CK1 - Desbarre en el sanatorio de los horrores - Kassiopea

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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Lifen
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CK1 - Desbarre en el sanatorio de los horrores - Kassiopea

Mensaje por Lifen » 11 Nov 2014 09:27

Desbarre en el sanatorio de los horrores


*PARTE I*

El carruaje surgió de repente de entre los jirones de niebla y se detuvo al alcanzar la puerta principal del lóbrego edificio. Ambos caballos, oscuros como la misma noche, alzaron las orejas, menearon las crines y piafaron al unísono. Aquel lugar les inquietaba sobremanera. El cochero se apresuró a descender de un salto.
—Hemos llegado, Milady —anunció el hombre al tiempo que hacía una reverencia. Luego, siempre con la mirada baja, estiró un brazo y abrió la puerta.
—¡Apártate de mi vista, tonto del haba! —rugió Julia, impaciente. Con una mano se recogió la larga falda del vestido y descendió ágil cual pantera. Sus ojos brillaron con más intensidad que la luz de gas que, titilante, alumbraba la entrada del viejo caserón. Estaba tan ansiosa que ya apenas podía esperar.
Tolito, que así se llamaba el sirviente, volvió a subir al pescante y dirigió a los animales hacia el edificio aledaño, donde se encontraba la cochera. Al menos podría echar un sueñecito tranquilo y reparador mientras la muy bruja de su ama se entretenía torturando a cualquier otro desdichado.

—¿Cómo va el negocio, doctor? —preguntó Julia, enarcando una ceja con coquetería. El doctor Pesadilla, aunque algo lerdo y un poco calvito, estaba de muy buen ver; un día, no tenía ninguna duda, saborearía aquella deliciosa tableta de chocolate que adivinaba tras sus ropas.
—Doctor David... David Pesadilla —puntualizó él desde el otro lado de la mesa—. Todo va como una seda, Milady. Puesto que las casas de salud privadas solo están al alcance de una minoría, aquí nos sobran los huéspedes. Y cada vez hay más locos. Ejem... Más pacientes necesitados, quiero decir.
—Entonces habrá algún pupilo al que pueda ofrecer mi ayuda... —susurró ella con voz aterciopelada, dejando caer unas monedas de oro sobre el tablero de madera.
—¡Oh, ya lo creo! Podemos presentarle una pupila realmente encantadora —afirmó él, dibujándose en sus labios una curva sinuosa. Tomó las monedas y las guardó rápidamente en uno de los bolsillos de su bata blanca—. En un santiamén lo tendremos todo dispuesto, Milady Julia.

Sor Estrella sabía que entre esas paredes había gato encerrado. Sí, estaba segura, allí algo olía muy mal, y no era a causa de la puñetera humedad que enmohecía los muros de piedra. No. A veces desaparecían internos. El doctor Pesadilla, ladino como un encantador de serpientes, le había explicado: "Los familiares vinieron a buscarla la noche pasada". Pero ella sabía que era una burda mentira. Lo sabía porque aquella chiquilla, Nora, no tenía parientes y porque jamás se hubiera marchado sin su muñeco de trapo. Por cierto, que aquel muñeco con forma de dinosaurio era bien feo y ofrecía un estado deplorable, pero la pequeña Nora lo adoraba.
También había observado sor Estrella que, cuando un interno se iba, Don Prófugo, el jardinero, plantaba la mañana siguiente un nuevo parterre de peonías en el jardín trasero. Así había ocurrido tras la marcha de Nora. Fue tras relacionar ambos sucesos cuando llegó a la conclusión de que ese doctor Pesadilla y el jardinero tenían que estar compinchados. Lo cierto era que el doctor nunca le había caído nada bien, vaya que no, y además se rumoreaba que él y su ayudante, el misterioso señor Barry Kada —otro buen elemento—, llevaban a cabo extraños experimentos en el subterráneo.
Sor Estrella recordó cómo Don Prófugo la había mirado la tarde anterior con sus ojillos hundidos y rojos cuando ella, con el muñeco de Nora entre las manos, había rezado unas oraciones arrodillada ante el nuevo parterre de peonías. ¡Por todos los dioses olvidados de la literatura que esa mirada encendida era la del mismo diablo! Inquieta, se santiguó y salió como una exhalación hacia el baño comunitario. Unas gotitas de sudor perlaban su nívea frente y le humedecían la cofia almidonada.
"¿Qué le pasará ahora a sor Estrellita la fantástica?", se preguntó Nini al verla salir hecha un manojo de nervios. Suspiró y decidió aprovechar la ocasión. Abrió las puertas del enorme armario de ropa blanca y metió medio cuerpo en su interior. Al fondo, encajado entre una de las baldas y la pared, halló su tesoro. Tomó el libro con reverencia, se sentó y se dispuso a viajar a otro mundo.
Nini no era novicia por vocación, sino por necesidad. Ingresar en el convento había sido la única forma que encontró para aprender a leer y a escribir. Bien valía la pena orar al Señor un día sí y otro también si eso le permitía estar rodeada de libros y poder disfrutarlos. Y hacía poco, además, que en la intimidad de su celda había comenzado a escribir poesías y hasta una novela.
Gracias a sor Estrella descubrió que las tareas de la enfermería también tenían la virtud de alegrar en gran medida el espíritu, en especial cuando acudían al sanatorio a echar una mano; en esas ocasiones se las eximía de la clausura del convento y ellas no podían evitar sentirse libres como dos gorriones fuera del alcance de la Madre Superiora, sor Lifen, quisquillosa por nacimiento, controladora por vocación y famosa más allá de los confines de la región por las collejas que repartía a diestro y siniestro entre las ovejas descarriadas. El mayor temor de Nini era que un aciago día sor Lifen descubriera sus preciados manuscritos y los echara, junto con ella misma, a las llamas del infierno.

—Ya no puedo callar más. Tengo que contarte algo, compañerita —dijo sor Estrella cuando regresó. Nini se incorporó de un salto, alarmada, y su preciado libro cayó al suelo.

Los pasos del doctor Pesadilla resonaron entre los fríos muros de piedra mientras descendía las escaleras del subterráneo. Sus fosas nasales detectaron el aire enrarecido que había ahí abajo, una mezcla de humedad, sudor, orines, desesperación y terror. Tras años de experimentación había constatado que sí, que el miedo se olía. Sonrió con gran satisfacción y acarició una vez más las monedas que tintineaban dentro de su bolsillo.
Dejó atrás las celdas en las que languidecían aquellos internos que necesitaban tratamientos intensivos o especiales y avanzó hacia el laboratorio. Barry y Ber le estaban dando lo suyo al pastor de ovejas. Solo sabían que se hacía llamar Ismael y que no tenía parientes, que era un varón en la flor de la vida de carnes prietas y salud excelente pero que, por desgracia, estaba como un cencerro. Sin duda, era un perfecto ejemplar para sus investigaciones. Tras las descargas que Barry le había aplicado, al pobre infeliz le goteaba un hilo de babas por el mentón. Ber, la atractiva esposa de Barry, tomó un paño mugriento y se las limpió con gesto ausente.

—Milady está aquí —informó David—, ¿ya está la chica preparada?
—La pobre no recuerda ni su nombre —aseguró Barry.
—Está dulce como la miel y tierna como un recién nacido —añadió Ber, mordiéndose el labio inferior y entrecerrando sus ojos verdes de gata.
—Excelente. ¿Podrás hacer los honores, Ber?
—¡Carajo! Será un placer.

Ber se dirigió con andares felinos hacia una de las celdas. Prendió la llama del candil y, cuando entró, las sombras empezaron a bailar sobre las paredes. La chica estaba aovillada sobre un sucio jergón. Ber se arrodilló a su lado y le acarició la cabellera que, extendida a su alrededor, parecía una cascada de oro. La joven, ausente, canturreaba para sí misma:

—Cuatro esquinitas tiene mi cama, cuatro angelitos me la guardan; dos en los pies y dos en la cabecera, y la Virgen María es mi compañera.
—Hola, tesoro. Yo soy tu guardiana y compañera. Deja que te bese, cielo —susurró Ber. Entonces se inclinó sobre el cuello de Dori, le apartó los cabellos y lamió su piel.
—No sé quién eres...
—Soy una princesa, ¡como tú!
—Siiiiií, ¡¡¡¡soy una princesa!!!!
—¿Y sabes qué? La Reina ha venido a buscarnos. ¿Me acompañarás?
—¡Claro! ¡No podemos hacer esperar a la Reina! —exclamó Dori con una sonrisa radiante. Y se incorporó con tanta energía y rapidez que Ber tuvo que apresurarse para alcanzarla.


*PARTE II*

Por más que Nini intentó hacer entrar en razón a sor Estrella, no hubo manera. La monja estaba convencida de que habían desaparecido algunos pacientes en circunstancias extrañas y, por si esto fuera poco, aseguraba ¡que estaban enterrados en el jardín! Sor Estrella acabó tomándola del brazo y prácticamente la arrastró al exterior del edificio mientras todos dormían con despreocupación. O al menos eso suponían ellas.
Alumbrándose con unos candiles cruzaron todo el extenso jardín trasero y localizaron al fin la caseta donde el jardinero guardaba los utensilios y herramientas. Sor Estrella, poseída de repente por un exceso de determinación, cogió dos pares de guantes y dos palas. Se dirigieron luego hacia el último parterre de peonías que Don Prófugo había tenido el detalle de plantar y, hundiendo las palas en la tierra negra, murmuraron una oración.

—Vamos al tajo, Nineta linda —dijo finalmente la monja, santiguándose. Y comenzó a extraer paladas de flores y tierra sin darse tregua. Nini se encogió de hombros y se unió a la faena. La responsable, a fin de cuentas, sería Estrellita, que por algo ya era monja y ella no más que una simple novicia. Y qué narices, esta aventurita bien podría serle útil para la novela...

Ber condujo a Dori hasta una habitación del edificio anexo, situada por encima de la cochera y las caballerizas. Allí estaban las dependencias privadas del doctor Pesadilla y de su ayudante Barry Kada. Aquella habitación, de hecho, formaba parte de las dependencias del doctor y él mismo la había decorado a su gusto. Los ojos de Dori se abrieron maravillados al contemplar las paredes tapizadas a juego con las sillas y el sofá, y las molduras doradas que adornaban varios cuadros y espejos situados estratégicamente. Ber la guió hacia el fondo, donde se ocultaba una bañera con patas de león tras un biombo decorado con dibujos de mariposas y pájaros.

—Te hemos preparado un baño —explicó Ber a la joven—, digno de una princesa.
—¡¡¡Biennn!!! Pero quiero bañarme sola, ¿eh? ¡Qué yo soy una princesa muy puritana!

Ber estampó un casto beso de despedida en la frente de la cándida chica y salió de la habitación. Dori canturreó mientras se desnudaba y, feliz como una niña, se metió en la bañera. El agua estaba tan perfumada y calentita que al poco rato se quedó dormida.
Milady Julia entró entonces en la habitación. Avanzó con sigilo hacia la bañera sintiendo los latidos acelerados de su propio corazón; ¡había llegado el momento! Buscó entre los pliegues de su vestido y extrajo una daga muy ornamentada y afilada. Sus largos dedos coronados por uñas rojas y puntiagudas acariciaron con veneración la fría hoja de acero. ¡Toda esa juventud sería suya! ¡Aquella sangre inocente le daría una vida renovada!
Justo al sentir la caricia de la daga sobre su garganta, Dori abrió los ojos y lo primero que contempló fue el retrato del doctor Pesadilla que había sobre la mesita auxiliar. Algo hizo "clic" en el interior de su mente y los acontecimientos se precipitaron sin remedio.

—¡Aaaaahhhhhhh, pero qué morritos tan sexys tiene el doctor Pesadilla! ¡¡¡Ay, qué me desmaaaayooo!!! —exclamó eufórica y fuera de sí.

Y sus ojos y sus cabellos se tornaron blancos al mismo tiempo que la piel se le oscureció. Una energía sobrehumana recorrió todo su cuerpo y se le hincharon los pechos y se pronunciaron todas sus curvas de mujer. La nueva Dori transformada en Diosa de las Tormentas surgió como una Venus renacida del agua y le arrebató la daga a Julia antes de que aquella saliera de su asombro. La diosa pestañeó y surgieron relámpagos de la nada que hicieron estallar las ventanas.

—No te va a doler —dijo la diosa Ororo, y atacó a la pérfida Milady con su propia arma. No obstante, aquella se protegió anteponiendo las manos y la hoja de acero cortó una de cuajo. La sangre manó entonces a borbotones y la Diosa de las Tormentas estalló en carcajadas demenciales. La mano cercenada comenzó a arrastrarse por el suelo con vida propia, luego subió por la cortina y al final huyó entre los cristales rotos de la ventana.

En el jardín, mientras tanto, sor Estrella y Nini habían hecho macabros descubrimientos: hallaron, en efecto, el cuerpecito de Nora enterrado bajo las peonías. Decidieron entonces cavar bajo otro parterre de flores y encontraron dos cuerpos entrelazados; eran los gemelos Shigella y Shigello, que supuestamente habían recibido el alta hacía unos meses. De improviso, ¡aquellos restos putrefactos se movieron! Sor Estrella y Nini chillaron y se abrazaron con el convencimiento de que el infierno se estaba abriendo a sus pies para llevárselas. Unos ojillos medio ciegos las observaron entonces con resquemor, puesto que esas arpías desconsideradas habían destruido su madriguera. El topito se alejó corriendo, sumamente fastidiado, y las mujeres respiraron aliviadas.

—Estoy acojonadita —soltó sor Estrella—. ¿Cómo vamos a explicarle todo esto a la muy bruja de Lifen? Nos molerá a padrenuestros, avemarías y a collejas.

En las caballerizas, el sufrido sirviente de Milady, Tolito, seguía durmiendo a pierna suelta sobre un mullido lecho de paja. Soñaba con una encantadora novicia que había visto hacía unos días y, desde entonces, ella se había quedado rondando por sus pensamientos. El sueño era tan emocionante y vívido que el durmiente murmuraba en voz alta: "Ay, Nini, ¡qué preciosa eres! Ay, ay, ay, ¡qué bien lo haces todo!". Pero de repente sintió un cosquilleo en la pierna, bastante agradable, por cierto, que ascendía vertiginosamente hasta alcanzar la entrepierna. Al llegar a ese punto hubo de desconectar del sueño —¡ay, Nini!— y abrió los ojos, que hicieron un reconocimiento visual de emergencia. Una mano con largas uñas rojas le estaba metiendo mano sin recato, valga la redundancia. ¡Una mano! ¿Pero dónde estaría el resto del cuerpo?
Y como si aquella situación no fuese suficientemente delicada por sí sola, en aquel instante llegaron corriendo dos monjas histéricas perseguidas por un murciélago. El animal agarró al fin la cofia almidonada de Estrellita y se largó con el botín.

—¡Ay, Señor! ¡Están saliendo rayos por las ventanas! ¡Todo el mundo se ha vuelto loco! —exclamaban las mujeres. Por fortuna no repararon en la mano descarada que se alejaba trotando con elegancia. Tolito, por su parte, quedó extasiado contemplando a la novicia de sus sueños.

La Diosa de las Tormentas descendió hasta la planta principal del edificio, donde dormían la mayoría de los internos. Como polillas atraídas hacia la luz, todos fueron despertando a su paso. Ororo se carcajeaba, complacida, y se divertía lanzando rayos sobre los muebles y las ventanas.
Se desató el caos. Algunos salieron a correr por el campo. Otros se subieron al tejado. Un joven, en lo más alto, movía los brazos como si fueran alas y gritaba al cielo: "¡Soy un dragón y estoy muy bueno!". Otro se desgañitaba exclamando: "¡He hecho un perfecto!". Aunque nadie sabía muy bien a qué se refería. A su lado, una joven saltaba sin parar haciendo equilibrios sobre las tejas, exigiendo: "¡Quiero votar!, ¡quiero votar!". Al final se abrió un boquete en el viejo techo y todos fueron a caer sobre Milady Julia, que había aprovechado la oportunidad para sollozar bien agarrada a la tableta de chocolate del doctor Pesadilla.
En medio de todo el guirigay, Ber subió del subterráneo y justo tropezó con un libro que había caído al suelo. Y fue así y no de otra manera como, completamente fascinada, empezó a declamar los versos de "El cuervo" del maestro Poe.
Sor Estrella, Nini y Tolito salieron de las caballerizas alertados por el estruendo que ocasionó el derrumbe del tejado. Pasó junto a ellos, completamente absorto, un infeliz que andaba como un robot escocido e iba hablando solo. Decía: "¡Coño, un pavo! ¡No, que es un niño!". Un poco más allá distinguieron la silueta de un perro patoso y feo que perseguía con gran parsimonia una extraña alimaña con uñas... ¿rojas?

—Marchaos de aquí ahora mismo si no queréis acabar con chaqueta blanca —dijo una acariciadora voz de mujer a su espalda. A punto estuvo de darles un vahído cuando se giraron y contemplaron aquel cuerpo translúcido: era el espectro de una muerta que lucía un andrajoso vestido de novia. Las cuencas de sus ojos estaban vacías y no tenía ni labios ni lengua, aunque habló con claridad meridiana—: Ellos me asesinaron y me enterraron en el jardín. Como a muchos otros. Por vuestro bien, ¡olvidaos de este lugar maldito!

Pocos minutos después salieron al galope llevándose prestado el carruaje de Milady. A la muy mala pécora ya no le haría falta.


¿Fin?

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Re: CK! - Desbarre en el sanatorio de los horrores

Mensaje por Isma » 11 Nov 2014 15:47

¡Muy entretenido! Me estreno con los comentarios en este concurso con este relato, y me lo he pasado muy bien. No se me ha hecho muy pesado el baile de nombres, que era uno de mis grandes temores al leer kekos, y ha habido un par de momentos que me han parecido un puntazo:

La autora del Desbarre en el sanatorio de los horrores escribió:—No te va a doler —dijo la diosa Ororo
:meparto:
La autora del Desbarre en el sanatorio de los horrores escribió:Otro se desgañitaba exclamando: "¡He hecho un perfecto!".
:meparto:

Mi primera aparición es la de un loco de atar. No está mal, no está mal :lol:, ahora me quedo con ganas de saber qué es lo que ha provocado mi locura :wink:.

Besos, autora, te ha quedado muy bien :60:

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Saber
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Re: CK! - Desbarre en el sanatorio de los horrores

Mensaje por Saber » 11 Nov 2014 20:10

Quizás no sea justo pero, el hecho de conocer tan bien a los foreros, y las bromas internas del grupo que forman, concede al relato cierta credibilidad. Está muy bien escrito y es muy entretenido. Felicidades.

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Re: CK! - Desbarre en el sanatorio de los horrores

Mensaje por Gavalia » 11 Nov 2014 20:27

Esta nos quiere poco robotillo, pero aún así, me lo he pasado pipa leyéndola. Es lo que tienen las brujas manipuladoras jajajaja
Buen trabajo y aunque no salï bien parado en esta ocasión, al menos nombrarme, no me has nombrado :colleja:
Buena historia y además bien contada :wink:
-¡Qué felices éramos hace quince años!
-Pero si en ese entonces no nos conocíamos.
-Por eso María, por eso... 8)

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Re: CK! - Desbarre en el sanatorio de los horrores

Mensaje por Gisso » 11 Nov 2014 20:44

Interesante relato y que tiene momentos muy divertidos, otros misteriosos y otros horripilantes. Podría ver cierto sello en este relato :meditando: . Es un fastidio que se nos deje de esta forma, pero... ¿Tolito se habrá quedado la mano para uso personal :lol: ? Me quedo cuando todos los locos se escapan diciendo cada uno una cosa y la increible aparición de Ororo :cunao:

Gracias autor/a por hacernos pasar este momento :60:

Y ahora, la puntuación :lista: :

He contado hasta +22 personajes, aunque alguno se me escapa... De ellos tres mueren +6, y encima tratas bien a Julia y Lifen :twisted: +2. Te doy un +5 por salir yo :lista: , +1nívea y +1 aovillado. Y otro +2 por ese lametón a Dori :P

Total: 39 pt

Pero... hay que restar un -5 al salir Tolo, -1 por Dori princesa

Así que se queda en...

33 pt :alegria:

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Sinkim
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Re: CK! - Desbarre en el sanatorio de los horrores

Mensaje por Sinkim » 12 Nov 2014 14:18

Muy gracioso, la ambientación me ha recordado por momentos a las películas Sucker Punch y El jovencito Frankenstein :lol: :lol:

Tiene momentos muy simpáticos con otros en los que te adentras en el terreno del terror :lol: El momento en que las monjitas están excavando en las tumbas (bonito detalle que las flores sean las mismas que en Noceda :D ) y el topito mueve los huesos es puro cine de terror, hecho para que todo el mundo salte de la butaca con el grito de las jovenes :lol: :lol:
Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano.

:101: RECUENTO 2017 :101:

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Re: CK! - Desbarre en el sanatorio de los horrores

Mensaje por Shigella » 12 Nov 2014 16:54

A mí también me ha recordado un poco a El jovencito Frankenstein :mrgreen:

Muy entretenido. Bonita ambientación. No es de los que más gracia me han hecho, pero me ha gustado :D

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Re: CK! - Desbarre en el sanatorio de los horrores

Mensaje por Dori25 » 13 Nov 2014 13:56

Madre mía este también se me había olvidado comentar!!!!

O sea que yo soy Ororo antes de madurar, no? Bueno, no me importa, tiene su puntillo eso de ser la diosa sensual y eso. :mrgreen:

Muuuuuy divertido, sobre todo imaginar a esa Julia sedienta de muerte.
El edificio Yacobian
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Este año me he hecho un sandwich fantástico, entre Mariki y Judy.

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Re: CK! - Desbarre en el sanatorio de los horrores

Mensaje por IrisCornegie » 13 Nov 2014 15:13

Bastante gracioso y con posibilidad de continuación. Un poco terrorífico a veces, pero con buenos toques de humor. Lo de la mano me encantó :lol:
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Re: CK! - Desbarre en el sanatorio de los horrores

Mensaje por IrisCornegie » 13 Nov 2014 15:31

Por cierto, en el título hay un ! en lugar de un 1 :cunao:
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Re: CK1 - Desbarre en el sanatorio de los horrores

Mensaje por Sinkim » 13 Nov 2014 16:01

Corregido, gracias por darte cuenta, Iris :D :60:
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Re: CK1 - Desbarre en el sanatorio de los horrores

Mensaje por IrisCornegie » 13 Nov 2014 16:06

Hay otro en minúsculas también :cunao: o había si ya lo has arreglado.
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Re: CK1 - Desbarre en el sanatorio de los horrores

Mensaje por Sinkim » 13 Nov 2014 16:10

Había :lol: :lol: :60:
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Re: CK1 - Desbarre en el sanatorio de los horrores

Mensaje por Nínive » 13 Nov 2014 16:55

Este me gusta mucho. 8)
Así que una novicia por necesidad, ¿ehe? Dejando la puerta abierta para convertirme en otra cosa. :P
Los momentos de los locos gritando por ahí es buenísimo y la idea de Dori convirtiéndose en Ororo... escalofriante. :lol: El personaje de Julia me encanta y el doctor Pesadilla con su tableta... :lol:
Muy divertido. :60:
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Y el aullido del lobo negro se coló bajo la piel nevada de la loba...

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Topito
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Re: CK1 - Desbarre en el sanatorio de los horrores

Mensaje por Topito » 13 Nov 2014 21:09

La ambientación me ha parecido genial. Los personajes muy bien llevados, todos, no creo que ninguno falle. Los chascarrillos a otros relatos, hasta frases de otros relatos (uno el mío de primavera "y fue así y no de otra manera") me han parecido geniales. Un curro impresionante.

Además, la prosa es ágil y bella. Tiene un ritmo perfecto.

Los chistes de Dori, todos, destornillantes. :alegria:

En fin, peazo relato. Lo he disfrutado muy mucho.
leyendo: Haruki Murakami
leyendo cuentos: Zuñiga, O´Connor, Fitzgerald, Chéjov, Matute

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