CI 1 - Aovillarse (Mención especial Jurado, 3º Pop) - Ororo

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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lucia
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CI 1 - Aovillarse (Mención especial Jurado, 3º Pop) - Ororo

Mensaje por lucia » 15 Oct 2015 14:31

AOVILLARSE

1
—Aovillarse es hacerse un ovillo —dijo la profesora, y se sentó frente a la clase sonriendo abiertamente. Todos se quedaron mudos sin saber qué contestar. Ninguno de los niños del aula tenía ni idea de lo que quería decir la señorita nueva.
—¿Y sabeis lo que es un ovillo? —volvió a preguntar con voz dulce mientras levantaba una ceja.
—¿Como un ovillo de lana? —preguntó tímidamente Penélope.
—Por ejemplo un ovillo de lana, muy bien —contestó la maestra mientras mordisqueaba la punta de su lapicero. Parecía que, mientras lo hacía, estaba pensando algo muy interesante.
La clase había empezado hacía diez minutos y, desde el principio, todos los niños creyeron que era una persona bastante rara pero al mismo tiempo les gustaba. Se llamaba Elisa y había pasado mucho tiempo en el extranjero, según había contado. Era joven y la melena de color rubio platino, casi blanco, le llegaba hasta la cintura.
—¿Y sabeis cómo se forma un ovillo? —volvió a preguntar. En ese momento sí que se hizo el silencio más absoluto. No se recordaba tanto silencio desde que el director del colegio había pillado a Gabriel pretendiendo volar desde el alféizar de la ventana del aula de música. Según Gabriel, le habían salido alas y quería salir volando. Algo lógico para alguien que cree que tiene alas, pero muy peligroso para quien cree que no las tiene.
La señorita Elisa miró fijamente a cada uno de los dieciocho niños que componían la clase. Entre ellos vio caras de sorpresa, de impaciencia, aburrimiento y una que le llamó la atención. Un niño de ojos grandes y marrones, con las pestañas larguísimas, parecía estar perdido en sus pensamientos.
—¿Cómo te llamas? —le preguntó señalando con la punta del lapicero mordisqueado.
—¿Quién, yo? —se sorprendió el niño mirando hacia ambos lados.
—Sí, tú —replicó la profesora asomando la mirada por encima de las gafas. La verdad es que esas gafas de pasta negra que llevaba la profe parecían de mentira. No sabía muy bien por qué pensaba eso, pero así era. Parecían gafas de las que se compran en cualquier tienda de artículos de broma y no llevan cristales.
—Adán. ¿Y tú? —se atrevió a preguntar.
—Eva —rió la profesora. En ese momento una carcajada general estalló en el aula. La tensión que se había creado por la pregunta tan rara de la señorita desapareció y todos se encontraron de pronto más alegres y relajados.
Estaban tan contentos como el día en que a Nicolás, un niño un poco lunático, se le ocurrió ir a clase con un telescopio. Era de su padre y contó que podían verse muchas estrellas y constelaciones donde habitaban seres extraterrestres, incluso marcianos. Don Gerardo, el profesor de Historia se enfadó muchísimo porque, según él, ese colegio no era lugar para jugar a ver estrellas. Nicolás no entendía por qué don Gerardo se había enfadado tanto y acabó llorando, gritando y dando vueltas sobre sí mismo sin parar cuando, en uno de esos giros, se llevó por delante sin querer al profesor, que cayó al suelo y se quedó patiabierto y con un chichón en la cabeza. Todos se rieron mucho en ese momento, pues creían que había recibido su merecido.
—Yo soy Elisa. Me he presentado al llegar, pero veo que estabas tan perdido en tus pensamientos como ahora mismo, Adán —retomó la conversación la señorita.
—Seguramente —añadió el niño con una media sonrisa llena de timidez.
—Bueno, dime, Adán, ¿cómo se forma un ovillo? —insistió la maestra.
Adán se quedó unos segundos mirándola fijamente a los ojos. Tenía unos ojos preciosos la señorita. Eran verdes y alargados como los de una pantera que viven en las selvas de la India, según el libro de animales que tanto le gustaba. Si hubiera tenido el pelo oscuro se habría parecido mucho más.
—Pues un ovillo se forma a partir de un hilo. El hilo se va enroscando sobre sí mismo una y otra vez hasta que se forma una pelota.
—¡Bravo! —gritó de pronto la profesora—. Muy bien explicado.
Adán apartó la mirada con un poco de vergüenza por las alabanzas, pero se quedó igual de sorprendido que el resto de sus compañeros al no entender qué quería decir la señorita con todo eso de ouvillarse.

2
Al día siguiente no les tocaba clase con ella, así que no ocurrió nada nuevo.
Doña Gloria, de Matemáticas, castigó una vez más a Virginia por intentar borrar de la pizarra la lección de conjuntos que acababa de dar. A Virginia no le gustaba ver conjuntos de elementos y números encerrados. Prefería que todos pudieran jugar juntos, por eso cogió el borrador y luego dibujó un gran conjunto que contenía todos los elementos. Eso enfadó mucho a doña Gloria, que era muy ordenada, y la castigó a contar peras y manzanas cada tarde al salir de clase.
Don Gregorio tiró a la basura el libro de la semana como venía siendo habitual en clase de Lengua. Cada semana rompía un libro que consideraba malo para ellos y les hacía jurar a todos que nunca jamás lo leerían, porque ellos eran diferentes y no podían estar todo el día fantaseando. Ese día tiró Momo, pero ellos, también como cada semana, se apuntaron a escondidas el título del libro para buscarlo más adelante y leerlo.
Y don Gustavo continuó con su eterna batalla sobre cómo seguir los pasos de la tabla de gimnasia ordenadamente y en fila india, no a lo loco y haciendo el indio, como pretendían muchos de los niños. Entre ellos jugaban a inventarse una canción y a hacer los ejercicios de gimnasia a su aire, porque seguir el ritmo de don Gustavo era muy aburrido. Todo el rato igual: derecha, izquierda, derecha, izquierda…
Sí, digamos que el día pasó con total normalidad.
A los dieciocho niños de la clase, bueno, del colegio entero, porque no había más estudiantes que ellos, el edificio se les quedaba muy grande. Vivieron uno más de sus días grises y aburridos en ese edificio antiguo con, según el director, mucha historia por dentro y por fuera.
Había sido una antigua biblioteca y, después de haber servido como hospital durante la guerra, pasó a ser un colegio. Estaba construido con piedra blanca, pero la verdad es que ya no relucía como en las fotos que habían visto colgadas en el despacho del director. Cuando les llamaba para castigarlos, aguantaban la charla mirando las fotos en blanco y negro de las paredes. El paso de los años, las lluvias y la suciedad habían cambiado completamente la imagen del edificio. Los muros se veían grises y se habían roto algunas de las figuras de la fachada principal, como unos pequeños angelitos tocando el arpa y otras figuras más grandes y alargadas que daban un poco de miedo. Tampoco quedaba ninguna de las señoras medio desnudas que habían adornado la puerta principal y que tanto le gustaban a Adán.

3
Llegó el jueves y con él la clase de la señorita Elisa. Estaban todos muy emocionados porque era la única que les sonreía y, lo más importante, la única que parecía escucharles. A pesar de que no la entendían muy bien cuando hablaba, les parecía simpática. Cuando la profesora llegó al aula, les pilló discutiendo.
—Entonces, ¿qué dijo la profe que era uviallarse?
—¿Uviallarse? —Penélope soltó una carcajada—. Anda, que no te enteras Nicolás, se dice avoillarse y significa…
—Eso, ¿qué significa, lista? —preguntó Nicolás con burla.
—Pues… —dudó Penélope—, pues significa que…
—Significa que te haces un ovillo —contestó la profesora que ya había entrado en clase. Todos los niños se dieron un susto de muerte y, sobresaltados, corrieron a sus pupitres.
—Y también es una palabra mágica —añadió la señorita Elisa sonriendo y dejando los libros y el bolso encima de su mesa. Se hizo el silencio por unos segundos pero, de pronto, un murmullo empezó a escucharse en la clase.
Sorprendidos por la respuesta, unos se taparon la boca por si pronunciaban la palabra mágica sin querer y otros abrieron tanto los ojos que casi se marearon. En aquel colegio nadie hablaba de estrellas, de mezclar conjuntos, de volar o de bailar… ¿Cómo se le ocurría a la señorita Elisa hablar de magia?
—Antes de que me lo pregunteis, os lo voy a explicar yo —continuó la maestra—. A-o-vi-llar-se es una palabra mágica siempre que se use en el momento oportuno. —Empezó a caminar por el aula—. Pero teneis que aprenderla bien, puesto que un mal uso puede provocar el efecto contrario al deseado. ¿Entendeis lo que es eso?
Silencio. Y la señorita Elisa estaba harta de oír el silencio. Por los pasillos, las escaleras, la sala de profesores…, por todo el edificio lo único que escuchaba era el silencio. Lo normal era que en un colegio con niños hubiera risas, bromas, carreras por los pasillos y todo eso, pero aquel lugar era diferente. Parecía una cárcel. Por eso lo había elegido.
—Bien. Mirad atentamente. Voy a enseñaros, porque a eso he venido.
La maestra se puso de espaldas a toda la clase, mirando de frente la pizarra. En ella alguien había escrito con tiza el nombre de Adán, el suyo, Elisa, y había dibujado un corazón. La maestra sonrió: seguramente Virginia se había saltado las normas de nuevo y había creado un conjunto nuevo.
—A-o-vi-llar-se, recordad, a-o-vi-llar-se significa hacerse un ovillo. ¿Y cómo hacemos eso? —La profesora sintió en ese momento los ojos de los dieciocho alumnos clavados en el cogote—. Pues como bien dijo Adán el otro día, como si fuéramos un hilo, nos acurrucamos poco a poco, doblando la espalda, doblando las piernas y luego los brazos. Y, cuando nos damos cuenta, somos una pelotita. ¿Lo veis?
Los chicos no salían de su asombro. Se levantaron todos de las sillas para poder ver. La señorita se había hecho un ovillo y estaba en el suelo acurrucada abrazándose como un gatito cuando tiene frío. O como un bicho de bola cuando lo tocas con el pie.
—Y ahora —prosiguió—, sólo teneis que pensar con muchas fuerzas qué quereis conseguir y decir la palabra mágica.
En ese momento, las persianas de las ventanas cayeron y se cerraron, las luces se apagaron y se quedaron completamente a oscuras. Las sillas de los niños empezaron a tambalearse y a levantarse del suelo. Estaban todos nerviosísimos pero, al mismo tiempo, disfrutando el momento. Se oyó susurrar a Elisa con una voz que no parecía suya y, de pronto, la silla de Gabriel se levantó más que las demás y comenzó a flotar por el aire. A volar. Fue a parar al lado de la profesora y allí, a su lado, se posó en el suelo.
—¡He volado! ¡He volado! —gritó Gabriel como un loco. Y todos sus compañeros empezaron a aplaudir y a gritar su nombre.
—¿Ves, Gabriel? Sólo es cuestión de creer. —Le guiñó un ojo.
El pobre niño no salía de su asombro. La profesora le había hecho volar y, lo que era mejor, le había enseñado cómo hacerlo.

4
Esa misma tarde los dieciocho convocaron una reunión después de clase en el jardín próximo al colegio. A todos les brillaban los ojos de una forma especial y sus caras parecían haber envejecido algunos años. Virginia llegó después de una hora de castigo y se sentó en el césped junto a Penélope, que llevaba un buen rato esperándola.
—Ya estamos todos —anunció Gabriel. A su derecha estaba sentado Nicolás que se entretenía mirando el firmamento a través de un tubo de cartón —. ¿Quién quiere probar con la palabra mágica?— preguntó seguidamente.
—Yo misma —contestó Virginia decidida—. Parece sencillo. Repasemos: la seño lo que hizo fue encogerse como una pelota, decir la palabra mágica y pedir un deseo, ¿no?
—Sí –contestó Adán con decisión.
En ese momento, pareció que el tiempo se paraba. Sólo escucharon el viento moviendo las hojas de los árboles y el continuo murmullo del río. Virginia se levantó y se sacudió los restos de hierba del pantalón. Se separó un poco del grupo y fue encogiéndose como había visto hacer en clase a la señorita Elisa. Dobló todo su cuerpecito hasta convertirse en una pequeña bola. En ese momento se concentró y susurró:
—A-o-vi-llar-se.
En ese mismo instante, se reincorporó y empezó a caminar. Todos la siguieron y, al cabo de pocos minutos llegaron al río. Las pisadas de Virginia eran decididas y su mirada segura. Llegó a la ribera del río y se descalzó. Metió los pies en el agua pero, en lugar de sumergirse, comenzó a caminar por encima de ésta. Todos los demás aplaudieron entusiasmados.
—¡Ha podido!
—¡Bravo, Virginia!
—¡No se hunde!

5
Iban todos los niños celebrando el triunfo de su amiga gritando, gastándose bromas, corriendo por el camino hacia sus casas cuando se encontraron con algunos de los profesores cuando se acercaron colegio. Al escuchar tal algarabía habían salido para ver qué estaba pasando.
—¿Qué está ocurriendo aquí? —preguntó don Gerardo con el ceño fruncido.
—¿Por qué pregunta eso? Venimos de pasar un rato en el río —contestó Adán.
—¿Sólo eso? ¿De pasar un rato en el río? —Don Gerardo habló imitando la aguda voz de Adán burlándose de él.
—¡Sí, sólo eso! —gritó para defenderse—. ¿Podría dejarnos en paz por una vez? No estamos en su asqueroso colegio para niños especiales.
—¿Cómo te atreves a contestarme así? ¿Especiales? —se rió don Gerardo—. Querrás decir para niños raritos con problemas para afrontar la realidad, que es lo que sois, panda de desvergonzados.
La mayoría de niños se echaron atrás ante las palabras y enfado del profesor. No querían problemas con él, pues ya sabían cómo se las gastaba. Llamaría a sus casas, se reuniría con sus padres y les convencería de que tenían que seguir algunos años más en aquel colegio-cárcel hasta que les borraran el cerebro. O les recomendarían ir a un psicólogo de esos a contarle su vida. O, peor, ponerles inyecciones.
—¡No! —gritó de pronto Nicolás—. ¡Se acabó! ¡No tenemos miedo de sus palabras!
—¡Ya nunca más! —se sumaron Penélope y Virginia.
Don Gerardo, don Gustavo y doña Gloria se quedaron como una piedra ante esas contestaciones. Esos niños tendrían su merecido.
—Doña Gloria, vaya inmediatamente a buscar a doña Elisa. Está claro que desde que llegó estos niños se han revolucionado.
—No hace falta que me vengan a buscar —contestó Elisa—. Aquí estoy. No doy crédito Gerardo. ¿Qué está ocurriendo aquí? Son niños, vienen de jugar del río y…
—¿Y eso les quita toda la culpa? ¿Ser niños? —interrumpió esta vez doña Gloria.
—No, ser niños no. Pero no podeis tratarles de esta… —Doña Gloria la interrumpió de pronto agarrándola por el pelo.
—¡Pero qué está haciendo! —chilló la señorita Elisa—. ¡Suélteme!
En ese momento, Adán no pudo más. Miró a Virginia y a Penélope que defendían su posición con los puños levantados. Se acercó a Nicolás y a Gabriel y les susurró en el oído. En un momento, los niños formaron un círculo.
Adán miró fijamente a los ojos de Elisa y ella lo comprendió. Es lo que venía esperando desde el momento en que llegó, que los niños despertaran y se defendieran. Sonrió. Entonces Adán se agachó, se hizo un ovillo en el suelo, bien apretadito, bien redondito y abrió la boca.
—A…, a…, avi…, avio… —Estaba nervioso y todos los demás lo miraban pidiendo por favor que no se equivocara al pronunciar la palabra mágica.
—Aovillarse.
Y sucedió. Sucedió que Virginia se agachó a su lado y formó un ovillo con él. Después, Penélope, Gabriel y Nicolás, todos, se hicieron una bola juntándose con el resto de sus compañeros y formaron un ovillo gigante. Brazos, piernas, todo mezclado.
La señorita Elisa no cabía en sí de la emoción. Comenzó a reírse a carcajadas y los demás maestros la miraron con horror. La bola gigante avanzó y los demás niños, todos, los dieciocho, se unieron al ovillo que empezó a girar y a girar. Se acercó hacia los profesores y empezó a perseguirles. Éstos corrieron todo lo que pudieron, pero el ovillo les alcanzó pasando por encima de ellos. Nunca más se levantarían.
Y así continuaron, todos juntos en un ovillo rodando por la ciudad arrasándolo todo. Se fueron muy lejos de aquel lugar todos juntos y se escucharon risas mientras el ovillo corría y corría por las llanuras de las afueras. Delante de ellos se pudo ver una sombra negra, como una pantera, que los guiaba. ¿Adónde? Eso no lo sabía nadie, pero seguramente a un lugar mucho más alegre que del que venían. ¿O no?

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Re: CI 1 - Aovillarse

Mensaje por Sinkim » 23 Oct 2015 10:43

Un relato genial, muy bueno y con una historia muy original :lol:

Me ha gustado mucho y me ha sorprendido que con ese título no hubiera ninguna referencia a foreros, he estado esperándola durante todo el relato :cunao:
Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano.

:101: RECUENTO 2017 :101:

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Re: CI 1 - Aovillarse

Mensaje por Shigella » 23 Oct 2015 13:04

El escritor de este relato ha conseguido utilizar la palabra maldita y que no moleste. :P

No es que sea de mis favoritos, pero es entretenido y ameno. Eso sí, el final me ha dejado a cuadros. Una gamberrada de relato.

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Re: CI 1 - Aovillarse

Mensaje por Elisel » 23 Oct 2015 13:14

Me ha gustado, pero me parece raro, raro, raro :mrgreen:
Leyendo: Un abogado rebelde (John Grisham)

Amor Sinfónico:http://www.harpercollinsiberica.com/hqn ... ico-detail

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Re: CI 1 - Aovillarse

Mensaje por jilguero » 23 Oct 2015 15:47


Ella: El final me ha parecido superdivertido, con todos hechos un ovillo y atropellando a los profes. También me ha gustado ver que Gabriel conseguía volar, y que Virginia andaba sobre el agua: ¡qué bien tener una nueva palabra mágica! ¿Funcionará también conmigo? La tengo que probar. :D
Pero las bromitas de la profe nueva no me han hecho mucha gracia, :no: ni tampoco eso que decían de que el cole era para niños “raritos” o que el edificio tenía mucha historia... :?
El esfuerzo para llegar a las cimas basta
para llenar un corazón de hombre



Los hilos de Ariadna :60: El niño del tirachinas

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Re: CI 1 - Aovillarse

Mensaje por Gavalia » 23 Oct 2015 16:07

Pues me ha parecido muy divertido. Creo que tiene fuerza a pesar de tanto ovillo. La imagen de los niños en plan bola arrasadora me ha gustado y lo encuentro fàcil de leer y de entender. Yo creo que un niño si disfruraría con él. Enhorabuena
Una madre arropaba en su camita a su pequeño niño invidente y mientras esto hacía, le susurraba al oído...
Si no te portas bien... cambio los muebles de sitio... :twisted:

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Re: CI 1 - Aovillarse

Mensaje por kassiopea » 23 Oct 2015 18:00

El autor/a de este relato ha convertido la palabra "aovillarse" en una palabra mágica. Eso me ha hecho ilusión, porque como saben los asiduos a este subforo esta palabra suele salir en todos los concursos y yo misma fui una de sus "precursoras" :lol: Me encanta que aovillarse sea ahora una palabra mágica. Por cierto, que esto de crear una palabra mágica me ha recordado un cuento de Pere Calders, en el que un niño inventaba una palabra: "Antaviana".

Pues bien, yo veo mucho simbolismo en este relato. Creo que los niños de esta escuela somos un poco todos nosotros. Por desgracia, la escuela es un poco gris y decadente, y los profesores son demasiado estirados y obligan a los niños a hacer siempre las cosas igual; casi parece una cárcel, se les corta las alas y ni se les permite soñar (me ha encantado eso de querer unir los conjuntos para que los elementos jugaran todos juntos :o ). Entonces llega esta profesora nueva con su palabra mágica y, con ella, los niños empiezan a creer en sí mismos, y descubren que sí hay magia en este mundo :D

Puede resultar un poco raro el final, que formen una bola y aplasten a esos profesores retrógrados, pero es que es algo simbólico, significa que han aprendido a soñar, y a luchar por sus sueños. ¡Qué alegría me ha dado cuando les han aplastado! :mrgreen:

La descripción de la escuela me gusta (y refleja esa imagen gris y decadente), pero yo la habría puesto más al principio de la historia, porque tal como está corta un poco el ritmo, me parece a mí. Enhorabuena :60:
Para este Sant Jordi, el recopilatorio "Girándula en la niebla" ya disponible en Amazon

Leed en Los foreros escriben: Desbarre en el orfanato abretelibrense

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Re: CI 1 - Aovillarse

Mensaje por Iliria » 23 Oct 2015 23:09

En primer lugar, creo que haces la narración muy amena, con un ritmo muy ágil. También queda muy bien el sentido que le das a la palabra en el contexto del relato, y muy original al dotarla de magia. :cunao:
No le pongo ninguna pega a esta historia donde manejas muy bien la típica trama de profesor (en este caso, profesora) que acude a un centro con ideas pedagógicas revolucionarias, ya que le has aportado tu granito de arena muy original. Enhorabuena :wink:

Creo que es para edades de 8-9.
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Re: CI 1 - Aovillarse

Mensaje por Gisso » 23 Oct 2015 23:23

Me encanta, una historia muy imaginativa, tierna pero a la vez el colegio produce cierta sensación de desasosiego. Lo primero que me viene a la mente son las historias del “Pequeño Nicolás” que devoraba de pequeño, pero mezclado con cierto toque distópico a lo Orwell o Bradbury por acabar con un toque mágico y un final abierto y nada mascado. Todo al servicio de la imaginación. Reconozco que se me ha quedado corto y eso es porque me ha gustado mucho. De mis favoritos y espero que llegues alto, o lejos en forma de ovillo. Me alegra que con este “aovillarse” deje de ser una palabra prohibida en el concurso de relatos.

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Re: CI 1 - Aovillarse

Mensaje por Berlín » 23 Oct 2015 23:30

Habla el niño del ascensor:

--¡Oh, capitán! ¡Mi capitán! Cuello corto ¿Conoces esa película?
--No, señora. ¿Es de risa?
--No mucho. El club de los poetas muertos. Así se llama. Pues verás, pequeño excremento de cabra, resulta que la peli trata de la influencia que tiene un maestro en sus alumnos. En este caso el maestro les enseña a pensar por sí mismos, a vivir el momento, a luchar por sus sueños, a ser ellos mismos. Claro que hablo de un colegio de élite, no como ese abrevadero de borregos al que te lleva tu madre. Bueno, el caso es que este relato, este buen relato, me lo ha recordado. ¿Tú tienes alguna palabra mágica?
--Yo no.
--¿Quieres una?
--Bueno. ¿Me dará suerte y será mágica como “aovillarse”?
--Claro. Acércate que te la susurro al oído.
--No, que me muerde.
"Que escribir y respirar no sean dos ritmos diferentes"
http://siguiendolospasosdebarro.blogspot.com/

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Re: CI 1 - Aovillarse

Mensaje por noramu » 24 Oct 2015 13:44

Olé tú. Hay que tener valor para atreverse con ese título :D
Me ha gustado mucho la idea de la revolución de esa escuela carcelaria gracias a la profesora que les enseña a los niños a creer en ellos mismos y a sublevarse. Me he perdido un poco con tanto nombre pero me ha parecido un relato muy ameno gracias en parte a la redacción correctísima.

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Re: CI 1 - Aovillarse

Mensaje por elultimo » 24 Oct 2015 16:11

Antes hago un comentario sobre ello, antes me encuentro un relato así. Obviamente esto esta escrito para llamar la atención con la palabra aovillarse y nada más.

Quitando eso, la historia es sencilla y tiene todos esos elementos que llaman la atención en un relato infantil pero sin convertirla en ñoños, lo cual está bien. Me hubiera gustado ver algo mas de intensidad en la historia.

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Re: CI 1 - Aovillarse

Mensaje por Topito » 24 Oct 2015 16:20

Este es cojonudo, junto con Memeta.

Un cuento de jovenes de 6 a 12 años, se adapta muy bien a casi todo el rango de edades. Yo lo editaría y lo pondría en las librerías. Los jovenes empatizarían muy bien con los alumnos, pues todos tienen algún profesor favorito y otros que son diablos, al igual que los protagonistas del cuento.

La narración me ha recordado muy mucho a Matilda, de Roald Dahl. Y estamos hablando de uno de los más reconocidos autores de literatura infantil en el mundo anglosajón. Es decir, te estoy comparando con el rey de este tipo de literatura en el Reino Unido. Es que, siendo sincero, no desmerece tu relato con ninguno de sus libros.

Bueno, pues lo dicho. Ahora me aovillaré en el sillón con la mantita, recordando tu relato.
Última edición por Topito el 07 Nov 2015 00:41, editado 1 vez en total.
leyendo: Haruki Murakami
leyendo cuentos: Zuñiga, O´Connor, Fitzgerald, Chéjov, Matute

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Re: CI 1 - Aovillarse

Mensaje por Ratpenat » 24 Oct 2015 16:45

Lectura undécima: Aovillarse

-Buenas tardes, Lord Fledermaus.
+Buenas tardes, doctor Piruleta.
-Lord Fledermaus, he considerado que sería bueno mostrar algunas fotos. Quizá si se van haciendo a la idea entiendan que no es tan malo: :twisted:
Imagen
-Esto es el Desert de les Palmes, que está en Castellón.
+¡Magnífico!
-Y aquí otra imagen: :twisted: :twisted: :twisted:
Imagen
-Y esto es el desierto de Tabernas, en Almería.
+¿No es genial que tengamos unos paisajes tan bonitos en España?
-Concuerdo con usted, milord. Hoy hemos recopilado las opiniones de Sinkim y Kassiopea.
Smaug escribió:Una estricta maestra saca su látigo de nueve colas e intenta mantener a raya a una clase llena de críos rebedes y revoltosos que no paran de desbarrar.
la asesina de jinetes enmascarados escribió:Aovillarse es el ritual indispensable para formar parte de un selecto grupo de niños y niñas que viven en un orfanato. El protagonista será un candidato que tendrá que superar ciertas pruebas para entrar en el selecto grupo. Lo conseguirá y tendremos final feliz.
+Parece que la cosa versará sobre profesores y alumnos.
-¡Y así es! El título lo borda con lo que se espera de él (y eso que solo es una palabra).
+Sí, pero menuda palabreja. Ya la ha liado no se cuántas veces. Si fuera el relato de Violeta habría que meterla en el grupo de las mamporreras. En todos los concursos se alaba y se critica a partes iguales.
-Ya.
+Sin embargo este relato la utiliza de forma brillante. Es tan central del relato que no te saca del mismo cuando se lee, al contrario que otras veces en las que se metía como quien no quiere la cosa, quedándose como un guiño a los foreros. En ese sentido, el uso de la palabra es inmejorable.
-Está usted de mejor humor hoy...
+No. Yo digo lo que me gusta y lo que no. En el aspecto formal es mejorable, tiene faltas y la historia no es la mejor de todas.
-Ya sabía yo que... Pues mire, a mí me gusta de pe a pa.
+¿Cree que ganará?
-La sombra de Eyre es larga. Seguro que lo ha encontrado demasiado infantil.
+Esta Eyre...

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Mister_Sogad
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Re: CI 1 - Aovillarse

Mensaje por Mister_Sogad » 25 Oct 2015 07:24

A pesar de ser un cuento el toque irreal no me acaba de convencer. Seguramente a los niños/as les haga soltar una risita maliciosa pensando en sus propios profesores aplastados por una bola gigante de niños, pero el viaje lector hasta llegar ahí puede hacerse un poco cuesta arriba. :wink:
Mi agenda Pon un tigre en tu vida.

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