CH 1 Una dama entre melones - Topito (1º Popular)

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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lucia
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CH 1 Una dama entre melones - Topito (1º Popular)

Mensaje por lucia » 12 Oct 2014 21:45

Una dama entre melones

Melón, sí.
Nací melón.
Melón porque así lo dijo mi padre.
Sin embargo, desde que germiné, me sentí sandía.

Sí, sentí crecer en mí una pulpa rubí y no cetrina, una carne dulce y jugosa como la de ellas y unas pepitas tan oscuras como el azabache. Así que no pude renegar de mi propia identidad, comportándome como una sandía con piel de melón.
Por eso, no tardaron en advertirlo mis hermanos, provocando que los insultos y agravios se produjeran a diario.
Melona, me llamaron.
¡Marilona!, me gritaron.
Pero el día en que las juntaron, marilona la melona me apodaron.
Sí, los necios siempre se juntan y, la excepción, no la crearon mis hermanos.
Sin embargo, gracias a ellos, maduré temprano, siendo en poco tiempo el más grande y hermoso melón del huerto, envidia de mis hermanos y orgullo paterno.
Sí, mi padre, el granjero, me despertaba cada mañana al alba para susurrarme que era todo un campeón y, por supuesto, un futuro ganador, pues era el más grande y hermoso de todos mis hermanos. Claro está que sus palabras me llenaron de orgullo y satisfacción, colmándome de confianza y erigiéndome ante sus ojos en el rey de los melones, a pesar de que yo, en el fondo, fuera toda una reina.
Mi madre, así mismo, justo antes de dormir, me colmaba de entereza al susurrarme una y mil veces que la naturaleza era sabia, que sabía lo que se hacía y que debía saber ante todo que mis hermanos eran sumamente ineptos y no tenían remedio.
Así pues, nunca me sentí solo ante tanto melón, ya que mis padres siempre estuvieron a mi lado. Sin embargo, una vez maduré, comprendí que el amor de mis padres no bastaba para ser feliz; su cariño sólo me protegía. Para alcanzar la felicidad necesitaba ser yo misma. Ser, en definitiva, y a pesar de que no fuera fácil aceptar mi condición rodeado de una panda de melones, la sandía que era y no el melón que todos suponían. Y, aunque me importaba un pimiento lo que pensaran mis hermanos, no era así con mis padres, por lo que no llegué a conseguirlo hasta el día que conocí a aquella mariquita. Sí, gracias a ella —y, porque no decirlo, a sus hermanas— lentamente dejé de sentirme en medio de una plaga de pulgones, convirtiendo mi hogar en un huerto mejor.
Mis hermanos, lógicamente, nunca las comprendieron. Llegaron a pensar que, sólo por el hecho de que no paraban de cantar, bailar o reír en cada rincón del huerto, no había ni una mariquita eran unas locaza. Sin embargo, a mis amigas, nunca les importó lo que dijeran los demás, pues así eran ellas y nunca nadie les haría cambiar.
No obstante, siendo sincera, el primer día que las conocí, yo también pensé que eran sumamente locas. Pero ¿cómo no iba a hacerlo tras mi primera conversación con ella?
Fue tan surrealista que aún persiste en mi memoria.

—¡Oye! —grité.
—¡Uy! —gritó ella.
—¿Serías tan amable de no pisarme?
—¡Qué susto me has dado! —fue su respuesta.
Una siempre piensa que le harán caso si pide las cosas con amabilidad. Por ello, creí que así lo haría mi amiga; sin embargo… estaba muy equivocada.
Ella, haciendo raíces sordas, inició una frenética carrera sobre mi piel mientras gritaba:
—¡Qué curioso! Sí, curioso. ¡Muy curioso!
Aquella carrera —como es lógico— me dejó totalmente perpleja. Al principio, no supe cómo reaccionar, pero después, una vez desapareció mi estupor, insistí en mi petición:
—Ehm, disculpa. Decía que... si serías tan amable de no pisarme.
Ella se paró y, exhaustivamente, comenzó a examinar mi piel con sus diminutas patas.
—¡Qué curioso! —repitió de nuevo.
—Continúas pisándome… ¿Lo sabes?
—Sí, curioso. Muy curioso.
—Esto… ¿Sabías que es de mala educación caminar sobre un desconocido?
—¡Sí, supercurioso!
Pensé, por un momento, que era algo lechuga, por lo que intenté expresarme con mayor claridad.
—¿Podrías dejar de andar sobre mí?
—¿Dónde está tu boca? —respondió.
«Sí —pensé—, debe ser lechuga».
—Bien. Vamos a ver: primero, quiero que dejes de sobarme; segundo, quiero que dejes de andar sobre mí; y tercero, quiero que lo dejes de hacer… ¡ahora mismo!
—¡Guau! Estoy flipando. ¿No tienes boca?
Suspiré.
—¿Cómo puedo decírtelo?
—¿Cómo puedes hablar sin ella?
—¿Cómo puede ser que no me contestes?
—¿Cómo puedes hablar si eres una fruta?
La situación comenzó a irritarme.
—¡Por el amor de la Naturaleza! ¡¿Vas a dejar de pisarme?!
—¿La tienes escondida?
—No me lo puedo creer… ¿Eres sorda?
La conversación era tan surrealista que, en vez de un insecto y una fruta hablando, parecíamos dos besugos dialogando.
—¡Bicho! —grité—. Baja de mí… ¡Ya!
Mi amiga se paró en seco.
—¡Ey! —dijo molesta. Y, gesticulando con dramatismo sus pequeñas patas delanteras, como si estuviera recitando un poema de la mismísima Shakespear, la más célebre pera inglesa, añadió—: Insecto y no bicho, he ahí la cuestión, mi enorme melón.
Aquello ya fue el colmo.
—¡Basta ya, bicho! Para empezar: no soy melón sino sandía.
—¡¿Cómo?!
—¡Sandía, bicho! S-A-N-D-Í-A.
—Entonces, yo… yo soy… soy el… —Mi amiga apenas podía hablar, pues se le escapaba un par de risitas a cada dos palabras que decía. Sin embargo, hinchó sus pulmones y, exhalando lentamente el aire, consiguió decir la frase del tirón—. Entonces, yo soy el hada de las frutas y no una mariquita.
Acto seguido, le dio tal ataque de risa que acabó tumbada sobre mi piel, llorando, mientras agitaba sus patas de forma compulsiva.
Mientras, intenté pensar con rapidez. Hallar una salida a aquella situación. Decir una frase contundente que lo consiguiera. Sin embargo, ella fuera más rápida que yo, pues una vez se calmó, me preguntó:
—¿Es verdad que eres una sandía?
—Sí, lo soy.
—¿De verdad?... Yo creo que eres un melón y que me quieres tomar las antenas.
—Mira, me importa un rábano lo que tú creas. ¡Sólo quiero que te bajes!
De repente, mi amiga dio un salto en el aire y, posando sus patas sobre mi piel, comenzó a taconear como una loca.
—Pues… la verdad… a mí me suenas más a melón que a sandía.
Aquello ya no fue el colmo, sino la gota de agua que desborda el riego del huerto; así pues, con todo mi mal zumo, le dije:
—¡Si no bajas tendré que aplastarte como simple insecto que eres! ¡¿Me entiendes?!
—Vamos, meloncete, no te enfades.
—¡Qué soy una sandíííía! ¡Sandía! ¡¿Entiendes?! ¡Sandía!
—¡Maris! —chilló —. ¡Venid! ¡Rápido! Aquí hay un melón que dice ser una sandía.
Sin tener apenas tiempo para reaccionar, cinco mariquitas llegaron volando y se posaron sobre mí.
—Pero ¿qué dices, mari? —preguntó una de las mariquitas a mi amiga.
—Que sí, que es verdad. —Y, dándome un puntapié sobre mi piel, añadió—: Díselo tú, melón.
—Soy una sandía —respondí resignada.
—¿Qué? —exclamaron al unísono—. ¡Si eres un melón!
—Por el amor de la Naturaleza, sois unas moscas cojoneras.
—¿Moscas? —dijo la mariquita más rechoncha—. Somos mariquitas.
—¡Ay, maricón, qué no te enteras! —dijo mi amiga—. El melón quería decir que somos muy plastas.
—Soy una sandía. ¿Vale? ¡S-A-N-D-Í-A!
—Pues no sé, yo te veo muy melón —me respondió la rechoncha mariquita.
—Vamos a ver, maricón, que pareces más simple que una amapola…
—¿Ella no es una mariquita? —pregunté, interrumpiendo a mi amiga, pues no entendía porque la llamaban «maricón».
—¿No ves lo gorda qué está? Pues eso. Más que una mariquita parece un maricón.
Acto seguido, todas las mariquitas comenzaron a reír; exceptuando, claro está, la rechoncha mariquita que intentó defenderse—: Pues no os entiendo, la verdad. No le veo la gracia a mi retención de líquidos.
Aquello desembocó en una orgía de carcajadas por parte de sus hermanas. Aquella orgía tardó un buen rato en finalizar, pero, cuando lo hizo, continuaron con sus absurdos comentarios:
—Yo creo —comenzó a decir el maricón—, que las manzanas no son peras.
—¿Qué? —preguntó mi amiga.
—Pues eso, que si sumamos una manzana y una pera nunca puede dar dos manzanas.
—No entiendo que quieres decir —dije, mientras pensaba que esta mariquita era más cogollo que lechuga.
—Ná, no le hagas caso —me sugirió mi amiga —. La pobre cayó dentro de una botella nada más nacer y, desde entonces, nadie la entiende.
—Veis —se apresuró a decir el maricón—, retención de líquidos.
—¡¿Qué?! —Lo cierto era que apenas comprendía nada de lo que decía esa gorda mariquita.
—Desde que caí en esa botella, retengo el líquido rojo que había en su interior.
—¿Qué es una botella? —pregunté.
—Mejor no sigamos con este tema —propuso una de las mariquitas.
—Sí, mejor —afirmó el maricón—. Porque paso de tener que discutir sobre las macedonias.
—¿Macedonias? ¡¿Qué es eso?!
—Es un grupo de frutas revueltas —me susurró mi amiga—. Una situación que dejó de admitirla como natural desde que cayó en la botella. Por eso te ha dicho lo de las manzanas y las peras.
—Ah, vale. ¿Ella piensa que soy una macedonia?
—¡Exacto!
—Entonces el maricón es como mis hermanos
—¿Tus hermanos?
—Sí, el resto de melones de la huerta. Ellos no entienden que me sienta sandía.
—Pues… a mí me parece que si tú te sientes sandía a nadie le debe importar.
—¿Realmente piensas eso?
—¡¿Qué si lo pienso?!
Mi amiga, súbitamente, dejó de hablar en susurros y, dando un salto en el aire, gritó:
—¡Maris, vamos a cantar a esta curiosa sandía nuestro himno!
Y, de repente, iniciaron una coreografía bastante divertida. Luego, tras unos minutos, comenzaron a cantar:

Los bichos me señalan
Me apuntan con su antena
Susurran entre plantas
Y yo me pongo tensa.


Mis pepitas comenzaron a moverse al son de la letra, provocando en mi pulpa un cosquilleo que nunca antes había sentido. Sí, la felicidad iba creciendo en mí, aunque entonces no lo supiera.
Tras aquella conversación, no sólo reparé en que mis nuevas amigas eran las repera, como dirían las manzanas, también entreví que junto a ellas sería capaz de mostrarme ante mi padre tal y como era; pues, ante mi madre, sería más fácil, ya que las madres todo los saben, pero los padres… padres son.

El día que tuve que dejar el huerto, fue el día más agridulce de mi vida. Agrio porque tuve que abandonar a mi madre para siempre, pues es ley de huerto que toda fruta madura marche con su padre para ofrecer al mundo lo mejor de ella. Y dulce, porque fue el día en el que explosioné como sandía ante los ojos de mi padre y del mundo.
El roció humedecía mi piel cuando mi padre llegó. Mi madre me acarició con sus granos por última vez. A continuación, mi padre aferró con fuerza el tallo que desde que germiné me había unido a ella, arrancándolo de cuajo. Cuando me elevó con sus fornidos brazos, sentí cómo las gotas del rocío se deslizaban sobre mi piel, cayendo en un goteo intermitente sobre mi madre, la tierra. Después, me colocó cuidadosamente en una carretilla, como días antes lo había hecho con mis hermanos más maduros. Luego, elevó la carretilla por uno de sus extremos y, acto seguido, rodé hacia el extremo opuesto.
Mientras nos alejábamos, escuché la voz de mi madre por última vez:
—Hija mía, recuerda: para ser feliz debes ser tú misma.
No paramos hasta que estuvimos frente a un objeto grande con ruedas, parecido a un tractor, pero no lo era.
—Hoy será un gran día —dijo mi padre, mientras me depositaba con cuidado sobre un mullido suelo—. Hoy, vamos a ganar. ¡Estoy seguro! —Después, mientras me arropaba con aquel suelo, añadió—: Estarás bien protegido con esta manta, campeón.
Me dejó sola y sentí miedo: nunca había estado tan lejos de mi madre. Pero, justo entonces, dando un salto desde el exterior, aparecieron todas mis amigas.
—¿Te ibas sin nosotras, mari?
Todas rieron; siempre lo hacían.
—Eres maaala —dijo mi amiga.
—¿Dónde vamos? —me preguntó una de sus hermanas.
—No lo sé —respondí.
De repente, el maricón comenzó a cantar:

Vamos de paseeeo, sí, sí, sí.
En un coche feeeo, sí, sí, sí.


Ahora, el maricón y yo éramos buenas hermanas. Aunque, al principio, continuó varias semanas con sus raíces ocultas por varias semanas sin querer ver mi condición. Pero luego, mientras nos íbamos conociendo, lentamente cambio su opinión, pues no hay mejor forma para comprender que entender que tras las nubes sale el sol.
Durante el trayecto, yo canté y ellas bailaron, puesto que yo bailar, lo hacía peor que un pato.
Una vez nos detuvimos, mi padre apareció con otro hombre. Iba inmensamente feliz, canturreando, diciendo algo así como «güiar de chempion»; me hizo gracia. Mis hermanas se escondieron con rapidez pues temían su mano. Entre ambos me aferraron con fuerza; y a la de tres, me alzaron. Después, con sumo cuidado, caminaron hasta una carretilla donde me depositaron. Mientras nos movíamos, advertí que otras personas andaban a nuestro lado empujando carretillas. También transportaban melones y sandías. Muy grandes. Tan grandes como yo. O, al menos, eso me pareció.
Cuando entramos en aquel lugar, el calor era insoportable y no digamos el aroma, pues se asemejaba al que provenía del corral de las gallinas cuando la brisa azotaba desde la casa de mi padre. Por un instante, llegué a pensar que las personas eran gallinas, pero entonces recordé que hacía tiempo había visto una cerca del huerto, y era rolliza y con plumas; y estos, no tenían plumas.
Mi padre me llevó hasta un montículo que se encontraba al fondo. Allí había una hilera de melones y sandías. Me puse nerviosa, pues no sabía en qué lugar me encontraba y, menos aún, qué iba a suceder. Estaba tan aturdida que, sin darme cuenta, me encontré de nuevo entre melones. Les saludé. No me contestaron. Frente a nosotros estaban las sandías. Las observé con detenimiento, puesto que era la primera vez que me encontraba tan cerca de ellas.
—Uy, vaya melón más fornido han traído —dijo una.
—Mucho más que sus compañeros —dijo otra.
—Y atractivo —dijo una tercera.
—¡No soy melón sino sandía! —proclamé.
De repente, se produjo tal revuelo entre los melones que me arrepentí de haberlo dicho. Lo cierto era que, exceptuando a mis amigas, nunca lo afirmé en alto, a pesar de que en el huerto todos lo sabían.
—¡Por el amor de la Naturaleza! —gritó uno de los melones—. Ésta es la famosa marilona la melona.
A continuación, todos aquellos extraños comenzaron a mofarse de mí.
—Dejadle en paz —pidió una de las sandías.
—Ya están otras vez con las pepitas revueltas —afirmó otra de las sandías.
—Fruta mía, ya sabes cómo son: más ácidos que un limón.
Yo quería marcharme. Desaparecer de allí. Volver junto a mi madre. Pero entonces…
—¡Sí, panda de melones! —gritó mi amiga, mientras caminaba con paso firme hacia mí y escoltada por sus hermanas.
—¿Y quiénes son éstas? —preguntó uno de los melones.
—Somos sus hermanas, ¿vale? Y nadie se mete con una de las nuestras.
—¡Vaya! —exclamó el melón—. Así que, no es un melón ni una sandía sino… ¡toda una loca mariquita!
—Ella es «toda» una dama, ¿comprendes? A pesar de que tenga que estar entre vosotros, ¡melones! —Se acercó a mí y me acarició—. No les hagas caso, mari. Tú eres la mejor sandía que he llegado a conocer. Y estos… estos son unas berzas.
Justo en el momento que iba a responder, varias manos me aferraron y, súbitamente, me encontré sobre una gélida superficie.
Comencé a temblar: no entendía qué estaba ocurriendo.
Mientras, una voz resonaba en aquella estancia.
Quinto melón de la noche presentado por Don Fructuoso Gallardo Extremeño de Villanueva de los melones. Un gran aplauso, por favor.
El artilugio donde me encontraba comenzó a balancearse.
Bueno, en balanza está puesto diez kilos. Ponemos cinco más.
Miré hacia la hilera de melones y sandías.
Y dice que quiere más.
Me quedé tan pasmada como un ciprés ante un ser lleno de vida.
Y cinco más.
Mis amigas estaban dando patadas a los melones, mientras estos las increpaban y las sandías intentaban poner orden.
Ahora quiere diez... ¡Impresionante!
De repente, el artilugio donde me encontraba basculó.
¡Cuidado!
Sin remedio, me deslicé sobre aquella fría superficie, precipitándome al vacío.
Al principio, una vez me estrellé contra el suelo, no sentí nada. Sin embargo, pasados unos segundos, un dolor infrafrutal se adueñó de mí. Pensé que iba a morir; que mi vida había acabado.
Mi padre corrió hacía mí, mostrándome en su rostro su preocupación.
—¡Extraordinario! —exclamó el gentío de la sala—. ¡Impresionante!
—No puede ser, lo juro —se excusó mi padre—. Yo siempre he cultivado frutas ecológicas.
—Pero ¡¿eso qué é?! —gritó uno—. Un melón o una sandía.
Mi padre me aupó con sus fornidos brazos y, con ternura, me llevó hasta un rincón.
—Vaya sorpresa me has dado, campeón —me dijo—. Y ahora… ¿Qué vamos hacer? Estaba seguro que íbamos a ganar el concurso.
Yo no supe que responder. Además, yo no sabía qué era un concurso.
Así que, tras un largo rato, mi padre me abrazó y me dijo:
—Bien, volvamos a casa. Aquí ya está todo el bacalao vendido.

Durante el trayecto de regreso, una gran felicidad me embargo, como nunca antes me había pasado, pues entendí que no sólo podía buscar la felicidad siendo sandía, también debía encontrarla en el apoyo que te brindan los demás. Ya que la felicidad es generosa y nada egoísta, como así lo era mi madre o mis hermanas. De tal manera que ahora me siento plenamente feliz, estando en casa de mi padre, rodeada de mis amigas y hablando con mi madre cada noche desde la ventana.
Además, no pasa ni un día en el cual un grupo de personas entre en esta estancia y me admiren por lo que soy: una sandía.
Así pues, ¿puedo pedir algo más a la diosa Naturaleza? No, creo que no.
Vaya, ahí viene el pequeño de la casa. Él siempre me acaricia cada mañana con ternura mientras me dice que soy toda una apetecible sandía.
Ven, me llama «sandía» y no melón.
¿No es todo un amor?
—¡Papá! —grita—. ¿Cuándo vamos a comernos la sandía?
—En unos días, hijo. Aún debemos acabarnos el melón.

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Re: CH 1 Una dama entre melones

Mensaje por Sinkim » 15 Oct 2014 15:41

¡Genial! Me ha encantado de principio a fin :lol: Las mariquitas son brutales y la canción de Alaska es buenísima :cunao: Tiene puntazos muy divertidos. ¡Felicidades autor, es una auténtica joya! :D
Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano.

:101: RECUENTO 2017 :101:

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Re: CH 1 Una dama entre melones

Mensaje por Ororo » 15 Oct 2014 17:17

Género musical (60% Descojonante + 10% Cojonudo + 30% placebo)

Un relato gracioso en general, en su totalidad. Fresco, natural y espontáneo.
Una idea original, ingeniosa y con diálogos muy buenos. Visuales. He vivido por momentos un musical o una peli de dibujos animados con la sandía, las mariquitas y los melones.
No aburre, todo lo contrario. Tiene ritmo.

Lo que sí eliminaría son tantas bromas hortofrutícolas. Creo que hay exceso de ellas y pueden llegar a cargar.

Bien escrito también, pero con falta de un repaso.

Buen fondo, buena forma y un final maléfico aunque previsible.

:60:
No soy lo que escribo; soy lo que tú sientes al leerme.

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Re: CH 1 Una dama entre melones

Mensaje por Pulp » 15 Oct 2014 17:37

Estoy con Ororo cuanto a 'reducir' el número de bromas o referencias hortifrutícolas. Excepto eso y algún error gramatical y sintaxis (acentos y repetición de conceptos por no hacer una cuarta revisión, seguro) me ha encantado!

Hay que ser valiente para escribir y enviar algo así!

Felicidades!

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Re: CH 1 Una dama entre melones

Mensaje por Dori25 » 15 Oct 2014 17:38

Joooo pobre sandía!!! ¿Por qué tienen que comérsela???
Me ha encantado y adoro a las mariquitas, que monas son!!!
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Re: CH 1 Una dama entre melones

Mensaje por Wintermute » 15 Oct 2014 21:42

¡Muy bueno!

A mi no me ha cansado en absoluto, me ha parecido todo muy bien encontrado (sí, quizás haya chistes muy simples, pero yo soy simple) y redondo como una sandía.

Debo admitir que ya con el título me cautivó (insistó, soy *muy* simple) y lo he leído con muy buena predisposición, pero al menos ha estado a la altura de las expectativas. Uno de mis favoritos.
El cielo sobre el puerto tenía el color de una pantalla de televisor sintonizado en un canal muerto

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Re: CH 1 Una dama entre melones

Mensaje por Nínive » 15 Oct 2014 22:18

:lol: :lol:
Me encanta.
Fallitos tontos por repasar con prisas, por ejemplo... "no había ni una mariquita eran unas locaza". De esos fallos hay varios.
Pero me sigue encantando. Los personajes son geniales y los diálogos muy bien llevados.
De momento, favorito. :60:
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Y el aullido del lobo negro se coló bajo la piel nevada de la loba...

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Re: CH 1 Una dama entre melones

Mensaje por Gavalia » 16 Oct 2014 00:03

Lo encuentro muy logrado. Los diálogos lo mejor. Previsible si que es, pero también es un relato tan arriesgado como valiente. La redacción es buena e ir más allá en mi comentario es como pedirle sandías a un melonar. Me encantaron las mariquitas.

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Re: CH 1 Una dama entre melones

Mensaje por barrikada » 16 Oct 2014 02:08

Creo que no me quemo si intuyo ya que este relato va a estar entre los premiados y los más aclamados entre la plebe.

La historia me parece muy original y, sobretodo, muy convincente. Que una historia como ésta te de esa sensación de que te puedes tragar todo lo que vaya viniendo dice maravillas del autor. Podría haber sucedido una guerra nuclear entre sandias y melones, con las mariquitas declaradas como no beligerantes, y me habría parecido perfecto. Tengo que decir que en mi cuaderno apunté al comienzo "grandísimas perspectivas" y al final creo que se han cumplido felizmente. A pesar de mantener el ritmo, ser muy dinámico intercalando narración y diálogos, creo que hay alguna parte de los diálogos algo reiterativa y algún momento de titubeo narrativo.

Para mí las expresiones extrapoladas al entorno del tipo "Raíces sordas", "Tomar las antenas", "mal zumo" me parecen muy graciosas, así como el detalle de la canción de Alaska o "Shakespear", son acertadas porque hace que todo el mundo las vaya a comprender y no queden reducidas en cuanto al público.

En cuanto a si hay o no hay mensaje, creo que da una bonita lección acerca de diferenciar lo que uno es y lo que los demás esperan a ser, además de la aceptación propia... No sé, me parece muy mágico todo.

No le puedo poner pegas a nada, a mí me has puesto de buen zumo autora (sospecho)
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Re: CH 1 Una dama entre melones

Mensaje por Berlín » 16 Oct 2014 08:30

En este concurso me he propuesto ser generosa. No me gustan los musicales de melones y sandias, ni siquiera con música de Alaska y mira que esa canción en especial es una de las que más me gusta bailar cuando salgo de noche a parrandear "al cangrejo". El cangrejo es un bareto o tugurio barcelonés donde igual te ponen una de la Pantoja seguida de Bohemian Rhapsody y la cuestión es no languidecer y hacer mucho el ridículo. Repito, no me gustan los musicales de sandias y melones, pero defenderé a muerte la postura de ese melón luchador que brotó melón de la tierra, pero en su alma era una sandia roja y dulce.
Ojo, que si el musical fuera de berenjenas y calabacines opinaría lo mismo, que nada tengo yo en contra de estas frutas ciclópeas y rodantes.

Entonces te diré que la forma de este relato es redonda como una sandia y el fondo dulce como el de un melón. Eso, que te quiero.
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Re: CH 1 Una dama entre melones

Mensaje por joserc » 16 Oct 2014 09:06

Buena idea para una película de Disney, quitando palabrotas, claro.

Hay trozos que se me han hecho un poco repetitivos, insistiendo en que la fruta no es tal fruta, si no otra y los bichos insistiendo, pero está bien escrito.

Me ha parecido que la redacción está cuidada y tiene además una gran cantidad de diálogos, una de las cosas más difíciles para cualquier escritor. Diálogos que han sido bien elaborados.

Como punto negativo, se me ha hecho demasiado largo. Un poco más corto no hubiera estado mal.

Gracias por compartir.

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Re: CH 1 Una dama entre melones

Mensaje por Dori25 » 16 Oct 2014 09:07

Ay por favor, que me estoy acordando de la canción de Alaska y me parto
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Re: CH 1 Una dama entre melones

Mensaje por prófugo » 16 Oct 2014 13:36

:oops: :(

Estimado(a) autor(a):

Este relato fue, sin lugar a dudas, el que me adjudiqué para leerlo de primero por su título...que evidentemente tiene mucho que ver conmigo. No tenía de idea de que podría tratar y realmente me sorprendió.

Me ha gustado en sí como esta sandía/melona tiene su personalidad bien marcada y no se deja amedrentar por los demás melones...me hizo gracia las mariquitas...pero pusiste a los melones como los malos de la película..y eso me parece muy mal :twisted:

Pero en serio...confieso que se me hizo muy largo tu relato...encontré demasiados diálogos ( y muchos de ellos algo reiterativos). No creo que sea buena señal cuando quieres por fín llegar al final..y no solo por saber en que termina la cosa.

Por cierto..el final pues...no esta mal aunque no me parezca sublime.

Perdona...quizás ando espeso, flojo o con el humor donde salen los elementos impuros del alma y cuerpo...pero no me atrapó como hubiese deseado.

:60: espero no te lo tomes a mal y sepas entenderme ( y disculparme)
Leyendo: Anna Karénina - Lev Tolstoi

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Dori25
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Re: CH 1 Una dama entre melones

Mensaje por Dori25 » 16 Oct 2014 13:37

No se si Pro está disimulando que no es el suyo o alguien le ha hecho este homenaje, no se, sigo con la duda.
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prófugo
Melón
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Re: CH 1 Una dama entre melones

Mensaje por prófugo » 16 Oct 2014 13:39

Dori25 escribió:No se si Pro está disimulando que no es el suyo o alguien le ha hecho este homenaje, no se, sigo con la duda.



:no: :no:

Jamás pondría a los melones como machistas y brutos ...yo soy un melón muy majo ( aunque no lo parezca) y que acepto a todo ser viviente como es ( mientras no haga mal)

Rani ...será este el tuyo? :roll:
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