CH 1 Las aventuras de don Eristiardo Arremánguez... -Gisso

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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julia
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CH 1 Las aventuras de don Eristiardo Arremánguez... -Gisso

Mensaje por julia » 13 Oct 2014 18:06

Las aventuras de don Eristiardo Arremánguez y la escobilla mágica

Don Eristiardo Arremánguez hallábase puntualmente sentado a las 15:37 P.C.P.T.M —post carajillo y puro tras la manduca—, como cada día desde hacía casi veinte años, en el trono del escusado. Entre sus morcillonas manos portaba el periódico matutino que había sustraído, como cada día desde hacía casi veinte años, a la bruja de Eduvigilda Mortecínez, la portera del edificio. Hojeaba con listeza las noticias político-económicas, ya que, leer estas secciones durante su deposición diaria, ejercía en él un poder lúbrico convirtiéndolo en un momento de gran satisfacción y evacuando suave como la seda. Sin embargo, don Eristiardo notó que ese día no iba a ser como los anteriores desde hacía casi veinte años. Algo de una magnitud mayúscula se agitaba en las profundidades de su intestino.
El sudor comenzó a perlar su rostro enrojecido, mudando ya al morado, por el sobresfuerzo. Gruñía y maldecía mientras empujaba, la criatura parecía estar bien criada. Para ganar denuedo, estrujaba y tarascaba las hojas del periódico. La deyección seguía su curso y poco a poco notaba como la «tortuguita» asomaba la cabeza.
—«Esto es inmenso» —pensó—. «La puntita final, vamos, ya está casi...»
Hizo un último esfuerzo y, «plop», al fin pudo respirar tranquilo apoderándose de su cuerpo una sensación de placidez y puro nirvana. Cogió un trozo de papel perfumado de doble capa, húmedo y sedoso, con crema antiescoceduras y arruguitas para facilitar el saneamiento del susodicho. Las zonas sensibles había que protegerlas en demasía sin reparar en gastos y esta era una de ellas. Tras adecentarse, don Eristiardo echó una ojeada al papel. Sorprendido, exclamó:
—Por la sandalia que Jesucristo perdió en el desierto... ¡He hecho un perfecto!
El papel seguía igual de impecable tras su uso. Entonces, don Eristiardo, observó la criatura dando un paso atrás, ipso facto, por la conmoción recibida al contemplar el tamaño atroz del referido.
—¡Rediez, si parece una fleischwurst! ¿Cómo ha podido salir todo eso de mis entrañas? —profirió un anonadado don Eristiardo mientras lanzaba el papel usado al retrete cayendo sobre su creación. Examinó la escena, daba la impresión de ser una tirita en la pierna herida de un niño atezado.
—Hora de la despedida, compañero, fue un placer conocerte, pero ahora tienes que marchar a un lugar mejor —canturreó melodramáticamente y, poniéndose firme, hizo un honorable saludo militar de despedida mientras silbaba, de forma calamitosa, «Toque de silencio» a la vez que estiraba de la cadena.
La criaturita descendió tan solo unos centímetros por el sumidero al mundo de las cloacas dejando marcas de frenazo durante su deslizamiento. Esto enajenó de sobremanera al pobre don Eristiardo, enamorado tanto de la regularidad y pulcritud; debía de tomar medidas drásticas. Se arremangó los puños de su camisa para mayor comodidad y alargó su mano hacia la escobilla recién adquirida en un establecimiento de artículos antiguos y exóticos, enamorándose de ella de inmediato, por su belleza sin igual, al admirarla expuesta en el escaparate. De tersa pero robusta madera de ébano y auténtico pelo endurecido de frisón, la engalanaban extrañas y hermosas runas y dibujos tribales. La fastuosa obra de arte dejaría en evidencia y a la altura del betún cualquier creación de las mismísima Dornbracht. El dependiente que se la vendió, de aspecto asiático y enorme parecido a Mr. Wing, le cuchicheó que había pertenecido a un poderoso alquimista y mago del siglo XVII.
—Como si hubiese pertenecido a las mismísimas brujas de Salem... ¡Envuélvamela, pardiez, que me la llevo! —cortó drásticamente la disertación don Eristiardo.
—Pelo... sel muy calo, ¿usté tenel dinelo suficiente?
—Uhmm —carraspeó dubitativo al recordar la valía del soberbio objeto. Tendría que hipotecar un riñón y parte del otro. Pero a lo que más temía no era su precio, sino a la reacción de la otra bruja de su finca, doña Perfidia Almorrainez, su consorte desde hacía casi veinte años. Aunque esta preciosidad bien valía una reprimenda de su cónyuge y osó imaginar que la acallaba con ella. Así que, sin pensárselo otra vez, extrajo su billetero «calidad excélsior» de cuero caprino acharolado, curtido por sesos, abriéndolo por el tarjetero de seguridad de doble cierre de botón bronce pulido. Y sacando con veneración su tarjeta de crédito platino y diamante, la avecinó a el doble de Mr. Wing mientras preguntaba con altanería:
—¿Acepta tarjeta?
El dueño, extasiado, dio un paso atrás y, entrecerrando los ojos por el resplandor magnificente al reflejarse la luz sobre la tarjeta, la tomó con mano temblorosa haciendo una reverencia.
—Sí señol, aceptal taljeta de este tipo ¡Usté acompañal pala celal tlato! ¿Deseal lebujito de coldialidá?
No fue uno y ya sabemos que no hay dos sin tres, esos fueron los «lebujitos de coldialidá» que se pimplaron. Así, al menos, la filípica de la arpía de su señora se hizo más amena al llegar al calor de la morada con tan suntuoso objeto. Por desgracia, el acto de trasegar en demasía hizo que el señor Arremánguez olvidara ciertas normas inviolables de uso... Pero retomemos la historia.
Don Eristiardo, al tomar con deleitación la singular escobilla, notó como le atravesaba desde la mano hasta el cogote una molesta corriente eléctrica. Con los pelos como escarpias, quedose perplejo ante esta sensación imprevista, achacándola a una descarga electroestática por la fricción anterior con el papel de doble capa. Tal vez tuviese que enviar una queja por escrito por no poner una señal de advertencia ante tal situación.
Observando sin pestañear a la titánica boñiga, blandió su lujoso estoque de madera y, envalentonándose, entró a matar al rebelde morlaco. Cercano a su objetivo, una nueva descarga recorrió su cuerpo otorgándole una sensación de poder y arrojo como nunca antes había experimentado. Se sintió un dios enarbolando a la mismísima Mjolnir y, entonces, se produjo el contacto. Una fastuosa explosión de luz blanca se apoderó del cuarto de baño, cegándole por completo y envolviendo su figura de energía pura. Su vello más recóndito y oculto se erizó transformándolo en un puercoespín humano. Poco a poco, don Eristiardo fue recuperando la visión quedándose anonadado ante su situación: el baño había desaparecido por completo y ahí estaba él, levitando en medio de una albugínea nada junto a su desmedido truño, el cual, ahora lo observaba con diminutos ojos. El señor Arremánguez parpadeó un par de veces y luego frotó con intensidad los suyos para descubrir desconcertado, tras la acción, que su fleischwurst lo seguía mirando, sumando ahora una sonrisa taimada.
—¡Por Mefistófeles!, ¿qué está pasando...? ¡Auuuuuuuuuu!
Don Eristiardo no pudo acabar de expresar su perplejidad, ya que, la fuerza de la gravedad empezó a tirar de ambos desde un punto indeterminado de ese vacío. El albo espacio se hizo de súbito consistente. Parecía estar atravesando una nube de algodón; y así era por los fragmentos que se le iba metiendo en la boca al señor Arremánguez al bramar asustado. Había perdido de vista a su boñiga con rostro pero, en estos momentos, era lo que menos le importaba, sobre todo al acabar de traspasar la nubosidad y observar como se acercaba inexorablemente a una superficie de colores muy vivos. Intentó gritar, tosió y escupió un par de trozos de algodón y, ahora sí, berreó a pleno pulmón. Ante su sorpresa, el aterrizaje fue esponjoso y elástico, esto hizo que rebotara siete veces antes de quedar de bruces en el suelo. Se dio la vuelta y examinó el cielo lechoso repleto de nubes de boatiné, suspiró, golpeó su pecho un par de veces hasta que consiguió que su corazón volviera a latir y se incorporó para otear las inmediaciones. El suelo estaba constituido por espuma acartonada, verde pardusca, igual que el resto de árboles y plantas cercanas. En las inmediaciones, un riachuelo de un azul intenso y cremoso emitía un olor a detergente de baño. Pero su estupefacción no fue mayúscula hasta que no miró al frente, donde se encontraban cinco rollos de papel higiénico, abrazados y temblorosos, observándolo con la misma, sino más, cara de asombro.
El señor Arremánguez parpadeó, abrió la boca, la cerró, la volvió a abrir, pero las palabras no salían de su boca. Fue entonces cuando notó algo pastoso agitándose en su pierna derecha. La apartó, liberándo al momento una plasta marrón e informe compuesta por una polialeación mimética de hez líquida. Esta se alejó unos metros y se detuvo, comenzando una transformación boñeguil y que le recordó a cierta película, como decía él, del «Chuache». Una vez terminado el reajuste se había convertido en una ensaimada piramidal. Esto le hubiera hecho mucha gracia a don Eristiardo si no fuera por el rostro de pocos amigos, por llamarlo de alguna forma, y fauces diarreico-chorreantes que enseñaba rabiosa.
—Po ¡poooooooooo!
Y tras este grito de guerra, el colérico excremento se abalanzó ante un asustado señor Arremánguez que, sin saber cómo defenderse, alargó su mano derecha en un intento desesperado por detenerle. Valga decir que, don Eristiardo, no había advertido que en su mano aún enarbolaba la opulenta escobilla y que apuntaba directa a su atacante. Este frenó en seco y quedose paralizado por el miedo unos momentos hasta que reaccionó comenzando la huida... demasiado tarde. Un rayo emergió de la punta de la escobilla, dándole de lleno al agresor que empezó a hincharse.
—Popopopopopopo pooooooooooooooo....
Fueron sus últimos gritos, de súplica y terror, antes de estallar en miles de pétalos mullidos, bienolientes y de colores arcoírieos. Don Eristiardo no salía de su asombro ante los acontecimientos sucedidos en los últimos cinco minutos con treinta y dos segundos y dos décimas. ¿Qué diantres estaba ocurriendo y dónde se encontraba? Y lo que era más, ¿por qué ahora había cinco rollos de papel higiénico, con rostro, brazos y piernas, postrados y aclamando «¡El Elegido, ha llegado el Elegido a salvarnos!»? Ante los gritos de alabanzas, una multitud de rollos de papel, tanto del baño como de cocina, toallitas húmedas, pañales y otros útiles de limpieza orgánica se fueron congregando a su alrededor. Uno de ellos dio varios pasos al frente y se dirigió a él.
—¡Oh, Gran Salvador! Por fin nuestras súplicas han sido escuchadas y ha vuelto para protegernos empuñando a la poderosa «Haźlowobysztaflowerpower»
—Esto, sí... Elegido, soy, soy el Gran, el Gran eso. Esto.... —balbuceaba don Eristiardo que todavía no le salían las palabras—. ¿«Haźlowobysztaflowerpower»?
—Oh, sí, ¡la escobilla mágica y de poder que viene a liberarnos de la malignidad atroz del execrable rey excremencial Po-Poo!
—Bien, bien, ya veo... —el señor Arremánguez comenzó a mirar a un lado y a otro—, ¿dónde están las cámaras ocultas? Desde luego los efectos son dignos de Michael Bay, pero... ¡ya está bien! ¿ME ESCUCHAN?
—¿Se encuentra bien, oh, Gran Salvador?
La congregación lo miraba extrañado. El rollo que le había hablado se acercó a él y lo cogió de la mano. Don Eristiardo comprobó que su textura era suave y con arruguitas, como a él tanto le gustaba y, entonces, comprendió: ¡todo era real! No era posible, no quería creerlo, pero era cierto; tan cierto como que un rollo higiénico estaba cogiéndole de la mano, alentándolo.
—¿Dónde... dónde estoy y cómo he llegado hasta aquí?
—¡Oh, bienhechor de nuestras tierras! Parece que el viaje le ha dejado un poco lerdo... —el calificativo no le hizo mucha gracia a don Eristiardo que miró malhumorado. El rollo se sonrojó, de la única forma que el papel higiénico se puede sonrojar—. Está en nuestro reino, en su reino... ¡Váterland! Si lo desea, podemos llevarle a su castillo, tal vez allí se recupere de su... —don Eristiardo volvió a mirarle de mala manera imaginando que iba a decir algo que no le iba a gustar. El rollo carraspeó—, de su... pérdida de memoria transitoria. Por cierto, no me he presentado; me llamo Scootix, al servicio de sus posaderas para lo que necesite —terminó haciendo una ampulosa reverencia.
El resto de espectadores lo imitaron. Esto llenó de orgullo y satisfacción a don Eristiardo, sintiéndose soberano y, poniéndose en pie, comenzó a seguir a Scootix, el cual, lo había invitado a escoltarlo hasta el castillo. Entre vítores y cánticos, todos se pusieron en marcha. De camino, Scootix puso al día a don Eristiardo, el Salvador, tras comprobar que no recordaba nada:
»Váterland era un país pacífico, limpio y reluciente cual patena, hasta que un día comenzaron a caer cagarrutas del cielo, de tamaños y formas muy diversas, con la única misión de mancillar la pulcritud virginal del lugar. Al principio eran simples escaramuzas y los manteníamos a raya, pero seguía lloviendo enemigos. La situación se hizo insostenible cuando de entre ellos se alzó el tirano Po-Poo, autoproclamándose rey, y congregando a todos los detritos a sus huestes. La contienda alcanzó límites insospechados de iniquidad. Las mesnadas invasoras llegaron a las puertas del castillo en un periquete, enterrando Váterland, nunca mejor dicho, bajo un montón de mierda. La desesperanza se apoderó de nuestras defensas al observar el tsunami marrón que nos acechaba a extramuros cuando un rayo de esperanza llegó del cielo... ¡Hemos llegado!
Scootix quedó en silencio y, don Eristiardo, patidifuso. El imponente castillo del reino, con forma de inodoro y de una inmaculada blancura, se alzaba ante ellos. «Shum, shum. Shum, shum». Un canto llamó su atención y, levantando la mirada, se sorprendió tras observar a un grupo de compresas revoloteando cual cigüeñas curiosas. Tras acabar satisfechas su fisgoneo, se alejaron hasta el torreón-cisterna principal con su peculiar canturreo. «Shum, shum. Shum, shum». La puerta principal se abrió para dejar pasar a la comitiva mientras un numeroso grupo de moradores curiosos se aglomeraban a su paso. Scootix se detuvo y alzó una mano, luego, observó cohibido al señor Arrémanguez. Este notó unos tironcitos, descubriendo así que aún estaban cogidos de la mano... ¡pero es que era tan sedoso! Al fin se liberaron y el rollo de papel, de textura suave y arruguitas, pudo levantar las dos manos en señal de silencio y atención, y sin más preámbulos, gritó:
—¡Nuestro Gran Salvador ha regresado, Haźlowobysztaflowerpower en mano, para devolvernos la paz, la blancura y el frescor que tantos años llevamos añorando! ¡Un gran viva!
En un principio solo se escucharon murmullos de conmoción, pero enseguida la muchedumbre comenzó a glorificar el regreso a Váterland de «el Elegido» cuando este, engallado, levantó al cielo la escobilla mágica y de poder.
—¡Un momento, un momento! —de entre la multitud apareció un rollo vetusto y amarillento con cara de muy pocos amigos y autoridad, y llamando la atención de los congregados, comenzó con su catilinaria—. ¡Oh, pueblo de Vátel-land ¿Cómo pensal que el Elegido ha leglesado? ¿No vel cómo abandonal a nuestla suelte, aunque ponel en letilada demasiado talde, a las holdas de temible Po-Poo? ¿No seguil sufliendo su acecho? Todos, en algún momento, peldel compañelo... ¿¡Y ahola decil que ha vuelto pala salvalnos!? Y, aunque tenel cielto palecido y empuñal bonita escobilla, no cleel que sel él. ¡Tenel que pasal la Plueba!
El pueblo quedó en silencio ante las duras palabras del lenguaraz rollo y, tras unos momentos de incertidumbre, comenzó un griterío de oposición: «No, es cierto, no es él», «nos abandonó a nuestra suerte», «no limpiaremos el culo a un farsante», «sí, que pase la Prueba, ¡la Prueba!»
—¿Quién es este «enelgúmeno olate»? —preguntó hastiado don Eristiardo a Scootix.
—Se llama Zhǐ Cu Lin, era el consejero de nuestro rey, Renova Black deLuxe III, antes de ser mancillado por Po-Poo y cercenada su línea sucesoria. Se cuenta que fue adecentador de no sé qué dinastía Ming en un lugar llamado China y siempre ha ejercido un cargo importante desde su llegada. Y tras la desaparición de la monarquía en Váterland, ha estado así de cargante.
—¿La dinastía Ming? Vaya, otro chino...—pensó en voz alta don Eristiardo. Luego miró desafiante a Cu Lin—. ¡Por los doce Apóstoles en falda escocesa y tocando la gaita! ¡Vayamos a hacer esa maldita prueba!
Todos se pusieron en marcha dirección a la sala real. Don Eristiardo, audaz en un primer momento, comenzó a hesitar y buscó la sedosa mano de su compañero; pero no la encontró. Arribaron a la suntuosa estancia con las paredes repletas de pinturas de una monarquía ya extinta. Su atención voló a un cuadro que no se parecía en nada al resto: el retratado era humano.
— Tras la caída del rey Renova —aclaró Scootix—, el anterior Gran Salvador luchó contra el inmundo Po-Poo, venciéndole tras un refulgente estallido pero, a su vez, volatilizándose durante su gesta sin dejar rastro alguno. Al menos logró poner pies en polvorosa a nuestros invasores.
—«¿Cómo es posible que digan que me parezco a... a... este engendro?» —pensó ultrajado don Eristiardo—. «¡Si se parece a Juan Tamariz tras despeñarse de cara por el corredor Hornbein!»
—Llegal momento de complobal su legitimidad, señol Glan Salvadol. ¡Tomal asiento pol su honol y el leino de Vátel-land!
Ante él emergió un trono como nunca hubiera concebido fantasear: de blanca e impoluta porcelana ornamentada con delicadas filigranas y engarces de prodigiosas piedras preciosas multicolor, era el inodoro que todo rey —¡qué rey y ni ocho cuartos!—, toda DIVINIDAD desearía poseer en sus momentos de mayor intimidad excretora. Como bien manifestó Cu Lin, había llegado el álgido momento. Scootix explicó que la sencilla prueba consistía en arrellanarse en el trono y que solo podría acontecer dos desenlaces posibles: que sus posaderas se integraran en el glorioso inodoro en una comunión armoniosa y apolínea, consumándose así la verificación de su destino como legítimo Gran Salvador de Váterland; o que no se integrara y fuese, literalmente, devorado, despedazado y acloacado por la potestad mágica que le había sido concedida al excusado real. Una tercera opción era que, si se negaba a realizar la prueba, sería arrestado, apedreado, crucificado, lanceado y churrascado por mendaz.
Don Eristiardo se inquietó, un poquito, ante la posibilidad de acabar embuchado como en la típica matanza de pueblo o como divertimiento del populacho. Un silencio palpable se apoderó de la sala. Se puso en marcha, impelido por Scootix, dirección a un incierto destino. Tembloroso, se detuvo frente al trono, que ya no le parecía tan maravilloso. Imaginaba como unas temibles y afiladas fauces lo atrapaban y tragaban, llenando la sala de sangre y órganos por doquier. Suspiró y, dándose la vuelta a la par que cerrando los ojos, se aposentó. Una incómoda sensación, empezando por su nalgas, se adueñó de su cuerpo; su pompis no encajaba por mucho que se removiera. Los espectadores murmuraban defraudados mientras que en la cara amarillenta, y de una sola capa, de Cu Lin se dibujaba una sonrisa malévola. Asustado, el señor Arremánguez presionó el culo en un intento desesperado por encajar, esto hizo que, para ayudarse en el sobreesfuerzo, apretara la escobilla con la mano. Y entonces, el milagro ocurrió. La consabida descarga eléctrica recorrió su figura hasta el inodoro, que, al momento, comenzó a alterar su tamaño hasta quedar ajustado como un guante. Un rayo de luz multicolor inundó la sala coronando a un omnipotente don Eristiardo.
—Es él, el Elegido ¡El Gran Salvador! —gritó con devoción Scootix ante el enojo de Cu Lin.
—El Elegido, nuestro Salvador. ¡Ha regresado, bienaventurado sea!
La sala explotó en un inconmensurable júbilo con cánticos, bailes, aplausos y ovaciones. Pero la alegría poco duro, una pera de goma para enemas entró a toda prisa portando malas noticias.
—Señor, señor, el azote de nuestro pueblo, el magnicida Po-Poo está a las puertas del castillo. ¡Y pide la presencia del asesino de su vástago, acaecido esta tarde, para un duelo a muerte!
El pánico se apoderó de la sala en un «sálvese quien pueda», o más bien «tonto el último», vaciándose hasta quedar Scootix, un Gran Salvador acanguelado y Cu Lin.
—¡Oh, Glan Salvadol! Cleo que llegal momento de demostlal su podel —dijo con retintín.
—Sí, sí... Haré todo lo que esté en mi mano —contestó dubitativo don Eristiardo mientras observaba la escobilla mágica. No había pasado ni un minuto disfrutando del momento y ya tenía un nuevo problema; uno muy gordo. Empezaba a estar harto de tantas dificultades por culpa del dichoso objeto. En cuanto regresara a casa buscaría el ticket e iría a la tienda raudo a devolverla, esperando que el dueño se terciara a invitarle a un par de «lebujitos» por las molestias causadas. Mientras seguía con sus reflexiones un fuerte ruido a su espalda lo sobresaltó. Los portones del castillo acababan de ser cerrados y don Eristiardo se encontraba a extramuros, ¿cómo había llegado hasta ahí sin darse cuenta?
—¡Gran Salvador, estamos con usted! —animó Scootix desde un hueco de la entrada.
—¿Con qué Gran Salvador, eh? Nos volvemos a ver.
Una voz gutural y cavernosa lo asustó y, girándose hacia ella, se dio de bruces con el temible Po-Poo, aunque no era como lo esperaba. Sentado en una silla de ruedas —eso sí, fabricada con restos de sus enemigos y del rey Renova Black III—, parecía más bien una cagarruta de cabra que una ciclópea hez de animal jurásico. A punto estuvo de escapársele una mofa ante la imagen.
—Veo que mi estado te produce desdén —dijo en voz baja Po-Poo, luego, comenzó a bramar haciendo temblar la tierra, y a don Eristiardo—. ¡Maldito seas Gran Salvador! Todo esto es por tu culpa, no debí confiarme y ¿ahora regresas para acabar lo que dejaste a medias? Y encima empezando por mi sucesor. Esto me lo vas a pagar... ¡Tú y toda Váterland! Pero no estoy solo. A llegado el momento de mi venganza... ¡Ahora!
Don Eristiardo, que no había dicho ni mu, ni había podido, vio que por detrás del pérfido dictador aparecía una mastodóntica y atroz boñiga con forma de salchicha. Entonces, la reconoció.
—¡Fleischwurst! —gritó un contrariado Gran Salvador.
—¿Fleischwurst? —dijo Po-Poo—. Tal vez se llamara antes así, pero ahora es ¡Poodzilla! Mi nuevo aliado, caído del cielo, para desatar en este mundo el terror y la diarrea por doquier. ¡Ataca!
A la orden de Po-Poo, el referido comenzó berreando la galopada dirección a don Eristiardo y que, a cada paso que daba su enemigo, este daba un saltito. Quedó paralizado por el miedo temblando de arriba abajo sin saber qué hacer hasta que la voz de Scootix, gritando «la escobilla, utiliza la escobilla y tu fuerza interior», lo sacó de su ensimismamiento. Apuntó hacia la bestia parda y... Nada, no ocurrió nada, ni sensación eléctrica, ni de poder, ni colorines, ni longanizas en vinagre.
—¡Maldito cacharro de bazar chino! ¡Funciona! —gritó desesperado don Eristiardo mientras veía lo que se le echaba encima. Entonces, se le encendió la bombilla, ¡tal vez necesitara de alguna palabra mágica! —. ¡Superdetritocagaligisticoboñigalidoso! —gritó a pleno pulmón mientras apuntaba de nuevo... pero nada. Lo volvió a intentar—. ¡Expecto Popoonum! —y... ¡una mierda como un piano de cola! Hizo un tercer intentó—. ¡Por el poder de la loperamida, detente!
Pero nada, la escobilla seguía sin funcionar. Poodzilla se encontraba cada vez más y más cerca. El sol se cubrió dejando solo y en la oscuridad al trémulo Gran Salvador. Este, en un último intento desesperado en busca de una salvación in extremis, se arrodilló cerrando los ojos y alzando las manos al cielo, imploró:
—Por Jesuscristo, Nuestro Señor, bailando un chotis con María Magdalena... ¡Socorro, sacadme de aquí!
«Pom, pom. Pom, pom.»
Las tinieblas se cernían sobre don Eristiardo al tiempo que escuchaba, esperando el fatídico final, los temibles pasos cada vez más cercanos.
«Pom, pom. Pom, pom.»
Un minúsculo resplandor al fondo de la oscuridad.
—«¡Maldito adulterino! ¿Quieres salir de una vez? ¡Majadero ajumado!»
«¿No es esa la voz de la bastarda de mi tocina costilla aporreando una puerta con su dulzura característica?», pensó don Eristiardo mientras una enérgica luz blanca lo cubría y cegaba. Tras unos momentos de tensión, al fin se decidió a abrir los ojos... y ahí estaba, sentado al amparo de su querido y pulcro cuarto de baño. ¿Había vuelto a casa?
¡Pom, porrom, pom, pooooooooom!
—Como no salgas en menos de un minuto, inútil botarate, tiro la puerta abajo y te saco de los poco pelos que te quedan en el cogote. ¡Un minuto te doy!
Dos Eristiardo suspiró aliviado al comprobar que todo parecía haber sido un sueño, aunque ahora no sabía si no sería más peligroso un encuentro con el engendro de su señora o con Poodzilla. Se incorporó del sanitario, con piernas adormecidas, y se limpió el trasero con su papel perfumado de doble capa, húmedo y sedoso, con crema antiescoceduras y arruguitas que tanto le gustaba. No había sido un perfecto, pero no gastó mucho tiempo en la limpieza del susodicho. Al estirar de la cadena, su creación boñeguil no entró todo lo bien que le hubiese gustado, así que tiró mano a la escobilla quedándose paralizado al momento. Ahí estaba, tan magnífica como el primer día que la compró y todavía sin estrenar. Dudó unos momentos, un extraño escalofrío recorrió su cuerpo...
«Y si...». A la mente del señor Arremánguez regresaron visiones de Váterland, Scootix, Cu Lin, Po-Poo y del esperpéntico y terrible Poodzilla. Reculó, dejando la escobilla y el paquete a medio entregar a tierras albañales, y abriendo la puerta del aseo, gritó:
—¡Cariñín, el baño está libre, ya puedes entrar!
Tal vez, pensó don Eristiardo mientras se marchaba silbando periódico en mano, no haya sido del todo un sueño y su querida consorte, a pesar de los alaridos a consecuencia del regalo dejado y por los trabajos de limpieza y desinfección, fuera la próxima Gran Salvadora de Vaterland y acabará con lo que él no había podido terminar. O tal vez no.
Lo que la inteligencia nos devuelve con el nombre del pasado no es el pasado (Marcel Proust)

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Re: CH 1 Las aventuras de don Eristiardo Arremánguez ...

Mensaje por Sinkim » 15 Oct 2014 15:52

Una historia literalmente escatológica :lol: Muy original y divertida aunque creo que has pecado de usar un lenguaje bastante rebuscado para el tono de la historia que estabas contando :D

Me ha descolocado un poco que te refieras al martillo Mjolnir en femenino, supongo que en la frase lo has puesto así porque querías hablar de Mjolnir como un arma, pero se hace raro no pensar en él como un martillo :D
Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano.

:101: RECUENTO 2017 :101:

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Re: CH 1 Las aventuras de don Eristiardo Arremánguez ...

Mensaje por Wintermute » 15 Oct 2014 21:21

Este me ha parecido bastante bien. Habrá quién lo considere burdo y demás, pero yo soy simple y me río con la escatología bien puesta.

Quizás no sea redondo, ni aproveche a fondo su premisa y título, pero tampoco le encuentro defectos, así que bastante bien.
El cielo sobre el puerto tenía el color de una pantalla de televisor sintonizado en un canal muerto

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Re: CH 1 Las aventuras de don Eristiardo Arremánguez ...

Mensaje por Nínive » 15 Oct 2014 21:56

Con la primera parte no he podido. El lenguaje es tan, tan rebuscado que he estado a punto de dejar de leer. Ahí te has pasado un poquito.
Imaginación no te falta, autor. Y la redacción es buena (salvando lo rebuscado y el que recrees durante frases enteras con lo mismo).
La fluidez mejora a partir de la mitad, con la acción. Eso sí.
Sobre la historia. No es mi tipo, perdona autor. No es nada personal. Creo que somos incompatibles (personalidades opuestas, si quieres), pero te llamaré. Lo prometo... un día de estos. :60:
Mi página: Curvas de tinta y tatuajes del alma

Y el aullido del lobo negro se coló bajo la piel nevada de la loba...

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Re: CH 1 Las aventuras de don Eristiardo Arremánguez ...

Mensaje por Verditia » 16 Oct 2014 00:38

Historia hilarante y simpática y, aunque escatológica, no es gorrina :cunao: .

Lo que más me ha gustado: la originalidad del relato.

El "pero": se me ha hecho un poco larga y cargada, aunque he aguantado hasta el final y vale la pena :D

¡Suerte!
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Re: CH 1 Las aventuras de don Eristiardo Arremánguez ...

Mensaje por Berlín » 16 Oct 2014 20:17

Sinkim escribió:Una historia literalmente escatológica :lol: Muy original y divertida aunque creo que has pecado de usar un lenguaje bastante rebuscado para el tono de la historia que estabas contando :D

Me ha descolocado un poco que te refieras al martillo Mjolnir en femenino, supongo que en la frase lo has puesto así porque querías hablar de Mjolnir como un arma, pero se hace raro no pensar en él como un martillo :D



A mi lo escatológico siempre me arranca una sonrisa. Sabe Kassy, que por ahí en los sótanos andan unos hilos de lo más pestilentes, que abrí yo y que fueron la risa durante unos días. Pero no he podido con este relato, aunque he sonreído se me ha hecho pesado. Ojo, que está muy bien escrito, es divertido y demencial, pero me ha cansado.

Edito: que iba a aclarar lo del martillo de Thor, pero ya lo ha hecho muy bien el mismo dragoncillo. Nada, que no lo había visto, ya está.
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Isma
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Re: CH 1 Las aventuras de don Eristiardo Arremánguez ...

Mensaje por Isma » 16 Oct 2014 23:26

Mmmm....

Volveré.

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jilguero
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Re: CH 1 Las aventuras de don Eristiardo Arremánguez ...

Mensaje por jilguero » 16 Oct 2014 23:31

Pues este relato es precisamente uno de los que, en mi modesta opinión, siguiendo el consejo de Baltasar Gracián, ganaría mucho.
¿Por qué? Pues porque es una historia recargada en el fondo y en la forma y, como las buenas esencias, unas gotitas huelen de maravilla (aunque en este caso hablar de olores no sea lo más adecuado :wink: ), en chorreón pueden marear un poco. Como desde los nombres hasta casi todos los detalles que se dan tienen carga humorística, empecé leyéndolo con una sonrisa. Es verdad que el lenguaje es recargado, pero me pareció que iba bien para narrar las aventuras de alguien que se llamaba Don Eristiardo Arremánguez. El problema ha sido que, después de un rato de lectura, me he saturado de lo uno y de lo otro.
Y aunque Topito no me entienda, esta misma historia, si me la cuentas de manera más sucinta, seguro que me habría hecho más gracia y me habría gustado más. Tal cual está, no te digo que sea mal relato, pero página a página mi interés ha ido menguando.
Pero te deseo mucha suerte porque quien conecte bien con tu relato estoy segura que se va a pasar un rato estupendo. :60:
Última edición por jilguero el 31 Oct 2014 11:03, editado 3 veces en total.
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Re: CH 1 Las aventuras de don Eristiardo Arremánguez ...

Mensaje por Isma » 16 Oct 2014 23:38

Ya estoy. No podía escribir mi comentario desde una simple silla. Ahora estoy sentado en mi trono, con Mjolnir a mi diestra y scotix a mi siniestra. Ahora siento el poder, aunque no tanto como en los inodoros japoneses, todo sea dicho: este no tiene ni música ni autolimpiado, y la taza está fría.

Me ha gustado pese a la abundancia escatológica porque no lo he visto desmesurado. Ese zurullo descrito no es tan impresionante para quien ha visto auténticos leviatanes. Lo que sí se me ha hecho es monótono. Tenía ganas de que la aventura acabara.

Me parece un relato de humor más que decente y con unas referencias ingeniosas, así que enhorabuena.

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prófugo
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Re: CH 1 Las aventuras de don Eristiardo Arremánguez ...

Mensaje por prófugo » 17 Oct 2014 04:26

Que duda cabe que dominas el arte de las letras como un auténtico profesional!!

He aprendido con tu criatura palabras que desconocía su existencia..y por ende...su significado.

También veo claramente que buscas hacernos reir sin darnos tregua y eso se agradece....porque se ven las buenas intenciones...como también se ve que te la pasaste de maravilla escribiendo esta historia tan peculiar

El problema es que se me hizo muy monótona...cansina y excesivamente larga. Llegó un punto donde perdí el interés por seguir leyendo y tuve q esforzarme por concluir su lectura.

Debe ser problema mio...estimado autor...que a pesar de considerarme una persona con un humor excelente...justo en estos días como que ese humor se me fue de vacaciones.

Asi que te pido que no te tomes a mal mi comentario...que no es tan negativo como puedas llegar a pensar. Ya me gustaria tener tus conocimientos, imaginación y tablas en esto de la literatura :wink: pero sabes que a veces los lectores somos o muy toca pelotas, y/o ignorantes en ciertos temas o simplemente no nos convencen ni animan ciertos escritos por una razón u otra.

Espero sepas disculparme :oops:
Última edición por prófugo el 17 Oct 2014 14:07, editado 1 vez en total.
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Re: CH 1 Las aventuras de don Eristiardo Arremánguez ...

Mensaje por Orr » 17 Oct 2014 12:11

Je.

Te has atrevido con una epopeya escatológica. Muy bien escrito, presumiendo de vocabulario, con una descripciones soberbias. La historia es ingeniosa, sin duda, pero excesivamente larga. No acabo de entender cual es el papel de Zhǐ Cu Lin, y la anterior parte de los lebujitos tampoco parece aportar nada a la historia. Luego el final me parece decepcionante, ya que parece haber sido todo un sueño, y en caso de no haberlo sido, no explica como se salva del temible Poodzilla. En cualquier caso, un relato muy entretenido.

Saludos.
Leer la guía de la tele, escribir a la guía de la tele y suscribirme a la guía de la tele. - Homer Simpson.

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Re: CH 1 Las aventuras de don Eristiardo Arremánguez ...

Mensaje por Isma » 17 Oct 2014 12:26

Perdón, me ataca la vena pedante. Para el que no lo sepa, poo es caquita, en inglés.

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Re: CH 1 Las aventuras de don Eristiardo Arremánguez ...

Mensaje por Tolomew Dewhust » 17 Oct 2014 18:10

Ay, Nínive, en qué aprietos me metes haciéndome opinar sobre temas tan escabrosos.

Me veo incapaz de añadir nada nuevo a lo ya comentado por aquí, salvo una cosa: de momento, este relato es mi favorito.

Si hubiera lugar a una segunda ronda de comentarios, entraré en faena.
Tengo un castillo con ventanas a la mar y una puerta sin portal,
si te gusta, es tu castillo.

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Re: CH 1 Las aventuras de don Eristiardo Arremánguez ...

Mensaje por Shigella » 18 Oct 2014 16:13

Acabamos a lo grande :lol:

Tengo que reconocer que el título me tiraba para atrás, el tema escatológico no es mi favorito, el lenguaje es un poquito excesivamente rebuscado y he visto algún desliz ortográfico.

Dicho esto, me ha parecido el relato más divertido del concurso. Una especie de mago de Oz con cacas. No he podido dejar de acordarme del gólgota de Dogma y el momento en el que compra la escobilla estaba viendo en mi cabeza la escena del yogulado maldito de los Simpsons. :lol:

Donde me he terminado de rendir al relato ha sido en el momento "Expecto popoonum" y "por el poder de la loperamida" :meparto:

Este tiene mi voto. Gracias por atreverte a mandar una ida de olla así, autor.

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Larús
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Re: CH 1 Las aventuras de don Eristiardo Arremánguez ...

Mensaje por Larús » 18 Oct 2014 16:25

Según iba leyendo, te imaginaba, autor, partiéndote la caja con cada ida de pelota. Bravo, tienes una imaginación desbordante y me lo he pasado genial con tu relato. Se ve que te lo has currado, felicidades y gracias :60:

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