CP IX - Dos botellas de vino y un sacacorchos - Tolomew

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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lucia
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CP IX - Dos botellas de vino y un sacacorchos - Tolomew

Mensaje por lucia » 17 Abr 2014 11:42

Dos botellas de vino y un sacacorchos

– Una mujer en mi cama. Algo más de metro y cincuenta y cuatro centímetros de piel tostada reposando sobre un colchón termoelástico de espuma fría, y dos cuartos de melena azabache salpicando una almohada de ciento noventa euros fabricada en Indonesia. No es la muñequita más linda que ha engalanado mi habitación, pero ella lo disimula tan bien... “¿Qué dices, cielo?, ¿frío?”. Por una vez le hago caso. Mis músculos se alejan de aquella preciosidad a regañadientes; para que me obedezcan he tenido que prometerles que volverán pronto a su ser, a cada pliegue de su cuerpo, a cada milímetro de su piel. Me incorporo con majestuosidad, hay que dignificarse per se si quieres que los demás te respeten. Me acerco a la ventana y deslizo su panel de vidrio por el desgastado riel hasta que los rodillos de la hoja rebotan contra el mecanismo de cierre anclado al alféizar. Es verdad, hacía frío, solo que yo no me había percatado de ello hasta que mi cuerpo no percibió el aire proyectado por el aparato de aire acondicionado rebotando sobre el vidrio templado y opaco.

Aprovecho para contemplar las vistas, no desmerecen en absoluto mi compañía: una pareja de ancianos intenta con rotundo fracaso... digamos… enhebrar una aguja. ¿Demasiado sutil para usted? Exacto. Parece que estos dos enfervorecidos amantes no fueron al cine el día que estrenaron Matrix y la pastillita que le han comprado al muchacho de la esquina no es precisamente la de color azul… Una copita de vino a su salud.

Pues como le venía diciendo, de vez en cuando me gusta darles la razón. Why not?, las chicas ansían encontrar el más leve gesto de complicidad hacia su persona, creer que has empatizado con ellas. Fíjese qué tontería…

Regulo la intensidad de la luz, no queremos perdernos ningún detalle, y por fin regreso impaciente a sus besos: “sonríe bonita que ha llegado a la ciudad el poeta del amor. Y te voy a hacer disfrutar, ¡vaya que sí! ¿Que no tenías entrada?; no importa cariño, yo soy como el barquero y a las niñas bonitas no les cobro dinero. Bienvenida a mi particular teatro de los sueños, donde absolutamente todo es posible.”

Su cuerpo emite leves señales de estremecimiento al percibir la reverberación de mi voz. Continúo hablando, pretendo mitigar su desazón utilizando un tono más… oportuno: “pero cielo, no me llores… mira que papi ha venido a verte. ¿Te cuento aquel de los tres cerditos? Más bajito, criatura, que me vas a despertar a los SIETE. Calificarlos de irritables sería más un eufemismo que una aproximación a la realidad. La última vez fue por la música, demasiado alta. Pues doscientos euretes para los guindillas, nena. La culpa entonces fue mía, lo reconozco. Los tabiques de este antiguo bloque de apartamentos son demasiado endebles y temía que ellos alcanzaran a oír los gemidos de placer procurados por tu predecesora. Tuve que armonizar la velada con lo primero que hallé, resultando ser un cd de Donato y Estéfano.”

Me encomiendo a Eros antes de rozar un milímetro de su ser: “¿qué te parece si empezamos por el gordito? Uy, uy, uy, ¡pero míralo!, si casi dan ganas de comérselo. Estos deditos son un auténtico monumento de interés general y no hay derecho a que los ocultes tras esas medias de nailon… ¿Cuál era, el 091? Dame un minuto. Sí… operadora (siempre quise decir eso), mire, tengo ante mí a una malhechora que pretendía privarnos al común de los mortales de caviar para nuestros sentidos. Espere que tomo nota: tres azotes en el trasero y otra copita de vino. Diez cuatro señorita, se dice así ¿no? Muy amable. Por esta vez lo dejarán pasar… pero cuidado que a la tercera conlleva sanción, como cuando pierdes el DNI. Ah, que no tienes DNI… un detalle del todo carente de importancia… para mí.”

Bueno, ya que usted lo comenta creo recordar que no acudí a aquella cita ni meridianamente preparado, tanto es así que llegué a quedarme sin aceite y body milk mucho antes de lo previsto, aunque sinceramente, la morenita no lo echó en falta. Los poetas como yo atesoramos versatilidad en las palabras, agradeciendo cierto grado de sialorrea: si nuestras glándulas salivares no fueran capaces de prodigarse en demasía, nuestras rimas quedarían insípidas, nuestros versos bruscos, y nuestra garganta afónica. Y por si las moscas… otra copita de vino.

“Dime que te gusta cielo, dile a papi que lo está haciendo de maravilla. ¿Aprieto un poquito más por aquí, sí, así?” Me encuentro muy cerca de ella, no a la altura de su seno, aun no, pero tan cerca… Le acaricio el pie derecho, otra obra de ingeniería. Ella sonríe, o al menos eso creo intuir, tampoco presto demasiada atención a su rostro buscando una mueca a través de la cual poder interpretar cada escalofrío, cada emoción. No me importa. No estamos aquí para eso. Acaricio su extremidad inferior y casi sin querer arrulla mi miembro con su talón. Me excito.

Mi particular reloj de arena, la primera botella de Ribera del Duero crianza del 2011 ha sucumbido, recordándome que las horas se me escapan deprisa, tanto, que ahora caigo en que aun no hemos tenido tiempo siquiera de presentarnos adecuadamente. Yo por mi parte barrunto su nombre; cuando la convencí para que me acompañara a casa portaba entre sus manitas de porcelana una pequeña carpeta con la inscripción: “J. Bieber”. Quién sabe. Estas chiquillas de azúcar moreno gastan todas unos nombres tan raros que no me extrañaría en absoluto que sus padres, con un apellido tan extravagante, hayan querido teñir su realidad con cierto aire de llaneza, llamándola Juliana o Jacinta.
Mis NUEVE atrapan mariposas entre los fuelles de su piel. Son de seda, están concebidas para proporcionar placer. Comulgan silentes con sus extremidades inferiores. “Ay tu pie derecho, quien lo besara a deshoras, quien lo besara con ganas, quien le sacara provecho”. Un poeta no elige cuándo acuden las musas a su alcoba…

“Mira cielo, papi se preguntaba si te suena de algo un robot muy bonito llamado Mazinger Z. Pero no me llores otra vez, cándida noche, si era por reírnos un rato. Luego lo buscamos en Youtube , ¿vale? Es que iba a decirte eso de bragas fuera, pero no problem…”

A estas alturas mi cuerpo exuda deseo. Intento apagar la calefacción con el mando a distancia pero este se me escurre de entre las manos por culpa de tanto vino o tanta saliva. Sí, da usted en el clavo, ando inquieto. Ha llegado el momento de ascender un peldaño más en la escalera del deleite y mi sistema nervioso lo encaja como mejor sabe o puede. Un pequeño paso para el hombre… Que acertado, Neil, que acertado.

¿Un depravado yo, señor? En modo alguno. Pues sepa usted que las yemas de mis dedos no han conocido vulva mujeril, ni orificio con nombre y apariencia menos entrañable salvo los propios, pese a las facilidades que me ha brindado mi profesión: sí, fontanero a tiempo parcial, poeta en mis ratos libres y, cuando puedo y me dejan, que no es siempre pero sí a veces, masajista profesional y contorsionista aplicado. Los músculos que contorsiono no son los propios, vaaaale, ahí me ha pillado… ¿He dicho ya el TRES?

Rezo una novena para que su tobillo me aguarde con la misma intensidad con la que yo lo abrazo. Me incorporo plácido. Me aproximo a su oído diestro y la enamoro sin prisa: “ventana de mis paseos, que las aceras se levantan profanas a tu paso; pequeña alondra, mi bien, mi deseo; me hueles a guiso de taberna y tomillo, me sabes a sangre, me enamoras tobil...” tengo que parar; me entra la risa floja. Tal vez este sea menos espontáneo que el anterior. “¡Qué niña más lista!”.

Más saliva y otra copita de vino, “porque tus gemelos son gloria bendita y merecerían más visitas guiadas que la cueva de Altamira. Doce euros: autocar con asientos numerados, parada en venta típica gaditana con desayuno incluido y excursión por tus praderas inabarcables”.

Inspiro, expiro y cuento hasta diez. Me he preparado concienzudo para este momento. Cierro los ojos. Ralentizo mis pulsaciones. Ahora respiro fuerte. Demasiado. La habitación entera parece contraerse en un intento vano por arribar a mis pulmones; otra inspiración como esta y dejo sin oxígeno a medio vecindario.

Ahí están ellas, observándome sibilinamente, impertérritas. Trato de concentrarme y recito: almohadilla, sombrilla, mariquilla, Paz Padilla… ¡Dios! No quieren, no se inmutan, se ríen de mí.

Lo intento de nuevo: “besaron el suelo, del reloj sus manecillas… Joder, así tampoco.”

Desbloqueo el móvil y otra copita de vino. Palabras-que-rimen.es, Wordreference y RAE: encandila, amarilla, sencilla (por favor, no quiero diminutivos, gracias), mantequilla…

“A ver qué opinas de éste: pétalo de tres colores, que me recibes de rodillas… ¡No, cojones, no! ¿Cómo me vas a recibir tú de rodillas…, así… en ese estado? Ni aunque te colgara con cuerdas”. Respiro hondo y escupo raudo: “si pisáramos la playa, si voláramos cometas, si al menos una vez a la semana me regalaras tu presencia, infantil y violeta; si nos amáramos en vigilia… ¡Hija de puta!, vigilia noooo… si besara tus rodillias tendría que decir”.

Déjeme confesarle algo amigo, con esta ya van cuatro y ando por desgracia algo falto de espacio en mi UNO. ¿He dicho mío?, quería decir suyo. Y cuando digo suyo me estoy refiriendo a: ni idea. Ese pequeño utilitario gris plata debe pertenecer a uno de los entrañables abuelitos tan amigos del IMSERSO. Estacionado desde hace no menos de cuatro meses en aquel parking infesto, tan accesible, tan inadvertido, tan ¿abandonado?

Así es que ya casi ni me cabe encima la mercancía oiga: dos en el maletero, otra bajo el capó. Ya veremos dónde aterriza esta…

Preparo la maleta y la acomodo. Ella no protesta, es menuda y dócil. Bastante. Sorprendido me hallo pues no esperaba tamaña soltura teniendo en cuenta su actual estadio. No rechista. “Si te sigues portando así de bien te tarareo la melodía de Mazinger Z de camino al parking”.

Confieso que nunca he probado un himen, no he advertido la oportunidad. Las murallas de sus rodillas me resultan de todo modo infranqueables y no… no encuentro la rima pertinente. Ellas lo saben y satisfacen su ego con mi derrota. Una vez aceptada esta, cabizbajo y taciturno las quiebro a contra natura. Las negritas no se quejan. Una suerte traerlas a casa ya fiambres. La primera vez ocurrió de manera involuntaria, ella se revolvió mientras subíamos las escaleras y no tuve más opción que estrellar su pequeño cráneo contra el mármol añil del primer peldaño. Después de aquella… digamos que así resulta más fácil.

Nunca un cadáver, nunca una prueba que me involucre en esta marea de versos que mi vida sostiene. ¿Qué dice? Ah, sí, BRAVO, LIMA, ROMEO con media copita de tinto.

Traslado a J. Bieber a lo que a partir de ahora va a ser su nueva morada y de regreso a mi apartamento me encuentro un inesperado comité de bienvenida. Uno de ellos porta pistola en mano. La primera vez que veo una. Yo utilizaba un pequeño cortaúñas apretado contra la nuca; eran tan jóvenes que con eso era más que suficiente. El otro exhibe unos anodinos grilletes. “Hallé profundos tus anhelos escondidos en mis boquetes, inhibe mis fauces gallardo, retén mi fe con tus grilletes…” Parece que no le ha gustado. Improviso otro más ramplón: agente no me engrillete, que se asoman mis vecinos y me pone usted en un brete; pero lo desestimo por breve.

Me someten a múltiples interrogatorios. No suelto ni media palabra. Dan por hecho que soy yo. ¿Qué más da?, aunque hallaran el dichoso parking donde reposan los espartanos restos de las cuatro niñas, no menos de tres mil utilitarios aguardan sin prisa a ser retirados de allí por inoperancia. Mucho trabajo para tan poco tiempo. A las cuarenta y ocho horas me pondrán en libertad y entonces adiós a Mateo el fontanero, bienvenido Santiago el… apóstol, qué sé yo, ya se me ocurrirá algo.

Que no, que no. Que ya le he dicho que ni aunque me lo pida rimando; la matrícula del vehículo ni con flores se la digo; mucho es que acepté, en contra del parecer de mi abogado, someterme a todo tipo de probaturas: detector de mentiras, polideluxe, sesión de hipnotismo…

Por cierto amigo, ¿sabía usted que a esos psiquiatras de medio pelo que tratan de bucear en la mente del prójimo para sonsacarles la verdad los conocen en la trena como los sacacorchos? ¿No?, pues ya lo sabe.


FIN.

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Pulp
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Re: CP IX - Dos botellas de vino y un sacacorchos

Mensaje por Pulp » 17 Abr 2014 15:24

Leído.

Alguna que otra frase 'excesivamente' larga (y vacía) para mi gusto. Alguna coma mal colocada.

Sin embargo no es por esto que no me ha interesado, o sí. Seguramente debería volver a leérmelo, pero ahora mismo, y ante la perspectiva de ventipico pendientes por leer, no lo haré.

Me rechina el FIN, pero eso es cosa mía, seguro.

Quizás, si lo pienso, mi problema (uno de ellos) es que visualizo en exceso cuando me cuentan, o cuando leo. Y hay cosas con las que no puedo...

En fin, gracias por tu relato!!!

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Re: CP IX - Dos botellas de vino y un sacacorchos

Mensaje por Ororo » 17 Abr 2014 17:43

La redacción es mejorable y hay fragmentos que no fluyen. Sin embargo, hay otros terroríficos por la naturalidad con la que se cuentan.
Me ha gustado mucho que esté contado desde la única perspectiva del protagonista. Te has puesto muy bien en su lugar, en su cabeza. Todo eso de las rimas... qué bueno. Una rara obsesión para un demente. ¡¡¡Pero qué miedo he pasado!!!
Quiero leerlo otra vez, porque lo de los números no lo tengo claro y me gustaría, tras la primera lectura, releerlo del tirón como algo ya conocido para ver lo que me provoca.

Raro y loco. Eso es lo que he escrito al lado del R+.
No soy lo que escribo; soy lo que tú sientes al leerme.

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Re: CP IX - Dos botellas de vino y un sacacorchos

Mensaje por jilguero » 17 Abr 2014 19:53

:164nyu: :shock:
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Re: CP IX - Dos botellas de vino y un sacacorchos

Mensaje por Tolomew Dewhust » 17 Abr 2014 20:04

Acabo de comentar a otro autor que el tema que ha tratado, el del maltrato, no me parece demasiado acertado para un relato... así que a ver qué te digo a ti.

Creo que planteas una confesión, y que lo de los números y las letras son la matrícula del vehículo... hasta ahí bien. Lo del sacacorchos que es el hipnotizador, cogido con pinzas, las rimas: algunas mejor que otras.

En fin, mejorable en varios aspectos.

Aun así, suerte. :)
Tengo un castillo con ventanas a la mar y una puerta sin portal,
si te gusta, es tu castillo.

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Re: CP IX - Dos botellas de vino y un sacacorchos

Mensaje por doctorkauffman » 17 Abr 2014 23:41

tema muy manido y muy tratado.
desde el primer párrafo me lo imaginé y supongo que el autor/a espera que sea algo más adelante.
no puedo con este tipo de relatos. solo uno consiguió entusiasmarme y era de la primavera pasada.

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Re: CP IX - Dos botellas de vino y un sacacorchos

Mensaje por Gisso » 18 Abr 2014 00:23

Bueno, no sé qué decir de este relato, porque no me ha convencido mucho... Nos intentas meter en la mente muy retorcida de un asesino de niñas, con sus pensamientos e idas de olla, pero lo veo todo muy disperso, nos llevas de un lado a otro, de un cuento a un memé de Internet (why not...) a sus dotes de poeta... Pero no me queda como un conjunto de la mente de este loco. No has mantenido mi interés en la historia.

Suerte.

PD: los números y letras es
la matrícula del coche donde guarda los cuerpos de las niñas
Última edición por Gisso el 18 Abr 2014 20:08, editado 3 veces en total.

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Re: CP IX - Dos botellas de vino y un sacacorchos

Mensaje por Emisario » 18 Abr 2014 04:21

jilguero escribió: :164nyu: :shock:

Creo... que te has cargado a Jilguero :comp punch: :meparto:
Andará asustado toda la semana :dragon: :meparto:

Bueno, me despaturro, y te digo que tienes material, y de sobra, muy interesantes algunos pasajes, literariamente hablando, pero la historia se me ha hecho larga, con mucho desvarío. Se pierde la intriga. El Timing se te ha escapado, todo esto al juicio de UNO, claro. Original en la forma, como contradecirlo.
Gracias por tu relato y suerte, :hola:

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Re: CP IX - Dos botellas de vino y un sacacorchos

Mensaje por Sinkim » 18 Abr 2014 15:49

Me ha gustado, me ha parecido bien escrito y que el autor consigue meterse y meternos en la mete del asesino y en los juegos que imagina :D

Me ha hecho gracia el primer momento Mazinger recordando el famos "Pechos fuera" :cunao: :cunao:
Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano.

:101: RECUENTO 2017 :101:

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Re: CP IX - Dos botellas de vino y un sacacorchos

Mensaje por albatross » 18 Abr 2014 17:08

A mí lo que más me ha gustado de este relato es la libertad formal que el autor se otorga para divagar, para ir y venir del hilo narrativo con variaciones, con pensamientos interiores, con el juego de las rimas. Envidio esa libertad porque algunos no la tenemos y escribimos más encorsetados en una linealidad. Me ha parecido un ejercicio brillante de estilo.

Enhorabuena.

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Re: CP IX - Dos botellas de vino y un sacacorchos

Mensaje por Berlín » 18 Abr 2014 19:48

A mi me ha gustado mucho, y es que todo aquel que se atreva a escandalizar o a tocar temas delicados tiene mi admiración. Me gusta la gente que se atreve a hacer estas cosas.

En cuanto a esos números que remarcas en negrita, pues es que no sé que me quieres contar, y sé que es importante, pero no lo pillo.
Destaco la frialdad, la arrogancia del asesino, el vino, los versos, las bromas, todo el conjunto forman una escena escalofriante, una escena a la que tú autor, armado de valentía, has dado vida.

¿Que es un tema manido? por supuesto, pero tú lo has escrito desde tu propia oscuridad particular.
"Que escribir y respirar no sean dos ritmos diferentes"

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Re: CP IX - Dos botellas de vino y un sacacorchos

Mensaje por Yuyu » 18 Abr 2014 20:43

No podía faltar el psicópata, es el segundo de la noche junto con el taxidermista aunque este da más miedito. El relato estuvo bien, al principio me parecía errático, pero es que está escrito en primera persona, tiene que ser así. He de confesar que no he pillado lo de los números hasta que lo he leído en los comentarios. Buen relato. :60: :hola:
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Re: CP IX - Dos botellas de vino y un sacacorchos

Mensaje por Gavalia » 18 Abr 2014 23:14

No sè muy bien que decir del presente trabajo. Admiro tu prosa y mås aun el trabajo que te habrå llevado darle forma. Soy más amigo de estructurar los relatos de una forma mąs cląsica y admiro tu atrevimiento en como lo planteas. Lo cierto es que no me ha gustado mucho somgo que por esa misma razón. Buen trabajo
La mamá arropaba a su pequeño niño invidente mientras le susurraba al oído...
Si no te portas bien... cambio los muebles de sitio... :twisted:

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Re: CP IX - Dos botellas de vino y un sacacorchos

Mensaje por Sinkim » 19 Abr 2014 00:25

Una duda que se me había olvidado preguntar ¿Una almohada de ciento noventa euros? :o :o ¿Es de Tiffany o algo así? :cunao: :cunao:
Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano.

:101: RECUENTO 2017 :101:

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Re: CP IX - Dos botellas de vino y un sacacorchos

Mensaje por prófugo » 19 Abr 2014 04:27

:hola:

Estimado(a) autor(a) : A mi tu relato si me ha gustado...y me saco el sombrero porque has tratado un tema nada ...pero nada agradable..y muchísimo menos para los que tenemos hijos.

Quizás el tema esta algo trillado..pero lamentablemente esta muy de moda y que merece todo el repudio y mano dura para combatirlos hasta exterminarlos casi en su totalidad.

A pesar de la dureza del contenido has podido darle un toque gracioso en algunos momentos ( en lo que cabe...claro), el tema de la placa del coche es bastante original y la ambientación la noto bien lograda .

:60:
Leyendo: Anna Karénina - Lev Tolstoi

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