CPXII - Maldad en la ciudad - Megan

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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lucia
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CPXII - Maldad en la ciudad - Megan

Mensaje por lucia » 14 Abr 2017 10:49

Maldad en la ciudad

—Teniente Folder, ahora que contamos con lo que vimos en el dormitorio de la víctima, ¿se comunicó con delitos informáticos? —preguntó la sargento From entrando a la oficina de su superior.
—Si sargento, hablé con el director del sector, el agente especial Laurence McMillan, nos reuniremos con él y su equipo en la tarde —respondió el teniente Folder.
La junta tuvo lugar en uno de los salones de conferencias de la oficina del FBI en el centro de Erie, en Pensilvania, el caso lo requería. Folder y From estaban tras un asesino que había matado a una joven de la ciudad.
El teniente James Folder, era de carácter afable pero enérgico, rondaba los cincuenta años aunque aparentaba más por su delgadez y las copiosas canas que casi no dejaban ver su cabello castaño, sus ojos azules reflejaban bondad. Era veterano en estas lides, mientras esperaba que llegaran los detectives, golpeaba la mesa de conferencias, un tic que tenía cuando estaba muy preocupado. En cuando estuvieron todos, fue al grano de inmediato, no era hombre de andar con rodeos para comenzar a relatar un caso como el que venían siguiendo.
—Señores, tenemos frente a nosotros un caso complejo, se trata de un hombre que ha asesinado a una quinceañera. La victima fue vista por última vez a la salida del gimnasio Presque, no volvió a la casa y fue encontrada sin vida en la orilla oeste del lago Eire. Según el informe forense, pereció asfixiada y tiene signos de violencia sexual. Pensamos que debe ser un hombre joven y apuesto, que de alguna manera la atrajo con su conversación, sin antecedentes porque el ADN hallado en el cuerpo de la joven no se encuentra en la base de datos —explicó Folder.
—Hasta ayer de tarde no teníamos ninguna pista. Pero cuando registré, junto con la sargento From, la casa de la víctima, encontramos algo muy valioso —relató Folder, mirando a cada uno de los presentes.
—¿De qué se trata teniente? —inquiríó el agente McMillan.
—Se trata del ordenador de la chica, lo dejó encendido y salió para el gimnasio. Observamos que se conectaba a un chat y que puede haber muchas probabilidades de que el asesino la haya contactado por ese medio y después fuera por ella —manifestó Folder.
El agente especial Laurence McMillan, jefe de la unidad de delitos informáticos, era un hombre de mediana edad, muy comprometido con su cargo. Entendió la emergencia en la que se encontraban y le informó al teniente Folder que de inmediato se pondrían a buscar en los ordenadores de la unidad, los chats más usados por los jóvenes de la región.
Uno de sus hombres, el agente Ryan, explicó que la estrategia sería más favorable si una chica se conectara al chat.
Por primera vez la sargento Heather From, hizo uso de la palabra. Era una mujer bella, no hermosa, sino con una presencia especial que la hacía muy sexy. No era muy alta ni delgada, pero su sensualidad estaba en sus largos cabellos rojizos, sus bellos ojos azules, su voz y la forma en que se movía. Rondaba los cuarenta años.
—Me gustaría ser la supuesta chica que se conecte a los chats, creo que puedo hacerlo—solicitó muy segura de sí misma.
—Estoy de acuerdo, deberíamos comenzar con la estrategia mañana a primera hora ¿qué dices Folder? —le consultó McMillan.
—Claro que estoy de acuerdo, no quiero otra víctima. Bien—declaró poniéndose de pie— mañana lleve a la sargento a la sala de los ordenadores y comencemos a manejar el caso también desde allí —informó Folder.
—Nunca tuvimos algo así en la ciudad, me parece increíble que esté sucediendo, es siempre tan tranquila —confesó el agente McMillan.
Era cierto. Erie era una pequeña, apacible y moderna ciudad del estado de Pensilvania, se caracterizaba por su principal industria, la nanotecnología, por lo que era muy renombrada en los medios nacionales e internacionales. Sus habitantes tenían una buena situación económica, las bellas casas estaban adornadas por hermosos jardines con flores y lujosos autos estacionados en los garajes.
En cuanto al ambiente de la ciudad, era tranquilo, sin nada especial que sacara a sus habitantes de sus actividades diarias. El trabajo, los estudios, la iglesia, las actividades al aire libre. Todo era paz en una ciudad que congeniaba la belleza de su arquitectura con la hermosa naturaleza que poseía.
La familia de Tom y Heather From, estaba constituida por sus dos hijos, Charlize y Brad, ambos adolescentes. Vivían en una moderna casa de dos plantas a media hora en auto del centro de la ciudad. Tom era agente de bolsa y tenía su oficina en un lujoso edificio de la City, en tanto Heather había ingresado a la policía desde muy joven y con su talento y destreza había llegado alto.
Brad de dieciséis años les daba bastante dolor de cabeza con su malhumor en casa, pasaba de ser un encanto de joven a enfurecerse como un demonio ante cualquier cosa que le dijeran sus padres y no le gustara. Estaba siendo tratado por un psiquiatra, que le administraba medicación para su bipolaridad.
Aparte de eso, era un chico encantador y no había muchacha que no pasara ante sus ojos de la que no se enamorara y eso lo dispersaba de sus estudios. Practicaba baloncesto con mucho entusiasmo y era muy popular entre los jóvenes de su edad. Tenía el cabello corto castaño y ojos grandes del mismo color, se parecía a su padre, en lo alto, delgado y muy apuesto.
Por otro lado Charlize tenía cabello castaño claro, ojos verdes y también se parecía físicamente a su padre. Era de buen carácter y muy estudiosa. También buena nadadora, deporte que practicaba en el propio secundario, al igual que su hermano el baloncesto.
El trabajo de sus padres, sobre todo el de Heather los mantenía bastante tiempo fuera de la casa, por lo que tenían un ama de llaves llamada Dina, que era adorada por todos desde hacía más de diez años. Llegaba de lunes a viernes a las ocho de la mañana, preparaba el desayuno para todos y a medida que se levantaban lo servía, después todos se iban y ella quedaba a cargo de la casa. Era una mujer de unos cincuenta años, casada, con hijos mayores, de cabello y ojos negros, algo gordita y baja.
Heather se levantó al otro día muy temprano, se duchó, se arregló y luego de tomar el desayuno exquisito que Dina le había preparado, saludó a todos y se fue.
Cuando se sentó frente al monitor, ingresó a uno de los chats con el nick “Natalie”, comenzó a escribir en el tono en que lo hacían los jóvenes, tenía mucha experiencia por escuchar las charlas entre sus hijos. En tanto los detectives observaban y trabajaban a la vez. La típica pregunta era: ¿cómo eres? a lo que ella respondía que era de cabello castaño claro, ojos verdes, delgada y que le gustaba practicar deporte.
El ambiente era de tensión, no podían permitir que ocurriera otra muerte. Heather estaba sentada frente al monitor del ordenador, rodeada de tres de los más importantes agentes especialistas en delitos informáticos. Uno de ellos manejaba un ordenador clonado al que usaba la sargento y se movía por las interfaces de las conversaciones del chat para conseguir los datos necesarios a los efectos de llegar a un supuesto sospechoso.
Las charlas se hacían largas y tediosas, en general los chicos decían bastantes tonterías. Todo iba normalmente, cuando un usuario de nick “Chad”, además de las preguntas comunes, se interesó en saber si iba a algún gimnasio. Esto llamó la atención de los detectives que comenzaron a rastrear desde donde se conectaba el sujeto.
La charla continuó, le había dicho a Heather, que tenía veintiún años, vivía solo y trabajaba como entrenador deportivo. Entonces la sargento pasó a hablar de los días tan bonitos que hacían, ideales para correr por los parques.
Chad la siguió en la charla y le preguntó si ella solía hacerlo, al recibir una respuesta positiva, le dijo que sería bueno encontrarse para correr juntos. Ella le dijo que le encantaría, por lo que quedaron en encontrarse en el parque de los Grandes Lagos a la mañana siguiente, se reconocerían porque ambos llevarían prendas de color azul y roja.
Al fin del día, el teniente Folder y la sargento From se reunieron con el agente McMillan, para relevar lo que tenían y cómo llevarían a cabo la estrategia a partir de ello.
—James, no tenemos mucho, sólo parecería que en el chat hay una persona que dice ser un joven de veintiún años, entrenador deportivo y confirmamos que se conecta desde aquí. Se ajusta a lo que buscamos, pero no es seguro ¿qué opinas? —preguntó McMillan.
—Laurence, lo sé, no podemos estar seguros que ese hombre o lo que sea, es el asesino, no dio ninguna prueba de serlo, sólo por preguntar a qué gimnasio va la chica, pero es algo que tenemos que seguirle el rastro ¿entiendes? —expuso Folder.
—Por supuesto debemos conocerlo, si se presenta y hacerlo hablar, quizás estemos por mal camino, pero no hay peor gestión que la que no se hace—declaró McMillan en tono muy preocupado.
—La sargento From traerá a su hija Charlize quien será “Natalie” en el parque, creo que lo hará bien, es una chica muy inteligente como su madre —añadió el teniente Folder.
—Me preocupa la protección de mi hija cuando esté frente a este monstruo—expresó en tono apremiado la sargento From.
—Debes quedarte tranquila, los agentes especiales expertos en estos delitos estarán encubiertos en el parque, los nuestros se hallarán en cada una de las calles de salida del mismo, luego tenemos a las unidades cerca del lago y a las que cortarán las rutas que salen de la ciudad, no temas, no le va a pasar nada, confía en nosotros —la tranquilizó Folder.
—Estoy de acuerdo con ustedes—manifestó From, en el momento en que sonaba su móvil, salió de la oficina a atenderlo y cuando volvió se excusó, debía ver a su madre que se encontraba enferma.
—Anda tranquila, nos vemos en la mañana—dijo atento el teniente Folder.
Heather llegó muy rápido a su casa y entró al dormitorio de Charlize,
—Escucha, mi cielo, sólo debes entrar al parque y esperar a que llegue Robert, lo conoces bien, pero recuerda que debes hacer como que nunca lo viste, él hará lo mismo contigo ¿de acuerdo? —resumió Heather en un tono muy distinto al que acostumbraba a hablar —todo está arreglado, Robert será arrestado y llevado a declarar, pero al no haber pruebas lo dejarán en libertad —explicó su madre.
—Ya lo sé mamá, no tengo miedo, sólo quiero que todo salga bien para nosotros, dijiste que me tomarán declaración para que cuente qué me dijo y luego me dejarán ir—contestó la jovencita con un dejo de miedo en sus ojos.
—Exacto, pero nadie te molestará, las preguntas las iré llevando hacia donde yo quiero y tú ya sabes las respuestas ¿está claro? —le recalcó su madre y la abrazó fuerte.
—Si mamá, está claro—contestó la joven, con suma confianza en su madre.
—Bien, iré a ver a Robert —expresó y salió hacia la habitación de huéspedes que tenían en el fondo de su casa. Allí estaba el joven, de unos veinte años, alto, delgado y tremendamente apuesto, sentado en un sillón con la cabeza baja, al verla entrar la miró con preocupación —en tanto ella le recordaba—Robert, mañana irás al parque y harás lo que te dije, luego te interrogarán, yo estaré allí, te declararás inocente, no hay pruebas contra ti, te dejarán en libertad ¿está claro? — explicó observándolo seriamente.
—Recuerda que si no fuera por mí, estarías tras las rejas en la prisión de Tennessee por asesinato, el que en este momento está pagando un inocente que no pudo con mis argumentos ni con las pruebas falsas que le planté —le recordó ella con rostro astuto.
—Lo tengo claro Heather, y sabes que haré lo que tú quieras porque te lo debo, sólo te pido que me saques enseguida de allí, me aterra estar en manos de ellos —le solicitó el joven.
Conoció a Robert cuando la enviaron por un año como agente al estado de Tennessee. El joven era sospechoso de un asesinato, pero ella lo salvó de ir a prisión, cambiando las pruebas. Con la condición de que si algún día lo necesitaba él la ayudaría.
Se hizo la mañana del viernes en Erie, todos los agentes estaban apostados en sus lugares, expectantes de cualquier hombre que pasara por delante de ellos.
La sargento From y Charlize llegaron en la camioneta y pararon a unas calles del parque.
—Charlize, está todo controlado, por favor sé lo más normal que puedas, recuerda que no conoces a Robert, míralo con desconfianza, por favor hazlo por nosotros, yo debo irme a casa para terminar con todo esto —volvió a explicarle a su hija en tono tranquilo, aunque que no pudo esconder los nervios que sentía.
—Ve tranquila mamá, lo haré bien, no te preocupes —manifestó la joven muy decidida.
La chica comenzó a caminar por el parque y a los quince minutos vio a Robert caminando hacia ella, lo esperó y cuando estuvieron frente a frente, él le dijo sonriendo,
—¡Hola! Tú debes ser Natalie, me alegro de conocerte.
—Y tú eres Chad, también me alegra verte —sonrió la joven.
—¿Quieres conversar o comenzamos a correr? —preguntó el joven.
—Me encantaría comenzar a correr, podemos hablar si no lo hacemos muy rápido —contestó Charlize.
En tanto esto sucedía en el parque, fuera del mismo, los agentes Ryan y Smith, se acercaron a la patrulla adonde se encontraba apostado el agente McMillan mirando el operativo y le dijeron:
—Señor, tiene que saber esto, acabamos de recoger los testimonios de dos testigos vecinos del gimnasio Presque, los que se encontraban de viaje cuando hicimos los primeros interrogatorios.
Según sus declaraciones, un hombre joven entró al gimnasio el viernes pasado y se fue con una chica en su auto. Notaron por el sticker en el vidrio trasero que era un auto arrendado en Alvin Rent a car y además recordaron la matrícula porque resultó ser la fecha de cumpleaños de uno de ellos, en la arrendadora nos han entregado los datos que les dio el joven, mire—expresó muy confundido Ryan.
—No entiendo, ¿qué significa esto Ryan? —inquirió McMillan.
—Que debemos ir a esta dirección de forma urgente señor —apremió el detective.
—No puedo creerlo, no puede ser cierto, vamos allá de inmediato —exclamó el agente.
Estacionaron frente a la bella casa y bajaron de las patrullas, tocaron el timbre y a los pocos minutos salió la sargento From con cara de asombro y angustia,
—¡Laurence! ¿pasó algo con Charlize? ¿lo capturaron? ¿qué hacen aquí? —inquirió la teniente.
—No pasó nada con Charlize, Heather —contestó el agente.
—¡Entonces dime qué sucedió! —expresó ansiosa la sargento.
—Es sobre tu hijo Brad, al parecer alquiló un auto que fue visto el viernes en el gimnasio, conducido por un joven, y fue al que subió la chica posteriormente asesinada. El auto lo devolvió el sábado de madrugada, lo siento Heather pero tenemos que hablar con él —dijo en tono algo triste el agente McMillan.
—Pero, ¿qué me estás diciendo Laurence, por favor? ¿que mi hijo de dieciséis años es un asesino monstruoso? ¿es una broma? Tú lo conoces desde que nació, lo has visto crecer, nunca se ha metido en problemas, es un joven encantador, estudioso y con muchos amigos —declaró Heather sumamente contrariada.
—De verdad lo siento, pero necesito hablar con él para que me explique qué sucedió esa noche —solicitó el agente lo más calmado posible.
—Dime que no es cierto ¡por favor! Él no está, no sabemos adónde fue, ¡pero eso no puede ser verdad! —dijo ella entre sollozos.
—Entonces necesito una foto suya para mostrarla en el gimnasio y en la arrendadora, te reitero, lo lamento mucho —se disculpó el agente.
Ella entró a su casa y trajo una foto de Brad, lloraba muy angustiada, el agente no dijo nada, sólo tomó la foto, subió a la patrulla y se fue rápidamente con los detectives.
Al llegar Tom, encontró a una mujer muy distinta a la que acababa de hablar con los agentes, se acercó a él y le dijo fríamente,
—Tom, vinieron por la foto de Brad, creen que es el asesino,
—Cariño, sabemos que nunca lo van a encontrar, ahora ve adonde está Charlize, así terminan cuanto antes con todo esto y podemos despachar a Robert y quedarnos tranquilos. ¿Le diste a Brad todo? ¿La documentación, el pasaje y dinero? —preguntó Tom con ansiedad.
—Sí, vine rápidamente aquí para llevarlo al aeropuerto, tomamos el atajo del bosque, el mecánico que trafica con cocaína y que dejé libre ya tenía hechos los documentos falsos. Le di el pasaje de avión hacia California, y bastante dinero, ya está volando para allí. Lo cobijarán los Mackenzy, que nada tienen que ver con nosotros, además viven en un lugar tan remoto, que la policía jamás irá allí. Me debían un favor por dejarlos libres aunque sabía que eran culpables de robo a mano armada y se harán cargo de Brad. Siempre es bueno quedar bien con algunos delincuentes, por si sucede algo como esto —explicó Heather con una sonrisa siniestra en sus labios.

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Re: CPXII - Maldad en la ciudad

Mensaje por Sinkim » 22 Abr 2017 20:26

Me ha gustado mucho este relato, el giro final es muy bueno y pilla completamente por sorpresa :shock: :shock:

No me esperaba para nada que la sargento fuera tan corrupta y retorcida :o

Qué casualidad que tanto éste como, Malos hábitos, tratan de padres haciendo lo imposible para proteger a unos hijos asesinos :lol: :lol:
Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano.

:101: RECUENTO 2017 :101:

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Re: CPXII - Maldad en la ciudad

Mensaje por prófugo » 23 Abr 2017 00:34

Estimado autor:

Me ha gustado tu relato :-) aunque te confieso que a mitad de él ya me imaginaba por donde venían los tiros.

Y es que por proteger a un hijo...uno hace lo que sea..hasta ir en contra de nuestros propios principios y valores.

Brad andaba en malos pasos y cometió un gran error. Veo lógico la forma de actuar de su madre aunque no sea la correcta para el resto del planeta.

Pues nada...bastante bien escrito y divertido...se lee de un solo tirón.

Un fuerte abrazo y gracias por compartir tu criatura.con nosotros.:60:

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Re: CPXII - Maldad en la ciudad

Mensaje por Mario Cavara » 23 Abr 2017 00:46

Un buen relato. Me ha gustado. Sin embargo, creo que abusa demasiado del diálogo, con lo que la narración queda reducida a poca cosa. Tampoco he leído ninguna frase que me haya impactado especialmente por su contenido estético o literario. Digamos que el relato es entretenido, pero carente de belleza.

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Re: CPXII - Maldad en la ciudad

Mensaje por Gabi » 23 Abr 2017 05:42

La historia me resultó entretenida y si bien me di cuenta de entrada que el hijo era el asesino, no imaginé que la madre lo estaba encubriendo. Pensé que sería como en una típica película yanqui y la madre heroína total con todo el dolor del alma lo terminaría entregando y el hijo subiendo al patrullero y gritando "madreee me traicionaste" jajaj
Pero no, me sorprendiste y te felicito autora.

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Re: CPXII - Maldad en la ciudad

Mensaje por Berlín » 23 Abr 2017 07:55

Yo nado contra corriente, autor, a mi no me ha gustado. Me ha parecido en todo momento estar viendo una peli de esas de serie B que dan los domingos a la hora de la siesta. Y es que incluso los diálogos no me han parecido creíbles.
Mira, el relato Malos hábitos a mi me ha recordado a Dexter, es obvio e inevitable, incluso al chico de Tenemos que hablar de Kevin por su maldad y es que es irremediable que lo que vamos leyendo nos recuerde a lo ya visto o leído. A mi que suceda eso no me importa, siempre que la forma en que me lo cuentes -la tuya, tu sello- la haga diferente a mis ojos. Con ese relato en cuestión me ha sucedido eso, que lo he visto diferente, se lo ha llevado a su terreno.

No ha sucedido con el tuyo. Así que te invito a seguir trabajando ¿vale autor? Tampoco me hagas mucho caso que solo voy por el primer café. :cunao:

Suerte.
"Que escribir y respirar no sean dos ritmos diferentes"
http://siguiendolospasosdebarro.blogspot.com/

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Re: CPXII - Maldad en la ciudad

Mensaje por Megan » 24 Abr 2017 04:54

Me gustó, pero coincido en que hay mucha más conversación que acción.
Quizás para sacar al chico asesino del país no era necesario tanto teatro.
Las descripciones podrían mejorarse.

De todas formas, suerte en el concurso :D

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Re: CPXII - Maldad en la ciudad

Mensaje por Landra » 24 Abr 2017 12:29

A mí personalmente leer como los malos se salvan siempre de la cárcel, como que no.

Lo veo todos los días en la televisión con los corruptos de nuestro país. Enhorabuena por el texto, pero a mí me deja mal sabor de boca. No está entre mis favoritos y creo que no se llevará puntuación por mi parte.

Un saludo y mucha suerte!
Dos más dos igual a cinco, de toda la vida.

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Re: CPXII - Maldad en la ciudad

Mensaje por Dama Luna » 24 Abr 2017 15:59

A mí este texto no me ha convencido, ni en la forma ni en el fondo. Un buen repaso a nivel ortográfico, y en puntuación, es lo que primero me llama. Casi, empezando por el título, esa "maldad en la ciudad" que no suena muy bien.
Aparte de eso: los personajes no son nada creíbles. No sé qué policía que se precie pueda decir que
debe ser un hombre joven y apuesto
Ejem, ¿basándose en qué? ¿En que entablaron conversación fácilmente? ¿Y eso quién lo asegura?
Las descripciones del principio, incluyendo al ama de llaves que no vuelve a aparecer en toda la historia, son innecesarias, o en todo caso, demasiado extensas para un relato de esta extensión. Descompensan la estructura. Y, en fin, en el momento en que nos dicen lo de los problemas mentales del hijo, ya se sabe que va a ser él el malo, con lo cual se desbarata solo el final sorpresivo. El cual, en todo caso, sigue siendo tan inverosímil como la reunión entre los polis. Lo lamento, pero la historia tiene bastante poco sentido.
Que tengas, no obstante, suerte!

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Re: CPXII - Maldad en la ciudad

Mensaje por Paraná » 25 Abr 2017 17:17

Pues no, no me cierra el relato. Por gustos personales, me chirrían: 1-que los protas sean norteamericanos (eso ya me tiene bastante cansada, como si no tuviéramos asesinos dignos en nuestros propios países) y el pueblo súper-estereotipado, como de manual; 2-que toda la familia sea preciosa-hermosa-repreciosa (otro estereotipo); 3-que una madre policía ofrezca de cebo a su hija adolescente sin que se le vengan encima ni el instinto maternal, ni su marido, ni la misma policía, ni la sociedad protectora de animales aunque sea; 4-¿Una policía que anda dejando libres a delincuentes por todo el país, "por las dudas en el futuro los necesite"? Mhhhh, como que no. 5-La policía tiene informáticos, la víctima se dejó la computadora abierta... ¿y tienen que investigar arduamente en qué chat había estado entrando?
En fin, lo siento. Amo el género policial; pero para éste, más que para casi cualquier otro, el rigor en los detalles es imprescindible. Si no, no me lo creo. Y los estereotipos cansan.
Perdón por ser tan quisquillosa, autor/a :(

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Re: CPXII - Maldad en la ciudad

Mensaje por jilguero » 25 Abr 2017 18:24

Supongo que en su estilo es un relato muy digno, pero la verdad es que no has conseguido captar mi interés.

Cuando ando cansada, soy aficionada a ver peliculas policíacas ligeritas, tipo Colombo, que me permiten evadirme. Pero a la hora de leer busco otra cosa y por eso tu relato me ha sabido a poco.

Conclusión, no es que le vea grandes fallos, salvo que se parece demasiado a las teleseries y eso como literatura pues no me convence. ¡Qué le vamos a hacer! :60:
El esfuerzo para llegar a las cimas basta
para llenar un corazón de hombre



Los hilos de Ariadna :60: El niño del tirachinas

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Agüita y fanguito de mis entretelas forever

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Re: CPXII - Maldad en la ciudad

Mensaje por Gavalia » 27 Abr 2017 11:26

Las historias policiacas me gustaron siempre. Suelen tener un sentido al que dirigirte y un guión más o menos predecible al que ceñirte como lector. No sé si es la forma de redactarlo lo que me ha desinflado un poco el relato. Se notan influencias de más allá del mar tenebroso. En algún momento se dan demasiadas explicaciones que creo que no hacen falta. La mujer policia es toda una delincuente y para mi es el personaje central de la historia. Menudo bicho perdonavidas, tanto que se hace complicado darle veracidad a alguien tan corrupto. En fin, entretener me ha entretenido. Suerte y gracias por compartir.
-¡Qué felices éramos hace quince años!
-Pero si en ese entonces no nos conocíamos.
-Por eso María, por eso... 8)

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Re: CPXII - Maldad en la ciudad

Mensaje por Ratpenat » 27 Abr 2017 23:05

Entretenido. Para pasar el ratillo ha estado bien autor. Es bastante chulo.

Suerte :hola:

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Re: CPXII - Maldad en la ciudad

Mensaje por Tolomew Dewhust » 28 Abr 2017 12:14

Vancouver, diez de septiembre de 1993
Mira, justo el día en que se estrena la serie Expediente X



Querida Larús,

... hoy he recibido tu carta.


Entretenida y ambiciosa. Sin duda, demasiado arriesgado condensar una trama como la tuya en tan poco espacio. Eso, creo, en esta ocasión juega en tu contra. Varios personajes (demasiados), varios focos de acción y un final apresurado. Las frases taaan explicativas tampoco ayudan (en el último tercio del texto viene una explicación tras otra, de por qué actúa así y quien le debe qué favor a la madre porque ella a su vez hizo la vista gorda aquella vez que...).

Cuando no sé qué más decir de una de tus misivas, Laruuuuuuuús, me entretengo diciéndote qué hubiera hecho yo con tu texto o qué me hubiera gustado leer -como si eso a ti te importase lo más mínimo :dragon:-. Para un relato de tres o cuatro folios, más que una película policíaca súper condensada, lo hubiera tirado más por el thriller psicológico, haber intentado meter al lector dentro de la cabeza del chico que siente ese impulso asesino, sus fobias, sus manías...

En fin, no me lo tengas en cuenta y, sobre todo, no dejes de mandarme esas fotitos eróticas, :beso:.



Siempre tuyo, T.D.
Tengo un castillo con ventanas a la mar y una puerta sin portal,
si te gusta, es tu castillo.

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Re: CPXII - Maldad en la ciudad

Mensaje por rubisco » 28 Abr 2017 13:33

Querido autor, querida autora:

Escribir un relato no se diferencia mucho de montar una empresa: puedes tener todos los recursos a tu alcance que si no tienes una idea brillante, el negocio no funcionará; y, asimismo, podrías tener una idea genial que, sin recursos adecuados, no llegará nunca a buen puerto.

Me temo, por lo menos desde mi punto de vista, que tu relato se encuadra en el segundo caso. La idea de un policía corrupto no es nueva, pero tiene muchas alternativas para su desarrollo, y creo que en este caso tenías un germen muy productivo en los agentes que falsifican pruebas a cambio de tener al delincuente a su disposición.

El problema es que la narración me ha parecido muy poco convincente. Para empezar, y aunque soy un firme defensor de los diálogos como método para mostrar la forma de ser de los personajes, en este caso creo que has desequilibrado completamente la estructura, con largas narraciones seguidas de muchos diálogos, cuando lo más adecuado para marcar el ritmo es ir intercalando.

También hay cosas que me parecen innecesarias. Como ejemplo te pongo ésta:
El autor o la autora escribió:Heather se levantó al otro día muy temprano, se duchó, se arregló y luego de tomar el desayuno exquisito que Dina le había preparado, saludó a todos y se fue.
Además de ser una frase rutinaria y que no aporta nada a la acción tampoco da información adicional del personaje ni del entorno. Es, sencillamente, una frase que podría desaparecer del texto sin afectar en nada al desarrollo de la historia. ¿Es importante vigilar esto? Yo creo que sí; una frase suelta no hace daño, pero en tu texto tienes varias así, y lo que me produce como lector es desorientación. Pienso que el lector necesita la información mínima necesaria, y cualquier dato adicional ha de tener un motivo (aunque sea confundirlo), pero si no es sustancial no merece la pena añadirla.

Luego hay algo que quería comentarte: las acotaciones en los diálogos. Éstas son necesarias para que el lector no se pierda (como las balizas que te muestran los bordes de la carretera cuando hay niebla), pero tampoco hay que abusar de ellos. Mira esta cita, en la que he coloreado en azul las interpelaciones entre personajes y en naranja las acotaciones:
El autor o la autora escribió:Maldad en la ciudad

Teniente Folder, ahora que contamos con lo que vimos en el dormitorio de la víctima, ¿se comunicó con delitos informáticos? —preguntó la sargento From entrando a la oficina de su superior.
—Si sargento, hablé con el director del sector, el agente especial Laurence McMillan, nos reuniremos con él y su equipo en la tarde —respondió el teniente Folder.
[...]
—Señores, tenemos frente a nosotros un caso complejo [...] el ADN hallado en el cuerpo de la joven no se encuentra en la base de datos —explicó Folder.
—Hasta ayer de tarde no teníamos ninguna pista. Pero cuando registré, junto con la sargento From, la casa de la víctima, encontramos algo muy valioso —relató Folder, mirando a cada uno de los presentes.
—¿De qué se trata teniente? —inquiríó el agente McMillan.
—Se trata del ordenador de la chica [...] el asesino la haya contactado por ese medio y después fuera por ella —manifestó Folder.
[...]
—Me gustaría ser la supuesta chica que se conecte a los chats, creo que puedo hacerlo—solicitó muy segura de sí misma.
—Estoy de acuerdo, deberíamos comenzar con la estrategia mañana a primera hora ¿qué dices Folder? —le consultó McMillan.
—Claro que estoy de acuerdo [...] comencemos a manejar el caso también desde allí —informó Folder.
—Nunca tuvimos algo así en la ciudad, me parece increíble que esté sucediendo, es siempre tan tranquila —confesó el agente McMillan.
[...]
James, no tenemos mucho [...] no es seguro ¿qué opinas? —preguntó McMillan.
Laurence, lo sé, [...] tenemos que seguirle el rastro ¿entiendes? —expuso Folder.
—Por supuesto debemos conocerlo, [...] no hay peor gestión que la que no se hace—declaró McMillan en tono muy preocupado.
—La sargento From traerá a su hija Charlize quien será “Natalie” en el parque, creo que lo hará bien, es una chica muy inteligente como su madre —añadió el teniente Folder.
—Me preocupa la protección de mi hija cuando esté frente a este monstruo—expresó en tono apremiado la sargento From.
Debes quedarte tranquila, los agentes especiales [...] , confía en nosotros —la tranquilizó Folder.
—Estoy de acuerdo con ustedes—manifestó From, en el momento en que sonaba su móvil, salió de la oficina a atenderlo y cuando volvió se excusó, debía ver a su madre que se encontraba enferma.
—Anda tranquila, nos vemos en la mañana—dijo atento el teniente Folder.
[...]
—Escucha, mi cielo, [...] él hará lo mismo contigo ¿de acuerdo? —resumió Heather en un tono muy distinto al que acostumbraba a hablar —todo está arreglado, Robert será arrestado y llevado a declarar, pero al no haber pruebas lo dejarán en libertad —explicó su madre.
—Ya lo sé mamá, no tengo miedo, [...] y luego me dejarán ir—contestó la jovencita con un dejo de miedo en sus ojos.
—Exacto, pero nadie te molestará, las preguntas las iré llevando hacia donde yo quiero y tú ya sabes las respuestas ¿está claro? —le recalcó su madre y la abrazó fuerte.
—Si mamá, está claro—contestó la joven, con suma confianza en su madre.
—Bien, iré a ver a Robert —expresó y salió [...] la miró con preocupación —en tanto ella le recordaba—Robert, mañana irás al parque [...] no hay pruebas contra ti, te dejarán en libertad ¿está claro? — explicó observándolo seriamente.
—Recuerda que si no fuera por mí, [...] ni con las pruebas falsas que le planté —le recordó ella con rostro astuto.
—Lo tengo claro Heather, y sabes que haré lo que tú quieras porque te lo debo, sólo te pido que me saques enseguida de allí, me aterra estar en manos de ellos —le solicitó el joven.
[...]
Charlize, está todo controlado, [...] yo debo irme a casa para terminar con todo esto —volvió a explicarle a su hija en tono tranquilo, aunque que no pudo esconder los nervios que sentía.
—Ve tranquila mamá, lo haré bien, no te preocupes —manifestó la joven muy decidida.
[...]
—¡Hola! Tú debes ser Natalie, me alegro de conocerte.
—Y tú eres Chad, también me alegra verte —sonrió la joven.
—¿Quieres conversar o comenzamos a correr? —preguntó el joven.
—Me encantaría comenzar a correr, podemos hablar si no lo hacemos muy rápido —contestó Charlize.
[...]
—Señor, tiene que saber esto, [...] cuando hicimos los primeros interrogatorios.
[...]
—No entiendo, ¿qué significa esto Ryan? —inquirió McMillan.
—Que debemos ir a esta dirección de forma urgente señor —apremió el detective.
—No puedo creerlo, no puede ser cierto, vamos allá de inmediato —exclamó el agente.
[...]
—¡Laurence! ¿pasó algo con Charlize? ¿lo capturaron? ¿qué hacen aquí? —inquirió la teniente.
—No pasó nada con Charlize, Heather contestó el agente.
—¡Entonces dime qué sucedió! —expresó ansiosa la sargento.
—Es sobre tu hijo Brad, [...] de madrugada, lo siento Heather pero tenemos que hablar con él —dijo en tono algo triste el agente McMillan.
—Pero, ¿qué me estás diciendo Laurence, por favor? [...] estudioso y con muchos amigos —declaró Heather sumamente contrariada.
—De verdad lo siento, pero necesito hablar con él para que me explique qué sucedió esa noche —solicitó el agente lo más calmado posible.
—Dime que no es cierto ¡por favor! Él no está, no sabemos adónde fue, ¡pero eso no puede ser verdad! —dijo ella entre sollozos.
—Entonces necesito una foto suya para mostrarla en el gimnasio y en la arrendadora, te reitero, lo lamento mucho —se disculpó el agente.
[...]—Tom, vinieron por la foto de Brad, creen que es el asesino,
—Cariño, sabemos que nunca [...] el pasaje y dinero? —preguntó Tom con ansiedad.
—Sí, vine rápidamente aquí para llevarlo al aeropuerto, [...] bien con algunos delincuentes, por si sucede algo como esto —explicó Heather con una sonrisa siniestra en sus labios.
He hecho esto para que veas con tus propios ojos, y gracias al color, el número de interpelaciones y de acotaciones que redundan en mencionar a los interlocutores en una misma escena de diálogo. Esto es completamente innecesario, marea al lector y acaba confundiendo porque rompe el ritmo de lectura. También verás una frase donde hay palabras subrayadas. Es porque repites información en el diálogo y en la acotación. En este ejemplo te resumiré dichos fallos:
Esto no se debería hacer escribió: —Perdona, Elena, ¿tienes hora? —preguntó Juan, visiblemente apurado.
—Sí, claro —contestó Elena—. Son las tres y cuarto.
—¡Mierda! —gritó Juan con desesperación.
Tranquilolo tranquilizó Elena.
Así queda un pelín mejor escribió: —Perdona, Elena, ¿tienes hora? —preguntó Juan, visiblemente apurado.
—Sí, claro. Son las tres y cuarto.
—¡Mierda!
—Tranquilo —dijo Elena al ver su cara de desesperaciónn.
Ahora bien, te pido que una vez que hayas leído mi crítica hagas tres cosas:
[*]No me odies.
[*]Relee mi crítica, relee también tu relato e intenta comprobar cómo quedaría si le aplicaras lo que te recomiendo.
[*]Toma de mi crítica sólo las cosas que creas que te ayudarán a mejorar. Esto es porque cada uno tenemos nuestro estilo, y mis gustos pueden no coincidir con los tuyos.

Seguro que a partir de ahora escribirás relatos teniendo en mente aspectos como el ritmo y el equilibrio entre narración y diálogo.

Gracias por compartirlo :hola: .
"La papelera es el primer mueble en el estudio del escritor"

¡Ya puedes visitar mi sitio web!

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