CP X - Rosa, rosae - Tolomew Dewhust (3º Jurado Oficial)

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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lucia
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CP X - Rosa, rosae - Tolomew Dewhust (3º Jurado Oficial)

Mensaje por lucia » 17 Abr 2015 21:17

Rosa, rosae

En la mano izquierda, el poemario de un niño gaditano que empezaba a despuntar en el arte de juntar las palabras oportunas con las que decirle, al que comparte contigo, que te tiene a su capricho. Suspendido en la diestra, el lado más sano del corazón de Valeria, la niña con la que Cristina practicaba a deshoras las letras que el aprendiz de poeta rimaba cuando aquel menos frío sentía.

Porque hacer el amor con Valeria nunca fue objeto de negocio o campaña. A la buena hora en que afloraban las cigarras (para hacer partícipes de sus apetitos más íntimos a todo aquel que quisiera regalarse los oídos con la cadencia y acordes de su melodía), si estabas en la casa de esa niña, debías comulgar con ella y quererla, o humillar tu vergüenza y zarpar.

Aún con algunas letras impresas tiñendo de carboncillo tizón cualesquiera de sus yemas, Cristina se aferró a los labios de Valeria como si la humedad en el rostro de aquella saciara la sed que esa joven sentía desde que fuera chiquita, cuando no era distinta, pero lo parecía. Porque, antes de conocerla, se había sentido verbo intransitivo buscando comunión con otro predicado tan indócil como ella. Antes de amar y ser amada, Cristina creyó ser la arena de una playa desprovista de cometas, un mesías que predica sin milagro y una mañana que se anuncia sin ventanas (y se queda con las ganas de irrumpir y despabilar al inquilino).

Era la hora de las cigarras en la casa de la niña Valeria, por eso ambas, Cristina y la dueña, supieron guiar sus caminos hasta encontrarse bajo las mismas sábanas. Y allí, donde nadie podía dolerlas, se regalaron «te quieros» al alma y otras caricias más sinceras, de esas que no se pronuncian, sino que se dibujan en el cuerpo de la persona que te acompaña mientras consumes vereda (si es que acaso eres sincero cuando admites que la amas).

Cristina descubrió aquella noche que hacer el amor con Valeria era pedirle permiso a la brisa para ocupar sus rincones. Llenar de colores añiles el inmaculado aspecto de las paredes, que no habían presenciado en todo su tiempo un amor tan sentido. Sudar y reír. Hablar un idioma pretérito y, al mismo tiempo, propiciar cicatriz a sus propias heridas. Hacerle el amor a esa niña era extinguir la aprensión que empobrece. Ser cabal y tener suerte. Santiguarse antes de entrar en la cama, descalzarse y rezar.

«Busco una voz desnuda. La propia. La mía. Necesito conocerla como ellos me la describen y tan extraña me resulta si la oigo de otros labios... Pronuncio tu nombre con el firme propósito de retenerte en una mano, pero no me cabes. Te veo marchar por mí descrito, y camino tras de ti. Confiada, deambulas un rato largo hasta este callejón sin farolas donde ahora nos hallamos...

―¿Por qué te escondes en esa sombra?–susurras.
―Necesito verte distante para poder comprenderme.
―Aquí me tienes. Soy, de todos tus verbos escritos, aquellos con los que a los demás sacudes. Lo que paren los poetas es mi nombre.–Me revuelvo, porque no te quiero tan dentro de mis entrañas. Tú lo sabes, y sonríes.
― Y, ¿por qué nadie te sigue?
―Me sigues tú, que es a quien quiero. El único que me faltaba.
―Por tu culpa me llaman poeta...
―Y, ¿qué temes?
―Que sea cierto... Dime, voz mía, ¿en verdad me perteneces?
―Hace un tiempo, así era. Ya no. No desde que hice de tu pluma mi estandarte y de tus lágrimas, mi huella
.»–Declamaban las letras trazadas por el que pasa más hambre de todos los que escriben, en el interior de aquel poemario que palpitaba sobre la mesita de noche como si fuera ropa tendida.

Cristina, la niña que no distinguía las flores, comprendió ese y otros días lo que el poeta narraba. Y sintió como suyo el paño de seda y de nubes que hacía las veces de lecho cuando compartían morada. Y vio a Valeria desanudar sus cordones y su ropa de calle para repartirse con ella, de una sombra, la esquina más sugerente. Después rieron. Por fin se amaron. Llorar sin motivo aparente (más que por sentirse tan libres rozando sus pieles) y dormirse con mil besos de buenas noches, fue el pan suyo de cada día.

Todo eso cupo dentro de una cama. Una y otras madrugadas. Y en la calle llovía y llovía. Y consumieron estaciones. Y los balcones mudaron sus brotes cien veces.

«Siendo mi niña tan niña, me atravesó el corazón como agüita sin muralla.
Y siendo yo más canalla, rimé mi sangre y su alma para estar siempre a su verita».


Porque en los hogares de Valeria nunca hubo ventanas sino balcones, los balcones prendados de flores saludaron a un nuevo día. Y Cristina, que también despertó en aquella casa, lo hizo mojada en sudores y colmada de afecto. Durante las horas a oscuras había barruntado que paría, llegando su ensoñación al punto de fatigarle los músculos del vientre (tan nítida se vio dando a luz a una niña).

Pero, ¿y esa nana? ¿Cómo rimaban aquellos versos sencillos? Ansió recordar. Volver a fantasear con su hija fue el anhelo más profundo, ese y otros días (los que llovía y los que no). Y Cristina y Valeria se bebieron las estaciones. Y los balcones perdieron su fronda mil veces. Y aunque la niña que ya era por ambas soñada no hallaba manera de volver a pronunciarse, la nana inventada para acunarla en los brazos de esas mujeres no cesaba (porque Cristina se empeñó en continuar buscándola a las claritas del día).

«Siendo mi niña tan niña, me atravesó el corazón como agüita sin muralla.
Y siendo yo más canalla, rimé mi sangre y su alma para estar siempre a su verita.

Me bebía las horas por pintar sus mañanas de colores y versos,
ella aguardaba tan sola, que ni del mar una ola vino a rizarle el cabello.

Y comulgué con su nombre, me enamoré de sus manos,
probé de su piel sabores que no se habían inventado».


Porque ya la amaban. Y le dibujaban el rostro en el vaho de los cristales. Sin saberle el color de los ojos adivinaron su nombre, el perfil de su boca... Y la veían cada día asomada en cada hora. Porque la necesitaban como el cuerdo a la mesura o un cordel a su guitarra. Como un pie desnudo busca la arena. Como una barca reemplazada se aferra a su amarre, aunque el marino no la emplea.

Pero, como con soñarlo no basta, también probaron del vaso amargo de los temores. Y un viento más súbito y violento que la galerna les silbó que con sus senos no podrían nunca saciar la sed de los labios de esa chiquita, por más veces que la imaginaran.

Y caminaron. Y preguntaron. Porque lo sencillo en otros pares para ellas era imposible. Y supieron de maneras de (al menos una) convertirse en madre que alumbra. Porque de impartir lenguas muertas en las facultades no se enriquecen los hombres, y eran Valeria y Cristina discípulas del de Halicarnaso y docentes de su «Historia». De la obra de Salustio y Lucio Accio, Cicerón y los Antoninos... Y los intentos de traer junto a sí a una niña a la que ver crecer despacito consumían más recursos de los que ellas disponían.

Es por eso, cuando solo queda amor en los bolsillos (porque el dinero no se tiene), que se aprende a decir «tú primero». ¿Quién se presta a ser su cuna? ¿Qué vientre verá crecer la semilla, si es que los dos lo desean? ¡Maldita ventura de la que queriendo no puede! ¡Malditas las ganas que, aun sabiendo que no deben, se te agarran a las entrañas!

Cuando la copa de vino bebido se había convertido ya en sangre, y no quedaban más poemas de Tibulo por recitarse al oído, Valeria regresó del balcón con sus dos puños cerrados. «Si te parece», musitaba, «descubre entre mis dedos una flor de campanilla y serás tú quien entone la nana de los barquitos de vela. En mi otra mano, una azalea... Venga, tú primero».

Dicen de la Suerte que tiene la dicha de ser pregonera de las causas mayores.

Y Cristina cató, del miedo, sus lindes. Si con una mano buscaba la flor que le diera a una niña, con el resto del alma rezaba y pedía (a quien arriba quisiera escucharla) que fueran para Valeria los pétalos de campanilla.

Valeria... Valeria también cerró los ojos al apreciar el roce de los dedos de la mujer que tanto amaba, abriéndose paso en el interior de su mano más firme. Tres espejos formando un prisma y, reflejados en todos, Cristina: jornadas tratando a Virgilio junto a unos muros atávicos; miradas, temblor y sosiego; lecturas en una terraza; el tercer beso, su segundo abrazo, la primera sábana...

Y sonrió.

Porque la nana que despertaba a Cristina no encontraba punto y aparte. Y fue ella, Valeria, la que compuso los últimos versos. Para que sus dos amores tuvieran canciones.

«Siendo mi niña tan niña, me atravesó el corazón como agüita sin muralla.
Y siendo yo más canalla, rimé mi sangre y su alma para estar siempre a su verita.

Me bebía las horas por pintar sus mañanas de colores y versos,
ella aguardaba tan sola, que ni del mar una ola vino a rizarle el cabello.

Y comulgué con su nombre, me enamoré de sus manos,
probé de su piel sabores que no se habían inventado.

Y ahora la acuno en mi pecho cuando nadie nos vigila
que en mi ser está su lecho, donde se queda dormida
un pedacito de mi vida.
Y ella compone mis rimas, regalándome caricias,
susurrándome sentida que son de la boca mía
los besos que ella quería.

Y en una noche de luna plena, partí mi pecho entre sal y arena,
que si mi vida fue hiel y espuma, contigo es Caleta.
Y en una noche de luna quieta,
parió mi vientre la luz y la bruma que mi alma completa.
Ya no sé cómo cantarte, que eres, corazón caliente,
la razón de todas mis letras
».

Con más lágrimas derramadas de las que caben dentro del cuerpo de ninguna mujer acicalando sus mejillas, no les hizo falta nada más que un beso largo para sellar su destino. Y ya entonces, decidieron que fueran aquellos pétalos de campanilla descubiertos por Cristina en la mano de Valeria, los que inauguraran la primera página del álbum de fotografías que, año y medio más tarde, llevaría por nombre «Rosita».

«Reconciliado con mi voz desnuda, retomamos travesía y charla.

―No me hace falta sentirte para saberte inseguro, poeta. ¿Qué te duele?
―Busco entre mis iguales con escasa suerte, sin hallarme reflejado en ninguna de sus letras. Bien sabes que todos escriben, pero lo hacen de maneras tan dispares...
―Todos escriben... ¿Tan seguro lo clamas? Invéntate una mañana de invierno.–Enredado más por la música que por sus palabras, pronuncié “mañana de invierno” y un balcón desde el cual asomarnos.
―Observa a todo ser que camina. Todos ellos fueron paridos, y han tenido madre o padre. Cuán sencillo y asequible, parece en los días que vives, ser tutor de una criatura. Tú que lo eres, responde, ¿es en verdad tan barato? ¿Tanto como para que todos lo puedan?
―Ser padre no es solo alumbrarlo. Son noches de llanto y de luz encendida, y una cama regada a deshoras. Es probar de su agua cuando te la ofrece en su vaso, y verle cumplir cada día. Es inventarse una nana para cada madrugada... Es eso, y más cosas.
―¿Y aún dudas, poeta? ¿Acaso no intuye tu alma, que mientras otros alumbran palabras, tú las calmas?»–
Perseveraba la voz de aquel hombre, ya sepultada bajo una montaña de cuentos de fantasía, muñecos de algodón y carmesí.

Mientras, en la calle llovía.

―Mamá Valeria, ¿dónde se esconde la azalea que dice mi madre se halla en el rincón más caliente de este balcón?
―Mi vida, ¿sabes guardar un secreto? Antes de que tú llegaras a casa, las únicas flores que siempre tuvimos fueron campanillas.

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Re: CP X - Rosa, rosae

Mensaje por Shigella » 21 Abr 2015 15:52

Este es el relato que me ha dejado totalmente perdida. Según lo iba leyendo intentaba aclarar mis ideas sobre la trama, y cuando lo terminé decidí que a lo mejor va de dos lesbianas que quieren tener un hijo y no pueden. Pero a lo mejor no, doy palos de ciego.

Espero los comentarios de los demás, a ver si me iluminan. :desierto:

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Re: CP X - Rosa, rosae

Mensaje por jilguero » 21 Abr 2015 20:56

Me gusta el lenguaje, su originalidad, como suena al leerlo, su poesía, las imágenes que dibujas, el aire lorquiano. Sin embargo, en esta primera lectura, me ha costado seguir el hilo de la historia y, tal vez por eso, he tenido la sensación de que era reiterativo a ratos. Pero me da que en la relectura va a ganar bastante, porque es ahí, en la lista de relatos a releer, donde está ahora el tuyo, autor. :60:

PD: Shigella, yo he entendido lo mismo que tú y, como ambas podían ser madre, pues ahí andaban viendo quien se encargaba de gestar a la criatura. Pero creo que me he perdido cosas, pro eso lo habré de releer. :wink:
Última edición por jilguero el 23 Abr 2015 21:05, editado 1 vez en total.
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Re: CP X - Rosa, rosae

Mensaje por Sinkim » 22 Abr 2015 02:03

Está claro que su autora domina el lenguaje y el arte de escribir pero para mí es un estilo demasiado recargado :oops: Aunque hay que reconocer que es muy poético y tiene algunas frases muy bonitas :D

Sí, yo también he entendido la historia como decís vosotras :lol:
Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano.

:101: RECUENTO 2017 :101:

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Re: CP X - Rosa, rosae

Mensaje por Wintermute » 22 Abr 2015 22:00

Bueno, pues lo mismo que decís. Yo he entendido que le hacían la fecundación in vitro a una de las dos (o quizás algún método más tradicional).

Debo decir que el liricismo a ratitos hasta me ha captado, pero para este paleto con sensibilidad de lectura, el nivel de poesía le ha acabado superando.
El cielo sobre el puerto tenía el color de una pantalla de televisor sintonizado en un canal muerto

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Re: CP X - Rosa, rosae

Mensaje por Berlín » 22 Abr 2015 23:12

en una noche de luna plena, partí mi pecho entre sal y arena,
que si mi vida fue hiel y espuma, contigo es Caleta.
Y en una noche de luna quieta,
parió mi vientre la luz y la bruma que mi alma completa.
Ya no sé cómo cantarte, que eres, corazón caliente,
la razón de todas mis letras».

A mi es que este relato me da igual llegar a entenderlo del todo. Es de una belleza apabullante. No obstante creo que aparte de esas mujeres que se aman y que se mueren por ser madres también se habla de otro tipo de gestar. El De las palabras. Pero igual me lo invento. Aquí hay un gran poeta, si señor. ¿Quien sera? Poetas no tenemos muchos... :roll:
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Re: CP X - Rosa, rosae

Mensaje por Larús » 23 Abr 2015 19:41

Me ha parecido muy poético, pero reconozco que me ha costado seguir el hilo. No suelo leer los comentarios antes de hacer el mío pero en este caso quería ver qué habían entendido los demás, porque yo estoy un poco despistada :oops: Está muy currado, pero no me ha llega, aunque no me lo tomes en cuenta, autor; merece una relectura, sin duda :60:

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Re: CP X - Rosa, rosae

Mensaje por Gisso » 23 Abr 2015 21:06

Lo siento autor/a pero aquí hay otro lector que no sabe apreciar los sabores que nos ofreces, no tengo paladar para esta clase de historias :oops: . Me supera... Pero prometo volver a leerte este fin de semana para intentar apreciar todos los detalles que se me han escapado. Aun así, no soy jurado así que tienen que ir mis gustos por delante, pero gracias por atreverte con algo de este estilo.

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Re: CP X - Rosa, rosae

Mensaje por jilguero » 23 Abr 2015 21:15

Berlín escribió:
en una noche de luna plena, partí mi pecho entre sal y arena,
que si mi vida fue hiel y espuma, contigo es Caleta.
Y en una noche de luna quieta,
parió mi vientre la luz y la bruma que mi alma completa.
Ya no sé cómo cantarte, que eres, corazón caliente,
la razón de todas mis letras».

A mi es que este relato me da igual llegar a entenderlo del todo. Es de una belleza apabullante. No obstante creo que aparte de esas mujeres que se aman y que se mueren por ser madres también se habla de otro tipo de gestar. El De las palabras. Pero igual me lo invento. Aquí hay un gran poeta, si señor. ¿Quien sera? Poetas no tenemos muchos... :roll:

Y amantes de la Caleta, al margen de servidora, que sepamos en el foro solo tenemos a un poeta y a una poetisa.
A mi es que con eso de que me cultive azaleas y campanillas en el balcón me gana. Pero yo, tratándose de un relato, aspiro también a entender la historia. Algo que espero lograr en la relectura. :wink:
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Re: CP X - Rosa, rosae

Mensaje por Ororo » 24 Abr 2015 13:28

Menudo jardín...

Vamos a ver si nos aclaramos, porque la verdad es que he tenido que leer como 4 veces las primeras páginas para, luego ya, entender la historia. ¿Era necesario complicarlo tanto? Bueno, puede que sí por lo complicado que es todo :P

Veo la historia de Cristina y Valeria y su ansiada hija. De eso no hay duda. También veo que Cristina lleva un libro de un poeta y lee de vez en cuando sus poemas. De ahí que el autor de ese libro se cuele por enmedio y hable sobre su identidad como escritor, sobre su extravagancia quizá, sobre entender su verdadera esencia tanto por sí mismo como por lo que los demás aprecian.

Esa historia que yo he visto del poeta, tan profunda, me ha encantado. Como una especie de crisis existencial
luego no tendrá nada que ver :cunao:


El lenguaje, hermoso porque no cabe duda, a veces ilumina y a veces oscurece.
El hilo se diluye por momentos. Empieza con una historia de amor, mezcla las palabras del poeta; continúa con el ansia de maternidad, mezcla las palabras del poeta y su concepto de la paternidad...

Yo creo que está bastante desequilibrado, pero se ha de leer tal cual. Por lo tanto, pese al final tan generoso de Valeria, que sólo tuvo campanillas, es como subir unas escaleras con los peldaños a distinto nivel a cada paso.

Me ha gustado por un lado y me parece muy difícil hacer esto y que quede bien.
Por otro lado, a veces repite el mismo concepto y a veces sólo se conocen de pasada otros.
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Re: CP X - Rosa, rosae

Mensaje por Dori25 » 24 Abr 2015 13:38

Pues estamos bien porque yo he entendido que Cristina era la poeta y Valeria la musa, la POESIA.
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Re: CP X - Rosa, rosae

Mensaje por Ororo » 24 Abr 2015 13:41

Dori25 escribió:Pues estamos bien porque yo he entendido que Cristina era la poeta y Valeria la musa, la POESIA.

Oye, pues igual tienes razón y el tercer personaje que yo veo es la propia Cristina.
Tampoco cambia tanto la cuestión.

Y me voy a callar otra cosa que he pensado para no levantar la liebre.
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Re: CP X - Rosa, rosae

Mensaje por jilguero » 24 Abr 2015 23:17

Ororo escribió:¿Era necesario complicarlo tanto?

¿La diosa probando su propia medicina? :wink:
Me lo acabo de releer y de lo único que estoy ahora segura es de que la vez anterior no me enteré de mucho.
Hay frases que me hacen levantar el vuelo y, cuando bajo a la tierra, ya he perdido el hilo.
Vamos, que necesito hacer una nueva pasada, a ver si a la tercera va la vencida. :roll:
Y eso, autor, significa que algo falla en tu transmisión o algo en mi percepción
Leyéndote me siento a veces torpe y me da coraje porque me gustaría atravesar tus textos a nado como si fuera un pez y solo consigo hacerlo a tirones como si fuera un camarón. :oops:
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Re: CP X - Rosa, rosae

Mensaje por imation » 26 Abr 2015 00:53

Me ha costado mucho terminarlo. A mí me ha resultado francamente enrevesada, pero.... pero la poesia y la prosa poética me cuestan mucho, por eso no la leo, y no soy capaz de valorarla.
Confundimos información con conocimiento
***
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Re: CP X - Rosa, rosae

Mensaje por jilguero » 26 Abr 2015 08:53

Leo: "Cristina creyó ser la arena de una playa desprovista de cometas, un mesías que predica sin milagro y una mañana que se anuncia sin ventanas" y paro de leer para mirar por la ventana, para asegurarme de que al menos las ventanas físicas siguen existiendo. A esto me refiero, autor, cuando digo que leo algo, levanto el vuelo y tal vez por eso me cuesta no perder el hilo. Pero lo que capto me gusta mucho y por eso vuelvo, y vuelvo, y vuelvo... :D
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