CPVIII Una grúa al cielo - Gisso (Ganador popular)

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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lucia
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CPVIII Una grúa al cielo - Gisso (Ganador popular)

Mensaje por lucia » 18 Abr 2013 18:41

Una grúa al cielo


—Papá, ¿mami ya no va a volver?
La lluvia arreciaba contra el parabrisas del coche. El día había salido gris, triste, como si también guardara duelo y llorara por su reciente perdida, compadeciéndose de él. Diego salió de su ensimismamiento al escuchar la voz de Alba, su pequeña. Se fijó un momento a través del espejo. Su carita, sus rasgos, sus ojos. A partir de ahora le recordaría tanto a ella... Su cuerpo se estremeció al pensar que ya no estaría junto a ellos, ni vería crecer a su hija.
—No va a volver, ¿verdad papá? —repitió de nuevo Alba, cruzando su mirada con la de su padre a través del espejo.
—No pequeña, mami se ha ido y ya no va a volver... —contestó Diego a punto de atragantarse con esas últimas palabras. Una sensación de pesadumbre emergió de su estómago, pasando por su corazón y quebrando su voz hasta convertirla en un susurro—... ahora está en el cielo.
—¿En el cielo? —repitió en una pregunta Alba y se giró a mirar a través de la ventanilla empapada de lágrimas de lluvia, intentando traspasar las nubes grises con la mirada—. ¿Y no podemos subir al cielo para visitarla algún día?
—No pequeña, está muy lejos, muy alto y no se puede llegar hasta el lugar donde está mamá.
Alba volvió a mirar a su padre por el espejo y se quedó pensativa un momento. Luego volvió a mirar al cielo y dijo con convicción:
—Entonces construiré una grúa tan grande y alta que llegará hasta el cielo y así podremos visitarla cuando queramos.
El silencio se adueñó del interior del coche. Sus palabras le atravesaron el alma y Diego rompió a llorar. Intentando recomponerse, se enjugó las lágrimas con la manga del traje negro y volvió a fijarse en su pequeña, que miraba ensimismada al cielo.

Con cuidado, sacó a Alba del coche. Durante el camino a casa se había quedado dormida. Diego abrió la puerta como pudo con la pequeña en brazos y la subió despacio a su habitación, donde la cambió y la acostó. Se quedó mirándola unos momentos mientras le apartaba un mechón de pelo de la cara. Se parecía tanto... La besó dulcemente y la tapó. Antes de abandonar la habitación se volvió a mirarla con el temor de que al girarse ya no la encontraría dormida, que se habría desvanecido. Pero no, allí seguía. Cerró la puerta y bajó de nuevo acercándose al mueble bar, sacando una botella de whisky y un vaso. Se fijó en la foto que se encontraba encima. Estaban los tres juntos, sonrientes. Ahora todo eso había acabado, ya no volverían a estar juntos, ella se había ido por esa maldita enfermedad. Cogió la foto y se sentó en el sofá, dejando el vaso en la mesita que tenía al lado y llenándolo hasta arriba. Dejó también la botella y agarró con fuerza la foto con las dos manos, sin dejar de mirarla. Siguió apretando con más fuerza hasta que el cristal se resquebrajó. Entonces cerró los ojos y comenzó a llorar, mezclándose las lágrimas con la sangre en el cristal. Se quedó dormido en el sofá con la foto pegada al pecho. El vaso seguía lleno sobre la mesita.


—¿Milo, estás ahí? —Alba acababa de despertar y se frotaba los ojos. Luego, buscando en la oscuridad volvió a hablar en un susurro— ¿Milo?
—Sí canija, estoy aquí abajo —una voz, casi un murmullo, emergió del suelo por el lado derecho de la cama—. Ya subo, me has tirado mientras dormías.
Unas patas marrones y peludas asomaron por encima de la sábana, seguidas de una cabecita con ojos de botones. Alba al ver a Milo, su osito de peluche, su amigo, se abalanzó sobre él y lo agarró con fuerza mientras empezaba a sollozar.
—Vale, vale canija. ¿Qué te ocurre? ¿Por qué lloras? —comenzó a consolarla el osito, mientras la abrazaba suavemente—. Cuéntamelo.
—Mami se ha ido para siempre al cielo y dice papá que no va a volver, que ya no la vamos a ver más —le contó a Milo entre hipidos.
—Oh, canija, cuanto lo siento, pero ¿de verdad no la vamos a ver más?
—Eso dice papá —continuó mientras se tranquilizaba un poco y le ofrecía a Milo el atisbo de una sonrisa—, pero le he dicho que buscaré una solución para llegar al cielo.
—¡Ah! ¿Sí? ¿Cómo? —preguntó el osito mientras fijaba sus ojos de botones en los de Alba.
—¡Sí! Le he dicho a papá que construiré una gran grúa que nos subirá hasta el cielo y así podremos visitar a mami siempre que queramos. Seguro que nos espera con una tarta de chocolate.
—¡Qué gran idea, canija! Sin duda nos dará la bienvenida con una inmensa tarta —exclamó Milo sin poder contener una gran sonrisa. De pronto, se puso serio de nuevo—. Pero... ¿ya sabes cómo construirla?
—Bueno... —Alba se quedó pensativa un momento y luego levantó un dedo poniendo cara como si ya hubiera encontrado una solución—... dibujaremos un plano. Es lo que se hace en estos casos, ¿verdad? ¡Y luego nos pondremos manos a la obra!
—¡Manos a la obra! —repitió Milo y ambos bajaron de la cama en silencio, acercándose al cajón donde guardaban las pinturas y los folios para cogerlos. Alba encendió una lamparita que daba una luz suave y que utilizaba para las noches que se colaban monstruos feos en su cuarto y no la dejaban dormir. Comenzaron a dibujar y discutir tumbados en la alfombra su plan para construir una gran grúa que llegara hasta el cielo.

—Shhh, nos va a oír papá —Alba mandó silencio a Milo que había tropezado en el marco de la puerta mientras se escapaban del cuarto—, ¿van a venir ya?
—Sí, ya los he llamado —contestó el osito mientras se masajeaba el brazo tras golpearse—, me han dicho que los esperáramos fuera, que llegarían enseguida con el material.
Alba y Milo bajaron por las escaleras con mucho cuidado y llegaron hasta la puerta del comedor. No vieron a su papá, así que continuaron hasta la cocina. Una vez allí, abrieron la puerta que daba al jardín trasero y salieron al exterior a esperar bajo un techo de estrellas.
—¿Dónde estará mami? ¡Es muy grande! —preguntó Alba fascinada mirando al cielo.
—No lo sé, canija. Pero seguro que la encontraremos... ¡Mira, ya están aquí!
La puerta trasera del jardín se abrió ampliamente y comenzaron a entrar varios camiones rosas con dibujos de florecillas y grandes sirenas de colores. De ellos bajaron un gran grupo de monos con casco y trajes de faena amarillos. Alba y Milo comenzaron a darles órdenes, descargando y montando, construyendo y amontonando, pero sin hacer mucho ruido que pudiera alertar a papá.
—No tenemos suficiente luz —comentó Alba frunciendo el ceño intentando atisbar mejor.
—Tranquila canija, esto creo que puedo arreglarlo —contestó Milo. De una bandolera portaherramientas que llevaba, sacó un mando con una rueda y una antena. Apuntó con él al cielo y giró la rueda. Acto seguido las estrellas comenzaron a brillar más, mejorando la visión.
—¡Milo, eso ha sido maravilloso! Ahora trabajaremos más rápidos, pero... —se detuvo un momento mientras se giraba a observar al osito algo enojada—... ¿Por qué no lo has hecho antes?
—Bueno, yo... no lo había... no... —empezó a balbucear mientras se sonrojaba. Alba se acercó y le dio un fuerte y cariñoso abrazo.
Alba, Milo y los monos trabajaron sin prisa pero sin pausa hasta que acabaron de montar la pieza central: el camión-grúa que la llevaría hasta el cielo. Desde la cabina del camión, Milo controlaría la potencia y que todo funcionara correctamente. En la parte trasera se encontraba la base, reforzada por ocho grandes patas de sujeción que le daba forma de araña. En la parte central de la base, una cúpula direccional de metal donde se encontraba el “cesto de mando” por el cual Alba subiría y manejaría la grúa. En la parte de atrás del camión se encontraban los tubos extensores del brazo amontonados en grandes cantidades, los cuales introducirían los monos por un conducto y que se irían acoplando y alargando el brazo principal para ir cogiendo altura. Había llegado el momento, Alba saludó a los monos agradeciendo su trabajo. Luego se acercó a Milo y se abrazó a él.
—Tranquila canija, verás como todo saldrá bien y encontraremos el camino —la reconfortó Milo, después se separó de ella y alzó ambas patas, ya que no tenía pulgares, en señal de “ok”. Se giró y subió a la cabina del camión.
Alba no apartó su mirada hasta que el osito entró en la cabina. Después se acercó a la parte central y subió al cesto de mando. Comprobó los mandos, aún apagados y se puso los auriculares.
—Aquí cesto de mando a cabina —comenzó a hablar Alba—, ¿todo correcto?
—Sistemas comprobados y en perfecto funcionamiento —corroboró Milo—, me dispongo al encendido en tres, dos, uno... ¡cero!
El camión empezó a pegar sacudidas y a iluminarse toda clase de lucecitas. Alba se acercó a la consola de mandos y pulsó el botón de activación. El cesto se elevó unos metros.
—Mucha suerte, canija —le deseó Milo.
Alba acercó las manitas a los mandos y con decisión, los comenzó a mover. Pero lo hizo tan enérgicamente que el cesto salió disparado hacia las ramas de un árbol que tenía cerca, estrellándose contra él. El árbol se estremeció, igual que el cuerpo de la pequeña por el impacto.
—¡Canija! ¿Te encuentras bien? —gritó preocupado el osito.
—Sí, me encuentro bien... —Alba, asustada, comenzó a quitarse hojas y escupir otras pocas. Se había hecho unos pequeños arañazos. Unos quejidos desde el árbol llamaron su atención. La pequeña apartó una rama. Justo detrás se encontró un búho con cara de muy pocos amigos.
—Ey, ey, ey, ¿qué quiere decir este asalto y derribo? —comenzó a protestar el búho— ya no hay respeto por la naturaleza, ni por la propiedad privada, ey, ey, ey...
—Oh, cuanto lo siento señor búho —dijo Alba realmente afligida—, ha sido un fallo. No esperaba que los mandos fueran tan sensibles y apreté demasiado fuerte. Yo me dirigía...
—Ey, ey, ey, ¿mandos? Ya veo, ya veo, todo un error de cálculo. Pero deberías ir con más precaución. No se puede ir por ahí invadiendo árboles ajenos, ey, ey, ey. ¿Y a donde te dirigías?
—Yo solo quería llegar al cielo para visitar a mi mami, ya que ahora vive allí y...
—Ey, ey, ey, —al escuchar esto último, las facciones del búho se suavizaron—, ya veo. Uhm, quieres visitar a tu mami en el cielo, pero no sabes muy bien cómo manejar el cesto, ¿verdad?
La cara de Alba se sonrojó. El búho se fijó un momento en ella y luego se acercó dando saltitos. Comenzó a explicarle el funcionamiento del cesto detalladamente y con paciencia. La pequeña, sorprendida por esa inesperada ayuda, prestó mucha atención. Siguiendo sus indicaciones, el cesto retrocedió saliendo del árbol y comenzó a moverse con más suavidad hasta controlar mejor los movimientos. El búho sonrió.
—Ey, ey, ey, veo que aprendes rápido. Ahora puedes continuar con tu búsqueda.
—Muchas gracias señor búho y perdone las molestias —se disculpó Alba. El búho hizo un gesto amistoso con el ala y regresó de nuevo al árbol—. Bueno Milo, ¡continuamos!
El cesto comenzó a coger altura acercándose a una nubes y se introdujo en ellas. Alba agarró un trozo y le pegó un bocado, deduciendo que tenía el mismo sabor que el puré de guisantes que le hacía su tita Lidia. Emergió del cúmulo y comenzó a sacudirse los restos de nubecillas impregnadas en su cuerpo cuando un sonido la alertó. Una sombra pasó rozando a Alba, que gritó asustada mientras se cubría la cabeza. Al ver que no ocurría nada, apartó los brazos y vio como se alejaba una cigüeña muy enojada y algo asustada que había esquivado el cesto por muy poco. Alba se quedó mirando muy perpleja a la bolsa rosa que llevaba sujeta al pico mientras se alejaba.
—¡Canija! —la voz preocupada de Milo se escuchó por el auricular—. Te he oído gritar, ¿te ha pasado algo? No voy a ganar para sustos.
—No Milo, tranquilo, solo ha sido una cigüeña que ha pasado muy cerca y me he asustado. Pero qué extraño, llevaba una bolsa en el pico.
—¿Una bolsa en el pico? ¿De qué color era?
—Era rosa...
—¡Entonces es una niña!
—¿Una niña? Milo, no te entiendo...
—¡Ah! ¿Pero no lo sabes? —Milo comenzó a reír. Un bufido de protesta llegó desde el otro lado del auricular—. Tranquila canija, no resoples, ¿no sabes cómo llegan los futuros recién nacidos a este mundo? En el interior de las estrellas viven los Incorpóreos, unos seres formados de luz y energía. Cuando les llega el momento a los que nunca han vivido en la Tierra, descienden del cielo y se posan en las nubes suavemente a la espera de que las cigüeñas los recojan y los envuelvan en una bolsa. Si es rosa será niña o si es azul, un niño. Después los trasladan a los futuros papás y mamás que esperan un hijo y los introducen en la barriguita de la mamá, donde después de nueves meses creciendo en su interior, nacerá una canija, o un canijo.
—¡Oh! —exclamó fascinada Alba al averiguar cómo venían los niños al mundo—. Milo, no sabía nada, ¡pero es increíble! —continuó muy emocionada—. Entonces, ¿cuándo una persona va al cielo, se convierte de nuevo en un Incorpóreo y vuelve a su estrella, viviendo en ella?
—Eso cuentan, canija. Por eso tu mami está ahora allí arriba.
—Entonces... —Alba miró hacía las estrellas y los ojos se le comenzaron a humedecer con lágrimas de alegría—... la encontraremos. ¡Encontraremos su estrella!

El cesto subía y subía cada vez más. Alba miró hacia abajo y le entró un poco de vértigo al ver como la Tierra se iba convirtiendo en una bola azul, blanca, verde y marrón cada vez más pequeña. Comenzó a tener frío, así que pulsó un botón para cubrirse con una cúpula de cristal y conectó la calefacción. Una nave espacial pasó cerca de ella y saludó a los tripulantes que le devolvieron el saludo, luego se perdió en la oscuridad. Había llegado el momento y entonces se dio cuenta de la verdadera magnitud que iba a tener su búsqueda. ¡Habían tantas estrellas en el cielo! Cientos, no... miles, tampoco... millones de estrellas, tal vez más. ¿Cómo la iba a encontrar entre tantas si no conocía su paradero? Una sensación de abatimiento se apoderó de ella, ¿y si no la pudiera encontrar y todos sus esfuerzos no hubieran servido para nada? La pequeña comenzó a sollozar.
—Canija, ¿qué te pasa? ¿Te encuentras bien? —la voz turbada de Milo sonó por el auricular.
—¡Hay muchas, Milo! ¿Cómo la vamos a encontrar entre tantas estrellas? —la pequeña comenzó a llorar ahora abiertamente, totalmente desconsolada.
—¿Por qué lloras, niña? —una voz desconocida, suave y profunda, llegó desde el exterior de la cúpula. Alba se giró hacia ella y se sorprendió al ver que era la plateada Luna quien le hablaba—. ¿Qué haces por aquí? ¿Te has perdido?
—Señora Luna —habló Alba mientras se enjugaba las lágrimas—, no me he perdido. He subido hasta aquí para buscar a mi mami que ahora está en el cielo y vive en una estrella. Pero hay tantas... No sé cómo voy encontrarla, por eso estoy tan triste.
—Niña, no desesperes —la intentó tranquilizar la Luna—. Seguro que das con ella, pero no debes intentar encontrar el camino en el exterior, entre las estrellas, sino en tu interior. Si de verdad sientes tanto amor por tu madre y quieres encontrarla, piensa en esos momentos felices junto a ella y busca su estrella dentro de tu corazón, él te indicará. Cierra los ojos, escucha en silencio lo que te dicte, déjate llevar por él. Luego vuelve a abrirlos, seguro que encontraras lo que buscas.
Alba se quedó en silencio tras las palabras de la Luna. No sabía si había comprendido lo que le quería decir. Cerró los ojos pero no ocurrió nada, todo era oscuridad. Entonces, la voz de Milo, que hasta ahora se había mantenido en silencio, llegó hasta la pequeña.
—¿Te acuerdas, canija, de las tartas de chocolate que nos preparaba?
—Sí, me acuerdo Milo. Estaban tan ricas... —una imagen de su mami apareció en su mente con el delantal manchado y ofreciéndole la cuchara llena de chocolate para que ella la probara.
—¿O cómo te cuidaba cuando te ponías enferma y te daba leche caliente con miel? —continuó Milo—. ¿O se sentaba a tu lado en la cama y te contaba cuentos cuando los monstruos feos no te dejaban dormir? —el osito siguió recordando momentos hasta que se quedó un rato en silencio. Luego volvió a hablar con la voz conmovida—. ¿O cuando en tu cumpleaños te regaló un osito de peluche, que de nombre pusiste Milo? Desde entonces nos hicimos inseparables, ¡y hemos vivido tantas aventuras juntos! Y gracias a tu mami, nuestra mami...
Todas esas imágenes acudieron a la mente emocionada de Alba. Tantos buenos recuerdos... Y gracias a su mami se habían conocido ella y Milo. Un sensación de calidez agradable desde su corazón se fue apoderando de su cuerpo y notó como una luz comenzaba a brillar más y más en su interior, como una estrella multicolor.
—Y ahora, niña, abre los ojos y mira a las estrellas.
Alba, obedeciendo las suaves palabras de la Luna, abrió los ojos y observó. Y ahí en el cielo, sorprendida al descubrirla entre el resto de estrellas, una en concreto, ahora más brillante y con una luz multicolor, llamó su atención. Una gran sonrisa comenzó a dibujarse en su rostro.
—Es esa... —comenzó a decir Alba en un murmullo y que poco a poco fue elevando el tono de su voz hasta convertirlo en una exclamación de alegría y júbilo—... es esa estrella, Milo. Estoy segura. ¡La hemos encontrado! —luego se giró hacia la Luna—. ¡Muchísimas gracias! Sin usted nunca la habríamos encontrado. ¡Gracias!
—No hay de qué, niña. El camino estaba esperando a ser encontrado en tu interior.
—Y Milo —comenzó a hablar a través del micrófono—, mucha gracias a ti también, por hacerme recordar, estar siempre a mi lado y haber pasado tan buenos momentos juntos —Alba escuchó unos balbuceos ininteligibles a través de los auriculares, en señal de agradecimiento—. Y ahora, es momento de ponernos en marcha hacia nuestro destino final. ¡Allá vamos mami!
La pequeña puso rumbo el cesto en dirección a la estrella multicolor. Poco a poco se fue acercando, su luz comenzó a abrazarla suavemente, ofreciéndole una sensación de paz y calor. El brillo cada vez se fue haciendo más intenso pero sin dañarla los ojos. El cesto se introdujo en el interior del fulgor de múltiples colores y que bailaban a su alrededor. Perdió la comunicación con Milo y por unos momento quedó cegada. Al recuperar la vista, ante ella aparecieron unos escalones que llevaban ante un gran portal de luz blanca. Alba paró el cesto en las escaleras, quitó la cúpula de protección y salió, comenzando a subir por ellas hasta el portal. Se detuvo un momento indecisa. Cerrando los ojos, se internó en la luz.

Alba abrió de nuevo los ojos tras cruzar al otro lado y se quedó sorprendida de lo que vio. Se encontraba ante su casa, en el jardín, pero había algo diferente. Todo estaba muy limpio, objetos y contornos parecían perfectos; los colores, más vivos, desprendían un aura brillante. Una dulce fragancia la embargó. Y allí, junto a unas hermosas flores, distinguió una figura incorpórea y vaporosa de mujer. La pequeña no pudo contener un gritito de emoción. La figura se dio la vuelta al notar su presencia y entonces la pequeña distinguió los etéreos rasgos de su rostro.
—Mami, mami, mami —comenzó a repetir mientras corría hacia ella—. ¡Mami! Te he encontrado, he venido a buscarte —seguía diciendo entre sollozos de felicidad y se lanzaba a sus brazos. La figura la acogió en su tenue seno abrazándola con dulzura.
—Oh, mi pequeña, mi amor, mi hijita —la voz de su madre era como una canción de cuna para Alba—, pero... ¿Cómo me has encontrado y has llegado hasta aquí?
—Papá me dijo que te habías ido al cielo, y Milo y yo hemos construido una grúa muy alta para buscarte y llegar hasta aquí. Y ahora que te hemos encontrado ¿volverás con nosotros? —terminó mientras se separaba de su mami y la miraba fijamente a los ojos.
—Mi pequeña, lo siento mucho, pero no puedo volver —en el rostro de su madre se dibujó una profunda tristeza—. Luché tanto por vosotros, por quedarme a vuestro lado. Pero al final perdí la batalla y tuve que abandonaros. Ahora mi sitio está aquí, en el cielo y no puedo regresar aunque quisiera. ¡Os hecho tanto de menos a los dos!
—¿Entonces no puedes volver con nosotros? —habló entre sollozos la pequeña. La figura negó con la cabeza. Alba continuó—. Pero ahora con la grúa podremos visitarte todos los días, ¿verdad, mami? ¡Para eso la hemos construido! Y subirá papá...
—Lo siento pequeña, —la cortó suavemente su madre—, pero eso tampoco va a ser posible.
—¿Por qué? —preguntó totalmente desesperada Alba.
—Porqué tu mundo y el mío ya no son el mismo y no pueden permanecer unidos. Ahora mi sitio está en el cielo, en tu recuerdo y en tu corazón. Y el tuyo junto a tu padre, amigos y Milo. Algún día volveremos a estar juntos, pero aún deberá pasar mucho tiempo. Muchísimos años, espero. Ahora tienes que regresar y no debes volver aquí, ya que te consumiría la tristeza. Por eso tienes que marchar y buscar la felicidad. Pero ahora que se nos ha ofrecido esta oportunidad de estar juntas por última vez, ¿por qué no la aprovechamos?
Alba no pudo contenerse y comenzó a llorar en el regazo de su madre al saber que iba a ser una despedida y que no se iban a volver a ver en mucho tiempo. La madre posó una mano en el cabello de Alba y empezó a acariciarla para consolarla. Poco a poco se fue calmando. Levantó la cabeza y al cruzarse sus miradas, volvió a sonreír. Pasaron mucho tiempo hablando, jugando y haciendo cosas juntas. La pequeña nunca se había sentido tan feliz.
—Bueno, ha llegado el momento de la despedida, mi pequeña. ¿Te portaras muy bien ahora? —Alba asintió con la cabeza, quería demostrar a su mami que era fuerte y que había entendido que ya no podían seguir juntas, tan solo en su corazón. Su madre se agachó ante ella y le cogió la mano. Abriéndosela, dejó en su palma un par de pequeñas estrellas de cristal—. Mi amor, siempre que estés triste y necesites hablar conmigo, me encontrarás en el interior de estas pequeñas estrellas. Ahora tienes que irte ya —y dicho esto, se agachó ante su hija y le dio un dulce beso en la frente.
—Mami... —comenzó a decir Alba—... te echaré mucho de menos. Siempre te tendré en mi corazón. ¡Te quiero mucho! —y se abalanzó sobre su madre dándole un fuerte abrazo. Luego se separó y sus ojos se le anegaron de lágrimas. Se acercó hacia el portal de luz y se giró para despedirse por última vez de su madre, que también levantó su mano. A Alba le pareció que también estaba llorando. Se puso ante el portal y observó el regalo de su madre. En las estrellas vio algo que la hizo sonreír y cruzó con decisión la luz. Sabía que su mami siempre estaría junto a ella.

Diego se despertó inquieto, había tenido extraños sueños. Se levantó un poco mareado y de su pecho cayó algo al suelo. Se agachó a recogerlo, era la foto con el cristal roto manchado de sangre y lágrimas. Se quedó mirándola cuando un ruido en el piso de arriba, en la habitación de Alba, lo sobresaltó. Dejó la foto junto al vaso de whisky aún lleno y subió corriendo. Entró en la habitación de la pequeña asustado, pero se le pasó al comprobar la situación. La pequeña se encontraba tendida sobre la alfombra junto a su osito de peluche Milo, rodeada de hojas y pinturas bajo la suave luz de la lámpara antimonstruos. Se acercó a ella para devolverla a la cama y entonces vio un dibujo que llamó su atención: había dibujado, en el jardín de lo que parecía su casa, un camión de colores y patas de araña conducido por Milo y detrás, unos monos de amarillo con unos tubos; al lado, un árbol con un búho; de la base del camión salía un brazo-grúa que llegaba hasta el cielo cerca de una Luna sonriente y una cigüeña con una bolsa rosa; en el cesto había una niña con los brazo abiertos hacia una estrella multicolor con unos escalones en su interior y una mujer en un portal. Diego se quedó observando el dibujo, cuando Alba comenzó a balbucear algo. Dejó el dibujo en un estante y la recogió del suelo. Mientras la acercaba a la cama, comenzó a hablar medio dormida.
—Papá, la he construido y he ido a visitarla...
—¿El qué, Alba? ¿Qué has construido, mi pequeña?
—Una grúa tan alta que ha llegado al cielo, hasta la estrella donde vive ahora mami. Y he estado con ella, pero me ha dicho que ya no podemos volver a visitarla.
—Vaya, mi pequeña. Me hubiese gustado tanto acompañarte...
—Y a mí, papá, pero ya no podemos volver. Ahora dice que estará en nuestro corazón y en nuestros recuerdos.
Al oír esas palabras, a Diego se le encogió el corazón y a punto estuvo de ponerse de nuevo a llorar. Volvió a meter en la cama a Alba y la tapó, dejando a Milo a su lado.
—Buenas noches, mi pequeña. Espero que tengas dulces sueños y que mami te acompañe en ellos —Diego le dio un delicado beso en la frente.
Alba se quedó un momento en silencio mirando a su padre, luego sacó una mano de entre las sábanas y la abrió ante él. En ella habían dos estrellas de cristal. La pequeña comenzó a hablar.
—Ahora nos acompañará a los dos, papá. Nos ha dado este recuerdo para que esté siempre con nosotros. Así nunca nos abandonará del todo. Una para ti y otra para mí.
Diego cogió y observó con extrañeza una de las estrellas. ¿De dónde las habría sacado Alba? Nunca las había visto... Entonces el tiempo se paró a su alrededor. Fascinado, sin poder apartar la mirada de la estrella multicolor, observó como una figura etérea de una mujer empezaba a manifestarse en su interior. Diego no podía creer lo que estaba viendo, ¿era su...? No, era imposible. Sus ojos se anegaron de lágrimas de incredulidad, cuando una mano pequeñita tomó la suya.
—Papa, ahora estará siempre con nosotros, a nuestro lado...

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Re: CPVIII Una grúa al cielo

Mensaje por Dori25 » 19 Abr 2013 14:46

Ay por favor que tristeza más grande!!!!!!!!
Que bonito!!!!
Peyton place
Recuento 2019
Este año me he hecho un sandwich fantástico, entre Mariki y Judy.

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Re: CPVIII Una grúa al cielo

Mensaje por Ismael González » 19 Abr 2013 17:54

Madre del amor hermoso, vaya relato más lacrimógeno…
No, de verdad, casi suelto la lagrimilla.
Infantil y lleno de magia y ternura. Un sol de relato, vamos.
No suelo leer estas cosas, pero… me ha encantado. :60:

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Re: CPVIII Una grúa al cielo

Mensaje por Desierto » 21 Abr 2013 02:43

Un relato mágico y hermoso. No soy muy aficionado a la literatura infantil pero me rindo ante este cuento.
Recuento 2017
Es el terreno resbaladizo de los sueños lo que convierte el dormir en un deporte de riesgo

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Re: CPVIII Una grúa al cielo

Mensaje por blinder » 21 Abr 2013 17:17

Mi enhorabuena más sincera al autor. No encuentro ninguna pega y si muchos halagos al texto que acabo de leer. Me ha emocionado y encantado a partes iguales. Me encantaría leer más cosas de este autor, ya tengo ganas de saber quien eres jeje.

Un saludo.
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Re: CPVIII Una grúa al cielo

Mensaje por RAOUL » 21 Abr 2013 17:18

¿Una mezcla de Marco, Alicia en el País de las Maravillas y 2001? Tal vez le quitara el detallito de las estrellas, tal vez... :roll:

Una preciosidad, autor o autora. Me quito ante ti el sombrero, después el cráneo y luego una tira de mi cerebro para enjugar las lágrimas.
Quién fuera editor y tuviera tu teléfono.

Enhorabuena y gracias.

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Re: CPVIII Una grúa al cielo

Mensaje por moskita » 21 Abr 2013 17:49

Necesita una buena revisión porque tiene muchas faltas. Te pongo algunos ejemplos para que los tengas en cuenta:

Nunca la habríamos encontrado


No soy una experta, pero afirmaría que ese tiempo verbal es incorrecto. Debería escribirse en el contexto "hubiéramos" o "hubiésemos" encontrado.

Hay varias carencias de tildes, e incluso alguna que otra que no va donde tiene que ir:

Porqué tu mundo y el mío...
Ese va sin tilde, por ejemplo.

Además, me he encontrado un par de veces esto:

En ella habían dos estrellas de cristal


No me gusta ponerme así, pero es que es una pena que, con lo bien que escribes, no hayas hecho una buena revisión. Porque el cuento es precioso y emotivo. Y yo me quedo con eso y lo apunto a los favoritos :mrgreen: Enhorabuena y mucha suerte :wink:

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Re: CPVIII Una grúa al cielo

Mensaje por Gisso » 22 Abr 2013 11:56

Un cuento mágico y conmovedor, mezclando un poco de realidad y mucha fantasía. Es una pena, como dice Moskita, que necesite una revisión. Veo repeticiones de palabras y el “se” (se levantó, se quedó, se abrazó...), “se” hace un poco cansino. Aun así, un hermoso relato con un rayo de luz multicolor al final.

—Alba, ya estoy preparado para el viaje a las estrellas multicolores...
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Re: CPVIII Una grúa al cielo

Mensaje por kassiopea » 22 Abr 2013 12:15

Tras este relato, sin duda, se esconde un autor que desborda imaginación, creatividad y sensibilidad. No me queda otra que rendirme y darte una enhorabuena tan enorme como esa grúa que llega al cielo. Has escrito un cuento que rebosa magia y esperanza por los cuatro costados, que llega directo al alma. Puede que aún destaque más en este concurso por el hecho de estar rodeado de tantos relatos oscuros y trágicos... Me has conquistado con esta historia, peeeeeero... ¡qué lástima de falta de revisión! :icon_no_tenteras: :icon_no_tenteras: Supongo que el tiempo se te echó encima y las prisas no son buenas compañeras :wink:

¿Sabes qué me ha recordado tu historia? Las películas de "Toy History", esos juguetes que cobran vida cuando ningún humano está presente. Aquí es diferente, porque Alba habla con Milo, pero ese equipo de monos obreros, ¡igualitos que el escuadrón de soldaditos verdes! Jaja, seguro que has visto esa película... una delicia :eusa_clap: :eusa_clap: :eusa_clap:

Este fragmento también me parece genial:
Tranquila canija, no resoples, ¿no sabes cómo llegan los futuros recién nacidos a este mundo? En el interior de las estrellas viven los Incorpóreos, unos seres formados de luz y energía. Cuando les llega el momento a los que nunca han vivido en la Tierra, descienden del cielo y se posan en las nubes suavemente a la espera de que las cigüeñas los recojan y los envuelvan en una bolsa. Si es rosa será niña o si es azul, un niño. Después los trasladan a los futuros papás y mamás que esperan un hijo y los introducen en la barriguita de la mamá, donde después de nueves meses creciendo en su interior, nacerá una canija, o un canijo.


:marie_bow: :marie_bow: :marie_bow: :marie_bow:

Muchísimas gracias por la emoción, enhorabuena y recuerda: revisión, revisión, revisión, revisión...
Para este Sant Jordi, el recopilatorio "Girándula en la niebla" ya disponible en Amazon

Leed en Los foreros escriben: Desbarre en el orfanato abretelibrense

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Re: CPVIII Una grúa al cielo

Mensaje por Dori25 » 22 Abr 2013 12:18

No sé si os lo dije alguna vez pero estoy convencida de que mis muñecos cobran vida cuando duermo, así que el relato no me pilla de sorpresa.
Peyton place
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Este año me he hecho un sandwich fantástico, entre Mariki y Judy.

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Re: CPVIII Una grúa al cielo

Mensaje por Nínive » 22 Abr 2013 12:18

Un cuento con mucha imaginación y con detalles estupendos, como el osito de peluche y los monos trabajadores. Me sobra algún trozo como el encuentro con la cigueña, lo veo prescindible. Por contra, me encanta la imagen de la niña dormida rodeada de dibujos.
Quizá yo hubiera dejado que las estrellas se quedaran como medio de comunicación infaltil, sin qeu el padre pueda ver a la madre, ya que el mundo que ha creado Alba es exclusivamente suyo. Pero este es tu relato, autor, y no el mío. Coincido con la revisión de faltas que te han propuesto más atrás.
Enhorabuena por apostar por los cuentos de hadas. ¡Quedan tan pocos! :60: :60:
Mi página: Curvas de tinta y tatuajes del alma

Y el aullido del lobo negro se coló bajo la piel nevada de la loba...

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Re: CPVIII Una grúa al cielo

Mensaje por shirabonita » 22 Abr 2013 12:20

Como Moskita, remarco ese fallo del verbo HABER en modo impersonal:

"Habían tantas estrellas en el cielo". Sobra la N del verbo haber, pues esta frase no tiene sujeto, las estrellas son el complemento directo.

Y un laísmo : "pero sin dañarla los ojos" . El complemento directo es LOS OJOS, y la niña es el complemento indirecto , luego debe ser un LE y no un la.

El relato está escrito desde el punto de vista de la pequeña Alba y eso le da una candidez y originalidad extraordinarias. Me ha enternecido la rotundidad de la decisión de Alba , de encontrar a su madre en el cielo, y su capacidad de hablar con un búho (me encantaría poder hablar con los animales :D )
El papel de Milo, también es enternecedor.

Como relato infantil es una preciosidad , una joya como esas dos estrellas de cristal que Alba tiene en su manita, al día siguiente de la aventura.Has conseguido llenarme los ojos de lágrimas. Me ha parecido un trabajo, muy, muy bueno. Puedes estar orgullos@ de tu creación! :hola:
Como un gran cielo, color verde claro, desearía que mi corazón fuese así de inmenso. (Emperador Meiji)

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Re: CPVIII Una grúa al cielo

Mensaje por ciro » 22 Abr 2013 12:32

Muy tierno cuento. Tendrá una buena puntuacion por mi parte porque se la merece, aunque tengo que decir que a mi tanto pasteleo me empalaga, pero para gustos se hicieron los colores.
Suele ser más rentable escuchar que hablar. No hagáis como yo. Cosecha propia

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Re: CPVIII Una grúa al cielo

Mensaje por Yuyu » 22 Abr 2013 17:38

Muy bonito, precioso, me ha gustado tanto que no me he fijado en nada más. Me sorprendió leer los comentarios de los demás porque yo no he visto nada :cunao: . No he llorado de milagro. Gracias por la creación!! :60: :hola:
Bleach - Tite Kubo
Steelheart (Reckoners 1) - Brandon Sanderson
El bestiario de Axlin (Guardianes de la ciud.)-Laura Gallego
El portal de los obeliscos (La Tierra Fragmentada 2) - N. K. Jemisin

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Re: CPVIII Una grúa al cielo

Mensaje por Sinkim » 23 Abr 2013 00:27

Un relato muy hermoso y tierno, me ha encantado, la historia me ha gustado mucho y me ha parecido muy original y bien escrita :D :D Para mí de los mejores del concurso :lol:

Moskita ha dicho una cosa que me ha hecho pensar que igual sé quien es el autor, ya veremos al final :cunao: :cunao:
Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano.

:101: RECUENTO 2017 :101:

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