CN5 - El pavipollo (No leer si eres susceptible...) Prófugo

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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kassiopea
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CN5 - El pavipollo (No leer si eres susceptible...) Prófugo

Mensaje por kassiopea » 25 Dic 2016 10:55

El pavipollo


Desde niña soñaba con ser la princesa rosa de los cuentos, prisionera en el amurallado castillo para luego ser rescatada por el valeroso y apuesto príncipe azul. Aquellos años de pureza, de sueños blancos y rosas, donde no había maldad ni obscenos pensamientos, pasaron rápido, quizá demasiado pronto.

Luego, con el paso del tiempo, llegué a convertirme en una adolescente que sudaba rock por cada uno de sus poros y que, además, era dueña de unas hormonas revueltas que pedían sexo a gritos, daba igual del bueno o malo -vale, si era del bueno y desenfrenado, mejor-, con amor o sin él, ya sea en un baño público o en medio del monte. Y mira tú por donde, si se presentaba ante mis ojos y entre piernas un buen chico duro, recio, de esos que se consideran malotes a los que todos temen, con sus tatuajes de serpientes y calaveras, fumando Celtas o Ducados y oyendo a Pantera o Barón Rojo, ya mis braguitas se caían por inercia. Y es que ya el señor Einstein había explicado lo de la ley de la gravedad y los cuerpos cayendo al centro de la tierra. ¿O fue otro el genio? Ni idea.

Ya había cumplido los veinte años y me encontraba en la flor de la vida. Mis padres, apesadumbrados y avergonzados de mi comportamiento, me animaban y exigían que estudiase, que me olvidara de los chicos, del alcohol y de eso que llamaban drogas.

Reconozco que me sentí una bandolera, una bala perdida. Más temprano que tarde, imaginaba que me quedaría embarazada de alguno de los tantos que acabasen poniéndose a mi frente, y a todo esto, sin poder contar con el apoyo de mi familia ni de mis presuntos colegas. Realmente me vi abortando y viviendo el resto de mis días con la conciencia enmohecida.

Todo se envolvía en un manto oscuro, en un profundo hoyo negro hasta que un buen día apareció mi querida tía Gelita. Mujer delgada y bajita, era mi tía paterna. Toda la inteligencia y carisma de la que adolecía mi padre, la poseía ella con creces. En sus tiempos mozos emigró a Suiza al lado de su adorado Custodio. Hace pocos meses regresó a su Albacete natal después de muchos años de ausencia. Y recuerdo que, mirándome fijamente a los ojos, de su boca oí decir algo parecido a un sermón que jamás caerá en mi olvido:

—Inesita, ¡Por las cenizas de tu tío Custodio, que en paz lo tenga el Señor en su Gloria! Asienta la cabeza de una buena vez, hija mía. Olvídate de tantas fiestas, de todos esos maromos asquerosos que no valen dos pesos. Deja ya de oír esa música satánica que te tiene loca. Desecha a todos aquellos que buscan solo diversión como también a esos que quieran abusar de tu corazón. Acepta solo a hombres que sean educados, refinados y, sobre todo, sepan sorprenderte cada día con detalles que te emocionen y te hagan sentir amada.

Yo, ante semejante discurso, claudiqué y me puse a sus pies.

Semanas después me apunté al gimnasio, me subscribí a un curso online de chino mandarín, logré dejar el tabaco y, lo más destacado, asistí tres días a la semana a clases de cocina.

Y digo que ha sido lo más destacado porque en ellas conocí a un hombre que pensé podía ser el amor de mi vida. Sinceramente, a priori, no resultaba ser ningún Adonis. Su contextura era gruesa -no me gustaba admitir que era un gordo seboso-, bastante peludo por todo el cuerpo, excepto en la cabeza, donde presentaba una avanzada calvicie y resultaba bastante más bajo de estatura que yo, llegando a duras penas a la altura de mis hombros. A veces no me explico cómo en tan pocos días llegué a ilusionarme así, tan de repente, de esa persona. Su nombre es Onofre, y a los pocos días decidimos vivir juntos y soñar con ser padres.

A todas estas, llegó el día de navidad y recibiríamos visita. Vendrían nuestros padres y mi querida tía Gelita. Celebraríamos la nochebuena juntos. Por dicho motivo, salí de compras toda esa mañana. Entre ellas, me hice con unos buenos mariscos para preparar un exquisito arroz a la marinera. Por su parte, Onofre había quedado en casa. Recuerdo que la noche anterior llegó algo misterioso, con algo envuelto en papel aluminio y lo guardó en la nevera. Me pidió dejarlo solo toda la mañana para darme una sorpresa culinaria y así hice.
Al llegar a casa pude comprobar que se desprendía un olor maravilloso desde la cocina. Supuse que había preparado una jugosa paleta, un lechón o algún que otro manjar. Yo, haciendo un esfuerzo extremo, pude aguantar las ansias y curiosidad por descubrir dicha sorpresa y no llegué a abrir el horno. Por mi parte, procedí a elaborar el arroz mientras retumbaban fuertes ronquidos que llegaban desde nuestro cuarto. Onofre seguramente estaría rendido de tanto esfuerzo y dedicación. ¡Que majo!

En casa, sobre las nueve de la noche, nos encontrábamos todos juntos sentados alrededor de la mesa, preparados para empezar el festín. Mi padre había venido muy serio, de corbata y mi madre muy elegante, recargada de joyas y maquillaje. Mis suegros, muy al estilo de Onofre. El señor Mancuso, calvo y rollizo, vestía una camisa marrón sin abotonar desde el pecho hasta la garganta, mostrando un incipiente vello oscuro. La señora Ofelia, por su parte, recién salida de alguna peluquería, lucía un ajustado vestido negro largo, estampado, que no le ayudaba a disimular su abultado vientre pero que le proporcionaba, a pesar de todo, un toque de cierto glamour. Y la tía Gelita, tan chachi cuchi ella, muy empolvorada con sus finos cabellos pintados de rojo, mostraba un sencillo traje de diversos colores, muy acorde con la navidad.

Llegado el momento, al fin se desvelaba el secreto. Onofre apareció ante nosotros, con delantal y gorro de chef, cargando con una inmensa bandeja donde reposaba un inmenso animalejo gordo y dorado, acompañado de unas patatas horneadas, zanahoria, cebolla, pimentón y algunas especies. En la mesa se oyeron exclamaciones y suspiros. Parecía que había causado buena impresión a primera vista.

—Bueno, aquí tenéis mi pequeña sorpresa, algo que supongo nunca habéis comido. Os presento este «Pavipollo al vino». Ayer lo vi en oferta en el supermercado, lo miré, ahí solitario, sentí que él también me miraba pidiendo venirse conmigo y, sin pensarlo mucho más, decidí traérmelo para casa —dijo Onofre muy orgulloso.

—¿Y cómo lo has preparado, amor? ¿Igual que el pavo relleno que preparan los americanos? —preguntó doña Ofelia

—No puedo decirlo, mamá. Secretos de chef, ¡ya sabes!. Solo te diré que lo he rellenado a conciencia con productos frescos y ejemplares. Disfrutadlo, por favor. Yo os contemplaré mientras lo degustáis, me niego a comerlo.

—¿Serás idiota? Comerás de este bicho culón al igual que todos nosotros —alcanzó a decir malhumorado su padre.

—Lo siento, papá. Me sentiría mal si llegase a hacerlo. Es mi pavipollo y quiero rendirle culto sin probar ni una sola de sus carnes. Además, estoy considerando seriamente convertirme en vegano.

Nuestras caras fueron de asombro. Mi Onofre se estaba comportando de forma tan extraña que empezaba preocuparme. Decidí ser la encargada de cortar el pavipollo y empezar a repartirlo entre los comensales.

Al empezar a masticarlo sentí un sabor extraño. No sé si dulce o agrio. Vi en las caras de los demás, a pesar de intentar disimular, que el sabor no era del gusto de ninguno. Mi padre mientras masticaba no logró aguantar la repulsión y escupió su trozo sobre el plato. Al hacerlo, encontró unos pelos negros pequeños enrollados y los miró con asco.

—¡Son pelos! ¡Y de los guarros! ¿Me puedes decir que significa esto, Onofre?

—No sea mal pensado, señor Matías. Eso deben ser los hilos calcinados del calor del horno con los que amarré al pavipollo luego de rellenarlo —alcanzó a decir nervioso.

Luego fue su madre la que escupía sobre el plato.

—Uf, ¡qué asco! ¿Qué es esta cosa plástica alargada? Parece un…¡preservativo!

—Mamá, ¡por favor!, que cosas tan malsonantes dices. Vaya mente sucia la tuya. Seguramente sea parte de los guantes de látex con los que rellené el pavo. Se me debió romper sin querer y no me di cuenta. Sabes, algunos chefs galardonados con estrellas Michelín tienen a veces sus despistes y yo no escapo a ello —dijo ofendido y en plan víctima.

Mi madre tampoco aguantó y se fue corriendo al servicio tapándose la boca con la mano. Regresó al rato pálida y asqueada.

Yo no podía creer lo que estaba sucediendo. Me encontraba flipando. El sabor cada vez se me hace más repugnante. El espectáculo era dantesco. Requerí, con urgencia, beber la copa de vino entera para bajar lo que tenía en la boca.

A todas estas, llegué a deslizar mi mirada hacia la tía Gelita y observé que de su dentadura sobresalía algo espeso, blanquecino y viscoso. Me dio un asco inmenso. Le pregunté a la tía, intentando disimular mi repugnancia, si le gustaba lo que tanto estaba masticando y con los ojos cerrados y la boca aún llena me alcanzó a decir:

—¡Ay Inesita! Creo que Onofre se ha pasado con la grasa de la panceta. Mastico y mastico y no se me disuelve en la boca — dijo avergonzada mientras intentaba taparse la boca con su mano izquierda.

—A ver tía, que no es ninguna panceta. Seguramente su pedazo ha llevado más leche condensada que el resto, por cierto, ingrediente esencial en este plato, y supongo que al calentarse se ha vuelto algo viscosa, gelatinosa. Bájelo con un buen trago de vino y mucho pan—recomendó sudando de los nervios Onofre.

En vista del poco éxito obtenido con el plato estrella de mi pareja, procedí a quitar la bandeja de la mesa y a recoger los platos. Onofre me ayudó a traer unos limpios y nuevos mientras yo servía sobre la mesa el arroz a la marinera.
Gracias a Dios el arroz salió al gusto de todos y la noche terminó de manera plácida, sin más sobresaltos. Más tarde, luego del café, los chupitos y postres, los invitados empezaron a irse a sus respectivos hogares hasta dejarnos solos. Tenía ciertas preguntas que hacerle a Onofre, evidentemente, pero por mi buena digestión y por poder conciliar bien el sueño, preferí volver a quedarme con la duda y olvidarme de todo.

Pasaron semanas, ya más de un mes desde aquella nochebuena. Tengo que admitir que empecé a sentirme abrumada y derrotada. ¡No soportaba a ese hombre tan asqueroso! Se convirtió en un viciosillo de cuidado. Ya no disimulaba y me empezaba a dar asco estar a su lado. Ni hablar de consumar el acto sexual, ¡ni loca!, solo de pensarlo me daban y siguen dándome arcadas. Cuando me descuidaba lo veía desnudo disfrutando de películas pornográficas a todo volumen, mientras se manoseaba sus partes dejando los ojos en blanco. No se cohibía y se ponía a gemir y a soltar aberraciones por esa boca. Debía imaginarse que era el actor porno que interactuaba con la «dama» de turno. Y como si fuera poco, al acabar su acto obsceno, dejaba todo el rastro de su corrida encima de las sábanas. De postre, para completar la faena, soltaba ventosidades por arriba y por abajo, quedándose tan a gusto ahí, todo despatarrado encima de la cama toda húmeda y maloliente.

Recuerdo que a las pocas semanas tocaron la puerta y vi que era mi tía Gelita con muy mal aspecto. ¡Qué desmejorada estaba! Había pasado de ser una hermosa sexagenaria a convertirse en una anciana pálida y cadavérica en tiempo record.

—Tía, ¿qué ha pasado contigo? Días sin saber de ti. Y ahora que te veo me preocupa tu aspecto. ¿Estás enferma? —llegué a preguntarle sintiéndome totalmente preocupada.

—¡Ay hija mía! ¡Ay San Hipólito! Llevo días que me encuentro fatal. He sentido náuseas espantosas. De mi vientre se desprende una acidez permanente. Eructo cada dos por tres y siempre que eso sucede salen de mi boca pequeñas plumas blancas. Casi no como y desde hace tres días no hago más que vomitar y solo salen líquidos rojizos que me queman la garganta con su terrible acidez, y lo que es peor, acompañados de más y más plumas blancas.
No podía creer lo que le estaba sucediendo. ¿Sería acaso que el pavipollo de nochebuena le había caído tan mal que le había dejado secuelas? ¿Acaso tía Gelita era alérgica al pavipollo y ella no lo sabía?

—Y eso no es todo, Inesita. No he podido aguantar más y he ido al médico. Me ha realizado todo tipo de análisis. Me ha revisado de arriba abajo. Según los resultados, ha comprobado algo asombroso y me ha dado una noticia insólita. ¡Estoy embarazada! — exclamó gritando.

—No puede ser posible, tía, a estas alturas de su vida y quedar encinta —dije impactada. ¿Usted se ha acostado con alguien? ¿Ha mantenido relaciones sexuales con algún amiguete? Se lo tenía muy callado, ¡eh, pillina!

—De eso nada hija. Desde que se murió tu tío Custodio ningún hombre se ha acercado a mí. No lo he permitido. Esto debe ser un milagro del Señor —mientras me cogía de las manos y recostaba su rostro humedecido de las lágrimas sobre mis pechos.

Entretanto, Onofre se encontraba escondido detrás de la puerta de la habitación oyendo nervioso el relato de la tía. Su conciencia le pesaba horrores, pero a pesar de ello se le notaba feliz. Al cabo de un rato, salió a la sala y se reunió con nosotras.

—Tengo que confesaros algo—hablando entrecortado y nervioso—No sé si esto sea la causa de este grave incidente pero tengo que decirlo de inmediato.

Ya muy nerviosas mi tía y yo, alcancé a decir:

—A ver, di lo que tengas de decir de una vez, ¡bocachancla! Espero que no tengas nada que ver con todo esto.

—Inés, ese veinticuatro de diciembre por la mañana, mientras tu ibas de compras, yo me quedé en casa preparando el pavipollo, ¿lo recuerdas?

—Claro que lo recuerdo. Venga, ¡al grano!

—Pues bien, luego de limpiar por dentro el pavipollo y rellenarlo, antes de coserle, contemplé ese hueco oscuro y apetecible. Parecía que latía, ¡uf! daba la impresión de que se comprimía y dilataba. A todo esto, recordé aquella película «American Pie» donde el chico tenia sexo con la tarta y yo quise imitarlo con mi querido pavipollo. La tentación fue inmensa. Contemplaba ese culo tan grande y esos muslos tirados pa’trás que no puede aguantar las ganas. Me fui a mi cuarto, conseguí un condón, me lo puse y empecé la faena. Fue fabuloso. Lo malo fue que tan pronto terminé de disfrutarlo, se me escurrió el condón con todo lo que solté ahí dentro del agujero. En eso tocaron el timbre de la puerta y de los nervios me fui a por una toalla para taparme. Pensaba que podías ser tú. Al final, del otro lado de la puerta se encontraba una familia de religiosos buscando evangelizar almas para alcanzar la viña del Señor. Luego se me olvidó sacarlo, cosí y…ya te puedes imaginar el resto. Por eso fue que rehusé a comer de él.

Yo quedé alucinada. No lo podía creer. Le asesté una bofetada en toda su gorrina cara.

—Entonces ¿estaré embarazada de ti?¡Miserable pervertido! —gruñó la tía

—Seguramente que si, como también del pavipollo —sacó a relucir una incontrolable y soez sonrisa—. Esas hormonas ovíparas deben ser muy potentes y fértiles. El pienso que les dan hoy en día tiene su sustancia. ¡Alégrese tía! ¡Vamos a ser padres! Al fin tendré descendencia, la que su sobrina no me supo dar. Se llenará nuestra casa de un nuevo retoño. ¡Celebremos! Confieso que pedí como deseo estas navidades llegar a ser padre este año, y parece que así será —expresó victorioso mientras descorchaba una botella de champagne.
Yo, sin poder creerlo, salí despavorida de casa. Recogí mis cosas y volví con mis padres, dejando atrás a ese patán y a toda esa vida en blanco y negro. Por otro lado, parece ser que a la tía Gelita le hizo ilusión, incomprensiblemente, llegar a ser futura madre en pocos meses después de tantos años de soledad, aunque resultase de esa manera tan peculiar. Y, entre lo malo, hubo que agradecer que solo fuese ella la que quedara embarazada. Solo de imaginar que también mi madre y/o la de Onofre llegaran a estarlo sería abominable.

Han pasado siete meses y la tía Gelita ha dado a luz. Nada más y nada menos que ¡trillizos! Dos varones con cresta y pequeñas plumas y, por otro lado, una hembrita con cuatro dedos en los pies y largas pezuñas. No cabe duda que eran hijos del pavipollo pero también de Onofre, ya que los tres retoños eran feos con esmero, enanos y gordos a rabiar. Además, los varones, pobres de ellos, nacieron con un micro-pene cada uno -casi invisible al ojo humano- a los que tuvieron que revisar con lupa para saber de cuál sexo disponían y así confirmar que eran varones. Hasta en eso se parecían al padre.

Yo me enteré a la postre que no puedo tener hijos. También me cansé de intentar ser una mujer ejemplar y decente. Así que me dejé de disfraces y de aparentar lo que no soy y desde entonces he vuelto a ser la rockera, la chica que disfruta de la noche y de sus placeres agregados. He vuelto a fumar y a follar como una posesa.

Hoy vuelvo a vivir, a disfrutar de la vida. Lo mejor del caso, me siento libre y aceptada por todos, incluso, hasta por mis padres. Ya no tengo a nadie a quien impresionar ni agradar, solo a mí misma y con eso me siento afortunada.

Los pavipollitos van creciendo. Onofre y mi tía viven ahora juntos formando una familia. Se ven felices y hasta revitalizados. Después de todo, el destino nos puso a cada uno en su lugar.
Para este Sant Jordi, el recopilatorio "Girándula en la niebla" ya disponible en Amazon

Leed en Los foreros escriben: Desbarre en el orfanato abretelibrense

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Re: CN5 - El pavipollo (No leer si eres susceptible...)

Mensaje por Sinkim » 25 Dic 2016 23:20

Autor, hay que reconocer que no mentías con la recomendación, te habrás quedado a gusto :033: Menos mal que al final has puesto lo de los hijos del pavipollo para dar un toque de humor a la historia pero aún así te has pasado mucho :cunao: :colleja: Está claro que has mandado el relato que has querido sin que te importen nada las votaciones :cunao:
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Re: CN5 - El pavipollo (No leer si eres susceptible...)

Mensaje por Berlín » 25 Dic 2016 23:47

—Pues bien, luego de limpiar por dentro el pavipollo y rellenarlo, antes de coserle, contemplé ese hueco oscuro y apetecible. Parecía que latía, ¡uf! daba la impresión de que se comprimía y dilataba. A todo esto, recordé aquella película «American Pie» donde el chico tenia sexo con la tarta y yo quise imitarlo con mi querido pavipollo. La tentación fue inmensa. Contemplaba ese culo tan grande y esos muslos tirados pa’trás que no puede aguantar las ganas. Me fui a mi cuarto, conseguí un condón, me lo puse y empecé la faena. Fue fabuloso. Lo malo fue que tan pronto terminé de disfrutarlo, se me escurrió el condón con todo lo que solté ahí dentro del agujero. En eso tocaron el timbre de la puerta y de los nervios me fui a por una toalla para taparme. Pensaba que podías ser tú. Al final, del otro lado de la puerta se encontraba una familia de religiosos buscando evangelizar almas para alcanzar la viña del Señor. Luego se me olvidó sacarlo, cosí y…ya te puedes imaginar el resto. Por eso fue que rehusé a comer de él.

:meparto:

Autor, autora, has escrito lo que te ha salido de los webs y eso me encanta. Yo al menos he pasado un buen rato, gracias. Lo único que no entiendo es porque se pone un condón para sodomizar a un pavo uhmmm :roll:
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Re: CN5 - El pavipollo (No leer si eres susceptible...)

Mensaje por Megan » 26 Dic 2016 00:24

Ahora entiendo lo de la susceptibilidad.
En realidad no es el tipo de tema que me guste.
De todas formas lo considero muy bien redactado.

Gracias por compartirlo y suerte :60:

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Re: CN5 - El pavipollo (No leer si eres susceptible...)

Mensaje por Iliria » 26 Dic 2016 00:43

Empiezo con este :lol:
Se agradece el tono desenfadado, tiene buenos momentos y me gusta ese punto gamberrete :mrgreen: Lo malo es que no me ha transmitido la repugnancia que pretende.
Gracias por compartirlo :hola:
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Re: CN5 - El pavipollo (No leer si eres susceptible...)

Mensaje por ACLIAMANTA » 26 Dic 2016 10:40

Muy bien escrito (por una mano sin duda experta), de fácil lectura y comprensión.
No es la clase de humor que prefiero y algunas escenas repugnan un poco, pero está bastante bien escrito.
Para cuando me ves tengo compuesto,
de un poco antes de esta venturanza
un gesto favorable de bonanza
que no es, amor, mi verdadero gesto.

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Re: CN5 - El pavipollo (No leer si eres susceptible...)

Mensaje por prófugo » 26 Dic 2016 11:26

Hola autor(a):

Me llamó mucho la atención el nombre de tu relato (una receta del gran robot Ukiah :cunao: ) y la recomendación que has puesto a su lado.

Me parece bien escrita y tiene su toque de humor..pero creo que te has pasado un poco de la raya :azotes: :-)

Ya me gustaría ver la apariencia de esos pequeños pavipollos :D

Suerte :60:

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Re: CN5 - El pavipollo (No leer si eres susceptible...)

Mensaje por prófugo » 26 Dic 2016 11:28

Berlín escribió:
—Pues bien, luego de limpiar por dentro el pavipollo y rellenarlo, antes de coserle, contemplé ese hueco oscuro y apetecible. Parecía que latía, ¡uf! daba la impresión de que se comprimía y dilataba. A todo esto, recordé aquella película «American Pie» donde el chico tenia sexo con la tarta y yo quise imitarlo con mi querido pavipollo. La tentación fue inmensa. Contemplaba ese culo tan grande y esos muslos tirados pa’trás que no puede aguantar las ganas. Me fui a mi cuarto, conseguí un condón, me lo puse y empecé la faena. Fue fabuloso. Lo malo fue que tan pronto terminé de disfrutarlo, se me escurrió el condón con todo lo que solté ahí dentro del agujero. En eso tocaron el timbre de la puerta y de los nervios me fui a por una toalla para taparme. Pensaba que podías ser tú. Al final, del otro lado de la puerta se encontraba una familia de religiosos buscando evangelizar almas para alcanzar la viña del Señor. Luego se me olvidó sacarlo, cosí y…ya te puedes imaginar el resto. Por eso fue que rehusé a comer de él.

:meparto:

Autor, autora, has escrito lo que te ha salido de los webs y eso me encanta. Yo al menos he pasado un buen rato, gracias. Lo único que no entiendo es porque se pone un condón para sodomizar a un pavo uhmmm :roll:
Gatita..Supongo que no deseaba "ensuciar" al pavipollo por dentro ni dañar los ingredientes que llevaba en su relleno.

Pero al final..pasó todo lo contrario :evil: :twisted:

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Re: CN5 - El pavipollo (No leer si eres susceptible...)

Mensaje por Berlín » 26 Dic 2016 12:19

prófugo escribió:
Berlín escribió:
—Pues bien, luego de limpiar por dentro el pavipollo y rellenarlo, antes de coserle, contemplé ese hueco oscuro y apetecible. Parecía que latía, ¡uf! daba la impresión de que se comprimía y dilataba. A todo esto, recordé aquella película «American Pie» donde el chico tenia sexo con la tarta y yo quise imitarlo con mi querido pavipollo. La tentación fue inmensa. Contemplaba ese culo tan grande y esos muslos tirados pa’trás que no puede aguantar las ganas. Me fui a mi cuarto, conseguí un condón, me lo puse y empecé la faena. Fue fabuloso. Lo malo fue que tan pronto terminé de disfrutarlo, se me escurrió el condón con todo lo que solté ahí dentro del agujero. En eso tocaron el timbre de la puerta y de los nervios me fui a por una toalla para taparme. Pensaba que podías ser tú. Al final, del otro lado de la puerta se encontraba una familia de religiosos buscando evangelizar almas para alcanzar la viña del Señor. Luego se me olvidó sacarlo, cosí y…ya te puedes imaginar el resto. Por eso fue que rehusé a comer de él.

:meparto:

Autor, autora, has escrito lo que te ha salido de los webs y eso me encanta. Yo al menos he pasado un buen rato, gracias. Lo único que no entiendo es porque se pone un condón para sodomizar a un pavo uhmmm :roll:
Gatita..Supongo que no deseaba "ensuciar" al pavipollo por dentro ni dañar los ingredientes que llevaba en su relleno.

Pero al final..pasó todo lo contrario :evil: :twisted:

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Ahhhhhhh, claro, visto así. En fin, un relato que muy bien podría pertenecer a algunos de mis brutos novelistas. Muy fresco y malvado. Muy bien. Y muy bien escrito, por cierto. :60:
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Re: CN5 - El pavipollo (No leer si eres susceptible...)

Mensaje por prófugo » 26 Dic 2016 13:06

Algún Palahniuk de tus brutos? :meparto:

Sorry..autor(a) :)

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Re: CN5 - El pavipollo (No leer si eres susceptible...)

Mensaje por lucia » 26 Dic 2016 16:47

No me ha gustado. Sí, da asco la parte del pavipollo y la del fantástico embarazo, pero eso de intentar meter la cutre-moraleja así :shock: :roll: Y eso que la primera parte está bien escrita (en la segunda hay varios errores tontos que no hay en la 1ª).

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Re: CN5 - El pavipollo (No leer si eres susceptible...)

Mensaje por noramu » 27 Dic 2016 16:38

Dürüm. Mezcla de ternera o pollo con hortalizas bien envueltas en una hermosa tortita. Pero autor, te has pasado con la salsa. Si bien un toque picante puede hacer de este plato una exquisitez, el exceso puede generar fuego en la garganta y que resulte incomestible.

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Re: CN5 - El pavipollo (No leer si eres susceptible...)

Mensaje por Gabi » 28 Dic 2016 00:52

A mi me gustó :lol: :lol:
Me dió un poco de asquito, pero está muy bien escrito y me divertí mucho.
Muchas gracias autor :60:
"Sé selectivo en tus batallas, a veces tener paz es mejor que tener la razón".

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Re: CN5 - El pavipollo (No leer si eres susceptible...)

Mensaje por Sagaz » 28 Dic 2016 08:12

Bueno, a ver :lol: La escritura es correcta aunque has mezclado los tiempos en algún momento. El narrador no me ha parecido nada creíble: una chica que confunde a Einstein con Newton no ''claudica'', creo que el autor ha escrito más como él mismo que como la protagonista, y eso le resta inmersión.

No me ha gustado la historia. No me divierte leer estas cosas y menos si están relacionadas con la comida (¡y menos aún si me pilla desayunando!). Mucho asquito, pero ya sabías que eso iba a pasar y aun así has escrito el relato que te apetecía sin importarte nada más, te aplaudo por ello.

Supongo que este tipo de historias tendrán su público, pero no son para mí.
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Re: CN5 - El pavipollo (No leer si eres susceptible...)

Mensaje por rubisco » 28 Dic 2016 20:37

Hola, autor o autora:

Has escrito un relato muy valiente, a riesgo de que sea valorado más por sus excesos que por su contenido (a fin de cuentas cada lector valora lo que cree conveniente). Creo que la narración es adecuada, sin grandes alardes pero sin fallos garrafales, aunque sí es cierto que hay alguna errata que se corregiría con una o dos revisiones.

Personalmente, no estoy seguro de cómo valorarlo, porque como lector no he disfrutado demasiado, aunque reconozco que la mezcla de drama y comedia (sobre todo con esos pavipollos al final) resulta divertida.

Gracias por compartirlo :60: :60:
"La papelera es el primer mueble en el estudio del escritor"

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