto, incluso el nombre del protagonista, que aún lo hace más patético; "el gran Mandruke"... que supongo es una lastimosa copia del mago Mandrake :wink:

Plegada en la parte inferior del cajón trucado, con sus medias de rejilla, sus tacones de doble altura y sus esposas ficticias, se ocultaba en un doble fondo y, aovillada en lo oscuro, se bañaba en el murmullo de admiración de los parroquianos subyugados por la ilusión.


"Aovillada", preciosa palabra que ya tiene su historia en los concursos del foro :boese040:

Bueno, para poner lo que podría ser una pequeña pega... Tras leer esta parte que cito no he podido pensar: "la chica debe ser pequeña y delgadita para lograr aovillarse tan bien en el fondo falso de ese cajón..." Lo que se me ocurre que no cuadra mucho con la descripción que anteriormente se ha hecho de la susodicha: mujer con caderas de potranca y pechos a punto de explotar :meditando:

También está la cuestión de que el lector llegue a empatizar o no con el personaje. Según algunos comentarios previos, ha faltado empatización. Lo que tal vez haya jugado en contra de eso (y solo es mi opinión, puedo estar muy equivocada), es que al principio ya sabemos que "ella" no está y el propio protagonista tiene asumido que la perderá, antes o después... Mi humilde opinión es que quizá él nos habría hecho más lástima de no haber asumido tan mansamente esa pérdida incluso antes de que ocurriera :meditando: Si es que en lugar de dar pena, ¡uno casi piensa que se lo ha buscado! :roll:

Mi enhorabuena y mi admiración, y perdón por los humildes comentarios de esta aficionada. Un placer leerte :60:
Para este Sant Jordi, el recopilatorio "Girándula en la niebla" ya disponible en Amazon

Leed en Los foreros escriben: Desbarre en el orfanato abretelibrense

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Re: CPVIII El gran Mandruke

Mensaje por aradia.ms » 22 Abr 2013 20:24

Preciosa escritura que me ha llevado de la mano de principio a fin por un camino sinuoso. Me ha gustado mucho cómo está escrito, el desarrollo del tema y he pasado por la amargura que destila, porque no tengo objeciones a los sabores más desagradables cuando están bien narrados. A pesar de todo, no me ha terminado de llenar, pero no sabría decir por qué. Creo que es cosa mía. Como cuando, de niña, era la única que odiaba con toda mi alma a Pinocho. Rara que es una.
:101: La verdad, Terry Pratchett - Cranford, Elizabeth Gaskell :101:
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