CM - Sangre roja - Barrikada

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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Lifen
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CM - Sangre roja - Barrikada

Mensaje por Lifen » 17 May 2014 11:01

Sangre Roja

El día que los periódicos anunciaron el asesinato de su padre, Anna sintió una mezcla de tristeza y alivio. Era cuestión de tiempo que encontraran su escondite y lo liquidaran, tal y como habían hecho con tantos otros disidentes. Al despedirse por última vez, su padre le rogó desconsolado que le perdonara por haberla traído a este mundo. Era todavía una niña cuando Anna tuvo que escapar de su tierra y atravesar el crudo invierno tentando a la suerte. Desde entonces, había hecho de la huida su forma de vida. En un país distinto cada vez había dado cuenta de los atentados y suicidios que habían acabado con el resto de su familia.
Trataba de no arraigarse en demasía a las ciudades a las que llegaba. No solía entablar más relación de la necesaria para subsistir. Sólo con los enlaces que la cobijaban se permitía una palabra de más, pero, con el tiempo, Anna constató que cuanto más se alejaba de su tierra, los contactos se volvían menos fiables. En un par de ocasiones había desaparecido en medio de la noche a punto de ser entregada por un supuesto compañero. De esta forma, Anna creyó que era hora de comenzar a vivir y Florencia, donde se encontraba escondida desde hacía un par de semanas, parecía una ciudad idónea. La pareja de ancianos que la había hospedado en la ciudad aprobó la idea. Conocedor de sus prácticas, el anciano le comentó que el Régimen perseguía a los familiares de sus enemigos para suscitar su entrega, por lo que Anna, con su padre asesinado, no debía tener miedo. A fin de cuentas, no era más que una joven desterrada sin indicios de haber sido nunca una amenaza.
Por intermediación de la pareja, Anna comenzó a trabajar en casa de los Fallaci, una familia acomodada y con arraigo en la región. A pesar de que su nombre y acento delataban su procedencia, ningún Fallaci le preguntó cómo había llegado hasta Florencia. El trato de los señores era respetuoso y se limitaba a que la muchacha se sintiera cómoda. Por la mañana, Anna se encargaba de las tareas de la casa, donde destacaba su mano para remendar los vestidos de la señora. Por la tarde bajaba a despachar en el comercio que la familia tenía en los bajos del edificio. En él se suministraban alimentos de la zona minuciosamente seleccionados por el señor Fallaci. Anna disfrutaba de su cometido, pues gozaba de la confianza del señor, que la dejaba sola a cargo del turno vespertino. También palpaba el cariño de los vecinos, sentimiento que le había sido negado durante años.
En cambio, Anna todavía era reticente a crear lazos más allá de los laborales. Antes de oscurecer, cuando cerraba el negocio, regresaba sin más demora a su nuevo hogar. Si aún quedaba luz, paseaba con los dos canes de la familia por la vera del río, entregándose a sus pensamientos. Por su pálida tez surcaban las lágrimas al ver su soledad reflejada en las aguas cristalinas.

Cuando Igor entró al comercio de los Fallaci por primera vez, Anna tuvo la certeza de que su vida estaba a punto de dar un vuelco. El joven se zambulló en los estantes contemplando las viandas como si se tratasen de verdaderas obras de museo. Desde el mostrador, Anna vigilaba cada uno de sus movimientos mientras despachaba acelerada al resto de clientes. Tras haber finalizado con ellos, Igor se acercó hacia la joven provocándole un cosquilleo que recorría todo su cuerpo.
–Perdona, ¿tienes Pecorino y un poco de orégano? –preguntó el joven. Anna se estremeció al comprobar que el italiano de aquel desconocido se entrelazaba con el acento de su tierra.
–Sí, enseguida –le respondió, intentando ocultar que el pulso estaba a punto de salirle por la boca. La muchacha percibió cómo la desnudaba con la mirada mientras preparaba el pedido. Le resultaba divertido aquel juego que le reconciliaba con su intimidad.
–Me llamo Igor.
–Encantada, aquí tiene su pedido. Gracias –le contestó Anna cortante.
A pesar de la decepción por la respuesta, Igor volvía al comercio cada vez con más frecuencia. Anna, por su parte, continuaba obsequiándole con su frialdad, pero una hoguera prendía en su interior con una intensidad que cada vez le resultaba más complicada de disimular.
Una tarde de primavera el sol aún brillaba cuando Anna salió a pasear con los perros a la vera del río. Igor surcaba cada ola de su mar de pensamientos y quizá, pensó, era el momento de rendirse a los deseos que había reprimiendo. De repente, se percató que alguien la observaba desde el otro lado del río. Allí se encontraba la inconfundible estampa de Igor, a la que Anna se dirigió desbocada. Una corriente de pasión y nerviosismo corría ferviente por sus venas. No sabía bien qué decirle, ni cómo debía actuar, sólo se dejaba guiar por el delirio. Cuando llegó hasta él, le acarició la cara para comprobar si era real y lo besó como si fuese el último segundo de su vida. A Igor, el atrevimiento de la joven le pilló desprevenido. Después de visitarla día a día, después de cientos de inocuas respuestas, después de seguirla durante un sinfín de tardes, después de todo, se había quedado prendada de él.
En cada encuentro entre ambos, Ana se vaciaba por completo relatando los pormenores de sus años de silencio. Igor la apremiaba con su comprensión, con su pecho abierto para secar las lágrimas. Al echar la persiana del comercio, se entregaban a la pasión con furia y generosidad. Todo se asemejaba a un cuento de hadas de la vieja Rusia, en el que el rojo es el color de la sangre.

–Gran trabajo, Kirov, aunque yo de ti vigilaría el cuello. Si en el Kremlin supieran que andas con la hija de Vrotsky, el siguiente serías tú. Y bien, ¿dices que no sabe nada?
–Así es, Nikolaev. Sólo conoce la versión oficial, piensa que su padre murió asesinado–contestó Igor–. No tiene contacto con Vrotsky, ni con ninguno de los suyos.
–Esa maldita cucaracha nos está haciendo perder demasiado tiempo –bramó Nikolaev–. Acaba con ella, Kirov, yo avisaré a Moscú para que la noticia llegue a todos los rincones del mundo. Hazlo rápido, no quiero más sobresaltos.
–Esta misma tarde lo haré –confirmó Igor impasible.

Cuando reunió el valor suficiente para cargar el arma con dos balas, las lágrimas que Igor Kirov había derramado sobre el retrato ya se habían secado. En él se veía a Anna con los perros de la familia Fallaci, tratando de esbozar una sonrisa que nunca más podría volver a ver. El mismo Igor había tomado la fotografía en uno de sus innumerables paseos de la mano por el río, en uno de los momentos donde dejaban volar la felicidad. Juntos habían creído en el amor, desafiando a los cuentos de la vieja Rusia, en los que al final el amor resulta siempre una quimera.
Nada más verlo entrar en la tienda, Anna contempló los ojos de un hombre distinto del que se había enamorado. A diferencia de su gesto cautivador habitual, el rostro de Igor reflejaba una seriedad aterradora. Se dirigió a la muchacha callado, esforzándose en acentuar el eco de sus pasos.
–Anna, tienes que venir conmigo ahora.
–No puedo Igor, aún me queda un rato –contestó nerviosa–. Te noto muy extraño, ¿qué te ocurre?
Súbitamente, Igor saltó el mostrador, la rodeó con los brazos, la levantó y salió con ella de la tienda. Anna quiso gritar, pero las manos de Igor tapaban su boca. No había nadie alrededor que la pudiera socorrer, el joven sicario había esperado el momento preciso. En la puerta les esperaba un coche con un hombre al volante. Después de un par de kilómetros de tensión, junto a un descampado cercano a la estación, Igor pidió al conductor que parara el coche. Cogió a Anna y juntos desaparecieron. Tras unos minutos, dos disparos, espaciados en unos segundos, rompieron el aire de Florencia.
Nikolaev, quien había seguido la escena con recelo desde su coche, se desesperaba, y tras consultar al chófer de Igor Kirov, salió disparado a buscarlo. Sobre el puente de la estación, Igor acariciaba con ternura la foto de Anna cuando sintió el cañón de una pistola posarse sobre su nuca.
–No podía –susurró Igor con un hilo de voz.
–Maldita sea, Kirov, algo me decía que no lo harías.
–Ya no me queda nada. Haz los honores, camarada.
Sin más dilación, Nikolaev apretó el gatillo y arrojó el cuerpo de Igor a las vías del tren. Tal y como le había sucedido con el padre, Nikolaev había fracasado en su misión de acabar con Anna Vrotsky.

Al escuchar el disparo, Anna perdió toda esperanza de reencontrarse con su amado. Durante todo el trayecto, la muchacha lloró desconsolada pensando cómo aquel amor de cuento de hadas se había esfumado entre sus manos, cómo aquel sicario a sueldo del Kremlin la había hecho sentirse viva y cómo después había derramado su sangre por salvarla. Siguiendo el plan que Igor le había explicado antes de despedirse para siempre, se bajó en la parada indicada, un pequeño pueblo de los Alpes, donde la esperaban para, de nuevo, emprender rumbo al ostracismo.

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Re: CM - Sangre roja

Mensaje por Tolomew Dewhust » 17 May 2014 16:02

La historia está muy bien narrada, felicidades.

Particularmente hubiese preferido que comenzaras el relato con la parte en que se conocen y enamoran y a continuación desvelaras que ella estaba siendo perseguida, porque tal como lo cuentas, nada más aparecer el extraño y apuesto viajero con acento ruso se ve venir de lejos todo el pastel...

:hola:
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Re: CM - Sangre roja

Mensaje por jilguero » 17 May 2014 20:23

Un dramón en toda regla y con mucha acción.
Bien escrito, bien trabado, aunque, a partir de cierto momento, previsible.
La ambientación respecto a la fotografía, la época escogida, muy adecuada.
En resumen, en esta primera vuelta de lectura hedonista, Jilguero se lo ha leído con gusto y no le ha visto ninguna pega relevante. :60:

El esfuerzo para llegar a las cimas basta
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Re: CM - Sangre roja

Mensaje por Gavalia » 17 May 2014 21:01

No está mal tu trabajo autor, aunque algunas me sobraron en tu redacción. Creo que tu historia necesita mąs espacio que el que te obliga el concurso. Se lee bastante bien pero para mi gusto le falta emoción tanto a la hora de especular con el amor de la pareja, como la condición de proscrita de la muchacha. Le falta ese algo que lo podría haber hecho mejor. Por lo demás gracias por el esfuerzo y el valor de publicarlo para que se vilmente apaleado jajaja, o puede que no.... De momento vas bien :wink:
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Re: CM - Sangre roja

Mensaje por barrikada » 18 May 2014 11:08

Me ha parecido bien escrito, tiene una trama potente, pero la evolución de los acontecimientos es lineal y no da mucho lugar a la sorpresa. El tema de la foto está bien encajado, aunque la participación de los perros me parece un poco metida con calzador. Como te han dicho por aquí, con una vuelta de tuerca más, hubiese quedado muy bien. Tengo que leerlo una vez más, lo he leído por encima. Aun así, un gusto!
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Re: CM - Sangre roja

Mensaje por Ratpenat » 18 May 2014 19:39

Es un relato que me ha gustado, vaya por delante.

Sin embargo, me ha faltado algo. Todos los elementos son interesantes, pero me ha faltado carga en cada uno de ellos. No sé muy bien cómo explicarme. Por ejemplo, en el párrafo final se podría haber alargado muchísimo, con la de cosas importantes que cuentas. Tampoco llego a empatizar con la protagonista, porque lo cuentas todo, pero no dejas que conectemos con ella. Empatizar es difícil, quizá lo que más de escribir, pero hay maneras. Un relato como este está guay desde el principio hasta el final, pero si consigues poner al lector en la piel de la chica, te lo has ganado.

Ya tengo ganas de ver si eres quien creo que eres :60:

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Re: CM - Sangre roja

Mensaje por Ayrween » 18 May 2014 21:13

Una historia interesante y bien narrada, creo que la mezcla de historia de amor y acción es buena. Se me ha hecho un poco previsible la aparición de Igor después de saber que Anna está perseguida por el Kremlin y que su familia ha sido asesinada. Dudaba de si él la traicionaría y la mataría, si ella se escaparía o si él la ayudaría y se sacrificaría por ella, como finalmente ha ocurrido en el relato. Me parece haber entendido que Vrotsky no fue asesinado, aunque la versión oficial es que sí. El último párrafo creo que tiene algunos lugares comunes (amor de cuento de hadas, se esfumó entre las manos) y creo que es demasiado resumido, no sé si por estar llegando a la extensión máxima. Solo es gusto personal, me parece que la narración es buena.
Gracias por compartir tu historia, autor :60:

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Re: CM - Sangre roja

Mensaje por Sinkim » 18 May 2014 23:32

Me ha gustado esta historia, está muy bien escrita y transmites los sentimientos de la protagonista con mucho acierto, aunque me parece que se enamora demasiado rápido de Igor sobre todo dada su condición de fugitiva :lol:

Coincido con Tolomew en que la historia hubiera ganado mucho empenzado a contarla cuando Anna conoce a Igor y contando la otra parte como un recuerdo o algo así :D

Una minucia, aunque puede ser correcto se me hace rara la utilización de "ostracismo" como lo usas en el cuento :D
Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano.

:101: RECUENTO 2017 :101:

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Re: CM - Sangre roja

Mensaje por prófugo » 19 May 2014 00:31

:hola:

Estimado(a) autor(a):

Me ha gustado mucho tu trabajo...esa historia de Anna y el sicario del Kremlin se ha ganado mi respeto y cariño.

Sí, es un autentico culebrón ruso ( más no venezolano) pero me ha atrapado. El único detalle que no me ha convencido del todo es ese cuando Anna sale como loca corriendo a besarlo y a tocarlo...siendo ella tan fría...desconfiada, etc...a pesar de estar tan deseosa...enamorada o como quieras llamarle.

Enhorabuena!!

:60:
Leyendo: Anna Karénina - Lev Tolstoi

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Re: CM - Sangre roja

Mensaje por Ororo » 19 May 2014 16:29

Ah, la traición!
Me ha parecido una historia pensada, bien entretejida e interesante aunque su centro haya sido una historia de amor un poco típica. También el tema de la traición y su posterior rehúso está un poco visto.

Pero bueno, lo interesante de este relato es que está muy bien contado. Una buena prosa -aunque alguna expresión me ha chirriado- y un personaje bien perfilado pese a la corta extensión.

EN CUANTO A LA FOTO: ahí la veo, dudosa, encerrada en sí misma, desconfiada... pero deseando amar y ser amada (música, por favor!)
No soy lo que escribo; soy lo que tú sientes al leerme.

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Re: CM - Sangre roja

Mensaje por Ororo » 19 May 2014 16:57

Gavalia escribió:Se lee bastante bien pero para mi gusto le falta emoción tanto a la hora de especular con el amor de la pareja, como la condición de proscrita de la muchachA

barrikada escribió: no da mucho lugar a la sorpresa.

Esto también. Me ha parecido lento en algunos trozos... o, más que lento, falto de emoción.
No soy lo que escribo; soy lo que tú sientes al leerme.

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Re: CM - Sangre roja

Mensaje por Nínive » 19 May 2014 17:31

Creo que cambiando la forma se podría dar más lustre a esta historia. Autor, debes jugar un poco con el lector, sugerir para desvelar después, ir desgranando datos que se conecten al final. Está bien narrada, es amena, pero predecible. Por eso digo que se podía haber elegido otro formato. Empezar por el final, o por el medio... contar todo desde un punto de vista distinto...
Porque no es malo contar una historia que se haya leído antes, lo genial es hacerlo como nunca nadie antes lo ha hecho.
También me choca un poco cómo se entrega sin reservas a ese chico con acento ruso... aunque el amor es lo que tiene... :dragon:
Sin embargo, es una buena historia y me lo he pasado muy bien leyéndola. :60:
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Y el aullido del lobo negro se coló bajo la piel nevada de la loba...

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Re: CM - Sangre roja

Mensaje por Estrella de mar » 19 May 2014 20:32

Me ha gustado cómo está escrito. :P Pero tengo que decir que la historia no me ha dejado huella. :roll: Poco romanticona que es una. :cunao: Es cuestión de gustos, nomás. :lol:

Gracias por fotografiar tus palabras, compañer@. :chino:
Ya es carnaval en el cielo.
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Re: CM - Sangre roja

Mensaje por iliada » 19 May 2014 21:19

Me ha gustado mucho este relato, es de los mejores que he leido hasta ahora.
Por ponerle un pero, no llego a entender ese cambio de comportamiento de Anna que pasa de la frialdad a la pasión, supongo que Anna tendría ciertas sospechas por el acento de Igor y con el tiempo se van diluyendo.

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Re: CM - Sangre roja

Mensaje por Escritoradesueños » 19 May 2014 22:23

Es un relato muy bueno, de las historias que me enganchan a mi.
Sin embargo hay un párrafo que tiene muchísimos fallos;

Igor surcaba cada ola de su mar de pensamientos y quizá, pensó, era el momento de rendirse a los deseos que había reprimiendo. De repente, se percató que alguien la observaba desde el otro lado del río. Allí se encontraba la inconfundible estampa de Igor, a la que Anna se dirigió desbocada.


Pensamientos y pensó: Redundancia.
¿Había reprimiendo?
Habla de Igor y de repente habla de Anna, sin nombrarla.

Quitando esto, lo demás está muy bien hilado y el final deja trozos a la imaginación del lector.
La cosa que me choca es que Anna siendo tan precavida y fria con todos se vaya a fiar justamente de alguien con acento ruso y que sabe que proviene de allí ¿Acaso el amor la volvió loca? ¿No se preguntó ni una sola vez que hacía ese ruso en Florencia justamente, como ella? Con lo precavida que es Anna, no se entiende que confie así.
Aunque solo se puede entender que la cegase el amor con fuerza total.
Pobre Keslov o Igor, enamoradito y dando su vida por su Anna. Los grandes amores suelen terminar en tragedia, eso dicen.
Y encima el padre sigue vivo...eso me ha sorprendido.
Me ha gustado pero me choca que la precavida Anna se abriese tanto tanto a Igor (aunque no fuese de repente).
No espero amor ni odio
ya tengo bastante con mi dolor
maldigo el episodio
lo peor es que yo fui quien lo escribió.
Me esperan los demonios
que dejan tu olvido
que juegan conmigo.

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