CN3 - Se dan clases de guitarra - Tolomew Dewhust

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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Ratpenat
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CN3 - Se dan clases de guitarra - Tolomew Dewhust

Mensaje por Ratpenat » 01 Ene 2015 11:34

Se dan clases de guitarra

Para mi madre. Y para todos aquellos que
hubieron o habrán de rasgar una guitarra sin cuerdas.

Mi madre vive encerrada en una prisión de madera.

Se ve que de niña, siendo cándida como lo son algunas noches sin luna, su corazón no tuvo otra que enfrentarse a la espina de una rueca, de tal modo que ahora vive (siendo joven como es) como una nuez huérfana de calores que se estremece dentro de un caparazón viejo.

No obstante, se deleita contemplando las cosas más sencillas. Hoy en día, por ejemplo, gusta de levantarse bien temprano para visitar cada una de las cuatro esquinitas que tiene su celda, por si en alguna de ellas hubiera brotado una flor. De momento tiene dos geranios: Requiebros y Lamentos. Yo soy uno de ellos, de los dos, el mediano.

¿Estrafalario? Tal vez; ella cuenta que mi nombre se le ocurrió la primera vez que una estrofa me rompió la garganta, conmoviéndola de tal manera que tuvo por fuerza que separar su mirada de mi rostro para echarse a llorar. Ahora… ahora la mortifico con más mesura. Digamos que le doy una de cal y otra de arena: a veces le digo la verdad, y ocurre que por ser esta tan cierta como ella espera, la conmuevo y llora. Las menos veces no me veo con fuerzas de hacerle daño, y es cuando el viento acude en su rescate para acallar todas las sílabas que mi voz se empeña en mostrarle; entonces le miento… y ella, que me conoce como nadie por haberme rociado con la leche de su pecho desde que me animé a germinar como flor dentro de su vientre, llora compungida de pena.

Ya he dicho que mi hermano se llama Requiebros. Requiebros es más tozudo que los versos que yo me invento cuando suelto una mentira, y le da la vuelta a todo lo que le digo a mi madre para que esta se entere de que, más a menudo de lo común, le vengo faltando a la verdad. En definitiva, que es un travieso de aúpa. Pero, teniendo en cuenta que ambos probamos la misma fruta (y por otras tantas mentiras que ahora no vienen al caso), no tengo más remedio que quererlo como lo hago, sin cordura.

Y antes de seguir, creo que ya va siendo hora de que te diga cómo se llama mi madre. Mi madre se llama Santa Catalina, como aquella dona alejandrina que allá por el siglo cuarto después de Cristo se santificó frente a un tirano. A la susodicha Catalina recordaréis que la acabaron decapitando por santa, pues resulta que a la verdadera Santa, mi madre, la tuvieron que encerrar en una prisión de madera cuando fue sorprendida desnuda hablando con sus dos geranios.

Hasta aquí los prolegómenos de esta historia, no siendo otro su propósito el narrarte que mi madre hace ahora casi dos lustros que empezó a recibir sus clases magistrales de guitarra. Su primer día como alumna hubo de ser apoteósico: cuenta que a su maestro le entró un ataque de risa floja nada más verla aparecer de aquella guisa, sin ni siquiera media sombra que cobijara su talle. Reacción muy lógica, por otra parte, si no conoces a la protagonista de este asunto, pero es que mi madre tiene esos golpes. ¿Pues no salió otro día tan ufana a la calle que hasta las aceras pensaron que estaba bailando? En fin, las cositas de Santa Catalina.

Santa Catalina en realidad nunca ha tenido una guitarra con piel de madera (a estas alturas intuyo que ya lo sospechas, pero igualmente a mí me gusta escribirlo). Al menos, no una de esas con seis cuerdas que si las tocas al aire te regalan un “mi” o un “re”, o de aquellas otras mejor avenidas que saben disimular una octava desafinada cuando el catarro viene lastimando sus trastes. No, de esas nunca tuvo; la suya siempre fue de cuerdas hechas con tripas y corazón.

¡Y sin encomendarse ni a Dios ni al Diablo se apuntó la señora mía a un cursillo avanzado de solfeo, de blancas y negras! Bueno, es que ni siquiera sus geranios supimos nada de aquella tropelía; a nadie quiso hacer partícipe de sus males, salvo al viento (que así es como se llama su marido, mi padre..., un señor de Murcia o de Rusia, que son términos que a menudo vengo confundiendo).

Requiebros anduvo inquieto sus noches y yo intranquilo mis días por no saber durante un tiempo de las penas de mi madre, hasta que el viento descarado (que gozaba castigando las escolleras de nuestras troneras en las que hasta entonces crecíamos presumidos sin intuir de aquellos miedos), nos susurró al oído que en aquel año la Navidad la celebraríamos en el mes de octubre. ¿En octubre? Sí, en octubre.

Y por una vez en la vida la calle atendió tres verdades seguidas: el viento delató a mi madre, Santa Catalina contuvo el aliento en sus clases de pecho y garganta y los geranios comenzamos a tiritar de frío (bueno, entre tú y yo..., más bien era miedo). Vale, alguna mentira te he colado, pero eso no ha de importarte todavía.

¿Alguien se imagina lo complicado que les resulta a dos geranios organizar la celebración de la Navidad en un mes tan prematuro como el de octubre? Más aún siendo yo, de los dos, el que llevaba la voz cantante (con la de mentiras que gasto) y sin haber conseguido todavía que el teclado de mi móvil reconozca la pulsión de mis hojas sobre su pantalla táctil: misión imposible.

Adornamos la habitación de mi madre a nuestra manera; siendo ella valenciana, se nos ocurrió que le gustaría ver los barrotes del tragaluz tiznados de naranja, así que los embadurnamos de zumo. Solo te digo que el perfume persiste a día de hoy y los vecinos andan que trinan (date cuenta que el azúcar del jugo empleado ha atraído a centenares de gaviotas que ahora insisten en sobrevolar nuestra azotea… Un numerito, vaya). Tampoco nos faltaría nuestro buen surtido navideño de mantecados, mazapanes y alfajores de la Alcarria (obsequio de los carceleros de Santa Catalina), ni la afamada botellita de Anís del Mono de rigor, del que se daría oportuna cuenta llegado el momento.

Y, claro, todo un detalle fue el «christmas» que los dos geranios nos curramos para nuestros progenitores; Requiebros vestido de Papá Noel y yo de Rudolph (porque cuando miento se me enciende la nariz, como al reno), en cuyo reverso incluimos una frugal dedicatoria que, modestia aparte, nos quedó sembrada: «Santa Catalina, si alguna vez te mora la dicha no me lo digas (mentíamos), que prefiero sentirte perdida y quererte que tener que buscarte una rima que, por cierta, te haga llorar». Ni yo mismo sé qué carajo significaba aquello, pero ella se emocionó al leerlo. De hecho, mi madre (más lista que el hambre), pensó que esas letras sencillas eran obra de mi hermano Requiebros y cuando me preguntó si así era, asentí. Ella lloró, tal vez temiendo que le hubiera mentido… O, más bien, sabiendo que lo hacía.

El caso es que era veinticinco de octubre, demasiado pronto para celebrar la Navidad. Sin embargo, en aquella prisión de madera nos encontramos mi madre, Santa Catalina, mi padre, el viento, mi hermano geranio y yo, cantando los villancicos que algunos carceleros habían tenido a bien enseñarnos. (Aún no he hablado de esos carceleros, pero, ¿en serio hace falta? Sí, hombre, sí, esos que llevan unas batas blancas y echan un cable en lo que pueden…). No estuvo mal. Digamos que fue una Navidad un tanto peculiar.

Como no parábamos de insistirle, al final mi madre tuvo que interpretarnos algunas de las canciones que se suponía andaba aprendiendo en sus clases de nervio y de vida. Sin instrumento de cuerdas en el que rasgar, tarareó soniquetes que nos supieron a ropa de cuna, a nenuco después del baño con agua calentita y a cucharadas de miel y naranja para la tos de medianoche. Canturreó la del burro, y lloramos en la parte que mencionaba la bufanda blanca y las gotitas de limón. Y, al unísono, el viento, los geranios y Santa Catalina, apagamos cada una de nuestras risas brindando por Leonard Cohen. Si fuera hacía frío, nosotros nunca lo supimos.

A la hora de abrir los regalos llegó otro de los momentos mágicos de la noche, mi hermano y yo percibimos el palpitar de nuestras raíces retorciéndose de nervios en la húmeda arena cuando le entregamos a Santa Catalina aquel presente. La culpa, o la idea (que viene a ser lo mismo) de tamaño despropósito (o acierto) fue de Requiebros…

«Para tus clases de guitarra», anotamos sobre la faz del envoltorio. Al ver mi madre la forma de la referida ofrenda pareció menguar, casi se nos muere allí delante… Hubiera sido tremendo: dos geranios y el viento intentando reanimar a base de pulmón y saliva a una señora mayor (para grabarlo en vídeo y mandarlo a la tele). Pero he dicho «casi», no que se muriera (por cierto, que llevo un rato largo escribiendo menos mentiras de las que quisiera... A ver cómo lo arreglo).

Lamentos tomó la palabra, o sea, yo; yo soy Lamentos, por si a estas alturas de la película te has hecho un lío (ni yo me llamo Lamentos ni mi madre es una santa, creo que todos estamos ya al corriente de esto). «Ahí va tu regalo. Venga, ábrelo que después nos toca a nosotros hacer lo propio con los nuestros». Requiebros requiebra y el viento se deleita; mi madre… se estremece. Esta vez no por culpa de mis sílabas, lo juro. Como te venía narrando, se conmovió al ver la sugerente silueta de su regalo (que se asemejaba al cuerpo de aquella moza recostada y desnuda que se enfrentó sin escalofrío al gesto serio y sombrío de un sordo grabador zaragozano).

A tiras arrancaba la buena de Santa Catalina el papel de regalo que abrigaba nuestro obsequio mientras sus lágrimas alimentaban la hoguera. «¿No será una guitarra?, ¿no será una guitarra?», repetía con desaliento, «¿Qué voy a hacer yo con una guitarra?». «Pues aprovecharla en tus clases de rima y sentidos», nos cachondeábamos las flores. «No, mamá, no teníamos dinero para una guitarra… Además, tú ya tienes la tuya hecha con cuerdas de tripas y corazón. Esto es solo una bufanda para que no pases frío yendo a tus clases…». Las palabras se desprendían de nuestras hojuelas junto a mil ríos de lágrimas mal disimuladas.

«El regalo no es la funda, mamá, el verdadero regalo está en su interior». Lloró de nuevo la santa y nosotros no tuvimos más remedio que ofrecerle nuestro tallo como sostén.

Vale. Ahora en serio. Mi madre se llama Santa Catalina y allá por el mes del verano (de los tres, el que tú prefieras), vino su carcelero a revelarle que no llegaría a conocer la próxima primavera… que se marchitaba… que dejaría de cultivar geranios en las esquinitas de su celda, en nuestra prisión de madera.

Y, sí, Santa Catalina celebró su particular Navidad en octubre por si no llegaba a conocer un mes más propicio para hacerlo, y nosotros nos sumamos a aquella farsa besándola la «Noche Menos Buena» como si aquella fuera la última a su lado.

Abrió la funda de guitarra (que no era sino otra travesura, un envoltorio, no el auténtico regalo) y dentro halló un humilde pañuelo de seda de color rosa. «Para que lo luzcas gustosa por las avenidas y sepan tus vecinas lo valiente que has sido. Para que las heridas que en tu piel destripa este cáncer no sientan más frío cuando caminas, sin prisa y prendida, a tus clases de pulso y de púa».

Sin lágrimas ya en la recámara, no pudo hacer otra cosa que regañar al viento delator y fundirse en un abrazo infinito con sus dos geranios de hojas perennes.

Pero, no me felicites todavía que lo más bonito de esta historia viene ahora. Sí, dos meses más tarde repetiríamos la jugada, y al año siguiente, y al otro. Es lo que tiene la quimio… que, si puede, vence.

Ahora me río. Entre otras cosas porque tal vez te he contado demasiadas mentiras: mi padre no silba como el viento y yo no soy un geranio… Vale, algún embuste no habrá colado, pero espero que otros muchos sí. También me río porque, o mucho me equivoco o estas navidades mi madre recibe este regalo estando yo a su verita. Si llora será porque sabe que lo que he escrito es bien cierto. Si no lo hace, le habré mentido, y entonces no tendrá más remedio que echarse a llorar a mi lado… Pero que sepa que no quiero más verla triste ni encerrada en su cabaña de paja contando las flores. Que si asoman de nuevo las orejas del lobo ahí estaremos juntos para hacerle frente… Y que sepa también que la quiero, y que, pese a ser el mediano de sus dos geranios (o precisamente por ello)... soy también el más mentiroso.

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Re: CN3 - Se dan clases de guitarra

Mensaje por jilguero » 01 Ene 2015 21:31

¡Qué cosas más bonitas se os ocurren! Tener por hijos dos geranios y que encima se llamen Requiebros y Lamentos. :60:
Ya volveré, pues me engancho en las imágenes y me olvido de lo demás... :roll:
Esa metáfora de las cáscara de nuez me suena... :wink:
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Re: CN3 - Se dan clases de guitarra

Mensaje por Gavalia » 01 Ene 2015 21:51

Lo he encontrado precioso. Me costó entenderlo al principio, pues pensé esta chica está de la cabeza, porque eres ella, y eso reduce algo la ecuación en lo que autoría se refiere. La redacción es dulce, tierna y trabajada. En eso ya te mereces la mejor nota, me encant ver cuan trabajado está un relato, le da un valor añadido que se vuelca forzosamente en el resultado. Sin embargo se presta bastante a la confusión y hay un momento en el que la demencia campa a sus hanchas aunque debo reconocer que si le das la oportunidad te engancha.
Bien hecho
888
:boese040:
La mamá arropaba a su pequeño niño invidente mientras le susurraba al oído...
Si no te portas bien... cambio los muebles de sitio... :twisted:

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Re: CN3 - Se dan clases de guitarra

Mensaje por jilguero » 01 Ene 2015 22:02

Gavalia escribió:Lo he encontrado precioso. Me costó entenderlo al principio, pues pensé esta chica está de la cabeza, porque eres ella, y eso reduce algo la ecuación en lo que autoría se refiere. La redacción es dulce, tierna y trabajada. En eso ya te mereces la mejor nota, me encant ver cuan trabajado está un relato, le da un valor añadido que se vuelca forzosamente en el resultado. Sin embargo se presta bastante a la confusión y hay un momento en el que la demencia campa a sus hanchas aunque debo reconocer que si le das la oportunidad te engancha.
Bien hecho
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Por lo de ella, Gavalia, no pongas la mano en el fuego no te vayas a quemar... :wink:
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Re: CN3 - Se dan clases de guitarra

Mensaje por jilguero » 02 Ene 2015 10:25

He vuelto a la tarea, pero no hay manera: me engancho en cada frase o, mejor dicho, en la imagen que cada una de ellas crea en mi cabeza. ¡Jo, cómo me gustan las cositas de Santa Catalina y las ocurrencias de sus geranios...! :60:
A ver si logro llegar al final y puedo hacer un comentario, cierto o falso, da lo mismo, pero con pies y cabeza... :D
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Re: CN3 - Se dan clases de guitarra

Mensaje por Tolomew Dewhust » 02 Ene 2015 12:41

:164nyu:
Tengo un castillo con ventanas a la mar y una puerta sin portal,
si te gusta, es tu castillo.

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Re: CN3 - Se dan clases de guitarra

Mensaje por iliada » 02 Ene 2015 18:35

Un poema camuflado de relato, un relato lleno de metáforas, el amor a una madre en definitiva. Guitarra de tripas y corazón, dos geranios tiritando de miedo y una familia celebrando de forma anticipada la navidad.
Estoy deseando saber el autor de este bellísimo poema.

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Re: CN3 - Se dan clases de guitarra

Mensaje por joserc » 03 Ene 2015 10:19

Tremendo. Te deja con el nudo en la garganta. En cuanto al fondo te golpea este relato con fuerza. En cuanto a la forma, está muy bien escrito, es muy bello, solo que no soy yo de poesía. No me llega porque no soy así, pero es cosa mía. Eres muy bueno escribiendo autor/a. Dominas las palabras como nadie.

Lo dicho, me gusta lo que dices, pero no tanto cómo lo dices, aunque es acojonante tu maestría. Cuestión de gustos, ya lo sabes.

Gracias por compartir.

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Re: CN3 - Se dan clases de guitarra

Mensaje por barrikada » 03 Ene 2015 16:16

Precioso y sentido relato. El dominio de la palabra de este geranio es abrumador, arrollador. La historia yo creo que está pensada a consciencia, pero entre tanto juego de luces y sombras, tantas mentiras, verdades y medias verdades, creo que en el tramo final comienza a hacerse algo desesperante y repetitivo. Al comienzo pensaba que estábamos hablando de un preso, luego de algún demente y finalmente ya se ve que la cosa va de una lucha entre la vida y la muerte con el telón de fondo de la Navidad. La poesía sublime, pero con demasiados quilates para mí. No sé por qué, pero puedo imaginar quien puede hacer sonar en su canción melodías de Leonard Cohen... Enhorabuena!
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Re: CN3 - Se dan clases de guitarra

Mensaje por Shigella » 03 Ene 2015 21:48

Me ha pasado un poco como a joserc. Los textos tan poéticos no son lo mío y me ha costado mucho entrar en la historia. Sin embargo al terminarlo me he quedado con una sensación de congoja, y más aún, de entender lo que querías decir, que lo ha compensado.

No es mi estilo para nada pero está muy bien escrito y desde el corazón.

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Re: CN3 - Se dan clases de guitarra

Mensaje por Nínive » 03 Ene 2015 23:47

Con toda la sinceridad de la que dispongo, he de decir que me he enamorado de este relato.
Es como un lienzo al revés. Es decir, poco a poco se va quitando las capas de óleo que cubren la tela hasta que se descubre el dibujo original. La esencia. Lo que importa. Mientras, vas disfrutando con las imágenes que te muestra, con las mentiras, con las medias verdades y te lleva por donde quiere. Y luego, cuando se muestra el origen, se te encoge el corazón.
Me hubiera gustado que lo hubieran escrito para mí, de verdad. Sé que no es así, pero el autor tiene a bien contármelo como si lo fuera. Hacerme partícipe de su historia como si estuviéramos tomando un café y se lo agradezco. Por eso me gusta tanto. Cada puntada, cada pincelada está en su sitio y a la vez, te deja fuera de juego. Es un precioso homenaje y una preciosa historia. Espero que la persona a la que se lo has escrito te lo agradezca como mereces.
Hace poco perdí a alguien. Ese: "a veces la quimio gana" me ha llegado al alma porque tengo a otras luchando día a día.
Y bueno... la verdad es que me hace pensar que qué coño hago yo escribiendo y no me dedico solo a leer cosas como esta.
Mi página: Curvas de tinta y tatuajes del alma

Y el aullido del lobo negro se coló bajo la piel nevada de la loba...

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Re: CN3 - Se dan clases de guitarra

Mensaje por Ororo » 04 Ene 2015 16:40

Bendita la locura que nos permite mentir para contar estas historias como nos da la gana.
No soy lo que escribo; soy lo que tú sientes al leerme.

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Re: CN3 - Se dan clases de guitarra

Mensaje por Ororo » 04 Ene 2015 17:35

Divido también en dos el comentario:

1- La historia es conmovedora. Rara, loca, pero visible. De una peculiaridad y simbolismo tremendos. En la primera lectura, sólo me he emocionado. En la segunda, además, he visto clarísimos los signos que en la primera quedaban difusos pero transmitidos. Creo que podría desgranar toda la historia. Cada dato tiene su por qué, aunque eso siempre.
Esto se avisa. Quién me manda a mí leer esto a altas horas de la noche, con la vulnerabilidad que implica :P

2- Pese a la desestructura y constantes intentos del autor por desviarse y desviarnos la atención hablándonos sobre si miente, si espera que ahora viene lo mejor, hacia la mitad, las piezas de la historia encajan.

Además, el autor es un poeta. El texto está plagado de frases preciosas, desde la primera.
Ahhh... la importancia de la primera frase. Y el principio, que es precioso.
La idea de los Requiebros y Lamentos... para cogerte el moflete y apretar :P , y de los geranios ni hablo.
La estrofa que le rompió la garganta, la nuez huérfana de calores, la comparación con Santa Catalina... has utilizado una cantidad de metáforas muy acertadas en mi opinión y sin abusar. Esto se agradece :P

Diría que al principio el texto aparece más deslavazado, más inconexo, más difícil de seguir, obviamente. De hecho, me ha costado un poco meterme en la historia. También he visto párrafos desordenados en el sentido de escribir en un tono y, de pronto, cambiar. Mi impresión ha sido que al principio ibas sin rumbo, hasta que lo has cogido pero bien. Pero vamos, que yo no tengo ni idea de poesía ni de cómo han de hacerse las cosas :P

Por lo tanto, me ha gustado, aunque también me desconcierta y me chirría alguna cosa. Me han gustado muchísimo las metáforas y la elegancia. La ternura también, aunque es normal que al final hayas abusado :wink:
Tengo que decir que los textos dramáticos camuflados y perfumados de metáforas aparentemente inofensivas son una de mis perdiciones. Claro, ahí está también lo difícil: acertar completamente con el gusto del lector.

Me encanta que nos mientas, que avises que mientes, que te arrepientas de mentir y que, al mismo tiempo, sigas haciéndolo. Porque es muy humano :60:

También me gustaría añadir que entiendo el proceso de escritura del relato con todo lo que conlleva.
No soy lo que escribo; soy lo que tú sientes al leerme.

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Re: CN3 - Se dan clases de guitarra

Mensaje por Sinkim » 04 Ene 2015 18:40

Está claro que el autor domina el lenguaje de una forma sublime pero para mí ha resultado, a ratos, demasiado poético :D Pero vamos, el gran nivel que tiene el relato salta a la vista :D
Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano.

:101: RECUENTO 2017 :101:

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Wintermute
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Re: CN3 - Se dan clases de guitarra

Mensaje por Wintermute » 05 Ene 2015 21:07

A mi la lírica escrita me atrapa una de cada mil veces, así que si esto no me ha atrapado bien pueda ser por mi sensibilidad de lechuga (alguien podrá dar fe de ello) y no por falta de calidad. A ratos me ha parecido confuso e inconexo, pero también podría atribuirse a factores propios.

La escritura es demasiado compleja para mi gusto, pero entiendo que es la intención del autor escribir precisamente así; a mi no me gustará pero a otros sí.

Es decir, que objetivamente no tengo nada que criticar, pero subjetivamente... yo nunca como mariscada porque no me va y es cara. A muchos les gustan, pero a mi me tendrían que pagar para que me la comiese...
El cielo sobre el puerto tenía el color de una pantalla de televisor sintonizado en un canal muerto

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