CPVIII Quisiera ser tan alta - Ororo

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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lucia
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CPVIII Quisiera ser tan alta - Ororo

Mensaje por lucia » 18 Abr 2013 18:46

QUISIERA SER TAN ALTA



A veces, amanece.

Entonces, abandona el reino. Ese lugar blanco inmaculado y tapizado de terciopelo donde es un diminuto punto negro que titila. Un punto prácticamente inmóvil y que quisiera ser todavía más pequeño y permanecer en una esquina abandonada y andrajosa, llena de restos de basura. Sin embargo, reposa en un lugar virginal y aterciopelado, bello y perfecto. Cualquiera habría anhelado descansar plácidamente en esa infinita extensión redonda, sin esquinas, llena de paz. Ella, sin embargo, preferiría dormir en un suelo salpicado de astillas y cristales. Prefiere las esquinas afiladas donde cortarse la piel y sentir dolor a ese sueño calmo y sin fin. Nadie, salvo ella misma, se lo va a reprochar. La inmensidad de esa farsa la asusta, pero su atracción es implacable.

Cuando amanece, recuerda no uno, sino dos firmamentos redondos, enormes, nobles y asustados sonriendo frente a ella. Si te enfadas, nubes grises cargadas de rabia y frenando la lluvia, el llanto. Si sonríes, azul cristalino. La gloria en tu boca pequeña, fina, comedida. ¿Para qué más? Lo mucho cansa, aunque lo poco, es tan poco…

Entonces, se levanta con el cansancio y el temblor de piernas de siempre, con todos esos besos de cada día acompañando al desayuno, con el aroma del café que hoy parece más intenso. Porque hoy ha amanecido y los sentidos se disparan, las sábanas son seda china al tacto, el gorjeo del pájaro que saluda desde el conducto de ventilación del cuarto de baño está tan cerca. Aunque los ojos te busquen y no te encuentren. Fuma, y cada calada es un suplicio para sus labios, que buscan presurosos el filtro que trastabilla entre obstáculos invisibles al ritmo incierto de sus dedos.

No hace falta hablar con él, que sí que está. Las miradas lo dicen todo. Y las medias sonrisas. La charla y los cambios de tema son los lazos que le tiende para que continúe. Ella lo agradece no sabes cuánto, aunque la procesión vaya por dentro.

Una ducha fría siempre va bien. Arrastra a su paso la piel muerta y la pintura blanca de su reino artificial. Deja al descubierto un sinfín de abismos reales, de los que son como desagües que tragan con fuerza a cualquiera. El agua diluye, moldea su cuerpo, crea aristas y ángulos poco deseables. Cristalizada, sale.

En la calle todo es movimiento trepidante. Un paso, camina, el viento, cruza, otro paso, en rojo, dos gritos, las diez. El movimiento agita su cuerpo, destensa sus músculos, la hace estar activa, pendiente de todo menos de aquello. Entretenida. Un cupón para el sábado, se traspasa, ¿he cogido el paraguas?, la salida.

¡Hoy has venido! Hoy he venido. ¿Cómo va? Va. ¿Te encuentras mejor? Me encuentro mejor. Toma, un café. Otro no, gracias. ¿Sabes los últimos cotilleos? Es tan fácil desconectar. El diálogo se convierte en monólogo, sabe cómo darles protagonismo, pasarles la pelota y sonreír. Es demasiado fácil sumergirse. Se abandona. Nadie la ve escabullirse hacia su refugio blanco. De nuevo la paz falsa, la felicidad incierta. Cuando cierra los ojos, todo se vuelve blanco.

Navegar sin temor en el mar es lo mejor. Tiene una razón para echarse a temblar, pero juega a que no existe. El blanco es muy delicado y no le gustaría ensuciar el refugio. Ni se le ocurre llorar. Sus lágrimas negras no se limpian fácilmente. Ahora es un punto diminuto que camina por el reino. Se tumba en la nívea hierba y gira sobre sí misma. La cabeza le da vueltas y le gusta la sensación. No sabe dónde está ni adónde va. Cielo, tierra, cielo, suelo, cielo, blanco, blanco, blanco. De pronto, un cuerpo sólido detiene su juego. ¿A que no lo sabías? ¿Hola? ¿Estás ahí? ¿Oye? Sí, sí. Está ahí. Vamos al vestuario antes de que esto se llene. Tiene razón.

El agua se rompe cuando se lanza a la piscina. La agresión ondea de calle en calle. Lentamente, desapareciendo poco a poco. Los murmullos bajo el agua la calman. De nuevo, marca la distancia con la realidad. Un brazo, otro, ladea el cuerpo, coge aire con la boca, burbujas, flota. En las otras calles, nadan a un ritmo frenético. Quiebran el agua a manotazos, a patadas, golpes húmedos despidiendo gotas salvajes de agua que salen amenazantes en cualquier dirección. Uno, dos, todos.


Todos nadan al unísono. Todos golpean impacientes el agua con un ritmo cada vez más
alocado .Compás de golpes y furia. ¡No! ¡Vais a romperlo! ¡Quietos! ¡Parad! ¡Noooo!
Se paraliza. Esperando. El agua comienza a bailar. Una gran circunferencia líquida
empieza a formarse y gira sobre sí misma. Cuando se da cuenta, se ha
creado un remolino gigantesco que succiona a los nadadores
aplacando sus ansias de ser uno con el agua. La fuerza
es arrolladora, se deja arrastrar. A la deriva.
Sin límites. Inmensidad. Gira, gira,
gira. Nada contra lo
que luchar.
Nada.
Na
da
más que
albura. Succionada
por el desagüe de la realidad:
el reino. Se despereza y bosteza con
ganas, como la niña que, a ratos, todavía es.
Los reyes son los padres; los médicos, también; el
patio de mi casa es… Aguza la vista y distingue a pocos
metros un terreno rasgado y sediento. Es blanco, como todo lo
que la rodea, pero las grietas que lo atraviesan son cavidades oscuras y
profundas. Avanza y se asoma. Clava su mirada en la cicatriz de la tierra y puede
sentir segundo a segundo el resquebrajamiento del suelo. Lo que era imperceptible se transforma en lo único existente allí. Nunca ha sido tan consciente del paso del tiempo.


Los finos surcos se van ensanchando para convertirse en angostos cauces de aguas negras y profundas. Cuencas de ojos que nunca debieron abrirse. El reino tiembla en su totalidad y cae por el precipicio.

Completamente a oscuras, sólo escucha su respiración acelerada. Es más un jadeo; un gemido más que un aliento. Tiembla sentada sobre una roca húmeda. Mientras intenta pensar qué va a hacer, una mano se apoya por sorpresa en su hombro. De un sobresalto, vuelve la cabeza. Un hombre ha dejado caer su brazo sobre ella y mantiene una llama y una pequeña hoz en la otra mano. Se interrogan con la mirada.

Cuando el hombre se dispone a hablar, lo hace con una voz titánica y elegante. Ella, asustada, asiente como si comprendiera algo de lo que dice mientras busca una salida en la inmensidad. Entonces, el discurso del hombre se ralentiza, como si el tiempo estuviera transcurriendo más despacio de lo normal. Ella atiende atónita. El hombre sigue conferenciando como si perteneciera a otra época, o a todas las épocas, estirando cada palabra más allá de lo permitido. Sus gestos lentos y elegantes se sincronizan con la disertación. Ahora vuelve al ritmo normal hasta que, repentinamente, farfulla a toda velocidad el resto de su historia. Sus rápidos aspavientos lo acompañan y las prisas se adueñan de su respiración. ¿Qué está sucediendo? La velocidad fluctúa y convierte el monólogo en lo más absurdo del mundo. Ese hombre cuenta espasmódicamente que se arrepiente de lo que hizo. Su conciencia oscila al ritmo del tiempo. Ella no ha entendido nada pero, cuando él comienza a alejarse, caminando a veces despacio y a veces deprisa, intermitentemente, es consciente de que el paso del tiempo continúa de forma irremediable, aunque se presente cada día más viejo y apergaminado. Ya no le quedan dientes, pero sigue teniendo fuerza en las mandíbulas. No puede morder para avisar; por eso, directamente, desgarra. Ahora sabe quién es.

Sola. Medita sobre lo que acaba de ocurrir. ¿Qué ha sido de su reino blanco y seguro? Lleva tiempo inmersa en el refugio. A veces, lo busca; otras, aparece en él sin quererlo. Nunca antes había encontrado filtraciones ni situaciones como la que acaba de vivir. ¿O acaba de soñar? Algo está ocurriendo. Algo está cambiando en ella y en su reino. Quizá se esté desmoronando y sea hora de abandonarlo definitivamente y continuar lamiendo sus heridas en otro lugar. Suele desear no volver jamás a la farsa nívea, pero es complicado. Y lo fácil es muy fácil.

Continúa sentada en la roca cuando escucha movimientos en el agua. Dirige la mirada ciega hacia el lugar de donde proviene el sonido y alcanza a ver una luz tenue y amarillenta que parece acercarse. En efecto, la luz se aproxima y alguien canturrea en una lengua extraña sabiendo que su murmullo se convierte en bramido gracias a la resonancia. ¿Será de nuevo Cronos?

A medida que la luz avanza, la claridad la ayuda a distinguir el lugar en el que se halla. Es una enorme caverna por la cual fluye un río de aguas calmas. La oscuridad y quietud de sus aguas contrasta con las quejas proferidas por los remeros de la barca que discurre por ellas. En pie, una figura alta y estilizada permanece impasible. De pronto, un bramido sustituye al cántico y la invade de terror. ¡Remad, malditos! Queréis llegar a destino, ¿no es así? ¡Remad, pues! ¡No os quejéis! ¡Aquí no hay sitio para niños! El barquero parece no conocer la compasión. Sólo sacude de vez en cuando un pequeño saco de tela cuyo contenido tintinea.


¿Y tú? ¿Traes tu óbolo? Las niñas bonitas también pagan. Yo no soy bonita ni… Observa intrigada la indumentaria harapienta del barquero. Ha detenido la embarcación frente a ella. El sombrero redondo oculta sus ojos. Una lustrosa barba gris es lo único que destaca en el horrendo rostro. Tú no eres bonita ni lo quieres ser. No deberías estar aquí. Éste todavía no es tu lugar. La voz resuena en la caverna como un cántico, como un salmo que se repite una y otra vez. No deberías estar aquí. No es tu lugar. Todavía. Las palabras siguen golpeándola a pesar de que el extraño ser mantiene la boca cerrada. La caverna devuelve las palabras desde el estómago, las vomita una y otra vez hasta que los pulmones se desgarran, la garganta escuece, las lágrimas arden y ella también acaba repitiéndolas. Cuando quiere darse cuenta, el barquero está marchando. ¿Acaso alguien ha ordenado que paréis, miserables? ¡Venga! ¡Adelante! No llegaremos jamás a este ritmo. Y la barca continúa su camino.

Con la mugre clavada en los huesos y una densa niebla cubriéndole la cara, comienza a andar descalza el camino que siempre ha conocido. Las pequeñas rocas que amenazan con sus filos en la orilla se aplanan cuando coloca un pie. El musgo resbaladizo verdea tras el siguiente paso y las ratas se escabullen sabiendo que hoy no habrá festín.

Afuera, se adivina nadando. Un brazo, otro, ladea el cuerpo, coge aire con la boca, burbujas, flota. Sigue en la piscina, rodeada de nadadores incansables que intentan ganar tiempo en cada brazada. Alguien cronometra desde el banquillo y parece observarla. Qué tonterías. ¿Por qué, si no debería estar ahí? Donde debería estar es en casa, trabajando, en sus brazos, por la calle, subiendo una montaña o tomando un té con ella. No buscándote incansable en la memoria amarga ni en los ecos del adiós.

Su reino sin mácula ha desaparecido. Queda un pequeño cristal blanquecino y brumoso al que se asoma. La suerte está echada en un diván. La muerte la escucha. Cuando intuyen su incursión, la observan al mismo tiempo. La suerte, con su mirada bicolor, sonríe e hincha sus pómulos rosados. La muerte ha dejado de tomar notas y mordisquea su bolígrafo.

A veces, amanece.

Es entonces cuando quisiera ser tan alta como la luna, para poder verte y dejar de disimular.
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Re: CPVIII Quisiera ser tan alta

Mensaje por Ratpenat » 19 Abr 2013 18:03

Menos mal que está el pdf, el texto en el post se ve muy mal.
El texto me ha dejado perplejo: por un lado tienes la puntuación puesta de una forma muy rara. Entiendo que quieres marcar pausas, y no es mala idea, pero no me convence.
El texto me provoca más sensaciones que el imaginarme una historia, lo cual sospecho que es la intención del autor y, si es así, muy bien hecho, porque habrías hecho algo original a mis ojos.

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Re: CPVIII Quisiera ser tan alta

Mensaje por Ismael González » 19 Abr 2013 18:21

Estoy algo perdido. ¿Qué acabo de leer?
¿Una historia de introspección ajena? ¿El dolor de una violación?
¿Un intento de suicidio? ¿La imagen final en la consulta del psicólogo?
Como he dicho, estoy perdido. Creo que es demasiado poético para mí.
Aunque está maravillosamente escrito, no me ha llegado. :(

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Re: CPVIII Quisiera ser tan alta

Mensaje por Gisso » 20 Abr 2013 20:47

Un relato onírico, poético, bien escrito, aunque demasiado psicotrópico, hermético en su entendimiento. No entiendo muy bien por donde nos quieres llevar y eso hace que pierda interés tal como avanzo, ya que intento desentrañar lo que oculta esta historia; pero nada. ¿Una mujer con problemas que intenta evadirse del mundo que le rodea, creando un espacio en su mente donde se siente segura? ¿Tal vez por culpa de ese hombre de la hoz? Me gustan las historias oníricas, pero está me ha dejado traspuesto, frío. En cuanto a las palabras formando lo que parece un reloj de arena, es original en el concurso, pero ya he visto algo parecido por el foro y que alguien comentó, “parece una teta” (no, no es una cita textual, no me acuerdo muy bien como fue ni donde lo vi).

:60:

—A ver, veamos... ¿Lo entiendo? Ea, ea, ea.. Creo que... No. Vaya mareo mental...

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Re: CPVIII Quisiera ser tan alta

Mensaje por Isma » 21 Abr 2013 00:39

Como diría Eric Adams, legendario cantante de Manowar: ¡Ostia pijo!

El argumento, tal y como lo he entendido: la protagonista ha sufrido algún tipo de daño que le hace resguardarse en un mundo artificial, donde ella está sola y nadie le molesta. En ese mundo le llega el recuerdo del perdón solicitado y no concedido de aquel que le causó el mal. A raíz de eso, o tal vez no, llega el momento en que debe elegir. O se va con Kharonte, barquero de los infiernos, o se queda en el mundo mundano lleno de las pasiones de Berlín. Elige, o mejor dicho eligen por ella; el barquero no acepta más pasajeros.

Encuentro muchos, muchos puntos de interés, a saber:
- En un momento concreto se desglosan los pensamientos de la protagonista a lo James Joyce
- El texto es incomprensible, pero incomprensible a lo Julio Cortázar, maestro de relatos
- Buenísimo el caligrama (por dios, qué cultura la mía) del desagüe que lleva a la protagonisa de una realidad a otra, de una piscina a un mar

Me ha gustado mucho. Está escrito con un lenguaje poético precioso y dan ganas de releerlo una y otra vez, en busca de las ocultas pistas que a buen seguro el autor ha ido dejando por ahí. Un relato arriesgado y bello. A las palabras les gusta que jueguen con ellas, a mí me lo han dicho.

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Re: CPVIII Quisiera ser tan alta

Mensaje por Desierto » 21 Abr 2013 11:58

Un relato escrito con innegable valentía, pero, quizá por abusar del recurso que precisamente lo hace tan especial, el resultado final ha sido quizá un poco demasiado críptico. Se prestaría a miles de interpretaciones, pero me temo que el significado completo solo está al alcance del autor, lo que me deja un sabor de boca agridulce. Uno puede sacar la idea general, en la que creo que todos coincidimos, por lo que en líneas generales muy bien, pero por otro lado hay frases, giros e imágenes que me resultan incomprensibles.
Las palabras están para jugar con ellas, es cierto, pero también están para comunicar. Este relato exige un ejercicio de deducción, para mí, excesivo. Eso sí, aplaudo el mérito.
Recuento 2017
Es el terreno resbaladizo de los sueños lo que convierte el dormir en un deporte de riesgo

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Re: CPVIII Quisiera ser tan alta

Mensaje por Isma » 21 Abr 2013 12:36

Sospecho, amigo Desierto, que detrás de ese planteamiento críptico se esconde una primera participación en el concurso. El contenido intencionadamente oscuro expone más el estilo que al autor.

Y ahora que he dicho la parida del día, voy a seguir comentando relatos.

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Re: CPVIII Quisiera ser tan alta

Mensaje por moskita » 21 Abr 2013 17:01

Simplemente no he entendido nada. Intentaré releerlo a ver si me aclaro un poco, porque no me atrevo ni a comentar nada de la lectura. Igual me ha pillado con la mente muy cerrada y tengo que abrir más mi imaginación para entenderlo :roll:

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Re: CPVIII Quisiera ser tan alta

Mensaje por Yuyu » 22 Abr 2013 17:15

No me ha gustado mucho. Me parece caótico y lleva un ritmo frenético. No me dice nada. Multitud de mundos, de realidades... No lo he entendido. Gracias por la creación!! :60: :hola:
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Tumba de dioses (Crónicas de la Nuncanoche, 2)- J. Kristoff

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Re: CPVIII Quisiera ser tan alta

Mensaje por Sinkim » 23 Abr 2013 00:50

Es de admirar la valentía y la propuesta del autor pero para mí ha sido demasiado extraño y no ha terminado de gustarme :D
Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano.

:101: RECUENTO 2017 :101:

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Re: CPVIII Quisiera ser tan alta

Mensaje por Medianoche » 23 Abr 2013 02:44

Excepcional. Bien podría haberlo escrito yo. Si no supiera cuál es mi relato, hasta dudaba. Yo veo una interpretación surrealista del mito de Orfeo. Me ha gustado el tono, las referencias, el uso del lenguaje. Creo que lo voy a subir al podio de mis favoritos.

Mi enhorabuena.
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Re: CPVIII Quisiera ser tan alta

Mensaje por Nínive » 23 Abr 2013 03:33

"¡Hoy has venido! Hoy he venido. ¿Cómo va? Va. ¿Te encuentras mejor? Me encuentro mejor. Toma, un café. Otro no, gracias. ¿Sabes los últimos cotilleos? Es tan fácil desconectar. El diálogo se convierte en monólogo, sabe cómo darles protagonismo, pasarles la pelota y sonreír. Es demasiado fácil sumergirse. Se abandona. Nadie la ve escabullirse hacia su refugio blanco. De nuevo la paz falsa, la felicidad incierta. Cuando cierra los ojos, todo se vuelve blanco."
Este párrafo me ha encantado.
Tiene imágenes de sensaciones muy bellas, pero tienes que buscar más la complicidad con el lector, porque si no, tu arte se queda solo para ti. Y es un lástima. :60: :60:
Mi página: Curvas de tinta y tatuajes del alma

Y el aullido del lobo negro se coló bajo la piel nevada de la loba...

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Re: CPVIII Quisiera ser tan alta

Mensaje por Berlín » 23 Abr 2013 12:49

Me parece este un relato muy intenso, introspectivo, íntimo. Intuyo un alma a la que le gusta, tal vez necesita, escapar del bullicio, que ansia desconectar de la realidad, que se acurruca en sus sueños. Me gusta como, mediante ese caligrama, es arrastrada hacia ese submundo, donde el barquero le dice que aún no es hora (¿hubo tal vez un intento de suicidio?).

Ya digo que me parece un buen trabajo, pero no sé si he recibido el mensaje correcto. Me gustaría mucho que luego el autor nos desvele su significado.

Un gran placer leerte. No sé si te he entendido, espero que no te tires mucho de los pelos leyéndome, autor.
"Que escribir y respirar no sean dos ritmos diferentes"
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Re: CPVIII Quisiera ser tan alta

Mensaje por Dori25 » 23 Abr 2013 12:58

Yo creo que no es suicidio porque hay un momento que alguién pide perdón, aunque puede ser una reunión de suicidas, no? Y eso es lo que oye ella, pero tampoco entiendo por qué debería pedir perdón alguien por intentar suicidarse.
He acabado como la silla que ha puesto Gisso.
Y salvo que este último haya vuelto a llevar hasta las últimas consecuencias un relato, yo creo que este es de alguién nuevo.
A mi me ha parecido demasiado onírico, la verdad, necesito acción.
Memorias de Sherlock Holmes. SH, 5
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Este año me he hecho un sandwich fantástico, entre Mariki y Judy.

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Re: CPVIII Quisiera ser tan alta

Mensaje por Tadeus Nim » 23 Abr 2013 15:49

Le veo el esfuerzo, el trabajo, el merito, pero no me he enterado de nada nada. Ni en el post ni en el pdf (muy mono el dibujo con las lineas). Definitivamente soy un ladrillo recocido. Y tiene horas metidas el relato. Pero no hay tu tía. No me entero. :60:

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