CP XI ¡Corre, dormutador, corre! - David Pesadilla

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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lucia
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CP XI ¡Corre, dormutador, corre! - David Pesadilla

Mensaje por lucia » 17 Abr 2016 17:36

¡Corre, dormutador, corre!

Disfrutaba del sol como si no lo hubiera visto jamás. Calidez y paz, todo cuanto deseaba en ese momento. Había pasado los últimos días entre tormentas de ventisca y nieve y animales muy raros que parecían querer comérselo, lo que no se molestó en comprobar. Anduvo varios kilómetros por aquel lugar y cuando la soledad empezaba a ser mala compañera de viaje unos gritos llamaron su atención: una familia de montañeros, un padre y dos hijos, se afanaban en espantar a un felino, de colmillos exageradamente largos y del tamaño de dos elefantes, que había olido la sangre de las presas que estos acababan de cazar. Al parecer le tenía miedo a los sonidos agudos. Sin mediar una palabra, David dio dos saltos, se unió al grupo de tres y los cuatro silbaron como cinco. Muy fuerte y muy agudo. El animal renunció a desayunar y desapareció entre la maleza. Nadie dijo nada, solo recogieron las presas siguieron su camino hasta una cabaña en lo alto de la colina. David los acompañó. Dentro esperaban dos mujeres: la madre y otra hija. Tampoco hablaron, añadieron un plato, un vaso y un cubierto a la mesa y empezaron a cocinar una de las piezas que habían cazado. Los tres hombres se sentaron al calor del hogar y bebieron licor para facilitarle el trabajo al fuego. David se sentó junto a ellos y el calor humilló el frío de su rostro. Sus ojos, agradecidos, se cerraron.
—¿Quieres? —dijo el mayor de los muchachos mostrándole la botella de licor.
—No, gracias —contestó David. La botella, que había conocido tiempos mejores o, al menos, más transparentes, no le inspiraba demasiada confianza sobre su contenido—. ¿Y cómo lo conseguís? —preguntó.
—¿El qué? —dijo el mayor.
—¿El licor? —preguntó el padre.
—¿Que cómo hacéis para vivir... o mejor dicho, para sobrevivir en estas condiciones.
Se miraron unos a otros desconcertados.
—¿Qué condiciones? —dijo el padre encogiéndose de hombros.
Hablaron largo y tendido. Hablaron mientras comían, hablaron después de comer, entró la tarde y hablaban, pero las buenas piezas se cazan temprano y dejaron de hablar para ir a dormir. La madre extendió unas mantas en el suelo a pie de chimenea y en cuestión de minutos todos habían desaparecido. David se acurrucó entre las mantas y se dejó hipnotizar por los chasquidos del hogar. Hacía muchos días que no dormía caliente y seco, pero, sobre todo, seguro. Durmió profundamente. Y soñó. Con un buen baño de sol.
Estaba en la cubierta de un yate, en una tumbona. «Se está bien aquí», pensó. «Me tomaría un mojito». Se incorporó, se quitó las gafas de sol y, allí mismo, delante de sus narices, había una bandeja de plata brillante que sostenía una gran jarra de mojito y un vaso de medio litro con hielo picado y unas hojas de hierbabuena.
—¡Bébeme, por favor, anda, bébeme! —dijo la jarra.
David frunció el ceño extrañado y entornó los ojos para examinar más de cerca la bandeja. La jarra canturreó haciendo gestos obscenos. El vaso le hacía los coros:

¿Me bebes?

Sí, mami.

¿Te atreves?

Sí, mami.

Yo soy jarabe de sabor suave,
de suave sabor pa'quitarte tu calor.

Ya tú sabes quién soy yo, si no lo sabes pregúntalo,
las palabras mágicas has de decirme,
pa'quedarte con la jarra, ¡ah!, ¡ah!, ¡ah!, viste.
Tres veces yo te voy a dejar que tu me digas la combinación.
Quién soy yo, entérate ya, porque si fallas me la bebo yo.

Yo soy jarabe de sabor suave,
de suave sabor pa'quitarte tu calor.


David miró el vaso dubitativo, luego miró la jarra, la cogió, llenó el vaso, bebió un buen trago y la música desapareció. Se recostó en la tumbona y disfrutó del relajante sonido del mar agitando la embarcación. Bebió un último trago, lo saboreó y dejó el vaso en la bandeja que desapareció igual de rápido que había aparecido. Volvió a recostarse y cerró los ojos. No pasó mucho tiempo cuando empezó a sentir pequeños pinchazos de dolor, como si alguien le estuviera apagando cigarrillos en la cara, en los brazos y en las piernas. Abrió los ojos y el cielo se había cubierto de unas extrañas nubes de tonos verdes y amarillos. Llovía. Pero no era agua, el agua no quema y esas gotas no solo quemaban, se estaban comiendo el yate. Lo deshacían. «¿Ácido?», pensó David. Miró su ropa y estaba hecha jirones. Sus brazos y piernas estaban llenos de quemaduras. El instinto le hizo correr hacia el interior, pero sabía que era cuestión de tiempo que el interior dejase de serlo. No sabía qué hacer. Corrió de un lado a otro. El yate se ladeó y comenzó a hundirse. El agua empezó a bailar en el interior. Parte del techo se desplomó bloqueando la puerta. David corrió hacia un lado. El agua bailó con sus rodillas. Corrió hacia el otro lado. El agua bailó con su cintura. Intentó correr hacia algún sitio, pero sus movimientos eran lentos. El agua bailó con su pecho. Él golpeó los cristales a prueba de tempestades. El baile terminó. David aguantó la respiración y un sueño repentino se apoderó de él. «¿Qué?», pensó. Pero no pudo evitar dormirse, aun en esas circunstancias. Un instante después despertó. «Luz». Movió los brazos hacia ella. Le quedaba poco aire en los pulmones. No sabía cuál era la fuente, solo sabía que ganaba en intensidad, lo que significaba que se acercaba. Un espasmo. Sus pulmones intentaban coger aire para no morir. También intentaban no cogerlo, también para no morir. Una batalla a un solo bando cuyo ganador era otro. Espasmo. Braceó más rápido, pero eso consumía más oxígeno y aceleró los espasmos. Otro. Más intenso. Luz. Más intensa. Espasmo. Espasmo. Brazada. Luz. Espasmo. Brazada. Espasmo. Espasmo. Espasmo. Brazada. Espasmo. Espasmo. Luz. Brazada. Espasmo. Aire. Los pulmones se abrieron e inhalaron con violencia. Respiró excitado y agradecido, no sabía muy bien a qué, pero se sintió agradecido. Miró hacia abajo extrañado, estaba tocando el suelo con los pies. Levantó la vista y caminó hacia la costa, que había aparecido de la nada. Cuando llegó a tierra firme se tumbó boca arriba con los brazos extendidos y respiró profundamente.
—¿Estás bien? —dijo una voz grave.
David se incorporó y descubrió que el mar ya no estaba. Miró alrededor sobresaltado y vio que estaba en el extremo de una gran planicie rodeado de cientos de enormes bárbaros. «El más pequeño debe medir dos metros y medio», pensó con asombro. Se giró para mirar a su espalda atraído por el bullicio. Allí, a lo lejos, en el centro de la planicie se libraba una batalla descomunal entre los bárbaros y unos hombres que a él también le parecieron bárbaros, pero que, en comparación, eran más pequeños. «¿Quiénes son estos seres?».
—¿Quiénes son? —preguntó al bárbaro que seguía de pie a su lado.
—¿Ellos? ¿No sabes quiénes son los Druss?
—Druss, vale. ¿Y vosotros?
—¿Nosotros? ¿No te incluyes? —David frunció el ceño y se miró los brazos y las piernas: era uno de ellos—. Te has debido golpear fuerte, chico. Somos los buenos, no necesitas saber nada más.
—Vale, los buenos. ¿Pero somos bárbaros?
—¡Joder! Okris, somos okris. Y yo soy Seger, por cierto. Ahora levántate y desenvaina tu arma, hay muchos druss ahí —dijo señalando—. Vamos a reconstruir esa frase, quitemos la palabra muchos.
—¿Por qué luchamos? —preguntó David.
—¡Maldita sea!, no tienes ningún golpe, ¿me está tomando el pelo? —dijo Seger examinándole la cabeza.
—No, no lo tengo, y no sé cómo he llegado aquí. Solo me duermo y cuando despierto aparezco en sitios como este.
—¡Vaya! Había oído hablar de ellos, pero nunca había conocido a uno.
—¿De qué hablas?
—Eres un dormutador, chico. —David arqueó las cejas—. Cuando duermes, tienes la capacidad de mutar a otros mundos. Veo que no tienes el control.
—¿Se puede controlar? —Seger se rió.
—Se puede. No tienes ni idea del poder que tienes, ¿verdad? Déjame decirte algo: si no tienes sueño en este preciso instante, será mejor que desenvaines —dijo antes de salir corriendo y gritando hacha en mano.
David se levantó y desenvainó su arma: una gran espada, ancha y larga. estaba dispuesto a seguir al bárbaro pero se quedó petrificado al ver aquel espectáculo. Millares de okris y millares de druss en una lucha encarnizada. Los miembros amputados volaban de un lado a otro y todos vestían el mismo uniforme de color carmesí. David no sabía qué hacer. ¿Un dormutador? ¿Eso lo había creado él? Siendo así, ¿tendría la destreza necesaria para entrar en combate? Antes de que pudiera comprobarlo la batalla se detuvo. Por la derecha de la planicie aparecieron otros seres. Se contaban por cientos, en clara desventaja numérica, sin embargo, en la cara de los okris y los druss se podía ver el miedo. Ambos ejércitos se giraron hacia el enemigo común y corrieron hacia él blasfemando a voz en grito. David decidió unirse a ellos animado por la expectativa de dos ejércitos de millares de soldados cada uno contra otro de tan solo unos cientos. No tardaría en arrepentirse.
—Esa actitud me gusta más, chico —dijo Seger sobrepasando a David por la izquierda. Él no pudo evitar sonreír al ver una cara conocida.
—¿Y esos quiénes son? —preguntó este.
—¿Aún sigues con eso? Son tamins, hechiceros —dijo. Y desapareció.
Hechiceros. Eso no sonaba nada halagüeño. Y no lo era. Los tamins empezaron a lanzar unas bolas de madera cuyo impacto con el suelo hacía saltar un mecanismo que liberaba una suerte de filamentos finos y luminosos que cortaban todo lo que tocaban. Uno de ellos le silbó en el oído e instintivamente se tiró al suelo. Levantó la mirada y observó la masacre. Intentó levantarse, pero un okri tropezó con él. Una bola le pasó por encima y fue a parar al hombro de uno de los bárbaros. La fuerza lo tiró al suelo y los filamentos le rebanaron el brazo que voló unos metros más allá. Un alarido salió con fuerza de su garganta hasta que otra bola hizo blanco entre sus costillas y saltaron los filamentos. Otra oleada de esas bolas se aproximaba y David decidió tirarse al suelo. Miró a ambos lados y vio que no era el único que seguía esa estrategia. Puede que fuesen los más listos, tal vez los más cobardes, seguro, seguro, los más vivos. El número de soldados se redujo drásticamente en cuestión de minutos. Cuando la distancia entre ambos fue tan corta como peligrosa para usar esas endiabladas bolas, los tamins desenvainaron una especie de empuñaduras, las agitaron y varios de esos filamentos finos y luminosos colgaron de ellas. No había que ser muy listo para saber lo que ocurriría si te tocaban con uno de esos. David no recordaba haber visto caer a un solo tamin. Los okris y los druss, sin embargo, estaban siendo diezmados. Desde la seguridad de la distancia se puso en pie y observó la carnicería. Solo se veían estelas de color añil que despedazaban bárbaros a diestro y siniestro. Las robustas armas de los okris no servían de nada, los filamentos las cortaban como si fueran mantequilla. Tampoco las ligeras y resistentes espadas de los druss parecían de acero al contacto con los filamentos. El final de la contienda estaba cerca y el resultado se adivinaba. David deseó más que nunca tumbarse y dormir cuando los tamins se detuvieron y se reagruparon en formación. Druss y okris permanecieron en pie, exhaustos. Algunos se apoyaban en sus armas, otros hincaban las rodillas y los más valientes aún blandían sus hachas o espadas y despotricaban contra el enemigo sin las fuerzas suficientes como para cumplir sus amenazas.
La formación de los tamins se movió para abrir un pasillo del que salió uno de ellos, uno cuyas ropas arrastraban por el suelo símbolo de su longevidad. Todos, okris y druss, le prestaron atención de inmediato.
—Podéis ir. Hacedlo y conservaréis la vida. —Su voz retumbó por toda la planicie.
David estaba dispuesto a dar media vuelta y seguir el consejo del hechicero, pero miró alrededor y nadie más pensaba que aquella era una buena idea. Y si lo pensaban, el orgullo les impedía reconocerlo. Uno de los druss más adelantados sacó fuerzas de flaqueza, se levantó, giró sobre sí mismo para coger impulso y lanzó su hacha contra el anciano como respuesta a sus palabras. Este juntó sus manos dando una palmada. Una explosión de luz salió de ellas. Empezó a separarlas despacio y el hacha se multiplicó, primero decenas y luego cientos. Entre ambas manos había quedado una bola de plasma que cayó al suelo y se extendió a izquierda y derecha hasta donde alcanzaba la vista, y de ella se alzó una cortina de luz que cambió el paisaje: los okris y los druss, en vez de ver a los tamins, se veían a sí mismos por detrás. Las hachas alcanzaron la cortina de luz y aparecieron por detrás de ellos. Cansados y malheridos, sin fuerzas para correr o esquivar siquiera, las bajas se contaron por cientos. Una de las hachas se clavó a los pies de David. Sobresaltado, corrió hacia un lado y otra se clavó a sus pies de nuevo. Corrió hacia otro lado y de nuevo un hacha se clavó a sus pies. Decidió quedarse quieto, se giró en la dirección en la que venían las hachas y vio cómo se le acercaba una de ellas directa al pecho. No podía moverse. Quería, pero no podía, estaba paralizado. Y el hacha se le acercaba. Oyó un ruido a sus pies y miró. Un druss que había estado inconsciente despertaba en ese momento y se ponía en pie. El hacha se enterró en su espalda quedando la empuñadura en horizontal. El bárbaro giró sobre sí mismo buscando el origen del dolor y la empuñadura golpeó a David, que quedó sin sentido en el suelo.
Despertó en una cama, en la habitación de un hospital. Había muchas máquinas que pitaban y emitían sonidos agudos, aunque no molestos. También había gente que gritaba y le tocaban y corrían y le cogían la mano y le acariciaban la cara y algunos hasta lloraban.
—Hola, David. Soy el doctor Muñoz. ¿Cómo te encuentras? —le preguntó un hombre con bata blanca. David hizo ademán de contestar pero no pudo—. No te preocupes, es normal después de un coma tan largo. Seguro que en unas horas puedes hablar. Descansa.
Las horas siguientes las pasó acribillado a preguntas, besos y caricias y poco a poco fue recuperando el habla. Al día siguiente el doctor volvió para hacerle un chequeo.
—Buenos días, David. ¿Puedes hablar?
—Sí.
—Bien, eso está muy bien —hablaba el doctor mientras le hacía el reconocimiento. Estuvo preguntándole cosas durante un rato para hacer una valoración de su estado. —Pues hasta aquí las pruebas, está todo bien, dadas las circunstancias.
—¿Que me ha pasado? —preguntó David con curiosidad.
—Has tenido un accidente de tráfico. Has estado en coma varios días —dijo el doctor.
—Pero estoy bien, ¿no? No me duele nada.
—No sé como decir esto. La verdad es que no hay una buena manera de decirlo. No me andaré por las ramas: el accidente ha dañado tu columna y... eres tetrapléjico de cuello para abajo. Lo siento mucho.
El silencio se hizo en aquel lugar. Estaba medio dormido y empezó a recordar los mundos que había creado y en los que había vivido. En todos ellos pasó al menos un poco de miedo y en muchos estuvo a punto de morir. Pasó mucho calor y también mucho frío y en muchas ocasiones estuvo solo. También pasó hambre, y sed, y muchas más calamidades, pero él recordaba cuando corría, o cuando blandía una rama para espantar una fiera, o cuando nadaba raudo para no ser tragado por un remolino...
Al día siguiente el doctor volvió para examinarle de nuevo, pero no hubo examen esa mañana, ni a la siguiente, ni a la otra. No lo habría nunca más, porque David ya no estaba en esa cama. Puede que estuviera en algún mundo huyendo de fieras que querían comérselo.

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Frigg
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Re: CP XI ¡Corre, dormutador, corre!

Mensaje por Frigg » 18 Abr 2016 19:45

He de decir, en primer lugar, que por el título tenía gran interés en leerte.
He tenido la sensación de estar leyendo tres historias diferentes, sin un hilo natural que me llevara de un lugar a otro. Por un lado la escena de los cazadores, luego el sueño con la barca para acabar en una lucha entre diferentes especies de seres imaginados.
En general está bien relatado, pero creo que las ideas que tienes daban para más que para un relato corto, y al tener que condensarlo todo en tan poco espacio, ha quedado algo confuso.
No me lo tengas muy en cuenta, que yo no suelo leer éste tipo de historias. Pero también destaco tu capacidad imaginativa para crear personajes, razas, situaciones...
Haré otra lectura más adelante cuando acabe con los demás :D
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Landra
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Re: CP XI ¡Corre, dormutador, corre!

Mensaje por Landra » 18 Abr 2016 19:54

El principio me falla, una vez empieza a soñar me engancha y durante la batalla pierdo el interés. Y este es el tipo de lectura que me suele gustar. El final era predecible.

Aunque te tengo que decir que la idea del "dormutador" como personaje para una novela, es genial.

Un saludo!
Dos más dos igual a cinco, de toda la vida.

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ciro
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Re: CP XI ¡Corre, dormutador, corre!

Mensaje por ciro » 18 Abr 2016 20:12

Aspecto formal: muy bueno. De hecho creo que el autor podría tranquilamente escribir novelas fantásticas o de acción sin ningún problema.
Argumento: los saltos no me convencen. Mientras unas partes me parecen muy buenas, otras regulares y no le encuentro la ligazón que debiera para que un relato corto resulte redondo.
Buen relato en general, pero le falta algo, en mi opinión un nexo más fuerte entre las partes.
El pueblo debe desconocer siempre dos cosas: con qué se hacen las salchichas y como actúan los estados

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Re: CP XI ¡Corre, dormutador, corre!

Mensaje por Shigella » 18 Abr 2016 21:40

El primero que leí ayer, tengo que decir que me ha decepcionado un poquito. No porque sea malo, que no lo es, sino porque me había montado ya mi película en la cabeza con robots y cosas así.

La idea no está mal, y me gusta que no se vea desde el principio lo que pasa y tengamos que ir descubriéndolo, pero cuando llega el salto de la lucha ya se me estaba haciendo repetitivo y ese trozo me lo acabé leyendo un poco en diagonal hasta que despierta del coma.
Sin mediar una palabra, David dio dos saltos, se unió al grupo de tres y los cuatro silbaron como cinco
Esta frase me ha parecido muy de ejercicio de curso de escritura. Esto no es algo malo en sí mismo, la frase está muy bien encontrada, pero a mí personalmente me hace "escuchar" al escritor por encima de la historia y me saca un poco del contexto. Yo prefiero no darme cuenta de que hay una cabeza pensante detrás de la historia, pero esto ya son gustos.

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Re: CP XI ¡Corre, dormutador, corre!

Mensaje por Topito » 18 Abr 2016 22:05

La idea es buena, pero para algo más largo que un relato corto. Al principio, me sentía caminar entre nieblas mañaneras. Intuyendo. Sin apenas ver. Después, la niebla comenzó a disiparse y pude caminar hasta el final sin miedo a tropezarme.
No obstante, es un relato que falta pulir. Existen partes muy buenas, como la batalla, junto a otras partes más flojas, como el inicio del relato. Además, no encuentro un hilo conductor que una el relato, por lo que acabo sintiendo que he visto piezas de un puzzle y he tenido que mirar la tapa de la caja para saber cómo quedará.
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Re: CP XI ¡Corre, dormutador, corre!

Mensaje por blinder » 18 Abr 2016 23:35

Hola autor/a

Si bien es verdad que en ocasiones se hace un poco largo, más que nada porque no se entiende bien dónde está uno o dónde no, si sueña o si vive (aunque esto considero que es un punto a favor en un relato corto). Quizás, como comentan lo que le falla es el nexo de unión entre unos y otros porque una vez que te ubicas en la historia es bastante buena. Lo que si me ha gustado y mucho es el final, tan misterioso y tan esperanzador. Me ha gustado mucho.

PD. Ese doctor suspendió la asignatura de cómo decirle al paciente que se ha quedado tetrapléjico. Me considero muy fan. :)

Gracias y mucha suerte :)
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Re: CP XI ¡Corre, dormutador, corre!

Mensaje por Shigella » 18 Abr 2016 23:39

blinder escribió: PD. Ese doctor suspendió la asignatura de cómo decirle al paciente que se ha quedado tetrapléjico.
Ya ves :lol:

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zilum
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Re: CP XI ¡Corre, dormutador, corre!

Mensaje por zilum » 18 Abr 2016 23:42

Me parece un relato que entretiene de principio a fin y mantiene intrigado, aunque podría haberse sacado más. Tras leerlo, me quedo con que incluso en la situación más terrible mientras funcione la mente podemos tratar de evadirnos con nuestras fantasías.

Me reí mucho con la canción.

Las bolas de madera de los que salían filamentos mortales son un puntazo...

El invento del "dormutador" es genial, bravo!

P.D: Lamentablemente no acerté en mi predicción, no hay ninguna ninfómana.

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Re: CP XI ¡Corre, dormutador, corre!

Mensaje por Oberón » 19 Abr 2016 00:05

Vaya, como leer varios cuentos de un jalón.

Creo que podríamos pensar en dos tipos de cuentos: aquellos que intencionadamente son muy inconexos y te dejan con una sensación desconcertante respecto a lo que es real y lo que no lo es, sin un hilo explícito que te guíe, (algo como lo que solía hacer Julio Cortázar); y están aquellos cuentos que te llevan de la mano a través de la trama. Me parece que tu relato cae en algún punto intermedio; es indudablemente inconexo, pero busca mantener un hilo a través de elementos como lo del dormutador.

Con todo, no me pareció nada malo. :)
Última edición por Oberón el 20 Abr 2016 00:22, editado 1 vez en total.
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Re: CP XI ¡Corre, dormutador, corre!

Mensaje por Fernweh » 19 Abr 2016 00:17

:hola:
Lo que más me ha gustado de este relato es la idea de que lo que David vive en sus sueños, a pesar de estar inmerso en situaciones peligrosas y agobiantes, es mejor que la verdad a la que tiene que enfrentarse al despertar. En este caso es porque David se ha quedado tetrapléjico tras un accidente, pero yo me llevo la idea más allá, si necesidad de que la realidad sea algo tan trágico, si sólo fuera que David piensa que su vida es aburrida y se siente vacio, y que se siente más vivo ante esos peligros que le acechan en los sueños que en su vida real, creo que me hubiera gustado casi más, pero es que yo soy así de rara :cunao: .
Por otras parte, aunque está bien escrito, me he perdido un poco durante la batalla, me cuesta seguir la acción, pero es algo que suele ocurrirme con este tipo de escenas, así que no lo tengas muy en cuenta, autor/a.
:60:
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Re: CP XI ¡Corre, dormutador, corre!

Mensaje por David P. González » 19 Abr 2016 09:48

Me ha gustado, pero quizás me haya creado espectativas que luego no se han cumplido, culpa mía, por supuesto. Lo del dormutador me gusta mucho, pero el final es muy dramático, me hubiera gustado algo más fantástico.
También se aprecia cierto desequilibrio entre las tres* historias o sueños, la batalla es muy extensa y el primero muy escueto y no sucede gran cosa.

*Es una tontería, pero, ¿y si no fuesen tres sueños? ¿Y si lo del hospital fuese el cuarto? Supongo que si fuera el caso sí estaríamos hablando de un dormutador como ser fantástico, ¿no? ¿Y si nuestro mundo lo ha creado un dormutador? O varios dormutadores que sueñan en colmena. ¡Joder!, aquí hay material del bueno :cunao:

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Re: CP XI ¡Corre, dormutador, corre!

Mensaje por Mister_Sogad » 19 Abr 2016 09:56

Vaya autor/a debo aplaudirte, me gustan mucho las ideas vertidas, todas, de la primera a la última, aunque el desarrollo del texto en sí no tanto.

Las ideas... magníficas, sobre todo por el final, teniendo eso presente reconozco que por un momento tuve una pequeña decepción, me gustó eso del dormutador, un ser que podía recorrer mundo tan solo durmiendo, me encantó, ya digo. Lo del coma... no me gustó tanto pero oye, ya digo que eso me pasó un momento, mientras escribo esto me doy cuenta que ese toque completamente real le da a tu historia el halo necesario para que, para mí, las ideas sean redondas. En serio, si la penosa situación en la que David se encuentra me sucede a mí o a alguien de mi entorno creo que ser un dormutador le sería increíblemente necesario, una tabla de salvación, al menos mientras duerme, porque lo duro de la realidad puede golpear demasiado fuerte en esos casos.

Respecto a los mundos recorridos... me temo que la tónica de mi comprensión ha sido de confusion en casi todos los sitios, siempre ha habido algo que me ha dejado confuso y creo que puede ser culpa de que no hayas podido desarrollar bien cada mundo, de no tener libertad para alargar el texto sin probemas. No sé lo que tienes en mente, pero este relato si le das otra vuelta y lo vas ampliando en cada mundo y aventura ganará mucho. Si, por contra, no es por la extensión del texto, entonces te aconsejo releer el relato (cuando pase el concurso por ejemplo) pero tratando de ponerte en el lugar del lector, a ver si ves lo que te digo de la confusión.

Ah, te debe encantar la fantasía, a mí me gusta y en ese mundo tuyo de druss, okris y hechiceros me lo he pasado pipa.

Autor/a qué grandes ideas, mi enhorabuena por esa fértil imaginación. :60:
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Re: CP XI ¡Corre, dormutador, corre!

Mensaje por IrisCornegie » 19 Abr 2016 11:46

Me ha gustado el relato. Me ha parecido original con la dosis de fantasía mínima para mi gusto :D

Me ha gustado mucho eso de que cada vez que se duerma aparezca en un mundo diferente. Veo que casi ninguno veis el hospital como otro de esos mundos, pero yo lo veo claro. Hay varios momentos en los que dice que siente como actúa, como corre, como se quema... eso es que está en ese mundo de verdad, y si va cambiando de mundo, ninguno es el verdadero: todos lo son. Es como en los viajes en el tiempo, que se salta de realidad en realidad de mundos paralelos, pero todos siguen siendo reales. Pues yo lo veo igual. No sé si me estoy explicando... :cunao:

Es posible que el autor lo haya pensado como decís vosotros, pero puede que no... y a mí, personalmente, me gusta más así :lol:

Muy buen trabajo, autor. Hacía mucho que un relato me hacía pensar :D

EDIT: Muy buenas las ideas de David. Sería algo parecido a la película de inception: sueños dentro de sueños. Me gusta, me gusta :mrgreen:
Última edición por IrisCornegie el 19 Abr 2016 12:14, editado 1 vez en total.
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Re: CP XI ¡Corre, dormutador, corre!

Mensaje por Shigella » 19 Abr 2016 12:12

A mí también me gusta mucho más la teoría de que lo del hospital también sea un sueño y luego se vaya para otro lado cuando se duerme. No se me había ocurrido.
Ahora, que tiene que ser una putada no poder estar en un sitio más de un día (o lo que tardes en dormirte), tienes que acabar sin saber ya ni cómo te llamas, y cansado de cojones. :shock:

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