NH1 La memoria de las olas - Peloponesa

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lucia
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NH1 La memoria de las olas - Peloponesa

Mensaje por lucia » 14 Oct 2013 22:17

La memoria de las olas

Es una verdad indudable que existe un compás único para cada instrumento y melodía, que el reloj invisible que marca el principio y el fin de todas las cosas avanza a distinto ritmo para unos que para otros. Tanto los seres vivos como los entes inertes, tanto las energías fugaces como las fuerzas lentas que mantienen en movimiento a planetas y estrellas, completan sus propios ciclos, enmarcados de esa cinta interminable a la que el Hombre denomina Tiempo. Nosotras lo sabemos bien.
Sucede que las olas del mar somos las espectadoras eternas de lo que ocurre a nuestro alrededor. Veloces y obligadas a mantenernos en continuo movimiento, presenciamos a la vez procesos graduales y eternos, como el implacable discurrir de las placas tectónicas, e instantes violentos y fugaces, como los cambios de dirección en un cardumen de sardinas. Así, una sola de nosotras puede contemplar siglos y siglos de historia si decide permanecer en un espacio limitado, estrellarse contra las mismas costas sin dejarse llevar jamás hasta el tentador horizonte azul. Yo he cumplido mis eones entre tres franjas de tierra que nunca deseé traspasar, las que enmarcan la bahía conocida como Ría de Vigo. Ahora que mi tiempo se acaba, quisiera desleír entre mi espuma la historia de lo sucedido en el escenario de mis idas y venidas, evaporar mi memoria entre las ráfagas de la brisa salada que revuelve las playas cada tarde.
No recuerdo si me generó algún viento rizado o fui la consecuencia de un impulso telúrico en el suelo marino. En realidad, el primer acontecimiento importante que viene a mi memoria no tuvo lugar hasta cientos de años después de mi nacimiento. Aquella mañana, fueron los ecos de la batalla los que rompieron el silencio de la superficie antes de que la sangre tiñera de escarlata la orilla. Albiano y Lancia llamaban a las islas Cíes entonces, y fue un joven general romano quien desafió sus fieros arrecifes para acabar con los últimos celtas Herminios, que se habían refugiado en las islas tras ser expulsados por los romanos de las montañas auríferas del interior. Los bárbaros, no obstante, llevados por la desesperación y la rabia, acogieron con gritos de guerra la llegada de las galeras, y la playa resistió con bravura el embate del gladius y el pugio sin que un solo legionario lograra traspasar la inesperada resistencia de los montaraces:
—General, no es posible desembarcar en el arenal. Los Herminios defienden su plaza con determinación —indicó el prefecto, bajando la vista.
— ¿Es posible alcanzar la costa de las islas en algún otro punto y sorprenderles por la espalda?
—No lo creo, el litoral es demasiado abrupto, y los fondos rocosos no nos permitirán acercarnos tanto como para desembarcar.
—Entonces, apostaremos una galera en cada punto cardinal para evitar que puedan abandonar las islas en sus esquifes. Y que los arqueros abatan a quienquiera que abandone el arenal.
Pasaron semanas de asedio implacable por parte del ejército romano hasta que los Herminios, debilitados a causa del hambre y la sed, depusieron sus toscas armas ante el orgulloso general. Solo entonces, Julio César pudo, al fin, hundir sus pies en la fina arena de la playa de Albiano. Los picos recortados de las islas, su frondosa vegetación y la helada limpidez del Atlántico le cautivaron de tal manera que decidió permanecer allí algún tiempo antes de regresar a Roma, donde, estaba seguro, le aguardaba un destino prometedor.

El oro de Gallaecia, como se llamó después a la provincia, atrajo a los ciudadanos de Roma, quienes se establecieron por todo el territorio, incluyendo la franja de costa que enmarca a mi ría. Los romanos convivieron durante siglos con distintas tribus locales, indiferentes al sucesivo goteo de emperadores y al declive del glorioso imperio del SPQR.
Con caída del Imperio comenzó una nueva época de cambios en la bahía. A lo largo de los siglos siguientes, los reyes suevos fueron desplazados por los visigodos, quienes a su vez huyeron del azote de los árabes. Sin embargo, el dominio Al-Andalus no llegó a consolidarse en mis costas, que pronto se convirtieron en parte de la aguerrida potestad de los caudillos galaico-asturianos durante la Reconquista. La vida continuó en mis tres orillas durante el complejo período de sucesión de reyes castellanos y, de pronto, una revolución social vino a trastocar la unidad perseguida por los Reyes Católicos: se trataba de la revuelta de los Irmandiños, que pretendía poner fin a los abusos de los señores feudales y que, aunque junto al mar no se dejó sentir con tanta intensidad como en otros puntos del interior, sí logró que los monarcas designaran a la Junta de Gobierno de Galicia.
Pocos años después de esta revolución, unas recias naos arribaron al puerto de Baiona con la noticia de que el Nuevo Mundo se encontraba al otro lado del océano, donde yo jamás me atreví a internarme.

Terciaba ya el año 1702, cuando, en mi fluir de costa a costa, me atravesó toda una flota de galeones cuya quilla exhibía moluscos y algas crecidos en otros mares. Con las velas henchidas por la brisa de la tarde, la comitiva de galeones españoles y franceses, se dirigió apresuradamente al fondo de la ría para resguardarse tras la imponente cadena que, en aquella época, los habitantes de la ciudad tendían de un lado a otro del estrecho para protegerlo de los ataques marítimos. En las bodegas de los buques se hablaba de tesoros que proteger de la guerra, de puertos seguros y, sobre todo, del miedo a ser descubiertos.
El mar es oscuro e impenetrable, pero las noticias vuelan con rapidez sobre la superficie encrespada, y la flota anglo-holandesa que perseguía a estos galeones españoles llegados de México con oro, plata y otras valiosas mercancías de los terratenientes expatriados, viró de rumbo para enfilar mi estrecha bahía. La batalla que allí se libró vino a quebrar la regularidad de nuestro vaivén, además de cambiar los fondos para siempre, cuajándolos de esqueletos de madera.
— ¡Apresad al Santo Cristo de Maracaibo! ¡Los españoles han acumulado en su bodega los tesoros del resto de galeones!
El capitán John Baker obedeció la orden. Él y su tripulación enfilaron el bauprés del Montmouth hacia el costado de la nave española con determinación, sin que a los españoles pudieran siquiera reponer la pólvora en sus cañones. Los marineros del barco inglés saltaron a la cubierta del Santo Cristo, pasando a cuchillo a todo aquel que se interponía en su camino hacia el trinquete. Enseguida, tendieron cabos entre ambas cubiertas y encadenaron al galeón español a su popa. Alrededor de ambas embarcaciones, el fuego y el agua devoraban a las naves españoles y a sus protectoras francesas, condenándolas a la eternidad azul del fondo del Atlántico.
— ¡Timonel, todo a babor! ¡Salgamos de este infierno!
—Pero, señor, la marea no nos es propicia. Sería mejor esperar a la pleamar…
— ¡Obedezca mis órdenes! Estas aguas son profundas y la marea baja no supondrá un problema. Debemos salir de la bahía cuanto antes, no sea que los supervivientes traten de recuperar el botín.
El contramaestre se encogió de hombros. Dudaba de que atrás hubiera quedado algún pobre diablo con vida o intenciones de perseguir el botín. El Montmouth se dirigió así hacia la embocadura de la bahía, ignorando que los farallones que se recortan bajo la superficie alrededor de las islas Cíes rozan con sus picos la superficie del agua durante la bajamar. La decisión de Baker provocó que la quilla del Santo Cristo fuera rasgada por las rocas afiladas como si se tratara de un saco de arpillera relleno de grano, precipitándose sus tesoros hacia el fondo. A buen seguro que el capitán inglés hubo de dar explicaciones de vuelta a su patria, y lo cierto es que, aunque muchos lo han intentado durante siglos, nadie ha encontrado todavía los magníficos tesoros que el Santo Cristo y el resto de galeones traían desde las indias.

Habían transcurrido casi dos siglos desde la batalla cuando, el tres de junio de 1878, un afamado escritor francés amarró su yate, el Saint Michel Nantes, en el puerto de Vigo.
—Monsieur, es un placer recibirle en nuestra ciudad, escenario de un capítulo de su famosa novela —saludó solemnemente el alcalde de la ciudad a través del intérprete.
—Se lo agradezco —respondió el novelista —. Resulta emocionante navegar por el mismo mar que tanto sorprendió a mi querido profesor Aronnax.
Entre las personalidades que formaban el comité de recepción se encontraba un imaginativo ingeniero vigués, dueño de la fundición La Industriosa, que congenió de inmediato con el escritor. Durante los días que el francés pasó en la ciudad, ambos trenzaron la urdimbre de una amistad que se mantendría a través de los años y la distancia gracias al correo postal. En sus charlas junto a la playa, pude oírles hablar del futuro, de los inventos que cada uno había imaginado y que, sin duda, el hombre moderno llegaría a construir y utilizar, y de cómo estos mejorarían la vida de los ciudadanos.
Veinte años después, en agosto de 1898, don Antonio Sanjurjo Badía, el ingeniero vigués, construyó y tripuló una boya submarina inventada por él mismo para defender la ciudad de una posible prolongación física de la guerra de Cuba. Junto a su ayudante, se paseó por las entrañas de la bahía en un acto público que sería recordado durante años. Aunque su invento no llegó a utilizarse jamás, puesto que al día siguiente se firmó el armisticio, el ingeniero redactó con ilusión una carta para su amigo Julio Verne, en la que le narraba con detalle su aventura emulando al capitán Nemo a bordo del Nautilus.

Los años pasaron, la industria de la pesca se hizo fuerte gracias a una tradición de siglos y la modernidad avanzó con pasos de gigante, provocando consecuencias que, por primera vez, alteraron nuestras inamovibles rutas y costumbres. Un puente comunicó las dos orillas de mi ría, crecieron las carreteras y los eucaliptos devoraron la magia esmeralda de los bosques en cuestión de años. Las playas se colmaron de humanos que buscaban descansar al sol y llenaban de desechos las orillas. Los barcos de pesca compartieron camino con embarcaciones de recreo y deportivas, y las gaviotas colonizaron la tierra tras los montes buscando la comida fácil de los vertederos. Nuestra cinética se topó con petróleo, aceites, plásticos y metales que hubimos de tener en cuenta para procurar devolverlos a las orillas.
Y así, tras cumplir con mi período una y otra vez, batiendo contra la costa y levantándome con la fuerza dictada por el viento, he visto finalizar un sinnúmero de vidas antes de que me llegara el turno abandonar la mía. He susurrado cuentos a los marineros embriagados, inspirado poemas a los nostálgicos empedernidos y deseos oscuros a los suicidas más románticos; he infundido terror de tempestad a los niños y a los ancianos y servido de inspiración a los escritores de aventuras. Y ahora, agotada, dejo mi memoria disuelta entre los granos de arena de la playa, escondida en el dulce rumor de las caracolas y en la implacable pátina de la sal, que todo lo cubre junto al mar.

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ciro
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Re: NH1 La memoria de las olas

Mensaje por ciro » 17 Oct 2013 21:12

Bien en general, aunque la historia no me llega del todo por ser un poco deslavazada a pesar del hilo conductor de la ola marina y las islas Cíes. No acabo de centrarme en qué me quiere contar.
Suele ser más rentable escuchar que hablar. No hagáis como yo. Cosecha propia

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Re: NH1 La memoria de las olas

Mensaje por ukiahaprasim » 17 Oct 2013 22:49

Curioso y original relato de una ola con complejo de profesor de historia gallega...

Pero..... más allá de la originalidad en el enfoque:

La verdad es que yo soy de los que les gustan las narraciones en la historia, y no que me cuenten LA historia..

Si a eso le sumas el hecho de la dispersión, de no centrarte en un momento historico, y no tener más linea conductora que la sucesión de hechos historicos relevantes que suceden en un punto geografico concreto... me dejas frio... La ola me salpica, me moja, y me quedo tiritando a merced del frio viento atlantico...

PD: seguro que si se cansa, y decide cambiar de oficio, la ola tendrá buen futuro como guia turistico de la Xunta...


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Re: NH1 La memoria de las olas

Mensaje por jilguero » 17 Oct 2013 23:07

Me parece una excelente lección de historia local y con un protagonista muy original. Tono poético que también me agrada. Pegas importantes, ninguna. Pero a la hora de votar creo que te ganaran las historias mas concretas.Te agradezco que me hayas hecho viajar al norte con el son de las olas :60:
El esfuerzo para llegar a las cimas basta
para llenar un corazón de hombre



Los hilos de Ariadna :60: El niño del tirachinas

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Re: NH1 La memoria de las olas

Mensaje por RAOUL » 17 Oct 2013 23:41

Tremenda ola ésta, la Matusalena de todas la solas que al final si se muere es porque quiere.

Mira que el comienzo era bueno y el enfoque muy pero que muy arriesgado y valiente. Y dificilísimo mantenerlo porque se situaba en esa linea delgadísima que separa lo sublime de lo ridículo. Pero es que la coherencia se abandona y el enfoque se pierde, La ola ha visto y vivido demasiado. Y a mí no me ha mojado, lo siento. Porque además hay un buen escritor detrás, pero...

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Re: NH1 La memoria de las olas

Mensaje por Emisario » 17 Oct 2013 23:53

No me cuadra el concepto de que una ola pueda ser siempre la misma y con voluntad de quedarse en un área. Hum... bueno como concepto poético lo acepto, pero cuando comienza una verdadera clase de historia, me he perdido. Tiene momentos de alto vuelo, de gran lirismo cuando la ola piensa o declara, pero se diluyen en el océano histórico del que proviene. Escribes bien y "vaya trabajo de documentación el que te has pegado" Te felicito. No me puedo quejar de lo que aprendí. Gracias por compartirlo y mucha suerte.

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Re: NH1 La memoria de las olas

Mensaje por Sinkim » 18 Oct 2013 00:42

Otra lección de historia pero ésta cuenta con la ventaja de ser sumamente original, muchos profesores de historia podrían aprender de ti, seguro que así los alumnos atendían más :lol: :lol:

Hay algunos momentos en que chirría un poco lo inteligente que es la ola y lo bien que entiende las motivaciones humanas pero bueno, es algo que se perdona por la emotividad y poesía del relato :lol: :lol:

Me ha chocado un poco el uso de "eón" para hablar de la vida de la ola, es una cantidad tan grande de tiempo que me ha sacado un poco de la historia :D
Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano.

:101: RECUENTO 2017 :101:

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Re: NH1 La memoria de las olas

Mensaje por elearah » 18 Oct 2013 03:34

Me ha gustado mucho el principio y el final. Muy poético y con una cadencia insirada.

No me cuaja del todo por qué una ola va a dar tanta importancia a los humanos; después de todo somos una especie más para alguien tan anciano y profundo. No digo que no pueda ser, pero sí me gustaría una explicación, aunque sea de una línea. Algo que me diga por qúe esta ola en particular tiene tal fascinación con nuestro mundo como para medir la importancia de su propia vida por lo que ha presenciado. Aunque esa línea diga, "no sé por qué me importa tanto, pero es así..."

Como lección de historia es maravillosa.

Felicitaciones. :60:
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Re: NH1 La memoria de las olas

Mensaje por albatross » 18 Oct 2013 10:34

Arriesgado ejercicio. Valiente. Está bien escrito -vaya eso por delante- pero el error de bulto es querer abarcar demasiado; dos mil años de historia no caben en un relato corto. Queda una sensación de “efemérides” o de "historia abreviada".

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Re: NH1 La memoria de las olas

Mensaje por Berlín » 18 Oct 2013 12:16

No sé si lo que quieres sugerir con este relato tan "inabarcable" es que nosotros, los humanos, somos perecederos y andamos de paso mientras el mundo, la naturaleza, que nos ve nacer también nos ve morir. Y ella sigue ahí, cuando nosotros ya nos hemos ido, testigo mudo de nuestra historia.

Es un relato poético, bien escrito y me ha gustado, y ahora que lo he leído me voy a cotejar datos, ea.

Mucha documentación veo. ¡Que faena me vas a dar, carajo!
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Re: NH1 La memoria de las olas

Mensaje por David P. González » 18 Oct 2013 16:41

Igual que "O guerra o nada", lo encuentro interesante, pero me parece una mera enumeración de hechos históricos. No veo una historia.
Además, en este relato, se narran los hechos muy por encima (como es lógico por la limitación de páginas), y eso hace que no me enganche. Quiero saber más de algo y ya estoy leyendo sobre otra cosa.

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Re: NH1 La memoria de las olas

Mensaje por Dori25 » 19 Oct 2013 17:28

Pues eso, lo que han dicho.
Es muy original, me gusta todo lo que cuenta, pero no le encuentro el alma de la pequeña historia dentro de la gran historia que nos querías contar.
En todo caso hay una cosa que veía perfectamente clara, esa manera tan pausada de narrar se me hacía tranquila, como una ola, llegaba, mojaba y se iba. Que evocador! Es perfecto!
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Re: NH1 La memoria de las olas

Mensaje por andres451 » 19 Oct 2013 18:16

Me gustó mucho la forma poética en que está narrada la historia. Me resultó un relato muy original y a su vez aprendí con el mismo.
Felicitaciones :mrgreen:
Leyendo: El castillo de los buhos Ryōtarō Shiba
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Ratpenat
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Re: NH1 La memoria de las olas

Mensaje por Ratpenat » 19 Oct 2013 18:34

Una ola que piensa... bueno... ¿pero que conoce en qué año están, oye las conversaciones de los humanos, se forma una opinión y todo? :roll: No me convence. Sorry.

El lenguaje es poético y está muy bien, eso sí. Pero creo que te has arriesgado mucho y no te ha salido bien :60:

Me hubiera gustado saber qué le ocurre a la ola con la resaca :lol:

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Re: NH1 La memoria de las olas

Mensaje por Miss Darcy » 19 Oct 2013 18:39

Tu relato me sugiera la poesía de aceptar que la historia pasa igual en un pequeño terreno de tierra perdida, que en los grandes imperios, o en la mar. La historia local me encanta, pues te das cuenta de que no tienes que irte muy lejos para ver los esplendores de la historia. Pero creo que esta ola ha sido demasiado longeva... Si hubieses centrado el relato en una época concreta, dándole una historia de fondo, hubiese quedado más redondo. Pero esa es sólo mi humilde opinión.

Lo mismo que también opino que está maravillosamente escrito, de manera poética y que nos has dado una gran lección de historia de la que he disfrutado mucho.

Enhorabuena autor :60:
:101: Leyendo: Crónicas de la Dragonlance

:user: Blog: http://librosplumasyte.blogspot.com.es/

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