CI 1 - Los voladores - Tolomew Dewhust

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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lucia
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CI 1 - Los voladores - Tolomew Dewhust

Mensaje por lucia » 15 Oct 2015 11:48

Los voladores

Respondió que sí y el cielo se partió en dos. Y el niño se entregó a la negrura.

Y comenzó a descender rápido, muy rápido. A su alrededor todo era carencia: el vacío, la nada. Y rodeado por aquella espesura apagada en la que los días se sucedían sin remedio, incapaz de distinguir la noche de su opuesto ni el avanzar de las horas, se olvidó de quién era.

Se hundía, y continuó hundiéndose largo tiempo. Y se dormía mientras se distanciaba del firmamento, y, cuando despertaba, lo hacía implorando que ya era suficiente, porque durante la caída experimentó el miedo y la nostalgia, y perdió la consciencia cien veces.

Y ya sin saber si subía o bajaba, fatigado, abatido, triste y al borde de la locura, una voz infantil acudió en su auxilio durante uno de sus sueños, pronunciando un nombre, el suyo, el que había olvidado cuando empezó aquel descenso por entre las nubes: «Khalan, Khalan… Ya es suficiente, Khalan. Por favor, hermano, no te levantes». Ese era su nombre, aquel, su rostro. Y Khalan recuperó durmiendo lo que el desplome le estaba arrebatando, su identidad.

Y así fue como recordó que en el amphoe de Umphang (un pequeño distrito de la provincia de Tak, en Tailandia), o se convertía a sus seis años y medio en todo un héroe para los suyos, o no tendrían más alternativa que alimentarse del barro. Y se supo célebre entre su gente, sirviendo de sparring para los luchadores de muay thai que siempre le superaban en tres o cuatro años de edad, pero ante los que se mostraba recio, firme, infatigable… Treinta segundos de pie equivalía a una botella de leche. Si era capaz de encajar durante dos interminables minutos los golpes de su oponente, esa noche cenaba caliente toda su familia.

Y el recuerdo de su hermano pequeño le aportó valor. Pero volvió en sí, seguía cayendo. O tal vez no caía, quizá flotara. Había perdido el sentido de la orientación e ignoraba si de verdad se desplazaba o se mantenía inmóvil. De lo que sí era consciente era de estar experimentando un dolor extremo y constante, un padecimiento desmedido debido a la resistencia que su cuerpo ofrecía al aire. Tanto era así, que temió incluso alcanzar el punto de ignición y prender en llamas, de tan vertiginoso como estaba siendo el descenso.

Su propio ser se oxidaba, y pronto comenzó a transformarse en algo… distinto: los jirones de ropa deshilachada golpeándole la espalda le produjeron úlceras, perdió todo el cabello y sus uñas se le desprendieron de la carne. Se le desunieron del tronco los órganos genitales, que fueron absorbidos por el negro mar que lo rodeaba. Una luz cálida ocupó el lugar de sus piezas dentales y, donde una vez hubo pupila e iris, emergió una única y minúscula mancha gelatinosa de color anaranjado.

Y se le ocurrió gritar, pero perdió la voz haciéndolo, y aún tuvo ocasión de recuperarla y volverla a perder nuevamente, pero era en vano. Y al comprenderlo, erradicó de sí todo miedo, se convirtió en flama, fue calor, ardió… Hasta que el hambre lo afligió.

Ya famélico, en el instante en el que sintió a su estómago romperse en dos mitades y a su mente someterse a la locura, Khalan fue alimentado. Alrededor de su cuerpo consumido por las brasas y a lomas del viento aparecieron grafías de diferentes maneras y estilos. Algunas, las menos, las reconoció como letras que conformaban palabras en su propio idioma, la inmensa mayoría, sin embargo, eran representaciones del todo desconocidas para el chico, pero que igualmente consumió para calmar con ellas su voraz apetito.

Khalan Na Som engulló caracteres durante semanas y, ya saciado, sencillamente dejaron de aparecer. Fue entonces cuando sus labios, apéndices estériles que no volvería a necesitar pues se había alimentado ya por siempre, se sellaron como consecuencia del intenso calor que irradiaba todo su cuerpo. Del mismo modo, la piel de sus antebrazos que mantenía unidos al tronco también se le derritió, adhiriéndose a este y formando así un todo, una sola cosa.

De lo que una vez fue su ombligo brotó un tallo gomoso y anaranjado. Sus manos lo palparon y terminaron arrancándolo, brotó de nuevo y fue segado, y volvió a emerger. Y se acostumbró al tacto viscoso de esa sustancia tan rara que se empeñaba en salir de sus entrañas, con la que aprendió a crear mil formas distintas.

Y se hizo fuerte, se hizo ágil. Y una voz distinta a todas, una voz más grande que el cielo se le manifestó estando él despierto y le dijo: «Tus ojos no verán otra luz, Khalan. Seréis uno». Y finalmente, ya consciente de lo que era, se convirtió en una lanza que se precipita en vertical.

Fueron mil, mil los días exactos que ocupó en caer, y el día de su décimo cumpleaños prendió la sustancia gomosa y anaranjada que tenía por ojos para permitirle, primero, observar los límites del abismo al que se dirigía, después, estremecerse por lo que le aguardaba allí abajo: un mundo completamente gris, burbujeante y gris. Un lugar plano conformado por millones de diminutas y frágiles pompas de jabón de color gris translúcido. Un mundo que se le antojó horrible.

Y supo que su propósito era encontrarla, ser junto a ella uno solo, y aunque los ojos de Khalan no distinguían más tonalidad que el gris allá por donde miraba, a lo lejos, entre la amalgama monótona y ceniza de esferas, halló una de su mismo color. Fue la primera vez que la vio. A ella. A la burbuja naranja.

Se llamaba Czeslawa Boniek, tenía trece años. Aquella mañana no había sido diferente de las que venían sucediéndose desde el último lustro: el mismo centro educativo, los mismos compañeros y los mismos seis números garabateados en su antebrazo izquierdo con un rotulador de tinta permanente. «La superviviente», le gritaban por los pasillos mientras ella buscaba una sombra tras la que ocultarse y desaparecer.

Porque no había en la ciudad de Leszno ni en todo el sudeste de Polonia un demonio más cruel que el que había poseído el diminuto cuerpo de Czeslawa. Un demonio terriblemente poderoso que le instaba a mirarse en los espejos y a romperlos, que le forzaba a coger los fragmentos de cristal esparcidos por el suelo y a buscarse dentro del reflejo distorsionado que le era revelado. Un demonio que le invitaba a llorar sin descanso, que le obligaba a no ingerir alimento sólido alguno, que le tenía prohibido comer. Nada, nunca.

Se había saltado las dos últimas clases con la esperanza de que su padre no hubiera regresado a casa todavía. El hombre seguiría probando fortuna en la zona franca de la ciudad, ofreciéndose como mozo de descarga a los transportistas que ejercían sus servicios en el cinturón industrial. De su madre no atesoraba Czeslawa recuerdo alguno. Había muerto al poco de parirla, según le había confesado su padre una tarde de lluvia incesante.

Descorrió las cortinas y alzó la persiana. Acercó una silla a la ventana de su habitación y la atravesó. Sobre la cornisa, a nueve metros de altura del asfalto, la chica cerró los ojos. En su cabeza, la voz del demonio era limpia, el ultimátum, simple: «¡Salta!»

Y Khalan comprendió que el tiempo que le había sido otorgado estaba más que medido. Abrió con extrema dificultad sus brazos en cruz y comprobó que de sus axilas pendían pliegues de piel semi derretida, que, al tensarse, se desplegaron como el trapo que gobierna a un velero para navegar sobre el infinito azul. Y dejó de caer, había aprendido a volar.

Ella exhaló una última vez y se arrojó al cemento, y como una estrella fugaz que perfora la atmósfera, Khalan atravesó a Czeslawa justo en el instante en el que los pies de la chica se despegaban de la cornisa.

Y al entrelazarse fueron uno, se conocieron. Khalan inclinó su cabeza y le prometió no hacer de ella una marioneta de papel, al contrario, la voluntad de esa niña sería a partir de entonces el único sendero que él transitaría. «Sea yo tu mejor siervo. Seas tú mi única dueña», le repetía sin pronunciar palabra, pues carecía de labios y de voz. Y al verse arrojados por la ventana, suspendidos en el aire al borde de la nada y muy cerca de su muerte, gritó: «Si es tu capricho muramos, pues yo ya he vivido y subsisto tan solo para servirle a tu nombre. Mas, si es tu deseo luchemos, que haré de ti mi mayor meta».

Y mientras pronunciaba palabras en vano, de sus tripas surgió raudo aquel tallo gelatinoso y anaranjado que echó raíz en el vientre de la niña que los uniría ya por siempre, y sintieron ambos, uno el peso del otro: la chica, descolgada por la ventana y a plomo, amarrada sin saber a qué pero percibiendo un vínculo único y nuevo que le constreñía el estómago. El joven, dentro de un dormitorio mal decorado con princesas de cuento de final incierto, con sus pies contra el marco de la ventana y jalando del lazo invisible que lo mantenía unido a la muchacha de color naranja. «No me hagas esto», repetía para sí, «No me hagas esto».

Y la niña colgaba del aire sujeta al vacío, y una señora que paseaba a su perro alzó la vista y la vio, recogió del suelo al animal y se marchó con paso ligero mientras se santiguaba. Y Czeslawa miró hacia atrás y no vio a nadie, pero le supo allí, combatiendo al mal que la asfixiaba por dentro, y, aunque ella se arrepintió e intentó retroceder, ya era tarde, porque el demonio se había confabulado con la gravedad y ambos los invitaban a caer y a morir.

No era este el primer demonio que había conocido Khalan. «¡No te levantes!», le había gritado su hermano desde la esquina de su último cuadrilátero, «¡No te levantes, Khalan!». Demasiados golpes en su rostro e innumerables heridas abiertas repartidas por su cuerpo hacían presagiar una lenta y dolorosa recuperación, no merecía la pena continuar. Una lesión de gravedad que le impidiera luchar al día siguiente, y él y los suyos padecerían hambre. Por eso no se levantó. Al menos, no voluntariamente, pues una mano más fuerte que su suerte, un demonio invencible llamado Destino le cogió por la garganta y lo puso en pie. El rodillazo que recibió en la cabeza fue tan desafortunado como certero, arrebatándole al momento la vida. Khalan sin embargo no acusó el golpe, una Fuerza tan grande como las mareas decidió entonces teñir la burbuja gris que hasta ese instante lo envolvía, de un color vivo y naranja, convirtiéndolo así en un volador.

Y en el fragor de la contienda las manos de Khalan inventaron sendos lazos gelatinosos que se aferraron a las muñecas de Czeslawa, la que, aterrada, comprobó cómo una fuerza sobrenatural tiraba de sus extremidades hacia la seguridad del interior del edificio.

Y una vez dentro ella lloró hasta perder el conocimiento. Y creyó oír a su padre rezando por ella en la habitación contigua y quiso reunirse con él y pedirle perdón, pero el sueño la pudo y se derrumbó.

Pasaron los días y la niña penaba. Y el ángel combatió al demonio hasta la extenuación por el día y por la noche, dentro del corazón de Czeslawa y fuera de él. Y Khalan la acercaba a la cocina. Y el demonio la empujaba hasta el aseo. Y pasaron la primavera y el verano, y, siendo otoño, la niña estuvo al borde de romperse para siempre. Su cuerpo se estremecía pidiendo clemencia pues quería comer y no podía, quería morir y no le dejaban. Zozobró, se hundió y no quiso volver a levantarse…

Y Khalan, sintiéndose fatigado y más débil que aquel diablo que engañaba a la chiquilla, sin más recursos que su inquebrantable voluntad y observando el dolor que ella padecía, recordó la única instrucción que le había sido revelada en el momento en que aceptó arrojarse al abismo, por aquella voz que parecía provenir del mismísimo universo: «Será una batalla sin leyes».

Estando ella febril y en cama la besó en la frente, Czeslawa apenas sí reunía fuerzas para continuar respirando. A su lado, el chico se descosió la boca y dejó escapar palabras compuestas por las grafías que tiempo atrás había ingerido, que pertenecían al mismo idioma con el que su protegida se comunicaba. «Alma que duermes conmigo y que ahora también es la mía, he venido a romper las cadenas de quien te enjauló dentro de este castillo, que es vendaval. Descansa serena y respira, que yo velaré en tus horas oscuras».

Czeslawa despertó vencida. Vagó sin acierto algún tiempo y vomitó al demonio seis veces. Comió durante muchas tardes y vomitó otras tantas madrugadas. Y fue así hasta que su alma se reconfortó con una de las oraciones que su padre le había enseñado siendo ella tan solo una niña de pecho: «Cuatro esquinitas tiene mi cama y, tú, mi angelito, quien me la guarda». Y repitiendo una y otra vez y cada vez más fuerte aquella plegaria, cerró los ojos y se palpó el vientre, y, aun sin verlo, se estremeció al rozar el etéreo cordón umbilical que la mantenía unida a un niño ángel.

Ya serena, esa noche la niña visitó la habitación de las oraciones, la de su padre. El hombre, consumido en vida por ver a su hija morirse de hambre, sonrió al verla distinta y la rodeó con sus brazos. «Papá...», dijo Czeslawa, «...duerme y descansa tranquilo, y deja que ahora sea yo quien cuide de ti».

Unos ojos verdes observaron la escena desde el rincón más oscuro de la habitación. Los ojos de aquel ser que impelía al padre de Czeslawa a levantarse cada día y conseguir los recursos necesarios para que ambos subsistieran, el que colocaba una fotografía de la niña en su bolsillo cuando se sentía desgraciado, el que le impulsaba a nutrir de comida la despensa, por más que luego esta terminara pudriéndose. Aquel ser que, con su vaho divino, había humedecido la pólvora del cartucho con el que pretendió volarse la cabeza el día en que su mujer le dijo que se marchaba de casa, porque no quería volver a saber nada de él ni de su bebé.

Khalan se giró extrañado. Asintió. No podía verlo pero lo percibía cerca. Sí, en una de las esquinas de aquella pequeña habitación, otro volador sonreía.

Y antes de entregarse por completo a ese valle de calma que era la compañía de su hija, el padre de Czeslawa pronunció por última vez: «Tú que procuras luz a mi camino, mi guía y consuelo, ¡gobierna en mí!».

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Sinkim
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Re: CI 1 - Los voladores

Mensaje por Sinkim » 23 Oct 2015 11:06

Junto con “La niña en el árbol” el menos infantil de los relatos del concurso. La idea me parece muy, muy buena pero, a veces, se hace difícil de seguir incluso para nosotros como para intentar que lo lea y lo entienda un niño de 12 años :D

Este relato hubiera tenido mucho mejor acogida en un concurso de Halloween :D
Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano.

:101: RECUENTO 2017 :101:

Shigella
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Re: CI 1 - Los voladores

Mensaje por Shigella » 23 Oct 2015 13:59

Sinkim escribió:Junto con “La niña en el árbol” el menos infantil de los relatos del concurso.
Junto con "La niña en el árbol" el más perturbador y pesadillesco de los relatos del concurso.

Vamos con el comentario:

¿WTF es una palabra aceptada por la RAE o aún no?
Bueno, voy a hacer un esfuerzo para intentar comentar algo coherente de esto…
Creo que un relato para niños sobre la anorexia para aprender a identificarla a tiempo y evitarla hubiera sido un gran acierto, sobre todo si se hubiera conseguido llegar a los niños con un relato de esa temática.
Quizá este comentario no tiene mucho que ver con tu relato pero es que no sé qué más comentar. Me he quedado muerta. MUERTA.

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Ororo
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Re: CI 1 - Los voladores

Mensaje por Ororo » 23 Oct 2015 14:52

zLos voladores.jpg
No tiene los permisos requeridos para ver los archivos adjuntos a este mensaje.
No soy lo que escribo; soy lo que tú sientes al leerme.

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noramu
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Re: CI 1 - Los voladores

Mensaje por noramu » 23 Oct 2015 16:35

Empiezo a comentar por este porque lo acabo de terminar y he tenido que venir corriendo a leer los comentarios del resto para ver si me iluminaban. Este concurso, para puntuar me he hecho una tabla de diferentes valores. En este relato he tenido que añadir el de " incomprensión" La idea, original, bien redactada y despierta interès. Adecuación al vocabulario más o menos infantil: nulo.
Si se tratara de un concurso de relatos de adultos, intentaría leerlo y releerlo hasta poder entenderlo, ya que si no lo he hecho se debe a mis limitaciones. Pero como nos hallamos en un concurso infantil, creo que si yo no he entendido ni jota, los infantes menos. Lo siento autor, en mis comentarios no te he puntuado porque considero que no te adecuas en absoluto a la temática. Y no porque no sea bueno. Eso no soy quien para ponrlo en duda. Pero ahora mismo soy una niña que quiree disfrutar leyendo cuentos infantiles :60:

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Tolomew Dewhust
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Re: CI 1 - Los voladores

Mensaje por Tolomew Dewhust » 23 Oct 2015 18:00

Imagen

Aaaaay, truhán... Qué picantón... Bueno, se te ha ido un pelín la mano, ¡y lo sabes! La historia bien. La primera mitad regulera en cuanto a redacción, pero cuando aparece la niña la prosa se hace más sencilla y mejora tela.

Quizá para otro concurso, chavalote :60:.
Tengo un castillo con ventanas a la mar y una puerta sin portal,
si te gusta, es tu castillo.

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Re: CI 1 - Los voladores

Mensaje por jilguero » 23 Oct 2015 18:15

Ella:
¡Qué pena! Yo pensaba que este cuento iba de Rat y sus amigos de las cuevas. :alegria:
Pero lo peor de todo es que no me entero bien de lo dice este cuento… :roll:
autor, creo que fuiste un niño muy espabilado y no te has sabido poner al nivel del resto de los pequeñajos. :60:
El esfuerzo para llegar a las cimas basta
para llenar un corazón de hombre



Los hilos de Ariadna :60: El niño del tirachinas

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Re: CI 1 - Los voladores

Mensaje por Shigella » 23 Oct 2015 18:18

Tolo,en el relato de Tadso también pega una imagen como esa. Es una observación, nada más. :roll:

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Re: CI 1 - Los voladores

Mensaje por Topito » 24 Oct 2015 09:41

Es un cuento para adultos, imposible de que un joven de 12 años (edad máxima en el rango de cuentos, lo pueda entender).

Este es el que dije si era de Ororo (para meterme con ella indicando que había leído uno wue no me había enterado de nada). Para el concurso de primavera lo veo bien, pero para este no.

Perdón por reiterarlo.

Me gusta mucho la frase inicial y tienes párrafos muy interesantes. Es un relato para leer con calma.
Te soy sincero, de la mitad al final, lo leí ya en diagonal, pues no lo veía para este concurso y teníamos muchos que leer. Ya lo haré con tranquilidad y te comento.
leyendo: Haruki Murakami
leyendo cuentos: Zuñiga, O´Connor, Fitzgerald, Chéjov, Matute

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Re: CI 1 - Los voladores

Mensaje por Elisel » 24 Oct 2015 12:49

Shigella escribió:Creo que un relato para niños sobre la anorexia para aprender a identificarla a tiempo y evitarla hubiera sido un gran acierto, sobre todo si se hubiera conseguido llegar a los niños con un relato de esa temática.
¿Anorexia? :shock: Jo, yo en este concurso no me estoy enterando de nada. Entre la anorexia y el león gay... Menos mal que me leo los comentarios de Shiguella y me aclaro :lol:

Infantil no es. O no me lo parece al menos. Pero me ha gustado. Me parece duro y algo abstracto. Un buen relato... aunque tal vez más para adultos :wink:
Leyendo: Un abogado rebelde (John Grisham)

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Re: CI 1 - Los voladores

Mensaje por Shigella » 24 Oct 2015 12:55

Bueno, no es el tema central, pero la chica es anoréxica.

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Re: CI 1 - Los voladores

Mensaje por Elisel » 24 Oct 2015 12:58

Shigella escribió:Bueno, no es el tema central, pero la chica es anoréxica.
Pues yo lo del demonio que la incita a no comer me lo he tomado más o menos de forma literal y he pensado que era superviviente en alguna guerra, donde comida precisamente no sobra y que por eso estaba pasando hambre :roll:
Leyendo: Un abogado rebelde (John Grisham)

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Re: CI 1 - Los voladores

Mensaje por noramu » 24 Oct 2015 13:04

Yo también he pensado más en la guerra que en la anorexia :?

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Re: CI 1 - Los voladores

Mensaje por Shigella » 24 Oct 2015 13:10

Pues entonces ya no sé qué salvar de este relato.

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Re: CI 1 - Los voladores

Mensaje por elultimo » 24 Oct 2015 13:51

Esto no es infantil.

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