NH1 Divino Marqués - Berlín

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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lucia
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NH1 Divino Marqués - Berlín

Mensaje por lucia » 14 Oct 2013 22:03

Divino Marqués

—Vengo a buscar vuestra ropa sucia señor, soy Magdeleine Leclerc, la lavandera. Me envía el abate Coulmier: dice que habéis preguntado por mí.
—Entrad, muchacha, entrad. Os ofrecería asiento, pero comprobareis que sólo hay una silla.
Magdeleine dudó un momento y se mordió los labios, azorada. El hombre era casi un anciano, y estaba medio ciego. Su cuerpo voluminoso le resultaba en verdad bastante repulsivo; su levita gris colgaba desabotonada ante la imposibilidad de contener aquellas carnes y la peluca se mantenía a duras penas fijada al medio de una manera equilibrada.
La niña depositó el cesto en el suelo y observó las paredes desnudas de la celda. La estancia, aunque espaciosa, carecía de cualquier objeto personal. Tan sólo un catre desvencijado, una mesa escritorio, una silla, numerosos papeles, una pluma y un tintero. El ventanal, formado por pequeños cristales opacos, dejaba entrar una luz mortecina.
— ¿Qué escribís, señor?
—Os diría que lo leyeseis vos misma, pero sé que no sabéis leer. Esa es la razón por la que el abate os ha enviado ante mi presencia, muchacha: os voy a dar lecciones de lectura. Si sois espabilada también os enseñaré a escribir. ¿Pero por qué me miráis con esa desconfianza? Acercaos, que no os voy a comer.
— No me fio de vos, marqués.
— ¿Qué habéis escuchado de mí? Ilustradme.
—Dicen que sois una mala persona.
— ¿Y qué más?—preguntó divertido.
—Que sois un escritor maldito, que vuestras obras están prohibidas. Que cuestionáis la existencia de Dios, burlándoos de Él; incluso he escuchado decir que os limpiáis el culo con la falsa piedad del clero; que sois un revolucionario. En definitiva: que sois un hombre extremadamente cruel—la muchacha sonrió, conciliadora—. Dicen que armasteis un buen escándalo en la cárcel de la Bastilla días antes de la toma, que os encaramasteis a la ventana y utilizando un tubo eliminador de heces incitasteis a voz en grito a los franceses a liberar a los presos que estaban siendo guillotinados—aquí la muchacha abrió muchos los ojos—. ¿Es cierto que habéis visto rodar la cabeza de Maria Antonieta? Dicen que la enterraron con ella entre las piernas.
— ¿Y no dicen nada más? (Carcajada) Dicen, dicen, dicen..., sí, algunas de esas habladurías son ciertas, pero cuidaos de las leyendas y de los propagadores de rumores. Vos conocéis tan solo aquello que las lenguas hostiles han vertido sobre mí. Pero no importa, Leclerc, os demostraré que puedo ser elegante y delicado. En cuanto a las demás virtudes y defectos que forman mi persona deberéis sacar una conclusión vos misma.
— ¿Y en los momentos de ocio me contaréis todos los detalles sobre vuestros escándalos? ¿Me hablaréis de vuestras obras prohibidas?
—Claro. (Carcajada). Y ya que os veo tan interesada en mi obra os leeré algunos cuentos que aún no han visto la luz, con cantidades ingentes de sexo explícito; también os adiestraré sobre las mil y una maneras más sofisticadas de gozar. Os hablaré, en definitiva, del dolor y del placer, pero sobre todo de la libertad y el derecho de buscarlo. ¿Os escandalizo tal vez?
La niña sostuvo la mirada del anciano y la pregunta rebotó contra las paredes del silencio; luego, recogiendo la ropa sucia salió de la habitación, bajo la divertida mirada del viejo.
A la mañana siguiente Magdeleine encontró la estancia del viejo vacía. Preguntó a una empleada por él y ésta le informó que le estaban administrado un baño de hielo como medida de choque, pues el día anterior, durante el almuerzo, alborotó a los comensales con un discurso sobre las virtudes del incesto, alentando a dos hermanos a que copulasen, alegando que nada más puro que el sexo entre individuos de la misma sangre.
Unas horas más tarde Magdeleine encontró al marqués tiritando sobre el catre, desnudo y acurrucado.
—Es el tratamiento adecuado que, según ellos, necesito para modificar mi conducta alborotadora. Mañana, aseguran, me administrarán una purga para eliminar por el culo las malas costumbres y los oscuros pensamientos. ¡Ah! Siempre he defendido que ese agujero, bien lubricado, está diseñado para fines mucho más dulces. ¿No pensáis lo mismo? Sentaos a mi lado, ángel mío, y procuradme un poco de calor con vuestro cuerpo adolescente. Juro ser respetuoso con vos, y si es cierto que conocéis mi vida sabréis también que entre mis virtudes figura la sinceridad absoluta, aunque debo confesaros que siempre he preferido el vicio a la virtud.
El hombre ríe y tirita; los labios azules sonríen enseñando la ausencia de algunas piezas dentales. El cuerpo es blanco, fofo, y los ojos, muy azules, ahora brillan febriles y opacos.
La muchacha, apenada, se deja abrazar por el cuerpo desnudo del preso y le permite apoyar su mejilla temblorosa sobre sus incipientes pechos. Ella no adivina en qué momento el hombre ha desatado su corpiño, dejando su cuerpo desnudo hasta la cintura. Es un cuerpo primoroso, es el cuerpo de una niña pobre, que ha lavado muchos trapos al sol. Su piel es dorada y los ojos son del color del mar antes de anochecer; su cara es muy pecosa y su risa franca, las manos son delicadas, pero denotan las callosidades del trabajo. El hombre cierra los ojos y alega congoja para continuar un poco más gozando de semejante bendición.
—Parecéis tan dulce y desvalido…, pero dicen, marqués, que antes de venir aquí gozabais azotando a las mujeres; tengo entendido que Napoleón os odia a muerte desde que leyó vuestra “Justine.
— Sabéis mucho para ser tan joven ¿Tenéis acaso un marido que, mientras os sodomiza, os instruye sobre las últimas noticias de la sociedad? En fin, Napoleón me odia a muerte, es cierto, tan cierto como que mi nombre figuró entre muchos otros que esperaban la guillotina. El mundo es hipócrita, dulce Magdeleine; la sociedad me ha relegado a este lugar como si tuviese la peste, pero a escondidas y bajo las mantas los amantes se favorecen de mis enseñanzas. Podría contaros tantos secretos de la corte, secretos perversos, antinaturales, incestuosos, del clero y de la aristocracia ¡Bah! Pero no quiero aburriros, por el contrario necesito que me ayudéis en una empresa que favorecerá al buen ambiente de este lugar. Deseo representar una obra de teatro: “La filosofía en el tocador”.
—El hielo ha confundido vuestra mente, señor. Esto es un manicomio, parece que lo habéis olvidado; aquí solo hay locos, epilépticos y depravados.
—Nadie mejor que un loco para protagonizar una de mis obras. La locura es la mejor de las virtudes relacionada con el arte y cuando despliega su amplio abanico de matices acaba siempre por derrotar al aburrimiento. ¿Habéis oído hablar tal vez de mi obra “La filosofía en el tocador”? ¿No? Claro, olvidé una vez más que solo sois una lavandera inculta y pobre. Os contaré de manera sucinta su argumento: trata del adiestramiento sexual de una niña adinerada de unos trece años, los mismos que tenéis vos, a manos de un libertino, una mujer mundana y el hermano de ésta. Pero sabed, muchacha, que aunque el argumento que os cuento os parezca soez y carente de filosofía, y aunque penséis que no puede aportar nada bueno al lector, debo deciros que os equivocáis, pues es alto su nivel de filosofía y grande su proclama política, social y religiosa.
— ¡Ay Jesucristo de mi vida! Arderéis en el infierno, marqués.
El viejo, que sigue aferrado a la dulce cintura, irrumpe en carcajadas.
— ¿Es eso todo lo que os preocupa, insensata, que vaya al infierno? La ignorancia y el miedo son los dos grandes pilares donde se asienta toda religión; la ignorancia es la mano que recluta borregos y el miedo doblega a las almas, y yo querida, presumo de carecer de la una y de lo otro. Intuyo, por vuestra lapidaria profecía, que seguís las enseñanzas de Jesús; pues creedme, pequeña, que ese tipo no es de fiar: pensad que es el fruto de una noche de fornicio entre un ente fantasmal de barbas blancas, que nadie ha visto, y una impúdica niña judía. ¡Ah! Nunca dudéis, pequeña, que las religiones han sido y serán siempre la cuna del despotismo.
La muchacha, escandalizada al oír tales barbaridades sobre Dios y temiendo los fuegos del infierno, intentó zafarse del abrazo del viejo, pero éste, movido por el deseo contenido la empujó sobre la cama e inmovilizándola la contempló, extasiado. Observó fascinado la belleza de sus pechos hinchados luchando por crecer; y se quedó sin respiración cuando, al levantar levemente su falda, contempló los labios rosados ligeramente entreabiertos, la ternura de los pliegues y el vello sedoso. El viejo, escritor al fin y al cabo, pensó que aquel coño anaranjado era como un capullo de rosa.
— ¿Me vais a desvirgar haciendo honor a vuestra fama, marqués?
—Podría hacerlo; podría ataros de pies y manos hasta que vuestro cuerpo formase una hermosa incógnita y luego embestiros con mi polla de viejo, en el caso de que la encontrase entre toda esta carne fofa (risa triste). ¿Sabéis? En una ocasión follé toda la noche con una puta, a la que previamente azoté en las nalgas con una cuerda de nudos. Mi polla se mantuvo dura como una piedra, palpitante, incansable. Es uno de los efectos secundarios que produce la ingesta de mosca española, más conocida como la cantárida. ¿Habéis oído hablar de ella? (Risa) Sí, es un poderoso afrodisíaco que produce una erección que puede durar horas, aunque es muy dolorosa. Pero no todo son ventajas, pues otro de sus efectos son los terribles cólicos. La puta escapó deslizándose por la ventana, desgarrándose la espalda contra las piedras y una vez en la calle corrió despavorida llamando a todas las puertas; iba con los pechos al aire y la espalda ensangrentada y a todo el mundo contó que yo le había infligido la peor de las torturas. Luego, en su lecho, casi expulsó el alma por el culo; sus heces eran putrefactas, líquidas, negras. Casi se muere la pobrecilla; cuando mejoró me denunció y tras el juicio fui a la cárcel; pero… y ahora viene lo más divertido: los mismos jueces que me enviaron a prisión utilizaron después en su propio beneficio esos remedios afrodisíacos. Pagaban mucho dinero a sus mediadores para que les organizasen orgias en las que sodomizaron a niños de corta edad, y en ellas, pequeña, participaba lo más distinguido de la aristocracia: jueces, banqueros, políticos varios…, y cardenales.
La muchacha calla.
—Decidme, criatura ¿os han acariciado alguna vez de verdad? Y no me refiero al escarceo amoroso de un jovenzuelo sin experiencia en las márgenes del rio…
La muchacha quiso protestar, pero el marqués cubrió su boca con la mano, casi de manera delicada, y sosteniendo la mirada retadora de la muchacha levantó sus largos faldones hasta la cintura y le acarició lentamente la cara interna de los muslos y a medida que sus dedos se acercaban al sexo el ardor era creciente; sin dejar de mirarla pronunció estas palabras “libertad de gozar ¿recuerdas?”. Le abrió un poco más las piernas y observó su coño entreabierto; separó un poco los labios y mojándose los dedos con saliva dibujó círculos pequeños sobre aquél minúsculo clítoris eréctil, de manera lenta e interminable, pellizcándolo, mordiéndolo ligeramente para causar un dolor moderado y luego, contemplando su creciente dureza e hinchazón, lo lamió para humedecerlo aún más y cuando la barbilla de la chiquilla tembló, cuando cerró los ojos y se aferró con las uñas a las mantas, cuando su cuerpo de gacela tierna se curvó entre espasmos convulsos, el hombre destapó la boca liberando los gemidos contenidos.
—Bien, ahora portaos como una buena niña. Incorporaos, arreglad vuestros faldones y contened vuestras lágrimas. No montéis un escándalo, pues nada irreparable ha sucedido. Los muros de vuestro castillo siguen intactos.
—Hace tiempo que bajé mi puente levadizo, señor: mi castillo es un lugar muy transitado. Os doy las gracias por este placer, debo decir que sois un experto en el arte de dibujar circunferencias, pero reconozco que las hacéis mucho mejor con la lengua. Tan sólo puedo reprocharos vuestra indiferencia hacia mi orifico trasero, al que no le habéis prestado ninguna atención.
El marqués rompió a reír, y rio de tan buena gana que tuvo que sujetarse el estómago, pues las grasas de su barriga formaron olas que amenazaban la escasa estabilidad del viejo catre.
—Eres una pequeña zorra. Bueno ¿Qué hay de la obra?
— ¿Contaremos tal vez con la ayuda del director Coulmier? Conociendo vuestra fama ¿creéis que nos dará su beneplácito?—la muchacha ató su corpiño encerrando de nuevo sus pechitos de melocotón.
— ¿El viejo abate, el fundador de este hospicio de locos? ¿El mismo que echó a la calle a esas monjas de coño rancio que vivían aquí, para ayudar a cuatro locos descarriados? ¡Ah! ¡Por supuesto que nos ayudará! En realidad ya hace algún tiempo que le hablé de mi idea y la encontró fascinante. Dijo que un lugar en donde a los enfermos se les distrae y se les divierte no puede ser malo. En realidad solo busca fama para Charenton. Recordad que, aunque maldito, soy un escritor reconocido: muchos aristócratas remilgados y empolvados acudirán a vernos y tal vez alguna estrella de la ópera-cómica. (Sonrisa y guiño)
—Acepto, marqués, pero hay algo importante con lo que no habéis contado: con la oposición de nuestro queridísimo doctor afecto al régimen napoleónico. ¿Creéis que permitirá tamaña insensatez? Acabaremos todos en la guillotina.
—Uhm…, tenéis razón. ¿En serio solo tenéis trece años? intuyo que mi “Filosofía en el tocador” tendrá que esperar un poco más. Representaremos una obra decente para nuestro doctor, acólito y lameculos de Napoleón.
La obra representada resultó un éxito, los espectadores lloraron y aplaudieron a rabiar. Y el doctor bendijo la historia, pues su mensaje estaba preñado de moralina y sabiduría: jamás hay que fiarse de los extraños. El marqués saludó cortés, los actores se despidieron realizando genuflexiones graciosísimas y todo el mundo quiso felicitar al autor de semejante maravilla. La obra en cuestión titulada “Los estafadores” se puso de moda “
— ¿De qué trata la obra?— preguntaba la carnicera del pueblo.
—Pues trata de una muchacha de familia humilde que es enviada por sus progenitores a conocer a unos familiares ricos. Lleva presentes de mucho valor para el tío y para las primas, a los que no ha visto en la vida. El padre de la chica confía su seguridad al cochero, que debe entregarla en su destino, pero exhausta por el largo viaje solicita al cochero una parada para tomar un refrigerio y allí entabla conversación con un individuo que se gana su confianza, alegando conocer a su tío y a sus primas ¡Y vive dios que el mundo es un pañuelo, pues el tipejo jura estar comprometido con una de sus primas, la más hermosa! La muchacha, contentísima por tan grata casualidad, cae en la trampa del truhan y es robada y violada por muchos rufianes a la vez. —respondía la cocinera de Charenton.
—¡Pobre chiquilla!—respondió la carnicera cortando de un golpe seco el pescuezo a un pollo.

En un lugar cercano se desarrolla una escena mucho más bucólica: un anciano y una niña comparten exquisitas viandas sobre un mantel. Fuera llueve débil, pero de modo insistente y el aire está preñado de humedad; una suerte de neblina asciende del rio y trepa por las piedras del manicomio. La chiquilla introduce en la boca del viejo porciones suculentas de dulce que este mastica con fruición, pues ella lo ha cocinado exclusivamente para él solo. Luego le limpia tiernamente las comisuras de la boca y le sonríe, y, mimosa, le pide al marqués que le hable de su esposa Renée, que tanto ayudó al marqués, y tanto lo amó como amigo; también le habla el marqués de las duras relaciones con su suegra, Marie-Madeleine de Montreuil, a la que odia profundamente. Cuando el viejo, harto y satisfecho, entorna los párpados escuchando el ronroneante rumor del rio, ella le pide que le cuente de qué manera le gustaría ser enterrado. Parece una conversación demasiado lúgubre para un momento tan delicioso, pero el viejo, encogiéndose de hombros, le confiesa que su mayor deseo es dormir el sueño eterno bajo suelo anónimo, sembrada la tierra después con bellotas para que la naturaleza recupere lo que es suyo; alega que quiere desaparecer del todo.
Ella sonríe, se desata el corpiño y suelta el lazo que sujeta su melena anaranjada.
—Pues aprovechemos lo que te queda de vida, querido, pues entre la miel y la leche he introducido una cantidad ingente de cantárida. Tanta he puesto que mañana vuestra alma se escapará toda entera por ese orificio que, debidamente lubricado, puede llegar a ser tan placentero. Y ahora echaos sobre la manta y dejadme disfrutar de esa polla que durará tiesa como una piedra durante horas.
—Bien, pues montaos sobre mí, ángel mío, y gozad. Os he enseñado a leer y a escribir; ahora podréis contar en vuestras memorias que os habéis burlado del mismísimo marqués de Sade. Y si mañana muero, decid, en favor de mi memoria, que siempre escribí lo que quise y que siempre evité resultar llano y vulgar.

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Re: NH1 Divino Marqués

Mensaje por andres451 » 18 Oct 2013 04:06

Un personaje histórico importante como el Marqués de Sade, el autor se la juega. Me gustó el relato, se me hizo cómico en algunos momentos y bastante erótico en otros. Disfruté leyéndolo. Aunque tampoco me volvió loco :wink:
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Re: NH1 Divino Marqués

Mensaje por Isma » 18 Oct 2013 15:30

Delicioso, excitante, tierno e inteligente. Desarrollado casi por completo en una conversación. Me gusta mucho, más que las caricias impenitentes (que también), me enamora el diálogo fino y juguetón, ilustrado y complejo. Del marqués de Sade sólo conozco su leyenda pues no he leído nada suyo, pero me agrada verlo así, viejo, libre y sincero. Hay algunos detalles que no me convencen mucho, por ejemplo el formato teatral para las carcajadas o el desenlace casi apresurado de la obra de teatro. Pero la sensación que queda al final es placentera y entrañable, un buen relato que sabe conjugar historia, crítica y buena prosa. Felicidades.

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Re: NH1 Divino Marqués

Mensaje por Berlín » 18 Oct 2013 17:04

Uf, debo reconocer que el malditismo me seduce, no en cambio el impostado, pero este si.

Creo autor, que podrías haber sacado más tajada del asunto si hubieses incluido en la historia el odio que se profesaban Sade y su suegra. :mrgreen: Me parece que ese odio inspiró al marqués en muchos de sus textos jeje.

Algún fallito por ahí en la redacción, pero nada importante.

Voy a seguir indagando ea.
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Re: NH1 Divino Marqués

Mensaje por RAOUL » 19 Oct 2013 21:59

Vale, como hay alguna vacilación yo voy a sugerir que la narración se haga en presente. En mi opinión le daría más fuerte al relato.

Está en general correctamente escrito pero el autor es capaz de hacerlo mucho mejor. En cuanto a los hechos narrados, es mi opinión, a mí no me gustan, se me queda el vuelo corto. El argumento y el enfoque a mí no me seducen.

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Re: NH1 Divino Marqués

Mensaje por Sinkim » 19 Oct 2013 23:08

Me ha gustado como está escrito pero la historia no me ha llegado demasiado, lo siento, autor, el Marqués no es uno de mis personajes históricos preferidos :D
Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano.

:101: RECUENTO 2017 :101:

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Re: NH1 Divino Marqués

Mensaje por ciro » 20 Oct 2013 11:17

Yo creo que el autor sí ha leído al Marqués de Sade y se nota. Porque lo que aparece escrito mas parece una aventura escrita por el propio marqués que un relato sobre él. Es un juego seductor, no por la temática (que también) sino por la concepción del escrito. Hay un inconveniente cuando alguien trata de imitar un estilo de alguien que fue un gran o mediano escritor, y es que nosotros, pobres aficionados no solemos llegar a ese nivel. Y eso creo que le pasa a este relato.
Suele ser más rentable escuchar que hablar. No hagáis como yo. Cosecha propia

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Re: NH1 Divino Marqués

Mensaje por Miss Darcy » 20 Oct 2013 11:41

He de reconocer que me daba miedo un relato sobre el marqués, pero me has sorprendido para bien autor. La historia me parece bien llevada, y me ha gustado mucho como has tratado al personaje, y esos diálogos cargados de intención están muy, muy bien. ¡Me ha encantado!

Enhorabuena autor :60:
:101: Leyendo: Crónicas de la Dragonlance

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Re: NH1 Divino Marqués

Mensaje por jilguero » 20 Oct 2013 19:46

Muy bien, autor, me ha gustado tu relato. Demasiado explícito en algunos momentos, para los gustos habitualmente pacatos de Jilguero, pero tratándose del Divino Marqués es casi imposible que no sea así. Además, si el asunto es consentido, sin forzamientos, la explicitud se tolera muchísimo mejor. :D
Respecto a la prosa, me ha parecido muy buena. Y como de este señor, salvo generalidades, no sabía nada, me ha resultado además ilustrativo. ¡Vaya con el escarabajito verde! ¡Vaya con los caramelitos de Richelieu! (ahora va Jilguero a ilustrase de por qué los llamaban así). La de cosas que está aprendiendo Jilguero en este concurso... :D
Este pasa a formar parte de un pelotón de relatos que, sin ser candidatos al primer puesto, habrán de pelear por alguno de los votos de Jilguero. :60:
El esfuerzo para llegar a las cimas basta
para llenar un corazón de hombre



Los hilos de Ariadna :60: El niño del tirachinas

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Re: NH1 Divino Marqués

Mensaje por Fernando Vidal » 21 Oct 2013 03:36

El relato me ha resultado ameno. El argumento en sí mismo no me despierta demasiada atención (quizás hubiera preferido que el autor tomase otro episodio de la vida de Sade) pero la forma en que ha sido narrado me ha hecho pasar un momento agradable.

Esta respuesta me hizo gracia: :D

—Hace tiempo que bajé mi puente levadizo, señor: mi castillo es un lugar muy transitado...
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Re: NH1 Divino Marqués

Mensaje por elearah » 21 Oct 2013 05:19

Me ha gustado mucho este relato. Trata con cariño a sus personajes, y les da vida. Tanto el marqués como la niña son entrañables juntos, independientemente de que lo sean o no, fuera de esos momentos robados.

Solo vi un errorsito, un cambio de opinión donde te has olvidado de borrar lo anterior, tal vez... Cuando habla de que la niña "cocinó exclusivamente para él solo". Exclusivamente y solo parecen redundantes, aunque tal vez no. Es tu criatura. :)

No he leido nada del marqués, y mis ideas eran bastante prejuiciosas. Creo que ahora voy a mirar un poco más, me ha dado curiosidad.

Felicitaciones. :60:
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Re: NH1 Divino Marqués

Mensaje por joserc » 21 Oct 2013 13:01

El relato me parece muy arriesgado, tanto por el tema como por el lenguaje utilizado. El autor no se corta un pelo y desnuda a los personajes totalmente, en todos los sentidos.

Me gusta cómo está escrito, aunque quizá es verdad que el final parece un pelín precipitado.

Uno de mis votos de momento. Felicidades.

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Re: NH1 Divino Marqués

Mensaje por Topito » 21 Oct 2013 14:23

Bien, hay algún fallo tonto, como la falta de tildes en río, y alguna más. Con el word se podría haber evitado, te las subraya en rojo. Y ese " solo" que te han comentado, a mì me chirría.

Sobre la historia, está bien, me gusta que me cuenten cosillas y de una forma tan amena. Me recordaba a Cooper, por lo soez. Pero, ole, pocos se hubieran atrevido hacerlo. Ser soez es todo un arte, como bien nos ilustró el marqués.

La que no me convence es ella. La veo dar bandazos segùn va hablando. Si es una zorrilla, desde el principio debería escandalizarse más, aunque dejar ver por algún gesto sus artes de amante ya ducha en esos menesteres. Y, poco a poco, ir mostrándoselo al marqués. Me parece que has dejado de lado al personaje, utilizándolo como hilo conductor del marqués, cuando te pedía más juego. Al final, el marqués jugo y tú te quedastes a dos manos, mirando.

No es de mis favoritos, porque siento que le falta algo más, posiblemente sea ese personaje secundario, a mi parecer. Eso es lo que me falta. Sí.
leyendo: Haruki Murakami
leyendo cuentos: Zuñiga, O´Connor, Fitzgerald, Chéjov, Matute

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Re: NH1 Divino Marqués

Mensaje por Dori25 » 22 Oct 2013 14:07

Fernando Vidal escribió:El relato me ha resultado ameno. El argumento en sí mismo no me despierta demasiada atención (quizás hubiera preferido que el autor tomase otro episodio de la vida de Sade) pero la forma en que ha sido narrado me ha hecho pasar un momento agradable.

Esta respuesta me hizo gracia: :D

—Hace tiempo que bajé mi puente levadizo, señor: mi castillo es un lugar muy transitado...

Jeje, me pasa como a Fernando que esta respuesta me hizo mucha gracia.

En cuanto a mí, en fín, también copio a Jilguero, una es puritana por naturaleza y educación y le cuestan estas cosas.
El marqués de Sade me da un poco de miedito, a fin de cuentas, él dice que lo importante es la libertad de elección pero a la pilingui que azota la tiene atada, así que mucho elegir, ella no eligió...
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Re: NH1 Divino Marqués

Mensaje por Isma » 22 Oct 2013 14:43

Dori25 escribió:En cuanto a mí, en fín, también copio a Jilguero, una es puritana por naturaleza y educación y le cuestan estas cosas.
El marqués de Sade me da un poco de miedito, a fin de cuentas, él dice que lo importante es la libertad de elección pero a la pilingui que azota la tiene atada, así que mucho elegir, ella no eligió...

El autor de este relato -que mi invisible felino de compañía imagina como un tipo rotundo, de anchos hombros y pelo en pecho- estará en estos momentos riéndose a carcajadas con su voz profunda y grave acerca de los límites que nosotros mismos ponemos a nuestra libertad. Ya sea por educación, por tabúes sociales o por autohipnosis.

Otra cosa es sobre la pilingui esa que mencionas. Supongo que el marqués de Sade no forzó a la pilingui a ponerse las ataduras, pero esta no imaginaba que se las tenía que ver con un auténtico sátiro...

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