CP XI Ascensión - Ratpenat

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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lucia
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CP XI Ascensión - Ratpenat

Mensaje por lucia » 17 Abr 2016 17:39

Ascensión

«¡Papa parara parararara papa parara!». Estaba contento, conduciendo por la autovía, cantando la música que ponían por la radio «’cause I try and I try and I try and I try!». Volvía por navidad a casa y me sentía entusiasmado, animado con la vuelta. Iba a ver a mis padres, mis hermanos, mis amigos… «that’s what I say!».

No tenía intención de parar pero el coche se estaba quedando sin gasolina. Por la zona no había muchas estaciones de servicio. Yo hubiera continuado con mi viaje porque, aunque era de noche, quería llegar y darle una sorpresa a mis padres que me esperaban en un par de días. Seguro que los encontraría viendo alguna película. Nada más que eso quería, llegar a casa y darles una sorpresa.

Tomé un desvío y me metí en un pueblo pequeño que ni siquiera tenía cartel, así que no pude ver cómo se llamaba. Había una gasolinera, sin embargo, lo único que me interesaba de aquel lugar. Como el pueblo tenía pocas casas, no tuve que buscar mucho. Dejé el coche donde el surtidor. Había un poco de niebla, pero se veían las casas, que aún siendo pocas eran bonitas y elegantes, tenían un toque antiguo, un aspecto señorial. Al entrar en la tienda de la estación de servicio, se me fue de la cabeza este pensamiento, pues me encontré una rubia impactante, guapísima, tenía una sonrisa cautivadora y una mirada misteriosa, el rubio de su pelo le llegaba hasta media espalda y al mover la cabeza este seguía el movimiento con elegancia y su cuerpo y figura eran posiblemente lo más erótico que hubiera visto nunca. No vestía ningún uniforme de gasolinera, lo que me pareció extraño, iba con ropas normales, con unos vaqueros y una camiseta de tirantes que acentuaba su figura.

Pagué por rellenar el depósito, sin hacer comentario alguno, la maquina registradora hizo el clin clin al abrirse y ella sacó el cambio. Me dijo «adiós, guapo» antes de salir y yo puse la gasolina con una sonrisa de oreja a oreja. Cuando terminé de echarle gasolina al coche, entré y traté de arrancarlo pero no quería marchar, lo intenté varias veces más, pero nada. «¡Hijo de puta!», grité, me las veía amargas para irme del pueblo de mierda ese con un coche al que no le daba la gana encenderse de nuevo.

Buscaba el móvil, pensando en llamar al seguro y, rebuscando en mis cosas ¡pom! Un gato majestuoso saltó sobre el capó y se estiró, luego me escrutó, me miró a los ojos y, perdiendo el interés al poco, se giró, se posó dándome la espalda, acurrucándose encima del coche y soltó un miau perezoso. Miré el móvil, tenía que hacer la llamada pero no podía en tanto que ni había cobertura, ni acceso a Internet, ni nada. Maldije al pueblo tres o cuatro veces y decidí volver a la estación de servicio y pedirle ayuda a la chica. Ella fue comprensiva, me contó que la noche anterior hubo una tempestad muy grande y que no funcionaba ni un teléfono en el pueblo. Aún así me dijo que ya iba a cerrar y que la acompañara, que iríamos al bar del pueblo, a ver si alguien podía darme una solución.

Salió de la tienda así, enfrentando esa vestimenta veraniega al frío atenazador de aquel lugar, cerró la persiana de la estación de servicio y caminó tranquilamente sin tiritar o estremecerse siquiera. Ella caminaba delante de mí, contoneándose, pasó por el coche su dedito. Rozándolo. Se giró echándome un vistazo con una sonrisa sugerente. Yo tenía un problema con mi coche, claro, y estaba por dentro como ayayay por la avería… pero ayayay por la chica.

No era el típico bar de pueblo, eso seguro. No había sillas de plástico o de metal que se apilaban entre ellas y mesas con publicidad. Todo eran sillones confortables de terciopelo rojo, unas mesas oscuras con formas extrañas. Las paredes eran claras y el camarero era un hombre joven, corpulento y bien parecido. En una de las paredes había una televisión, pero no se retransmitía fútbol, sino videos de gatos que los allí concurridos visionaban sin agotarse: en uno se asustaban con pepinos, en otro saltaban con agilidad, se posaban sobre televisores, sillones y aspiradoras, miraban a la cámara, maullaban, corrían, dormían, cagaban y sonreían. La gente se debatía entre las carcajadas y los «ohhh» con algún «qué mono» por en medio.

Ella se acercó a la barra y pidió dos cervezas y «yo te invito, guapo». El barman escuchó mi problema y fue agradable conmigo, me dijo que no me preocupara, que por la mañana llamarían a alguien. Que seguro que para entonces todo funcionaría mejor. Desgraciadamente, dijo, no había posibilidad de comunicarse, no solo en el pueblo, sino en varios pueblos de la región. Por lo que contaba, la tempestad había afectado a todas las comunicaciones, una cosa horrible, y claro, ya fueron a otros pueblos cercanos a preguntar pero les pasaba lo mismo. Y que no me preocupara, prosiguió, que si por la mañana no podían solucionarme el problema, me invitaría a desayunar. Luego me dejó hablando con la rubia y se concentró en la tele de plasma por donde emitían más y más vídeos de gatos. La cosa se ponía tensa con la chica acercándose más mientras me convencía de que no se podía hacer nada, susurrándome «bebe más», acariciando mi brazo. Bebí más. La cerveza tenía un sabor muy distinto a lo que había probado hasta entonces pero definitivamente me gustaba.

También me gustaba cómo la chica se me arrimaba sin parar y yo que aún no le había preguntado ni cómo se llama, le pregunté «oye, ¿cómo te llamas?». Me tocó el pecho y me miró a los ojos «¿Y tú?». Que qué aficiones tienes, los años, el trabajo… Daba igual lo que le preguntara, ella no quería conversación, estaba claro que solo pretendía manosearme aunque de vez en cuando se giraba a mirar el plasma y reía como los demás. Me tomó la mano y la puso en su cintura y me alcanzó la cerveza. Me lancé, no recuerdo haber estado más cachondo en la vida, pero me apartó la cara esbozando una sonrisa pícara. «Bebe más», dijo.

Bebí. De sopetón me acordé de que estaba en aquel extraño bar en aquella situación tan rara, me había olvidado del coche y así, me di cuenta de que debía estar preocupado. Ella me adivinó el pensamiento «¿tienes dónde dormir?». «No». «Tomémonos un par de cervezas y ven a mi casa, no quisiera que te quedaras en la calle, que hace frío». Al sonreír, sus pómulos se acentuaban.

Se me olvidó que quería sorprender a mis padres llegando antes de hora, pero no me esperaban, no podía hacer arrancar el coche, ni comunicarme con nadie y entre dormir en el coche con la calefacción puesta y pasar la noche con aquella rubia, no tenía un dilema muy difícil de solucionar. La casa era grande con un estilo muy clásico, subimos al piso de arriba, donde había un salón enorme, suelos de parqué que hacían ñiiic al caminar, un pasillo angosto y lleno de cuadros y entramos a la habitación, había una cama enorme, unos sillones mullidos y una alfombra tupida. Me invitó a otra cerveza más, justo como la que bebí en el bar. Me sentó en un sillón y ella se posó en mi regazo. Me besó el cuello, me lamió el lóbulo de la oreja derecha. Mientras lo hacía notaba la respiración de su nariz, acelerándose. Ronroneaba, desabrochándome la camisa. Intenté quitarle la camiseta, pero apartó mi mano y dijo «bebe». Y cada vez que intentaba tomar la iniciativa me apartaba mis manazas y decía «bebe».

Me terminé la cerveza mientras ella me ponía más y más cachondo y ya no podía resistirlo. Me levanté, agarrándola en brazos, y la dirigí a su cama. «No, en la cama no, en la alfombra». «A mí me gusta la cama». «La alfombra». La recosté en la alfombra, le quité la ropa, casi arrancándola. Su piel estaba caliente. Pasé su mano del hombro al cuello, lo acaricié y bajé al «ahhh» y la besé. Ella me desabrochaba el pantalón y nos quedamos los dos desnudos. Y entonces «ohhhhh» y empecé a moverme «ahhh» y ella se movía a un ritmo lento pero cada vez más rápido, me arañó la espalda «ahhh» nos mirábamos fijamente a los ojos suspirando y «¡ahhh, ahhh, ahhh!». Aguantaba yo el orgasmo viendo que ella llegaba y, arqueándose, «¡miaaaaaaaaaauuuuuu!». Ella se quedó un rato abrazada a mí, apretándose tanto como podía. Luego alargó el brazo hasta su cama y tiró de la manta, tapándonos a ambos mientras yo permanecía dentro de ella. Nunca había oído a una mujer maullar mientras se corría.

Desperté. Al girar la cabeza vi a la rubia amarrada a mí. Sonreí y me levanté tratando de no despertarla, ella soltó un gemido de disgusto al separarme pero luego se acurrucó y siguió durmiendo. Buscando desnudo el cuarto de baño, me percaté de que la chica tenía muchos gatos en casa, tenía un gato blanco inmaculado; dos negros, uno de ellos con una mancha blanca en la oreja; otros cuatro pardos y había uno que parecía una rata. Al final encontré el cuarto de baño bajando las escaleras, una puerta pequeña en otro salón, cerca de la entrada. Tiré de la cadena e hizo ¡shhhhhhhh gluglugluc! Me miré en el espejo, rocé con el dedo los arañazos que tenía en la espalda. «Menuda salvaje», pensé sonriendo.

Al salir, me fijé más en ese salón, que era también muy bonito, unas largas cortinas de terciopelo que caían con elegancia hasta el suelo, unos sillones confortables, enormes. Unas estanterías con álbumes de fotos familiares y de fotos de gatos. Había una mesa negra con detalles en rojo oscuro y unas sillas con un diseño original a la vez que un tanto macabro. La televisión era grande, pero no funcionaba. Al encenderla sonó chhhhh con la pantalla sin señal. Era molesto y la apagué. En el salón se encontraban el gato blanco y uno de los pardos, bufándose ¡fffssss! parecían odiarse el uno al otro. Me acerqué a la ventana porque quería ver si había nevado. No, pero la niebla que había en el pueblo era tan espesa que no podía ver tres metros más allá.

Entonces me llamó la atención un papelito que había sobre una estantería. Era papel higiénico, no tenía mucho sentido dejarlo ahí, pero tampoco pensaba revolver las cosas de la rubia. Sin embargo, algo cambió mi forma de pensar. El gato blanco bufó con una energía sorprendente, se le erizaron los pelos y con un feroz maaaauu le dio un zarpazo tal que al gato pardo quedó herido, perdiendo un par de gotas de sangre y ante tal ataque se fue tan rápido como pudo del salón. Entonces, el gato blanco corrió y en dos saltos se subió a un sillón primero y luego se posó donde la estantería, fijó su mirada en mí con sus ojos azules, que casi brillaban y puso su pata sobre el papel.

No me miraba con agresividad, como lo hacía con aquel gato pardo, sino que sus ojos denotaban una cierta súplica. Eso me convenció de satisfacer mi curiosidad y me acerqué al papelito. Había un chorretón de sangre seca en él y algo escrito a lápiz: Que desde que lo había secuestrado una mujer aparentemente joven, rubia y atractiva —glup— no paraba de darle una pócima con sabor a cerveza mientras oraba a un dios extraño y le explicaba que lo preparaba para un ritual llamado “Ascensión”.

«¡Tú!», cloc cloc cloc, tenía a la chica detrás de mí, vestida con un batín con la imagen de un gato, golpeaba el suelo una y otra vez con un bate de béisbol «¿¡Qué coño acabas de leer!?». Se acercó a mí varios pasos. «Nada…». Yo me acercaba a la puerta, alargué la mano hacia el pomo y entonces me di cuenta de que seguía desnudo. Me pregunté qué haría yo saliendo así con el frío que…

«¡Grrr, no te vas!», se abalanzó sobre mí. «¡Eh, para!». Se cargó una lámpara, crac, dio un par de golpes al aire, apartándome de la puerta de la salida. Los gatos empezaron a bufar al unísono, amenazantes, «¡Ven aquí!». Seguí evitándola por el salón, sus ojos tenían un fulgor que no había visto antes. Haciendo una finta, evité de milagro un golpe y corrí. Subí las escaleras, tropezando con uno de los gatos pardos, que casi me hizo caer. Ella me perseguía, amenazándome y yo, sin pensarlo bien, entré en aquel pasillo angosto del que no tendría salida y no sabiendo qué hacer le lancé un cuadro de un gato pintado al óleo. Le di, pero no le hizo mucho daño. Al contrario, eso la puso furiosa, ver que se rompió el cuadro. Viéndome acorralado, el valor surgió aunque fuese por supervivencia y «¡grrr!» salté hacia ella yo ahora. Casi consigo desarmarla, nos agarramos los dos al bate «¡ffff!» pero la chica sabía pegar bien y me dio un rodillazo en «¡ouuuu!». Luego con el bate, ¡cloc!, y perdí el conocimiento.

La rubia me despertó con agua. Estaba atado, amarrado a una silla. Seguía desnudo y había algo de sangre ¡Splash! «¡Para, ya estoy despierto!». «Bebe más». «No, no». «Sí». «No quiero beber de esa porquería». Ella llevaba un vestido negro con un símbolo en el estómago. Era ajustado y marcaba sus formas femeninas, pero se hacía absurdamente ancho en los antebrazos, donde la tela le colgaba casi hasta los pies. El pelo rubio y su piel clara hacían contraste con el negro intenso de su vestir. Me acercaba una botella a los labios. Cuando rehusé me abofeteó ¡plas! mientras me acariciaba el pene con suavidad. Pero cuando rehusé una vez más, apretó mis «¡ayyyyy!», retorciéndolos hasta «¡para, para, beberé!» Hizo que me la terminara mientras me susurraba que yo le gustaba mucho, que cuando terminara la Ascensión, yo sería suya. Luego se arrodilló y empezó a lamer mi «para por favor, no quiero». No me hacía ni caso y se puso a chupchupchup mirándome con lascivia. Se apartaba el pelo para hacerlo mejor y cogió un ritmo cada vez más rápido apretando con sus labios mi «noooo». Intentaba evadirme pero era incapaz. Al final acabé y ella se aseguró de exprimirme.

Yo seguía bebiendo y ella me alimentaba, se satisfacía conmigo y rezaba: «Oh, mi Amo, este hombre ya está casi preparado para la Ascensión, le he hecho beber tu esencia y la suya abandona su cuerpo todos los días. Pronto te lo entregaré, mataré su cuerpo y su espíritu se transformará en tu avatar, como siempre hicimos y haremos. Yo te sirvo, hoy y siempre, mi Amo».

Las ataduras me estaban volviendo loco. Necesitaba moverme, levantarme, correr. Me agitaba, gruñía intentando desembarazarme. Pretendiendo conseguir lo imposible no me di cuenta de que uno de los gatos pardos entró en la habitación ¡mau! Llamó mi atención y lo miré fijamente, sus ojos brillaban de amarillo y su alargada pupila se posó en mí. Parecía disgustado con mis intentos, como si entendiera lo que estaba pasando. De un salto se subió a mi regazo y me miró amenazante. Yo estaba paralizado, expectante. El gato sonrió y clavó sus uñas en mi pecho y empezó a arañar y a rasgar. «¡Ahhh!» Gritaba, me agitaba, moría de dolor. Pero nada le importaba al gato, pues poco podía hacer amarrado como estaba y en su afán de herirme se le teñía el pelaje marrón de rojo. No tuvo suficiente con eso, luego me llenó las piernas de mordiscos hasta que llegó mi captora y el felino se giró alarmado, maullando, mostrando su boca con sus pequeños colmillos enrojecidos. La chica, si es que podía seguir llamándola así, había palidecido, su pelo era canoso, tenía ojeras, la piel arrugada y sus ojos parecían tener luz propia. «¡Basta, déjalo! Tiene que estar presentable para la Ascensión». Por un momento me alegré de que apareciera pero:

«Bebe», dijo.

No sé cuánto tiempo estuve durmiendo. Me despertó el gato blanco mordiendo mis ataduras. Yo me sentía cada día peor y desesperanzado, pero el gato era tenaz y parecía querer liberarme. Consiguió rasgar y liberarme. Pero justo en ese momento otros cuatro gatos entraban enfadados ¡fffssss! Eran los cuatro pardos. ¡Fffssss! ¡Maaaaauuuuu! Saltaron sobre el gato blanco, que fue mordido, arañado y vapuleado. Ante esa escena me costaba reaccionar, observando cómo esos cuatro gatos estaban dispuestos a matar al que me había liberado, pero ver que el único de ellos que intentaba salvarme era apalizado, sentí la necesidad de ayudarlo y me enzarcé en la pelea y pateé y aplasté con toda la rabia acumulada que llevaba encima. Uno de los cuatro se me escapó, pero a los otros tres los maté aplastando huesos, reventando órganos, haciendo chopchop con la sangre. El gato blanco respiraba con dificultad pero seguía vivo.

Rápidamente me puse mi abrigo, los pantalones y me calcé. Tomé en brazos al gato blanco y salí de la habitación. Crucé el pasillo angosto y bajé las escaleras. La puerta estaba cerrada y no podía abrirla. En el salón el ambiente estaba enrarecido, pero no podía pensar en ello, miré alrededor y cogí un jarrón. Lo lancé contra la ventana, intentando romperla, pero el jarrón se detuvo en el aire y luego simplemente cayó, quebrándose contra el suelo.

«¡Jia jia jia!» Me giré al oír esa risa. La chica era una ahora vieja decrépita, arrugada y encorvada, seguía vistiendo de negro, pero todo le caía de forma holgada, pues en su piel blancuzca se marcaba solamente sus huesos. Tenía una guadaña gigantesca y no conseguía entender cómo cargaba con ella, con ese aspecto débil que tenía. Caminó hacia mí, «¡jia jia jia!» Algo hacía que mis piernas no se movieran bien, como si alguna fuerza las agarrara. Podía moverme, pero tropezaba constantemente. Ella avanzaba muy lentamente «¡jia jia jia!» Tropecé de nuevo. Y no podía levantarme. Elevó la guadaña.

¡Clang!

A duras penas la esquivé cuando la hizo caer sobre mí. No podía levantarme y me arrastraba «¡jia jia jia!». Ella seguía avanzando despacio pero yo tampoco podía moverme muy ¡Clang! ¡Maaaaau! El gato blanco saltó con sus últimas fuerzas sobre ella, haciendo que su guadaña se cayese. De sopetón dejé de notar la presión sobre mi cuerpo y me incorporé corriendo hacia la cocina, mientras ella iba detrás del gato blanco, que subía las escaleras renqueante.

La cocina era oscura, parecía un matadero y apestaba a carne podrida y vómito oxidado, pero me aguanté y traté de buscar un arma con la que defenderme. Abría cajones, no había más que tripas malolientes, carne despellejada e insectos pero ningún cuchillo. Dejé de buscar cuando abriendo uno de los armarios de arriba me encontré una cara humana partida por la mitad, con la sangre coagulada ya y una expresión de sufrimiento en sus facciones. Una angustia inaguantable me creció desde el estómago y tuve que salir de la cocina de inmediato.

Noté de nuevo la presión y la risa de aquella mujer se transformó en grito colérico,

«¡HAS MATADO A MIS GATOS!»

Me movía con dificultad. Ella estaba en la parte de arriba de las escaleras. Apretó su guadaña y me miró con rabia. Mi cuerpo se elevó y se fue acercando poco a poco a ella. Intenté gritar pero no se oyó nada. Elevó su guadaña mientras mi cuerpo levitaba hacia la muerte. ¡Mauu! El gato blanco atacó al gato que se me escapó y ella perdió su concentración, preocupada por su último gato pardo. Caí sobre las escaleras y la agarré de la vestimenta. Y tiré.

Cayó rodando por las escaleras y quedó con el cuello totalmente retorcido al golpearse la cabeza. Sin embargo parecía que seguía mirándome y cogí una de las lámparas del salón y le aplasté la cabeza ¡cloc, cloc, crac! hasta que me convencí de que no se levantaría. De la cabeza de mi captora surgió un chorro de sangre interminable. De repente dejé de notar la presión. Pude moverme normalmente de nuevo. El gato se acercó a mí, exhausto. Lo tomé en brazos de nuevo e intenté salir. La puerta se abrió.

Las calles seguían inundadas de niebla. Era de noche y la única luz que se veía era la de la luna llena. No había una sola persona en el pueblo, pero este estaba lleno de gatos. Todos me observaban, me miraban con odio y sus ojos siniestros brillaban con un fulgor que me evocaba las peores abominaciones imaginables. Bajo la niebla tocada por la luz de la luna, eran esos ojos lo único que podía percibir con claridad. Busqué mi coche donde lo había dejado pero ya no estaba. No me preocupé más por él, sentirme escrutado me aterrorizaba y abandoné el coche, corrí. No fue hasta que me ardían los pulmones y se agotaron mis piernas que paré de correr.

Miré atrás. Ya estábamos en la carretera, no en aquel pueblo. Mi teléfono estaba en mi abrigo aún y funcionaba.

Mi compañero y yo pudimos volver a mi casa. A mi casa, con mi familia. A ellos, especialmente a mi hermana pequeña, les encanta mi gato blanco inmaculado de ojos azules, pero no saben, ni sabrán jamás, que tiene el alma de un humano.

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Landra
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Re: CP XI Ascensión

Mensaje por Landra » 18 Abr 2016 18:54

Es uno de mis favoritos aunque he de decir que no he terminado de leer todos los relatos. Me parece original, nunca había leído algo así con esas "onomatopeyas". Buen clima al principio del relato y sorprendente casi en su totalidad.

Enhorabuena.
Dos más dos igual a cinco, de toda la vida.

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Frigg
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Re: CP XI Ascensión

Mensaje por Frigg » 18 Abr 2016 19:32

Me has sorprendido desde el minuto uno. Me gusta tu forma fresca, dinámica, divertida de contarme las cosas. Haces un uso onomatopéyico realmente bueno que no se me hace pesado sino que me hace a mí también decir ainss y ayayaya. Me lo he leído del tirón, enganchada con la historia. Creo que también beneficia que me encantan los gatos y ese juego entre comportamiento animal y humano me ha parecido interesante. Me ha dado miedo en momentos, en otros risa, en otros calores del tipo uffff!...

Me ha gustado, compañero/a. Volveré a leerlo una vez termine con todos, para ver si está entre mis elegidos.
“Mientras dure la vida, que no pare el cuento.”
Carmen Martín Gaite

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ciro
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Re: CP XI Ascensión

Mensaje por ciro » 18 Abr 2016 19:33

Pssee.
Aspecto formal: regular. No veo muy útil la utilización de tanta onomatopeya porque no creo que aporte nada especial al relato. También hay algún fallito en la redacción.
Argumento: simplemente no me gusta (cuestión absolutamente personal), demasiado explícito, sin ninguna sutileza especial.
Es un relato correcto sin nada especial, para mi gusto.
Suele ser más rentable escuchar que hablar. No hagáis como yo. Cosecha propia

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Re: CP XI Ascensión

Mensaje por MomoEnSilencio » 18 Abr 2016 19:56

Hola!

quizá tenga algún pequeño fallo en la redacción, pero te doy la enhorabuena por la frescura y el enganche de los que has dotado a tu relato. A mí, ese uso de las onomatopeyas me ha hecho reír, me ha sorprendido y divertido. Lo leí de una vez porque no podía parar. He disfrutado de la historia y de tu original manera de contarla. Si me sigo riendo acordándome de algunas partes en las que sustituyes algunas palabras por "aahh" jajjajajaja

Esto ya es muy personal pero siempre he preferido un relato que me remueva y me demuestre originalidad a uno que sea perfecto

Por ahora, de lo leído, el que más me ha gustado ;)
Su mayor virtud, escuchar al mundo
Jirones de inspiración

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Re: CP XI Ascensión

Mensaje por Gabi » 18 Abr 2016 20:23

Felicitaciones autor, me hiciste reír mucho :lol:
Es divertido, se lee rápido y un gran acierto el uso de las onomatopeyas.
"Sé selectivo en tus batallas, a veces tener paz es mejor que tener la razón".

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Re: CP XI Ascensión

Mensaje por Gavalia » 18 Abr 2016 21:30

No sé muy bien lo que me cuentas. No es que no lo entienda, ese no es el problema. Lo que no le encuentro es hilo conductor que me ponga en el pellejo de tu protagonista. No sé nada de él, y me resulta difícil empatizar con él y por ende con el relato. Es bastante original en lo que respecta a la mezcla de gatos y humanos. Eso me ha gustado mucho, enhorabuena por eso. No sé si el uso de tanta onomatopeya te ayuda demasiado a la hora de hacerte entender, pues aunque reconozco que en algún momento me parecieron originales y afortunadas, otras me chirriaron y mucho.
Sobre el cómo lo cuentas, creo que tu prosa es fácil de entender y posee un tono fresco que me gusta bastante. Quizás deberías echar mano de los sinónimos para que el texto se enriquezca y no quede tan simplón. También tienes párrafos que para mi gusto podrían haberse conformado de forma distinta como por ejemplo cuando los protagonistas salen de la tienda que se me hizo algo confuso. En alguna que otra parte te has liado un poco. "Si hay calefacción en el coche, se supone que arranca, y por tanto huelga quedarse en el pueblo, no? Tampoco habría dilema por el que optar".
Deberás corregir también la parte de la alfombra y la cama, léelo y te darás cuenta. "Dice que le gusta la alfombra pero creo que el párrafo dice lo contrario al final". El tema sexo me parece bien conducido, siendo incluso ingenioso por momentos con las onomatopeyas. Errores de edición tienes alguno, nada grave gramaticalmente hablando, pero introduces diálogos dentro de párrafos narrativos cuando deberían ir por separado. Creo que has confeccionado un trabajo relativamente decente en mi opinión pero te costará estar entre mis favoritos. Gracias por compartir y suerte.
2-3-1
Última edición por Gavalia el 05 May 2016 17:49, editado 1 vez en total.
-¡Qué felices éramos hace quince años!
-Pero si en ese entonces no nos conocíamos.
-Por eso María, por eso... 8)

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Re: CP XI Ascensión

Mensaje por Leticiamc » 18 Abr 2016 21:33

Me hizo reír bastante. Me parece que el.uso de las onomatopeyas está muy bien, creo que no es fácil causar el efecto deseado y para mi gusto lo has conseguido. En el contenido me da la sensación que pierde hacia el final un poco de fuerza, pero esto es cosa mía. Volveré a leerlo. Enhorabuena por el resultado.

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Re: CP XI Ascensión

Mensaje por blinder » 18 Abr 2016 23:29

Hola autor/a.

Este es el primer relato que leí y que voy a comentar, allá vamos.

Todo el relato me lo he pasado pensando que iba a convertirse en un gato él también. Con un toque gore y erótico, es una historia que deja mucho sin contar. ¿De qué trataba esa ascension? De cualquier modo lo que menos me gusta son las onomatopeyas, por ejemplo usas la misma en la succión y en el chapotear de la sangre, además cortan un poco el ritmo y parece que se usan para no usar ciertas palabras. La historia está bien, seguro que la próxima vez que vaya a ver a sus padres llena el depósito antes de salir.

En general, la historia está bien, tiene su intriga. Quizás a mi personalmente las onomatopeyas no me han llegado bastante, pero es algo muy personal.

Enhorabuena y suerte!
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Fernweh
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Re: CP XI Ascensión

Mensaje por Fernweh » 19 Abr 2016 01:22

:hola:
Este relato me ha parecido muy ameno y me ha hecho sacar alguna risa con el uso de las onomatopeyas. A la hora de hablar, yo las uso mucho, porque a veces con esos sonidos se expresan las cosas mucho mejor que con las palabras, y en este relato me han parecido muy acertadas.
Pues eso,me ha parecido original la forma de escribir, y el argumento me ha mantenido enganchada hasta el final. Pensaba que el protagonista acabaría convertido en gato, pero tampoco me ha parecido mal que no fuera así y que tuviera un final feliz para él y para el gatito blanco.
Buen trabajo compañero/a.
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Re: CP XI Ascensión

Mensaje por Berlín » 19 Abr 2016 08:10

Lo siento, yo soy anti-onomatopeyas total. No me importa utilizar alguna si lo requiere el guión, pero basar todo un relato en ellas a mi me ha empalagado un poco. Te salvas de mi escupitajo porque hay gatos y muchos, humano :cunao: . Bueno, el relato me parece muy fluido así que no te diré que te has apoyado en las onomatopeyas porque no barajas muchas palabras, que no es eso, que de tonto no tienes ni un pelo, simplemente lo has adoptado como un recurso para tu relato, un recurso que a mi no me acaba de seducir. Ojo, que el relato se lee con una media sonrisilla ¿eh? Solo es que no es de mi gusto. Pero veo que has gustado mucho, así que...psssse.
La redacción la veo correcta pero la historia no se sostiene en mi cabeza. Un tipo llega a un pueblo y se le para el coche y una jamona -que no tiene frio- se lo lleva a un bar, lo infla de beber, luego se lo folla incansable -¿ves? aquí podría haber escrito flap flap pero he optado por se lo folla- con el único fin de ¿de qué? esto no lo he entendido muy bien, pero me parece que se convierten en gatos ¿no?

Bueno, autor, suerte con este despropósito loco y divertido. :wink:
"Que escribir y respirar no sean dos ritmos diferentes"
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Mister_Sogad
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Re: CP XI Ascensión

Mensaje por Mister_Sogad » 19 Abr 2016 14:30

Uoh! Qué buena historia, y qué bien desarrollada. Me ha encatado autor/a, la narración ha sido fluida y la sencillez de la redacción ha ayudado mucho a mantener la tensión, además ha logrado que las escenas e imágenes fueran fáciles de construir y de "hacerlas correr" como en una peli. Un gran trabajo sin duda, aunque no me hubiera disgustado una mayor inversión en palabras y expresiones con algo más de... que me hicieran sumergirme más en las escenas, porque me he sentido espectador y no tanto protagonista, ¿me explico?, no he empetizado tanto con el protagonista de la historia como creo hubiera sido la guinda del relato. Ojo, la idea me gusta, porque yo en algunas partes especulaba o bien con vampiros o bien con hechicería, a ver que de esta sí que sí, pero al fusionarla con el tema de los gatos y dejar en el aire el misterio del "amo" al que la mujer ofrecía a los hombres me ha resulatdo original, y me ha encantado, ya digo. Poco que añadir, creo que has hecho una gran apuesta, al menos desde mi punto de vista, porque no es sencillo que estas cosas gusten de igual modo, pero al haberlo escrito bien creo que será uno de los relatos a tener en cuenta en la recta final.

Mi enhorabuena autor/a. :60:
Imagen Pon un tigre en tu vida.

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ACLIAMANTA
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Re: CP XI Ascensión

Mensaje por ACLIAMANTA » 19 Abr 2016 17:20

La historia bastante original y divertida. Fácil de entender y todavía más fácil de leer a pesar del exceso de onomatopeya( para mi gusto).
Vas pintando poco a poco una sonrisa en la cara del lector y eso siempre se agradece.
En resumen, me gusta tu relato.
Para cuando me ves tengo compuesto,
de un poco antes de esta venturanza
un gesto favorable de bonanza
que no es, amor, mi verdadero gesto.

Shigella
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Re: CP XI Ascensión

Mensaje por Shigella » 19 Abr 2016 17:58

La historia se me ha hecho larga, la redacción, deslabazada y atropellada, las onomatopeyas al principio vale, pero han perdido la gracia rápido, llegando a resultar bobaliconas e irritantes, la bruja-rubia buenorra, fantasía cutre masculina de manual, y lo de asesinar gatos a golpes mejor ni lo comento :?

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zilum
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Re: CP XI Ascensión

Mensaje por zilum » 20 Abr 2016 00:45

Pues a mí lo de las onomatopeyas me parece algo innovador y eso siempre hay que elogiarlo. Además, el fin justifica los medios, y me he echado unas buenas carcajadas: "apretó mis «¡ayyyyy!», retorciéndolos hasta «¡para, para, beberé!»" :meparto:

A mí la historia me recuerda a una de esas pelis de terror cutres, pero en las que se pasa un buen rato si eres consciente de lo que lees y te dejas llevar. Yo lo hice y me lo pasé bien, me ha gustado (ojo, no digo que el relato sea cutre :no: ). Hay momentos que pierde algo de ritmo, pero en general la trama mantiene la intensidad y me gusta que los protagonistas, hombre y gato, salgan victoriosos.

Enhorabuena al autor!! Suerte!!

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