NH 1 De lo que aconteció al mancebo Tristán - Sinkim

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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lucia
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NH 1 De lo que aconteció al mancebo Tristán - Sinkim

Mensaje por lucia » 14 Oct 2013 22:02

De lo que aconteció al mancebo Tristán.

Madrid 1935,
Estimado Ernesto,

Te remito, adjunto a esta carta, parte de los escritos que encontraste en el sótano de aquella iglesia de Soria, como te comenté en mi anterior carta ha sido un arduo trabajo el conseguir desentrañar lo que en ellos se narraba, la humedad y el tiempo han causado estragos en los libros y las primeras y últimas páginas se encuentran tan pegadas entre sí que me ha sido imposible poder hacer nada con ellas.

Te devuelvo el primero de los manuscritos originales que ya he revisado así como la traducción de lo que he podido interpretar de sus páginas, este libro debía ser el que más cerca estaba del suelo y hay muy pocas páginas legibles. Tal y como me pediste he intentado dejar a un lado el lenguaje y los giros lingüísticos propios de la época en la traducción, pero sigo pensando que los textos deberían ser lo más fieles posibles al original aunque los visitantes a tu museo tengan que hacer un esfuerzo por su parte para entenderlos.
Por cierto, como correctamente habías supuesto, son las memorias de un escudero a finales del siglo XII, aunque el resto es mejor que te lo cuente él mismo.

Tuyo afectísimo tu gran amigo,
Gonzalo Vázquez Juárez.


... y fue de esa forma tan extraña e inesperada como llegué a convertirme en el escudero del que, a partir de entonces, seria mi señor.

Aún hoy, años después de su partida, tiemblo de emoción al recordar el día en que conocí al hombre que cambiaría mi vida para siempre, aquel que cogió bajo su ala a un simple pastor de ovejas y le convirtió en el hombre que soy a día de hoy, incluso a costa de perder parte de su valioso tiempo en enseñar a leer y escribir a un zagal de 13 años que, hasta ese momento, lo más que había hecho por entrenar su mente era memorizar los nombres de las 94 ovejas del rebaño de su padre.
Es gracioso como, incluso después de tantos años y de todo lo que he vivido, aún retengo en mi memoria el nombre de, casi 30, de mis queridas ovejas.

Creo que ahora tendría que hablar un poco más de mi señor, Don Rodrigo Rodríguez conde de Villa Rodrigo, el Caballero Verde, el León Cristiano, o, como descubría más tarde que le llamaban algunos, el Caballero Loco. Era un hombre magnífico en muchos aspectos aunque, como ya he dicho antes, el que primero saltaba a la vista era su inmenso tamaño, 2 varas y media de altura y más de 13 arrobas de puro músculo, coronado por una enorme cabeza, una gran cabellera castaña y unos ojos duros y fríos que le conferían un aspecto amenazador incluso antes de enfundarse en su armadura y desenvainar a Segadora, su espadón a dos manos de más de 8 libras.

Nunca olvidaré la primera noche tras ser nombrado su escudero, había recogido la leña para la fogata y puesto a asar un par de conejos que se habían cruzado con mi honda mientras mi señor se entretenía afilando su espada con la espalda apoyada en un grueso roble.
Señor, ¿quiere que desensille a su caballo? – le pregunté rezando interiormente para que su respuesta fuera negativa.
¡Adelante!, tú mismo, si no tienes especial aprecio por tus dedos puedes intentarlo. – dijo mientras una ancha sonrisa aparecía en su cara

Aquí tengo que parar y hablar un momento de Shaitán, el caballo de mi señor, lo llamo caballo a falta de otra palabra que lo describa mejor pero ese animal tenía tanto de caballo como un lobo salvaje lo pueda tener de perro ratonero. Era una bestia enorme de más de 2 varas de altura de cruz, completamente negro, excepto un lucero blanco con forma de media luna en su frente, de un color negro ébano que según como se reflejara la luz parecía casi un azul oscuro, unos impresionantes ojos amarillos que miraban con una inteligencia como no he vuelto a ver en ningún otro animal y unos dientes enormes que no dudaba en enseñar a cualquiera que se le acercara a más de dos pasos. Su temperamento era peor que el del mismismo diablo, era incapaz de estarse quieto ni un momento e incluso cuando estaba pastando no cesaba de cocear al aire aunque no hubiera nadie cerca. Únicamente respetaba a mi señor y cuando él se le acercaba se volvía manso como un corderillo y bajaba la testa para recibir las caricias que su amo tuviera a bien regalarle.

Perdone que le pregunte, señor, pero ¿dónde consiguió un animal como este?
Es una larga historia, Tristán, pero si quieres te la cuento –respondió Don Rodrigo mientras se levantaba y se dirigía con una zanahoria a Shaitán.

Cerró los ojos acariciando con una mano el cuello del noble bruto y empezó a rememorar mientras lo desensillaba.

Hará ya algo más de dos años… ¡Hay que ver como pasa el tiempo, parece que fue ayer! - susurró más para sí mismo que para mí.
Por aquel entonces yo estaba en las Cruzadas, llevaba ya unos cuantos años luchando bajo el ardiente sol del desierto por una causa que cada día me parecía menos clara y menos digna, y sirviendo a unos hombres que no merecían llamarse cristianos. Al final, por cosas de la vida, terminé uniéndome a un grupo de caballeros templarios, a las ordenes de Reinaldo de Châtillon y Eudes de Saint-Amanda, que escoltaban al rey Balduino.
No tardé en descubrir que esos franceses eran aún más sanguinarios e inhumanos que los moros contra los que nos enfrentábamos, pero mi honor me obligaba a quedarme junto al joven Balduino por lo menos hasta que cesara la amenaza de Saladino que pendía sobre él.
No llegábamos a 400 caballeros los allá reunidos pero, gracias a nuestra astucia, coraje y ¿por qué no decirlo?, una gran dosis de suerte, fuimos suficientes para sorprender a Saladino y derrotarle, a él y a sus hombres, en la batalla de Montgisard.
Aunque, desgraciadamente, Saladino logró escapar, gracias, sobre todo, a la abnegación y el sacrificio de los mamelucos de su guardia personal, conseguimos hacer un gran número de prisioneros que luego pudimos canjear por algunos de nuestros compañeros que se encontraban en su poder.

Lo que entonces no sabía es que el capitán de la guardia, contra el que me había enfrentado en combate singular casi al final de la batalla, era uno de los preferidos de Saladino y su rescate ascendía casi el rescate de un príncipe. Por aquella época yo era joven e inconsciente y, encontrándome en esas tierras ardientes y yermas, no tenía más deseo que el de volver a mi patria así que lo único que pedí fue un buen caballo ya que Roncero, el caballo que tenía desde hace cinco años, había resultado muerto durante la batalla. Hay que reconocer que Farrukh-Shah no había llegado a capitán de la guardia por casualidad, era un formidable luchador y me costó sangre, sudor y lagrimas poder derrotarle.

El día del intercambio de prisioneros no podré olvidarlo mientras viva, los prisioneros cristianos eran conducidos encadenados de pies y manos y custodiados por los mejores soldados de Saladino pero lo más sorprendente de todo fue ver un carro cerrado que llegó tirado por dos caballos y que era flanqueado por la guardia personal de Saladino.
Cuando pararon frente a la tienda principal de nuestro campamento, donde los generales estaban esperando, Saladino desmontó y dijo:

Aquí os traigo a los prisioneros, tal y como habíamos acordado, espero que ahora cumpláis vuestra parte del trato.

Tras el intercambio de prisioneros que, cosa rara en el ejército, se realizo de forma ordenada y eficiente Saladino volvió a dirigirse a nosotros:

Quisiera conocer al hombre que fue capaz de derrotar al capitán de mi guardia personal –medio pidió, medio exigió haciendo uso de su autoridad.
¡Yo soy, Don Rodrigo Rodríguez conde de Villa Rodrigo! –dije dando un paso al frente.
¡Ahhh, el León Cristiano! Por la descripción que hicieron mis soldados me imaginaba que seríais vos. Aquí tienes lo que me habías pedido, un caballo digno de un caballero como vos –señaló Saladino mientras una sonrisa ladina aparecía en sus labios.

Sus sirvientes se apresuraron a abrir la puerta del carro y una bestia impresionante bajó piafiando del mismo. La primera impresión que tuve de él fue ver como giraba y mordía a los dos sirvientes que tenía más cerca y que trataban de controlarlo con una soga alrededor del cuello y después coceaba en la espalda a un tercero que, asustado, estaba intentando alejarse corriendo. Acto seguido el gran caballo se quedó inmóvil y silencioso en medio de los gritos y gemidos de los tres hombres que se retorcían de dolor en el suelo y miró desafiante a todos los hombres allí reunidos.

- León, te presento a Shaitán, aquel que causa desesperación, ese será tú caballo siempre que consigas montarlo –dijo Saladino entre risas.

Sin dudarlo, bueno, en realidad con un poco de miedo, me acerqué, sin apartar mi mirada de la suya, intentando no demostrar temor ante esa bestia tan increíble y cuando ya estaba junto a él, tras un duelo de miradas en el que ninguno de los dos cedió, Shaitán se lanzó a morderme pero yo estaba preparado y lo único que encontró fue mi puño blindado que se estampó contra su testuz. El gran caballo reculó sorprendido y tras mirarme fijamente comenzó a relinchar de una forma que casi parecía que se estaba riendo, agachó la cabeza y, ante el estupor de todos los presentes, se ofreció para que lo montara. Eufórico monté de un salto y aún no había acabado de aposentarme sobre su grupa cuando el condenado caballo se encabritó y me lanzó volando por los aires. En cuando me recuperé le miré a los ojos y al ver el regocijo que reflejaban no pude evitar empezar a reírme a carcajadas. Sobra decir que, desde entonces, somos inseparables.

Señor, hay algo que no entiendo, ¿por qué Saladino le llamó el León Cristiano? –pregunté aún maravillado por todo lo que me acababa de contar.
¡Ahhh!, eso es algo que se remonta a mis primeros años en las cruzadas, cuando era más joven tenía el pelo bastante más largo que ahora y, según me contaron los propios moros una de las veces que compartimos mesa, cuando cargaba rugiendo contra ellos decían que con esa melena castaña tan frondosa les recordaba a un león salvaje y, desde entonces, empezaron a llamarme así entre ellos. De hecho es en honor a ese nombre que hice cambiar el emblema de mi escudo –contestó mientras señalaba el escudo cubierto por una tela que descansaba en el suelo a los pies de Shaitán.

Me acerqué con cuidado a Shaitán, procurando que me viera en todo momento y que comprendiera que no quería hacerle nada y levanté con cuidado el enorme y pesado escudo de cometa, con un umbo en el centro y que mostraba sobre un campo verde un plateado león rampante, armado y lampasado de oro, con una cruz griega dorada sobre él y una media luna de plata a sus pies.

¿Mi señor, decís que habéis compartido mesa con infieles? Pero si son hijos del mismísimo Diablo, comen niños cristianos, y se bañan en su sangre, no son humanos – pregunté, totalmente sorprendido, tras dejar el escudo en el suelo.
¿Quién te ha metido esas tonterías en la cabeza, Tristán? –inquirió mi amo con una voz ronca que hizo que temiera haber dicho algo equivocado.
El párroco de mi aldea, siempre dice que los moros no merecen vivir, que son los enemigos de Dios y que tenemos que exterminarlos a todos.
¡Idioteces! –gritó mí señor mientras yo me encogía de miedo sin saber porque estaba tan enfadado.
Los moros son simplemente hombres como nosotros, Tristán, con los mismos defectos y las mismas virtudes que podemos tener cualquiera de nosotros. Es cierto que tienen un religión diferente con algunas costumbres extrañas que nos pueden resultar incompresibles como, por ejemplo, la de no comer carne de cerdo ni beber vino – continuó ya con un tono más relajado tras darse cuenta de que, al fin y al cabo, estaba hablando con un chico de 13 años que nunca había salido de su pueblo.
¿No pueden comer jamón ni beber vino? –pregunté con la boca completamente abierta, de todo lo que me había contado esa noche eso era lo que más me había sorprendido, no entendía como alguien podía rechazar voluntariamente el jamón serrano y el buen vino tinto.

Algo de eso debió notar mi señor en mi cara porque, de repente, empezó a reír a carcajadas mientras decía:

Olvido lo joven que eres Tristán, sí, ellos han renunciado a esos manjares pero ¿Acaso nosotros no ayunamos en Cuaresma? –indicó mientras seguía riéndose.
Sí, claro, pero lo nuestro es solo unos pocos días, no es lo mismo – contesté intentando defenderme.
Bueno, su religión también tiene algunas cosas buenas, por ejemplo, les permite casarse con varias mujeres a la vez –señaló todavía con una sonrisa en la boca.
Pero Señor, ¿quién querría tener más de una mujer y más de una suegra? -pregunté recordando a mi abuela materna y las peleas constantes que tenía con mi pobre padre.
Tranquilo, Tristán, ya lo descubrirá por ti mismo dentro de unos años –contestó mi señor mientras se doblaba por el ataque de risa que, inexplicablemente para mí, le había producido mi última pregunta.



... y así salimos de Burgos tras la contundente victoria de mi señor en el torneo celebrado en honor de la boda del Conde Francisco de Aranda, pese a la prohibición del Concilio de Letrán, y habiendo ganado un enemigo en la persona de Don Diego de Santamaría, marques de Echarri, del que, desafortunadamente, no tardaríamos demasiado en volver a saber.

No llevamos ni 3 días de camino cuando, al coronar una colina cerca de Palencia, divisamos un lujoso carruaje que estaba siendo atacado por un grupo de forajidos, la escolta del noble, pues tanto los ropajes de los soldados como el mismo carruaje dejaban claro que lo era, había caído casi en su totalidad, a pesar de que vista la cantidad de cadáveres eran bastante superiores a los atacantes, todo parecía indicar que habían sido objeto de una emboscada bien organizada.

Me volví hacia mi señor a tiempo para ver como se enfundaba los guantes, como se ajustaba el bacinete y tras colocar el escudo en posición y desenfundar a Segadora se dirigía, a pecho descubierto, contra los salteadores.

Mientras le veía descender a galope tendido espoleando a Shaitán no pude evitar pensar que estaba loco, no podía creer que él solo, pues el último defensor acababa de caer, se hubiera lanzado contra los 9 hombres que quedaban. Pero mientras les veía descender la colina, cada vez más rápido, el enorme Shaitán galopando con un ritmo constante montado por el no menos excelso Don Rodrigo una sensación de maravilla se apoderó de mí, era algo digno de verse. Shaitán parecía una máquina negra imparable llevando a mi señor a la batalla y cuando llegaron Segadora hizo honor a su nombre y una cabeza voló por los aires antes de que los asaltantes se diera cuenta de lo que estaba pasando.

Hasta ese momento nunca había visto pelear al León Cristiano y por fin comprendí lo que habían visto los moros para llamarle así, esa forma de luchar no se parecía en nada a la que había presenciado durante el torneo en Burgos, aquí tanto Shaitán como mi señor se encontraban en su elemento, era eso para lo que habían nacido los dos y su unión creaba algo mucho mayor que ellos mismos, Shaitán coceaba y mordía a diestro y siniestro y Segadora cercenaba miembros con cada barrido que hacía y parecía estar en todas partes a la vez mientras el gran escudo detenía golpes y los protegía a ambos. La reyerta no tardó demasiado en acabar y ante mis ojos se encontraban 6 cadáveres y 3 futuros cadáveres pues estaba claro que ninguno de ellos iba a sobrevivir a sus heridas.

Mientras bajaba la colina al encuentro de mi señor vi que el ocupante del carruaje descendía del mismo mirando asombrado el espectáculo que se ofrecía antes sus ojos y que se dirigía hacia el único superviviente al que mi señor estaba ayudando a levantarse, uno de los escoltas que, milagrosamente, había sobrevivido gracias a que su casco había detenido lo más duro del golpe. El noble, un joven de buena apariencia que se veía bastante alterado y nervioso, comenzó a gritar y a golpear al pobre hombre acusándolo de ser un incompetente y de haber sido incapaz de protegerle, y hubiera seguido azotándolo si mi señor no hubiera detenido su mano.

¿Cómo osa levantar la mano contra aquellos que han vertido sangre por vos, contra aquellos que han estado dispuestos a morir por protegerle? –preguntó mi señor enfadado.
¡Cómo osas tú ponerme la mano encima a mí! ¿Acaso no sabes con quién estás hablando? –exclamó el noble completamente exaltado.
¡Me da igual quien seáis, nadie trata así a alguien que lucha por él, sois una desgracia y no merecéis que nadie derramé una gota de su sangre por vos! – gritó mi señor, y he de reconocer que cuando él gritaba hasta los ángeles callaban.

El noble se quedó completamente mudo, estaba claro que hacía mucho tiempo que nadie le levantaba la voz y mucho menos le llevaba la contraria.

Los hombres que nos sirven se merecen nuestro respeto, nada muestra más claramente la valía de un hombre que la forma que tiene de tratar a aquellos que dependen de él. Si queréis llegar a ser alguien digno, alguien al que los hombres miren con respeto y admiración en vez de con odio y desprecio, primero tenéis que aprender a respetar a los que están por debajo vuestro, vuestros sirvientes, campesinos y soldados son personas, tienen sus problemas sus necesidades y quieren un señor que les ayude, que les proteja y al que puedan acudir cuando lo necesiten. Piense que ellos son la base sobre la que se asienta su poder, el origen de la comida que aparece en su mesa y de la riqueza que hay en sus cofres.

El joven noble tenía la boca completamente abierta mientras escuchaba y cada vez se iba poniendo más rojo de vergüenza, hasta que cuando mi señor acabó de hablar el soldado, que se encontraba a su lado y que había ido empalideciendo a medida que oía como le gritaban a su señor, se volvió y le dijo:

Señor le estoy eternamente agradecido por haber llegado a tiempo para salvar la vida de nuestro señor, el rey Alfonso VIII, su esposa Leonor y su hija Berenguela –mientras hablaba pude ver dentro del carruaje a una bella mujer que abrazaba con fuerza a una niña pequeña y nos miraba con unos ojos abiertos como platos.
¿Vos sois el rey Alfonso? Perdonadme, mi Señor, no debería haberos hablado así –rogó mi señor mientras ponía una rodilla en tierra y agachaba la cabeza.
Levantaos caballero, me habéis dado mucho que pensar y tened por seguro que vuestras palabras no van a ser olvidadas fácilmente. Decidme el nombre del caballero que ha tenido el raro placer de intentar educar a un rey –el joven rey no parecía especialmente enfadado, de hecho casi parecía divertido.
¡Soy, Don Rodrigo Rodríguez conde de Villa Rodrigo, fiel súbdito de la corona y vuestro más humilde servidor!
Veo que vuestro emblema es el león, me gusta, transmite fuerza y coraje, creo que, con vuestro permiso, lo voy a utilizar como emblema personal, además de esa forma siempre recordaré este encuentro y todo lo que he aprendido hoy.
¡Por supuesto, señor, será todo un honor para mí! ¿A dónde se dirige vuesa majestad? Permitidme que os acompañe, necesitáis una escolta para vos y vuestra esposa e hija.
Concedido, Don Rodrigo, además así podréis continuar enseñándome como llegar a ser un gran rey –dijo entre sonrisas. – Partamos hacía Carrión de los Condes, tengo allí una cita con los responsables de las villas de Villamelendro y Villasila de Valdavia…

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Re: NH 1 De lo que aconteció al mancebo Tristán

Mensaje por andres451 » 18 Oct 2013 04:08

Me gustó cómo el autor logra demostrar lo imponente que era dicho personaje. Me entretuvo pero me faltó algo más. No sé, algún nudo que se presentara en la trama o algo por el estilo. Sentí que, así como empezó, se terminó...
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Re: NH 1 De lo que aconteció al mancebo Tristán

Mensaje por Ratpenat » 18 Oct 2013 20:59

Es un poco demasiado de fábula, pero entretiene el jodío, eso sí. :cunao:

Me ha incordiado un poco las numerosas faltas en la puntuación, sobre todo en cuanto a los diálogos. :?

Me ha resultado agradable de leer. :60:

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Re: NH 1 De lo que aconteció al mancebo Tristán

Mensaje por Isma » 19 Oct 2013 18:48

Me ha resultado muy gracioso y entretenido. Sobre todo la parte en la que el caballero rememora cómo se hizo con Shaitan, el caballo que causa desesperación. Todo ese segmento es muy fluido. Me parecido original el modo de contar la historia como fragmentos recuperados de un texto perdido, aunque sin lugar a dudas ese formato pega más con un texto más largo; en un relato corto se queda escaso. Me hubiera gustado que se explorara más esa relación entre el mancebo Tristán y el caballero, antes que el episodio final, que es interesante pero difícil de imaginar y más válido como anécdota que como otra cosa.

En conjunto me ha entretenido y gustado. ¡Felicidades!

De lo que aconteció al mancebo Tristán escribió:¡Yo soy, Don Rodrigo Rodríguez conde de Villa Rodrigo! –dije dando un paso al frente.
¡Memorable! :meparto:

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Re: NH 1 De lo que aconteció al mancebo Tristán

Mensaje por Miss Darcy » 19 Oct 2013 19:02

Entretenido a más no poder. Me he divertido mucho y me has arrancado más de una sonrisa con las aventuras de Tristán y Don Rodrigo.
Desde luego, has conseguido plasmar de un modo estupendo a Don Rodrigo, su bravura, su manera de luchar en ese pedazo de equino que cocea y muerde, luchando al mismo tiempo que su amo. Como un gran libro de caballerías :vb_493:

Me ha gustado más la parte en la que luchaban en las cruzadas, y el encontronazo con el Rey me ha parecido un poco repentino y como final te deja con ganas de más. Aún así está gracioso el rapapolvo que recibe el ilustre monarca :cunao:

Enhorabuena autor :60:
:101: Leyendo: Crónicas de la Dragonlance

:user: Blog: http://librosplumasyte.blogspot.com.es/

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Re: NH 1 De lo que aconteció al mancebo Tristán

Mensaje por ciro » 19 Oct 2013 21:50

Siento disentir con la mayoría. A mi me parece un poquito anecdótico y no muy logrado. Si pretende ser gracioso( igual no) a mi no me lo ha parecido. Luego hay discordancias argumentales: se dice que se va a mantener el lenguaje del siglo XII para luego no mantenerlo en absoluto. Luego al mancebo Tristán practicamente no le aconteció nada salvo que le contaron algunas historias. Alguien ha dicho que se parece a un libro de caballerías y yo estoy de acuerdo en esa valoración pero me aporta poco históricamente. Vamos, que agradezco el esfuerzo de acercarnos algo la batalla de Montgisard, pero no me ha convencido del todo la historia.
El pueblo debe desconocer siempre dos cosas: con qué se hacen las salchichas y como actúan los estados

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Re: NH 1 De lo que aconteció al mancebo Tristán

Mensaje por Sinkim » 19 Oct 2013 23:07

A mí también me ha parecido una historia graciosa y me ha sacado unas cuantas sonrisas, aunque visto lo visto yo lo hubiera titulado "Shaitán", es el verdadero protagonista de la historia :cunao: :cunao:

Ciro, por lo que entiendo el traductor dice que, en contra de lo que a él le hubiera gustado, va a prescendir del lenguaje de la época a petición de su amigo :D
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:101: RECUENTO 2017 :101:

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Re: NH 1 De lo que aconteció al mancebo Tristán

Mensaje por RAOUL » 19 Oct 2013 23:17

Iba a advertir a ciro sobre lo del lenguaje pero se me ha adelantado Sinkim.

Bueno, a mí es que me ha parecido flojo. Deslavazada y errática la narración, precipitada y errada la redacción, sin mucha chica, piel y garra los sucesos... Pues eso, que contra el criterio mayoritario, a mí no me ha gustado.

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Re: NH 1 De lo que aconteció al mancebo Tristán

Mensaje por ciro » 20 Oct 2013 12:51

Sinkim escribió:A mí también me ha parecido una historia graciosa y me ha sacado unas cuantas sonrisas, aunque visto lo visto yo lo hubiera titulado "Shaitán", es el verdadero protagonista de la historia :cunao: :cunao:

Ciro, por lo que entiendo el traductor dice que, en contra de lo que a él le hubiera gustado, va a prescendir del lenguaje de la época a petición de su amigo :D


Igual lo he interpretado mal pero cuando leo: "Tal y como me pediste he intentado dejar a un lado el lenguaje y los giros lingüísticos propios de la época en la traducción, pero sigo pensando que los textos deberían ser lo más fieles posibles al original aunque los visitantes a tu museo tengan que hacer un esfuerzo por su parte para entenderlos".
Entiendo que lo ha intentado pero ha podido con él su afan de pensar que los textos tienen que ser fieles. Aunque efectivamente se puede interpretar como tú y RAOUL detallais.
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Re: NH 1 De lo que aconteció al mancebo Tristán

Mensaje por Gavalia » 20 Oct 2013 21:56

Me gusta como funciona la historia cuando entras en ella. Esperas en algún caso que sea algo más que la típica historia del héroe dispuesto a defender la luz y la razón. A mi personalmente me encantan esas historias medievales donde la lucha del bien y el mal son el hilo conductor. Pero.....jajajaja siempre suele haber un pero, incluso mīo, lo cierto es que tus rivales son muy duros como para darte muchas posibilidades de que estés entre mis preferidos. Enhorabuena y atiende eso de los arreglillos ortográficos
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Re: NH 1 De lo que aconteció al mancebo Tristán

Mensaje por kassiopea » 20 Oct 2013 22:17

Yo también interpreto la nota del traductor como han apuntado Sinkim y Raoul; el hombre ha dejado de lado el lenguaje de la época en la traducción, a petición de su amigo Ernesto, aunque en su fuero interno siga creyendo que sería mejor ser más fiel al original :wink:

Precisamente, en relación a esa misiva con la que da comienzo el relato, me ha parecido muy buena idea, porque es una manera original que ha encontrado el autor de introducir al lector en la aventura caballeresca que se narrará a continuación.

Autor, has escrito una historia muy amena de leer, y con la que a mí personalmente me has arrancado varias sonrisas. La escena de Shaitán arrojando por los aires al curtido caballero no tiene precio :cunao: ¡Y el rapapolvo que el caballero le da al mismísimo rey no te digo! Lo que ocurre, no tengo duda al respecto, es que el relato podría haberse trabajado un poquito más, tanto en lo formal como en el desarrollo de la historia. Tal vez el límite de seis folios también te haya jugado una mala pasada, puesto que el relato termina como si tuviese que continuar...

De todas formas, lo vuelvo a repetir, he disfrutado con la lectura. Gracias y un fuerte abrazo, compañer@ :60: :60:
Para este Sant Jordi, el recopilatorio "Girándula en la niebla" ya disponible en Amazon

Leed en Los foreros escriben: Desbarre en el orfanato abretelibrense

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Re: NH 1 De lo que aconteció al mancebo Tristán

Mensaje por Ratpenat » 20 Oct 2013 22:36

Pues lo de la nota yo lo he entendido de otra manera. Es común encontrarse libros de caballerías escritos de aquella época, mencionando que es un escrito que se habían encontrado o adaptado o que la idea no era suya. Si no recuerdo mal, en Tirant lo Blanc pasaba (y otros, por lo visto).

Lo he entendido como un guiño a los libros de caballerías.

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Re: NH 1 De lo que aconteció al mancebo Tristán

Mensaje por kassiopea » 21 Oct 2013 10:29

Ratpenat escribió:Pues lo de la nota yo lo he entendido de otra manera. Es común encontrarse libros de caballerías escritos de aquella época, mencionando que es un escrito que se habían encontrado o adaptado o que la idea no era suya. Si no recuerdo mal, en Tirant lo Blanc pasaba (y otros, por lo visto).

Lo he entendido como un guiño a los libros de caballerías.


Ahhh! Pues puedes estar en lo cierto, Rat :402: Ya nos sacará de dudas el autor. Otro abrazo, ea :60:
Para este Sant Jordi, el recopilatorio "Girándula en la niebla" ya disponible en Amazon

Leed en Los foreros escriben: Desbarre en el orfanato abretelibrense

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Re: NH 1 De lo que aconteció al mancebo Tristán

Mensaje por jilguero » 21 Oct 2013 21:05

Sin proponérmelo, tu relato va a ser de los últimos que lea (me quedan ya solo dos) y me alegro porque me has hecho reír :D y, después de la galería de horrores de la que vengo
(El tuerto de Pirón, la mujer barbuda, la prostituta con la soga al cuello, Alexandr y Katerine muertos, el comisario asesinado, demonios alados, ataques de epilepsía…etc),
no sabes lo que te lo agradezco. Desenfadado, entretenido y con dos personajes que se me han hecho entrañables. El aspecto formal me ha convencido menos, pero imagino, autor, que tu historia no se acaba aquí, que piensas acompañar a Don Rodrigo y a Tristán en otras muchas aventuras. Te deseo un buen viaje.
No estás entre mis favoritos, pero ha sido un soplo de alegría en medio de tantas desventuras.
¡Gracias, pues! :60:
Última edición por jilguero el 21 Oct 2013 21:22, editado 2 veces en total.
El esfuerzo para llegar a las cimas basta
para llenar un corazón de hombre



Los hilos de Ariadna :60: El niño del tirachinas

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Re: NH 1 De lo que aconteció al mancebo Tristán

Mensaje por Isma » 21 Oct 2013 21:09

jilguero escribió:Sin proponérmelo, tu relato va a ser de los últimos que lea (me quedan ya solo dos) y me alegro porque me han hecho reír :D y, después de la galería de horrores de la que vengo (
El tuerto de Pirón, la mujer barbuda, la prostituta con la soga al cuello, Alexandr y Katerine muertos, el comisario asesinado, demonios alados, ataques de epilepsía…etc
), no sabes lo que te lo agradezco. Desenfadado, entretenido y con dos personajes que se me han hecho entrañables. El aspecto formal me ha convencido menos, pero imagino, autor, que tu historia no se acaba aquí, que piensas acompañar a Don Rodrigo y a Tristán en otras muchas aventuras. Te deseo un buen viaje.
No estás entre mis favoritos, pero ha sido un soplo de alegría en medio de tantas desventuras.
¡Gracias, pues! :60:

Jilguero, pájaro marrullero: eso se pone en spoiler, que me has contado el argumento (espero que no el final) de un par de relatos que no he leído :evil:.

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